Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 54 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Las sombras de las velas temblaban con languidez y los sencillos cortinajes colgaban a medio cerrar.
Ambos permanecían sentados con las piernas cruzadas sobre el lecho bajo, semejantes a una pareja daoísta que debate sobre el Dao en lo más profundo de la noche.
Había una razón clara por la cual Gu Hanzhang había subido a la cama: su figura era esbelta y alta, de modo que permanecer sentada en un banquillo durante un tiempo prolongado le provocaba molestias en el cuello.
Por otro lado, el diván de meditación se encontraba a varios metros de distancia, lo que dificultaba sobremanera discutir asuntos confidenciales.
Yan Shixu la miró de soslayo y frunció el ceño:
"¿Quieres decir... que Pei Yan no es más que otro cebo arrojado por quien maneja los hilos desde las sombras?"
Gu Hanzhang asintió con suavidad y desgranó su análisis:
"Aunque la trampa mortal de esta noche fue sumamente peligrosa, si lo piensas con detenimiento, no es difícil hallar dos fallas evidentes en ella."
"¿Qué fallas?"
"La primera: aunque Ye Zangfeng no salió a perseguirte de inmediato, Pei Yan no se dejó despistar por los gritos de alarma. Por muy poco dotado que esté en el Sendero Marcial, perseguirte a ti, que estabas gravemente envenenado, no le habría costado ningún trabajo, ¿verdad?"
La expresión de Yan Shixu se tornó sombría.
Gu Hanzhang tenía toda la razón. Si se ponía en el lugar del otro, de haber sido él Pei Yan, jamás habría permitido que un enemigo intoxicado escapara con vida.
"La segunda: incluso si hoy hubieras muerto a causa de la ponzoña del Gu, él habría quedado al descubierto. ¿Acaso el Monasterio Chongzhen no hallaría sospechoso que Yan Shixu, el primero de la lista entre los nuevos discípulos, intentara asesinar a Pei Yan?" Las hermosas pupilas de Gu Hanzhang reflejaban el resplandor de las velas, semejantes a un par de gemas deslumbrantes y cautivadoras. "Lianyangzi, de la Escuela del Norte, con solo palpar los huesos supo que He Siqi era un artista marcial que había entrado en rango. El Monasterio Chongzhen dedujo su identidad desde hacía tiempo; solo que, una vez que la persona murió y su llama se extinguió, no se molestaron en seguir indagando."
Yan Shixu dijo con voz grave:
"Por lo tanto, si yo hubiera muerto esta noche, mi identidad habría quedado al descubierto. Y, por consiguiente, la identidad de Pei Yan tampoco se habría podido ocultar."
De inmediato, sintió una ráfaga de frío recorrerle la espalda.
Sin importar si la verdadera condición de Pei Yan era la de un infiltrado o la de un simple estudiante ordinario, su conducta ya se había transformado por completo en la de una marioneta.
¿Acaso las Artes de los Estrategas podían despojar a un ser humano de su propia voluntad hasta ese extremo?
Gu Hanzhang lo miró y trató de apaciguarlo:
"No tienes por qué ser tan pesimista. Aunque las Artes de los Estrategas pueden someter la mente de las personas, requieren de tiempo para obrar. Además, no optó por controlar a He Siqi, sino que hizo que Cheng Silie y Qi Shaoyou dieran la cara para chantajearlo. ¿Por qué razón?"
Los ojos de Yan Shixu brillaron.
"Porque existe un límite en el número de personas que puede controlar."
Gu Hanzhang asintió:
"Qi Shaoyou y Cheng Silie ya están muertos, y la identidad de Pei Yan ha quedado expuesta; los 'aliados' de quien mueve los hilos entre las sombras no pueden ser muchos. Él también se encuentra en un estado de debilidad."
Yan Shixu asintió en señal de conformidad y volvió a preguntar:
"¿Cuánto sabes sobre la brujería Gu?"
"Los maestros Gu prácticamente se han extinguido en las Llanuras Centrales; tal vez la Oficina de Asuntos de Inspección posea algún informe al respecto." Gu Hanzhang sacudió la cabeza con pesar. "Se oculta a demasiada profundidad; dar con él no será tarea sencilla."
Yan Shixu se sumió en cavilaciones.
Pasado mañana comenzaban los días de asueto; el tiempo que le quedaba era escaso.
