Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 83 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Hermano Yan, teniendo semejante talento, ¿por qué... decidiste convertirte en espía?"
Tenía una expresión en el rostro que parecía decir: 'Siendo alguien tan refinado y capaz, ¿por qué caíste en la senda de los maleantes?'.
'¿Esperaste aquí todo este tiempo sólo para decirme eso?' Yan Shixu fingió un gesto de impotencia y suspiró: "Hermano Wei, en cuanto uno se adentra en el Jianghu, ya no es dueño de sus propios pasos".
'¿Acaso crees que yo quería ser un espía?'
Wei Chengshuo se puso serio: "Hermano Yan, si estás dispuesto, puedo informar al oficial de enlace para que tramite tu traslado a Yunshuo. Con tu inmenso talento, las dieciocho prefecturas de Yunshuo son el verdadero escenario donde podrás desplegar todas tus capacidades".
Yan Shixu ladeó la cabeza, escrutando la expresión ajena para desentrañar la verdadera intención tras aquellas palabras.
Tras sopesarlo un instante, preguntó: "¿Acaso el hermano Wei ya no desea el Reloj de Sol de Mingzong?"
Wei Chengshuo agitó la mano con absoluta indiferencia: "El Reloj de Sol de Mingzong está lejos, más allá de nuestro alcance, mientras que un talento extraordinario como tú se encuentra justo delante de mis ojos. Cualquier persona sensata preferiría asegurarse una ganancia tangible. Además, si te marchas a Yunshuo, tendré una excusa perfecta para abandonar la Academia Daoísta".
Yan Shixu mostró una sorpresa no disimulada: "Hermano Wei, da la impresión de que... tu lealtad no es particularmente fervorosa".
Wei Chengshuo preguntó a su vez: "¿Cuánto cobras al mes de estipendio, hermano Yan?"
Yan Shixu meditó un momento y respondió: "Un guan".
En realidad, no recibía ningún sueldo. El Magistrado Yang lo controlaba bajo el pretexto de su condición de reo procesado; aunque le otorgaban fondos para gastos operativos, no percibía un salario formal ni gozaba de las compensaciones debidas, tales como una pensión por muerte en servicio.
"La Oficina de Asuntos de Inspección no sabe reconocer el auténtico oro. Tu humilde servidor cobra un estipendio mensual de dos guan y trescientos wen, más del doble que tú, ¿y aun así de qué sirve?". Wei Chengshuo continuó con vehemencia:
"Uno recibe el sustento del gobernante y sirve a sus designios, pero nosotros trabajamos para Yunshuo, no vendemos la vida entera. En lo tocante al Reloj de Sol de Mingzong, si se puede cumplir, se cumple; si no, cambiamos de objetivo y punto. A fin de cuentas, por apenas uno o dos guan al mes, ¿acaso se espera que sacrifiquemos el pellejo y nos olvidemos de conservar la vida?"
Por la mente de Yan Shixu cruzó una frase célebre de su vida anterior: 'Por doscientos yuanes miserables al mes, ¿a quién se le ocurre vender la vida?'.
"Hermano Wei, apenas nos conocemos y ya me confías asuntos tan delicados. ¿No temes que le informe de esto al oficial de enlace?", replicó Yan Shixu con una leve sonrisa.
Wei Chengshuo abanicó su abanico con parsimonia:
"Esas palabras tuyas, hermano Yan, demuestran que aún no conoces cómo gira el mundo. Bajo este cielo no existe nada que el dinero no pueda comprar. En el pasado, desde la Rebelión de los Tres Reyes, la corte y los mandos militares provinciales se enzarzaron en disputas durante doscientos años; los comisionados militares se sucedían unos tras otros y la mayoría terminaba asesinada a manos de sus propios comandantes de guardia. Cuando la plata está sobre la mesa, hasta un guardia rebelde se vuelve un patriota intachable. Y en el presente, por más que en la Capital Oriental rija una estricta defensa de tala y desalojo y la Oficina de Asuntos de Inspección capture espías a diario, las distintas facciones provinciales siguen colando agentes en la ciudad. ¿Por qué crees que ocurre?
Para quien tiene registro civil pero carece de salvoconducto, son veinte guan por cabeza. Para quien no tiene ni registro ni salvoconducto, cincuenta guan por individuo. El Ejército Tiance tiene una lista de precios bien definida".
