Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 88 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Yan Shixu no temía las amenazas de Yunshuo, pero debía precaverse de que Wei Chengshuo recurriera a una jugada suicida de perecer juntos y denunciara su condición de espía.
En ese caso, no le quedaría más remedio que evacuar la Academia Daoísta. Sin embargo, la base del Reloj de Sol de Mingzong aún no estaba en sus manos.
De haber sido en el pasado, tal vez Yan Shixu se habría dejado llevar por la resignación y tirado todo por la borda; después de todo, se había librado temporalmente de la tabla de picar y ya no era un pez indefenso a merced del cuchillo ajeno. Aunque no cumpliera la misión, el Juez Yang no lo mataría.
Pero anoche acababa de desentrañar el método para romper la formación. Bastaba esperar a que Gu Hanzhang descansara y recuperara su espíritu durante tres días para poder entrar de nuevo al Pabellón de los Tesoros Escondidos.
En un momento tan crucial, si la Oficina de Enlace de Yunshuo decidía patear el tablero, ¿cómo iba a resignarse?
'¿Volver a buscarme mañana...?', murmuró Yan Shixu para sus adentros. '¿Y si mato a Wei Chengshuo para ganar tiempo? No, no funcionará. En cuanto un estudiante desaparece, la Academia Daoísta notifica de inmediato al Puesto de Guardia Wuhou, y el puesto informa a la familia y a su lugar de origen. Wei Chengshuo es un espía; si muere hoy, la Oficina de Enlace de Yunshuo lo sabrá mañana mismo'.
Un infiltrado encubierto no iba por ahí buscando líos sin motivo; a menos que en la Oficina de Enlace de Yunshuo fueran unos completos idiotas, deducirían enseguida que había sido obra suya.
'La actitud de Wei Chengshuo hoy no fue tan intransigente. Con la amplia experiencia de mi vida pasada lidiando con clientes exigentes, demorarlo uno o dos días no será ningún problema'. Yan Shixu reflexionaba mientras se dirigía a la sala de alquimia.
...
Las almenas de la ciudad no podían retener el fulgor del ocaso, y los burdeles encendían sus linternas para dar la bienvenida al esplendor de la noche.
En el Pabellón Jinhe, hileras de farolillos de cuerno de carnero colgaban de las vigas maestras, iluminando los apliques de pan de oro pegados en la frente de las cortesanas, a las bailarinas que ejecutaban giros vertiginosos de la danza Huxuan sobre las alfombras de lana y a los parroquianos que daban rienda suelta a sus deseos.
La madama, que aún conservaba un porte seductor, avanzó hacia el centro del salón principal agitando un pequeño abanico y arrastrando su larga falda.
Con un leve movimiento del abanico apartó a las bailarinas y se plantó sobre la alfombra de lana.
Los músicos detuvieron su interpretación de manera espontánea.
El salón entero guardó silencio, y las miradas de los clientes convergieron en ella.
En ese mismo instante, en el segundo piso, los sirvientes del pabellón enviados por la madama tocaban una a una las puertas de las salas privadas.
Con una radiante sonrisa en el rostro, la madama alzó la voz:
"Lamento interrumpir la diversión de tan distinguidos invitados. Esta humilde servidora se castigará primero con tres copas".
Una doncella le presentó tres copas de vino.
La madama las apuró de un trago, una tras otra, con resuelta presteza. Bajo las miradas intrigadas de los clientes, sonrió:
"En estos días, las señoritas de nuestro pabellón han obtenido una gran oportunidad fortuita... Una bendición colosal caída del cielo".
Comenzó haciéndose de rogar con el misterio y, tal como esperaba, enseguida se oyó la voz de alguien entre las mesas:
"¿Oh? ¡¿Qué clase de oportunidad?! ¿No será que todas las señoritas del pabellón han encontrado a sus galanes ideales y hoy van a pagar juntas su rescate?".
Las carcajadas estallaron por todo el salón.
La madama soltó un mohín fingido de reproche:
"Hoy, aunque trajeran diez mil liang de oro, ¡ni sueñen con llevarse a nuestras señoritas! Porque verán... esto no solo es una bendición para ellas, sino también para todos ustedes".
Al oír estas palabras, la curiosidad de los clientes del salón se encendió aún más.
