Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 82 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En el momento en que Baoyue pronunció aquellas palabras: "He perdido", el Vicesecretario de la Izquierda de Inspección se puso en pie de golpe, incapaz de contener la alegría en su rostro.
Aquel gran eunuco que había navegado las turbulentas aguas de la corte durante media vida y estaba acostumbrado a toda clase de tempestades, experimentó en ese instante la sensación de que la desdicha por fin tocaba a su fin y las nubes se despejaban para revelar el sol.
Tras una docena de respiraciones, los literatos, caballeros y funcionarios de la Capital Oriental allí reunidos lograron por fin sacudirse la perplejidad provocada por el enigma de "por qué los libros de historia eran así", y estallaron en un clamor sin precedentes.
Los aplausos tronaron como el trueno y las aclamaciones no cesaron.
Este debate, que había comenzado con nueve derrotas consecutivas sin que nadie supiera qué hacer, para culminar con la repentina aparición de un joven desconocido que dio vuelta la partida hacia la victoria, era algo que ni los autores de relatos populares se atreverían a escribir.
Tanto en el Jianghu como en la corte imperial, el tema más comentado y celebrado nunca eran los romances entre eruditos y bellezas, ni los laureles en los exámenes imperiales, sino la caída de un maestro consagrado a manos de un don nadie.
¡Y esta era nada menos que la Maestra Baoyue!
Yan Baoyue, el fénix bisoño del clan Yan. A los tres años ya reconocía los caracteres y a los cinco componía poemas. Los de afuera solo sabían que poseía memoria prodigiosa, ignorando que su don más envidiable era su destreza para prever desenlaces, desmenuzar argumentos y discernir hasta el más mínimo detalle.
Ese era el talento más valorado por la Escuela de los Nombres.
Desde su niñez, el clan Yan había volcado todos sus recursos en instruirla. Los ancianos venerables le enseñaron personalmente lectura y aritmética, mientras que las disciplinas obligatorias para las damas de familias ilustres —como el laúd, el ajedrez, la caligrafía, la pintura, la preparación del té o el bordado— fueron descartadas por completo. Día tras día, su vida se reducía a leer y debatir.
Finalmente, a los once años, incluso el anciano más erudito de su clan quedó sin palabras ante sus argumentos.
A partir de entonces, viajó visitando a personalidades eminentes para debatir clásicos y disertar sobre el Dao, sin cosechar una sola derrota. Se labró una fama colosal a lo largo de los tres circuitos de Jiangnan y conquistó para el clan Yan incontables riquezas, tierras fértiles y prestigio.
Al día de hoy, bastaba con que cualquier erudito o gran letrado confuciano de los tres circuitos de Jiangnan recibiera una tarjeta de visita de Baoyue para fingir una enfermedad o emprender un viaje lejano; ya nadie se atrevía a debatir con ella.
Ahora, este mito invicto, en su primera contienda al llegar a las Llanuras Centrales, había mordido el polvo.
El hombre de mediana edad situado detrás de Yan Baoyue tenía el rostro lívido.
"Desde tiempos antiguos, los héroes surgen en la juventud", sonrió el Gobernador Regente de la Capital Oriental mientras se mesaba la barba.
El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección exclamó tres veces seguidas la palabra "¡bien!" y añadió con una sonrisa: "Con semejante talento, la Academia Daoísta debe cultivarlo con esmero. En el futuro, cuando ingrese a la corte como funcionario, sin duda será de gran utilidad".
Mientras hablaba, lanzó una mirada de reojo al Juez Yang.
El Juez Yang captó el trasfondo implícito: el vicesecretario de la Izquierda se había fijado en aquel muchacho y sugería que, una vez concluida su misión de infiltración en la Academia Daoísta, Yan Shixu sería transferido de regreso a la Oficina de Asuntos de Inspección para asumir un puesto de gran relevancia.
La expresión del Juez Yang se tornó compleja. Con anterioridad, Yan Shixu se había infiltrado con éxito en la Academia Daoísta y había llamado la atención del vicesecretario de la Izquierda.
Pero aquello no pasaba de saber que existía alguien con ese nombre; la Oficina de Asuntos de Inspección contaba con innumerables espías, y los individuos con talento y habilidad abundaban por doquier. El vicesecretario de la Izquierda jamás prestaría atención constante ni mantendría en mente a un don nadie.
Ahora la situación era distinta.