Yan Shixu: "..."
Primero sintió una punzada de sorpresa, pero de inmediato lo consideró perfectamente lógico.
En una dinastía en franca decadencia, desde los altos dignatarios de la corte imperial hasta los funcionarios de base en los confines del territorio, ¿cuánta lealtad genuina podía quedarles?
Desde tiempos remotos, únicamente las riquezas materiales lograban comprar una devoción sin fisuras.
Wei Chengshuo añadió con gravedad: "No guardes demasiados recelos hacia los mandos provinciales. Durante los últimos doscientos años, infinidad de hombres dotados de talento se han puesto al servicio de las provincias fronterizas, y tras acumular el capital suficiente, han entrado en la corte para ascender a cancilleres".
Dicho esto, cerró el abanico de golpe: "Ya que salí, aprovecharé para comprar pinceles, tinta, papel y tinteros. Hermano Yan, ¿te gustaría acompañarme?"
Yan Shixu negó con la cabeza.
Wei Chengshuo asintió: "Piénsalo con detenimiento".
Dobló por un callejón y su figura se fue alejando paso a paso.
Cruzando calles y callejuelas, Wei Chengshuo ingresó en una librería y marchó directo hacia el mostrador:
"Tendero, quiero pinceles de pelo de gallo y liebre de Huizhou, barras de hollín de pino de Yizhou, papel de losas de jade de Shanxi y un tintero de piedra púrpura de Duanzhou".
El tendero, un anciano de cabellera canosa, esbozó una radiante sonrisa: "Venga conmigo, distinguido cliente, pase al interior a escoger".
Ambos se adentraron en el patio trasero.
Wei Chengshuo ordenó en voz baja y sombría: "Informa de inmediato al oficial de enlace: Yan Baoyue, del clan Yan, perdió el debate dialéctico contra Yan Shixu, un discípulo de la Academia Daoísta. A partir de hoy, el nombre de este joven resonará por todo el imperio y el chantaje que teníamos sobre él ya no bastará para someterlo. Sugiero que el oficial de enlace le ofrezca un reclutamiento generoso antes de que la Oficina de Asuntos de Inspección le prometa un ascenso de gran peso. De lo contrario, habrá que eliminarlo cuanto antes".
...
Tras el almuerzo, Yan Shixu declinó las invitaciones de sus compañeros para pasear por los jardines y debatir sobre el Dao, dirigiéndose directamente a la sala de alquimia.
El vapor caliente envolvía el recinto, cargado de una fragancia medicinal que escapaba junto al vaho a través de los respiraderos de los muros.
Yan Shixu tomó asiento con las piernas cruzadas frente al caldero de alquimia, observando la lumbre ardiente con un trozo de leña seca en la mano.
En el fondo, la experiencia en la alquimia se resumía en dos factores primordiales: ¡el control del fuego y la proporción de los ingredientes!
Esas pautas quedaban consignadas en las recetas alquímicas, pero para dominar de verdad el arte del caldero resultaba indispensable experimentar en carne propia.
Lianyangzi había comenzado a instruirlo en el manejo del fuego.
"¿Por qué no aceptaste el reto de Baoyue?", soltó de improviso Lianyangzi, quien removía la decocción medicinal sin necesidad de subirse a ningún banquillo. "Si le hubieras ganado una vez más, habrías reunido el dinero suficiente para costear la Píldora Inmortal del Yang Puro".
'¿Acaso crees que no quise?', pensó Yan Shixu antes de responder con sinceridad: "Erudito Asistente, mi victoria sobre ella fue fruto de una artimaña astuta. Si volviera a debatir, saldría derrotado sin remedio".
Lianyangzi sentenció con tono grave: "Si de veras quieres esa Píldora Inmortal del Yang Puro, más vale que consigas la plata cuanto antes. De lo contrario, este humilde servidor del Dao tendrá que buscar otras vías".
Los ojos de Yan Shixu chispearon levemente: "¿Por qué tanta prisa, maestro daoísta?"
Lianyangzi respondió con voz profunda y apagada: "Las tensiones entre la corte imperial y el Ejército de Chengzhao se han agravado aún más. Este pobre servidor intuye que la confrontación estancada entre ambas fuerzas se romperá de un momento a otro".