Viendo que el ambiente bullía cada vez con más fervor y que las preguntas apremiantes se multiplicaban, la madama consideró que el momento era el adecuado y por fin dijo:
"A solo dos calles de distancia se encuentra la Academia Daoísta. ¿Saben acaso qué condición ostentan los Eruditos Asistentes de dicha academia?".
Un parroquiano gritó:
"¡Pues naturalmente provienen de las tres grandes sectas: Chongzhen, Danding y Shangqing! Deja de andarte con rodeos; si sigues haciéndote la interesante, ¡te juro que te destrozo el local!".
La madama no perdió la sonrisa:
"Hace unos días, esta humilde servidora visitó a la Erudita Asistente Gu Hanzhang en la Academia Daoísta y le imploró que nos transmitiera el arte secreto del cultivo dual. Tras varios días de meticulosa instrucción, las señoritas de nuestro pabellón han dominado esta técnica esotérica. ¿Acaso no es esto una inmensa fortuna para todos ustedes?".
En cuanto soltó aquello, el salón estalló en mofas y abucheos generalizados.
"¡Vieja bruja descarada! Si quieres subir los precios, dilo claramente, ¡no intentes tomarnos el pelo!".
"Las artes del cultivo dual de la Escuela del Sur preservan la juventud, fortalecen el cuerpo y prolongan la vida; ¡son secretos transmitidos que solo los nobles de Chang'an pueden llegar a conocer!".
"La Escuela del Sur es una secta de ermitaños, ¿acaso iban a transmitirle sus métodos secretos a tu Pabellón Jinhe?".
"¡Delirios de una loca!".
Al ver que los clientes se encendían cada vez más y la indignación crecía, la madama batió palmas con entera parsimonia.
Una doncella subió llevando en brazos un rollo de caligrafía y lo desplegó a la vista de todos.
En el pergamino se leía:
"Kan y Li bullen en el caldero, juegan el tigre y el dragón; los brotes amarillos de nueve transformaciones se funden en grasa de jade".
Firma: Gu Hanzhang.
El ruidoso salón enmudeció al instante.
Un parroquiano preguntó, vacilante entre el asombro y la sospecha:
"¿De... de verdad?".
La madama se cubrió la boca con una risita:
"Nos encontramos en el Barrio Xiuzhen, y la Academia Daoísta está a tiro de piedra, a apenas dos calles de aquí. ¿Acaso creen que esta servidora está cansada de vivir como para atreverse a inventar semejantes disparates?".
"Es... esto es imposible... Las sacerdotisas daoístas de la Escuela del Sur son seres etéreos, semejantes a inmortales. ¿Cómo iban a legar las artes secretas de su secta a las cortesanas de un burdel?".
Los clientes todavía lo encontraban difícil de asimilar.
La madama dejó escapar un suspiro y comenzó a relatar con tono pausado un episodio del pasado:
"A decir verdad, en mi juventud mantuve un romance pasajero con un sacerdote daoísta de la Escuela del Sur de la Secta Danding; lo serví a su lado y colaboré con él en el cultivo dual. Cuando el sacerdote alcanzó la plenitud de sus méritos, regresó a la montaña a proseguir su retiro ascético, mientras que yo terminé hundiéndome en el polvo del mundo mundano. En estos últimos tiempos, con la agitación bélica reinante en la Capital Oriental, aquel sacerdote se acordó de los viejos afectos y me envió un mensaje por paloma mensajera, diciéndome que, si me topaba con dificultades, podía acudir en busca de auxilio a la Erudita Asistente de la Academia Daoísta.
Fue así como le rogué a la Maestra Daoísta Gu, y ella me concedió las artes de cultivo dual de la Escuela del Sur".
Los presentes comprendieron de pronto; jamás habrían imaginado que esta veterana regente de burdel hubiera sido antaño la compañera de cultivo de un sacerdote daoísta de la Escuela del Sur.
En el palco privado del segundo piso, Huangfu Yi miraba hacia el vestíbulo y exclamó atónito:
"¿Lo que dice esta anciana es cierto?".
A su lado, Yan Shixu bajó la voz:
"Claro que es falso".
"¿Una mentira?".