Ese muchacho había cambiado el rumbo de la marea hoy mismo y obtenido un mérito mayúsculo; era evidente que el vicesecretario de la Izquierda planeaba impulsarlo.
Aquella pieza de ajedrez se le estaba yendo de las manos.
El Sacerdote Daoísta Wangji batió las palmas y rio entre dientes: "¡Excelente, excelente! Con esto podré rendir cuentas ante mi maestro. El vicesecretario de la Izquierda tiene razón; la Academia Daoísta no ha visto brotar un prodigio celestial en muchos años. El último en alcanzar renombre bajo el cielo y en recibir tantas esperanzas de la corte imperial fue mi maestro. Lástima que su anciana persona arruinara su brillante comienzo con un final indigno".
El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección y el Gobernador Regente de la Capital Oriental fingieron no haber escuchado nada.
Yan Baoyue permanecía sentada con las piernas cruzadas sobre el cojín de oración, inmóvil como una estatua, privada de todo movimiento.
No se sabía si era incapaz de aceptar la derrota o si se hallaba absorta devanándose los sesos en busca de una solución al dilema.
El hombre de mediana edad que estaba a sus espaldas soltó un largo suspiro, se levantó con el rostro sombrío y juntó las manos en reverencia hacia los tres ocupantes de la mesa principal:
"Jamás imaginé que el talento victorioso que mi clan Yan cultivó con tanto esmero terminaría perdiendo frente a un completo desconocido. La Academia Daoísta es verdaderamente un semillero de eruditos; que un simple estudiante posea semejante erudición resulta sobrecogedor".
Sus palabras estaban impregnadas de una profunda resignación no disimulada.
El Sacerdote Daoísta Wangji replicó con tono perezoso: "Él no es ningún don nadie. Es el primer clasificado entre los nuevos estudiantes de nuestra Academia Daoísta. En una ocasión presentó una propuesta de reforma tributaria que mi venerable maestro elogió como una estrategia para estabilizar la nación".
Al oír estas palabras, entre la multitud estallaron densos y agitados murmurs.
Yan Shixu alcanzó a escuchar comentarios como: "Así que era él", "Dicen que la Secretaría Central valoró enormemente su plan de reforma tributaria", o "Se cuenta que tras la propuesta de la Academia Daoísta, los ministros en la corte han estado debatiendo sin cesar si actuar con cautela para acumular granos y caudales o proceder con mano dura para debilitar a los feudos militares".
Un destello de sorpresa cruzó los ojos del hombre de mediana edad, aunque no pasó de ser una sorpresa pasajera, y declaró con voz clara:
"Mi clan Yan sabe perder con honor. Nos marcharemos de inmediato para informar del resultado a Chengzhao, abriremos el transporte fluvial conforme a lo acordado y retiraremos las tropas veinte li".
El Gobernador Regente de la Capital Oriental dijo con voz grave:
"El Ejército de Chengzhao alberga una ambición desmedida; temo que no cumplan el pacto con tanta facilidad".
El hombre de mediana edad mantuvo un tono sereno: "Mi clan Yan transmite como herencia las artes de los Nombres y debe su reputación a la elocuencia de nuestros debates. Ya que aceptamos la petición de Chengzhao para venir a debatir a la Capital Oriental, es natural que tengamos los medios para hacer que el clan Liu honre su promesa".
El Gobernador Regente de la Capital Oriental sonrió: "El clan Yan siempre ha cumplido su palabra. Con estas declaraciones del hermano Yan, este funcionario se queda tranquilo".
En ese momento, Baoyue clavó la mirada a través de su velo y, mordiéndose el labio, soltó:
"Te desviaste por senderos poco ortodoxos y te valiste de triquiñuelas para vencerme. ¡Exijo otro debate contigo!".
Yan Shixu juntó las manos y dijo: "La Maestra posee un talento inmenso y una agudeza excepcional; yo no estoy a su altura".
Baoyue se apresuró a añadir: "Ofrezco quinientos taeles de plata. Si logras vencerme, el dinero será tuyo. Si pierdes, no te pediré absolutamente nada".
'¿Acaso el espíritu competitivo de esta muchacha no tiene límites? No irá a enviar gente a secuestrarme en plena noche, ¿verdad?'. Yan Shixu no pudo evitar recordar los rumores de que Baoyue "encarcelaba" a sacerdotes daoístas.
