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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 73 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En el vestíbulo delantero, Gao Mei, cubierto de sangre de pies a cabeza, contempló a Huangfu Yi, que reía a carcajadas fuera de la sala, y a Yan Shixu, cuyo semblante era de una gravedad absoluta. Por un instante, su mente quedó aturdida. El Tío Hong, empuñando su sable roto y resguardándolo de cerca con firmeza, exclamó con renovado vigor: "¡Joven amo! Esos dos compañeros suyos no son personas comunes y corrientes." En su corazón, que antes se hallaba sumido en la desesperación, brotó una nueva esperanza al ver aparecer a Yan Shixu y a Huangfu Yi. Una ballesta Mudan y armas ocultas mohistas. La primera simbolizaba un trasfondo tan influyente que alcanzaba los cielos; las segundas, una letalidad impredecible e imposible de prevenir. Con la ayuda de ambos, la operación de asesinato de esta noche pasaba de la desgracia extrema a la fortuna, y sus probabilidades de victoria aumentaban de forma rotunda. Entre todas las escuelas de pensamiento, si hubiera que señalar una némesis para la Escuela Militarista, ¡sin duda alguna eran las artes mohistas! Los mohistas en sí mismos no poseían un poder de combate individual abrumador; lo verdaderamente temible eran sus artefactos y mecanismos. A lo largo de la historia, los mohistas, fieles a su doctrina de amor universal y no agresión, crearon una y otra vez artefactos que cambiaron el curso de las guerras con el fin de contrarrestar la fuerza marcial sin igual de los militaristas. Al principio, los mohistas forjaron armaduras de combate para frenar a las tropas militaristas. Más tarde, emplearon carros de guerra para contrarrestar a los soldados que portaban dichas armaduras. Tiempo después, para someter a quienes conducían los carros de guerra, inventaron arcos, ballestas y demás armas de largo alcance. Tras la unificación del mundo por parte de la Gran Dinastía Yong, la contienda de las cien escuelas de pensamiento se retiró del escenario de la historia, pero la "disputa" entre la Escuela Mohista y la Militarista jamás llegó a su fin; simplemente mutó en una carrera armamentística entre los distintos reinos. Hasta el día de hoy, las creaciones mohistas seguían siendo aquello que los militaristas más anhelaban y, al mismo tiempo, lo que más temían. "¿Artes mohistas?" Yuan Feng encabezó la retirada de sus subordinados, retrocediendo paso a paso con lentitud. Los ojos de todos estaban cargados de tensión y cautela. Si se hubiera tratado únicamente de una ballesta Mudan, habrían podido resolver la situación con relativa facilidad aun a costa de perder a uno o dos hermanos. Sin embargo, ahora que se sumaba un maestro de las artes mohistas, la balanza se inclinaba abruptamente en su contra, dejándolos en una posición desventajosa. Un corpulento guerrero apretó los dientes con rabia: "Maldita sea. De haberlo sabido, le habría pedido unas cuantas armaduras de cuero al Comandante en Jefe. Si tuviéramos armaduras puestas, no solo destrozaríamos a estos mocosos, ¡podríamos cruzar toda la Capital Oriental matando de ida y vuelta!" Con una armadura protegiendo el cuerpo, no le temerían en lo más mínimo a unas simples armas ocultas. Yuan Feng sentenció con frialdad: "Haber abandonado el campamento militar sin autorización ya es un delito gravísimo. Si además ocultáramos armaduras militares, ¿acaso el supervisor del ejército perdonaría al Comandante en Jefe? E incluso si el supervisor lo pasara por alto, la Prefectura de Dongdu nos decapitaría de todas formas. Dejen de hablar tonterías y retírense al patio trasero. Saldremos por allí y atraeremos a la guardia nocturna del Ejército Tiance." En este momento, la mejor opción era atraer al Ejército Tiance, equipado con armaduras y armas de élite, para luego cooperar con ellos y cercar a estos asesinos. Yan Shixu intervino de inmediato: "¡Hermano Gao, quieren escapar, bloquea su retirada!" Gao Mei ya se había percatado. Juntó las palmas de sus manos y formuló su voto con devoción: "Es mi deseo que este lugar se transforme en una jaula que aísle el interior del exterior." Una intensa luz budista onduló en el aire, materializándose en una barrera con forma de cuenco invertido que cubrió un radio de cien pasos alrededor de la sala. Al mismo tiempo, la luz dorada en la superficie del cuerpo de Gao Mei se desvaneció al instante. El