"En los negocios, ¿cómo vas a llamarlo engaño? Esto se llama 'contar una historia'. Solo si cuentas una buena historia puedes cobrar un precio elevado". Yan Shixu sonrió ampliamente.
Esa noche había llevado expresamente a Huangfu Yi y a Gao Mei para inspeccionar la nueva línea de negocios del Pabellón Jinhe.
"¿Hasta para eso sirve la labia?", soltó Huangfu Yi con asombro.
En el vestíbulo resonó un enjambre de murmullos y conjeturas.
A pesar de que las palabras de la madama sonaban perfectamente plausibles y hasta apelaban a memorias de antaño, los clientes presentes eran comerciantes acaudalados y funcionarios de cierto rango; poseían juicio y mundo, y aún se resistían a creer que un prostíbulo pudiera disponer de las auténticas artes de cultivo dual de la Escuela del Sur.
En ese instante, un comerciante de sienes plateadas preguntó:
"Suponiendo que el arte del cultivo dual sea auténtico, me temo que las propinas y emolumentos no serán nada baratos, ¿verdad?".
La madama sonrió:
"A partir de hoy, el Pabellón Jinhe impartirá lecciones especiales de cultivo dual: la matrícula por noche es de tres guan, y los honorarios adicionales de la señorita se pagan aparte. Las artes de cultivo dual de la Escuela del Sur son vastas y profundas; si los señores desean dominarlas, deberán estudiar un ciclo completo de diez días. Por supuesto, no teman por la merma de sus energías: esta servidora también solicitó a un experto de la Escuela del Norte unas píldoras reconstituyentes para apoyar el cultivo; cada píldora cuesta cincuenta wen, con un mínimo de compra de diez unidades".
El comerciante de cabello cano resopló con frialdad:
"¡Eso es un descarado robo a mano armada!".
Los abucheos de los clientes volvieron a encenderse en masa.
Huangfu Yi calculó rápidamente con los dedos y frunció el ceño:
"Tres guan por noche son treinta guan por diez días. Si se añade el coste de la Píldora para Consolidar la Raíz y Nutrir el Origen y las propinas a las damas, como mínimo saldrá por cuarenta guan".
Cuarenta guan equivalían a cuarenta taeles de plata.
Ya no solo los clientes del salón, sino incluso él mismo dudaría bastante antes de gastar tal suma.
La madama, llena de complacencia, replicó:
"Las artes secretas del cultivo dual son métodos de inmortales; es natural que posean un valor incalculable. Sin embargo, hoy es un día de gran júbilo y queremos atraer la buena fortuna: si el Terrateniente Fu desea probar el cultivo dual, ¡solo le costará la mitad del precio!".
Los mercaderes siempre perseguían el beneficio. Al oír 'a mitad de precio', el semblante del Terrateniente Fu se suavizó notablemente:
"Este anciano ha viajado por el norte y por el sur durante años y he oído hablar largo y tendido de las artes del cultivo dual sin tener jamás la ocasión de contemplarlas. Si es a mitad de precio, estoy dispuesto a intentarlo".
La madama dijo risueña:
"Pase este distinguido huésped al patio trasero para los pormenores".
Ella misma guio al parroquiano hacia las dependencias interiores.
En el segundo piso, Huangfu Yi apartó la mirada del patio. Al ver que su compañero de habitación sonreía con aire de tenerlo todo bajo absoluto control, lo comprendió de golpe:
"¿Inflaste el precio a propósito para luego tentar con una rebaja a mitad de precio?".
Yan Shixu asintió con serenidad:
"Que las artes de cultivo dual de la Escuela del Sur hayan caído en un prostíbulo es algo demasiado insólito. Nadie en su sano juicio pagaría una fortuna para hacer de conejillo de indias a ciegas. Pero si se lo ofrecieras gratis o les suplicaras que lo probaran, abarataría demasiado el producto, lo cual perjudicaría la reputación a largo plazo".
De este modo, se inflaba primero la tarifa para luego ofrecer un descuento que estimulara el consumo. En el futuro, cuando el cultivo dual se convirtiera en un éxito rotundo, podrían volver a elevar el precio con total legitimidad.
Para cuando restauraran el precio original, la resistencia psicológica de los clientes se habría reducido drásticamente.