Y considerando que su cultivo ya rozaba el umbral del Reino Terrenal, sintió que ni siquiera necesitaría enviar a nadie: podía hacerlo ella misma.
Yan Shixu reflexionó un instante y asintió: "¡De acuerdo!".
Una chispa de júbilo brotó en el corazón de Baoyue. Apresuradamente contuvo sus emociones, se concentró al máximo y planteó: "Hace un momento usaste al pueblo llano como tema; en ese caso, yo estableceré mi tesis sobre la naturaleza humana. Me gustaría saber si Su Merced opina que la naturaleza del hombre es intrínsecamente mala o intrínsecamente buena".
Yan Shixu no vaciló: "La naturaleza humana es intrínsecamente mala".
Baoyue refutó de inmediato, con voz vibrante y rebosante de combatividad: "El \*Capítulo Mingxin\* afirma: 'La bondad en la naturaleza del hombre es como el agua fluyendo hacia abajo; no hay hombre que no tienda al bien, como no hay agua que no corra hacia abajo'. La maldad del hombre se origina en sus apetitos y deseos, pero la bondad del hombre es algo pleno e innato en su ser".
Yan Shixu puso cara de repentina iluminación: "Así que era eso. Lo que la Maestra dice tiene todo el sentido del mundo; admito mi derrota".
Llevaba una expresión de "cuánto he aprendido de usted", con una actuación sumamente convincente.
"Tú...". Baoyue se enfureció y gritó: "¡Estás haciendo trampa! ¡Esta no es la clase de victoria que yo quería! ¡Empecemos de nuevo!".
"¡Yue'er!", la reprendió el hombre de mediana edad en tono severo. "¡Qué falta de decoro!".
"Segundo tío...", murmuró Yan Baoyue con evidente resentimiento.
El hombre maduro no le hizo caso y clavó una mirada penetrante e intensa en Yan Shixu:
"Este Yan ha estudiado con fervor los libros de historia y se consideraba poseedor de cierta erudición, pero no esperaba que hoy un joven amigo me diera una lección tan magistral. Que el corazón humano anhele la estabilidad es el principio supremo del Dao Celestial; sin embargo, en los incontables tomos de las crónicas históricas, solo se hallan matanzas y contiendas sangrientas. Tengo el presentimiento de que el debate de hoy quedará inscrito en los anales de la historia. Y este enigma se convertirá en un dilema irresoluble que los letrados de todo el imperio discutirán sin cesar".
Yan Shixu respondió con modestia: "El maestro me elogia en demasía. Este humilde servidor solo se valió de un ardid".
El hombre sacudió la cabeza: "Los letrados bajo el cielo son tan densos como un bosque, mas ninguno posee la lúcida agudeza de este joven amigo. ¿Podría saber cuál es el linaje familiar de mi joven amigo y de qué tierras proviene?".
Yan Shixu alzó la cabeza e infló el pecho: "Mis ancestros pertenecen al clan Yan de Pinglu; soy descendiente del Señor Yan".
El hombre se quedó atónito por un instante, pero pronto su semblante se relajó y asintió comprensivo: "Conque descendiente del Señor Yan... Entonces la derrota de Baoyue no ha sido en vano".
La multitud estalló en un murmullo de conmoción.
Esas cuatro palabras, "descendiente del Señor Yan", bastaban para que los letrados de todo el imperio cambiaran de mirada y le mostraran el más profundo de los respetos.
Al enterarse de que aquel joven era un vástago del clan Yan, la envidia que muchos albergaban en sus corazones se aplacó de inmediato.
Si un humilde estudiante plebeyo hubiese derrotado a Baoyue y obtenido semejante honor, aunque habría sido un motivo de júbilo tremendo, siempre habría dejado cierta incomodidad de fondo; no obstante, tratándose del descendiente de un linaje ilustre, no cabía objeción alguna.
El hombre de mediana edad se inclinó en una solemne reverencia con las manos juntas, y Yan Shixu le devolvió el saludo con cortesía.
"Vámonos", dijo el hombre mientras se marchaba a grandes zancadas. Baoyue lo siguió, pero tras dar un par de pasos se giró para lanzarle una última mirada a Yan Shixu, antes de perderse en la distancia escoltada por los guerreros acorazados.
Al alejarse más de cien metros, Baoyue refunfuñó indignada: "Segundo tío, quiero ingresar a la Academia Daoísta".
"La Academia Daoísta no acepta discípulas".