poder de sus votos estaba al borde del agotamiento total. "Se acabó, estamos atrapados", dijo Ah Fu. "Cuarto amo, súbase rápido a mi espalda, no sea que los malhechores vengan a matarlo", sugirió Ah Gui. Huangfu Yi levantó la ballesta Mudan con ambos brazos, apuntó a la multitud y apretó el gatillo con una audacia desbordante: "¡A esto se le llama quemar las naves: o mueren ellos, o morimos nosotros!" La saeta de la ballesta surcó el aire emitiendo un silbido desgarrador. Yuan Feng y sus hombres se dispersaron a toda prisa para esquivarla. A menos de cincuenta pasos, la ballesta Mudan mataba a quienquiera que tuviera en la mira; no obstante, el disparo de Huangfu Yi había sido demasiado ostentoso, otorgándoles tiempo suficiente para anticiparlo. El proyectil erró el blanco y se clavó con fuerza en la pared. Aprovechando esa distracción, Yan Shixu arrojó la esfera de madera hacia el grupo que intentaba esquivar el ataque. Al verla venir, Yuan Feng pateó una mesa baja, interceptando y desviando la esfera de madera en el aire. Pero al segundo siguiente, otra esfera rodó a trompicones hasta sus propios pies. "¡Cuidado, señor Yuan!" Uno de los hombres corpulentos, que ya estaba sobre aviso, reaccionó con rapidez: agarró a una mujer y la arrojó sobre la esfera de madera. Sin embargo, el artefacto no disparó la lluvia de largas agujas que todos esperaban. Antes de que Yuan Feng y los suyos pudieran respirar con alivio, Yan Shixu, a la distancia, alzó repentinamente el brazo. Varias agujas de acero salieron disparadas y perforaron los faroles que colgaban de las vigas, apagándolos al instante. "¡Fiu, fiu, fiu!" Los silbidos agudos rasgaron el aire uno tras otro, extinguiendo los cuatro faroles por completo. La sala se sumió de golpe en la penumbra; únicamente la mortecina luz de la luna que entraba desde el exterior perfilaba con dificultad las siluetas borrosas de los presentes. "¡Boheng, no veo nada!", gritó Huangfu Yi sosteniendo la ballesta Mudan. "¿Cómo se supone que dispare?" "¡Aprieta el trasero y dispara!", respondió la voz de Yan Shixu desde la oscuridad. Acto seguido, acompañado por un chasquido de dedos, aquella esfera que no había "detonado" disparó abruptamente su densa ráfaga de largas agujas. Varios hombres corpulentos, tomados por sorpresa, retrocedieron lanzando alaridos y cayeron al suelo poco después a causa del veneno fulminante. En un abrir y cerrar de ojos, los veinte subordinados quedaron reducidos a doce. El dispositivo de activación de esta Esfera de Mil Agujas Rompehuesos se encontraba en el interior del mecanismo; solo un mohista en el Reino del Corazón de Artesano podía accionarlo mediante el control de objetos. El momento de la detonación dependía enteramente de su voluntad, de modo que, incluso si la esfera caía en manos del enemigo, nadie más podía utilizarla. El diseñador original ciertamente había invertido una buena dosis de ingenio en ella. Debido a la prisa, los materiales que Yan Shixu había empleado eran bastante ordinarios, carentes de la energía motriz necesaria, por lo que las largas agujas no tenían la fuerza suficiente para destrozar huesos y solo alcanzaban a perforar la carne. Por esa razón le había pedido a Gu Hanzhang un veneno letal para untar en las puntas, capaz de sellar la garganta al menor contacto con la sangre. Por otra parte, la ventaja de una versión de bajo costo era su rápida manufactura. Él y su cuñado habían trabajado a marchas forzadas para fabricar tres Esferas de Mil Agujas Rompehuesos antes de que cayera la noche, pensadas con el único propósito de enfrentar a un contingente numeroso de militaristas. Por lo tanto, a Yan Shixu no le dolió en lo más mínimo apagar los faroles y privarse a sí mismo de la ayuda de Huangfu Yi. Una vez a oscuras, los ataques de las esferas se volvían prácticamente imposibles de prever, y la única respuesta viable para el enemigo era dispersar su formación de combate. Solo de esa manera esta batalla podía librarse. Yuan Feng era un veterano fogueado en los campos de batalla, lleno de experiencia, por lo que dio órdenes con serenidad imperturbable: "¡Dispérsense y busquen escudos! Zhao Grande, Wang Cinco, Xue Grande, Ding Dos y Shen Tres, vengan a mi lado a formar formación para matar al monje; el resto encárguese de ese mocoso mohista. Al carita blanca de afuera ni lo miren." Los guerreros se dispersaron con rapidez; algunos cortaron las patas de las mesas para usar los tableros como escudos, mientras que otros tomaron a las bailarinas extranjeras para emplearlas como escudos humanos. Se dividieron en dos grupos: la formación de seis hombres liderada por Yuan Feng cargó contra Gao Mei y el Tío Hong, mientras que los otros seis se encargaron de neutralizar a Yan Shixu. La luz de la luna caía como agua serena, envolviéndolo todo en la sala en una vaga penumbra. Uno de los corpulentos concentró su visión y no tardó en localizar la figura de Yan Shixu, gritando a viva voz: "¡Está junto a la columna, rodéenlo!" Cuatro hombres flanquearon por las alas izquierda y derecha, mientras los dos restantes encabezaban la vanguardia. 