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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 81 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
A medida que las sombras de espadas se disipaban, la barrera que formaba la restricción perdió toda fuerza para sostenerse y se transformó en una ráfaga de viento fresco que barrió en todas direcciones. El Sacerdote Daoísta Wangyuan permaneció sentado, atónito, como si fuera incapaz de aceptar que la formación de espadas que tanto esfuerzo le había costado comprender hubiera sido desmantelada por una joven con apenas un puñado de palabras. La voz de Baoyue surgió desde detrás del velo de gasa: "¡Ha sido un honor!". El Sacerdote Daoísta Wangyuan recobró la compostura y suspiró con pesar: "Tan joven y ya roza el umbral del Reino Terrenal. La aptitud de usted, distinguida maestra, es en verdad asombrosa". Baoyue sacudió la cabeza con voz clara y cristalina: "Tengo dieciséis años. Si no entro al Reino Terrenal antes de los dieciocho, no tendré esperanzas en esta vida. Para nosotros, los de la Escuela de los Nombres, cuanto más jóvenes somos, más agudo es nuestro pensamiento dialéctico; a mayor edad, menos útiles nos volvemos. En realidad, mi aptitud es ordinaria; entrar al Reino Terrenal a los catorce años, ese sí es un verdadero genio de la Escuela de los Nombres". La conversación entre ambos quedó de inmediato sepultada por una marea de voces estruendosas. Los letrados refinados, los funcionarios de la Capital Oriental y los discípulos de la Academia Daoísta que observaban sumaban cerca de cuatrocientas personas, cuyo clamor resonó por todo el recinto. "Pensar que ya roza el umbral del Reino Terrenal...". El abanico plegable en la mano de Wei Chengshuo golpeaba repetidamente su palma mientras refunfuñaba con molestia: "Si un experto del Reino Terrenal no interviene, ¿quién podría vencerla con la lengua? No es de extrañar que el Ejército de Chengzhao se haya atrevido a apostar tan alto; quién sabe qué precio habrán pagado para que ella accediera a prestar su ayuda". Huangfu Yi tenía el rostro desencajado por la ansiedad; su prisa no se debía al Reloj de Sol de Mingzong, sino al transporte fluvial. Huangfu Yi exclamó, exasperado por su incompetencia: "Los daoístas de la Capital Oriental no saben debatir, ¡son unos completos inútiles! Los daoístas de Chang'an son mucho más elocuentes; cada año, en la Gran Asamblea Budista-Daoísta, ambos bandos pueden discutir durante tres días y tres noches seguidas". Wei Chengshuo explicó: "En Chang'an, debatir sobre el Dao y salir victorioso te otorga la atención de la corte imperial y te permite labrarte un renombre imborrable". Huangfu Yi replicó de mal humor: "¿Acaso no lo sé? ¡Si vengo de Chang'an! Por cierto, hermano Wei, normalmente cuando intento hablarte apenas me haces caso, ¿cómo es que últimamente estás tan solícito?". Wei Chengshuo abrió su abanico con un chasquido, luciendo como todo un caballero refinado, y desvió el tema: "Una vez leí un libro titulado \*Miscelánea de Beiyang\*. El autor fue un gran erudito confuciano de la época de la Dinastía Yan, un hombre de inmenso saber cuyos discípulos se extendían por toda la corte y el pueblo. En una ocasión viajó hacia el norte y se topó con un anciano soldado lisiado. El viejo soldado le dijo: 'Serví en el ejército durante dieciséis años y regresé a casa cubierto de mutilaciones, solo para descubrir que mi esposa se había vuelto a casar, mis padres habían muerto por enfermedad y mi propio hijo se negaba a reconocerme; ahora me encuentro en la más absoluta soledad'. Aquel gran erudito, al escucharlo, se apresuró a sacar monedas de plata para darle limosna, pero el viejo soldado las rechazó y dijo: 'Maestro, usted posee un talento sin igual y su vientre está repleto de sabiduría y conocimiento. No quiero dinero, solo le ruego que disipe una duda'. El erudito le preguntó cuál era, y el viejo soldado inquirió: '¿Qué existió primero: el Estado o la familia?'". Wei Chengshuo cerró el abanico de golpe con otro chasquido y continuó: "Aquel gran