Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 68 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la zona restringida del almacén oficial.
Guiado por un escribiente, Yan Shixu deslizó la orden escrita de puño y letra por el Magistrado Yang a través de la estrecha abertura enrejada de madera.
"Espere un momento, por favor."
Tras verificar la autenticidad del documento, el funcionario a cargo del almacén cerró el postigo.
Al cabo de lo que tarda en consumirse una taza de té, la estrecha ventanilla volvió a abrirse. El encargado empujó desde el interior una bandeja de madera sobre la cual reposaban ordenadamente veinte lingotes de plata, cada uno de cinco liang de peso.
"Tráigame también un retazo de tela para envolverlos." Yan Shixu contempló los lingotes con los ojos encendidos de entusiasmo.
Resultaba que no solo los billetes rojos eran capaces de alegrarle el día a un hombre; la plata blanca y reluciente también conseguía desbocar la dopamina de cualquiera.
Bajo el sistema de la Gran Dinastía Sheng, un liang equivalía aproximadamente a una ristra de mil monedas de cobre; por tanto, cien liang eran exactamente cien ristras.
¿Qué se podía comprar con cien ristras de cobre?
Incluso en la Capital Oriental, donde los precios se disparaban día tras día, un dou de arroz apenas costaba doscientos cobres, una libra de carne de cordero rondaba los cincuenta, y una sirvienta para labores pesadas se conseguía por una ristra y quinientos cobres.
Y eso contratándola a través de los corredores legales de sirvientes.
En los barrios marginales donde se hacinaban los refugiados de las catástrofes, un solo dou de arroz bastaba para cambiarlo por una doncella relativamente sana.
Cien ristras de cobre eran más que suficientes para que Yan Shixu se diera una gran vida de lujos en la Capital Oriental; y si decidía marcharse con aquel dinero a alguna ciudad donde el coste de vida fuese normal, le alcanzaría para vivir a cuerpo de rey durante bastantes años.
¿Qué inventos ni qué negocios podían compararse con la velocidad a la que se amasaba el dinero sirviendo en los despachos del gobierno?
Yan Shixu tomó la tela y envolvió los lingotes de plata uno por uno con sumo cuidado.
Cargó el fardo a la espalda y salió del almacén. Cuando la luz matutina del sol le acarició el rostro, de repente experimentó una profunda claridad mental; cierta sombra, enterrada en lo más hondo de su corazón, se disolvió como la nieve de primavera.
Aquella sombra se llamaba "humildad servil".
Hacía apenas diez días, no era más que un condenado a muerte en cualquier momento, cuya existencia entera pendía de un simple antojo del Magistrado Yang, viéndose obligado a renunciar a toda dignidad para postrarse y arrastrarse.
Diez días después, aunque aún seguía metido en el cenagal, ya contaba con el respaldo y el capital suficientes para erguir la espalda y exigir: "¿Quieren que arriesgue el pellejo? Pues tendrán que pagar más".
Y aquel hombre que antes tenía en sus manos el poder sobre su vida y su muerte, ahora no tenía más remedio que ceder con dolor en el alma.
'No desprecies al caminante cubierto de lodo hoy, pues llegará el día en que alce la frente y sacuda el polvo.'
Yan Shixu sintió un súbito calor en el punto de acupuntura Baihui, como si una corriente de néctar celestial descendiera sobre él, nutriendo a toda prisa su Espíritu Primordial y expandiendo los confines de su mar de la conciencia.
Detuvo el paso y permaneció inmóvil bajo el alero.
'¿He roto la barrera?', pensó con el corazón dando un vuelco al advertir la transformación en su mar de la conciencia.
Sabía que su Espíritu Primordial estaba a punto de avanzar, pero había calculado que necesitaría entre tres y cinco días más de rigurosa meditación; no esperaba que el avance llegara precisamente en este instante.
"En efecto, para cultivar es indispensable que los pensamientos fluyan libres y sin trabas. El \*Sutra del Deambular Libre\* tenía razón: las cinco emociones de ira, alegría, apego, tristeza y miedo son grilletes; mientras no se rompan las cadenas, es difícil progresar." Yan Shixu saboreó con detenimiento las modificaciones que traía consigo ingresar al reino del "Corazón de Artesano".
El cambio más pronunciado era que su agilidad mental se había disparado; tenía la cabeza mucho más despejada, experimentando una auténtica sensación de "despertar del intelecto".
Cada escuela poseía sus propios métodos de contemplación reflexiva, y todas lograban fortalecer el Espíritu Primordial, pero los resultados que producían eran dispares.
