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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 72 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
A la hora Chen, el sol otoñal de la mañana empujó los postigos de madera de las tiendas, apurando a los habitantes del barrio a salir a las calles y callejones, para finalmente posarse con pereza sobre los aleros de las casas de tapial. Yan Shixu mordisqueó un pan plano tostado mientras abría la puerta del patio de su casa. Su cuñado estaba sentado en un taburete bajo de madera, con una pieza de cuero extendida entre los muslos. Con la cabeza inclinada, desbastaba con suma concentración el astil de una flecha, mientras a sus pies reposaba un cuenco lleno de agua. "Cuñado, te traje el desayuno." Yan Shixu sacó de su pecho un pan plano relleno de carne guisada. El cuñado tomó el pan con evidente alegría y le dio un gran mordisco, diciendo con satisfacción: "Por fin puede decirse que llevamos una vida acomodada en esta casa. Cuando tu hermana aún vivía, comía carne en cada comida. Desde que se fue, nuestra casa quedó como la corte imperial tras el reinado de Mingzong: en una decadencia imparable". Yan Shixu sintió cierta punzada de vergüenza. En todos estos años practicando artes marciales, aunque no comía carne en cada plato, comerla una vez cada tres días no representaba ningún problema. Su cuñado, en cambio, con tal de ahorrar provisiones, se alimentaba de salvado y verduras silvestres, pasando medio mes entero sin probar una sola gota de grasa. El cuñado olfateó un par de veces y frunció el ceño: "No hueles a colorete ni a polvos perfumados; en cambio, traes un tufillo a sangre. ¿Acaso saliste a matar a alguien anoche?". Yan Shixu confesó con honestidad: "Anoche fui al Mercado Wugeng. Me topé con unas cuantas porquerías y no pude contenerme de intervenir". "¿Al Mercado Wugeng?" Su cuñado soltó un chasquido de desprecio: "Deberías evitar lo más posible esos lugares tan infectos. Todos los de la familia Yan son unos tercos de huesos duros que no toleran una mota de polvo en los ojos. No vayas a buscar amarguras a sitios así". Yan Shixu tanteó el terreno: "¿Mi hermana también era tan cabeza dura en aquel entonces?". Su cuñado abrió los ojos de par en par: "¡Fuera, fuera! No me estorbes aquí". Sumergió el astil recién labrado en el cuenco de agua para distinguir los lados Yin y Yang de la madera, y les hizo una marca. El proceso para fabricar flechas era minucioso y complejo: la madera de sauce requería secarse a la sombra durante medio año, desbastarse en varillas, sumergirse en agua para determinar el Yin y el Yang, enderezarse al fuego y barnizarse. Solo tras semejante procedimiento se consideraba listo el astil. Y eso sin contar el forjado y engarce de la punta metálica. Por suerte, Yan Shixu no pensaba usar la ballesta de mano en una guerra campal; a la hora de pelear a muerte contra otros, tres o cinco saetas bastaban de sobra. Dos disparos para una emboscada traicionera, y otros dos por si el oponente huía o si le tocaba escapar a él mismo. En el combate cuerpo a cuerpo resultaban prácticamente inútiles. Yan Shixu dio media vuelta, entró en la habitación principal y se colgó al hombro el fardo que contenía cien taeles de plata. Su cuñado gritó un par de quejas, mirándolo con mala cara: "¿Qué pretendes hacer?". "Voy a salir un momento. Cuando regrese, te ayudaré con las labores." "¿Acaso te pregunté eso? Si quieres salir, sal, ¿pero para qué te llevas mi plata?". "¡Relaciones sociales!". …… Barrio Baokang, Pabellón Xiangzhuang. Zhou Shanhe, el dueño de la tienda de sedas, llevaba esperando a las puertas del Pabellón Xiangzhuang desde la hora Mao. Sentado en una carreta de