Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 61 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Dos guardias armados con sables avanzaron a grandes zancadas, sujetaron a Huangfu Yi por ambos lados y comenzaron a arrastrarlo hacia la salida.
El monje Gao Mei apoyó una mano sobre el hombro de Huangfu Yi, dio un paso al frente con el pie derecho y, aprovechando el impulso de su propio hombro, embistió a los guardias, haciéndolos tambalearse hacia atrás.
Al ver esto, el otro guardia desenvainó su sable y arremetió con un corte.
Gao Mei empujó a Huangfu Yi a un lado y la hoja descendió hendiendo el aire entre ambos.
El Prefecto de Jingzhao montó en cólera y bramó:
"¡Insolentes! Resistirse abiertamente al arresto es un ultraje flagrante a las leyes dinásticas. ¡Que sean ejecutados en el acto!"
Blandiendo sus varas de castigo, los alguaciles se abalanzaron al unísono. Los maderos punzaron desde todas las direcciones, atravesando por debajo de las axilas de Gao Mei, ciñendo su cintura y trabando sus piernas, entrecruzándose como una jaula de madera que lo inmovilizó por completo, impidiéndole el menor movimiento.
Huangfu Yi fue enganchado por dos varas y quedó suspendido en el aire. El guardia del sable dio un largo paso al frente y la hoja resplandeciente voló directo a decapitarlo.
En ese instante crítico, la figura de Yan Shixu destelló en un movimiento fulgurante. Alzó su daga corta en un tajo ascendente y, con un sonoro tintineo metálico, desvió el sable largo.
Al mismo tiempo, Gao Mei soltó un rugido sordo y gutural; sus músculos se hincharon en bultos férreos y su estatura se elevó varios palmos por pura fuerza bruta.
Se escuchó una serie continua de chasquidos secos cuando las resistentes varas de madera se hicieron pedazos una tras otra.
¡Una fuerza descomunal y aterradora!
Al ver que el conflicto escalaba peligrosamente, Yan Shixu apartó al guardia de una patada y alzó la voz:
"¡Que Su Señoría juzgue con claridad! ¡Puedo demostrar que el Príncipe Ji aprisionó a su padre!"
Flotando en el aire, la Consorte del Príncipe Heredero chilló con estridencia:
"¡Deténganse!"
Un vendaval sombrío y gélido sacudió la estancia, haciendo tambalear a todos los presentes y agitando con violencia los faroles de papel.
Sentado en el estrado superior, el Prefecto de Jingzhao se cubrió los ojos con una mano para resguardarse del viento, mientras que con la otra descargó el mazo de juez sobre la mesa:
"¡Silencio!"
Todos depusieron las armas y el viento espectral se disipó de inmediato.
Los alguaciles regresaron en silencio a sus puestos, con semblantes adustos y desprovistos de cualquier otra emoción.
Huangfu Yi, habiendo escapado de las fauces de la muerte, jadeaba con fuerza mientras se pegaba a Yan Shixu en busca de protección.
El Prefecto de Jingzhao miró a Yan Shixu con altivez desde lo alto y sentenció:
"Habla. Pero te advierto de antemano: si osas calumniar al soberano basándote en rumores infundados, ni siquiera la protección del alma errante de la difunta Consorte del Príncipe Heredero impedirá que ordene vuestra decapitación inmediata."
Yan Shixu sintió cómo las miradas de la Consorte del Príncipe Heredero y de todos los alguaciles a su espalda convergían al unísono sobre él.
Huangfu Yi susurró con inquietud:
"¿De verdad tienes cómo demostrarlo? No vayas a alardear sin fundamento."
'Si me desenvuelvo bien, ¡podremos superar la trama de esta ilusión a la perfección sin necesidad de que intervenga Gu Hanzhang!' Yan Shixu respondió:
"Descuida. Hace poco volví a leer la Historia del Estado de principio a fin; la tengo fresca en la memoria."
Huangfu Yi se quedó estupefacto:
"¿La Historia del Estado? ¿De qué demonios sirve leer la Historia del Estado? Los historiadores de la corte jamás se habrían atrevido a consignar la verdad, a menos que quisieran que les exterminaran las nueve generaciones familiares."
