Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 64 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un patio sereno y apartado.
Huangfu Yi y Gao Mei aguardaban en el patio. Llevaban sus cajas de libros a la espalda, ligeros de equipaje. Al ver salir a Yan Shixu, sus miradas se clavaron de lleno en su "bolsa de dinero".
Huangfu Yi tomó una bocanada de aire:
"¿Viniste a la academia a estudiar o a abrir una casa de empeños?"
Nadie común traería semejante cantidad de dinero a la academia.
"Llegué sin un solo centavo y me voy con la cintura forrada en riquezas." Yan Shixu sopesó la pesada caja de libros y el fardo. "Todo esto me lo he ganado con el sudor de mi frente."
Huangfu Yi chasqueó la lengua un par de veces:
"Tantas monedas de cobre solo estorban, lo mejor sería cambiarlas por lingotes de plata."
Gao Mei se puso de pie y echó a andar hacia el exterior:
"Vámonos."
Los tres salieron del recinto, donde una carreta tirada por bueyes aguardaba junto al camino desde hacía largo rato.
El cochero vestía ropas de tela burda, tenía una complexión fornida y una barba incipiente y áspera alrededor de la boca. Al ver aparecer a Huangfu Yi, se adelantó con diligencia y servilismo:
"Cuarto Joven Amo, deme la caja de libros de inmediato, no se me vaya a fatigar."
Huangfu Yi se descolgó la caja, se la entregó y se quejó:
"La Academia Daoísta es un absoluto tedio. Despierto a la hora Mao, descanso a la hora Shen; nada más que tareas y más tareas. El viejo tiene el corazón de piedra, desterrarme a este lugar a pasar penurias."
El fornido cochero recibió la caja de libros. Su mirada recorrió de manera aparentemente casual a Yan Shixu y a Gao Mei, tras lo cual esbozó una sonrisa complaciente:
"Con el talento de nuestro Cuarto Joven Amo, ¿qué podría enseñarle la Academia Daoísta? Bastará con que este año temple su corazón y cultive su carácter en la Capital Oriental. Cuando regrese a la capital imperial, ver su nombre grabado en la lista dorada de aprobados será pan comido."
Mientras hablaba, acomodó la caja dentro del habitáculo y se postró en el suelo sobre manos y rodillas.
Huangfu Yi subió al carruaje apoyando el pie sobre la espalda del cochero, descorrió la cortina de la ventana y apremió:
"Boheng, hermano Gao, suban."
Los dos lo siguieron al interior. El cochero agitó su fusta de bambú y las ruedas rodaron sobre el camino de tierra apisonada, avanzando a buen paso hacia las puertas del barrio.
...
Media hora más tarde, la carreta de bueyes arribó al Barrio Ningyang.
"Nobles señores, tengan compasión..."
"Una moneda, por favor, me muero de hambre..."
"Se lo suplicamos, señores, una limosna..."
Frente a las puertas del barrio, mendigos harapientos y damnificados se abalanzaron en tropel, bloqueando el paso de la carreta.
El fornido cochero descargó varazos de bambú una y otra vez con sonoros chasquidos. Los damnificados que se abalanzaban se cubrieron la cabeza entre alaridos y retrocedieron como la marea.
Los soldados apostados a la entrada empuñaban varas de acacia, ahuyentando a la multitud.
Yan Shixu descorrió la cortina de la ventana.
Cuando se marchó del Barrio Ningyang, la cantidad de refugiados congregados ante las puertas apenas superaba la decena. Tras diez días de ausencia, la cifra se había multiplicado por varias veces, y ya no se veía a ningún niño entre ellos.
"¡Detén la carreta!" gritó Yan Shixu.
Bajo las miradas desconcertadas de Gao Mei y Huangfu Yi, Yan Shixu abrió su fardo, extrajo dos sartas de monedas, rompió los cordeles de cáñamo y acumuló las dos mil monedas íntegras en el regazo de su túnica antes de salir del carruaje.
De pie sobre el pescante, sostenía la tela con una mano mientras con la otra tomaba puñados de monedas de cobre y las arrojaba hacia los damnificados.