Según las anotaciones que su hermana mayor había dejado en el \*Sutra del Corazón de la Observación de las Cosas\*, esta refinada metamorfosis del pensamiento analítico era una virtud exclusiva de las Artes Mohistas.
En segundo lugar, estaba la capacidad de percibir la voz de los "materiales" y el control sobre los objetos.
Bastaba con posar la mano sobre elementos pertenecientes al metal, la madera o la tierra para juzgar al instante su calidad, vislumbrando sus defectos internos y su durabilidad.
Los materiales compuestos no entraban en esta categoría.
El control de objetos, por su parte, le permitía influir y manipular de forma elemental aquellos artefactos forjados por sus propias manos.
Por último, estaba la apertura del mar de la conciencia.
Cuando una persona común meditaba, su mar de la conciencia no era más que una masa brumosa, y aquello que visualizaba permanecía sumido en la penumbra.
En el pasado, aunque Yan Shixu lograba imaginar escenas con nitidez asombrosa, todo lo que quedaba fuera de la imagen seguía siendo una nebulosa difusa.
Sin embargo, ahora cerró los ojos y percibió con absoluta claridad cómo brotaba una "semilla de fuego" en su mente. Aquella chispa se dispersó con lentitud, disipando el caos brumoso y ensanchando un espacio visible a su alrededor: un metro, dos metros, cinco metros, diez metros... De improviso, una criatura sumamente extraña apareció en su mar de la conciencia.
Aquella cosa parecía la cabeza de una larva de carne, colosal como una vivienda entera, provista de mandíbulas negras y afiladas, y dotada de un par de ojos escarlatas que relucían cual linternas gemelas.
Tras iluminar la cabeza del "gusano de carne", la chispa se extinguió lentamente; no porque la expansión del mar de la conciencia hubiera encontrado un obstáculo, sino porque Yan Shixu había alcanzado su límite.
'Realmente... estaba oculta en el caos de mi mar de la conciencia...'
Al posar los ojos en semejante engendro, Yan Shixu sintió que perdía la cordura a un ritmo alarmante; su cerebro se tornó aturdido y confuso, y sus emociones se volvieron frágiles e hipersensibles.
"Busca el Antiguo Reino de Zhuli..."
Una voz vasta, solemne y cavernosa resonó en los confines de su mar de la conciencia.
En ese instante, las dos linternas rojas proyectaron sendos haces de luz escarlata que iluminaron de lleno el Espíritu Primordial de Yan Shixu.
¡Bum!
Olas descomunales se levantaron en su mar de la conciencia. Yan Shixu sintió que su Espíritu Primordial se desmoronaba, se aniquilaba y volvía a recomponerse...
En el mundo real, cayó bruscamente de rodillas sobre el suelo, sujetándose la cabeza contra el pavimento con una mueca de dolor atroz y desencajada.
Su Espíritu Primordial parecía atravesar una metamorfosis incomprensible que se reflejaba en su cuerpo físico como si incontables agujas de acero perforaran su cráneo una y otra vez.
La agonía absoluta le arrebató la voz, hundiéndolo en un instante en un estado de semiinconsciencia.
El violento cambio llegó deprisa y se desvaneció con igual celeridad; en un abrir y cerrar de ojos, la reconstrucción concluyó y el tormento desapareció.
Yan Shixu se incorporó sobándose la cabeza adolorida e hinchada, descubriendo que se había establecido una conexión empática mutua entre él y la "larva" de su mar de la conciencia.
Percibió la intención que la criatura le transmitía: estaba hambrienta, y exigía devorar insectos Gu.
A cambio, él, como portador, obtendría una habilidad correspondiente al alimentarla con dichos bichos.
Con un límite estricto: solo una habilidad a la vez.
Por ejemplo, si la alimentaba con un Gu de control mental, Yan Shixu podría obtener un huevo de Gu cada mes, lo que le permitiría valerse del insecto hijo para manipular los corazones ajenos.
O bien, si la alimentaba con un Gu venenoso, su organismo adquiriría la facultad de segregar veneno.
Ambas capacidades no podían coexistir simultáneamente; debía elegir una, y la elección dependería del último espécimen con el que la hubiera alimentado.
"¿Y esto qué se supone que es? ¿Un as bajo la manga que llega con retraso?", murmuró Yan Shixu con una pizca de resignación burlona.
La belleza amnésica Gu Xiyin le había advertido que este tipo de entidades adheridas al mar de la conciencia saldrían a la luz una vez que su Espíritu Primordial se fortaleciera.
No le había mentido.
Ahora podía tener la certeza de que aquel monstruo con aspecto de insecto pertenecía a la estirpe de los Gu, y se trataba, sin duda, de una criatura de jerarquía sumamente elevada.