bueyes, apartaba la cortina de tela como si fuera un espía al acecho, examinando a cada una de las mujeres que entraban al local. Tras esperar una hora entera, Zhou Shanhe dejó escapar un suspiro: 'Parece que el negocio de los afeites y polvos perfumados tampoco marcha bien. Veía a los jóvenes señores de las familias nobles y clanes distinguidos comprando rollos enteros de seda y brocado, haciéndose ropajes nuevos uno tras otro, y creí que, aunque no estuviera tan boyante como antes, al menos no caería en semejante desolación.' La sensación de crisis en su pecho se intensificó. Los precios en la Capital Oriental no dejaban de subir por las nubes. Si arrebataban los negocios de la familia Zhou y dejaban a ancianos y niños consumiendo sus reservas sin generar ingresos, aun si lograban superar la tormenta, la familia quedaría irremediablemente arruinada. En medio de su angustia, vio a un sacerdote daoísta corpulento, de más de ocho pies de estatura, con un fardo a la espalda, cruzando el umbral del Pabellón Xiangzhuang. En el interior del establecimiento, Lianyangzi paseó la mirada por las hileras de anaqueles de un zhang de altura. Al notar que el compartimento con la etiqueta de "Píldora de Embellecimiento Facial" estaba completamente vacío, sintió un leve alivio. "¡Ay, querido maestro daoísta, por fin está aquí!" La encargada, una mujer madura que aún conservaba encantos de juventud, sonrió tanto al verlo que las patas de gallo se le marcaron alrededor de los ojos. "Esta humilde servidora ha esperado día y noche, hasta que por fin la fortuna me lo trajo de vuelta." "Tendera, voy a subir el precio: cuatrocientos cobres por cada Píldora de Embellecimiento Facial." "¿Cuánto?" La encargada palideció de la impresión. "Si usted me la vende a cuatrocientos cobres, ¿a cuánto tendré que ofrecerla yo? ¡A ochocientos! La Píldora de Embellecimiento Facial debe tomarse una vez cada tres días para asegurar un cutis blanco, tierno y libre de impurezas. A ochocientos cobres por pieza, esto ya no es una píldora de belleza, ¡es el elixir de la inmortalidad!". Lianyangzi replicó con voz grave: "Los precios en la Capital Oriental se han disparado; el costo de los ingredientes ha subido." La encargada puso expresión de aprieto: "Maestro daoísta, la Píldora de Embellecimiento Facial es maravillosa, pero al final del día no hace más que desintoxicar y embellecer el rostro. Usted bien sabe que la carestía agobia a la ciudad y el mercado está paralizado. En momentos como este, la gente es cuando menos gasta dinero en lujos que no son de primera necesidad". Tras un intenso regateo, Lianyangzi consiguió fijar el precio en doscientos veinte cobres por unidad. Antes las vendía a doscientos. Lianyangzi guardó el dinero y salió de la tienda con semblante sombrío, sintiendo que no había negociado nada bien. Tenía motivos de sobra para subir el precio: el cierre de la Capital Oriental había bloqueado el transporte fluvial, impidiendo la llegada de hierbas medicinales y plantas espirituales tanto del norte como del sur. Como era de esperar, los medicamentos dentro de la ciudad subían de precio día con día. Si dependía únicamente de vender la Píldora de Embellecimiento Facial, quién sabía cuántos años tardaría en reunir los ingredientes necesarios para elaborar la Píldora Inmortal del Yang Puro. En ese instante, Lianyangzi divisó a un hombre de aspecto rollizo y próspero que se aproximaba a paso presuroso, levantándose el dobladillo de la túnica. "Maestro daoísta, deténgase un momento..." "¿Qué ocurre?" La voz de Lianyangzi sonó profunda y cavernosa. Su estatura imponente y corpulenta, su rostro cuadrado y la barba tupida y áspera que rodeaba sus labios le daban el aspecto de un espadachín