'Vaya, qué cautelosos', pensó Yan Shixu, sosteniendo la última esfera en su mano sin decidirse a lanzarla. Si esos seis hombres hubieran atacado en formación de combate, no habría dudado en arrojarla. Pero era evidente que se trataba de soldados veteranos bien adiestrados, nada fáciles de doblegar. Frente al cerco enemigo, Yan Shixu permaneció completamente inmóvil. El hombre a la cabeza de la embestida sujetaba por la nuca a una bailarina extranjera con la mano izquierda, manteniéndola en vilo, mientras empuñaba su sable con la derecha y corría directo hacia su objetivo. Justo cuando estaba a punto de alcanzar al enemigo, sintió de pronto que el peso de la mujer en su mano disminuía de golpe. Apenas comenzaba a brotar la duda en su mente cuando, al instante siguiente, descubrió que su propio cuerpo caía hacia adelante de manera incontrolable, viendo al mismo tiempo la mitad inferior de su tronco que seguía corriendo hacia el frente. Las dos mitades superiores cayeron al suelo con un seco golpe, salpicando líquido escarlata como si fueran dos trapos empapados. El corpulento que venía pisándole los talones frenó en seco y lanzó un sablazo hacia el frente. Saltaron chispas al aire y su sable de acero templado se partió silenciosamente en dos pedazos. ¿Qué demonios era eso? Con el corazón en un puño, gritó para advertir a los suyos: "¡Cuidado, por aquí hay..." Antes de que terminara la frase, Yan Shixu, que se había utilizado a sí mismo como señuelo, se abalanzó de improvisto. Con una barrida a ras del suelo derribó al sujeto, montó sobre su espalda a toda velocidad y le cruzó un tajo corto en el lateral del cuello. La sangre brotó a borbotones como una niebla escarlata. En ese momento, los cuatro hombres que envolvían los flancos ya habían alcanzado la posición donde antes se encontraba Yan Shixu. Al ver morir a dos de sus camaradas en un instante, giraron de inmediato blandiendo sus sables de acero para matar. No obstante, cuando se encontraban a tres pasos de Yan Shixu, el que iba al frente sufrió una extraña y espeluznante mutilación, quedando partido por la cintura. La expresión de los tres restantes cambió drásticamente; ni siquiera habían alcanzado a ver cómo había muerto su compañero. Uno de ellos lanzó un tajo hacia adelante, y su sable templado volvió a partirse en dos mitades. En medio de las chispas que salieron disparadas, vislumbraron un hilo sumamente fino tensado a tres chi del suelo frente a ellos, cuyos extremos se extendían hacia dos pilares distantes. "¡Maldito cobarde!" Los tres ardían en furia. Primero armas ocultas para herir a traición, luego apagar las luces y ahora una trampa tan rastrera e insidiosa. Yan Shixu discernió las posiciones por el sonido y alzó su brazo derecho apuntando hacia el frente izquierdo. Una aguja de acero salió disparada con furor, pero con un golpe seco fue interceptada por el tablero de madera. Usando los tableros y a las mujeres como escudos, los tres hombres se agacharon para deslizarse por debajo del hilo cortante y se abalanzaron para ultimar a Yan Shixu. Por fin lograron acortar la distancia. Tres sables de acero cayeron implacables directamente sobre su cabeza. Ante el embate feroz de las hojas cortantes, Yan Shixu, en lugar de retroceder, avanzó con ímpetu y se estrelló contra el pecho del hombre del sable roto. Con una serie de chasquidos secos, el tablero de madera y las costillas del sujeto se quebraron al unísono, haciéndolo volar hacia atrás como un saco de arena. Al ver esto, los otros dos hombres cambiaron de técnica al instante: uno lanzó un tajo hacia el cuello de Yan Shixu mientras el otro se inclinaba para cortar sus rodillas. Una coordinación impecable. Yan Shixu carecía de experiencia en combates multitudinarios y jamás se había enfrentado