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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 60 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El viento lúgubre fuera del salón amainó de repente. Yan Shixu percibió con claridad que la corriente gélida en su interior a veces se estancaba y a veces se reactivaba, como si estuviera sumida en una profunda contradicción. '¡Hay esperanza!' Sintió un destello de alegría en el corazón y aprovechó para machacar el hierro en caliente: "Alteza, lo que le ocurrió despierta una infinita indignación y pesar. Mi maestro es cobarde, teme los problemas y le aterra el poder imperial, pero nosotros no tenemos miedo. Si logramos limpiar su agravio, aunque nuestros cuerpos queden reducidos a polvo, no avergonzaremos la gran rectitud que albergamos en el pecho". La corriente gélida dentro de él se detuvo por completo y cesó de corroer su cuerpo. Sin embargo, el espectro de la mujer no abandonó su figura. Yan Shixu comenzó a hacerles señas frenéticas con los ojos y las cejas a Gao Mei y a Huangfu Yi. El monje Gao Mei era un hombre recto y sincero; se devanaba los sesos buscando una forma de conseguir justicia, pero al no ocurrírsele nada, se negaba a hacer promesas vacías. Fue Huangfu Yi el más espabilado, quien de inmediato apuntó al cielo y juró con voz vibrante: "Si no logramos hacer justicia por Su Alteza, ¡que mis dos hermanos bajen a las Fuentes Amarillas para acompañarla en su viaje al más allá!". Gao Mei: "¿¿¿???". Yan Shixu: "¿¿¿???". En cuanto cayeron aquellas palabras, el espectro de túnica blanca emergió flotando desde la coronilla de Yan Shixu, y sus pupilas blancas y tétricos ojos miraron a todos con desdén desde las alturas. Yan Shixu sintió que el cuerpo se le aligeraba y caminó con pasos aún entumecidos hacia sus dos compañeros de habitación. "¿Estás bien?". Huangfu Yi lo sostuvo del brazo, levantando la mirada con cautela para espiar al fantasma femenino, y susurró: "¿Y ahora qué hacemos? ¿En serio vas a hacerle justicia?". "¡Hacerle justicia un carajo, es solo una medida desesperada!". Yan Shixu también bajó la voz al mínimo. "¡Maldito sinvergüenza, engañas hasta a los fantasmas!". Huangfu Yi se puso nervioso. "Hablaste con tanta convicción que pensé que tenías una gran idea". "Ahora todo depende de ti", murmuró Yan Shixu. "Tal como están las cosas, solo podemos seguir el curso de la historia. ¿Todavía recuerdas lo que pasaba después?". Huangfu Yi respondió con un tono algo ansioso: "Ya lo he olvidado casi todo, pero me acuerdo del final. A quien la Consorte del Príncipe Heredero quiere demandar es al mismísimo emperador reinante. ¿Qué tribunal se atrevería a admitir el caso? ¿Quién podría devolverle la justicia? La clave de este libreto popular no reside en el agravio de la consorte, sino en que alguien utilizó la historia de su búsqueda infructuosa de justicia para insinuar que Taizong asesinó a su hermano y encarceló a su padre". La Consorte del Príncipe Heredero en sí misma no importaba. Las costumbres de la Gran Dinastía Sheng eran abiertas, y los sucesivos emperadores rara vez prestaban atención a la estricta moral familiar. La cuñada mayor, la esposa del hermano menor e incluso las concubinas del propio padre eran candidatas que podían ser incorporadas al harén imperial. Lo que el libreto de \*La búsqueda de justicia de la Consorte del Príncipe Heredero\* pretendía transmitir era la verdad sobre cómo Taizong obtuvo el trono de manera ilegítima; el reclamo de la consorte era un mero pretexto narrativo. Por ende, no había forma de que tuviera un buen desenlace. '¡O sea que recurrir a la lógica del libreto no funcionará!', pensó Yan Shixu frunciendo ligeramente el ceño. Su intención original era seguir el flujo de la trama: dado que la fuerza marcial no podía resolver la crisis, intentaría vencer utilizando las reglas del relato. Si la Consorte del Príncipe Heredero quería justicia, entonces la ayudarían a buscarla. En ese momento, la Consorte del Príncipe Heredero, suspendida en el