Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 69 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Habiendo recorrido el mundo de norte a sur durante más de diez años, su cuñado se quedó perplejo por un instante ante la pregunta, y escupió:
"¡Largo, largo! Gusanos son los que tienes tú en la cabeza."
'¡Es que los tengo!', pensó Yan Shixu. Cambiando el enfoque, preguntó:
"¿Mi hermana sabe de brujería Gu?"
Su cuñado lo meditó con detenimiento y negó con la cabeza:
"Tu hermana no sabe de brujería Gu. Esas artes proliferan en Nanzhao y los Mares del Sur, pero rara vez se ven en las Llanuras Centrales. Por lo que sé, el legado de la brujería Gu siempre ha sido un secreto absoluto; solo se transmite dentro de los clanes y entre parientes consanguíneos."
Quizá su hermana no le revelaría a su cuñado que albergaba un insecto Gu en su mar de la conciencia, pero si estuviera en la misma situación que él, sin duda sabría emplear la brujería Gu.
Visto de ese modo, ¿acaso esta porquería de verdad se transmitía solo a los varones y no a las mujeres?
Yan Shixu cambió de tema y preguntó:
"Cuñado, ¿acaso conoces la brujería Gu?"
El sacerdote daoísta tomó la calabaza de vino, dio un buen trago y recordó:
"Cuando era niño, mis padres murieron temprano a causa de una enfermedad. Mi hermano mayor me crio a duras penas, pero cuando alcancé la juventud, él también partió. Entonces, mi sobrino me echó de la casa..."
Yan Shixu pensó para sus adentros: 'Vaya tela, nuestros libretos se parecen demasiado'.
Su cuñado jamás le había contado estas cosas en el pasado. Quizá al ver que por fin había crecido y ya no era un chiquillo, comenzaba a abrirle el corazón.
"De joven vagué a la deriva por el mundo y trabé amistad con un hermano jurado del Circuito de Jiangnanxi. El Circuito de Jiangnanxi es igual que el de Yuedong: abundan las montañas y escasean los campos de cultivo, y las costumbres locales son feroces y aguerridas. Los potentados ricos y poderosos de allí se dedican exclusivamente a dos actividades: ser piratas del mar o ser mercaderes marítimos", relató su cuñado.
Yan Shixu intervino:
"¿Cuando hay negocio son comerciantes marítimos, y cuando no lo hay, se convierten en piratas?"
Su cuñado lo miró pasmado:
"¿Cómo lo supiste?"
'En las regiones costeras y con una geografía de colinas agrestes, no queda más remedio que vivir así para subsistir. ¡A eso se le llama determinación del entorno sobre las costumbres!', pensó Yan Shixu, pero respondió con evasivas:
"Durante este tiempo en la Academia Daoísta, he leído todos los registros geográficos de las distintas prefecturas y circuitos. Continúa, cuñado."
"Aquel hombre me contó muchas historias sobre cómo los héroes del bajo pueblo forjaban su grandeza. Lo medité un poco y, considerando que de todos modos mi vida no valía un ardite, decidí marcharme con él al Circuito de Jiangnanxi. Tomamos un barco hacia el sur, resueltos a labrarnos un porvenir en los Mares del Sur. Durante todo el trayecto estuve henchido de elevadas aspiraciones, soñando con destacar entre la multitud y regresar a mi tierra natal cubierto de brocados de seda, para que mi sobrino, los miembros de mi clan y mis vecinos me miraran con respeto y admiración". Su cuñado suspiró hondamente: "El barco navegó a la deriva hasta llegar a Nanzhao..."
"¿Y qué pasó después?"
"¡Después me vendió!"
"..."
"En fin, pasé unos cuantos años rebuscándome la vida en Nanzhao. La brujería Gu es sumamente común allí, tan habitual como los artistas marciales en las Llanuras Centrales. No obstante, las artes Gu verdaderamente supremas solo circulan entre las tribus. Y de todas ellas, la Tribu Zhuli es la más misteriosa y formidable."
¿La Tribu Zhuli dominaba la brujería Gu y además era la más misteriosa y poderosa?
Y aquel monstruo en su mar de la conciencia le había ordenado encontrar el antiguo Reino de Zhuli...