al asedio coordinado de varios adversarios, por lo que retrocedió por puro instinto. '¡No, no puedo retroceder, tengo que terminar esto rápido!' Aunque estos dos hombres aún no habían alcanzado el Reino Humano, eran más formidables que él antes de conocer a Xueyi; además, su coordinación era perfecta y dominaban a fondo las tácticas de combate conjunto. Si caía en su ritmo, le tomaría al menos veinte movimientos poder acabar con ellos. Y Gao Mei, gravemente herido, no podía permitirse esperar tanto. Yan Shixu echó el torso violentamente hacia atrás e impulsó sus piernas en un salto elástico, alineando su cuerpo de forma paralela a las trayectorias de ambas hojas. Al mismo tiempo, alzó el brazo derecho y disparó su última aguja de acero hacia el hombre que estaba semirrodillado. En la penumbra del recinto, el sujeto agachado no tuvo tiempo de reaccionar con precisión y se apresuró a interponer a la mujer que sostenía como escudo. La aguja de acero se clavó de lleno en el pecho de la fémina. Yan Shixu rodó por el suelo al aterrizar, eludiendo el corte del otro oponente. Al no cargar con ningún "escudo", sus movimientos eran sumamente ágiles; se incorporó de golpe y barrió con su sable corto en un tajo horizontal. Ambas piernas del guerrero fueron cercenadas a la altura de las rodillas. En el preciso instante en que caía al suelo, Yan Shixu le selló la garganta de una estocada letal. Mientras tanto, el hombre que se había agachado acababa de apartar el cadáver envenenado de la mujer; al ver a su compañero muerto, bramó de rabia y descargó su sable con furia asesina. "¡Clang, clang!" Dos chispas estallaron en la oscuridad, seguidas por el sordo golpe de un cuerpo desplomándose sobre el suelo. Yan Shixu pasó por encima del cadáver y caminó hasta el hombre de las costillas destrozadas que yacía sentado e indefenso, hundiendo su sable corto directamente en el pecho del enemigo. ¡Aniquilación total! En el otro extremo, el grupo de Yuan Feng avanzaba sosteniendo tableros de mesa o sujetando cadáveres de mujeres a las que, para evitar que forcejearan, les habían quebrado el cuello sin miramientos. Frente a la imponente arremetida de Yuan Feng, Gao Mei, cuya luz dorada corporal se hallaba casi extinta, retrocedió mientras ajustaba su postura para colocar su espalda justo en dirección a Huangfu Yi. "¡Ziyao!", gritó Gao Mei con fuerza. Huangfu Yi comprendió su intención en una fracción de segundo y vociferó: "¡Hermano Gao, al suelo!" Gao Mei se agachó de inmediato, y enseguida escuchó el zumbido desgarrador del aire sobre su cabeza. La saeta de la ballesta salió disparada a toda velocidad, impactando de lleno contra Yuan Feng, que venía a la carga. Afuera de la sala, Huangfu Yi rebosaba de euforia. Aunque el desalmado de Yan Boheng había apagado los faroles, la luz dorada de Gao Mei brillaba en la penumbra como una luciérnaga en la noche, tan resplandeciente y visible que le había servido de guía perfecta. Sin embargo, antes de que la sonrisa terminara de formarse en sus labios, escuchó un agudo "¡clang!": la saeta, que hasta entonces había sido infalible, fue repelida con violencia. Yuan Feng sintió el impacto en el pecho como el golpe de un ariete; dejó escapar un gemido ahogado y su rostro palideció por completo. "¿Acaso este tipo está hecho de hierro? ¡Maldición, el Reino del Cuerpo Dorado! Con razón el hermano Gao por poco zozobra en esta zanja pestilente. ¡Rápido, rápido, ayúdenme a tensar la cuerda!", gritaba Huangfu Yi a voz en cuello. Gao Mei, todavía semirrodillado, impulsó sus piernas hacia adelante y se abalanzó tras la estela del proyectil. Giró la cintura, balanceó el brazo y los músculos de su extremidad izquierda se hincharon súbitamente, asestando un golpe demoledor justo en el pecho de Yuan Feng, en el punto exacto donde la saeta acababa de impactar. El flujo de energía de la formación de combate se arremolinó; como Abanderado, Yuan Feng tomó prestada la fuerza del conjunto, y una marea de qi hirviente inundó su cuerpo. Yuan Feng soportó el puñetazo sin retroceder un solo paso y barrió con su sable largo en un arco horizontal. A Gao Mei se le erizó el vello de la espalda en un instante e, instintivamente, agachó el cuerpo para esquivar el filo. Yuan Feng levantó una pierna y le propinó una patada brutal en pleno pecho. ¡Bum! Gao Mei salió despedido como un vagón fuera de control; sus pies araron el suelo hasta destrozar las suelas de sus zapatos, y su