Al instante, tal como peces disputándose el alimento, la muchedumbre se abalanzó con frenesí para arrebatar las monedas del suelo.
Yan Shixu esparcía el dinero puñado tras puñado; allá donde los refugiados pelearan menos, arrojaba un poco más. En poco tiempo, se deshizo de las dos sartas completas.
"Abre paso."
El cochero blandió la vara de bambú, haciendo chillar de dolor a varios damnificados mientras se cubrían el rostro, y condujo la carreta a través de las puertas del barrio.
Yan Shixu regresó al habitáculo. Tanto Gao Mei como Huangfu Yi tenían los ojos fijos en él.
Huangfu Yi chasqueó la lengua:
"¿No decías que era dinero ganado con esfuerzo? ¿Y lo regalas así como así?"
"El dinero es algo que no traes al nacer ni te llevas al morir." Yan Shixu dio unas palmadas sobre el fardo, que resonó con un tintineo metálico. "Tengo treinta sartas; dar dos en limosna no me perjudica en nada."
Huangfu Yi apartó la cortina para mirar hacia las puertas del barrio, donde los damnificados se arremolinaban como una manada de lobos hambrientos mientras los guardias los dispersaban a base de garrotazos:
"Pero tú piensas en salvarlos a ellos, mientras que ellos solo piensan en arrebatarte aún más."
Yan Shixu sonrió con despreocupación:
"Cuando uno carece de recursos, se perfecciona a sí mismo; cuando prospera, ayuda al mundo entero. Al darles limosna, lo único que busco es esa recompensa emocional. En cuanto a qué clase de personas sean, no me importa en lo más mínimo. Obsesionarse demasiado con que las buenas acciones recibirán buenas recompensas solo conduce a agriar el alma. El Erudito Asistente Ye Zangfeng nos enseñó: 'El cielo y la tierra no tienen benevolencia, tratan a todas las cosas como a perros de paja'. Acumular virtudes y obrar el bien no garantiza una recompensa; y si no la hay, no debemos culpar al cielo ni resentirnos con los hombres. Solo así los pensamientos fluyen sin trabas y el corazón original no se corrompe."
Había quienes siempre creían que, al conceder un favor, los demás debían estar eternamente agradecidos. En cuanto se topaban con la ingratitud, su visión del mundo se derrumbaba, tras lo cual abandonaban el bien para abrazar el mal, vociferando que la culpa era enteramente del mundo.
En el fondo, todo se reducía a una falta de experiencia en la vida y a una trayectoria demasiado superficial.
Huangfu Yi se quedó pensativo.
El monje Gao Mei juntó las palmas de las manos:
"En las diversas escuelas y sectas, muchos jóvenes prodigios sobre los que recaían grandes esperanzas no lograron superar este mismo obstáculo al descender de la montaña para templarse en el mundo. O bien caían seducidos por herejes, o bien se desviaban por cuenta propia hacia el camino demoníaco. Boheng no es de edad avanzada, pero su temperamento es lúcido y transparente; es algo en verdad admirable."
La mirada con la que contemplaba a Yan Shixu rebosaba aprecio.
Luego, Gao Mei cambió de tema:
"¿A qué te refieres con 'recompensa emocional' y 'agriar el alma'?"
Yan Shixu reflexionó un instante antes de responder:
"Que una cortesana de un burdel te colme de lisonjas y elogie tu vigor viril, eso es recompensa emocional. Si más tarde descubres que solo era pura adulación y que a tus espaldas se burlaba de tu escasa talla y brevedad, y montas en cólera desmedida, eso es agriar el alma."
Gao Mei: "... Una explicación muy gráfica y sencilla."
El semblante de Huangfu Yi cambió de golpe.
Mientras hablaban, la carreta de bueyes se detuvo a la entrada del callejón del barrio norte.
El cochero anunció en voz alta: "Cuarto Joven Amo, hemos llegado".
Los tres descendieron uno tras otro de la carreta. Huangfu Yi echó un vistazo a su alrededor y le dijo al cochero:
"Ah Fu, esta noche búscate una posada por tu cuenta para descansar. Haz que Ah Gui traiga los regalos antes de que oscurezca".