Lo que Yan Shixu no lograba comprender era cómo él, un individuo nacido y criado en la Capital Oriental, podía haber terminado enredado con semejante engendro.
La brujería Gu provenía de las tierras de Nanzhao, a miles de leguas de distancia de la Capital Oriental.
'¡Un momento!'
De pronto, un recuerdo acudió a su memoria: en el pasado, su bisabuelo había fracasado al sofocar una rebelión militar; todo el ejército fue aniquilado y él fue el único que logró escapar con vida. El difunto emperador montó en cólera, lo despojó de sus títulos nobiliarios y desterró a toda la familia a... ¡Lingnan!
Él jamás había pisado Nanzhao, pero la generación de sus padres había residido en Lingnan durante sus primeros años.
Aunque Lingnan no formaba parte del territorio de Nanzhao, tampoco quedaba excesivamente lejos.
"¿Acaso es un vestigio funesto heredado de la época de mis padres? Pero ¿por qué me tocó a mí? ¿No debería haber caído primero sobre mi hermana mayor? ¿O es que los insectos Gu solo se transmiten a los varones y no a las mujeres?"
Bueno, tampoco había certeza de que la cabeza de su hermana estuviera libre de bichos... Yan Shixu decidió que le preguntaría a su cuñado en cuanto regresara a casa.
Cavilando sobre ello, recogió del suelo el sombrero de velo, se lo puso y echó a andar hacia la salida de la sede gubernamental bajo el resplandor radiante del sol matutino.
Yan Shixu no se dirigió de inmediato a su hogar; al llegar al Barrio Banzheng, contrató una carreta de mano para encaminarse al Mercado del Sur.
Habiendo alcanzado el reino del "Corazón de Artesano", era momento de renovar su equipamiento. En las páginas del \*Compendio del Ingenio Celestial\* figuraban multitud de armas ocultas y armamentos diseñados exclusivamente para quienes dominaban dicho nivel.
La Capital Oriental contaba con dos mercados principales: el del Norte y el del Sur. El Mercado del Norte congregaba a los mercaderes extranjeros y se enfocaba en el comercio minorista de artículos selectos. El Mercado del Sur, en cambio, era el núcleo de acopio y distribución de mercancías al por mayor, donde reinaban los grandes volúmenes y la variedad desbordante.
La carreta tirada por un buey cruzó el portal del Mercado del Sur. A ambos lados del camino, los aleros de las tiendas se tocaban unos con otros, y los transeúntes iban y venían en un flujo incesante. Los pregones de los vendedores de frutas frescas y refrigerios no cesaban; mercaderes de las etnias occidentales, ataviados con gorros puntiagudos de cuero huntuot y ropas gruesas que parecían mantas, caminaban con paso apresurado; y mujeres con canastos al brazo miraban a derecha e izquierda en busca de provisiones.
El ir y venir de carretas de bueyes y carruajes de caballos era continuo.
Siendo el corazón latiente de la urbe, aun habiendo padecido incendios, saqueos y devastación, el lugar conservaba su vitalidad bulliciosa.
Sentado en la carreta, Yan Shixu vio a lo largo del trayecto a numerosos maleantes empuñando garrotes de sófora que se pavoneaban por las calles con descaro, mientras los guardias armados con sables que patrullaban los callejones hacían la vista gorda ante sus fechorías.
También notó que muchas tiendas de grano habían cambiado de rótulo: en sus estandartes de tela ahora figuraban los caracteres de "Palma de Hierro".
Tal como le había advertido su cuñado, en el Mercado del Sur ya no quedaban pequeños almacenes de grano; todos los comerciantes que carecían de influencias o de un protector poderoso habían sido devorados por la Banda de la Palma de Hierro.
La carreta se detuvo frente a la Tienda de Hierro de los Shen. El carretero tiró de las riendas y anunció:
"Joven amo, hemos llegado."
"Espérame un momento." Yan Shixu saltó de la carreta y entró en el establecimiento.
Las herrerías del Mercado del Sur se dividían en dos categorías: las que vendían herramientas de hierro ya forjadas solían llamarse "talleres de fundición", mientras que las dedicadas a la venta de materia prima recibían el nombre de "tiendas de hierro".
Al cruzar el umbral, el dependiente a cargo se acercó con una sonrisa mientras el encargado principal, sentado tras el mostrador tomando té, ni siquiera se inmutó.
"¿Qué busca el joven amo? ¿Hierro en bruto o forjado?"
Yan Shixu inquirió:
"¿Tienen bintie?"
La sonrisa del empleado se congeló de golpe. Tras el mostrador, el encargado alzó la vista y clavó los ojos en él.