De los once nuevos discípulos que no habían regresado a dormir a los dormitorios, se descartaría a una parte antes del descanso, y durante el asueto se descartaría a otra más; prácticamente con eso terminarían por acorralar su verdadera identidad.
De ese modo, Yan Shixu quedaría expuesto a dos posibles situaciones:
Primera: apenas concluyera el descanso y regresara a la academia, caería en una trampa mortal minuciosamente planeada por el enemigo.
Segunda: mientras descansara en casa, sufriría un ataque repentino a manos de sicarios o mediante veneno de Gu.
Por supuesto, también podía recurrir al poder de la Oficina de Asuntos de Inspección o de Xingchadu para resistir e incluso contraatacar, pero Yan Shixu no creía que un adversario tan taimado fuera a morder el anzuelo con facilidad.
Gu Hanzhang frunció sus delicadas cejas y guardó silencio, sumida en pensamientos.
La mirada de Yan Shixu titiló. De pronto, apartó la delgada colcha, bajó de la cama, caminó hacia el escritorio y, sin titubear, comenzó a moler tinta y a extender un pliego de papel.
Gu Hanzhang lo siguió por curiosidad. Se apoyó contra la pared con una postura sutilmente lánguida y preguntó intrigada:
"¿Qué pretendes hacer?"
"Dibujar un mapa mental."
"¿Qué clase de mapa?"
Yan Shixu no le respondió. En el papel de arroz escribió los nombres de Qi Shaoyou, Cheng Silie, Pei Yan, He Siqi y Li Yanzhen.
Luego trazó líneas para conectar los nombres y anotó las relaciones entre ellos.
Gu Hanzhang parpadeó con sus hermosos ojos. No comprendía del todo lo que hacía, pero le parecía digno de admiración:
"¿Para qué sirve esto?"
"Las interacciones entre las personas dejan rastros que se pueden seguir. ¿Por qué razón los que cayeron bajo el control mental uno tras otro fueron Li Yanzhen y ese grupo de vástagos de familias ilustres y funcionarios, en lugar de cualquier otro?", analizó Yan Shixu. "El círculo de Li Yanzhen desdeña entablar amistad con los hijos de familias plebeyas. Si quien maneja los hilos desde las sombras proviniera de un origen humilde, tan solo intentar acercarse a ellos lo habría hecho chocar contra un muro a cada paso. Intentar adular a quien lo desprecia no solo habría llamado demasiado la atención, sino que habría sido un esfuerzo ingrato y contraproducente. A juzgar por Li Yanzhen, Pei Yan y Qi Shaoyou, es muy probable que el autor intelectual se oculte dentro de ese mismo círculo."
Gu Hanzhang se quedó pensativa, contempló el esquema de relaciones sobre el papel y comentó:
"¿No será una deducción demasiado simple?"
"Ajá", asintió Yan Shixu. "Por eso mismo hay que dibujar el diagrama; las pistas se ocultan justo aquí dentro."
Rodeó con un círculo el nombre de Cheng Silie.
"He tratado con este Cheng Silie. No era demasiado brillante, pero tampoco estúpido; era un espía que cumplía con las normas al pie de la letra, muy reservado y hábil para ocultarse. Si quien maneja los hilos entre las sombras fuera un vástago de la nobleza, ¿cómo habría descubierto que un estudiante plebeyo, discreto y paciente, era en realidad un espía?"
Los ojos de Gu Hanzhang brillaron, pero de inmediato sacudió la cabeza:
"Pero tú mismo acabas de decir que, si quien mueve los hilos fuera un estudiante plebeyo, le habría resultado muy difícil integrarse al círculo de los vástagos nobles y controlar a tanta gente para que dieran la vida por él."
"Muy simple: tiene un cómplice." Yan Shixu trazó un círculo sobre el nombre de Qi Shaoyou. "La misma noche en que He Siqi se infiltró en el Pabellón de los Tesoros Escondidos, Qi Shaoyou lo siguió. Al segundo día de ingresar a la academia, cuando ni siquiera se conocían bien las caras, ¿cómo pudo Qi Shaoyou haber sido descubierto y controlado? La única posibilidad es que Qi Shaoyou no fuera una marioneta, sino un cómplice."
"Contando con la recomendación de Qi Shaoyou, acercarse a Li Yanzhen y a Pei Yan le habría resultado muchísimo más fácil", afirmó Yan Shixu.