El cochero puso cara de apuro y replicó: "Cuarto Joven Amo, en la Academia Daoísta todavía pase, pero una vez afuera, debemos permanecer a su lado para servirlo...".
Huangfu Yi soltó un bufido de desdén: "¡Largo, largo de aquí! ¿Quién necesita a unos hombrones como ustedes pegados a mi espalda? ¿Acaso se creen doncellas? Además, con Boheng y el hermano Gao a mi lado, incluso si el Ejército de Chengzhao irrumpiera en la ciudad, ellos dos se bastarían para mantenerme a salvo. ¿Verdad, mis buenos hermanos?".
'¡Si entra el Ejército de Chengzhao, te aseguraremos dejar un cadáver entero!' Yan Shixu y Gao Mei miraron hacia los lados, ignorándolo por completo.
A regañadientes, el cochero arreó los bueyes y se marchó.
Yan Shixu dirigió la mirada hacia la "Tienda Tang" y descubrió que las puertas estaban cerradas a cal y canto; para su sorpresa, no estaba atendiendo.
'¿La familia de Tang Shuang también habrá tenido problemas?' Frunció el ceño y guio a sus dos compañeros de habitación hacia el callejón. Apenas había dado unos pasos cuando se detuvo en seco.
¡El portón del patio de la herrería de los Yan... estaba abierto de par en par!
'¿Habrán entrado ladrones?'
'¡Al salir me aseguré de cerrar la puerta con llave!'
Con Tang Shuang vigilando la casa, incluso si hubieran entrado ladrones, el portón del patio jamás habría quedado abierto de semejante forma.
Entonces solo quedaba una posibilidad: ¡¡su cuñado había vuelto!!
'Mala cosa... ¿por qué regresó tan pronto? En el pasado, cada vez que salía a hospedarse en monasterios, tardaba al menos tres meses en volver. ¿Cómo voy a explicarle la presencia de estos dos compañeros?' Yan Shixu se lamentó en su fuero interno; de haberlo sabido, jamás habría codiciado los regalos de Huangfu Yi.
Ahora estaba montado sobre un tigre del que no podía descabalgar.
"¿Qué ocurre?".
Al verlo detenerse, Huangfu Yi no pudo evitar preguntar.
"No... no es nada...", respondió Yan Shixu tragándose el desasosiego.
Con la pesada caja de libros y los bultos a cuestas, respiró hondo y guio a sus dos compañeros al trasponer el umbral hacia el interior de la herrería.
En el patio, un sacerdote daoísta ataviado con una túnica vieja y raída permanecía sentado en un banquillo plegable bajo, trenzando una cesta de bambú con la cabeza gacha.
Su túnica daoísta estaba descolorida de tantas lavadas; en la cintura llevaba cruzada una calabaza roja de vino, un pasador de madera sostenía su moño entre mechones visiblemente revueltos, y alrededor de los labios asomaba una incipiente sombra de barba verdosa.
Al clavar la vista por primera vez en aquel daoísta, la imagen que cruzó como un relámpago por la mente de Yan Shixu fue: '¡El Inmortal de la Espada y el Vino!'.
Instantes después, la silueta se superpuso con nitidez a la memoria de su cuñado.
Yan Shixu se adelantó, esforzándose al máximo por aparentar calma en su tono y en su semblante: "Cuñado, ¿cómo es que estás de vuelta?".
El cuñado, sin apartar la mirada de la cesta de bambú, preguntó con frialdad indiferente: "¿Por qué desapareció la cecina curada de la casa?".
"Me la comí". A Yan Shixu le resultaba penoso admitir que la soldadesca de la Oficina de Asuntos de Inspección se la había arrebatado.
"¿Y el arroz?".
"Me lo comí".
"¿Y el dinero?".
"Me lo gasté".
"Cinco sartas de monedas te alcanzaban de sobra para subsistir varios meses".
Yan Shixu reflexionó un instante y contestó: "Me lo gasté en la taberna de las cortesanas hu".