"Pues entonces me quedaré a vivir temporalmente en la Capital Oriental; ¡regresa tú solo!".
El hombre de mediana edad no detuvo el paso y dijo con frialdad: "No me obligues a ordenar a los guardias con armadura que te dejen inconsciente".
Baoyue pateó el suelo: "¡Tengo que ganar! Una vez que un cultivador de la Escuela de los Nombres entabla un debate, no puede perder antes de alcanzar el Reino Terrenal. De lo contrario, el estado mental se fractura y el cultivo futuro se vuelve casi imposible. ¡Ay, siento que mi cultivo ha retrocedido! Me temo que no me queda más remedio que quedarme en la Capital Oriental".
El hombre de mediana edad hizo oídos sordos.
Tras caminar un trecho más, recién dijo: "Aprender a tomarse a la ligera la victoria o la derrota es un paso obligado para que los cultivadores de la Escuela de los Nombres templen su corazón. Ya has consolidado tus cimientos; perder una vez no es el fin del mundo. Te bastará con regresar al clan y recluirte a cultivar unos meses. Pero ¿te has puesto a pensar qué pasará si te quedas en la Capital Oriental y vuelves a perder?".
"No perderé", replicó Baoyue, rebosante de confianza.
"Ya has perdido una vez". El hombre de mediana edad habló en tono solemne y murmuró para sí: "Si los corazones de los hombres anhelan la estabilidad, ¿por qué los anales de la historia están tan colmados de devastación? Yue'er, cuanto más lo medita tu segundo tío, mayor es el pavor que siente. Si ese muchacho pudo discernir semejante verdad a partir de los libros de historia, es imposible que sea una persona común y corriente. Con alguien así, relacionarte es aceptable; pero tenerlo de enemigo exige la mayor cautela".
Al ver que ella guardaba silencio, el hombre suspiró: "Permaneceré unos días en la Capital Oriental para visitar a algunos viejos amigos".
Los ojos de Baoyue se iluminaron.
El hombre le advirtió con firmeza: "Te prohíbo terminantemente ir a la Academia Daoísta y te prohíbo volver a debatir con él".
...
"¡¡Boheng!!". Huangfu Yi le estrechó la mano a Yan Shixu con desbordante entusiasmo. "Venciste a Baoyue en el debate. ¿Tienes idea de lo que eso significa? A partir de hoy, te habrás ganado un lugar indiscutible en los círculos literarios de la Gran Dinastía Sheng. En el futuro, cuando viajes a Chang'an, ¡todas las cortesanas célebres del Barrio Pingkang se disputarán el privilegio de servirte el vino!".
'De pronto siento que rebajó mi categoría'. Yan Shixu sonrió: "En ese caso, sin duda te llevaré...".
Al notar por el rabillo del ojo la mirada fija que le dirigía Gu Hanzhang, cambió bruscamente de tema: "Deja de decir disparates. Yo, Yan Shixu, jamás he frecuentado burdeles".
Gao Mei, en un gesto insólito, juntó las palmas e invocó: "¡Mérito inconmensurable! Los ciudadanos de la Capital Oriental ya no tendrán que pasar hambre".
La alegría desbordaba las comisuras de sus ojos y cejas, brotando desde lo más hondo de su ser. Al mismo tiempo, bajó la voz: "Si vas al Barrio Pingkang, no te olvides de llevarme contigo. Me pregunto cómo serán las artes del cultivo dual de las cortesanas famosas de Chang'an".
'Hermano Gao, ¿acaso olvidaste que antes eras un monje?!'. Yan Shixu optó por no responderle.
Y es que Gu Hanzhang no dejaba de mirarlo, recorriéndolo de arriba abajo, como si apenas acabaran de conocerse.
Los letrados a su alrededor se acercaron en tropel a felicitarlo, llamándolo "Boheng" a cada instante, como si todos fueran entrañables condiscípulos y hermanos del alma.
Yan Shixu lidió con ellos uno por uno.
Entre saludo y saludo, vio que el Maestro Daoísta Wangji le hacía una seña con la mano.
Dejando atrás a la multitud, caminó hacia las tres figuras del estrado principal.
"Mis respetos, Gran Erudito", saludó Yan Shixu inclinándose con las manos entrelazadas.
El Maestro Daoísta Wangji dijo sonriente: "El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección y el Gobernador Regente de la Capital Oriental desean verte".
