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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 71 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El Estudio Ruyuan se encontraba al pie del muro del sector sur, justo al final de la Calle de la Encrucijada. Era el único establecimiento en todo el Mercado Wugeng que ostentaba un letrero en su fachada. En ese momento, las tablas de madera que cerraban el acceso permanecían atrancadas, pero frente a la entrada se apretujaba una multitud: algunos aguardaban en cuclillas, otros de pie y no pocos paseaban de un lado a otro con evidente inquietud. Al contemplar semejante escena, Huangfu Yi hizo un esfuerzo por despabilarse y comentó con una sonrisa: "El negocio del hermano Gao es verdaderamente próspero. Con razón no se decidía a abandonar esta tienda". Gao Mei echó un vistazo a la muchedumbre reunida afuera, pero en sus ojos no asomó el menor atisbo de júbilo. En tono mesurado, indicó: "Entraremos por la puerta trasera. Síganme". Guió a los dos compañeros por un callejón estrecho hasta la parte posterior del inmueble y se detuvo ante dos hojas de madera negra firmemente cerradas. \*Toc, toc, toc...\* Gao Mei llamó a la puerta durante unos instantes hasta que las hojas se abrieron con un chirrido agrio que destemplaba los dientes. Tras el umbral apareció un anciano de pelo cano, ataviado con ropas de tela sencilla. Sus facciones eran singulares: una pronunciada nariz aguileña y ojos rasgados y afilados cuya mirada cortaba como el filo de una hoja. Al ver a Gao Mei, la hosca rigidez de su semblante se suavizó un poco e hizo una reverencia: "Joven Maestro Mayor, ¿cómo es que recién regresa?". Mientras hablaba, el anciano de nariz aguileña recorrió con la vista a los dos acompañantes, demorándose un segundo en Yan Shixu. Gao Mei cruzó el umbral y los presentó: "Estos dos caballeros son mis condiscípulos de la Academia Daoísta; anoche descansé en casa de Boheng. Él es el tío Hong. Antes de que yo ingresara a la vida monástica, era mi mayordomo, y tras volver al mundo secular, se quedó a mi lado para asistirme". Yan Shixu juntó las manos de inmediato en señal de respeto: "Este humilde es Yan Shixu, de nombre de cortesía Boheng". Huangfu Yi añadió: "Huangfu Yi. El anciano puede llamarme simplemente Ziyao". "No me atrevería, bajo ningún concepto. Los amigos del Joven Maestro Mayor son huéspedes de honor". El tío Hong hizo un ademán hospitalario. "Por favor, pasen al interior a conversar". Yan Shixu observó al tío Hong y no pudo evitar murmurar para sus adentros: '¡Uno tras otro, todos tienen a maestros formidables como sirvientes, menos yo! Todo por culpa de mi cuñado, que es un inútil redomado; tras pasarse más de media vida holgazaneando, apenas aprendió cuatro trucos mediocres de artes marciales'. Pero pensándolo con detenimiento, si su cuñado fuese un auténtico prodigio marcial, ¡muy probablemente sería él quien terminaría sirviéndole como criado! Al cruzar la puerta trasera, la vista se abrió a un patio cuadrangular tradicional: la vivienda principal se erigía en el ala norte, flanqueada al este y al oeste por dos pabellones laterales, mientras que al sur se extendía la tienda delantera. Gao Mei se dirigió con paso resuelto hacia la estancia principal. Yan Shixu y Huangfu Yi lo siguieron de cerca y, tras rebasar el umbral, abarcaron el interior con la mirada. La sala principal era un pequeño santuario budista provisto de una mesa de ofrendas donde reposaban velas y un incensario. Detrás de la mesa caían cortinas de tela cruda cubiertas de densos caracteres con escrituras sagradas. Además, los muros lucían murales policromados que representaban nueve cabezas de Buda, junto a numerosos bodhisattvas y protectores del dharma. El tío Hong se adelantó para prender las velas con una mecha de yesca y comentó: "Anteayer difundí la noticia de que abriríamos anoche, pero como el Joven Maestro Mayor no regresó, ahora el frente está atestado de gente". Gao Mei suspiró con pesadumbre: "Hay demasiada gente... La situación en la Capital Oriental empeora