erudito no supo qué responder. Esa noche dio vueltas y vueltas en su lecho, incapaz de conciliar el sueño, por lo que consignó el incidente en sus memorias". "Te lo estás inventando, ¿verdad?", replicó Huangfu Yi mirándolo de reojo con escepticismo. "Una pregunta tan sencilla, ¿cómo no iba a poder responderla un digno y gran erudito?". Wei Chengshuo agitó la mano: "Esta pregunta dista mucho de ser sencilla. Pero lo que trato de decir no es eso, sino... que para vencer a Baoyue, los letrados y discípulos comunes no servirán de nada; ¡hace falta una jugada insólita! Al igual que aquel viejo soldado: apenas sabía leer, pero había pasado media vida meditando sobre esa misma duda". Los ojos de Huangfu Yi brillaron al captar su punto, y de inmediato miró hacia Gao Mei: "Hermano Gao, tú viniste precisamente para el debate. Ahora que el Monasterio Chongzhen ha perdido, ¿tienes confianza en poder rebatir a Baoyue?". Gao Mei puso una expresión llena de amargura y pesadumbre: "Me avergüenza admitirlo...". En ese instante, el estrépito en el recinto había alcanzado su punto culminante. El transporte fluvial incumbía a cada habitante de la Capital Oriental; incluso estos dignatarios y nobles adinerados sufrían amargamente las consecuencias de su bloqueo. Además, la sombra del Ejército de Chengzhao pendía constantemente sobre la Capital Oriental y sobre las familias aristocráticas de cuantioso patrimonio. Tan solo que, como capital secundaria, la Capital Oriental jamás había caído en mil años, y la clase noble sabía perfectamente que el propósito original del Ejército de Chengzhao al alzarse en armas era perpetuar la sucesión hereditaria de padres a hijos, no destruir al imperio en una lucha a muerte donde ambos perecieran. Siguiendo las políticas moderadas de la década de Changqing en el pasado, la probabilidad de que la corte imperial hiciera concesiones era sumamente alta. No obstante, a medida que el enfrentamiento entre ambos ejércitos se prolongaba y las malas noticias llegaban una tras otra desde el frente norte, aquellos nobles comenzaron a entrar en pánico. Las tropas engreídas de los mandos militares regionales siempre habían sido brutales; si el Ejército de Chengzhao entreveía la posibilidad de saquear y masacrar la ciudad, aquellos generales y soldados rebeldes jamás dejarían pasar la oportunidad. "¿Cómo es posible que el Monasterio Chongzhen no pueda debatir ni contra una jovencita?". "Perder nueve rondas seguidas; no pueden ganar en dialéctica ni en combate marcial, ¡es sencillamente inverosímil!". "Si esto se difunde, ¿acaso no se burlarán todos los héroes del mundo entero?". Las quejas y reprimendas no dejaban de escucharse. Los sacerdotes del Monasterio Chongzhen sentían tanto resentimiento como vergüenza. El Sacerdote Daoísta Wangji se rascó la cabeza: "Esto pinta muy mal, hasta el hermano mayor Wangyuan fue derrotado. Estimados señores, a nuestra Secta Chongzhen ya no le quedan cartas por jugar". El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección y el Gobernador Regente de la Capital Oriental no pudieron evitar mirarse. El Sacerdote Daoísta Wangyuan del Monasterio Chongzhen, tanto por su cultivo como por su erudición, era una figura sobresaliente de la Secta Chongzhen y el discípulo del Maestro Daoísta Yunmo con mayores posibilidades de ascender al Reino Terrenal. Si incluso él había caído derrotado a manos de Baoyue, al Monasterio Chongzhen ya no le quedaba a nadie a quien recurrir. El Gobernador Regente de la Capital Oriental no pudo ocultar la decepción en sus ojos y suspiró: "El Clan Yan de Jiangnan está a punto de ver nacer a un experto del Reino Terrenal". El Sacerdote Daoísta Wangji murmuró en voz baja: "De pronto acabo de recordar que hace unos días unos ladrones se infiltraron en el Pabellón de los Tesoros Escondidos y robaron el Reloj de Sol de Mingzong". El Gobernador Regente de la Capital Oriental meditó un instante y dijo: "Si a la Secta Chongzhen no le importa tirar su propia dignidad por la borda, a este funcionario le parece un plan