Yan Shixu se apresuró a inclinarse ante ambos: "Mis respetos, Vicesecretario de la Izquierda. Mis respetos, Gobernador Regente".
Los examinó con una mirada discreta. El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección era de tez blanca y rostro lampiño, con un porte sutilmente andrógino y sombrío, pero de estatura imponente; a simple vista, era imposible deducir que se trataba de un eunuco.
Sus facciones eran ordinarias, pero lo más llamativo en él era un par de ojos rasgados como los de un fénix. En cada destello de su mirada, era como si una serpiente venenosa desplegara la lengua, infundiendo en quien lo contemplaba una alerta y una desconfianza instintivas.
Por el contrario, el Gobernador Regente de la Capital Oriental proyectaba un porte sereno y apacible, muy semejante al de un afable y acaudalado terrateniente.
Yan Shixu había visto esa actitud incontables veces en su vida anterior; tanto los políticos hábiles en el trato social como los comerciantes compartían esa misma aura.
El Gobernador Regente de la Capital Oriental se mesó la barba y sonrió: "El joven señor Yan desborda talento; es un digno heredero del Señor Yan. Que el clan Yan tenga esperanzas de restaurar su gloria es una auténtica bendición para todos los letrados del mundo".
El mayor rasgo de mercaderes y políticos radicaba en que regalaban palabras hermosas, pero jamás entregaban nada tangible a cambio.
El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección examinó minuciosamente a Yan Shixu de pies a cabeza antes de hablar con voz suave y afectada:
"En verdad gozas de una estampa admirable. Si en el futuro apruebas los exámenes imperiales y obtienes un puesto oficial, me temo que los nobles y magnates de Chang'an derribarán las puertas de tu morada para disputarte como yerno. Joven señor Yan, has derrotado a Baoyue en este debate y has rendido un gran servicio a los altares del Estado. ¿Qué recompensa deseas?".
'¡Dinero, dinero, dinero, lo que quiero es dinero!'. Con rectitud intachable, Yan Shixu respondió: "Servir a la corte imperial es el deber ineludible de nuestra generación. Este estudiante no se atreve a exigir recompensa alguna".
El Magistrado Yang lo miró de reojo sin llamar la atención.
'Cuando me pediste esos cien taels de plata, tus palabras no fueron precisamente esas'.
'Este muchacho nació con madera para medrar en la burocracia; domina a la perfección el sentido de la mesura'.
El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección asintió complacido: "Eres alguien sensato".
Siendo plenamente consciente de la identidad de Yan Shixu, no se mostró excesivamente entusiasta; se limitó a guardar las distancias y, con un tono afectado y lánguido, declaró:
"Este oficial debe regresar a la sede administrativa para coordinar los siguientes pasos con el Supervisor del Ejército. Me retiro".
El Gobernador Regente de la Capital Oriental rio con cordialidad: "Vayamos juntos, vayamos juntos. Adelante, Vicesecretario".
El Vicesecretario de la Izquierda declinó la cortesía: "Por favor, Gobernador Lu, pase usted primero".
El Maestro Daoísta Wangji los vio marcharse con la mirada y suspiró con emoción: "Una vez que se reanude el transporte fluvial, la Capital Oriental podrá respirar aliviada. ¿Sabes por qué Chengzhao montó todo este espectáculo?".
"He oído que es por el Reloj de Sol de Mingzong", respondió Yan Shixu.
El Maestro Daoísta Wangji le dirigió una mirada de descontento: "El Reloj de Sol de Mingzong es solo lo que salta a la vista. Como un letrado con aspiraciones en la carrera oficial, debes aprender a ver lo que subyace bajo la superficie. Si eres tan obtuso, ¿cómo pretendes ejercer de funcionario en el futuro? Para eso, mejor quédate como un holgazán que considera vacíos los cuatro grandes elementos, tal como yo".
"Gran Erudito, la doctrina de los cuatro elementos vacíos pertenece al budismo", le recordó Yan Shixu.
El Maestro Daoísta Wangji desestimó la observación con un ademán: "Nuestra Secta Chongzhen toma el Dao como fundamento e integra las escuelas de los Estrategas, Confuciana y de los Nombres como disciplinas prácticas, asimilando las virtudes de las cien escuelas. ¿A quién le importa de qué corriente provenga mientras contenga sabiduría?".
Yan Shixu no tuvo más remedio que decir: "Ruego al Gran Erudito que me instruya".