'Estos Eruditos Asistentes de la Academia Daoísta... ciertamente ninguno es un incompetente'.
Yan Shixu no esperaba que Lianyangzi poseyera un olfato político tan afilado. Tras guardar silencio unos instantes, replicó: "Lo entiendo. Haré todo lo posible por reunir el dinero cuanto antes".
Lianyangzi emitió un carraspeo de aprobación: "Cuando te marches, toma el Compendio de las Cien Hierbas que está en el estante y llévatelo para estudiarlo. En este mundo existen veintiocho mil variedades de plantas medicinales, y nueve mil de ellas se emplean en la alquimia. Debes grabártelas de memoria, hasta el más mínimo detalle".
...Yan Shixu asintió con una mueca de resignación.
En este mundo no existía ni un solo método de cultivo que fuese sencillo.
La brujería Gu, la única senda en la que se podía avanzar sin consagrarse al esfuerzo constante, encerraba con toda probabilidad peligros descomunales tras esa aparente facilidad.
Mientras continuaba removiendo la preparación medicinal, Lianyangzi preguntó de pronto: "Puesto que el corazón humano anhela la estabilidad, ¿por qué las crónicas históricas están colmadas únicamente de eras de caos? Tú ya habías advertido este fenómeno, ¿has profundizado en sus motivos?"
Yan Shixu negó con la cabeza: "Este estudiante tampoco logra comprenderlo del todo. Por esa misma razón di por seguro que Baoyue saldría derrotada".
Lianyangzi meditó unos segundos antes de compartir su razonamiento: "En las épocas de grandes contiendas, los mortales comunes carecen del poder para regir el auge o la caída de una dinastía; son los cultivadores de las diversas escuelas los auténticos detonantes del desorden. De ahí que, aun cuando la gente común anhele la paz, basta con que surja un solo hombre carcomido por la ambición desmedida para que el mundo entero se suma en la anarquía".
Yan Shixu replicó con otra pregunta: "¿Y el Erudito Asistente anhela la estabilidad o anhela el caos?"
"La estabilidad, por descontado", contestó Lianyangzi sin vacilar un instante.
Yan Shixu argumentó: "Sean mortales comunes o cultivadores, en esencia son iguales: la abrumadora mayoría se inclina por la paz. Incluso si entre ellos brotan uno o dos conspiradores u hombres ambiciosos, el resto de los cultivadores terminaría por aplastarlos. Por ende, si ampliamos la escala temporal a miles o decenas de miles de años, los periodos de paz y prosperidad deberían haber sido mucho más dilatados que los tiempos de discordia".
Lianyangzi frunció el ceño con severidad: "Tiene sentido lo que dices. Pero entonces, ¿por qué los registros históricos...?"
Yan Shixu formuló una conjetura: "No existen más que dos explicaciones posibles: o bien todo lo asentado en los libros de historia es una farsa, o bien los anales históricos fueron alterados por alguien".
Los ojos de Lianyangzi se abrieron de golpe, desorbitados por el asombro.
"¡Un disparate! ¿Cómo podría falsearse una historia de varios miles de años?", bramó Lianyangzi. "El Rey Ji recluyó a su padre y masacró a sus hermanos, y a pesar de sus descollantes hazañas militares y de gobierno, sigue siendo vituperado por las generaciones posteriores. ¿Por qué no modificó él la historia? ¡Porque la Historia del Estado de la Gran Dinastía Sheng cuenta con más de un centenar de tomos, y sus copias manuscritas se hallan dispersas por todo el imperio! Los linajes ilustres, los clanes prominentes y los reinos tributarios de los cuatro mares conservan ejemplares, sin olvidar los anales geográficos, las coplas populares y las leyendas de cada prefectura y circuito... ¿Cómo podría alguien alterarla? ¡¿Cómo se podría falsificar semejante inmensidad?!"
'La historia es como una jovencita: puedes maquillarla y vestirla a tu antojo, ¡pero no puedes cambiarle la naturaleza de nacimiento!'.
Yan Shixu meditó un momento y murmuró entre dientes: "¿Por qué tendría que ser un disparate? La Escuela de los Nombres es capaz de sustituir la realidad valiéndose de lo ilusorio, y la Escuela de los Novelistas puede engendrar mundos enteros dentro de sus páginas..."