Una chispa de lucidez brilló en la mente de Yan Shixu, y preguntó de inmediato:
"Cuñado, ¿conoces la situación de la Tribu Zhuli?"
Su cuñado hizo memoria:
"La Tribu Zhuli mantiene un perfil extremadamente bajo en Nanzhao; no intervienen en los asuntos de la corte imperial y los suyos rara vez abandonan sus tierras. Por eso apenas gozan de fama en las Llanuras Centrales, pero los auténticos maestros de la brujería Gu en Nanzhao le temen profundamente a esa tribu."
Yan Shixu insistió:
"¿Hay algo más?"
Su cuñado tomó otro sorbo de vino y chasqueó la lengua:
"Me vendieron como peón de carga, no fui allí de paseo. ¿Cómo voy a saber tanto?"
Mientras hablaban, Huangfu Yi y Gao Mei salieron de la habitación principal. Este último exclamó con voz potente:
"Cuñado, tengo hambre. Me gustaría comer otra vez fideos fríos de hojas de acacia y pollo al vinagre. Yo puedo ayudar a machacar las hojas."
Había llegado la hora del almuerzo.
Su cuñado comentó con indolencia:
"Se acabó el vinagre en casa. Segundo hermano, ve a comprar unos cuantos jins. De paso, da una vuelta por la Tienda Tang... En fin, todavía tengo que pensar mejor lo de tu matrimonio con Tang Shuang; con que lleves dos sartas de monedas será suficiente. Por la tarde iré yo mismo a buscar a una casamentera."
Mientras murmuraba para sí, se encaminó hacia la cocina:
"Nada de mujeres foráneas, nada de hijas de mercaderes, nada de plebeyas... Hmmm, para desposar a la hija legítima de un funcionario noble, cien taeles de plata tal vez no alcancen del todo."
Yan Shixu salió al encuentro de sus dos compañeros de residencia:
"Esperen un momento."
Regresó a la estancia principal, tomó cuatro sartas de monedas, las ató firmemente en un envoltorio de tela y volvió al patio con una sonrisa:
"Los llevaré a comer a un restaurante."
"¿Qué significa 'comer a un restaurante'?", preguntó Huangfu Yi.
"Significa comer fuera."
Encabezó la marcha con ambos y, por el camino, les explicó de forma somera su relación con la Tienda Tang.
La fachada de la Tienda Tang estaba abierta de par en par, solo que no había clientes.
El padre Tang estaba sentado tras el mostrador, deslizando las cuentas del ábaco con el ceño profundamente fruncido por la preocupación. Tang Shuang, por su parte, se hallaba sentada frente a una mesa cuadrada, apoyando la barbilla en su manita mientras miraba hacia la calle, embobada.
"¡Hermano Yan Segundo!"
Los ojos de Tang Shuang resplandecieron y salió a recibirlo llena de júbilo.
La muchacha poseía una figura ágil y grácil. Se abalanzó como un pequeño lechón a la carrera y por poco choca de lleno contra su pecho, pero justo cuando Yan Shixu extendió los brazos para recibirla, ella frenó sus pasos en seco.
"¿Ya regresaste de la fundición oficial?" Su rostro resplandecía con la luminosidad de un sol otoñal al amanecer, y sus ojos y cejas desbordaban alegría.
Yan Shixu asintió con un par de gruñidos evasivos y desvió el tema:
"Estos dos son buenos amigos míos que vinieron a visitarme a casa. Los traje para comer sopa de láminas de masa."
Tang Shuang posó la vista sobre ellos y saludó sonriente:
"Saludos a ambos jóvenes caballeros."
Gao Mei asintió con porte sobrio:
"Un placer, señorita."
Huangfu Yi bromeó con una sonrisa pícara:
"El hermano Boheng cuenta con una amiga de la infancia tan sobresaliente; de verdad despierta la envidia de cualquiera."
Tang Shuang poseía la nariz prominente y los ojos profundos característicos del pueblo Sute. Sus facciones eran tan delicadas como si hubieran sido esculpidas, y su piel era tan blanca como la leche; incluso dentro de la etnia Sute, resultaba una belleza deslumbrante.
Con Yan Shixu a su lado, Tang Shuang esbozó una sonrisa recatada:
"Por favor, tomen asiento, señores. Son el primer y el segundo cliente de nuestro establecimiento el día de hoy, así que la casa invita."