Para un plebeyo era sumamente difícil acceder a los estratos de la nobleza; sin embargo, si mediaba la recomendación de un tercero, la tarea se volvía trivial.
Así funcionaban tanto los círculos letrados como la burocracia oficial; la corte de la Gran Dinastía Sheng aún conservaba hasta el presente el sistema de recomendaciones.
El panorama se fue despejando poco a poco. Gu Hanzhang clavó la vista en los nombres sobre el papel y dijo:
"Basta con averiguar qué estudiante de origen humilde ha tenido contacto con ellos para cercar al culpable en las sombras. El problema es que son demasiados los que buscan congraciarse con ellos, y nos resulta imposible determinar quiénes mantenían un trato estrecho con el grupo. Ponerse a indagar abiertamente alertaría a la serpiente entre la hierba, y en el día a día nadie suele prestar atención a semejantes minucias."
Carecían de las Artes de los Estrategas; no podían realizar un escrutinio exhaustivo sin levantar sospechas.
Esa era, en verdad, la mayor dificultad.
"Nosotros no le prestamos atención, pero hay alguien que con toda certeza sí lo hizo", afirmó Yan Shixu con absoluta rotundidad.
"¿Quién?", preguntó Gu Hanzhang con curiosidad.
"Ese mismo Huangfu Yi que codicia tu belleza", contestó Yan Shixu con semblante imperturbable.
"No hace falta que lo recalques", replicó Gu Hanzhang con el rostro ensombrecido.
"Huangfu Yi es un hombre diestro en las relaciones sociales, está bien informado y le fascina averiguar habladurías. En apariencia parece frívolo y despreocupado, pero en realidad es sumamente perspicaz y meticuloso." Yan Shixu dejó las bromas a un lado y adoptó un tono serio: "Puedo preguntarle a él."
"¿Es de fiar esa persona?"
"Eso no te lo puedo garantizar. Por el momento, es un amigo y no un enemigo. Si resultara ser un enemigo, el asunto se volvería todavía más sencillo." Yan Shixu cambió de tema de improviso: "Por cierto, ¿cuál es la postura del Monasterio Chongzhen respecto a los espías infiltrados entre los estudiantes?"
Gu Hanzhang respondió con aspereza:
"¿Acaso no eres capaz de ver su postura? No te hagas ilusiones con la Secta Chongzhen."
Yan Shixu asintió.
Cuando la Secta Chongzhen se enteró del homicidio, su reacción inicial fue mayúscula; incluso el Erudito Asistente Wangji, que jamás se inmiscuía en los asuntos mundanos, se había movilizado.
No obstante, en cuanto descubrieron que el difunto era un espía, la diligencia de la Secta Chongzhen para capturar al asesino decayó de forma evidente.
Esta noche se había armado un alboroto colosal y solo se había presentado un único sacerdote, Wanggui.
La Secta Chongzhen parecía limitarse a observar con fría indiferencia.
"Sin embargo, mis superiores me advirtieron que la Secta Chongzhen jamás toleraría que un espía codiciara el Reloj de Sol de Mingzong, y me ordenaron que me mantuviera oculto, pues quedar al descubierto significaba la muerte segura", comentó Yan Shixu.
Que quedar expuesto significaba la muerte era una verdad innegable, pero el peligro real no provenía de la Secta Chongzhen.
Al tocar ese punto, Gu Hanzhang meditó unos instantes antes de decir:
"Esta noche, el hermano mayor Wanggui negó ante nosotros que el Reloj de Sol de Mingzong tuviera relación alguna con el tesoro imperial. No sé si decía la verdad o no, pero pude percibir que el tesoro imperial de Mingzong le tenía sin cuidado."
La actitud de la Secta Chongzhen resultaba desconcertante y nebulosa.
"Maestra, ¿usted qué opina?", preguntó Yan Shixu como un estudiante que consulta con naturalidad.
"Tu maestra no puede enseñarte eso." Gu Hanzhang le dirigió una mirada de soslayo cargada de reproche.
"Entonces enséñeme a hacer frente al enemigo."
Ambos conspiraron bajo la luz de la lámpara durante un largo rato hasta bien entrada la noche, dejando afianzado el plan para el día siguiente.
De pronto, Gu Hanzhang preguntó:
"¿Quién fue el que alejó a Ye Zangfeng por ti esta noche? ¿Acaso tienes más cómplices dentro de la academia?"