Yan Shixu lo ignoró. Alzó la vista hacia el magistrado de túnica escarlata en el tribunal y declaró:
"Este humilde plebeyo posee escasos talentos y conocimientos limitados; únicamente ha leído la Historia del Estado. Según los anales: la noche en que estalló la rebelión, el Príncipe Ji lideró a mil soldados con armadura para defender el palacio y, en concierto con la guardia imperial de la corte, libró una encarnizada batalla contra los rebeldes en la Puerta Desheng. Quisiera preguntar a Su Excelencia: ¿cómo supo el Príncipe Ji que el Príncipe Heredero se estaba rebelando?"
El Prefecto de Jingzhao replicó con indiferencia:
"Contaba con sus propios informantes."
Yan Shixu asintió y prosiguió:
"La Historia del Estado consigna: el Príncipe Ji dio muerte al Príncipe Heredero y a sus partidarios. El Emperador se hallaba en el Salón Xinguang, ofreciendo banquetes entre música, cantos y danzas ininterrumpidas. Qué cosa tan extraña y desconcertante: el Emperador Taizu fundó la dinastía por la fuerza de las armas y poseía un cultivo inigualable. Si el Príncipe Heredero de verdad se hubiese alzado en armas para traicionarlo, ¿cómo no habría acudido el mismísimo Emperador Taizu a la Puerta Desheng a comandar la defensa? Sin embargo, Taizu no solo no acudió, sino que permaneció en el palacio entregado a la música y al baile; la Puerta Desheng se convirtió en un matadero de hombres y caballos, y Taizu no se percató en lo más mínimo. ¿Cómo explica esto Su Excelencia?"
El Prefecto de Jingzhao contestó con calma:
"El Emperador Taizu se encontraba en el ocaso de su vida; le era imposible recuperar el vigor de sus años mozos."
Yan Shixu contraatacó:
"Si Taizu ya estaba en el ocaso de su vida, ¿para qué necesitaba rebelarse el Príncipe Heredero?"
Vuelta tras vuelta, el argumento había retornado al mismo callejón sin salida.
El Prefecto de Jingzhao increpó colérico:
"¡Basta de enredos y sofismas! Si no puedes demostrar que el Príncipe Ji aprisionó a su padre, este funcionario ordenará tu decapitación ahora mismo."
Yan Shixu declaró al instante:
"La verdad es que, aquella fatídica noche del golpe, no hubo un único campo de batalla en la Puerta Desheng. Existió otro campo de batalla oculto en las páginas de la historia, y esa es precisamente la verdad que el Príncipe Ji intentó encubrir a toda costa."
Hizo una pausa y luego alzó la voz, haciendo que retumbara por toda la sala del tribunal:
"¡Los mil soldados con armadura del Príncipe Ji se dividieron en dos contingentes! Uno interceptó a los refuerzos del Príncipe Heredero fuera de la Puerta Desheng, mientras que el otro irrumpió en el palacio imperial para obligar al Emperador Taizu a entregar el poder. ¡Solo así pueden explicarse las innumerables incoherencias de la Historia del Estado!"
El Prefecto de Jingzhao soltó un bufido despectivo:
"Las deducciones vacías no constituyen conclusiones definitivas. Las meras conjeturas no convencen a nadie ni pueden servir como prueba."
Llegado a este punto, Yan Shixu reveló su verdadero as bajo la manga:
"No se trata de una deducción infundada hecha por mí, sino de una prueba que la propia Historia del Estado proporciona. Los anales registran: 'Dos mil tropas de élite del Palacio Oriental formaron filas y cargaron al asalto contra la Puerta Desheng; los defensores armados resistieron la embestida impidiéndoles el paso, y tras un prolongado combate, flechas perdidas alcanzaron los salones interiores'. Me atrevo a preguntar a Su Excelencia: ¿qué son los salones interiores?"
El Prefecto de Jingzhao respondió:
"La residencia de Su Majestad Imperial."
Yan Shixu volvió a interrogar:
"¿Qué distancia separa la Puerta Desheng de los salones interiores?"
El Prefecto de Jingzhao contestó:
"Están separados por tres puertas palaciegas..."
De pronto, se interrumpió a sí mismo.