Desde detrás del mostrador, el padre Tang soltó un bufido.
Yan Shixu tomó a Tang Shuang y se acercó al mostrador. Dejó caer el bulto de tela, produciendo un golpe sordo y pesado sobre la madera.
Al oír el sonido, el padre Tang supo al instante la cantidad exacta y abrió los ojos atónito:
"Es... esto es..."
Tang Shuang desató de prisa el hatillo, miró con atención y soltó un grito de asombro:
"¡Caramba, cuánto dinero!"
"Mi cuñado me dijo que la Tienda Tang andaba corta de plata y apenas tenía para poner la olla al fuego. Da la casualidad de que me topé con una pequeña fortuna afuera, así que te presto tres sartas de monedas para que salgas del apuro." Yan Shixu colocó las manos a la espalda y alzó el mentón en un ángulo de cuarenta y cinco grados.
Al padre Tang le costó un enorme esfuerzo apartar la mirada del envoltorio, y preguntó:
"¿Tu cuñado sabe de esto?"
Yan Shixu asintió con la cabeza.
El padre Tang se puso de inmediato a la defensiva:
"¿Qué condiciones exige? Si son excesivas, no pienso aceptar."
Al decir esto, el padre Tang miró de reojo a su hija con el rabillo del ojo.
"Tío Tang, después de tantos años siendo vecinos del barrio, esas palabras están de más", aseguró Yan Shixu, indicando que no había condición alguna.
El padre Tang mostró sospechas:
"Ese tipo siempre ha sido un tacaño miserable. ¿Desde cuándo es tan generoso? Quien muestra tanta cortesía sin motivo, o es un bribón o un ladrón."
'En cierto modo, ¡la reputación de mi cuñado en el barrio está bien consolidada!', se burló Yan Shixu para sus adentros.
"He comido el desayuno en la Tienda Tang durante tantos años; considéralo como saldar esa cuenta."
El padre Tang guardó silencio durante unos segundos antes de responder:
"Lo de aquellos años que sirva como los intereses. Haré todo lo posible por devolvértelo en un plazo de tres meses."
'En teoría, a la Tienda Tang no debería faltarle el dinero a este extremo...', pensó Yan Shixu tras reflexionar un instante, pero prefirió no indagar.
"Muchas gracias, hermano Yan Segundo." Tang Shuang corrió radiante de alegría hacia la cocina interior.
Un cuarto de hora más tarde, Tang Shuang salió portando una bandeja y sirvió tres humeantes cuencos de sopa de láminas de masa.
El caldo de color tostado lucía gotas de grasa flotando en la superficie, y sobre las láminas de masa blanca como la nieve reposaba una generosa cucharada de salsa de carne picada.
Los tres se inclinaron sobre sus cuencos y devoraron la comida con entusiasmo.
Una vez que empezaron a sorber el caldo, Tang Shuang, que lo tenía todo planeado de antemano, intervino:
"Ambos señores son amigos del hermano Yan Segundo, lo que significa que son de los nuestros. Nuestro establecimiento puede obsequiarles una bendición del Dios del Fuego."
Gao Mei la miró sorprendido.
Huangfu Yi se mostró sumamente extrañado:
"¿Oh? ¿Acaso la hermanita Tang Shuang es una Oficial Invocadora de Fuego del Culto del Fuego Sagrado?"
Tang Shuang imitó al Yan Shixu de hacía un momento, zanjándolo con un par de gruñidos evasivos antes de cambiar apresuradamente de conversación:
"Denme sus manos."
Huangfu Yi se entusiasmó al instante y dijo:
"Hace tiempo que escuché que la bendición del Dios del Fuego del Culto del Fuego Sagrado puede expulsar el mal, purificar las impurezas y fortalecer el cuerpo. Sin embargo, el Culto del Fuego Sagrado es sumamente receloso con los forasteros y sus ceremonias sacrificiales no permiten que personas de otras etnias las presencien, por lo que jamás había tenido la fortuna de conocerla. ¡Vaya por delante mi agradecimiento a la hermana Tang Shuang!".
'¡No cantes victoria tan pronto!'. Yan Shixu bajó la cabeza, bebió de su sopa y contempló el espectáculo en silencio.