"¿El joven amo Yan desea comprar bintie? ¿Acaso su cuñado está al tanto?" El encargado evidentemente reconoció al cliente habitual.
Yan Shixu apartó al empleado y se acercó al mostrador:
"El encargado Wang lo que quiere preguntarme en realidad es si tengo dinero para pagarlo, ¿no es así?"
El viejo Wang, de cabello canoso, lo miró de arriba abajo:
"El bintie es un material de estricto control oficial, a seiscientos cobres la libra. ¿O es que en la herrería de su familia ahora forjan herramientas agrícolas con bintie?"
"Eso no es asunto suyo. Quiero diez libras de bintie y veinte libras de acero refinado cien veces", demandó Yan Shixu.
Tanto el bintie como el acero refinado cien veces eran suministros militares sujetos a rigurosas restricciones gubernamentales; una herrería ordinaria no poseía las credenciales legales para adquirirlos.
Si había elegido acudir a la Tienda de Hierro de los Shen era porque su propietario, Shen Wanli, gozaba de un inmenso poder financiero, mantenía vínculos con las fundiciones oficiales y se movía con soltura tanto en los círculos legales como en el bajo mundo, haciendo gala de conexiones formidables.
A las autoridades de la administración del mercado solía tenerles sin cuidado que la familia Shen comerciara con artículos prohibidos.
El encargado Wang lo observó fijamente, guardando silencio.
Yan Shixu descolgó las dos ristras de monedas que llevaba atadas a la cintura y las plantó sobre el mostrador; luego desató el bulto y extrajo tres lingotes de plata oficiales:
"¿Es suficiente con esto?"
El empleado no pudo apartar los ojos de los relucientes lingotes.
El encargado, en cambio, clavó la mirada en el fardo de tela, con un brillo calculador en las pupilas.
"Tratándose de una transacción de tal magnitud, debo informar primero al amo. Espere un momento, joven amo Yan." Con una amplia sonrisa dibujada en el rostro, el viejo encargado se recogió los faldones de la túnica y desapareció hacia el patio trasero.
Poco después, el anciano regresó escoltando a un hombre de mediana edad, de barriga prominente y rostro tosco y carnoso, ceñido con un cinturón de brocado.
Al entrar, la mirada de Shen Wanli se demoró unos instantes sobre los lingotes de plata y el bulto del mostrador antes de posarse en Yan Shixu, a quien se dirigió con extremada cortesía:
"Usted debe de ser el joven amo Yan. ¿Está seguro de que desea adquirir diez libras de bintie y veinte libras de acero refinado cien veces?"
Yan Shixu asintió con la cabeza.
La sonrisa de Shen Wanli se ensanchó aún más. Volviéndose hacia el empleado, ordenó:
"Ve al almacén y haz el inventario."
Acto seguido, hizo un gesto cortés invitándolo a pasar:
"Haga el favor de acompañarme al interior para tratar los pormenores, joven amo Yan. Como bien sabrá, el comercio de bintie es un asunto de suma gravedad que exige revisiones minuciosas."
Yan Shixu lo siguió a él y al viejo encargado hasta una sala lateral del patio interior.
El anciano les sirvió té a ambos.
Shen Wanli sostuvo la taza entre las manos y bebió un sorbo con la mirada baja.
El viejo encargado desplegó un ábaco sobre la mesa, y tras una rápida ráfaga de chasquidos con las cuentas de madera, anunció:
"El bintie cuesta seiscientos cobres la libra, y el acero refinado cien veces, cuatrocientos cobres la libra. En total son catorce liang de plata."
'Antes el acero refinado cien veces costaba trescientos cincuenta cobres... ¡Los precios se han disparado por todas partes!', se lamentó Yan Shixu para sus adentros.
No era que él fuera incapaz de forjar acero refinado por su cuenta, pero el proceso resultaba engorroso y consumía demasiado tiempo; los dos días de permiso que le habían concedido no le alcanzarían jamás.
Justo cuando se disponía a cerrar el trato, escuchó a Shen Wanli decir con tono pausado:
"Sin embargo, el acero refinado y el bintie son materias primas de uso militar sometidas a un control férreo por parte del gobierno. Puesto que el joven amo Yan pretende comprar en semejante cantidad, de acuerdo con los reglamentos de la administración del mercado, es imperativo presentar un documento de fianza de registro de artesano, además de consignar las escrituras de la herrería y la vivienda como garantía registrada. Sin ambos requisitos, la entrega no puede llevarse a cabo."
Yan Shixu frunció el ceño:
"Estoy al tanto del documento de fianza, pero ignoro desde cuándo la administración del mercado exige la entrega de escrituras de propiedad como garantía."