Yan Shixu exclamó con voz potente:
"¡La distancia entre la Puerta Desheng y los aposentos interiores es inmensa! ¿Cómo pudieron unas flechas perdidas llegar volando hasta el interior de los aposentos del emperador? Los historiadores de la corte escribían con una cautela extrema, sopesando minuciosamente cada palabra; ¡jamás habrían cometido semejante error de bulto! Me pregunto: ¿acaso esta prueba no basta para demostrar que el Príncipe Ji aprisionó a su padre?"
Los historiadores podían distorsionar la verdad, maquillar los hechos o exagerar acontecimientos, pero jamás incurrirían en una pifia tan flagrante.
Los ojos de Huangfu Yi brillaron con súbita lucidez y murmuró:
"'Flechas perdidas alcanzaron los salones interiores'... 'Flechas perdidas alcanzaron los salones interiores'... Después de todo, esos malditos historiadores eran unos zorros siniestros. Al no atreverse a consignarlo abiertamente, ocultaron el enigma entre líneas."
El monje Gao Mei añadió con voz grave:
"En efecto. Esto basta para corroborar que aquella noche también se libró una cruenta batalla dentro del palacio. El Emperador Taizu fue superado y cayó bajo el control del Príncipe Ji."
El Prefecto de Jingzhao guardó un silencio sepulcral.
Aprovechando la ventaja, Yan Shixu proclamó con resonante firmeza:
"El Príncipe Ji asesinó a su hermano, mancilló a su cuñada y aprisionó a su propio padre. ¡Ruego a Su Excelencia que imparta justicia en nombre de la Consorte del Príncipe Heredero y limpie su agravio ante el cielo!"
En cuanto estas palabras cayeron, fue como si se hubiera pronunciado un decreto celestial, sellando el veredicto definitivo sobre la historia y provocando una resonancia entre el cielo y la tierra.
Habían establecido contacto con la voluntad suprema que regía en lo invisible.
Toda la sala del tribunal comenzó a sacudirse violentamente. No, en realidad era el mundo entero contenido en el libro el que empezó a temblar, sacudido como por un gran terremoto.
Yan Shixu y sus compañeros se tambalearon sin poder mantener el equilibrio; sin embargo, las figuras nacidas de las páginas del libro permanecían inmóviles, sin mostrar reacción alguna.
De pronto, una fractura espacial rasgó el vacío. Hendió la mesa del magistrado, partió en dos el letrero que rezaba "El Espejo Luminoso Cuelga en lo Alto" y cortó por la mitad al Prefecto de Jingzhao sentado en el estrado.
En un instante, la vitalidad se esfumó del rostro del Prefecto de Jingzhao; sus facciones y su mirada se volvieron rígidas e inertes, transformándose en una mera figura pintada sobre un pergamino.
Por toda la sala, las fisuras espaciales proliferaron sin cesar, rasgando el suelo, las columnas y alcanzando a los alguaciles para partirlos en dos.
Uno tras otro, los alguaciles perdieron todo rastro de vida y animación.
El alma en pena de la Consorte del Príncipe Heredero flotaba a media altura e hizo una grácil reverencia:
"Muchas gracias a los tres nobles caballeros por haber vengado el agravio de esta humilde servidora."
Al segundo siguiente, ella también fue dividida en dos por una hendidura espacial, quedando congelada e inmóvil en el aire.
"¡El libro se está quebrando! ¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos?", gritó alarmado Huangfu Yi.
En medio del pánico, una grieta espacial serpenteó a su costado; pasó rozándolo e hizo jirones su manga y su cinturón.
"Acérquense, no dejen que las grietas los absorban", advirtió el monje Gao Mei con semblante sombrío.
Los tres y el ave se apiñaron de inmediato, encogiéndose en un rincón aún intacto.
Las fracturas espaciales continuaban abriéndose, igual que un espejo quebrándose con lentitud.
Huangfu Yi exclamó con urgencia: "¡Ya condenamos al Emperador Taizong! ¿Por qué todavía no escapamos de la muerte? ¡Piensen rápido en una forma de frenar el colapso de este relato!".
"¡No hay forma!", replicó Yan Shixu con rostro hosco. "Ni siquiera entendemos los principios de la Escuela de los Novelistas; sin comprender cómo funciona, es imposible concebir una manera de quebrarlo".