espalda se estrelló con violencia contra la pared. Todo el vestíbulo delantero se estremeció con el impacto. Vomitó una gran bocanada de sangre, su rostro decayó con alarmante rapidez y la luz budista de su cuerpo se extinguió por completo. El Tío Hong atacó por el flanco de la formación de batalla, evitando al imparable Yuan Feng; eligió arremeter contra los más débiles y, al mismo tiempo, cubrió la retaguardia de su joven amo. El qi circuló dentro de la formación; el ímpetu de Yuan Feng decayó de golpe y un torrente de qi fluyó hacia Xue Da, en el flanco izquierdo. ¡Clang, clang! Entre el estruendo metálico de los choques, el Tío Hong retrocedió dando traspiés, con la comisura entre el pulgar y el índice desgarrada en carne viva. En ese instante, una mecha de yesca vino girando por los aires y cayó en medio de la formación, acompañada por el grito de Yan Shixu: "¡Ziyao, dispara!". Huangfu Yi, quien ya estaba más que preparado, siguió la guía de la luz y apretó el gatillo sin la menor vacilación. Lejos de dispersarse, la formación se replegó con presteza, y una oleada de qi se vertió en el cuerpo de Yuan Feng. Yuan Feng dio un paso al frente y la hoja de su sable, rebosante de qi, descargó un tajo que interceptó con precisión milimétrica la saeta. Chispas de fuego saltaron en todas direcciones. Justo en ese momento, Yuan Feng escuchó el chasquido de unos dedos. '¡Maldición!', se le hundió el corazón. Al segundo siguiente, una esfera de madera "estalló" en medio de la formación. Aunque intentaron resguardarse lo mejor posible con sus escudos y con los cuerpos de las mujeres, Xue Da, Wang Cinco y Shen Tres terminaron acribillados de largas agujas por todo el cuerpo. Solo Zhao Grande y Ding Dos, usando a las mujeres y a sus propios compañeros como escudos humanos, lograron salvarse por los pelos. Los tres heridos aullaron de desesperación y, blandiendo sus sables largos, se lanzaron contra el malherido Gao Mei en un último y agónico intento. Pero antes de que pudieran alcanzarlo, comenzaron a tropezar uno tras otro con pasos vacilantes; asfixiados y con los labios negruzcos, perdieron por completo toda capacidad de combate. "Tío Hong, ayúdeme a contener a la chusma". Yan Shixu surgió de la oscuridad, repelió a Zhao Grande y a Ding Dos de un solo sablazo y descargó varios tajos consecutivos contra Yuan Feng, forzándolo a punta de violencia a romper la formación. ¡Clang, clang, clang! Yan Shixu manejaba el sable corto como si fuera un martillo de hierro, avasallando a Yuan Feng con pura fuerza muscular y velocidad vertiginosa, obligándolo a retroceder mientras interponía su arma para bloquear. El Tío Hong aprovechó la brecha para trabar combate con Zhao Grande y Ding Dos. Al ser él un artista marcial con Entrada en Rango, ambos hombres debían coordinarse al límite para apenas hacerle frente; si cualquiera de ellos intentaba zafarse para auxiliar a Yuan Feng, el otro no aguantaría ni diez intercambios. Yan Shixu ya no tenía ningún obstáculo en su camino. En la penumbra todo era una masa confusa; combatían guiándose únicamente por el sentido del peligro innato a los guerreros, como si la vista hubiera perdido toda utilidad en ese trance. Yan Shixu había alcanzado la Entrada en Rango mediante el Método de Nutrición del Qi de la Escuela del Norte, y las ventajas de ello salieron a relucir en ese instante: sus cinco sentidos y seis percepciones eran mucho más agudos, lo que le permitía someter con firmeza a Yuan Feng. No obstante, el Cuerpo Dorado de Yuan Feng aún no se había quebrado; era invulnerable al filo de sables y espadas, razón por la cual había salido ileso tras ser alcanzado una y otra vez por los disparos de la esfera rompehuesos. "¡Clang!". Con un tañido estridente, el sable de cien refinamientos en la mano de Yuan Feng se partió ante la violencia acumulada de los golpes, mientras que el sable corto de Yan Shixu permaneció intacto. Desarmado, la ferocidad de Yuan Feng ardió con mayor furia; atacaba sin defenderse, arriesgando la vida para trocar herida por herida. Sin embargo, los sablazos que Yan Shixu descargaba sobre su cuerpo solo arrancaban chispas, completamente inútiles. A cambio, con apenas un par de puñetazos suyos, Yuan Feng hizo que el qi y la sangre de Yan Shixu se revolvieran con violencia. "Hermano Gao, ¿estás muerto? ¡Si no lo estás, ven a echarme una mano!". Mientras gritaba, el filo de su sable arrancaba chispas en las axilas, en el abdomen y en el cuello de Yuan Feng. '¡Qué duro es este maldito!'