por momentos". El tío Hong apagó la mecha de yesca de un soplo y dijo: "Prepárese, Joven Maestro Mayor; este viejo siervo irá de inmediato a abrir las puertas". Dicho esto, se retiró de la sala principal. La estancia quedó sumida en un denso silencio. Huangfu Yi, de temperamento inquieto e incapaz de soportar semejante calma, señaló a Gao Mei: "¡El Primer Hermano!". Luego apuntó hacia Yan Shixu: "¡El Segundo Hermano! Yo soy el Cuarto Hermano... Nos falta un Tercer Hermano entre nosotros". Apenas terminó de decirlo, Huangfu Yi sacudió la cabeza con rapidez: "No, no, no... Jamás debemos buscar a un Tercer Hermano, da muy mal agüero". Al notar la perplejidad en los rostros de sus dos compañeros, no pudo contener una risa y explicó: "Mingzong fue el tercer hijo en su línea sucesoria, y le fascinaba que las consortes imperiales, sus eunucos de confianza y los ministros predilectos lo llamaran 'Tercer Hermano'. Es una broma que solo entendemos los oriundos de Chang'an". '¿Acaso la corte imperial sabe que ustedes, los de Chang'an, se burlan de esas cosas a sus espaldas? Además, qué chiste tan soso', censuró Yan Shixu en su fuero interno. En ese instante, Gao Mei se acercó a la mesa de ofrendas, apartó las cortinas y se deslizó hacia el interior. Detrás de la tela no se veneraba ninguna efigie de Buda ni de bodhisattva; únicamente había un cojín de meditación. Gao Mei tomó asiento con las piernas cruzadas y su voz emergió desde detrás de la cortina: "Una vez que entre en trance meditativo, no podré moverme. Hará falta alguien que reciba y entregue los objetos; ustedes dos actuarán como mis protectores del dharma. Les explicaré las normas del establecimiento y las frases de rigor. Ziyao, no vayas a soltar disparates dentro de un rato". "Descuida, descuida", asintió Huangfu Yi con desbordante entusiasmo. A continuación, Gao Mei les detalló las pautas de la tienda y el protocolo que debían observar al hablar. Tras el tiempo que toma beber una taza de té, tocaron a la puerta de la sala. Yan Shixu y Huangfu Yi cruzaron miradas, y este último carraspeó para aclarar la garganta antes de ordenar: "¡Adelante!". La puerta se abrió para dar paso a un hombre regordete de mediana edad. Llevaba un turbante de alas caídas y una túnica talar de fina seda azul marino, de porte sumamente respetable. El recién llegado recorrió el entorno con la mirada, encendió las varas de incienso adquiridas en la tienda delantera, las clavó en el incensario y cayó de hinojos sobre el cojín de rodillas. Yan Shixu enderezó la espalda, clavó la vista al frente y proclamó con gravedad solemne: "¿Qué anhelo traes ante nosotros? ¡Explícalo con detalle! El Maestro Zen Ruyuan se encargará de concedértelo". Apenas terminó de hablar, sintió que sonaba idéntico a un charlatán de feria, y una oleada de vergüenza le subió al rostro. Huangfu Yi, en cambio, carecía por completo de pudor. Con semblante severo, adoptó un tono aún más solemne y propio de un consumado embaucador: "Las reglas de este recinto son precisas: no se permite obrar el mal por iniciativa propia, no se toleran delirios descabellados, ni se concede la petición de caudales o grano. ¡Todo lo demás es admisible!". Postrado en el cojín, el hombre asintió una y otra vez antes de articular con voz temblorosa: "Este devoto creyente se llama Zhou Shanhe, reside en el Barrio Tongli y regenta un negocio de telas de seda. El terrateniente Zhao, del mismo barrio, lleva largo tiempo codiciando mi patrimonio familiar y goza de poderosos padrinos a sus espaldas. En el pasado, gracias a los contactos y favores forjados por mi difunto padre, no teníamos motivo alguno para temerle; sin embargo, el año pasado mi señor padre cayó postrado por una grave enfermedad. Recorrí cielo y tierra en busca de facultativos insignes, pero el mal se ha dilatado hasta hoy y ya ni las medicinas ni los remedios surten efecto. "En cuanto mi padre fallezca, toda la red de favores de antaño se vendrá abajo, y los bienes de mi familia Zhou serán devorados sin contemplaciones por el terrateniente Zhao. Le suplico al