magnífico". El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección soltó un bufido frío: "Es tarde. Con tanta gente como testigo, si perdemos el debate, el Reloj de Sol de Mingzong será suyo por derecho. Lo que la Escuela de los Nombres gana mediante la dialéctica, se entrega por las buenas o por las malas". Nueve rondas de debate giraban, en realidad, en torno a una sola cosa, un único tema: ¡a quién pertenecía el Reloj de Sol de Mingzong! Una vez fijado el desenlace, con las habilidades de la Escuela de los Nombres, ella podría arrebatar la esfera del reloj de sol en posesión de la Oficina de Asuntos de Inspección. En cuanto a la parte del Monasterio Chongzhen, aunque estaba protegida por formaciones y Baoyue tal vez no pudiera llevársela por la fuerza, tampoco podría salir jamás de la formación, lo que equivalía a quedar sellada. En ese instante, el hombre de mediana edad que estaba detrás de Baoyue se puso de pie con lentitud y preguntó en voz alta: "Hace un momento, el Sacerdote Daoísta Wangyuan declaró que si se le vencía a él, se consideraría que el Monasterio Chongzhen había perdido. ¿Acaso su palabra sigue en pie?". El Sacerdote Daoísta Wangyuan guardó silencio durante unos segundos antes de responder con franqueza: "Este humilde servidor cumple lo que dice...". "¡Un momento!". La voz suave y siniestra del Vicesecretario de la Izquierda de Inspección llegó nítidamente a los oídos de todos: "Aún no ha transcurrido un shichen completo; el Monasterio Chongzhen no ha perdido todavía". La mirada del Vicesecretario de la Izquierda de Inspección recorrió a la densa multitud y proclamó con voz potente: "La distinguida maestra Baoyue hace honor a su reputación. Aunque la Secta Chongzhen se haya rendido, nuestra Capital Oriental es una tierra bendecida de hombres ilustres donde los talentos y virtuosos son incontables y no todos han subido al estrado. Todos los aquí presentes son hombres de vasta instrucción; ¿hay alguien que esté dispuesto a subir al estrado para debatir?". Los hombres de letras se miraron unos a otros, sin que nadie emitiera un sonido. Los funcionarios de la Capital Oriental agacharon la cabeza, sumidos en el silencio. Los sacerdotes de la Secta Chongzhen, por su parte, habían visto desgastada toda su confianza a lo largo de las nueve rondas de debate; por mucho rencor que guardasen, no deseaban volver a subir. Los discípulos de la Academia Daoísta, que habían llegado rebosantes de expectación, se encontraban en ese momento inmóviles y mudos como cipreses. En una situación semejante, si alguien lograba revertir la marea, sin duda ascendería como la espuma; pero si perdía, su reputación quedaría por los suelos y se convertiría en el hazmerreír de todos. Habían acudido allí para granjearse favores y prestigio, no para ponerse en ridículo. El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección esperó unos momentos y, al ver que nadie respondía, su semblante se ensombreció. El hombre de mediana edad tras Baoyue soltó una risa burlona: "Falta un cuarto de hora; me temo que al Vicesecretario de la Izquierda de Inspección no le dará tiempo de convocar a un genio de la elocuencia...". Apenas cayeron sus palabras, alguien exclamó con voz firme y clara: "¡Yo lo haré!". El mar de cabezas se giró hacia el origen de la voz, solo para ver levantarse de entre los discípulos de la Academia Daoísta a un joven de una apostura incomparable. "¡¿Bo... Boheng?!". La boca de Huangfu Yi se abrió de par en par. "¡Siéntate rápido! ¿Acaso quieres convertirte en el hazmerreír de todos? Con lo mucho que te costó acumular méritos gracias a tu propuesta fiscal, no vayas a arruinar tu futuro solo por dártelas de valiente". Tiró con urgencia de la manga de Yan Shixu. Todos los demás discípulos lo miraban con una expresión que parecía decir: 'Este tipo ha perdido la cabeza por querer destacar'. Al ver que un valiente aceptaba el desafío, el semblante del Vicesecretario de la Izquierda de Inspección se iluminó de júbilo, pero al percatarse de que se trataba de un mero discípulo, sintió cierta decepción y preguntó: "¿Quién