Tang Shuang sujetó con firmeza las muñecas de ambos, cerró los ojos y comenzó a musitar un conjuro.
Al poco tiempo, Huangfu Yi y Gao Mei sintieron una oleada de calor penetrar desde las palmas de la joven, fluyendo a lo largo de sus brazos hacia el interior de sus cuerpos.
Pero no tardaron en notar que algo marchaba mal.
"Eh... esto... Hermana Tang Shuang, ¿por qué siento que está dando tumbos de un lado a otro dentro de mi cuerpo? ¿Esto es normal?".
Gao Mei frunció el ceño. Definitivamente no era normal; que el elemento ígneo se desbocara y perdiera el control dentro de los meridianos entrañaba un peligro mortal.
El rostro de Gao Mei fue adquiriendo un rubor progresivo y un calor sofocante envolvió todo su ser, murmurando: "¿Oh? ¿Acaso existe en este mundo semejante arte divino?".
En la nariz de Tang Shuang asomaron gotas de sudor: "No se preocupen, yo... yo tengo una amplísima experiencia manipulando el fuego. Enseguida haré que se dispersen".
Yan Shixu se sobresaltó: "¡Cuidado con el punto de detonación...!".
Al instante siguiente, Gao Mei y Huangfu Yi cayeron de bruces sobre la mesa en medio de un quejido atroz, con los rostros tornándose lívidos de golpe.
Tang Shuang miró a Yan Shixu con ojos desvalidos y compungidos.
...
Herrería Tang.
Huangfu Yi avanzaba hacia el interior abriendo las piernas al andar, tembloroso a cada paso, mientras mascullaba sin cesar: "¡Nada más venenoso que el corazón de una mujer, nada más despiadado...!".
Gao Mei, con una expresión de hondo sufrimiento, daba pasitos cortos y contenidos.
"Boheng, sabiendo perfectamente que la señorita Tang Shuang carece de destreza en su arte, ¿por qué demonios no nos advertiste?", increpó Gao Mei con voz sombría.
'Siendo tan buenos hermanos, si a mí ya me tocó empaparme bajo el aguacero, ¿cómo iba a permitir que ustedes llevaran paraguas?'. Yan Shixu soltó un prolongado suspiro: "Tampoco imaginé que no hubiera progresado ni un ápice. Un grave error de cálculo, un error imperdonable".
A causa de semejante contratiempo, la partida programada para la tarde hacia el Barrio Zhende tuvo que posponerse.
Huangfu Yi, con la voz quebrada al borde del llanto, insistía en que necesitaba ver a un médico.
Al enterarse de lo ocurrido, el cuñado lo arrastró a la habitación lleno de entusiasmo y, tras una exhaustiva maniobra palpatoria al estilo de 'el mono acaricia el melocotón', lo reconfortó: "No es nada grave, no es nada grave".
Yan Shixu añadió a su lado para calmarlo: "Mi cuñado entiende un poco de medicina; en sus primeros años incluso se ganaba la vida estafando incautos con píldoras de vigor milagroso".
Huangfu Yi giró sobre sus talones al instante: "Me voy a ver a un médico de verdad".
Gao Mei, por su parte, prefirió quedarse: "Entraré a descansar un momento".
En el patio permanecieron Yan Shixu y su cuñado. Este último continuó trenzando canastos de bambú para vender, mientras que Yan Shixu acarreó maderos de repuesto.
Tenía la intención de fabricar una ballesta de mano de repetición.
La gran virtud de la saeta de manga residía en su ocultamiento y facilidad de transporte; al desatar un ataque furtivo durante un combate cuerpo a cuerpo, dejaba al adversario indefenso.
Sin embargo, a la saeta de manga le faltaba energía cinética y, a menos que perforara un órgano vital, difícilmente infligía un daño letal. La saeta disparada por una ballesta de repetición era un asunto muy distinto: poseía un extraordinario poder de penetración y una pegada devastadora, mucho más conveniente para los enfrentamientos que estaban por venir.
También necesitaba forjar una nueva daga.
Además, en el \*Compendio del Ingenio Celestial\* figuraba un artefacto oculto propio del Reino del Corazón de Artesano, y daba la casualidad de que en la casa contaban con los materiales necesarios.