tosco y salvaje del Jianghu, de esos que desenvainan el sable para cortar cabezas sin mediar palabra. Infundía una tremenda intimidación. Zhou Shanhe tragó saliva con dificultad y midió con cautela sus palabras: "Mi anciano padre lleva postrado en cama muchos años, aquejado de un grave mal...". Explicó con todo lujo de detalles los síntomas de su padre y luego añadió, con evidente desasosiego: "Veo que su reverencia posee un resplandor divino reservado y profundo; sin duda es un ilustre maestro de gran virtud. Me pregunto si podría salvar a mi padre... P-Por supuesto, estoy dispuesto a pagar diez sartas de monedas como honorarios de consulta". Lianyangzi dejó escapar un murmullo de comprensión y declaró con absoluta seriedad: "Salvar vidas y socorrer a los heridos es el deber primordial de quienes nos dedicamos al cultivo. Guíame a tu morada para examinar y tratar a tu honorable padre". …… Academia Daoísta. Gu Hanzhang, que se encontraba sentada con las piernas cruzadas refinando su espíritu, oyó unos pasos ligeros entrar al patio. No pertenecían a Gu Xiyin. Abrió los ojos y clavó la mirada en la puerta cerrada. En ese preciso instante sonaron unos toques en la madera, seguidos por la voz de un hombre que le resultaba familiar: "Erudita Asistente Gu, ¿se encuentra en la habitación?". '¿Acaso no se había ido a casa a disfrutar de sus días de descanso?' Gu Hanzhang se mostró un tanto sorprendida y respondió: "La puerta no tiene cerrojo". Yan Shixu empujó la puerta y entró. Paseó la mirada por la estancia y vio que, sobre el escritorio junto a la ventana, se amontonaban textos de economía como el \*Tratado de Alimentos y Mercancías\*, las \*Leyes del Monopolio de la Sal y la Moneda\* y el \*Método de Gastos Fiscales\*. "¿La Erudita Asistente está estudiando las leyes tributarias?", preguntó él con una sonrisa en los labios. Un destello de incomodidad cruzó por los hermosos ojos de Gu Hanzhang: "Estoy buscando una vía para generar riquezas". "¿Y la ha encontrado?". "La he encontrado", contestó Gu Hanzhang con tono fastidiado. "La sal, el hierro, el té y el licor: todos los métodos más lucrativos están claramente estipulados en las leyes de Da Sheng". Al tocar este asunto, se sentía profundamente desanimada, hasta el punto de albergar intensas dudas sobre su propia valía. Gu Hanzhang había ingresado en la secta a los diez años. Tanto su belleza como su talento innato eran excepcionales; en los estudios dominaba a la perfección los clásicos y la aritmética, y en el cultivo dejaba muy atrás a todos sus contemporáneos. Ahora solo aguardaba encontrar un compañero daoísta idóneo con quien realizar la práctica del cultivo dual, para así templar y amalgamar las dos energías del Yin y el Yang e intentar dar el salto al Reino Terrenal. Una prodigio de orgullo indomable se había estrellado de bruces contra el sendero del comercio. No le quedaba más remedio que admitir que, en lo concerniente a administrar negocios y manejar finanzas, carecía por completo de talento. Gu Hanzhang preguntó: "No debías regresar a la academia sino hasta mañana. ¿A qué se debe que hayas vuelto antes de tiempo?". Sabía que Yan Shixu era nativo de la Capital Oriental, por lo que no tenía necesidad alguna de apurar su regreso por cuestiones de viaje. Yan Shixu respondió con hechos: colocó con un golpe seco el fardo de cien taeles de plata sobre el diván bajo y desató el envoltorio. Los labios carmesíes de Gu Hanzhang se entreabrieron poco a poco, y su mirada se posó en la plata resplandeciente, incapaz de apartar los ojos de ella. "La gané ayer haciendo un pequeño negocio en el Mercado del Sur", dijo Yan Shixu con tono desinteresado, como si ganar cien taeles de plata fuera una