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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 7 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La Residencia Yunlai era una taberna regentada por muchachas extranjeras, cuyo negocio principal giraba en torno al vino de uva y los encantos de las doncellas hu. A diferencia de los burdeles y casas de lenocinio ordinarias, el oficio primordial de estas jóvenes consistía en amenizar las veladas, servir licor, danzar y tañer instrumentos musicales; solo de forma ocasional ejercían alguna ocupación secundaria ofreciendo placeres carnales a puerta cerrada. Su distinguida clientela congregaba a letrados, acaudalados mercaderes de las caravanas y miembros de la aristocracia oficial. Los exorbitantes precios mantenían al pueblo llano a tal distancia que ni siquiera se atrevían a cruzar el umbral. En la Capital Oriental, las doncellas hu pertenecían en su gran mayoría a la etnia Sute. De hecho, la patrona del establecimiento, la Señora Yuchi, compartía linaje y sangre con Tang Shuang. Tang Shuang comentó con una risilla pícara: "La Señora Yuchi es inmensamente rica y de lo más generosa. En su taberna se sirven los mejores manjares de toda la Capital Oriental. Ya sea que se te antoje una perca fluvial de Jiangzhou o una tierna pierna de cordero de Liangzhou, ella siempre se las ingenia para que los clientes queden complacidos". Yan Shixu también rio entre dientes: "Si es tan acaudalada, tendré que sacarle unas cuantas monedas de más". Entró en el almacén para acomodar sus herramientas dentro del baúl de madera y se lo cargó a la espalda con un gruñido. Al percatarse de su peso, notó que Tang Shuang aún no se había marchado. La muchacha, con descarado desenfado, le rogó: "Hermano Er, ayer no estuve muy inspirada, pero hoy seguro que logro bendecirte como corresponde. Probemos una vez más, ¿quieres?". Yan Shixu la miró de reojo. '¡Yo te trato como a una hermana y tú me usas como conejillo de indias!', pensó. Un hombre célibe y privado de caricias difícilmente podía soportar semejante martirio sin perder los estribos. "¡Ni hablar!", rechazó él con tajante firmeza. El rostro de Tang Shuang se tiñó de carmín y bajó la mirada con timidez hacia cierta zona anatómica. "Yo... te prometo que esta vez no bendeciré esa parte... Hermano Er, si no aprendo a canalizar el poder del Dios del Fuego, jamás dominaré las artes ígneas y nunca podré convertirme en una Oficial Invocadora de Fuego". Alcanzar un ministerio clerical dentro del Culto del Fuego Sagrado era la única vía de ascenso social para los miembros de la etnia Sute. Yan Shixu, en el fondo, sentía un genuino aprecio por la chiquilla. Considerando que llevaba varios días comiendo de gorra a su costa, terminó por transigir. Los ojos de Tang Shuang brillaron con júbilo desbordante. Se apresuró a tomar la mano de Yan Shixu, cerró los párpados, concentró su espíritu y comenzó a recitar un encantamiento en lengua sute. De inmediato, Yan Shixu sintió una corriente de calor ascender desde su palma e instalarse en su pecho. En condiciones normales, aquel flujo cálido debería haberse ramificado por sus meridianos para nutrir sus cuatro extremidades y el torso entero. No obstante, en ese instante parecía un pegote de masa cruda incapaz de disgregarse. Para empeorar las cosas, la masa comenzó a descender sin freno, hundiéndose más y más... Esta vez esquivó el tesoro ancestral del linaje Yan y fue a incrustarse de lleno en su muslo derecho. Vio cómo menudas gotas de sudor brotaban en la punta de la nariz de Tang Shuang por pura ansiedad. '¿Se puede saber qué demonios estás haciendo, chiquilla?', refunfuñó Yan Shixu para sus adentros. "¡No sube!", gimió Tang Shuang, desesperada. "No pierdas la calma, despacio. ¿Acaso le pusiste demasiada harina al engrudo? Tienes que disolverlo, hacer que se abra... ¡Ah, me cago en la puta madre...!". Yan Shixu sintió como si un petardo de impacto le hubiera estallado directamente en las fibras musculares. No le fracturó los huesos, ¡pero el dolor fue punzante como el demonio! "¡Se