"Tras la calamidad que asoló el Mercado del Sur, los magistrados añadieron ordenanzas temporales de emergencia", explicó Shen Wanli con un suspiro de fingida resignación.
Yan Shixu no abrió la boca, limitándose a esperar a que la otra parte soltara el previsible "pero".
"Sin embargo, el renombre del Taller Shen es bastante sólido; no requerimos certificados de fianza ni escrituras de tierras como garantía. Con tan solo desembolsar algo de dinero, el Taller Shen puede encargarse de lidiar con las autoridades", dijo Shen Wanli con una sonrisa.
Yan Shixu aprovechó para preguntar: "¿Cuánto?".
Shen Wanli extendió tres dedos y sonrió con parsimonia: "¡Treinta liang!".
'¿¡Cuánto dijo!?'. Yan Shixu dudó de si había escuchado mal, y su semblante se ensombreció al instante:
"Parece que el patrón Shen no tiene intenciones de cerrar este trato".
La sonrisa de Shen Wanli no vaciló en absoluto: "El hierro forjado y el acero refinado al cien son artículos estrictamente regulados. Si el gobierno descubriera que el Taller Shen comercia en privado con mercancías prohibidas, sería un delito gravísimo. Pedirle treinta liang no es nada exagerado, ¿no le parece?".
'¿El material apenas cuesta catorce liang y me cobra treinta por la comisión de trámite? ¿Por qué demonios no sale a asaltar gente de una vez?'. Yan Shixu se puso de pie y dijo:
"No dispongo de suficiente dinero en plata. Me despido".
El Mercado del Sur no era el único lugar donde se hacían estos negocios.
El viejo tendero echó una mirada al fardo sobre el hombro de Yan Shixu y comentó: "A mí me parece que el joven Yan lleva suficiente dinero encima".
En ese instante, unos pasos desordenados resonaron desde el exterior. El dependiente regresó a toda prisa, seguido por tres maleantes callejeros con tatuajes azulados en los brazos y gruesos garrotes de sophora en las manos.
Los tres rufianes no pronunciaron palabra; simplemente bloquearon la puerta en silencio, clavando miradas frías y cargadas de amenazas sobre Yan Shixu.
Yan Shixu entornó los ojos, volvió la cabeza hacia Shen Wanli y preguntó con frialdad:
"¿Qué significa esto, patrón Shen?".
Shen Wanli sostuvo su taza de té, sentado con perfecta compostura y un aire de total suficiencia:
"Acaparar hierro forjado en privado es un delito capital. El joven Yan lleva encima no menos de cincuenta liang, ¿verdad? ¿Con qué intenciones un herrero de poca monta compraría hierro forjado y acero refinado al cien?".
A su lado, el tendero Wang intervino:
"Últimamente la Capital Oriental anda muy revuelta. No hace mucho, unos malhechores prendieron fuego al Mercado del Sur; se dice que eran espías del Ejército de Chengzhao sembrando el caos. No será, joven Yan, que usted trabaja para el Ejército de Chengzhao, ¿verdad? Ese es un crimen que se castiga con la decapitación".
Uno marcaba el compás y el otro le hacía el coro, encasquetándole una acusación atroz en un abrir y cerrar de ojos.
Yan Shixu comprendió sus intenciones en una fracción de segundo: querían aprovechar la ocasión para extorsionarlo a fondo.
En primer lugar, conocían sus antecedentes: un joven artesano temerario, sin respaldo ni influencias; en segundo lugar, que un artesano ordinario adquiriera hierro forjado y acero refinado al cien ya era ilegal de por sí.
'¡Vendiendo harina común como si fuera polvo blanco, confiados en que la víctima no se atreverá a acudir a la justicia!'.
Yan Shixu sabía que Shen Wanli se movía por caminos turbios y mantenía vínculos profundos con las bandas de maleantes del Mercado del Sur, pero su reputación comercial general aún se consideraba decente, razón por la cual había elegido acudir al Taller Shen.
No se imaginó que la otra parte jugaría tan sucio.
De pronto cayó en la cuenta de que, con los precios por las nubes y el prolongado estancamiento entre el Ejército de Chengzhao y el Ejército Tiance, el orden en la Capital Oriental se desmoronaba poco a poco. Nobles togados y potentados acumulaban riquezas sin escrúpulos, y la situación no haría más que volverse más caótica con el paso del tiempo.
"Joven Yan, cobrarle treinta liang no es nada caro; a fin de cuentas, el Taller Shen corre el riesgo de ser allanado y clausurado por las autoridades. Hagamos esto: por iniciativa propia le perdonaré las fracciones; entréguenos cuarenta liang redondos y bastará, además de una sarta de monedas de cobre para el té a cada uno de estos tres valientes caballeros.