No era una pregunta fácil de responder. Yan Shixu hizo girar los ojos con presteza:
"En efecto, tengo un compañero, pero carece de fuerza de combate; no podemos contar con él."
Gu Hanzhang mostró una expresión de suspicacia.
Yan Shixu añadió:
"Es un contacto personal mío, no pertenece a Xingchadu."
Solo entonces Gu Hanzhang asintió para dar por buena la respuesta.
Xingchadu jamás enviaría a la academia a un espía tan desvalido que no pudiera ni defenderse.
Gu Hanzhang apagó la vela de un soplo y se metió en la cama en medio de la oscuridad. Al compás del leve roce de las telas al desvestirse, dijo en voz baja:
"Ya es tarde y la ponzoña del Gu en tu cuerpo aún no se ha purgado por completo. Descansa temprano."
Yan Shixu trepó a la cama a tientas en la penumbra.
Apenas levantó la colcha y se deslizó al interior, un par de piernas largas le asestaron una patada que lo arrojó directamente al suelo.
Gu Hanzhang soltó una risa teñida de indignación:
"Lárgate a dormir al diván."
Yan Shixu no se sintió avergonzado en lo más mínimo y murmuró entre dientes:
"Menos mal, así me ahorro que te aproveches de mí."
"¡¿Qué has dicho?!"
"Nada, nada."
...
Al día siguiente, a las cinco y media de la mañana.
Yan Shixu despertó sobre el diván bajo, con la cabeza apoyada en dos cojines suaves.
Miró hacia el lecho; las cortinas ya estaban descorridas y la delgada colcha descansaba doblada con pulcritud.
Gu Hanzhang no se encontraba en la habitación.
Se calzó los zapatos y las medias, paseó la mirada por la estancia sobria y limpia, y sus ojos se detuvieron en la pared del fondo.
Allí colgaba un pergamino caligráfico.
En realidad lo había visto la noche anterior, pero con la tenue luz de la vela y la premura del momento, no había tenido ánimo para fijarse en los caracteres.
Solo ahora se percataba de que se trataba de un poema.
Y era, precisamente, el poema que él había dejado sobre la mesa el día del banquete.
En ese instante, la puerta se abrió y Gu Hanzhang entró sosteniendo un cuenco humeante; un denso olor a decocción medicinal invadió la estancia arrastrado por la brisa matutina.
Gu Hanzhang dejó el cuenco sobre la mesa, se acomodó un mechón de cabello junto a la sien y dijo con fingida indiferencia:
"Aquel día vi que tus versos no estaban del todo mal, así que los transcribí."
Yan Shixu esbozó una media sonrisa enigmática:
"No tienes por qué darme explicaciones."
La expresión de Gu Hanzhang se congeló y le clavó una mirada fulminante:
"Bébete la medicina y lárgate de inmediato. Que nadie te vea salir de mi patio."
En aquel momento, el sol matutino aún no se había alzado y por el oriente asomaba un tenue resplandor blanquecino.
En el aire fresco de la alborada ya se percibía una ligera frialdad otoñal.
Estaban a finales del octavo mes.
Yan Shixu regresó a los dormitorios como si nada hubiera ocurrido; un pajarillo negro cruzó volando por encima de su cabeza.
En el pequeño patio, el monje Gao Mei permanecía acuclillado frente a la tinaja de agua aseándose; tenía las bolsas de los ojos hinchadas y violáceas, con un aspecto infinitamente agotado.
Yan Shixu trajo un lebrillo de madera desde su habitación y se puso a asearse a su lado.
"Hermano Gao, ¿has logrado desarrollar el Qi dual del Yin y el Yang?"
"No. ¿Y tú?"
"Yo tampoco."
El monje Gao Mei escupió una bocanada de espuma salina y afirmó con convicción:
"El Cultivo Dual exige perseverancia; es perfectamente normal no ver resultados a corto plazo. Aunque uno se sienta débil y exhausto después del acto, imagino que es un paso ineludible en el sendero del Cultivo Dual. Una vez que logremos desarrollar el Qi del Yin y el Yang, podremos reponerlo con creces de forma natural."
En ese momento se escucharon unos pasos vacilantes y Huangfu Yi entró tambaleándose.