dispersó! ¡Al fin se abrió!", chilló Tang Shuang, dando brincos de euforia. Yan Shixu no abrió la boca; dio media vuelta y emprendió la marcha cojeando ostensiblemente. Tang Shuang lo persiguió, henchida de fervor marcial: "¡Hermano Er, cada vez me sale mejor! ¡Intentémoslo una vez más!". Yan Shixu apretó el paso, huyendo a la pata coja a una velocidad asombrosa. \*\*\* La Residencia Yunlai se erigía en el centro neurálgico de la Calle de la Encrucijada, punto de convergencia para el tránsito de los cuatro rumbos y la zona más codiciada del Barrio Ningyang. Yan Shixu franqueó el umbral e ingresó en el establecimiento. La sala principal de la planta baja era de una amplitud sobrecogedora, con un techo abovedado de doble altura que alcanzaba el piso superior. De las vigas maestras pendían hileras simétricas de faroles de cuerno de carnero, mientras que en los muros lucían trofeos de cornamentas de antílope, pieles curtidas de lobo y adornos trenzados con sarmientos de vid. En el corazón de la estancia se extendía una alfombra circular de fieltro de lana, en torno a la cual se distribuían las mesas bajas para los comensales. En la segunda planta se abrían galerías con reservados privados, provistas de balaustradas desde donde se dominaba una panorámica completa del recinto. Una oleada de exotismo cautivó sus sentidos de inmediato. "Estimado cliente...", se aproximó un dependiente, escrutando con recelo el arcón de herramientas que Yan Shixu cargaba a sus espaldas. "Vengo recomendado por la señorita Tang Shuang, de la Tienda Tang. Solicito ver a la Señora Yuchi", indicó Yan Shixu. "Aguarde un instante". El dependiente trotó con presteza hacia las dependencias interiores. A los pocos instantes, una mujer de deslumbrante hermosura emergió agitando con gracia un abanico de mano. Poseía facciones voluptuosas y arrebatadoras. Sobre la frente lucía un tocado de oro fino labrado en forma de pétalos, y sus bucles castaños reposaban recogidos en un moño deliberadamente desaliñado. Sus pupilas, de un tono gris tenue, relucían límpidas y húmedas, henchidas del encanto sutil de los manantiales de primavera. En el torso únicamente vestía una faja pectoral color esmeralda con brocados de hilo áureo, dejando al descubierto una generosa extensión de piel nívea y un abdomen firme y terso. Por encima llevaba una etérea estola blanca, leve como alas de cigarra, que en lugar de recatar su figura intensificaba su perturbadora sensualidad mediante un velado juego de transparencias. De cintura hacia abajo portaba pantalones bombachos de seda azul pizarra con puño estrecho en los tobillos. Tenía los pies descalzos, albos como el jade pulido, adornados con aros dorados en torno a los tobillos. Con solo mirarla, en la mente de Yan Shixu cobró vida una estampa: una hermosa bailarina hu girando con ingravidez bajo la luz de la luna, al calor de las llamas de una hoguera. "¿Así que tú eres el carpintero que recomendó la pequeña Shuang? Jamás imaginé que enviarían a un mancebo tan bien parecido". Yuchi Yunjia abanicó el aire perezosamente, modulando la voz con una dulzura embaucadora. 'Tang Shuang no exageraba en absoluto: ¡la Señora Yuchi es un portento de mujer!', caviló Yan Shixu mientras cruzaba las manos a la altura del pecho en el saludo tradicional: "Mis respetos a la Señora Yuchi". Yuchi Yunjia esbozó una sonrisa seductora. "Sígueme". Giró sobre sus talones y guio el camino hacia la escalinata que conducía a la planta alta. Yan Shixu marchó tras sus pasos, contemplando el cadencioso bamboleo de aquellas redondeces ceñidas por la seda azul pizarra. A través de la gasa diáfana alcanzaba a vislumbrar el fino talle de su cintura y la sugerente silueta de sus hoyuelos lumbares. '¡Cobran una fortuna con toda la razón del mundo!'