Una vez saldada la cuenta y entregada la mercancía, en cuanto cruce el umbral de este establecimiento, lo que decida hacer con estos treinta jin de material no será incumbencia alguna del Taller Shen".
Uno de los maleantes que bloqueaba la puerta intervino de inmediato, asumiendo su papel intimidatorio: "¡Gran nobleza la del tendero! Aunque una sola sarta por cabeza es muy poco; si capturamos a un espía, la recompensa oficial superará con creces esa miseria".
Los otros dos rufianes no hablaron; sonrieron con desdén mientras sopesaban en sus manos los garrotes de sophora.
El viejo tendero reprendió: "El joven Yan es, después de todo, un cliente habitual; aún nos une el aprecio de antaño. Si a ustedes les parece poco, digan cuánto desean y el Taller Shen cubrirá la diferencia".
Shen Wanli bebía su té con absoluta parsimonia y paciencia de sobra, plenamente convencido de tenerlo acorralado.
Yan Shixu soltó una risa exasperada: "¿Y si me niego?".
"Parece que este negocio no podrá llevarse a cabo", Shen Wanli entornó los ojos y sentenció con voz sombría: "Este individuo es un espía del Ejército de Chengzhao, provisto de cuantiosas sumas de dinero para adquirir pertrechos militares con fines sediciosos. ¡Sujétenlo, confisquen la plata ilícita y den parte al Puesto de Guardia Wuhou...!".
Apenas cayeron las palabras, Yan Shixu dio un paso largo al frente, atrapó de golpe el moño de Shen Wanli hacia abajo y, al mismo tiempo, descargó un rodillazo ascendente.
¡Pum!
El rostro de Shen Wanli quedó desfigurado al instante; el tabique nasal se partió, los dientes frontales saltaron por los aires y el hombre cayó sentado sobre el suelo cubriéndose la cara ensangrentada.
El tendero Wang y el dependiente dieron un respingo del susto.
Al presenciar la escena, los tres maleantes callejeros blandieron sus garrotes con ferocidad asesina y se abalanzaron sobre él.
Yan Shixu desvió el embate con un simple manotazo, y los tres garrotes de madera se partieron con un crujido seco.
Curtidos en mil trifulcas, los tres rufianes dieron media vuelta para huir y pedir refuerzos afuera.
Yan Shixu recogió uno de los trozos rotos de madera y asestó un golpe certero a la rodilla de cada uno; las rótulas se hicieron añicos al instante.
Los tres maleantes se desplomaron en el suelo, sujetándose las rodillas entre alaridos incesantes de dolor.
El tendero Wang y el dependiente estaban paralizados de terror; jamás imaginaron que aquel muchacho poseyera semejante destreza marcial, y corrieron despavoridos hacia la salida.
Yan Shixu los alcanzó y les quebró las piernas a ambos.
El salón lateral quedó en completo desorden, con cuerpos retorciéndose por doquier.
El cabecilla de los maleantes sudaba frío por el tormento, pero su arrogancia no decayó: "¡Maldito mocoso, te atreves a herirnos! La Banda de la Palma de Hierro jamás perdonará a ninguno de sus enemigos".
Yan Shixu le plantó un pie con fuerza sobre el pecho, introdujo el extremo astillado y puntiagudo del madero dentro de la boca del maleante y lo retorció con saña.
Una andanada de dientes mezclados con sangre brotó despedida de su boca.
Los otros dos maleantes, que se disponían a sumarse a las amenazas, palidecieron como la cal ante semejante escarmiento.
Shen Wanli, quien gozaba de mejores conexiones e influencias, se cubría la nariz con la sangre filtrándose entre sus dedos, sin atreverse a pronunciar una sola palabra.
Yan Shixu recorrió con la mirada a los hombres que gemían en el suelo, cavilando sobre la mejor manera de resolver el asunto.
La enemistad estaba declarada; ¿cómo debía disponer de ellos?
Los rufianes callejeros no perdonaban afrentas y la Banda de la Palma de Hierro estaba en pleno auge, por lo que no se quedarían de brazos cruzados. Además, el Taller Shen conocía su identidad y su domicilio; las represalias tras el altercado eran inevitables.
A él no le preocupaba, ¿pero qué pasaría con su cuñado?
Las artes marciales de aficionado de su cuñado no bastarían para resistir semejante embate y correría un grave peligro de muerte.
Por añadidura, aunque el monje huyera, el templo permanecería en su sitio; él aún debía continuar sus estudios en la Academia Daoísta. No fuera a ser que, al regresar a casa en su próximo día libre, encontrara su vivienda reducida a cenizas.