De pronto, enmudeció.
Un silencio sepulcral se apoderó de la sala de alquimia. Sólo se escuchaba el crepitar de la leña seca al consumirse entre las brasas. Ambos permanecieron inmóviles, como si hubiesen caído bajo el influjo de un conjuro de inmovilización.
Instantes después, Yan Shixu desvió la conversación: "No eran más que desvaríos míos sin sentido".
La tirantez en el semblante de Lianyangzi se relajó levemente y asintió: "Concéntrate en vigilar el fuego".
Al caer la noche, Yan Shixu se dirigió al Pabellón Jinhe y cruzó hacia la estancia principal guiado por la doncella Hong'er.
A Yan se encontraba sentada bajo el fulgor de las velas, absorta en la lectura minuciosa de una misiva secreta. Ignoraba qué contenía el documento, pero su atención era tan profunda que ni el crujido de la puerta al abrirse perturbó su concentración.
No fue hasta que los pasos de Yan Shixu resonaron cerca que plegó el papel con disimulo y alzó la vista. Sus pupilas destellaban con un brillo radiante, clavándose en él sin pestañear.
"No soy una barra de plata para que me mires con tanta avidez". Yan Shixu tomó asiento junto a la mesa, echó una ojeada al pliego doblado y preguntó: "¿Qué estás mirando?"
"Miro la forma en que hoy te cubriste de gloria y te alzaste como un prodigio ante la multitud". A Yan lo examinó con detenimiento de pies a cabeza y exhaló un suspiro lastimero: "Creía haber sondeado la medida exacta de tus alcances, pero hoy descubro que el joven amo Yan es como un estanque abismal: insondable".
"¿Qué recompensa dispuso el magistrado?", inquirió Yan Shixu sin andarse con rodeos, apuntando al verdadero motivo de su visita nocturna.
"El magistrado envió a un emisario con cinco guan y me encomendó transmitirte que, en cuanto culmine tu misión en la Academia Daoísta, el Vicesecretario de la Izquierda te concederá un reconocimiento todavía mayor", explicó A Yan.
'¿Postergó la verdadera recompensa para más adelante?'. Yan Shixu no pudo ocultar cierta decepción. "¿Sólo eso?"
Lo que él requería en ese momento era dinero en mano, oro y plata contantes y sonantes.
A Yan captó al vuelo sus pensamientos, alzó un dedo blanco y delicado para propinarle un leve toque en la frente y le reprochó con un mohín de picardía: "Mira más hacia el horizonte. Cuando un hombre ostenta el poder, el dinero y las mujeres hermosas le sobran a raudales. Has consumado una hazaña formidable; si te premiaran exclusivamente con dinero de inmediato, harían parecer que la Oficina de Asuntos de Inspección carece de equidad ante los ojos de los demás".
Ascender de rango y conseguir títulos nobiliarios era cosa del futuro; lo que a él le faltaba ahora mismo era plata contante y sonante.
"¿Dónde está el dinero?"
"Sobre la mesa de la habitación interior."
Yan Shixu entró al dormitorio, se cargó las monedas de cobre a la espalda y se dispuso a marcharse.
"¡Detente ahí!" Las cejas de sauce de A Yan se arquearon y lo fulminó con la mirada: "¿Te vas a ir así sin más?"
Yan Shixu se volvió a mirarla.
A Yan llevaba puesto un chaleco largo de gasa ligera sobre una faja pectoral de seda bordada con hojas de loto verde esmeralda y flores de loto carmesíes. Abajo vestía unos livianos pantalones interiores y mantenía cruzadas sus largas y níveas piernas; llevaba los zapatos bordados a medio calzar, colgando de las puntas de los pies, meciéndose de un lado a otro al compás de sus piernas cruzadas.
Yan Shixu negó con la cabeza: "El \*Sutra del Hombre Perfecto\* dice: 'Dar rienda suelta al deseo disipa la esencia; agotada la esencia, el espíritu se dispersa y el fundamento del Dao se destruye a sí mismo. Solo atesorando la esencia y guardando el qi se alcanza la longevidad'."
A Yan soltó una risita burlona: "¿Te volviste idiota de tanto debatir las escrituras?"