es este muchacho?". El Sacerdote Daoísta Wangji contestó: "Es el primer lugar entre los nuevos ingresos de nuestra Academia Daoísta". El corazón del Vicesecretario de la Izquierda de Inspección dio un vuelco y lanzó una mirada discreta hacia el Magistrado Yang a su lado. El Magistrado Yang contemplaba a Yan Shixu con absoluto asombro, sin notar la mirada de reojo que le dirigía el Vicesecretario. El Gobernador Regente de la Capital Oriental, por el contrario, mostró gran interés: "¿Es aquel joven prodigio que presentó la propuesta fiscal a la corte? Ciertamente posee un porte distinguido. ¿Acaso es hábil en la oratoria?". "Esto...", el Sacerdote Daoísta Wangji se quedó sin palabras. "No lo sé con certeza". Yan Shixu se soltó con suavidad del agarre de Huangfu Yi, atravesó a la multitud sentada en el suelo y avanzó hacia el centro del estrado. El Sacerdote Daoísta Wangyuan aún no se había retirado; frunció el ceño y lo reprendió: "Retírate, no actúes con temeridad". Sabía muy bien que perder el debate equivalía a arruinar su porvenir, convirtiéndose en una mancha imborrable en su expediente. Yan Shixu no retrocedió: "Erudito Asistente, por el bien del transporte fluvial, permítame intentarlo". El Sacerdote Daoísta Wangyuan lo miró fijamente: "¿Lo has pensado bien?". Yan Shixu asintió. El Sacerdote Daoísta Wangyuan lo consideró durante unos segundos y suspiró con resignación: "En fin". Se puso en pie y se retiró, regresando a su asiento. Yan Shixu miró hacia la joven vestida de blanco como la nieve, tocada con un sombrero de velo, y juntó las manos en una reverencia: "Mi nombre es Yan Shixu. Ruego a la señorita que me instruya". El velo cubría el rostro y la mirada de Baoyue, quien soltó un tibio "Mm", desprovisto de todo entusiasmo. Aunque sus palabras no destilaban desprecio, tampoco le concedían la menor importancia en su fuero interno. Yan Shixu se sentó con las piernas cruzadas y declaró con voz clara y resonante: "Ayer paseaba por los jardines con mis condiscípulos cuando vi unas carpas brocadas jugueteando en el estanque, serenas y a su antojo. Me atrevo a preguntar a la maestra Baoyue: ¿acaso son felices los peces del estanque?". Baoyue reflexionó unos instantes antes de responder con parsimonia: "Las apariencias externas de las cosas son visibles, mas los pensamientos son insondables. El \*Sutra de los Nombres y las Realidades\* dice: 'Aquello que posee forma comprobable es lo real; aquello que carece de rastro verificable es lo ilusorio'. El gozo de los peces carece de signos tangibles y de indicios comprobables". Yan Shixu negó con la cabeza: "El \*Sutra del Deambular Libre\* dice: 'Con el propio corazón se imprime el corazón ajeno'. Mi corazón siente júbilo, de modo que los peces, naturalmente, también son felices". El tono de Baoyue continuó siendo plano: "El \*Sutra del Hombre Perfecto\* de la escuela daoísta proclama: 'El propio corazón no puede medir a los demás seres, ni los sentimientos privados pueden juzgar la rectitud pública'. Usted no es un pez en el estanque; ¿cómo puede asegurar la felicidad de los peces que nadan basándose únicamente en su apariencia exterior?". Yan Shixu replicó al instante: "Usted no es yo, ¿cómo sabe entonces que no conozco la felicidad de los peces?". Baoyue apretó los labios y guardó silencio durante un momento. Bajo la gasa del velo, Yan Shixu percibió que aquellos ojos comenzaban a examinarlo con verdadera atención. Los presentes que escuchaban abrieron los ojos de par en par, encendiéndose con expectación. "¡Magistral! Diga lo que diga Baoyue, Boheng puede taparle la boca con esa misma frase y mantenerse en terreno invicto", exclamó Huangfu Yi con inmensa sorpresa. En la mesa principal, el Gobernador Regente de la Capital Oriental se acarició la barba con una sonrisa: "Este muchacho domina a la perfección el arte de la sofistería de la Escuela de los Nombres". El Sacerdote Daoísta Wangji negó con la cabeza: "Baoyue es una experta de la Escuela de los Nombres; las estratagemas de la sofistería no conseguirán acorralarla". Apenas terminó de