Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En el gran salón, el laúd pipa, la flauta hujia, el tambor jie y la flauta travesera se entrelazaban para tejer una melodía seductora y envolvente.
La bailarina extranjera que ejecutaba la danza del giro giraba con creciente frenesí, con el vuelo de su falda abriéndose como una flor en pleno florecimiento. Todos los presentes se hallaban absortos en aquel festín de belleza, música y desenfreno.
Nadie se percató de la intención asesina que estalló de pronto junto a la barandilla del segundo piso.
Al notar el brillo homicida en la mirada del hombre de nariz aguileña, Yan Shixu gritó de inmediato: "¡Ase...!".
La pierna izquierda del hombre se disparó como un látigo restallante.
Yan Shixu ladeó el cuerpo a toda prisa y cruzó los antebrazos para bloquear.
¡Bang!
Sintió como si lo hubiera arrollado un carromato desbocado a toda velocidad; una fuerza descomunal lo levantó por el aire y lo arrojó de vuelta al interior del reservado.
El hombre lo siguió de cerca, se adentró en la estancia y cerró la puerta tras de sí.
Tras rodar varias veces por el suelo para disipar el golpe, Yan Shixu recogió al paso un formón y una vara de madera.
Era evidente: acababa de descubrir un asesinato en pleno acto y ahora el ejecutor pretendía silenciarlo para siempre.
"¡No te acerques! ¡Si das un solo paso más, grito...!".
Yan Shixu retrocedió poco a poco, plantando una guardia defensiva.
Estaba tenso; desde que había transmigrado, jamás se había visto envuelto en un combate a muerte real.
El hombre de nariz aguileña extrajo una hoja rota oculta en su cintura posterior y avanzó con paso firme y mesurado, clavando sus ojos rapaces en Yan Shixu.
Daba la impresión de que, en cuanto abriera la boca para clamar auxilio, se abalanzaría sobre él para degollarlo en un parpadeo.
"En realidad, a mí Li Jing tampoco me caía en gracia. Al matarlo le has hecho un bien al pueblo. ¿Por qué no lo dejamos así? Tú te marchas ahora mismo y yo haré como si jamás hubiera visto nada", propuso Yan Shixu.
El hombre no se dignó a responder; continuó avanzando inexorable.
'¡Es un asesino profesional!', pensó Yan Shixu, y el corazón se le encogió.
Uno retrocedía y el otro avanzaba entre maderos y herramientas desparramados bajo sus pies... De pronto, la punta del pie del hombre dio un chasquido sutil y un clavo de hierro salió disparado con un silbido estridente, directo a los ojos de Yan Shixu.
Apenas ladeó la cabeza para esquivarlo, el agresor salió proyectado como una bala de cañón.
¡Un rodillazo demoledor!
Yan Shixu se sobresaltó y, por puro instinto, se agachó cubriéndose la cabeza.
El rodillazo del atacante hendió el aire vacío. Quedó perplejo por una fracción de segundo; jamás aguardó que un carpintero que supuestamente dominaba artes marciales resultara ser un cobarde tan poco ortodoxo.
Aquello desbarató la cadena de golpes que tenía planeada a continuación.
'¿Lo... lo esquivé?'. Sin tiempo para incorporarse, Yan Shixu vio cómo el hombre replegaba la rodilla y le lanzaba una patada fulminante directo al rostro.
Por mero instinto de supervivencia, clavó el formón en dirección a la entrepierna del agresor.
La faz del hombre mudó drásticamente. Sin la menor intención de canjear su virilidad por una vida, retiró la pierna y dio un salto hacia atrás.
'¡Al final los golpes bajos son los más efectivos...!'. Aprovechando el retroceso ajeno, Yan Shixu se puso en pie y arrojó el formón. Al mismo tiempo, los reflejos de su cuerpo actuaron antes que su mente: devoró varios metros en dos zancadas y asestó una estocada con la vara de madera directo a la garganta del hombre.
El hombre de nariz aguileña había subestimado por completo a su oponente y quedó descolocado ante semejante contraataque.
Tras ladearse para esquivar el proyectil, apenas le dio tiempo de blandir la hoja corta para desviar el formón cuando la vara de madera ya la tenía encima.
En el apuro, alzó la palma izquierda para interponerla ante la garganta.
¡Tuk!
Con un impacto sordo, la vara golpeó el centro de la palma y, hundiéndola hacia atrás, alcanzó la garganta.
La cabeza del agresor se sacudió hacia atrás y trastabilló varios pasos.
En ese trance, atenazó la vara con la siniestra, aprovechó el agarre para afianzar el equilibrio y descargó un tajo con la diestra.
La vara de madera se quebró al instante.
Yan Shixu lamentó no haber entrenado el arte de la espada; de lo contrario, una estocada precisa habría bastado para atravesar la palma y pulverizarle la nuez al enemigo.
Tras este breve intercambio, fue tomándole el pulso al combate; las técnicas forjadas a través de incontables entrenamientos en la memoria muscular de aquel cuerpo despertaron a gran velocidad.