. "¡Aún me queda un golpe!", llegó la débil voz de Gao Mei. El cuerpo de Gao Mei volvió a encenderse con una tenue luz búdica; transformado en un rayo dorado, se estrelló contra Yuan Feng, embistiendo directo a aquel pecho marcado con la huella hundida de una palma. ¡Clang! Sonó como la colisión de dos moles de metal; el estruendo desgarró los tímpanos. Gao Mei vomitó sangre a borbotones y se desplomó exánime en el suelo. Yuan Feng retrocedió con un gemido sordo, con un hilo de sangre manándole de la comisura de los labios. Yan Shixu aprovechó la oportunidad y descargó un sablazo al pecho de Yuan Feng; acompañando la trayectoria del arma con el cuerpo, giró la cintura y rotó sobre sí mismo, encadenando por inercia un segundo tajo, un tercero... transformándose en una hoja trituradora, en un torbellino viviente. "¡Pfff!". Bajo aquella ráfaga de cortes giratorios, el pecho de Yuan Feng se abrió de par en par y la sangre brotó a raudales. '¡Se rompió!'. A Yan Shixu se le iluminaron los ojos. Incapaz de frenar en seco en pleno giro, aprovechó la rotación para lanzar una patada de cola de escorpión directo al pecho de Yuan Feng; utilizó el contragolpe para detener su propio impulso y, al mismo tiempo, hundió el sable corto en la ensangrentada herida. Yuan Feng no murió al instante. El instinto de supervivencia desató en él una fuerza aún más descomunal que antes: lanzó una patada que mandó a volar a Yan Shixu y, apretándose el pecho ensangrentado, huyó despavorido hacia el patio trasero. Un paso, dos pasos, tres pasos... y se desplomó estrepitosamente contra el suelo. En lo invisible e insondable, una oleada incontenible de poder de los votos descendió sobre el cuerpo de Gao Mei. Gao Mei, quien momentos antes yacía maltrecho y moribundo, se hallaba ahora sentado con las piernas cruzadas, envuelto en una pura luz búdica, semejante a un buda viviente descendido al mundo terrenal. '¿Subió de nivel?'. Yan Shixu permaneció apoyado en su sable, jadeando con violencia. La comisura entre el pulgar y el índice de su mano derecha se había abierto por completo y la sangre corría a lo largo de la hoja. Tenía varias costillas y el esternón fracturados; aquella patada que Yuan Feng le había propinado antes de morir parecía haberle causado una hemorragia interna, al punto de que hasta respirar le resultaba doloroso. El Tío Hong corrió hacia ellos empuñando su arma ensangrentada, dejando atrás dos cadáveres tendidos. Conmovido hasta las lágrimas, exclamó con voz trémula: "¡Joven amo! Tantos años de practicar el bien... ¡su Sello de la Concesión de Deseos por fin ha conseguido un gran avance!". Gao Mei abrió los ojos con lentitud; dos destellos dorados cruzaron fugaces por sus pupilas antes de disiparse a medida que la luz búdica sobre su piel se recogía y desvanecía. Su semblante ya no lucía cadavérico, y la atroz herida de sable en su pecho había dejado de sangrar por su propia cuenta. Huangfu Yi entró al salón seguido por sus dos sirvientes, radiante de entusiasmo y con los ojos brillantes de euforia. Gao Mei miró a sus dos compañeros de cuarto y dijo en voz baja: "¡Muchas gracias!". Yan Shixu asintió con la cabeza. Huangfu Yi agitó una mano y comentó, henchido de alegría: "Si apenas aporté nada. Además, entre amigos lo propio es tratarse con absoluta lealtad. Esta victoria ha sido aplastante; bien merecería un poema conmemorativo, qué lástima que carezca de talento poético". Al contemplar la desenvoltura festiva de Huangfu Yi, la tensión que agarrotaba a Yan Shixu, Gao Mei y el Tío Hong tras el encarnizado combate comenzó a relajarse poco a poco. Yan Shixu trepó por una columna hasta las vigas, cortó un farol de un tajo y, tras tantear en la oscuridad, encontró la mecha de yesca y lo encendió. La luz tenue y amarillenta iluminó el campo de batalla desolado, proyectando sombras sobre los cadáveres inertes. Fue en ese instante cuando se percataron de que en el salón no quedaba ni un solo superviviente: las hermosas mujeres hu o bien habían sido empleadas como escudos humanos, o bien habían perecido bajo la lluvia de agujas de la esfera rompehuesos; ninguna se había salvado. La sonrisa en el rostro de Huangfu Yi decayó un tanto; recorrió con la mirada cada uno de los cuerpos de las mujeres y dejó escapar un hondo suspiro. Yan Shixu caminó por el salón sosteniendo el farol, recogiendo los sables quebrados, las