Maestro Zen Ruyuan que salve la vida de mi padre...". Zhou Shanhe golpeó la frente contra el suelo con desesperada insistencia. Justo cuando Yan Shixu abría la boca para intervenir, Huangfu Yi se le adelantó con impostada severidad: "¿Has traído sus ocho caracteres natales?". Gao Mei había dejado instrucciones precisas: quien pidiera un deseo debía proporcionar sus ocho caracteres de nacimiento. "¡Sí, sí, los tengo!", Zhou Shanhe se apresuró a sacar una tira de papel. "Hace un momento, en la tienda delantera, el tendero me hizo escribirlos". Huangfu Yi dio un paso al frente para tomar el papel. Se acercó a la cortina, pero no lo introdujo de inmediato; en su lugar, cerró los ojos y murmuró entre dientes, haciendo aspavientos ceremoniosos durante un buen rato antes de inclinarse y pasar el papel al interior, diciendo: "Maestro Zen Ruyuan, ya he purificado el hálito mundano con el Dharma budista. Por favor, revíselo". A continuación regresó a su posición original y permaneció inmóvil, como un leal protector del Dharma. Tras la cortina reinó un silencio sepulcral. En medio de la tensa y expectante espera de Zhou Shanhe, al fin resonó una voz grave y magnética: "Mañana, al inicio de la hora Chen, espera fuera del Pabellón Xiangzhuang, en el Barrio Baokang. Un daoísta de más de ocho pies de estatura entrará al establecimiento para vender Píldoras de Embellecimiento Facial. Intercepta su paso, infórmale del estado de salud de tu respetable padre y dile que estás dispuesto a pagar diez sartas de monedas por una píldora". La voz reverberó en capas por toda la habitación, como si descendiera desde lo más alto del firmamento. Yan Shixu y Huangfu Yi miraron al unísono hacia la cortina con expresión de asombro. '¿Cómo se las ingenia para producir un efecto de sonido tan misterioso y majestuoso?' Zhou Shanhe vaciló: "¿Con... con eso basta?". No hubo respuesta desde el interior de la cortina. Huangfu Yi intervino con tono sereno: "Limítate a seguir las instrucciones. Tu deseo se cumplirá mañana. Puedes marcharte". Zhou Shanhe se debatió entre la fe y la duda. Había llegado allí por recomendación de un amigo y en un principio desconfiaba, pero como su conocido ponía al Estudio Ruyuan por las nubes, decidió probar suerte. Al ver la marea humana que abarrotaba el exterior de la tienda para formular sus súplicas, sus sospechas se habían apaciguado bastante. Pero ahora, la incredulidad volvía a asaltarlo. Como veterano curtido tras tantos años a flote en el mar del comercio, había visto demasiadas estafas semejantes. "Si tu corazón es sincero, haz lo que se te indicó. Si temes ser engañado, vuelve mañana". Zhou Shanhe lo sopesó un momento; al fin y al cabo, solo había gastado cincuenta monedas de cobre en tres varillas de incienso. Incluso si se trataba de un fraude, su pérdida apenas ascendería a cincuenta monedas. Para él no era más que calderilla. Además, si no funcionaba, el Estudio Ruyuan no se esfumaría de la noche a la mañana: el monje podía huir, pero el templo se quedaba en su sitio. Con el ánimo algo más tranquilo, aunque con el corazón todavía apesadumbrado, se puso de pie y se marchó en silencio. Una vez que el hombre se hubo marchado, Yan Shixu miró hacia la cortina y preguntó con perplejidad: "¿Cómo sabes que el Maestro Daoísta Lianyangzi irá mañana al Barrio Baokang?". Le había bastado escuchar la descripción para reconocer que Gao Mei se refería a Lianyangzi. Gao Mei no respondió; daba la impresión de que solo podía atender a los devotos y no estaba permitido conversar de temas banales. En ese instante, Huangfu Yi exclamó de repente con sorpresa: "El incienso se apagó". Yan Shixu siguió la dirección de su mirada: las tres varillas de incienso que Zhou Shanhe había encendido se habían consumido por completo sin que se dieran cuenta. Unos minutos después, la puerta de la estancia volvió a abrirse. En esta ocasión entró una mujer del pueblo, vestida con ropas toscas de tela burda y una sencilla horquilla de espino en el cabello; tenía el semblante demacrado y los ojos inyectados en sangre, como si