El Maestro Daoísta Wangji miró a ambos lados y bajó la voz:
"Por supuesto que Chengzhao quiere el Reloj de Sol de Mingzong, pero no tenía ninguna necesidad de recurrir a semejante artimaña para conseguirlo. Últimamente, las campañas de la corte imperial en el norte marchan mal, y la Capital Oriental se enfrenta a una crisis de desabastecimiento de provisiones. Si el Ejército de Chengzhao lograra penetrar en la Capital Oriental, ¿acaso les costaría trabajo adueñarse de la reliquia?
En realidad, el Ejército de Chengzhao le estaba ofreciendo una salida honrosa a la corte: se quedaban con el Reloj de Sol de Mingzong, retrocedían treinta li y reabrían el transporte fluvial. Así, la corte aprovecharía la oportunidad para concederles la sucesión hereditaria de padres a hijos, y el Ejército de Chengzhao se retiraría por completo.
Si hoy Baoyue hubiera ganado, Chengzhao muy probablemente habría enviado emisarios a Chang'an para negociar, y ese reloj de sol habría sido una de sus fichas de cambio".
Yan Shixu comprendió al instante: "Lo que la corte insinúa es...".
El Maestro Daoísta Wangji suspiró: "Si la corte estuviera dispuesta a transigir, hoy ni el Gobernador Regente de la Capital Oriental ni el Vicesecretario de la Izquierda de Inspección te habrían dirigido media palabra".
'Siendo así, mi mérito es verdaderamente mayúsculo'. Yan Shixu sintió una oleada de júbilo en su interior, pero al instante comprendió el motivo del pesar del Maestro Daoísta Wangji.
Al fracasar la "negociación" del Ejército de Chengzhao, era de temer que a continuación se lanzaran a una lucha a muerte sin cuartel.
El Maestro Daoísta Wangji soltó un bostezo: "El sol ya está alto en el cielo; es el momento perfecto para volver a mi aposento a dormir".
Apenas dio dos pasos, se detuvo de nuevo: "Ahora que has alcanzado semejante renombre, habrá una multitud deseosa de ganarse tu favor, pero tampoco escasearán aquellos que te aborrezcan. Ten cuidado y no asistas a banquetes a la ligera".
En ese momento, los letrados de la Academia Daoísta, los funcionarios de la Capital Oriental y los caballeros refinados fueron escoltados amablemente hacia la salida, uno tras otro, por los sacerdotes del Monasterio Chongzhen.
La vasta explanada frontal quedó desierta.
Yan Shixu fue llamado luego por varios maestros daoístas de la generación Wang para conversar y recibir elogios; a los ojos de los sacerdotes, se había convertido a todas luces en un sobresaliente discípulo menor.
Incluso llegaron a proponerle que ingresara formalmente al Monasterio Chongzhen para cultivar el Dao.
Yan Shixu aceptó de buen grado.
Los sacerdotes se marcharon radiantes de alegría a consultar el calendario para elegir un día propicio.
Yan Shixu abandonó en solitario el Monasterio Chongzhen, con un sinfín de pensamientos agolpándose en su mente:
'El Vicesecretario no mencionó el asunto de la recompensa porque había testigos presentes, pero más tarde debería compensarme con una cuantiosa suma de dinero. Con eso, los fondos para que Lianyangzi elabore píldoras quedarán más que cubiertos. Ajá, esta misma noche iré al Pabellón Jinhe a cobrar la plata'.
'¿No vendrá Baoyue a buscarme por la noche? Ya roza el umbral del Reino Terrenal; definitivamente no soy rival para ella. Tendré que pedirle a Gu Hanzhang que me eche un ojo'.
'A partir de hoy, si ese sujeto de apellido Yang quiere volver a amenazarme, no lo tendrá nada fácil'.
Mientras cavilaba en todo ello, una leve sonrisa afloró en las comisuras de sus labios. Por fin, tras tanto esfuerzo... se había forjado un lugar en el mundo; ya no era un pez indefenso a merced del cuchillo ajeno.
Al salir del Monasterio Chongzhen, divisó a lo lejos a Wei Chengshuo esperando junto al portalón, haciendo girar el abanico entre sus manos.
Al ver salir a Yan Shixu, se acercó de inmediato.
Yan Shixu no detuvo el paso y lo miró de soslayo: "¿Ocurre algo?".
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 83
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 82
Estás leyendo el capítulo 82 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.