aire, emitió una voz desgarradora y estridente: "¿Cómo piensan hacerme justicia?". Yan Shixu, Huangfu Yi y Gao Mei se miraron las caras sin saber qué responder, con la angustia marcada en el rostro. El daoísta de barba larga tenía el semblante pálido como el papel; sacudió la cabeza y suspiró: "Es pedir lo imposible, pedir lo imposible...". "¡Entonces pretendían engañar a este palacio!". El rencor que envolvía a la Consorte del Príncipe Heredero se disparó con violencia, y bramó con ferocidad: "¡Haré que perezcan sin un pedazo de tierra donde descansar en paz!". Al instante, el viento lúgubre rugió desatado en el salón. '¡Mierda, viejo daoísta, no eres más que un PNJ! Si te mueres tú, te mueres y ya, ¡pero no nos arrastres a nosotros!', pensó Yan Shixu horrorizado. Apresuradamente interrumpió la secuencia narrativa del anciano y exclamó en voz alta: "¡Cálmese, Alteza! Mi maestro es un cobarde temeroso de los problemas, no le haga caso, nosotros mismos nos encargaremos de hacer justicia por usted. Alteza, tenga un poco de paciencia, permítanos deliberar un momento". Tras decir esto, arrastró a sus dos compañeros a un rincón y susurró: "Ziyao, recuerdo que dijiste que en la trama del libreto la consorte iba presentando demandas por todas partes, chocando contra muros sin hallar justicia en ningún rincón. Eso significa que todavía quedan muchos acontecimientos por delante". "Aunque ya no lo recuerdo bien, por supuesto que el libreto no se limita al episodio del exorcismo en la residencia del príncipe; esto es solo el comienzo". A Huangfu Yi se le iluminó la mente. "Boheng, ¿quieres ganar tiempo?". "Con calma las cosas toman mejor rumbo". Yan Shixu ya había ideado un método de salvación y dijo en tono grave: "Mientras le sigamos la corriente y prometamos ayudarla a presentar las demandas, no nos matará. Recorreremos la trama del libreto y resistiremos hasta mañana; cuando en la Academia Daoísta noten nuestra desaparición, comenzarán a buscarnos. Para entonces, estaremos a salvo". Ya que era imposible romper la situación desde dentro, recurrirían a la ayuda del exterior. "Qué bien pensado, Boheng". Huangfu Yi se alegró profundamente. El semblante tenso del monje Gao Mei también se relajó un poco. De hecho, esa era la única salida en medio de aquel callejón sin salida. Yan Shixu miró hacia la Consorte del Príncipe Heredero y dijo con fingida aflicción: "Alteza, al ser un espíritu espectral no le resulta conveniente presentarse en los tribunales. Mis hermanos y yo estamos dispuestos a actuar en su nombre, pero ya es muy entrada la noche; debemos planearlo con calma y llevarlo a cabo mañana". Si tenían un poco de suerte, ni siquiera tendrían que esperar a la mañana siguiente para recibir ayuda. Él había acordado actuar esta misma noche con Gu Hanzhang; al ver que no se presentaba, ella sin duda se daría cuenta de que algo andaba mal. En cuanto fuera a revisar la situación, descubriría que los tres habían desaparecido. "¡Sí, sí, planearlo con calma, planearlo con calma!", secundó Huangfu Yi con presteza. Sin embargo, la Consorte del Príncipe Heredero profirió con tono desgarrador: "¡Ante un odio tan profundo como un mar de sangre, no puedo esperar ni un solo día! ¡Los llevaré ahora mismo ante las autoridades gubernamentales para que hagan sonar el tambor y presenten la acusación de inmediato!". En cuanto su voz se extinguió, el entorno a su alrededor cambió drásticamente. El salón principal de la residencia del príncipe se desvaneció, y en su lugar apareció el recinto de la Prefectura de Jingzhao. Altas linternas rojas colgaban en lo alto y majestuosos leones de piedra montaban guardia. Huangfu Yi se quedó boquiabierto. El monje Gao Mei dejó escapar un suspiro. ¡Flap, flap! Xueyi descendió desde el aire y se acurrucó en su pecho. "En fin...". Yan Shixu miró con rigidez la tablilla que rezaba "Prefectura de Jingzhao" y le dio una patada al aturdido Huangfu Yi: "Toca el tambor, no hagas esperar a Su Alteza". Huangfu Yi no tuvo más remedio que avanzar a regañadientes