nimiedad absoluta que estuviera al alcance de su mano cada vez que se le antojara. Gu Hanzhang se lo creyó. La manera en que miraba a Yan Shixu cambió de forma sutil, como un estudiante mediocre que contempla a un prodigio académico. "¿Cómo lo conseguiste?", preguntó con apremio. Yan Shixu no respondió de inmediato. Empujó la plata hacia ella y sonrió: "La Erudita Asistente Gu mencionó que, desde que llegó a la Capital Oriental, ha estado afligida por la recaudación de fondos y provisiones. Esta plata representa mi sincera consideración; se la obsequio a la Erudita Asistente para aliviar sus pesares." Sin embargo, Gu Hanzhang apartó la vista y dibujó una media sonrisa: "Con cien taeles de plata podrías comprar una habitación entera de sirvientas primorosas para que te atiendan. Nadie debe recibir recompensas sin haber ganado méritos; me daría vergüenza aceptarlo." Desde la antigüedad hasta el presente, regalar dinero siempre ha sido un arte. Cuanto más huele al cobre mundano, mayor es la necesidad de envolverlo con elegancia. Por ello, Yan Shixu adoptó una expresión solemne y un tono colmado de sinceridad: "Este dinero no es para ti, sino para los miembros de Xingchadu. Hoy en día, el viento y las nubes se agitan en la Capital Oriental: El Pintor solo piensa en retirarse a la vejez, El Letrado aguarda en las sombras con paciencia y El Médico Oficial no ha dado señales de movimiento. Si queremos lograr grandes cosas, no bastará con el esfuerzo de nosotros dos; necesitamos apoyos." Volvió a empujar la plata un poco más cerca de Gu Hanzhang y prosiguió con formalidad: "Necesitamos gente que nos ayude a recopilar información, a encargarse de asuntos triviales y a llevar a cabo tareas que a nosotros no nos convendría hacer en persona. Aquellos antiguos subordinados de la respetada Emisaria del Inframundo no la han abandonado hasta el día de hoy, lo que demuestra que son leales. Pero la lealtad no sirve para llenar el estómago. Si carecen de riquezas, les será aún más difícil trabajar para nosotros en cuerpo y alma. Esta suma debería bastarte para ganarte sus corazones." Tal como esperaba, Gu Hanzhang apretó los labios, visiblemente tentada. Yan Shixu continuó: "En cuanto a lo que vendrá después, no tienes de qué preocuparte. Poseo un plan ingenioso para hacer que el dinero engendre más dinero. Además, tengo una forma de saldar, sin gastar una sola moneda, los sueldos atrasados durante años por ti... no, por la respetada Emisaria del Inframundo." Gu Hanzhang lo miró con incredulidad, y sus hermosos ojos destellaron con un brillo sobrecogedor. "¿De verdad?" "Más cierto que el oro puro." "¿Qué método es?" "El momento aún no ha llegado, no puedo revelarlo." Yan Shixu sacudió la cabeza dándose aires de misterio. "Cuando llegue el instante, lo comprenderás." De haber sido cualquier otra persona, Gu Hanzhang no habría creído ni media palabra; pero se trataba de Yan Shixu, el primer puesto entre los nuevos estudiantes que había presentado las políticas para pacificar el imperio y dominaba a la perfección el sistema tributario. '¿El difícil problema que atormentó a mi maestro y a mis hermanos marciales durante tantos años se resolverá en mis manos?', pensó Gu Hanzhang con secreto deleite. Yan Shixu observaba sus expresiones y ademanes. Al verla radiante, con las comisuras de los labios tan alzadas que apenas podía contener la sonrisa, supo que el momento era propicio. Carraspeó y dijo: "A decir verdad, vine a buscar a la Erudita Asistente Gu con tres peticiones atrevidas. La primera es que la gente bajo tu mando me ayude a averiguar dónde hay un maestro Gu de venenos. La segunda es que desearía un frasco de veneno, preferiblemente uno letal que fulmine al