"Cuñado, quiero forjar unas cuantas 'esferas triturahuesos de mil agujas'", susurró Yan Shixu en voz baja.
El cuñado soltó un bufido socarrón: "Para eso tendrías que haber desarrollado primero el Corazón de Artesano...".
De pronto abrió los ojos de par en par, clavándole una mirada atónita, y tanteó con recelo: "¡¿Has entrado en el Reino del Corazón de Artesano?!".
Yan Shixu exhibió una indiferencia absoluta: "Es solo el Reino del Corazón de Artesano, ¿a qué viene tanto aspaviento?".
El cuñado estuvo a punto de romper a llorar de pura dicha, como un anciano padre que por fin contempla cómo su vástago se convierte en un prodigio: "A tu edad, habiendo alcanzado el Reino del Corazón de Artesano, el Reino Terrenal está a tu alcance en esta vida. ¿Acaso la fortuna de la familia Yan por fin ha cambiado de rumbo? ¡Por fin podremos vivir con holgura!".
Su mente comenzó a urdir planes sin demora:
"El matrimonio ya no corre tanta prisa; las damas de familias ilustres de la Capital Oriental ya no están a tu altura. En el futuro, tu cuñado te llevará a Chang'an para que escojas esposa. Pero aun así conviene asegurar la descendencia. Pensándolo bien, Tang Shuang podría ser una concubina aceptable... No, no, no conviene, hemos sido vecinos por más de una década. Luego iré a la agencia de intermediarios a indagar un poco para buscarte una doncella de caderas anchas y buena fertilidad.
Si tienes el capricho por alguna mujer en los burdeles o casas de placer, también podríamos pagar su rescate para traerla como concubina".
Al oír aquello, Yan Shixu sacudió la cabeza con vehemencia: "Eso cuesta una fortuna, empieza en decenas de taeles de plata... ¡Bah! Cuñado, deja de hablar de mujeres a todas horas, como si a mí me quedaran dos días de vida. Al grano, ponte a trabajar y ayúdame primero a ensamblar una ballesta de repetición".
Regresó al interior de la casa, extrajo un ejemplar del \*Compendio del Ingenio Celestial\* y, siguiendo los esquemas con rigurosa precisión, se dispuso a fabricar los componentes mecánicos junto a su cuñado.
...
Al compás de los lúgubres tambores del anochecer, los tres abordaron una carreta de bueyes y arribaron lentamente al Barrio Zhende.
El carretero tiró de las riendas, negándose en redondo a avanzar un paso más, y advirtió:
"Señores, hemos llegado al Barrio Zhende. Los tambores del anochecer ya han comenzado a repicar y este barrio no es lugar para pasar la noche. Este anciano debe buscar cobijo antes de que el último tambor enmudezca".
Gao Mei descendió del vehículo y le explicó a un perplejo Huangfu Yi:
"El Barrio Zhende es un territorio al margen de la ley donde las autoridades jamás intervienen. Las bandas delictivas del Jianghu que se han afianzado aquí cuentan con el respaldo de las tropas de defensa de la ciudad; se limitan a recaudar impuestos y se desentienden de todo lo demás. Rufianes de toda calaña y origen acuden a este rincón para liquidar cargamentos robados. El llamado Mercado Wugeng es un mercado fantasma que cobra vida exclusivamente al caer la noche y no cierra hasta la quinta vigilia.
La gente honrada, por descontado, no pondría un pie aquí por voluntad propia".
Conversando en voz baja, los tres se internaron en el barrio.
Las precarias chozas del Barrio Zhende se amontonaban unas sobre otras en una maraña torcida y caótica, carente de traza urbana o concierto alguno, semejante a montículos de arena levantados al descuido por un chiquillo.
Dos calles en encrucijada daban forma al mercado nocturno de Wugeng. Los puestos y locales apostados a lo largo del camino carecían de estandartes comerciales y letreros identificativos, como si sus dueños dieran por sentado que la clientela sabría con exactitud a qué puerta llamar para conseguir lo que buscaba.
Conforme la penumbra se adueñaba del entorno, el tránsito peatonal fue cobrando densidad. Por doquier patrullaban hombres con sables al cinto, escudriñando la calle con miradas afiladas y amenazantes.
Yan Shixu y Huangfu Yi avanzaban a la zaga de Gao Mei, deambulando con parsimonia por el sendero.