Enganchó la faja pectoral con un dedo tan tierno y esbelto como un brote de cebolleta de jade, tiró de ella hacia abajo y, con una mirada seductora como hilos de seda, preguntó: "¿Y ahora qué?"
Yan Shixu bajó el dinero en silencio.
'¡Ya que estoy aquí, ni modo!'
La noche se hizo más profunda y el ardor primaveral se desbordó; bajo el edredón de los patos mandarines se agitaron olas escarlatas.
¡Pobre manantial límpido de agua del Bodhi, vertido por entero entre los dos pétalos de un loto rojo!
A Yan yacía boca abajo sobre la cama, con la barbilla apoyada sobre sus brazos como tiernas raíces de loto; su respiración estaba agitada y su moño se había deshecho, dejando mechones enredados cubriéndole el rostro.
"¿Tanta falta te hace el dinero?" Mantenía esa postura, demasiado fatigada como para molestarse en moverse.
Yan Shixu miraba fijamente el dosel de gasa sobre su cabeza, sintiendo que todas las preocupaciones se habían disipado con el viento y que las riquezas y la fama no eran más que nubes pasajeras.
Pasados unos minutos, se dio la vuelta y colocó una pierna sobre el trasero firme, redondeado y elástico de A Yan: "Me falta, sí. ¿Para qué lo preguntas?"
A Yan apartó su pierna: "¿Cuánto necesitas?"
"Trescientos taeles."
"¡Maldito esclavo descarado! ¿Acaso vas a redimir a alguna cortesana famosa para necesitar tanto?", maldijo A Yan entre dientes.
Tras regañarlo, dudó un momento y añadió: "He ahorrado bastante dinero a lo largo de estos años. Puedo prestártelo."
En la penumbra, Yan Shixu volvió la cabeza hacia ella y, tras una pausa, sonrió: "¿No temes que tome el dinero y huya? En las novelas populares, las mujeres del bajo mundo que se quedan ciegas de amor siempre terminan embaucadas por amantes desalmados de esa misma manera."
A Yan soltó un leve resoplido: "Atrévete a engañarme y haré escribir tus ruines fechorías en una novela popular, para que todo el mundo sepa que el descendiente del Señor Yan es un vil estafador."
Yan Shixu no respondió.
A Yan continuó: "No te lo presto de a gratis; el interés será del cinco por ciento."
Yan Shixu siguió sin decir palabra.
A Yan tanteó con cautela: "¿Al tres?"
Yan Shixu sacudió la cabeza con firmeza: "No hace falta. Ganarte la vida no te resulta fácil, quédatelo para ti."
A Yan guardó silencio unos segundos y su tono se volvió frío: "De los negocios más lucrativos del mundo, los burdeles están entre los primeros. ¿De qué dificultad hablas?"
Sin embargo, aquellas palabras fueron como un rayo de luz que hendió el caos de su mente; de pronto, a Yan Shixu se le ocurrió un método para amasar dinero con rapidez.
Aparte de comida, ropa, techo y transporte, había otra cosa de la que la gente común jamás podía prescindir: ¡la lujuria!
¿Acaso había dinero más fácil de sacar que el de los clientes de un burdel?
'¡Si vendo la Píldora para Consolidar la Raíz y Nutrir el Origen de Lianyangzi a los clientes del burdel, ¿cómo no voy a conseguir dinero?!'
No obstante, la Píldora para Consolidar la Raíz y Nutrir el Origen era costosa y solo podía venderse a un público selecto, lo que implicaba que el mercado se saturaría en poco tiempo.
Además, su eficacia medicinal era tan formidable que, tras completar un tratamiento, a nadie le dolería la cintura ni le flaquearían las piernas, por lo que, naturalmente, dejarían de comprarla.
Debía encontrar un canal de ventas sostenible... ¡Eso era! Si el mercado carecía de demanda, ¡él crearía la demanda!
Un audaz plan para ganar dinero comenzó a cobrar forma en su mente.
Yan Shixu se incorporó y miró a la voluptuosa beldad que aún hacía pucheros: "Mi señora, tengo una idea brillante que puede hacer que el Pabellón Jinhe gane oro a espuertas a diario."
"El Pabellón Jinhe ya gana oro a espuertas a diario", replicó A Yan con indiferencia.