Huangfu Yi meditó unos instantes e inmediatamente captó el meollo del asunto. Se quedó boquiabierto:
"Boheng, si te dedicaras al comercio, sin duda amasarías una fortuna colosal".
Jamás había presenciado en persona sus estratagemas para gobernar el reino, de las que solo tenía noticia de oídas, pero el talento mercantil de Yan Boheng había quedado plenamente patente esta noche ante sus propios ojos.
Entre inventar patrañas y ofrecer 'descuentos', enlazaba cada maniobra con la siguiente; todo estaba plagado de pura astucia.
En el vestíbulo, las bailarinas subieron de nuevo a la tarima y los músicos reanudaron la melodía.
Sin embargo, la atención de los clientes ya no estaba en la música ni en el baile; bebían y charlaban de cuando en cuando, volviendo a cada instante la mirada hacia el patio interior.
El tiempo transcurrió con presteza y pasó una hora entera.
"¿Cómo es que aún no sale? Ese vejestorio tiene ya sus años, ¿de verdad puede aguantar tanto?".
"En días normales, el Terrateniente Fu tardaba como mucho el tiempo de quemar una varilla de incienso antes de salir...".
"¿Será que las señoritas del Pabellón Jinhe en verdad han aprendido el auténtico cultivo dual?".
En medio del murmullo general, el mercader apellidado Fu emergió del patio interior rebosante de vigor y con el rostro encendido de salud.
En cuanto regresó a su mesa, los parroquianos de los alrededores se apresuraron a interrogarlo:
"¿Y bien? ¿Se trata de auténtico cultivo dual de verdad?".
El Terrateniente Fu suspiró con profunda admiración:
"Este anciano sintió como si hubiera regresado a sus años mozos; ¡lleno del vigor de un dragón y la bravura de un tigre, sin una pizca de cansancio!".
Apuró una copa de vino y añadió emocionado:
"Tras terminar, no solo no me sentí agotado, sino que me invade una ligereza y un bienestar en todo el cuerpo. Las artes secretas del cultivo dual... ¡hacen honor a su fama, hacen pleno honor a su fama!".
Esta vez, los presentes ya no pudieron contenerse. Alguien alzó la voz exclamando:
"¡Oír no basta para creer, hay que verlo para comprobarlo! ¡Iré a corroborarlo en persona!"
"¡Madama, aquí está mi estipendio de enseñanza, lléveme al patio trasero de inmediato!"
Los chasquidos y golpes resonaron uno tras otro; los clientes arrojaban sin cesar sartas de monedas de cobre sobre las mesas.
Sus ojos ardían con avidez, impacientes por probar suerte, aunque aún mantenían cierta compostura por decoro a sus cargos y estatus.
De pronto, la vieja proxeneta soltó un largo suspiro y dijo con aflicción: "A decir verdad a todos los presentes, apenas acabamos de adquirir este arte del cultivo dual. Entre las damiselas del pabellón que lo dominan, solo están Li Niang, Xuxue, Yingshi, Wantan... apenas diez muchachas en total. ¡Aunque tuvieran dos bocas cada una, jamás darían abasto para tantos!"
El salón estalló al instante. Aquellos respetables funcionarios y acaudalados mercaderes, con una agilidad y presteza impropias de sus dignidades y edades, se abalanzaron en tropel sobre la madama.
Temían que, de retrasarse un solo paso, otro se les adelantara y les arrebatara el turno.
Con monedas de cobre y lingotes de plata en alto, sepultaron a la mujer entre empujones, disputándose a brazo partido los diez cupos restantes para el cultivo dual.
Esa gente lo tenía muy claro: esta noche era apenas el primer día en que se anunciaba la instrucción en cultivo dual, por lo que la competencia era mínima. Cuando los dignatarios y aristócratas de la Capital Oriental se enteraran del asunto y acudieran en masa, conseguir una plaza sería mil veces más difícil.
Junto a la barandilla del segundo piso, Huangfu Yi preguntó desconcertado: "Dado que te propones hacer fortuna con el cultivo dual y la venta de píldoras, ¿por qué demonios restringes los cupos?"
'¡A esto se le llama venta por escasez! Tratándose de una clientela de alto nivel, es la treta más efectiva'. Yan Shixu replicó:
"Cuantos menos cupos haya, más codiciados serán; y cuanto más codiciados sean, a mayor precio podrán venderse. Solo observa."