instante al contacto con la sangre." Desde la antigüedad hasta el presente, el trato social siempre ha sido una técnica refinada. Si hubiera venido directamente a entregarle el dinero a cambio de un método de circulación de Qi, a ojos de Gu Hanzhang habría parecido una simple transacción comercial. Quizá habría conseguido lo que buscaba, pero le habría resultado mucho más difícil estrechar la relación entre ambos. En cambio, si empleaba el arte de las apariencias para construir un lazo de camaradería y luego se apoyaba en ese lazo como peldaño para solicitar ayuda, el resultado era distinto. Tratándose de los mismos cien taeles, Gu Hanzhang recibía el dinero, él obtenía el método de circulación de Qi y, al mismo tiempo, ella saldaba ese favor, haciendo que el vínculo mutuo diera un paso más hacia adelante. El efecto era abismalmente diferente. Gu Hanzhang desvió la mirada con picardía y aceptó de muy buen humor: "No hay problema. Justo mañana tengo que salir a liquidar los salarios pendientes. No tengo venenos fulminantes a mano, pero puedo preparar uno para ti. Antes de que suene el tambor del anochecer, regresa a la Academia Daoísta y te lo entregaré." Palmeó con satisfacción la plata reluciente y luego preguntó: "¿Y cuál es la tercera petición?" Yan Shixu respondió: "Recibí la transmisión del método de circulación de Qi de manos del Maestro Daoísta Lianyangzi y logré adentrarme en el Reino Humano; por desgracia, carezco de las técnicas posteriores de circulación y me encuentro estancado en la etapa inicial del Reino Humano. Dado que la Escuela del Sur y la Escuela del Norte pertenecen ambas a la Escuela del Caldero de Alquimia, me preguntaba si la Erudita Asistente Gu podría intervenir y convencer al Erudito Asistente Lianyangzi para que me transmita las enseñanzas siguientes." Gu Hanzhang frunció levemente las cejas delicadas y dijo: "El Método de Nutrición del Qi es el fundamento primordial del cultivo de la Escuela del Norte y jamás se transmite a forasteros. Aunque la Escuela del Sur y la Escuela del Norte provienen del mismo origen, debido a las discrepancias en nuestras doctrinas de cultivo, apenas existe afecto entre ambas partes. Que no terminemos a gritos cada vez que nos vemos ya es guardar bastante las apariencias." Yan Shixu comentó con pesar: "Parece que mi fortuna aún no ha llegado y no cuento con tal bendición." Lanzó un suspiro, se puso en pie e hizo una reverencia con las manos juntas: "Aún tengo asuntos que atender en casa, me despido por ahora. Regresaré antes del ocaso." Habiendo dicho esto, se dio la vuelta y se encaminó hacia la salida. Gu Hanzhang se mordió el labio inferior y, justo cuando él alcanzaba el umbral de la puerta, exclamó: "Espera." Yan Shixu detuvo el paso. Las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba, pero al darse la vuelta, su expresión era completamente natural: "Es mejor no poner en aprietos a la Erudita Asistente Gu." Gu Hanzhang declaró con voz grave: "Si se trata únicamente de los métodos de circulación de Qi para el Reino Humano, yo misma puedo enseñártelos. Sin embargo, debes jurar que no los divulgarás a nadie más; de lo contrario, la Escuela del Norte no dejará las cosas en paz." Yan Shixu respondió con solemnidad: "Guardaré el secreto." En realidad, se la había jugado en una apuesta. Si la moral de Gu Hanzhang hubiese sido más baja y hubiera aceptado la dádiva con total descaro sin ofrecer nada a cambio, Yan Shixu se habría quedado con las manos vacías como quien intenta sacar agua con una cesta de mimbre. A juzgar por los hechos, valía la pena profundizar la amistad con esta joven. …… Tras el resonar del tambor del anochecer, la urbe se sumió en el sosiego. Esta noche carecía de