Al ver que sus dos compañeros de cuarto lo miraban, Huangfu Yi infló el pecho, levantó la cabeza y sonrió:
"Las artes del Cultivo Dual de la Escuela del Sur son en verdad extraordinarias. Solo las practiqué durante una noche y ya siento el espíritu despejado y los pies ligeros, como si caminara sobre las nubes."
Yan Shixu comentó:
"Sorprendente, en verdad sorprendente."
El monje Gao Mei añadió:
"Verdaderamente pasmoso."
Al notar que ambos ya habían concluido su aseo, Huangfu Yi dijo:
"Espérenme a que termine de lavarme y vamos juntos al refectorio."
Dicho esto, entró en la habitación.
En menos de un minuto, Yan Shixu y Gao Mei escucharon unos ronquidos atronadores provenientes del interior.
"A Ziyao se le ha ablandado el cuerpo entero; lo único duro que le queda es la boca."
"¿Deberíamos despertarlo?"
"Déjalo dormir un rato, no vaya a sufrir una muerte súbita."
"¿Qué es una muerte súbita?"
"Morir por exceso de fatiga."
Yan Shixu y Gao Mei terminaron de desayunar, regresaron al dormitorio y sacudieron a Huangfu Yi para despertarlo.
Huangfu Yi abrió los ojos y murmuró desconcertado:
"Vaya, ¿cómo es que me quedé dormido?"
El monje Gao Mei sacó un panecillo al vapor de su regazo:
"Lávate rápido, prepárate para ir al Salón Xuanming."
Una vez que Huangfu Yi concluyó su aseo, los tres partieron juntos hacia el Salón Xuanming.
Lianyangzi, a quien le correspondía impartir la lección del día, llevaba ya un buen rato esperando en el salón con el rostro severo.
Cuando todos los nuevos discípulos estuvieron reunidos, Lianyangzi declaró con frialdad y gravedad:
"Yan Shixu, Gao Mei, Huangfu Yi, Shi Huaijin, Wei Xiao, Cui Yan... Aquellos cuyos nombres he pronunciado, síganme al Salón Tianyuan."
Once estudiantes dieron un paso al frente en silencio, con expresiones sombrías.
Únicamente Huangfu Yi miraba a diestra y siniestra, susurrando:
"¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?"
Como no había ido al refectorio, todavía no se había enterado de que los treinta y seis bribones que habían pasado la noche fuera estaban a punto de ser castigados.
Avanzaron sin cruzar palabra a través de los corredores y cruzaron la plaza; bajo la guía de Lianyangzi, el grupo ingresó al Salón Tianyuan.
En el interior ya se encontraban veinticinco estudiantes de ciclo completo, cabizbajos y desanimados.
Yan Shixu recorrió a los presentes con la mirada; la gran mayoría eran hijos de familias nobles y encumbradas, y entre ellos se hallaba Lu Zhao, el nieto del Gobernador Regente de la Capital Oriental.
El sacerdote Wanggui permanecía de pie con las manos a la espalda, de cara a la estatua del Ancestro Daoísta. A su lado, dos acólitos sostenían sendas brazadas de varas de espino.
"En su momento, nuestro venerable maestro, el Maestro Daoísta Yunmo, temía que el hermano menor Wangji fuera en exceso indolente, por lo que le encomendó la administración de la Academia Daoísta", dijo el sacerdote Wanggui con voz profunda. "Yo no albergaba grandes esperanzas al respecto, pero jamás imaginé que pasar la noche fuera y entregarse a los placeres mundanos se hubiera convertido en una costumbre habitual."
Extrajo con presteza una vara de espino, se dio la vuelta y rugió:
"¡Arrodíllense todos! Veinte azotes a cada uno."
El bramido pareció albergar una fuerza incontestable.
El corazón de todos dio un vuelco; presas de un temor y una sumisión instintivos, cayeron de rodillas al unísono sobre las baldosas pulidas como espejos.
De entre los tres eruditos asistentes, Wangyuan, Wangzhen y Wanggui, este último era el de temperamento más irascible.
Él mismo se encargó de propinar el castigo, azotándolos uno por uno; los gritos desgarradores se sucedían sin cesar en el salón.
Cuando le llegó el turno a Huangfu Yi, tal vez porque el dolor superó su capacidad de aguante, soltó una ventosidad tan sonora que hizo vacilar la figura del mismísimo sacerdote Wanggui.
"¡Qué insolencia!", rugió enfurecido el sacerdote Wanggui. "¡Veinte azotes más!"