Apenas terminó de hablar, se oyó el chillido de la madama desde abajo: "¡Ay, me han pisado el pie!... ¡Caballeros, caballeros, calma, no se apresuren, que las señoritas del pabellón no van a salir volando! Escuchen unas palabras de esta humilde servidora: son muchos los monjes y poco el potaje, resulta imposible complacer a todos a la vez. Así pues, estas diez damiselas quedarán abiertas a que ustedes pujen con sus sartas de monedas; quien ofrezca la cifra más alta tendrá el derecho de elegir primero su aposento privado."
Solo entonces los clientes regresaron a sus asientos y comenzaron a gritar ofertas al unísono.
Uno ofrecía tres guan, el otro cuatro. Al cabo de un instante, alguien se adjudicó una plaza abonando un estipendio de seis guan, marchándose radiante de gozo hacia el patio trasero tras los pasos de un sirviente del local.
El segundo, el tercero, el cuarto... fueron saliendo uno a uno, y a medida que las plazas menguaban, las pujas se volvían más feroces.
El último cupo se vendió por el astronómico precio de diez guan.
Arriba, Huangfu Yi contemplaba el espectáculo con los ojos desorbitados y la boca abierta.
Las ganancias obtenidas por el Pabellón Jinhe en una sola noche rivalizaban con las de los burdeles más afamados de Chang'an.
"Boheng..." Su mirada hacia Yan Shixu se volvió sumamente extraña. "Boheng, de verdad te digo que la Academia Daoísta ha sido un desperdicio para tu talento."
Huangfu Yi había visto a incontables individuos agitar vientos y tempestades amparándose en el poder que empuñaban; aquello no tenía nada de brillante, pues no era más que recurrir a la propiedad más primitiva de la autoridad.
En cambio, el método de Yan Boheng no guardaba relación con el poder, sino con una sola palabra: maña.
Aquello era infinitamente más magistral que abusar de la autoridad.
'¡Mera rutina elemental!' Yan Shixu disfrutó a sus anchas de la mirada de admiración de su condiscípulo y, con tono grave y solemne, sentenció:
"Ziyao, el aprendizaje no distingue edades; quien domina la materia es el maestro. Este humilde servidor solo puede enseñarte hasta aquí; cuánto logres asimilar dependerá de tu propio entendimiento."
Huangfu Yi soltó un leve bufido y alzó la barbilla con arrogancia: "Mi familia no depende del comercio para amasar riquezas."
'Cierto es, tu clan pertenece a la nobleza militar; con solo decir "abuelito, yo quiero eso", te lo agencias sin soltar un solo cobre'. Yan Shixu perdió de inmediato todo interés en pavonearse frente a él.
En ese momento, Gao Mei salió de un aposento privado y declaró: "Habiendo comido y bebido hasta la saciedad, me retiro a cultivar. ¿Ustedes dos regresarán a la Academia Daoísta o se quedarán a pasar la noche?"
Gao Mei no sentía el menor interés por el poder ni por las artimañas; su mente solo estaba concentrada en reponer fuerzas para entregarse de inmediato al cultivo dual.
Huangfu Yi suspiró con pesadumbre: "Mi cuerpo es el que ha sufrido el peor desgaste; no debo acercarme a mujer alguna en medio mes. Boheng, volvamos."
Yan Shixu retrocedió medio paso en silencio y alzó la barbilla con soberbia: "La noche es larga y serena, el momento perfecto para esforzarse en el cultivo. Regresa tú solo."
Ese sutil retroceso de medio paso hirió profundamente el orgullo de Huangfu Yi.
Huangfu Yi miró primero a Gao Mei y luego a Yan Shixu, rechinando los dientes de rabia: "¡Cuando alcance la perfección en mi esgrima, les rebanaré la raíz de la descendencia de un solo tajo para que dejen de cultivar en pareja!"
Había sido él quien descubrió primero el arte del cultivo dual y, al final, la ganga se la habían quedado estos dos tipejos.
Yan Shixu lo miró con desdén: "Ya he aprendido de Gu Hanzhang el Maleficio para Calmar el Corazón; me servirá para cortar todo apego y extinguir los deseos carnales durante el cultivo dual."