Sin titubear, soltó el leño roto y lanzó una patada alta que impactó de lleno en la muñeca del hombre de nariz aguileña.
La hoja corta salió volando por los aires en círculos y quedó clavada con firmeza en una de las vigas maestras del techo.
¡Ambos habían quedado desarmados!
Yan Shixu hundió la cintura en una sólida postura de arco y descargó un puñetazo recto como si proyectara una gran lanza de batalla hacia el esternón del hombre.
¡Paf!
El aire detonó en un estallido sordo.
El hombre de nariz aguileña retrocedió con celeridad y lanzó una patada frontal con la pierna derecha para repeler el puño.
Una fuerza colosal arremetió cual torrente tras la ruptura de un dique. Yan Shixu sintió cómo la muñeca, el codo y el hombro rechinaban bajo una sobrecarga insoportable, azotados por un dolor lacerante.
Comprendió de inmediato que su adversario ya tenía medio pie puesto en el Reino Humano.
Desde la instauración del Arte del Elixir Interno, la nutrición del Qi se había erigido en la marca distintiva de un artista marcial al acceder al Reino Humano.
'Quien nutre el Qi preserva la unidad para regresar al corazón, abraza el origen para consolidar la raíz y funde el espíritu con la carne hasta alcanzar la fuente primordial'.
Aquello significaba que, al entrelazar el espíritu primordial con el cuerpo corpóreo en un nivel superior, el artista marcial alcanzaba el dominio absoluto de su fuerza física, facultado para convocar la potencia oculta en cada tendón y en cada fibra muscular.
Aquel era el sendero ortodoxo por antonomasia; no obstante, la naturaleza humana siempre tendía a la búsqueda de atajos. De tal suerte, surgieron innumerables artes heréticas para forzar la apertura del cuerpo: valiéndose de la potencia de pócimas medicinales, venenos o parásitos gu, desarrollaban el vigor de las extremidades a marchas forzadas. Si bien alcanzaban una rapidez y un poderío abrumadores en poco tiempo, lo hacían a expensas de carcomer sus propios cimientos.
El hombre de nariz aguileña que tenía enfrente cultivaba precisamente una de esas artes heréticas, habiendo potenciado la fuerza de sus piernas hasta un grado descomunal.
Sus patadas eran tan veloces como cortantes.
¡Paf! ¡Paf! ¡Paf!
La pierna derecha de su contrincante silbaba como un látigo enfurecido, desatando detonaciones secas que retumbaban en los tímpanos de Yan Shixu. Entre fintas y bloqueos desesperados, cada impacto que frenaba era como estrellarse contra un peñasco, haciendo que la sangre y el Qi le hirvieran en el pecho.
Bajo una ráfaga tan asfixiante como un vendaval torrencial, ni siquiera disponía de un respiro para pedir socorro, ni osaba darse a la fuga.
El espacio del reservado era estrecho y la zancada de aquel sujeto lo aventajaba con creces; mostrarle la espalda para huir equivaldría a sellar su propia sentencia de muerte.
'¿Por qué demonios nadie se percata? Si el estruendo de la música apaga los ruidos en el salón, ¿acaso los de la planta baja no sienten las vibraciones y el estruendo en el techo?...', se impacientaba Yan Shixu en su fuero interno.
El tiempo transcurría grano a grano.
Acorralado contra un rincón, Yan Shixu alzó una mesa baja a modo de escudo.
¡Crac!
El mueble se partió en dos mitades al instante. Aquella patada en látigo alcanzó de lleno el flanco y el abdomen de Yan Shixu, haciéndolo volar por los aires; no obstante, no experimentó la agonía lacerante que aguardaba.
'¡Su fuerza está menguando!'.
Los ojos de Yan Shixu destellaron.
Los practicantes de artes heréticas poseían un poder de estallido ciertamente avasallador, mas su resistencia no resistía comparación frente a la de un cultivador marcial ortodoxo.
El aliento del hombre de nariz aguileña comenzó a tornarse entrecortado y caótico. Por el contrario, Yan Shixu, pese a haber recibido una paliza sin tregua, conservaba intacto su fondo físico.
El hombre advirtió la merma y aflojó de inmediato la intensidad de sus acometidas, intentando regular su respiración para recomponer el Qi.
Yan Shixu apretó los dientes, cegado por la determinación: embistió con el hombro en una feroz Carga de la Montaña de Hierro estrellándose contra el pecho del hombre, y de seguido desató una tormenta de puñetazos, codazos y cabezazos... Sin concederse un instante de respiro a sí mismo, ni otorgárselo al enemigo.
En aquella carnicería cuerpo a cuerpo, ya no sabía cuántos golpes había encajado ni cuántas patadas le habían propinado; al margen de sus órganos vitales, se desentendió por completo de proteger el resto de su anatomía.
Tampoco contaba cuántos puños había descargado. Únicamente veía cómo el rostro del atacante se cubría de un manto escarlata y su propio campo visual se teñía de un rojo cada vez más denso.