estrellas y luna; la oscuridad era densa. La residencia de los Yuan, en el Barrio Hengde, había pertenecido originalmente a un comerciante de té. Tiempo atrás, dicho mercader se envició con el juego hasta perder toda su fortuna, momento en el cual la casa de apuestas se cobró la deuda embargando la propiedad, que pasó a convertirse en la mansión Yuan. En esos momentos, aquella mansión de cuatro patios resplandecía con todas sus luces encendidas. En el patio del salón principal, varias hermosas doncellas de las regiones occidentales danzaban con graciosa ligereza. Yuan Feng, amo de la casa de apuestas y líder de la Banda de la Palma de Hierro, rodeaba con el brazo a una bella cortesana mientras bebía y departía alegremente con sus secuaces. La estatura de Yuan Feng no era imponente, resultando incluso algo baja, pero era de complexión maciza; sus brazos eran tan gruesos como la cintura esbelta de una dama, y una sólida capa de músculo se ocultaba bajo la gruesa grasa corporal, confiriéndole la corpulencia de un ternero vigoroso. No tenía esposas ni concubinas; en el patio trasero residían exclusivamente los subordinados de confianza que había sacado consigo del Ejército Tiance. En la mansión mantenían a decenas de mujeres hermosas para el disfrute personal de él y de sus hombres. Desde que abandonó el Ejército Tiance para erigir su propio negocio en la Capital Oriental, los cantos y los bailes no cesaban ni una sola noche en su residencia. Se sentía cada vez más embelesado con semejante estilo de vida. Si le apetecía el negocio de alguien, se lo arrebataba; si codiciaba a la esposa de alguna familia, la tomaba por la fuerza. Bajo la ominosa sombra proyectada por el Ejército de Chengzhao, los nobles de la Capital Oriental aprovechaban cualquier oportunidad para amasar riquezas; que él se propasara hoy con una mujer de buena cuna o intimidara mañana a un mercader carecía por completo de importancia. La prefectura de la Capital Oriental toleraba tácamente los despojos cometidos por los poderosos, pero a condición de que donaran plata y granos para aplacar a la inmensa masa de damnificados y plebeyos. Así como también costear los fondos militares y las provisiones del Ejército Tiance. La mujer que Yuan Feng sostenía en su regazo era en origen la joven esposa con quien el comerciante de té había contraído segundas nupcias. Yuan Feng le tendió una trampa al mercader hasta dejarlo en la ruina y, el mismo día en que acudió con los pagarés a apropiarse por la fuerza de la residencia, el comerciante condujo dócilmente a su cónyuge hasta su lecho. Al principio, la dama se mostró altiva y feroz; tras haber sido mancillada, lloraba a mares intentando quitarse la vida. Yuan Feng no se molestó en impedírselo; simplemente le advirtió que, si deseaba buscar la muerte, era libre de hacerlo, pues no le faltarían otras mujeres para calentarlo en la cama; no obstante, si decidía quedarse, aún podría disfrutar de manjares selectos, ropajes de seda y una vida colmada de opulencia. Ella acabó cediendo a medias. Apenas había transcurrido una decena de días, y ya se contoneaba con una coquetería que en nada desmerecía a la de las bailarinas de las regiones occidentales. Acariciando con la palma de la mano los glúteos carnosos y turgentes de la mujer, a Yuan Feng le picó el apetito y se dispuso a cargar a la beldad rumbo a la alcoba para desahogar sus placeres. En ese instante, uno de los subordinados de guardia nocturna irrumpió apresuradamente en el salón y anunció: "Amo Yuan, ha llegado un monje a las puertas. Dice que desea obsequiarle mil taeles de plata." \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 72 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.