Las miradas de los demás estudiantes se llenaron de asombro y reverencia; ¡aquel sujeto se había atrevido a desenfundar la espada contra un erudito asistente!
Parecía que Huangfu Yi había heredado a la perfección el lema implacable del Espadachín Jinghong: no respetar a nadie, ni a los suyos.
Huangfu Yi se alarmó:
"¡Fue un m-malentendido! ¡Aaaaargh...!"
Los aullidos de dolor de Huangfu Yi resonaron con particular estruendo.
Una hora después, el castigo llegó a su fin.
El sacerdote Wanggui no los dejó marcharse, sino que ordenó con sequedad:
"Vayan a esperar fuera del salón; entrarán conforme escuchen su nombre."
Los estudiantes abandonaron el recinto sin pronunciar palabra.
Apenas cruzó el umbral del salón, Huangfu Yi, haciendo muecas de dolor, agarró a un estudiante y le preguntó:
"¿Qué fue lo que ocurrió?"
El estudiante respondió en voz baja:
"Anoche hubo otro altercado en los dormitorios..."
Le relató con minuciosidad cómo la habitación de Pei Yan había sido allanada por un intruso.
Yan Shixu escuchaba a un lado; el relato de aquel estudiante era gráfico y contenía ciertas exageraciones, pero no se alejaba mucho de la realidad.
Al terminar de escuchar, Huangfu Yi miró de inmediato a sus dos compañeros de cuarto con las cejas arqueadas:
"¡¿Acaso ustedes dos no habían dicho que no iban a los burdeles?! No me salgan con que se fueron otra vez a meditar sobre el Dao."
El monje Gao Mei fingió contemplar el paisaje a la distancia.
"Yo no fui a ningún burdel. Anoche mantuve una charla a la luz de las velas con la erudita asistente Hanzhang y dormí toda la noche en su habitación", respondió Yan Shixu con absoluta franqueza.
Huangfu Yi soltó una risotada sarcástica:
"Mírate primero en un charco de orina a ver si das la talla."
A medida que los estudiantes entraban uno por uno al salón, salían un cuarto de hora después con las ropas desaliñadas.
Muy pronto llamaron a Yan Shixu.
Entró al salón y cerró las puertas tras de sí.
El sacerdote Wanggui resopló con frialdad:
"El lecho de placeres es la tumba de los héroes. Tú posees un porvenir prometedor que nada tiene que ver con el de los estudiantes de ahí fuera; con mayor razón deberías guardar la compostura. ¿Cómo puedes andar deambulando por callejones de placer y descuidar tus estudios?"
Yan Shixu aceptó la reprimenda con humildad:
"El erudito asistente tiene toda la razón; este estudiante lo grabará en su memoria."
Los golpes que él había recibido apenas le dolían.
El sacerdote Wanggui se había contenido.
"Quítate la ropa", ordenó el sacerdote Wanggui con calma.
Yan Shixu se despojó de la túnica exterior y de los pantalones, quedándose únicamente con las prendas interiores.
Dos acólitos dieron un paso al frente; primero lo examinaron con detenimiento y luego comenzaron a palparlo por todo el cuerpo, presionando con fuerza.
"Maestro, no presenta heridas externas", informó uno de los acólitos.
El Maestro Daoísta Wanggui asintió con un leve movimiento de cabeza.
Yan Shixu salió del salón. Aprovechando que los demás estudiantes iban ingresando para someterse a la inspección, apartó a Huangfu Yi a un lado y le preguntó en voz baja:
"Quiero preguntarte algo. ¿Sabes de alguien que mantenga un trato cercano con Qi Shaoyou, Li Yanzhen y Pei Yan, pero que sea de extracción humilde?"
Huangfu Yi no comprendió:
"¿Para qué quieres saber eso?"
Yan Shixu lo miró con fijeza:
"Tú solo limítate a responder."
Huangfu Yi hizo memoria y dijo:
"Uy, de esos hay muchísimos. A diario son bastantes los que andan merodeando a su alrededor para adularlos."
Yan Shixu continuó indagando:
"Y de entre todos ellos, ¿quién mantenía también un trato cercano con Cheng Silie?"
Huangfu Yi frunció el ceño:
"Déjame pensar... Pues la verdad es que sí hay alguien."
\-----
• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨

Continúa leyendo
El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 56
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 54
Estás leyendo el capítulo 54 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.