La expresión del cuñado se tornó cada vez más apesadumbrada y amarga. Se puso de pie en silencio y comenzó a buscar a diestra y siniestra.
Con la culpa carcomiéndole el pecho, Yan Shixu se acercó con una sonrisa zalamera: "Cuñado, ¿qué estás buscando? Te ayudo a buscarlo".
El cuñado levantó un garrote de madera tan grueso como la boca de un tazón y sentenció sin una pizca de emoción:
"Hoy hace un día espléndido, perfecto para purgar a la escoria de la familia".
Yan Shixu dio media vuelta y echó a correr.
El sacerdote daoísta salió disparado tras él.
Ambos empezaron a perseguirse en círculos por el patio. Gao Mei y Huangfu Yi retrocedieron sigilosamente hasta el zaguán, atrapados en la encrucijada de no saber si entrar o marcharse.
El cuñado no paraba de imprecar mientras corría: "¡Llevo cinco días de vuelta! ¡Cinco días enteros! ¿Sabes el infierno que he pasado estos cinco días? Eres el único vástago que le queda al clan Yan; si yo no soy capaz de enderezarte, ¡te enviaré al lado de tu hermana para que sea ella quien te meta en cintura!".
Yan Shixu aullaba mientras huía: "¡Escucha mi explicación!".
Tras perseguirlo un buen rato sin poder darle alcance, la furia del cuñado ardió aún más viva hasta tornarse en un impulso letal: "¡Ve a explicárselo a tu hermana! ¡Ahora mismo te despacho a verla...!".
Yan Shixu se arrancó el fardo del hombro y se lo lanzó encima.
Por puro reflejo corporal, el sacerdote daoísta atrapó el fardo en el aire, pero el peso tremendo del paquete lo hizo trastabillar varios pasos hacia atrás.
El inconfundible tacto metálico provocó que soltara el garrote de inmediato para deshacer el envoltorio.
Sartas y más sartas de relucientes monedas de cobre deslumbraron su mirada.
"Tú... tú... tú...", tartamudeó el cuñado con la voz trémula por el pasmo: "¿Acaso te vendiste como yerno adoptivo de alguna casa noble, o te echaste al monte a saquear caminos?".
Yan Shixu le arrojó los otros dos bultos restantes.
Resonaron dos secos y pesados tintineos metálicos.
El cuñado desató los nuevos fardos y, al ver sus ojos colmados de semejante fortuna, palideció de puro espanto: "Se acabó... esto es el fin... Ningún casamiento como yerno adoptivo paga semejante dineral, a menos que le hayas caído en gracia al mismísimo viejo suegro... Esto... ¡¿cómo demonios voy a rendirle cuentas a tu hermana?!".
Yan Shixu espetó de pésimo humor: "¡Todo esto es dinero ganado con sangre y sudor!".
"¡Por supuesto que sé que es dinero manchado de sangre!". Una pena desgarradora brotó de las entrañas del cuñado.
Yan Shixu apretó los dientes y rugió con rabia: "¡Es dinero limpio! Ni asalté a nadie en los caminos ni me vendí de yerno a ninguna familia".
"¿Es la verdad?", preguntó el cuñado, debatiéndose entre el asombro y la desconfianza.
"La pura verdad".
En un parpadeo, el rostro del cuñado dio un giro absoluto hacia la más servil de las complacencias: "¡Ay, mi querido Erlang, qué duro has trabajado! Dime, Erlang, ¿tienes hambre? Tu cuñado te preparará la comida en un santiamén".
Al pasear la mirada por el patio, descubrió por fin a Gao Mei y a Huangfu Yi apostados junto a la puerta:
"Y estos dos señores son...".
"Son mis compañeros de la Academia Daoísta".
Yan Shixu se disponía a hacerle señas disimuladas con los ojos, pero se topó con que su cuñado ya rebosaba de amabilidad, sonriendo de oreja a oreja: "¡Conque son los honorables condiscípulos de mi Erlang! ¡Pasen, pasen de inmediato, por favor!".
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 65
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 64
Estás leyendo el capítulo 64 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.