En la mente de Yan Shixu resonaron las palabras de Ye Zangfeng:
"Si han de obrar con maldad, aprendan a cortar el karma de raíz".
'Cortar el karma de raíz...'. Yan Shixu exhaló un suspiro prolongado, caminó hasta plantarse ante Shen Wanli y le dijo:
"Patrón Shen, ahora tengo un nuevo negocio entre manos, ¿le interesa? Diez jin de hierro forjado y veinte jin de acero refinado al cien a cambio de las vidas de todos ustedes. Me parece una ganga insuperable, ¿a usted qué le parece?".
"¡Tenga piedad, buen héroe, perdone mi vida, se lo suplico...!", Shen Wanli golpeó la frente contra el suelo repetidas veces como una mano de mortero triturando ajo, balbuceando súplicas entrecortadas.
"Lléveme al almacén".
Shen Wanli se puso en pie a trompicones y salió del salón lateral. Cruzó una puerta de luna, se detuvo ante la entrada del almacén, descolgó la llave de su cintura y abrió el cerrojo con manos temblorosas.
Un hedor frío y metálico a herrumbre los golpeó de lleno.
El almacén era sumamente espacioso y profundo. En distintos sectores se apilaban lingotes de hierro en bruto y hierro dulce; al fondo del todo, cubiertos con lonas impermeables, reposaban el hierro forjado y el acero refinado al cien.
"Tanto el hierro forjado como el acero refinado al cien vienen en bloques moldeados y uniformes; cada uno pesa cinco jin", explicó Shen Wanli arrastrando las palabras por la falta de dientes, inclinando la cabeza: "El buen héroe puede tomar cuanto le plazca".
Yan Shixu tomó con suma soltura dos lingotes de hierro forjado y cuatro de acero refinado al cien, sosteniéndolos firmemente contra el pecho.
Una chispa de rencor sombrío destelló en la mirada baja de Shen Wanli.
En ese momento, Yan Shixu, que ya había alcanzado la puerta del almacén, regresó sobre sus pasos de improviso.
El corazón de Shen Wanli dio un vuelco y forzó una sonrisa servil: "¿Tiene alguna otra instrucción, buen héroe...?".
Yan Shixu levantó una pierna y le asestó una patada brutal de lleno en la cara.
Shen Wanli salió despedido por los aires y su corpulenta figura se estrelló pesadamente contra la pila de lingotes de hierro, quedando inconsciente de inmediato.
Yan Shixu regresó al salón lateral y, de una patada certera a cada uno, dejó noqueados al tendero, al dependiente y a los tres maleantes callejeros. Solo entonces cargó los bloques de metal hasta la salida y regresó junto a la carreta.
"¡De vuelta al Barrio Banzheng!".
"¡Enseguida!".
El carretero fustigó con una vara fina de bambú, instando al burro a emprender la marcha con su trote acompasado.
Una hora más tarde, la carreta se detuvo frente a las puertas de la sede oficial de la Oficina de Asuntos de Inspección. Yan Shixu desató cien monedas de cobre de su cintura, se las entregó a dos soldados con armadura apostados a la entrada y dijo:
"Hagan el favor de informar al Juez Yang que el dueño, el tendero y el dependiente del Taller de Hierro Shen del Mercado del Sur son presuntos espías de las guarniciones fronterizas, y que además reduje a tres maleantes de las calles que operaban junto a ellos. Envíen de inmediato a los Agentes de Inspección para apresarlos".
Dejar el asunto en manos de la Oficina de Asuntos de Inspección era mucho más prudente que matarlos él mismo. Una vez dentro de las mazmorras de esa dependencia, ninguno saldría con vida.
Los guardias recibieron el dinero y corrieron sonrientes hacia el interior del recinto oficial.
Yan Shixu se volvió hacia el carretero y le indicó: "Vamos al Barrio Ningyang".
Cuando regresó al Barrio Ningyang, el sol ya brillaba en lo alto del cielo.
En el patio, su cuñado estaba sentado en un taburete bajo tejiendo un cesto de bambú mientras departía con elocuencia grandilocuente junto a Huangfu Yi, escupiendo saliva al hablar y empinando de cuando en cuando su calabaza de licor para echar un trago.
Al verlo entrar, su cuñado lo miró de reojo y soltó: "¿A dónde fuiste tan temprano por la mañana?... ¿Qué compraste?".
Yan Shixu arrojó el hierro forjado y el acero refinado al cien sobre el suelo, provocando un impacto sordo y contundente.
Su cuñado y Huangfu Yi se acercaron de inmediato a rodearlo.