"Escúchame primero", dijo Yan Shixu lleno de entusiasmo. "Aunque el negocio del Pabellón Jinhe va bien, en el Barrio Xiuzhen abundan las tabernas de cantineras extranjeras, los burdeles anexos y los monasterios de sacerdotisas daoístas. Con mi método, el Pabellón Jinhe podrá arrebatarles a todos esos clientes."
Solo entonces A Yan mostró interés, apoyando la cabeza con languidez: "Cuéntame."
"El primer paso: instruir a las muchachas del Pabellón Jinhe en las Artes del Cultivo Dual y difundir al exterior que el cultivo dual fortalece el cuerpo, vigoriza la salud y prolonga la vida. Si los clientes desean aprenderlo, además de la tarifa habitual por sus servicios, deberán pagar una matrícula de enseñanza. Se cobrarán quinientas monedas de cobre por lección, y una serie completa de cultivo dual puede dividirse en diez o veinte lecciones."
Apenas terminó de hablar Yan Shixu, A Yan lo interrumpió.
Miró hacia las vigas del techo: "¿Te refieres a esas posturas que me obligaste a hacer estos días pasados?"
Yan Shixu se quedó pasmado: "¿Cómo lo supiste?"
A Yan soltó una risita burlona: "Aunque no entienda de cultivo dual, basta usar un poco la cabeza para deducir qué eran todas esas posturas tan raras y estrafalarias. Mocoso insolente, las Artes del Cultivo Dual de la Escuela del Sur son extremadamente difíciles de practicar; los mortales comunes jamás podrían dominarlas. Lo que de verdad fortalece el cuerpo son las Artes de la Cosecha y Nutrición. ¿Acaso pretendes que las muchachas del pabellón cosechen y absorban a los clientes, o que los clientes cosechen y absorban a mis muchachas?"
Yan Shixu replicó: "El cultivo dual no es más que una tapadera, un reclamo para sacarles dinero."
A Yan frunció el ceño: "Quienes vienen al Pabellón Jinhe son hombres ricos o de alto linaje. Si los embaucamos hoy, mañana destrozarán el letrero del pabellón. A ti te dará igual, pero ¿adónde irán a parar mis pobres muchachas?"
Yan Shixu curvó las comisuras de los labios:
"Por eso el segundo paso es crucial. Convenceré a Lianyangzi de cooperar con el Pabellón Jinhe para vender su Píldora para Consolidar la Raíz y Nutrir el Origen. La potencia de esa medicina es formidable; al tomarla, el qi y la sangre rebosan y el vigor se renueva. Los clientes se sentirán cada vez más fuertes y viriles, ¡y creerán que el mérito es del cultivo dual!"
A Yan reflexionó un instante y objetó: "¿Y si, tras ingerir la píldora, descubren que el beneficio proviene del medicamento?"
Yan Shixu contestó: "Sencillo. Yo me encargaré de negociar con el Maestro Daoísta Lianyangzi: su Píldora para Consolidar la Raíz y Nutrir el Origen solo podrá venderse en el Pabellón Jinhe. El establecimiento establecerá como regla que las lecciones de cultivo dual y la medicina se vendan en un paquete conjunto; no podrán adquirirse por separado."
A Yan preguntó de nuevo: "¿Y cómo lograrás que los clientes crean que las muchachas del pabellón dominan las Artes del Cultivo Dual?"
Yan Shixu: "La Erudita Asistente Gu Hanzhang, de la Academia Daoísta, proviene de la Escuela del Sur. El Pabellón Jinhe puede pedirle que dé fe y lo avale públicamente. Con eso, los clientes se lo creerán sin dudarlo. Aunque, claro está, también tendrás que compartir las ganancias con ella."
Las cortesanas del burdel atraerían un flujo masivo de clientela con el reclamo del cultivo dual; el cultivo dual agregaría valor a la píldora, y los efectos reconstituyentes de la píldora servirían como sólido respaldo para todo el conjunto de la estrategia.
De este modo, las cortesanas ganarían mucho más dinero, la píldora se vendería a un precio más elevado y el cultivo dual garantizaría tanto la fidelidad de la clientela como un flujo incesante de nuevos parroquianos.
¡Perfecto!
En su vida anterior, esto no era más que una maniobra elemental de mercadotecnia.