Huangfu Yi mostró una expresión de incredulidad absoluta: "Lianyangzi dijo una vez que no existen atajos en el camino de la cultivación."
Yan Shixu le espetó a su vez: "Lianyangzi pertenece a la Escuela del Norte, ¿qué demonios va a saber él de cultivo dual?"
Huangfu Yi tanteó con cautela: "¿En verdad?"
Yan Shixu replicó con total aplomo: "Si te miento, ¡renuncio a ser descendiente del Señor Yan!"
Huangfu Yi adoptó al punto un tono servil y zalamero: "Solo estaba bromeando hace un momento, no te lo tomes a pecho, Boheng. Bien se dice que diez años de devoción se requieren para compartir una barca, y cien años para convertirse en hermanos jurados. ¡Si alcanzas la opulencia no te olvides de mí, y cuando cultives en pareja no dejes atrás a tu hermano!..."
"Todas esas palabras me las repites cuando hayas recuperado tu cuerpo."
"..."
Huangfu Yi abandonó el Pabellón Jinhe con el corazón colmado de anhelante expectación.
Guiado por un sirviente del pabellón, Yan Shixu llegó al patio de A Yan y, tras los pasos de Hong'er, ingresó en su aposento.
A Yan acababa de bañarse. Llevaba encima una túnica de gasa vaporosa, y su corpiño de seda color loto relucía suavemente bajo la luz de las velas.
Estaba sentada ante la mesa, deslizando las cuentas de un ábaco con los dedos, junto a una pila de libros de contabilidad.
"Hong'er me contó que el negocio afuera va de maravilla." A Yan alzó los ojos para mirarlo, con una sonrisa radiante dibujada en su rostro ovalado.
Aunque desprenderse de un anticipo de seiscientos guan le había dolido en el alma, solo con las pujas de esta noche ya habían recuperado la inversión.
Y en un futuro muy cercano, el dinero afluiría a raudales, sin pausa ni medida.
"Era de esperarse", dijo Yan Shixu mientras tomaba asiento junto a la mesa y pelaba un mandarino dorado para degustarlo. "La Oficina de Enlace de Yunshuo me está forzando a ponerme a sus órdenes, amenazando con denunciarme de no hacerlo. Pero conociendo la calaña de ese Oficial de Enlace, si me niego en redondo, me temo que volverá a enviar sicarios."
A Yan frunció el ceño con inquietud: "¿Acaso no habías aceptado cooperar con ellos? El Magistrado de Enjuiciamiento tampoco puso objeciones... ¿Es por el debate de ayer?"
Yan Shixu asintió.
A Yan detuvo sus dedos sobre el ábaco, y su ceño se frunció todavía más: "Yunshuo no es como los demás comandos militares fronterizos; Yunshuo alberga los restos de la facción de los Tres Reyes. Desde el pueblo llano hasta los clanes letrados, desde los soldados de a pie hasta los generales, ninguno respeta ya los decretos reales ni acata la autoridad de la Corte Imperial. Si te tienen en la mira, la situación será ciertamente espinosa."
Tras meditarlo un instante, añadió: "Mañana mismo informaré de esto al Magistrado de Enjuiciamiento para que te traslade de inmediato fuera de la Academia Daoísta."
Yan Shixu negó con la cabeza: "La Oficina de Asuntos de Inspección está resuelta a apoderarse a toda costa del Reloj de Sol de Mingzong. Incluso si el Magistrado de Enjuiciamiento aceptara, el Vicesecretario de la Izquierda jamás daría su brazo a torcer. Lo que necesito es que la Oficina de Asuntos de Inspección me gane unos días de tiempo."
En cuestiones de índole política, era indispensable que intervinieran los superiores.
A Yan esbozó una media sonrisa: "Si solo se trata de ganar un par de días, no hace falta molestar al Magistrado Yang; esta humilde mujer tiene una solución."
Yan Shixu preguntó con sorpresa: "¿Qué solución?"
"Diles simplemente que el Pabellón Jinhe ha inaugurado la instrucción en el arte del cultivo dual, y que deseas marcharte solo después de haber aprendido dicha técnica."
"¡Brillante idea!"