"¿A qué te refieres con 'principios'? ¡No entiendo nada!", chilló Huangfu Yi.
Mientras hablaban, el espacio donde se encontraban se rasgó de golpe en una grieta.
La muerte estaba ante sus ojos.
……
El elegante patio.
Gu Hanzhang tomó la linterna y partió al instante, persiguiendo la dirección por donde Pei Yan se había marchado.
Comprendió que algo grave ocurría.
Si tan solo Yan Shixu hubiera estado ausente, aún cabría explicar que había salido para preparar su operación.
Pero que los tres faltasen de los dormitorios ya resultaba insólito, más aún con la anómala aparición de Pei Yan en las cercanías.
En este mundo no existían semejantes coincidencias.
Su paso era sumamente veloz; al poco tiempo divisó la espalda de Pei Yan, lo alcanzó en dos o tres zancadas y le cortó el paso.
Pei Yan mostró una expresión perpleja: "¿Erudita Asistente?".
Gu Hanzhang lo examinó con la mirada y preguntó: "Acabas de pasar por el patio de Yan Shixu, Huangfu Yi y Gao Mei, ¿acaso los viste?".
Pei Yan puso cara de desconcierto: "No los vi. No tengo trato con ellos tres y tampoco entré al patio de visita".
Luego inquirió con curiosidad: "La Erudita Asistente parece apresurada, ¿ocurrió algo?".
Los hermosos ojos de Gu Hanzhang concentraron su brillo mientras lo escudriñaba con minucia.
En verdad no se apreciaba nada fuera de lo común.
"Erudita Asistente, la noche ya es avanzada. Si no hay nada más, este estudiante volverá a su habitación a descansar", dijo Pei Yan.
Gu Hanzhang exhaló un leve suspiro; aunque presentía que algo no cuadraba, no hallaba fallo alguno en Pei Yan.
No había modo de vincular la desaparición de tres hombres de carne y hueso con el endeble letrado frente a ella.
Justo cuando iba a dejarlo pasar, su corazón dio un vuelco repentino: '¡Espera! ¡El libro! Por mucho que amara los libros como a su propia vida, no tenía sentido que lo llevara encima mientras merodeaba en plena noche'.
Gu Hanzhang esbozó una leve sonrisa: "El joven Pei sale a altas horas de la noche llevando un tomo consigo; presumo que debe de ser una obra rara y valiosa. ¿Podrías prestármela para echarle un vistazo?".
Su voz sonó suave y melodiosa, pero cargada de una firmeza inapelable.
La expresión de Pei Yan mudó y forzó una sonrisa: "Tampoco es nada del otro... ¡Ay, usted...!".
Solo sintió que su solapa se aflojaba; el libro plegado en concertina que guardaba en el pecho ya había sido extraído por Gu Hanzhang.
Ni siquiera le dio tiempo a reaccionar.
Gu Hanzhang clavó la mirada en él y vio que el tomo plegado, de cubiertas azules, estaba colmado de fisuras. Las grietas no dejaban ver fibras de papel, sino una oscuridad lúgubre y profunda, como si conectaran con un abismo.
"Esto... ¿qué está pasando?", balbuceó Pei Yan, presa del desconcierto.
Gu Hanzhang percibió fluctuaciones de poder espiritual emanando de las grietas, acompañadas de una presencia latente que helaba la sangre.
"¿La Escuela de los Novelistas?", su mirada se ensombreció. Miró a Pei Yan y le espetó con severidad: "¿Está Yan Shixu ahí dentro?".
"Y-yo no lo sé...", contestó Pei Yan, rehuyendo la mirada.
Mundo del libro, sala del tribunal.
El monje Gao Mei juntó las palmas y pronunció con voz profunda: "Hago voto de paz y sosiego a mi alrededor".
Una tenue luz budista envolvió su cuerpo.
La hendidura que se abría hacia ellos se ralentizó de súbito, como en una escena en cámara lenta.
Gao Mei aferró al instante los hombros de ambos y los apartó a un lado.
Al segundo siguiente, la grieta pasó rozándolos.
"Uf..."
Los tres soltaron el aire al unísono, con las espaldas empapadas de sudor frío.