'Una vez que el plan tenga éxito, Lianyangzi obtendrá sus fondos, la vía de enriquecimiento de Gu Hanzhang quedará despejada y yo habré demostrado ser un auténtico genio.'
A Yan guardó silencio, calculando y analizando todo en su fuero interno, con los ojos brillándole con creciente intensidad.
De pronto se incorporó, haciendo oscilar de forma tentadora sus pechos.
Sus hermosos ojos resplandecieron y exclamó complacida: "¡Es una idea magnífica! ¡Esto deja muchísimo más dinero que ser Inspectora de Zona!"
Yan Shixu se aclaró la garganta: "No obstante, bien sabes que ambos Eruditos Asistentes son miembros de órdenes daoístas, personas distinguidas y de refinados modales. Para convencerlos de colaborar con el Pabellón Jinhe, aparte de que dé la cara una joven promesa de renombre como yo, se requiere un pequeño anticipo."
A Yan asintió repetidamente: "Tiene sentido, tiene sentido. ¿Cuánto anticipo sería prudente darles?"
Yan Shixu fingió meditarlo unos instantes y luego soltó una exigencia desmesurada: "Seiscientos taeles. Y después, del dinero recaudado por la Píldora para Consolidar la Raíz y Nutrir el Origen, una vez deducidos los costos, se le entregará el treinta por ciento al Maestro Daoísta Lianyangzi. Por cada cliente que tome lecciones de cultivo dual, se le otorgará el treinta por ciento a Gu Hanzhang; de las propinas habituales por servicios íntimos, no habrá que descontar nada."
Las propinas eran el pago por el placer carnal, algo muy distinto de la matrícula de enseñanza.
A Yan contó con los dedos mientras calculaba rápidamente y apretó los dientes: "Trato hecho."
Destapó la fina colcha de seda y corrió desnuda hacia el gran armario de madera en la esquina, de donde extrajo un baúl de madera.
Yan Shixu encendió una vela; la luz del pabilo iluminó la figura esbelta y sinuosa de A Yan, y también reveló los lingotes redondos de oro y plata dentro del cofre.
De aquella "montaña de oro y plata", A Yan separó diez pesados lingotes de oro y contó veinte lingotes de plata, diciendo con evidente dolor en el corazón:
"¡Tardé más de medio año en ahorrar todo esto! ¡Tómalo! Envuélvelo rápido en tela, ¡no dejes que lo vea!"
Volvió la cabeza hacia otro lado, incapaz de seguir mirando.
'¡Esta mujer es una ricachona de tomo y lomo! ¡Qué superficial he sido al desear solo su cuerpo!', pensó Yan Shixu, casi incapaz de apartar la mirada.
A Yan cerró el baúl de golpe y, sonriendo con picardía, dijo: "El mayor anhelo de esta humilde sirvienta es reunir suficiente dinero para encontrar a un galán de mi agrado y marcharme a Jiangnan a llevar una vida libre como las nubes y las grullas silvestres, entregada al paisaje de montes y ríos. Ay, quién sabe qué mocoso descarado terminará saliendo ganando en el futuro."
Yan Shixu no se atrevió a recoger el guante y desvió el tema: "La Señora A Yan es joven y ya ha llegado a ser Inspectora de Zona, con un porvenir prometedor por delante. ¿Por qué estás pensando en marcharte a Jiangnan?"
A Yan suspiró: "Tontuelo, todas las muchachas de los burdeles comprenden que atender clientes es para redimir su libertad cuanto antes, no por amor al dinero."
Yan Shixu envolvió cuidadosamente los lingotes de oro y plata. En cuanto a las cinco sartas de monedas concedidas por el Juez Yang, que pesaban treinta jin enteros, eran demasiado incómodas para cargar en ese momento, así que las dejó temporalmente bajo custodia en la habitación de A Yan.
Cargando el oro y la plata a sus espaldas, abandonó el Pabellón Jinhe. Al caminar por la calle sumida en tinieblas, volvió a invadirle la tensa sensación de que hasta el último perro callejero codiciaba lo que llevaba consigo.
Yan Shixu regresó sin sobresaltos a la Academia Daoísta y se dirigió directamente a los dormitorios de los Eruditos Asistentes.
"¡Toc, toc!"
Llamó con fuerza a la puerta de la habitación de Lianyangzi.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 84
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 83
Estás leyendo el capítulo 83 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.