e hizo sonar el tambor de las denuncias. Muy pronto, dos alguaciles salieron y gritaron: "¿Quién osa tocar el tambor a altas horas de la noche?". Yan Shixu respondió: "Este humilde plebeyo viene a clamar justicia en nombre de la anterior Consorte del Príncipe Heredero". Los alguaciles intercambiaron miradas y regresaron a toda prisa al interior del tribunal. Poco después, los tres hombres, el espectro y el pájaro fueron conducidos al interior de la sala. En lo alto del estrado se sentaba un funcionario vestido de carmesí, bajo un letrero que proclamaba: "El Espejo Claro Cuelga en lo Alto". A ambos lados del escritorio oficial, carceleros que sostenían varas de madera permanecían de pie con semblante solemne. "¡Quiénes comparecen ante el tribunal! ¡Qué agravio tienen!". La voz del Prefecto de Jingzhao rebosaba autoridad. Yan Shixu alzó la voz y proclamó: "Este plebeyo busca justicia para la anterior Consorte del Príncipe Heredero, y acusa al Hijo del Cielo reinante de haber asesinado a su hermano, forzado a su cuñada y encarcelado a su padre". Al oír estas palabras, la imponente fachada del Prefecto de Jingzhao se desmoronó al instante. Agarró el mazo del tribunal, lo azotó contra la mesa y bramó: "¡Mocoso insolente! Mancillar al soberano y padre de la patria es un crimen imperdonable. ¡Hombres, llévenselo a rastras y córtenle la cabeza!". Una densa intención asesina estalló en el acto. De inmediato, dos guardias armados con sables se abalanzaron para someterlos. El cielo nocturno carecía de luna, pero estaba tapizado por una multitud de estrellas resplandecientes y deslumbrantes. En aquel patio apartado y silencioso, una silueta se adentró con cautela. Primero merodeó ante las tres habitaciones y descubrió que dos de las puertas estaban cerradas con cerrojo por fuera, mientras que una permanecía abierta de par en par. Tras cerciorarse de que no había nadie en el patio, se dirigió hacia la mesa de piedra. Valiéndose de la luz estelar para ubicar la posición del libro en encuadernación de acordeón, la figura apartó la mirada y, usando únicamente el rabillo del ojo, recogió el cuaderno. Se guardó el tomo en el pecho y se marchó a toda prisa. Al salir del patio, tras haber avanzado apenas un trecho, escuchó a sus espaldas una reprimenda gélida: "¡Alto ahí!" La figura se quedó paralizada en el sitio. Gu Hanzhang se acercó con un farol en la mano y alzó el armazón de caña de bambú para iluminar el rostro del individuo. Para su sorpresa, era Pei Yan. "¿Qué estás haciendo aquí?", inquirió Gu Hanzhang, escudriñándolo con severidad. La mirada de Pei Yan vaciló por un instante, pero de inmediato recuperó la compostura y esbozó una leve sonrisa: "Esta noche no lograba conciliar el sueño. Al ver el fulgor de las estrellas, sentí brotar la inspiración y salí a buscarla. Y ahora, al encontrarme con la Erudita Asistente, comprendo que este manto de constelaciones no se compara en nada a su prestancia. A este estudiante se le acaba de ocurrir un poema y desearía dedicárselo". Gu Hanzhang frunció el ceño e interrumpió: "¡No hace falta! En estos últimos días han ocurrido incidentes con demasiada frecuencia en la Academia. Tras apagar las luces, está prohibido salir de los dormitorios. Al deambular a altas horas de la noche, debes someterte a una inspección". Pei Yan lo pensó un momento y asintió: "Este estudiante comprende". Abrió los brazos con total soltura, esperando la revisión. Con una mano sosteniendo el farol y con la otra palpándole la ropa, Gu Hanzhang solo encontró en su pecho aquel cuaderno en encuadernación de acordeón; no portaba armas cortantes. Ella había estado merodeando cerca de las habitaciones de Wen Congjian, Yang Yuanche y Gan Mu, pero al ver que Yan Shixu no actuaba, había ido allí para averiguar qué sucedía. No esperaba toparse con Pei Yan. Al no encontrar ningún objeto sospechoso, Gu Hanzhang sopesó la situación un instante y ordenó: "Vuelve a descansar. No se te ocurra salir de nuevo de tu dormitorio". Pei Yan se marchó con evidente renuencia. En