Para los letrados y caballeros refinados, existían dos tentaciones en este mundo a las que era imposible resistirse: la primera eran las píldoras de alquimia, y la segunda, el cultivo dual.
Usar el cultivo dual como pretexto resultaba intachable; sin duda, ni el mismísimo Wei Chengshuo sería capaz de rechazar semejante tentación.
A Yan volvió a deslizar las cuentas del ábaco y comentó con tono desapasionado: "La noche es avanzada y a esta humilde mujer no le corresponde atender visitas; el joven amo Yan puede retirarse."
Yan Shixu no se movió de su sitio.
La expresión de A Yan vaciló con un asomo de pánico, y fingió molestia: "¿Hay algo más que se te ofrezca?"
"¡Cultivo dual!" Yan Shixu la levantó en brazos de un solo movimiento.
A Yan soltó un leve grito y exclamó enfurecida: "¡¿Acaso eres un caballo?! No tienes fin."
Desde que había regresado de sus días de asueto, este mocoso descarado la había estado atormentando noches enteras sin darle tregua; cada mañana se despertaba con la cintura y la espalda doloridas, y las piernas le temblaban al caminar.
A estas alturas, con solo verlo ya se le revolvían los nervios.
"¿A qué vienen esas palabras, doncella?" Yan Shixu la llevó en brazos hacia la recámara interior. "Estoy guiándote en el cultivo, para que juntos penetremos los misterios del Gran Dao del Yin y el Yang. Con una resistencia tan lamentable, ¿cómo pretendes desempeñar con dignidad tu cargo de Inspectora de Zona?"
Muy pronto, las velas de la habitación se extinguieron, quedando encendida en la recámara principal únicamente una mortecina lámpara de aceite.
Tras apagarse los susurros y el crujido de las ropas al despojarse, el lecho bajo comenzó a chirriar con ritmo constante.
La voz baja de Yan Shixu resonó en la penumbra: "Mantén esa postura y no te muevas, hunde el Qi en el dantian, tal como te enseñé antes..."
Gemidos, jadeos y roces apasionados se sucedieron sin interrupción.
Mientras colocaba a A Yan en diversas y complejas posturas, Yan Shixu recitaba mentalmente el Maleficio para Calmar el Corazón. En medio de aquellas embestidas continuas, perdió la noción del tiempo; tal vez había transcurrido una hora doble, o quizás dos. De pronto, percibió que en su dantian nacía una corriente de Qi sutil e insondable.
Aquel flujo de energía verdadera era tan dominante como suave y flexible. Apenas brotó, aceleró el curso de su sangre y despejó por completo su mente.
Era como si a cada una de las células de su cuerpo se le hubiera insuflado una renovada vitalidad.
Con razón las artes secretas de absorción y nutrición derivadas del cultivo dual eran objeto de feroz disputa entre los dignatarios de Chang'an.
La iniciación no resultaba ardua, pero los efectos eran inmediatos y palpables.
Con esta corriente de Qi, Yan Shixu sintió un leve incremento en su vigor físico. Si lograra reunir en su propio ser los métodos de respiración y refinamiento de Qi tanto de la Escuela del Sur como de la del Norte, dentro del mismo reino de cultivo, ¿quién podría ser su rival?
Sin embargo, pronto surgió un dilema. En su dantian ya residía originalmente una corriente de energía; con el nacimiento de este nuevo Qi de Yin y Yang, comenzó a sentir una molesta sensación de hinchazón y dolor en la zona.
Por fortuna, el Qi de Yin y Yang parecía poseer la cualidad de abarcarlo y armonizarlo todo; aunque la hinchazón dolorosa no desapareció, tampoco se agravó.
Como un viejo campesino estimulado por una cosecha prometedora, Yan Shixu redobló sus esfuerzos arando la tierra con mayor empeño, con la esperanza de obtener frutos aún más abundantes.
No obstante, durante la media hora siguiente, a punto de dejar el campo exhausto por completo, aquel tenue hilo de energía no dio señal alguna de crecer o fortalecerse.
'¿Qué sucede?'
'¿Acaso me he topado con un cuello de botella nada más cruzar el umbral?'
'¿O será que la postura de cultivo era incorrecta?'
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 89
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 88
Estás leyendo el capítulo 88 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.