En ese instante, un sujeto esquelético ataviado con una túnica andrajosa se les aproximó esbozando una sonrisa rastrera y zalamera:
"Jóvenes señores, la noche se nos echa encima. ¿No les apetecería pasar por mi morada a divertirse un rato? Mi pequeña tiene catorce años, justo en la edad en que requiere las caricias de un varón. Solo pido veinte monedas".
En un principio, Yan Shixu pensaba ignorarlo, pero al percibir el fondo de sus palabras clavó los pies en el suelo y frunció el ceño con aspereza: "¿Tu hija? ¿De catorce años?".
Creyendo haber encontrado un cliente complaciente, el demacrado individuo se iluminó de entusiasmo: "Si al joven señor le tienta la idea, no tiene más que seguirme".
El orondo propietario del comercio vecino, que descansaba apoyado contra el quicio de su entrada, soltó una carcajada burlona al oírlo: "Liu el Tercero, ¿acaso tu hija no estiró la pata hace apenas unos días?".
Liu el Tercero escupió al suelo con desprecio: "¡En mi choza hay más de una muchacha! ¡Largo, largo de aquí, no vengas a arruinarme el sustento!".
Los ojos del rollizo tendero brillaron con malicia y soltó una risilla cómplice: "¿Te trajiste a otra jovencita secuestrada? Mañana mismo me paso por tu tugurio a echar un vistazo".
"No hace falta aguardar a mañana, ven ahora mismo si gustas".
"De ningún modo, antes tengo que despachar el género de mi negocio".
Un punzante instinto homicida brotó en el pecho de Yan Shixu, pero la voz pétrea y queda de Gao Mei cortó el ambiente:
"¡Andando!".
El trío prosiguió la marcha. Huangfu Yi aspiró el aire, dirigió la mirada hacia una tienda ubicada a su izquierda y comentó: "Qué aroma tan apetitoso. Hermano Gao, Boheng, compremos un poco de carne y vino para disfrutar de un buen banquete esta noche".
Gao Mei desvió los ojos de soslayo hacia el comercio y su voz adoptó un tono todavía más tétrico: "La carne de ese establecimiento está impura".
"¿Impura?".
Recién llegados a aquel submundo, los dos jóvenes quedaron perplejos.
Gao Mei guardó silencio, aceleró el paso para poner distancia y, una vez que hubieron caminado un buen trecho, sentenció con frialdad:
"La carne del Mercado Wugeng solo se le vende a quienes están al borde de la inanición".
Yan Shixu ya intuía con horror la verdad.
El refinado noble Huangfu Yi, ajeno por completo a las atrocidades del mundo terrenal, insistió sin comprender: "¿Y eso por qué?".
Gao Mei lo miró a los ojos: "Lo que despachan allí es carne de cadáveres y... carne de niños".
El semblante de Huangfu Yi se petrificó al instante, y sus labios rompieron a temblar convulsivamente: "¡¿Cómo es posible semejante vileza?! ¡¿Cómo pueden cometer semejante monstruosidad?!".
Gao Mei replicó con indiferencia sombría: "Hoy en día, la Capital Oriental entera está infestada de lo mismo. Solo que los príncipes, marqueses y altos dignatarios como ustedes jamás bajan la vista para contemplarlo. Cuando los cronistas de las dinastías venideras consignen su tragedia en los libros de historia, apenas gastarán unos pocos trazos de tinta: 'Desastres bélicos y hambrunas asolaron la tierra; los hombres se devoraban entre sí'".
Tras aquellos dos episodios, ambos jóvenes, que en un principio acudían con la curiosidad de quien busca expandir sus horizontes, se sumieron en un mutismo sepulcral.
El Mercado Wugeng comerciaba con sustancias proscritas y daba salida a botines sangrientos; peces y dragones convivían en una ciénaga de pestilencia y corrupción moral. En un entorno como aquel, Gao Mei, que mantenía abierto un establecimiento propio, ¿qué clase de contrabando clandestino manejaba en realidad?
¿Eran de verdad simples deseos?
Con tales inquietudes martilleándoles la mente, los tres arribaron por fin a las puertas del Estudio Ruyuan.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 70
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 69
Estás leyendo el capítulo 69 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.