agujas largas y las de acero. En su vida pasada, cuando veía películas o series donde los justicieros peleaban, arrojaban armas secretas como si fueran gratis, cual puerros en una huerta que brotan sin cesar. Pero ahora que le tocaba a él utilizarlas, aprendió lo carísimo que resultaba trabar un combate. Si ganabas, al menos podías recuperarlas; pero si perdías, tres o cinco sartas de monedas se evaporaban en el acto. Al percatarse de ello, Huangfu Yi propinó sendas patadas a Ah Fu y a Ah Gui y les espetó de mala gana: "¿Se van a quedar ahí de brazos cruzados mirando como pasmados? Apúrense a ayudar a mi hermano a recogerlas". Ah Fu y Ah Gui encendieron sus faroles de mala gana y se sumaron a la recolección. El Tío Hong, por su parte, extrajo un frasquito de porcelana de su regazo y se lo ofreció a Yan Shixu con evidente preocupación: "Joven maestro Yan, esta es una medicina para las lesiones internas". Su actitud ya no reflejaba frialdad y cortesía ceremoniosa; se había transformado en genuina gratitud y cercanía. "Muchas gracias". Yan Shixu vertió una píldora, se la tragó y de inmediato advirtió: "No conviene demorarnos aquí. Aprovechemos que nadie lo ha descubierto para marcharnos cuanto antes". "Aguarden", intervino Huangfu Yi, moviendo los ojos con picardía. "¿Nos vamos a ir así nada más? Siento que nos falta algo... ¡Ya lo tengo! En las novelas de caballería, cuando los justicieros castigan a los malhechores y erradican el mal, siempre dejan alguna inscripción en los muros. Dejemos una nosotros también". Dicho esto, sin aguardar la opinión de Yan Shixu ni la de Gao Mei, le arrancó un velo de gasa al cadáver de una mujer, lo empapó en sangre fresca y escribió en la pared con trazos rimbombantes y desinhibidos: "¡Los que especulen inflando el precio del arroz pagarán con la muerte! Firmado: Los Tres Espadachines de la Capital Oriental". '¡¿Qué demonios de Tres Espadachines de la Capital Oriental ni qué ocho cuartos?! ¡Más valdría que escribieras «El Espadachín Pedorro estuvo aquí», pero no nos arrastres a Gao Mei y a mí!'. No obstante, Yan Shixu elogió: "Magnífico, magnífico. 'Los Tres Espadachines de la Capital Oriental' es un nombre que me llega al corazón. Tu talento para inventar apodos es verdaderamente soberbio, Ziyao; a la gente común jamás se le ocurriría semejante genialidad". Gao Mei le dirigió una mirada de asombro y prefirió callar. Huangfu Yi se entusiasmó: "¡Boheng, de verdad eres mi alma gemela! Aunque en realidad mi inscripción persigue un segundo propósito: cuando las autoridades inspeccionen el lugar mañana, creerán que fueron espadachines de la Capital Oriental que actuaron por despecho ante el aumento del precio del arroz impuesto por Yuan Feng, tomando la justicia por sus manos. De no ser porque el Erudito Asistente Ye Zangfeng no tiene por costumbre dejar firmas, sin duda habría estampado su nombre". '¡Te doy las gracias en nombre del Erudito Asistente Ye!'. Yan Shixu lo examinó con la mirada y sonrió: "Eres más prudente de lo que me imaginaba". El grupo saltó los muros para abandonar la mansión de Yuan. Las calles y callejones estaban desiertos; no osaron demorarse en el Barrio Hengde, pues si alguien descubría algo anómalo en la residencia durante la madrugada y avisaba a los guardias wuhou, llamando al Ejército Tiance, las autoridades clausurarían el barrio entero para registrarlo de arriba abajo. Los tres grupos se despidieron al pie del muro. Yan Shixu, cargando a cuestas dos enormes fardos de armas, superó con holgura el muro de tres metros de altura del barrio y fue el primero en esfumarse en la noche. A baja altura, oculta a los ojos de todos, una pequeña ave negra surcó el cielo a gran velocidad, siguiéndolo de cerca. ... Con Xueyi realizando labores de reconocimiento desde el aire, Yan Shixu esquivó patrulla tras patrulla del Ejército Tiance sin el menor contratiempo y regresó a salvo al Barrio Ningyang. Tras saltar la tapia de su casa, notó que en la habitación lateral brillaba la luz de un candil. '¿Mi cuñado no se ha dormido todavía?'