cuanto se alejó, Gu Hanzhang entró de inmediato al pequeño patio y descubrió que la puerta de Yan Shixu estaba cerrada con cerrojo por fuera. '¿Ya ha pasado a la acción?' Gu Hanzhang enarcó una ceja y aguzó el oído. Las dos habitaciones contiguas estaban sumidas en un silencio sepulcral. Alzó el farol para echar un vistazo y comprobó que los dos compañeros de cuarto de Yan Shixu no se encontraban adentro. "¡Esto no está bien!". El hermoso rostro de Gu Hanzhang mudó de color. …… En la sala del tribunal. El corazón de Yan Shixu y sus dos compañeros se hundió. Apenas acababan de salir de la guarida del lobo cuando caían de bruces en la boca del tigre. Este libro popular ocultaba trampas mortales a cada paso. "¿Y si nos abrimos paso matando?", susurró Huangfu Yi mientras protegía en silencio a sus dos compañeros colocándose delante de ellos. "Incluso si logramos salir peleando, aún tendríamos que enfrentarnos a la Consorte del Príncipe Heredero", razonó Yan Shixu con rapidez mientras sopesaba una estrategia. En ese momento, la Consorte del Príncipe Heredero, que flotaba a espaldas de todos, chilló con tono desgarrador: "¡¿Acaso un magistrado ilustre tiene derecho a dictar sentencia sin haber juzgado antes?!". El Prefecto de Jingzhao miró a la consorte y declaró con voz grave: "Puesto que Su Alteza ya ha fallecido, los aciertos y errores del mundo mortal nada tienen que ver con usted. ¿Por qué aferrarse con tanta obstinación?". Una ráfaga de viento siniestro se arremolinó en la sala, y de los ojos de la Consorte del Príncipe Heredero brotaron lágrimas de sangre: "¡Esta servidora no descansará en paz hasta cerrar los ojos con justicia!". El Prefecto de Jingzhao suspiró con pesadumbre: "En fin. Si pretendéis acusar a Su Majestad, ¿acaso tenéis pruebas?". Los tres voltearon a mirar a la Consorte del Príncipe Heredero; después de todo, ella era la demandante agraviada. Sin embargo, para su desconcierto, la mujer no volvió a pronunciar palabra. 'Si ni siquiera la propia agraviada habla, ¡¿cómo demonios vamos a encontrar pruebas nosotros?!' Yan Shixu se sumió en cavilaciones. 'Un momento... parece que sí hay una salida.' El relato de este libro popular tenía como propósito tácito denunciar que el Emperador Taizong había matado a su hermano mayor y aprisionado a su padre para usurpar el trono por medios ilegítimos. Esa era la lógica que sustentaba a todo este mundo de papel. El haber aceptado antes la exigencia de la Consorte del Príncipe Heredero de buscar justicia demostraba que, mientras siguieran el curso del argumento, no caerían de inmediato en un callejón sin salida. Con ese pensamiento en mente, Yan Shixu murmuró en voz baja: "Tengo una idea. No tenemos pruebas materiales en nuestras manos, pero en los libros de historia sí las hay". El monje Gao Mei se quedó atónito y arrugó el entrecejo: "Es cierto que existen registros históricos, pero ¿acaso los personajes de este libro van a reconocer la historia del mundo real?". "La trama de este libro se basa originalmente en las figuras y sucesos de la era Yongzhen. Creo que el método de Boheng vale la pena intentarlo. Dejadme a mí, conozco bien estos asuntos", intervino Huangfu Yi antes de dar un paso al frente: "¡Yo tengo pruebas! En las \*Crónicas de la Vida Diaria de Taizu\* consta que el Emperador Taizu declaró en una ocasión: 'La caída de la dinastía Yan se debió a que depusieron al primogénito legítimo para entronizar a un hijo menor, actuando contra el orden natural; las generaciones venideras deben tomarlo como una advertencia'. El Emperador Taizu jamás contempló deponer al Príncipe Heredero, y el afecto entre padre e hijo era entrañable. ¿Por qué razón se rebelaría el heredero? Es más, en aquel entonces, Su Majestad ya era de edad avanzada y prolongaba sus días a base de elixires. Al Príncipe Heredero le bastaba con aguardar pacientemente, ¡¿qué necesidad tenía de alzarse en armas?!". La dinastía Yan había sido la dinastía anterior, a la cual la Gran Dinastía Sheng había reemplazado. El Prefecto de