"¡Vaya piezas excelentes! Las herramientas agrícolas que se forjen con esto serán una maravilla", elogió el cuñado acariciando el metal con admiración.
Huangfu Yi, en cambio, clavó la mirada en el hombro de Yan Shixu: "Huelo la plata desde aquí".
'¿Acaso eres un ratón rastreador de tesoros para oler semejante cosa?'. Yan Shixu desató el bulto y lo posó en el suelo; dentro descansaban cien liang de pesadísimos lingotes de plata.
"T-t-tú... ¿de dónde sacaste tanto dinero?", exclamó Huangfu Yi, genuinamente pasmado esta vez.
'¿Mucho? Me jugué la vida por él', pensó Yan Shixu.
El cuñado se mesó la barba incipiente de la mandíbula y reflexionó un instante:
"Er-lang, pensándolo bien, de repente siento que Tang Shuang pertenece a la etnia Sute; no está a la altura de nuestra familia. Con el linaje de los Yan, deberías casarte con la hija legítima de algún alto dignatario".
"Cuñado, eres demasiado codicioso", replicó Yan Shixu antes de entregarle la plata a Huangfu Yi: "Ziyao, ayúdame a llevar esto adentro. ¿Dónde está el hermano Gao?".
Huangfu Yi cargó la plata y se encaminó hacia la habitación: "Medita adentro; el hermano Gao debe volver al Mercado Wugeng después del mediodía, así que iremos juntos".
Yan Shixu lo vio entrar, apartó a su cuñado hacia la esquina del muro y le preguntó:
"Cuñado, tú conoces bien a mi hermana, ¿verdad?".
El cuñado lo miró como si estuviera frente a un tonto.
"Lo que quiero decir...", matizó Yan Shixu buscando las palabras adecuadas: "¿es si mi hermana te confiaba todos sus secretos?".
El cuñado refunfuñó con evidente resentimiento: "Pues la verdad no; hasta el final jamás me confesó cuántos pretendientes y enamorados llegó a tener en el Jianghu".
'¿Eh? ¿Tan codiciada era mi hermana y yo ni me enteré?'. Yan Shixu dejó de lado el asunto del insecto Gu al instante, se aclaró la garganta y susurró con curiosidad: "¿Podrías contarme?".
El cuñado bufó de mal humor: "Antes de conocerme a mí, solía recorrer el Jianghu en compañía de un maldito sacerdote daoísta de la Secta Shangqing. Ese infeliz gozaba de gran renombre en el mundo marcial; lo llamaban el 'Amo de la Espada Yaoguang', y todos afirmaban que hacían una pareja predestinada por el cielo. Más tarde se enredó con un carilindo de la Escuela del Sur; ese mequetrefe llegó a pelearse a golpes con el sacerdote por culpa de ella, y hasta el día de hoy son enemigos a muerte".
"Después se marchó a la capital y captó la atención del bisnieto de Wei Pozei, el Campeón Marcial Imperial, quien juró a los cuatro vientos que la desposaría. Pero un letrado se opuso y compuso un poema ridiculizando al tal Wei, diciendo que un sapo no debía aspirar a probar carne de cisne. Ese letrado, más adelante, llegó a ser canciller...
Y esos son solo los que yo sé; los que ignoro deben de ser muchísimos más. Tu hermana atraía pretendientes dondequiera que ponía un pie; ser descendiente del Señor Yan le abría puertas en todos los rincones. En cambio, mírate a ti...".
El cuñado chasqueó la lengua con evidente desdén.
'¿Te enorgullece tanto que tu esposa atrajera a tantos hombres? No, un momento, esto no cuadra...'.
Yan Shixu vaciló, desconcertado: "¿Estás hablando de mi hermana? Yo crecí bajo sus cuidados; a dondequiera que iba, me llevaba consigo. ¿Cómo es que jamás supe de la existencia de semejante reserva de pretendientes a cuñado? Además, con tantos pretendientes ilustres a sus pies, ¿acaso estaba tan ciega como para fijarse en ti?".
Yan Shixu sintió que su cuñado le estaba tomando el pelo; siempre hacía lo mismo, comenzaba a charlar y terminaba inventando historias descabelladas.
En efecto, el cuñado sonrió con presunción absoluta: "Al final, tu hermana se despojó de toda vanidad superficial, vio a través de las glorias vacías del mundo y comprendió que yo era el hombre más firme y confiable de todos; por eso eligió casarse conmigo".
'¿Tanto preámbulo solo para justificar este mísero plato de comida?'. Yan Shixu respiró hondo y reencauzó la conversación:
"Nos fuimos por las ramas. Cuñado, ¿acaso mi hermana tenía insectos en la cabeza?".
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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