El monje Gao Mei dijo con voz grave: "El mundo del libro se está desmoronando; ya puedo establecer una conexión inicial con el mundo real para desplegar el Sello de la Concesión de Deseos. Esa es la buena noticia".
Huangfu Yi tragó saliva: "¿Y hay alguna mala noticia?".
El monje Gao Mei puso semblante compungido: "La mala noticia es que, con mi poder actual, no puedo contrarrestar el colapso de este mundo. Las grietas aún terminarán haciéndonos pedazos".
Huangfu Yi se propinó una bofetada a sí mismo: "¡Por bocazas!".
Mientras hablaban, las fisuras espaciales se multiplicaban y el espacio seguro menguaba sin cesar.
A cada segundo surgían hendiduras a su alrededor; a cada segundo se jugaban la vida.
La desesperación se esparció por el pecho de los tres.
Justo en ese instante, un haz de luz límpida se precipitó desde la cúspide del firmamento, semejante al primer destello del alba al abrirse el caos primordial, bañando la resquebrajada sala del tribunal.
Acto seguido, una voz dotada de un encanto maduro y femenino, redonda y cautivadora como perlas, resonó en sus oídos:
"¡Yan Shixu! Entra de inmediato en la luz límpida".
Al escuchar aquella voz, Huangfu Yi rompió a llorar de alegría: "¡Es la voz de la Erudita Asistente Gu! ¡Claro, a ella le tocaba la guardia nocturna hoy! ¡Vino a salvarme, vino a salvarme!".
El monje Gao Mei apuntó con parsimonia: "Pero a quien llamó fue a Boheng".
La expresión de Huangfu Yi se congeló; giró bruscamente la cabeza hacia Yan Shixu y le increpó: "¡Es verdad! ¿¡Por qué te llamó a ti!?".
'Maldito orate, ¿acaso este es momento para fijarse en eso?'. Yan Shixu abrazó con fuerza a Xueyi, esquivando con extrema cautela cada una de las grietas mientras avanzaba hacia la luz límpida a tres metros de distancia: "Si quieres morir, sigue perdiendo el tiempo".
"Boheng, ve más despacio, no te alejes más de tres chi de mí. Ziyao, síguenos". El monje Gao Mei juntó las palmas, haciendo emerger de su cuerpo una tenue luz budista para contener las salvajes fracturas espaciales.
Los tres alcanzaron la luz límpida con presteza.
En el instante en que fueron bañados por la luz, una succión descomunal provino de las alturas infinitas; era como si ascendieran a los cielos impulsados por vapores inmortales, arrastrados de forma incontrolable hacia la bóveda celeste.
La derruida sala del tribunal descendía sin cesar; las grietas espaciales persiguieron al trío, pero fueron repelidas por la luz límpida.
Por fin, atravesaron el techo del recinto.
Más allá de la sala del tribunal se extendía una oscuridad insondable, como adentrarse en los espacios vacíos que quedaban fuera del marco de una pintura: no había montañas ni ríos, ni cielo ni tierra, ni sol, luna o estrellas.
Y en medio de esa negrura sin confines se erguía una figura colosal y gigantesca.
Se asemejaba a una deidad engendrada en el caos, apostada fuera del fulgor límpido. Los tres, que flotaban incesantemente hacia arriba, no eran más que efímeras en las profundidades del mar, mientras que aquella presencia era una ballena inconmensurable.
Aquel coloso llevaba en la cabeza un futou rígido de gasa negra y vestía una túnica de brocado de cuello redondo en amarillo ocre, tejida con patrones ocultos de dragones enroscados en hilo de oro; en la cintura ceñía un cinturón de jade de nueve anillos.
Sus facciones eran de una bravura imponente, solo que sus mejillas estaban cubiertas de vello blanco y sus ojos mostraban pupilas verticales de color ámbar, sumamente fieras y feroces.
A pesar de poseer un cuerpo humano, exhibía rasgos bestiales inconfundibles.
Mientras Gao Mei y Yan Shixu aún se hallaban sumidos en la conmoción y el desconcierto, oyeron de pronto la voz temblorosa de Huangfu Yi: "El... el Emperador Taizu...".
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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Capítulo 62
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 61
Estás leyendo el capítulo 61 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.