hablar, se escuchó la voz de Baoyue: "Tú no eres yo, ¿cómo sabes que no sé que tú no conoces la felicidad de los peces?". Yan Shixu respondió con aplomo y firmeza: "Usted no es yo, ¿cómo sabe que no sé que usted no sabe que yo conozco la felicidad de los peces?". Baoyue le advirtió: "Aunque este planteamiento posee cierto ingenio, no me pondrá en aprietos. Yo no soy tú, tú no eres el pez; si continuamos debatiendo así, la discusión será interminable, pero al Monasterio Chongzhen apenas le queda el tiempo de consumir una taza de té". Yan Shixu cambió de rumbo de inmediato: "La maestra Baoyue goza de un ingenio y una agilidad mental admirables, me rindo ante su talento. ¿Qué le parece si lo consideramos un empate?". Por supuesto, él sabía muy bien que la célebre Disputa del Puente sobre el Río Hao no doblegaría a Baoyue; no era más que un aperitivo para hacerla amoldarse a su ritmo y, al mismo tiempo, rebajar su guardia. Desde el inicio, Baoyue no lo había considerado un adversario a su altura. Con el terreno preparado por la disputa de los peces, ella asumiría con prejuicio nociones como: 'Este muchacho no es más que un bisoño' o 'Este joven tiene mucha labia sofista, pero escaso saber profundo'. En un debate resultaba crucial relajar la cautela del rival y adueñarse de la cadencia de preguntas y respuestas. Baoyue contestó con indiferencia: "Un empate no tiene inconveniente, pero la victoria sigue sin decidirse". Yan Shixu asintió: "Todavía tengo otra cuestión". Baoyue lo observó durante un breve instante y concedió: "Habla". Yan Shixu permaneció sentado sin decir palabra, como si estuviera templando el ánimo. Tras una decena de respiraciones, su voz reverberó por todo el recinto: "En las rondas anteriores, los debates de la maestra versaron sobre el Gran Dao o sobre el soberano y sus ministros, pero nadie mencionó a la gente común. He estudiado con ahínco los libros de los sabios y comprendo a fondo que la naturaleza humana es intrínsecamente perversa. Hoy en día, los fuegos de la guerra arden por doquier bajo los cielos, causados por el afán belicoso del corazón humano. Me atrevo a preguntar a la maestra: ¿el corazón del hombre anhela la estabilidad o anhela el caos?". Baoyue meditó apenas un instante antes de contestar: "¡Naturalmente anhela la estabilidad!". Que el corazón humano anhelara la paz y el orden era una verdad de sentido común. La comisura de los labios de Yan Shixu dibujó una tenue sonrisa, como quien contempla a su presa cayendo en la trampa, y preguntó: "¿En qué se basa para afirmarlo?". Baoyue explicó: "El \*Capítulo del Corazón Iluminado\* de los confucianos dicta: 'Investigar las cosas, alcanzar el conocimiento, hacer sincera la intención, rectificar el corazón, cultivar la persona, ordenar la familia, gobernar el estado y pacificar el mundo'". Yan Shixu inquirió de nuevo: "Si el corazón humano anhela la estabilidad, ¿por qué los conflictos bajo los cielos jamás cesan?". Baoyue replicó casi sin vacilar, respondiendo con suma serenidad: "Las mareas de este mundo son turbulentas y caóticas porque responden a los ciclos de las leyes celestiales. Es por esa precisa razón que, a lo largo de las eras y dinastías, los soberanos ilustres asumieron como propio el deber de pacificar el imperio. Las crónicas históricas no ensalzan las hazañas de un gobernante con más de ocho caracteres: 'Mares en calma, ríos limpios, paz en el mundo'. Eso basta para demostrar que el corazón del hombre anhela la estabilidad". Yan Shixu replicó con gravedad: "En los tiempos que corren, los caudillos locales se han atrincherado en sus territorios y los soldados arrogantes se reparten los tributos reales sin rendir vasallaje a la corte. Todo el mundo ha hecho de la guerra su oficio, usurpando las riquezas de la gente común y los caudales del Estado. ¿Cómo puede la maestra afirmar que el corazón humano anhela la estabilidad?". El tono de Baoyue se tornó ligero, perdiendo toda la cautela previa, y contestó con frialdad: "El \*Sutra del Hombre Perfecto\* afirma: 'La naturaleza del agua es clara, pero el