. Al coronar la segunda planta, la Señora Yuchi lo condujo a las puertas de un reservado y le explicó: "Ayer, dos clientes perdieron los estribos disputándose a una de nuestras muchachas hu. Se liaron a golpes y terminaron destrozando el mobiliario de la cámara". Junto al vano pendía una placa de madera lacrada con los caracteres "Begonia". La disposición del reservado constaba de un diván bajo para reposar, dos hileras de mesas bajas y un espacio central despejado, lo suficientemente holgado para que tres o cuatro danzantes bailaran con holgura. El rastro de la reyerta era evidente: dos de las mesas bajas tenían los soportes fracturados; otra yacía partida por la mitad a lo largo del tablero, y las tablas del diván estaban agrietadas de extremo a extremo. La Señora Yuchi continuó: "En las bodegas de la taberna guardamos madera de peral de selecta calidad; haré que los criados te la suban enseguida. Por venir recomendado por la hermana Shuang, tu jornal será de noventa monedas al día". Un jornal diario de noventa monedas era una paga reservada a maestros artesanos de primer orden. Yan Shixu asentó su baúl de herramientas en el suelo. "Cien monedas. Tendré todo reparado antes de que caiga el sol mañana, con la condición de permanecer en el establecimiento esta noche hasta la hora del cierre". La Señora Yuchi parpadeó con sus fascinantes ojos claros. "Si logras culminar la labor a tiempo, te pagaré ciento veinte monedas". '¡Sacarles los cuartos a estos garitos nocturnos es un juego de niños!', sonrió Yan Shixu para sus adentros. En breve, dos sirvientes ingresaron acarreando tablones de madera de diversos calibres. Con pericia impecable, Yan Shixu extrajo el serrucho de mano, el cepillo de carpintero, la línea entintada y demás enseres. Trazó marcas, aserró y pulió la madera con una soltura consumada, revelando una técnica forjada en incontables faenas. Calibraba la fuerza con precisión milimétrica. A un carpintero común le habría exigido múltiples pasadas de lima y lija emparejar el grosor y asegurar la simetría de las patas; a él, en cambio, le bastaban dos o tres movimientos certeros para dejarlas impecables. A decir verdad, Yan Shixu se hallaba a solo un peldaño de despertar el Corazón de Artesano. En la senda de las Artes Mohistas, el Reino Humano se estructuraba en tres fases. La primera era la más elemental: bastaba con consagrarse como herrero o carpintero competente, capaz de forjar y ensamblar armas por cuenta propia. Ese estadio inicial carecía de facultades místicas. La segunda fase consistía en cultivar el Corazón de Artesano. Su fundamento residía en sintonizar espiritualmente con los objetos, en escuchar el latido primordial de los materiales. Quien conquistaba ese nivel era capaz de desentrañar las propiedades más íntimas de cualquier materia con solo sostenerla entre las manos. Además de acumular años de íntimo trato con los elementos, alcanzar tal iluminación requería practicar el método de contemplación mental exclusivo de las Artes Mohistas, a fin de expandir la percepción espiritual. El ocaso consumió el último fulgor del crepúsculo y la penumbra arropó la metrópoli; sin embargo, en la Residencia Yunlai las lámparas de fiesta recién comenzaban a brillar con suntuosidad. La marea de clientes fue poblando el recinto. Las doncellas hu desfilaban entre las mesas portando bandejas repletas de carnes asadas, frutos selectos, guisados humeantes y jarras de vino de uva. Los magnates y nobles, ataviados con costosos ropajes de seda, ocupaban sus puestos abrazando por la cintura a las bellas danzantes extranjeras. En el centro de la sala, sobre la alfombra de lana, una bailarina con el rostro velado giraba sobre sí misma con el vértigo de un trompo. El revoloteo de sus faldas ondulantes arrancaba atronadores vítores y aplausos de la concurrencia. Yan Shixu se apoyó en la barandilla de la galería superior, contemplando el derroche y la algarabía que reinaban abajo. El mostrador del licor rebosaba de tinajas de barro, y entre dos pilastras colgaba una soga de la que pendían tablillas de bambú con el menú del día: Fideos fríos de hoja de sófora, sopa de berros silvestres, brochetas de cordero al fuego vivo, perca de río a las brasas, tartar de hebras plateadas del estanque sur, pastel de cristal con escarcha de caqui... 