. Yan Shixu empujó la puerta; no tenía echado el cerrojo. El candil de aceite sobre la mesa ardía sosegado. Su cuñado yacía tirado en la cama, despatarrado con una calabaza de vino en la mano y roncando como un trueno. Yan Shixu lo comprendió al instante: su cuñado se había quedado esperándolo y, entre espera y espera, acabó por emborracharse solo. Su cuñado siempre era así; salvo al dormir, jamás se apartaba del vino: hasta para ir a la letrina se empinaba un par de tragos. En otros tiempos no era así, pero desde que su hermana mayor falleció, su cuñado no tenía más sostén para seguir viviendo que el alcohol y él. Al fin y al cabo, de todas las pertenencias y recuerdos que ella había dejado atrás, él era el más "valioso". Yan Shixu apagó el candil de un soplido y se retiró con pasos sigilosos. Xueyi voló tras él hacia la habitación principal y se zambulló de cabeza en el lecho, piando con alegría: "¡Ya puedo dormir en la cama, ya puedo dormir en la cama! ¡Yan Shixu, date prisa y prepárame el nido!". Estos últimos días, con extraños en la casa, se había visto forzada a pernoctar entre las ramas de los árboles, alerta en todo momento ante el posible ataque de algún gato nocturno; acostumbrada a dormir plácidamente, no había podido descansar bien ninguna noche. Yan Shixu se quitó la túnica exterior, la ovilló para darle forma de nido y la acomodó a la cabecera de la cama. Xueyi rodó alborozada dentro del nido y soltó con su voz chillona: "Puaj... apesta". Yan Shixu salió con una jofaina de madera para lavarse; al volver, le trajo un puñado de mijo y una hoja de verdura. Acurrucada en su nido como una diminuta bolita, Xueyi fue picoteando poco a poco hasta limpiar el mijo y la verdura de la palma de su mano. "Mañana volvemos a la Academia Daoísta, ¿verdad?". "Sí". "Mañana podré comer semillas de loto. Cuando se acaben, me traes más". "De acuerdo". A escasa distancia el uno del otro, hombre y ave se sumieron en el mundo de los sueños. ... A la hora Mao, redoblaron los tambores del alba. Gao Mei y el Tío Hong emprendieron el regreso al Barrio Zhende. Como ambos barrios distaban demasiado entre sí, no se habían arriesgado a viajar de noche; en su lugar, se habían ocultado para pasar las horas nocturnas en el Barrio Taiping, no muy lejos del Barrio Hengde. Antes de que despuntara el día, se habían colado en una vivienda ordinaria para sustraer un par de túnicas con las que mudar sus vestiduras ensangrentadas, dejando a cambio todo el dinero que llevaban encima. Avanzaron a lo largo de la Calle de la Encrucijada. A lo lejos, divisaron a una figura acurrucada ante las puertas del Estudio Ruyuan, con los brazos en torno a las rodillas y la cabeza sepultada entre ellas. "Es Chang Ji. Se quedó esperando a las puertas de la tienda desde ayer. Le dije que volviera a su casa a aguardar, pero me respondió que ya no tenía adónde ir", explicó el Tío Hong. Gao Mei apresuró el paso y dijo con tono aliviado: "Yuan Feng ha muerto. Iré a decírselo". Llegaron ante el negocio, y Gao Mei juntó las palmas en reverencia: "Benefactor Chang, su deseo ha sido cumplido; ya no es menester que siga aguardando aquí con tanto pesar". Chang Ji continuó abrazándose las rodillas, inmóvil. "¿Benefactor Chang?". Gao Mei se inclinó para sacudirlo, y el cuerpo de Chang Ji se desplomó de costado contra el suelo al instante. El Tío Hong se sobresaltó y se agachó a toda prisa para examinarlo. Tras unos instantes, sacudió la cabeza con un suspiro desolado: "Ha muerto. Ya ayer me pareció que su rostro lucía macilento, con todos los signos del pabilo agotado y la lámpara seca. Me dijo que apenas cerraba los ojos no veía más que las cabezas cercenadas de sus padres, los llantos y alaridos de su esposa e hija, y la muerte atroz de su tierno retoño... Pasaba noches enteras sin poder pegar ojo... Qué lástima. Si tan solo hubiese resistido un poco más, dos horas, no, media hora... habría sabido que su gran venganza fue consumada, y tal vez habría hallado fuerzas para seguir viviendo". Pero había muerto. Había muerto justo antes del amanecer. En este mundo, no todas las historias conducen a un final feliz. Tampoco todas las personas logran vivir lo suficiente para alcanzarlo. Aquella sobrecogedora emboscada nocturna no fue, al fin y al cabo, más que una justicia tardía. Gao Mei se quedó de pie, aturdido y paralizado. En ese momento, el primer rayo de sol de la mañana cayó sobre él, bañándolo por entero como si lo revistiera con un resplandeciente cuerpo de oro; sin embargo, él le dio la espalda a la luz y hundió su rostro en las sombras. "Si en este mundo arden miríadas de lámparas de Buda, ¿por qué ninguna es capaz de disipar las tinieblas de los tiempos?". La compasión de nada servía. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 73 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.