llevara una eternidad sin pegar ojo. Encendió en silencio tres varillas de incienso, se arrodilló ante el cojín de oración y gimió desconsolada: "Mi... mi niña se perdió. Desapareció hace diez días y yo... no la encuentro por ninguna parte. Ayúdeme, por favor, se lo suplico, ayúdeme". Golpeó la frente contra el suelo una y otra vez como un mazo en un mortero, produciendo secos golpes sordos. Huangfu Yi la contempló, suavizó el tono y le pidió con gentileza: "Los ocho caracteres de nacimiento". La mujer extrajo presa del pánico una tira de papel de su pecho. Huangfu Yi la tomó. Esta vez se abstuvo de añadir teatralidad por cuenta propia y la deslizó en silencio tras la cortina. Tras un breve mutismo, aquella voz grave y superpuesta, semejante a un eco llegado de más allá de los cielos, resonó en el recinto: "Ya no pertenece al mundo de los vivos". Al pronunciar aquellas palabras, las tres varillas de incienso en el incensario se extinguieron al unísono. "Ve a la tienda delantera y avisa al tendero; él te devolverá el dinero de las ofrendas", ordenó de nuevo la voz solemne y reverberante. La mujer, sin embargo, pareció no oír nada. Se quedó rígida en su sitio, como si le hubieran arrancado el alma y la vitalidad del cuerpo, transformada de pronto en una tosca talla de madera. De inmediato estalló un llanto desgarrador, mitad lamento fúnebre, mitad rugido de agonía. Yan Shixu y Huangfu Yi la contemplaron en silencio, con el semblante ensombrecido por la pesadumbre. El llanto de la mujer fue apagándose poco a poco. Se enjugó las lágrimas, se postró unas cuantas veces más y se marchó dando traspiés. Llevaba una expresión vacía y entumecida al cruzar el umbral. Durante las horas siguientes, los devotos entraron y salieron uno tras otro. Yan Shixu y Huangfu Yi presenciaron el desfile de los más diversos estratos del pueblo llano. Sus anhelos eran dispares: comerciantes cuyas ventas zozobraban, cortesanas despojadas de todos sus ahorros por amantes traicioneros, ancianos arrojados a la calle por hijos ingratos, familias acomodadas que habían sufrido robos y buscaban dar con el ladrón, mujeres que tras años de matrimonio no lograban concebir y soportaban el maltrato y las vejaciones cotidianas de la familia política... Huangfu Yi se tornó cada vez más taciturno, con el semblante ensombrecido por una gravedad creciente, hasta que paulatinamente guardó un mutismo absoluto. Cuando la noche ya se cernía profunda y densa, entró un mercader. El satén que vestía era de buena calidad, pero sus bocamangas estaban cubiertas de manchas y el cuello lucía renegrido por la grasa acumulada de un uso prolongado. Pese a encontrarse en la flor de la madurez, su cabello ya clareaba en canas. Era de complexión enjuta y su túnica de cuello redondo le colgaba holgada del cuerpo; tenía las mejillas hundidas y una mirada extraviada, fija en la nada y carente de enfoque. Caminaba, además, arrastrando una cojera evidente. Yan Shixu casi lo tomó por un cadáver andante. El hombre prendió en silencio tres varillas de incienso, las clavó en el incensario y se arrodilló sobre el cojín sin pronunciar palabra. La estancia quedó sumida en la quietud; el hombre se demoraba en hablar. Al notar lo insólito de aquel devoto, Huangfu Yi no pudo contenerse y preguntó: "¿Cuál es tu deseo?". El hombre clavó los ojos en la cortina y murmuró con voz ronca: "Quiero matar a una persona". Yan Shixu frunció el ceño y advirtió con severidad: "Las reglas del establecimiento prohíben obrar el mal deliberadamente". El hombre pareció no haber escuchado y repitió con aquella voz áspera y quebrada: "¡Quiero matar a una persona!". "¿A quién?", inquirió la voz grave y superpuesta desde el interior de la cortina. Un odio monumental y desbordante brotó en los ojos del hombre: "¡Al líder de la Banda de la Palma de Hierro, Yuan Feng!". Las tres varillas de incienso brillaron de pronto con un vivo fulgor y se consumieron hasta las cenizas en un parpadeo. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 71 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.