lodo la enturbia; la naturaleza humana es sosegada, pero los deseos y pasiones la perturban'. La ambición y los deseos provocan las guerras y las matanzas, no un afán innato de caos en el corazón humano. Joven señor, no fuerce argumentos falaces usando el desorden pasajero para encubrir la verdadera naturaleza del corazón del hombre". Los murmullos entre los espectadores estallaron aquí y allá. Huangfu Yi comentó con semblante ensombrecido: "Es evidente que el corazón humano anhela la estabilidad; este planteamiento no tiene ninguna posibilidad de victoria. ¿Cómo ha podido Boheng cometer semejante torpeza?". Gao Mei también exhibía una expresión de desconcierto absoluto. Habiendo recorrido el mundo, sabía muy bien que el anhelo de todos los seres vivos no iba más allá de cuatro palabras: "Paz, dicha y bienestar". La cuestión planteada por Boheng estaba condenada al fracaso desde el primer instante. Pero si la derrota era segura, ¿por qué había elegido fundar su tesis en semejante premisa? Si ni siquiera sus dos amigos más cercanos lograban comprenderlo, para los demás resultaba todavía más incomprensible. Las escasas esperanzas que abrigaba en su interior el Vicesecretario de la Izquierda de Inspección se esfumaron por completo. El Gobernador Regente de la Capital Oriental sacudió la cabeza, suspirando con resignación. Yan Shixu mantuvo la gravedad de su porte y prosiguió: "Los niños pequeños se disputan los juguetes; los letrados se disputan la fama y el provecho; los señores feudales se disputan los territorios; los cultivadores se disputan los tesoros del cielo y la tierra. Desde el mortal común hasta el más excelso sabio, los seres humanos pasan la vida entera compitiendo, consumidos por la inquietud. ¡La supuesta pureza y la calma jamás han sido el estado natural del corazón humano! ¡No son más que una contención forzosa producto de las ataduras de los ritos y las leyes, la opresión del poder absoluto y el adoctrinamiento moral!". El alboroto en los alrededores se intensificó de golpe. Baoyue negó con la cabeza: "Un debate dialéctico no consiste en desvaríos infundados". Quería decir que todo aquello no era más que una teoría propia, una apreciación puramente personal sin el respaldo de antecedentes ni obras clásicas. Las opiniones y cavilaciones subjetivas resultaban insuficientes para convencer a la multitud; por ello, los debates entre eruditos exigían basarse en citas canónicas y clásicos autorizados. Yan Shixu no se inmutó en lo más mínimo: "La maestra ha devorado incontables libros. ¿Acaso sabe cuánto tiempo duró el caos de la época de los Reinos Combatientes?". Baoyue respondió: "Mil doscientos años". Yan Shixu preguntó de nuevo: "¿Cuánto duró el mandato dinástico de la Gran Dinastía Yong y cuántos años abarcaron sus épocas de caos?". Baoyue contestó: "El mandato dinástico duró setecientos cuarenta y tres años, y el caos superó los seiscientos". Yan Shixu volvió a inquirir: "¿Durante cuántos años combatieron entre sí las Cinco Dinastías?". Baoyue dijo: "Setecientos años". El ritmo de las preguntas de Yan Shixu se aceleró cada vez más: "¿Y cuántos años duró la pugna entre las Dinastías del Sur y del Norte?". Baoyue respondió: "Más de seiscientos ochenta años". Yan Shixu continuó: "¿Cuánto duró el mandato de la Gran Dinastía Yan y cuántos años abarcó su tiempo de caos?". Baoyue: "Setecientos noventa años de mandato, y seiscientos años de caos". Yan Shixu lanzó la estocada final: "Desde la fundación de la Gran Dinastía Sheng hasta el presente, ¿cuántos años han transcurrido y cuántos de ellos han sido de caos?". ¡El mapa se había desenrollado por completo, dejando al descubierto la daga asesina! Baoyue se quedó paralizada. En una confrontación doctrinal, ambas partes acudían a citas de los clásicos para sustentar sus posturas; quien dejara al adversario sin palabras para replicar se alzaba con la victoria. A partir de las dos rondas previas, Yan Shixu se había percatado de que competir mediante citas de los clásicos no medía quién tenía la razón, sino quién poseía una erudición más