El hombre de nariz aguileña fue cediendo terreno sin remedio, al tiempo que Yan Shixu combatía con un arrojo creciente, asimilando de forma continua los patrones marciales del huésped original de aquel cuerpo.
Tras un último y atroz intercambio a quemarropa donde ambos se destrozaron mutuamente, el hombre apartó a Yan Shixu de una patada, giró sobre sus talones y corrió despavorido hacia la salida del reservado.
¡Pretendía escapar!
...
En la gran sala principal.
El tañido de los instrumentos, las risas primorosas y los vítores se sucedían en un clamor ininterrumpido, rebosante de la vitalidad propia de una feria multitudinaria.
Letrados embriagados rodeaban a las doncellas extranjeras con el brazo al hombro, declamando versos a viva voz.
Mercaderes forasteros hacían redoblar palillos contra sus cuencos para acompañar el compás de las danzas.
El músico percutía el tambor jie en perfecta conjunción con el laúd pipa y la flauta hujia, mientras las jarras de licor selecto desfilaban sin descanso. Aquel festín embriagador estaba destinado a prolongarse hasta las sombras de la madrugada.
Fue en ese preciso instante cuando, desde el reservado contiguo al corredor de la planta alta, irrumpió una figura bañada enteramente en sangre.
Un segundo después, otra silueta cargó hacia afuera a la carrera, abalanzándose sobre la primera como un toro desbocado.
Ambos cuerpos colisionaron contra la barandilla, pulverizándola por completo, y se despeñaron al vacío hacia el salón inferior.
¡Catacrac!
Una mesa baja quedó reducida a astillas bajo el violento impacto.
La atmósfera festiva se extinguió en un chasquido helado. Los bebedores, tanto los de las mesas próximas como los apostados en los confines del local, volvieron la cabeza asombrados.
Los músicos y las bailarinas enmudecieron al unísono, contemplando la escena con miradas extraviadas.
Yan Shixu se hallaba montado a horcajadas sobre el hombre de nariz aguileña, martillando sus puños cerrados una y otra vez con una furia despiadada.
Cubierto de sangre de pies a cabeza, con la mirada inyectada en llamas escarlatas y los músculos maseteros crispados hasta la deformidad, había sucumbido por completo al frenesí de la matanza.
La adrenalina había borrado todo rastro de cordura.
¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!... La carne del rostro del hombre de nariz aguileña empezó a reventar; los dientes salieron disparados y la faz se desmoronó entre huesos quebrados, mientras los globos oculares estallaban hacia afuera.
Yan Shixu no se detuvo.
"¡Un asesinato! ¡Lo está matando!".
Aquel cuadro de violencia sanguinaria sacó de su estupor a los clientes y a las doncellas extranjeras, desatando una oleada de alaridos desgarradores.
En un instante se desató una estampida: la gente huía a empellones, volcando mesas repletas de viandas y haciendo rodar copas y jarras que se hacían añicos en el suelo.
El salón quedó sumido en un caos absoluto.
La Señora Yuchi acudió de inmediato alertada por el estruendo; al toparse con aquel joven carpintero transformado en un despiadado dios de la matanza, su hermoso rostro perdió hasta la última gota de color. Con la voz quebrada por el pavor, ordenó:
"¡Rápido, vayan a avisar a los guardias Wuhou!".
Para cuando los guardias Wuhou se presentaron en el lugar, más de la mitad de la clientela de la Residencia Yunlai se había esfumado; solo un puñado de curiosos osados permanecía apostado junto al umbral mirando hacia el interior, temerosos de cruzar la puerta.
Las doncellas extranjeras se habían guarecido en las dependencias interiores. El imponente salón yacía desolado, con fuentes de comida y jarras volcadas por los suelos, entre mesas derribadas o quebradas en una estampa desoladora.
Yan Shixu continuaba desplomado junto al cadáver ensangrentado, respirando con jadeos convulsos mientras los brazos le temblaban presas de espasmos incontrolables.
Al divisar la llegada de la patrulla, Yuchi Yunjia, secundada por dos sirvientes, avanzó a su encuentro visiblemente desencajada.
"¡¿Quién altera el orden aquí?!".
Bramó con voz cavernosa el guardia Wuhou de mediana edad que capitaneaba la comitiva.
Yuchi Yunjia apuntó con un dedo tembloroso hacia Yan Shixu, con las mejillas pálidas como la cera y el hilo de voz entrecortado: "¡Oficial... él... él ha cometido un asesinato!".
La mirada severa del veterano guardia Wuhou cayó sobre Yan Shixu. En cuanto descubrió el amasijo irreconocible de carne deshecha y sangre en que se había convertido el cadáver, sus pupilas destellaron con aspereza y rugió con voz de trueno:
"¡Aprésenlo!".
A su espalda, los cuatro guardias Wuhou desenvainaron sus sables al unísono, exhibiendo semblantes implacables y solemnes.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 8
Estás leyendo el capítulo 8 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.