'Se me hace la boca agua...', suspiró Yan Shixu. Echó un vistazo a las tarifas: el bocado más modesto rondaba las cien monedas. Fue inevitable que su pensamiento volara hacia la muchedumbre de desdichados y hambrientos apiñados a las puertas del barrio. Se congregaban día tras día ante los accesos de los distintos distritos con la vana ilusión de recibir un mísero mendrugo de pan, o intentando vender a sus propios hijos para garantizarles una oportunidad de no morir de inanición. Sin importar cuán desgarrado y caótico estuviera el mundo exterior, recintos como este permanecían eternamente sumidos en el delirio del oro y la molicie. En ese instante, un criado condujo a un hombre de complexión fornida hacia el piso superior. Aquel sujeto rondaba el metro noventa de estatura, poseía hombros fornidos, una cintura descomunal y un rostro abotagado por el abuso de harinas y carbohidratos, rematado por unas facciones que irradiaban una ferocidad despiadada. Yan Shixu lo identificó en el acto: era Li Jing, el capitán de patrulla del puesto de guardia Wuhou del Barrio Ningyang, encargado de las pesquisas, arrestos y vigilancia del distrito. Gozaba de una reputación nefasta. Jamás pagaba un solo cobre por lo que devoraba en la Calle de la Encrucijada; los vecinos murmuraban a sus espaldas tachándolo de ser un parásito que comía de la caridad forzada de todos. Bajo su mando operaba una caterva de granujas y matones callejeros, dedicados a extorsionar a los comercios cobrando tributo de protección. Sin ir más lejos, la herrería de Yan Shixu debía entregarle trescientas monedas cada mes. El criado empujó la puerta de la estancia contigua y se inclinó servil ante Li Jing: "Capitán Li, tenga a bien pasar". Li Jing ingresó en la cámara. El criado descendió a la carrera y, momentos después, regresaron Yuchi Yunjia y una hermosa doncella hu. Ambas pasaron de largo sin prestar atención a Yan Shixu, que seguía arrimado a la barandilla. Apenas cruzaron el umbral, la voz quejumbrosa y seductora de la Señora Yuchi resonó desde el interior: "Estos sirvientes no tienen seso. Asignarle este aposento al capitán, con todo el golpeteo del vecino arruinando su deleite...". El capitán Li respondió con aspereza: "¡Carece de importancia!". "Las viandas y el licor subirán enseguida. No estorbo más su velada de placeres", añadió la Señora Yuchi. La patrona no tardó en abandonar el lugar. Yan Shixu reanudó su contemplación de la danza hu en el piso inferior. Mientras disfrutaba del espectáculo, el criado subió portando un humeante cuenco de fideos y se lo ofreció: "Cortesía de la Señora Yuchi. La noche avanza, procure no demorarse en la labor". 'Me están diciendo con sutileza que deje de perder el tiempo', pensó Yan Shixu. Recibió el cuenco con una sonrisa: "Agradéceselo de mi parte a la Señora Yuchi". Transcurrida media hora, había culminado la restauración de las dos mesas dañadas. Como aún era temprano, resolvió cepillar madera para renovar el tablero del diván. Fue en ese preciso instante cuando Yan Shixu percibió un hedor metálico. Un denso olor a sangre que emanaba del reservado contiguo, el aposento ocupado por Li Jing. Solo entonces cayó en la cuenta de que la cámara vecina llevaba un prolongado lapso sumida en el silencio más sepulcral. Yan Shixu depositó el formón con sigilo y salió al pasillo. Justo en ese momento, la puerta contigua chirrió con un quejido leve y se abrió. Quien cruzó el umbral no era Li Jing, ni tampoco su acompañante extranjera, sino un individuo de nariz aguileña y cejas ralas. Ambos se toparon de frente. El desconocido quedó visiblemente desconcertado, como si jamás hubiese esperado encontrar a nadie al otro lado. Y desde el interior de la cámara, a espaldas del sujeto, una ráfaga densa con olor a sangre tibia golpeó el rostro de Yan Shixu. Su mirada se proyectó por encima del hombro del recién salido: en el centro del aposento, la hermosa doncella hu yacía inerte sobre un inmenso charco escarlata. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! 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Estás leyendo el capítulo 7 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.