enciclopédica. Se competía en pura acumulación de conocimiento. Frente a la elocuencia y la vastísima formación de Baoyue, él carecía de toda posibilidad de triunfo. Para ganar, no podía permitirse debatir sobre las interpretaciones de los textos canónicos ni sobre axiomas morales. Por esa razón, Yan Shixu concibió un dilema infalible: ¡la cuestión de si el corazón humano anhelaba la estabilidad! En apariencia, el corazón humano deseaba la paz; nadie quería vivir al filo de la navaja sin saber si sobreviviría al amanecer, ni siquiera los soldados feroces y los caudillos arrogantes que asolaban las comarcas. Sin embargo, al examinar los cinco mil años de historia, todo era un torbellino de desorden. El caos era la constante, y los periodos de prosperidad no eran más que breves destellos efímeros. Yan Shixu había consultado en su día este fenómeno con Gao Mei y Huangfu Yi. La respuesta de ambos había sido: "¿Y qué problema tiene eso?". Las gentes de este mundo jamás consideraban anormal que reinara el caos. La historia que conocían siempre había sido así, y creían firmemente que así debía ser. Yan Shixu alzó la voz con firmeza atronadora: "La maestra sostiene que fuerzo argumentos falaces y que uso el desorden pasajero para encubrir la verdadera naturaleza del corazón del hombre. Pero ¿por qué, tras revisar todos los libros de historia, mis ojos y oídos solo encuentran dos palabras grabadas una y otra vez? ¡Caos! ¡Caos! ¡Nada más que caos! La maestra dice que deliro y que carezco de fundamentos en los textos canónicos. Entonces, le pregunto: ¿acaso son más dignos de fe los clásicos, o son más dignos de fe los hechos registrados en la historia?". Baoyue permaneció inmóvil, igual que una estatua tallada en piedra. En ese instante, todos los conocimientos y doctrinas que acumulaba en su mente se agitaron en un torbellino incesante, pero fue incapaz de hallar una sola palabra de refutación. Cualquier pasaje canónico, cualquier máxima inmortal palidecía y se tornaba impotente frente a la crudeza de la realidad histórica. Sin que nadie se percatara de cuándo había comenzado, el silencio en el recinto se había vuelto sepulcral. Todos los presentes comprendieron súbitamente aquella descomunal anomalía que siempre habían pasado por alto. En efecto... si el corazón humano anhelaba la estabilidad, ¿por qué la historia siempre había estado sumida en el caos? Unos mostraban desconcierto, otros se hundían en profundas cavilaciones y no pocos fruncían el ceño con consternación. Yan Shixu no le dio tregua ni respiro; arremetió con implacable ferocidad: "La maestra asegura que el corazón humano anhela la estabilidad. Si es así, ¿por qué todo lo consignado en las crónicas no es más que ruina y matanza? Si el corazón humano anhela la paz, ¿por qué ninguno de los sabios virtuosos y soberanos ilustres de la antigüedad hasta nuestros días logró frenar el azote de este caos perpetuo? Usted afirma que la naturaleza del hombre es sosegada y que los deseos y pasiones la corrompen. Pero toda la multitud de almas que ha desfilado por el largo río de la historia, ¿acaso vivió consagrada únicamente a satisfacer sus pasiones?". El cuerpo esbelto de Baoyue comenzó a estremecerse levemente. Por primera vez en su vida, alguien la había acorralado dialécticamente hasta despojarla de toda réplica, dejándola completamente muda. Había caído en la trampa. Desde el principio, él se había valido de argucias sofistas para aparentar debilidad y adormecer su estado de alerta, para luego tenderle la emboscada con la cuestión de si el corazón humano anhelaba la estabilidad. Ella, de forma natural y con la guardia baja, había optado por secundar el sentido común. No se dio cuenta de que, paso a paso, ya había caminado directo hacia el pozo que él le había cavado. Baoyue apretó los labios con fuerza y, con un tono en el que asomaba un asomo de sollozo reprimido, musitó: "He perdido...". ¡Todo el auditorio quedó mudo de asombro! \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 81 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.