Jingzhao refutó con frialdad: "Las \*Crónicas de la Vida Diaria de Taizu\* se redactaron en los primeros años de su reinado, cuando fundaba el imperio. Con el paso de los años, el corazón humano cambia. La \*Historia del Estado\* consigna que el Príncipe Heredero acumuló soldados y armaduras en secreto, introdujo pertrechos a escondidas en la capital y celebró reuniones clandestinas con los comandantes de la guardia imperial del palacio. ¡Sus intenciones de rebelión eran patentes desde hacía tiempo!". '¡De verdad funciona!' Los tres se miraron de reojo, compartiendo el destello de regocijo en sus miradas. Huangfu Yi rebatió con entusiasmo: "¡En absoluto! Tras ascender al trono, el Rey Ji exigió repetidas veces a los historiadores oficiales las \*Crónicas de la Vida Diaria\* y la \*Historia del Estado\*, y ordenó mutilarlas y alterarlas a su conveniencia. Este suceso quedó registrado en las \*Directrices Políticas de Yongzhen\* y cuenta con fundamentos irrefutables". Al pertenecer a la nobleza de Chang'an, Huangfu Yi conocía a la perfección los secretos más turbios del clan imperial. El magnicidio del hermano a manos del Rey Ji era un acontecimiento histórico trascendental. Aunque la corte intentó maquillar al Príncipe Heredero tildándolo de conspirador, tanto los ministros como el pueblo sabían muy bien lo que había ocurrido en realidad. Incluso en los textos oficiales aún podían rastrearse indicios reveladores. El Prefecto de Jingzhao se quedó sin palabras por un instante, y con tono solemne sentenció: "Dejemos ese asunto de lado por el momento". Los tres camaradas respiraron con alivio y se apresuraron a observar la reacción de la Consorte del Príncipe Heredero. Ella permanecía con los cabellos desgreñados cubriéndole el rostro, pero el miasma fantasmal a su alrededor se había apaciguado, desprovisto de la ferocidad enloquecida de antes. El Prefecto de Jingzhao paseó su mirada severa por el grupo y desvió el interrogatorio de improviso: "¡Acusáis a Su Majestad de haber confinado a su propio padre! ¡¿Acaso tenéis pruebas de semejante infamia?!". "Esto... esto...", tartamudeó Huangfu Yi, lanzando una mirada desesperada de auxilio hacia sus dos compañeros de cuarto. Y es que todos tenían claro que, si el Rey Ji solo se hubiera limitado a asesinar al Príncipe Heredero, el Emperador Taizu —siendo un monarca con verdadero poder— jamás le habría perdonado la vida. Por tanto, en aquel golpe de Estado, el Rey Ji había desmantelado al mismo tiempo el poder del Príncipe Heredero y el del mismísimo Emperador Taizu. Sin embargo, a lo largo y ancho de los libros de historia, resultaba sencillamente imposible hallar una sola prueba de ello. Siendo un noble de Chang'an, Huangfu Yi era quien mejor lo comprendía. Por un lado, los sucesos de aquella jornada se habían desarrollado en las profundidades del palacio, lejos del alcance de los cien funcionarios civiles y militares; por el otro, matar a un hermano podía justificarse de algún modo, pero confinar al propio padre era un pecado atroz de máxima traición. El Rey Ji debió hacer todo lo que estuvo en sus manos para ocultar y erradicar cualquier rastro de la verdad. Gao Mei se devanaba los sesos buscando una salida. Yan Shixu, por su parte, repasaba a toda velocidad ese período en su memoria, intentando desenterrar el menor indicio. Durante su tiempo de estudio en la Academia Daoísta, casualmente se había dedicado a empaparse a fondo de una gran cantidad de textos sobre la historia de la Dinastía Sheng. 'En las historias oficiales no parece haber registro alguno... Claro, ¿cómo iban las historias oficiales a dejar constancia de semejante crimen? ¿Qué hago? ¿Qué hago ahora?...' Examinó mentalmente la historia a un ritmo vertiginoso, pero no obtuvo nada. Al ver que los tres permanecían en un prolongado silencio, el Prefecto de Jingzhao descargó el mazo sobre el estrado y bramó: "¡Lleváoslos y decapitadlos!". \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 60 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.