Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 52 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Tres cuartos de la hora Hai.
Wanggui, Lianyangzi, Gu Hanzhang y Ye Zangfeng, los cuatro Eruditos Asistentes, se congregaron en los aposentos de los estudiantes.
A excepción de Ye Zangfeng, los otros tres habían acudido tras recibir el aviso.
El Maestro Daoísta Wanggui fue el primero en llegar; Gu Hanzhang, la última.
Con el semblante lívido de indignación, Wanggui preguntó de inmediato:
"El escribano de guardia vino a informar. ¿Ha vuelto a ocurrir un percance?".
Lianyangzi y Gu Hanzhang dirigieron la mirada hacia Ye Zangfeng.
Ye Zangfeng expuso con calma:
"Al primer cuarto de la hora Hai, el estudiante Pei Yan descubrió que un intruso se había infiltrado en su habitación y de inmediato condujo a los subalternos a buscarme. Cuando llegamos al patio, escuchamos a alguien gritar que había un asesinato. Guié a los guardias hacia el origen de la voz, pero no hallamos rastro alguno. Para cuando me percaté de que era una estratagema para alejar al tigre de la montaña, el malhechor ya se había esfumado".
La crispada expresión del Maestro Daoísta Wanggui se destensó ligeramente y comentó con tono sombrío:
"Al menos no hubo pérdidas humanas. ¿Ni siquiera tú fuiste capaz de darle alcance?".
Ye Zangfeng negó con la cabeza.
A su parecer, constatar si el homicidio era verídico resultaba mucho más apremiante que perseguir a un intruso.
Y despertar a tres alumnos para comprobar su estado exigía tiempo.
"Sin embargo, durante el rastreo, el escribano halló manchas de sangre fresca. Al parecer, el malhechor resultó herido", añadió Ye Zangfeng con frialdad. "Aunque el rastro hemático no se prolongó demasiado, es indudable que quedó lastimado".
Los ojos del Maestro Daoísta Wanggui brillaron con determinación. Hizo una seña a un escribano y ordenó con firmeza:
"Notifiquen a todos los estudiantes que deben congregarse de inmediato en el Salón Tianyuan. Absolutamente todos se presentarán; no toleraré excusa alguna".
En cuanto el escribano se alejó a paso apresurado, Wanggui prosiguió en tono severo:
"Inspeccionaremos el cuerpo de cada discípulo. Bastará con ver quién presenta heridas para desenmascarar al bellaco que sembró el caos esta noche".
Lianyangzi intervino de improviso:
"Al primer cuarto de la hora Hai, ¿Pei Yan no se encontraba descansando en su aposento?".
Ye Zangfeng respondió:
"En ese momento departía tranquilamente en la habitación de Chu Xiuyuan. Ya lo he corroborado minuciosamente; es verídico".
Lianyangzi insistió:
"¿Falta alguna pertenencia en el aposento de Pei Yan?".
"Ninguna".
Lianyangzi frunció el ceño con extrañeza:
"Si no buscaba el robo, pretendía el asesinato. ¿Por qué razón lo tomaría por blanco?".
"Aún queda por esclarecer".
Gu Hanzhang, quien se había mantenido imperturbable y en silencio, habló por fin:
"Hermano Mayor Wanggui, ¿los discípulos de cada promoción de la Academia Daoísta siempre han sido así de rebeldes y desprovistos de disciplina?".
"No precisamente", vaciló el Maestro Daoísta Wanggui antes de soltar un hondo suspiro. "Es un asunto complejo. No hace mucho, la Oficina de Asuntos de Inspección esparció el rumor de que quien consiga el Reloj de Sol de Mingzong podrá hallar el tesoro estatal de Mingzong. Y la base de dicho reloj reposa en el Pabellón de los Tesoros Escondidos de nuestro Monasterio Chongzhen".
Los tres Eruditos Asistentes intercambiaron miradas cargadas de suspicacia.
"¡De modo que entre los nuevos ingresantes se ocultan espías de la Oficina de Asuntos de Inspección!", dedujo Lianyangzi al comprenderlo todo.
"Me temo que no se limita a ellos; ante las riquezas del tesoro estatal de Mingzong, no existe facción que no codicie semejante botín", apuntó Ye Zangfeng con voz neutra.
Wanggui exclamó con resignación:
"¡Puras patrañas sin fundamento! ¿Acaso han olvidado por qué fracasó nuestro venerable maestro en aquellos años, cuando ascendió al cargo de canciller y marchó a someter a los mandos militares fronterizos?".
Ye Zangfeng soltó: "Porque su pericia era pésima".
Lianyangzi secundó: "Carecía de aptitud militar".
La comisura de los labios de Wanggui tembló de exasperación:
"¡Fracasó porque se agotaron el grano y las arcas! Si el Reloj de Sol de Mingzong fuese una pista genuina hacia el tesoro estatal, ¿cómo iba nuestro maestro a dejarlo arrumbado en un estante?".
Los tres lo meditaron y juzgaron lógico el argumento, desistiendo en su afán de tildar al Maestro Daoísta Yunmo de completo incompetente.
Lianyangzi cuestionó con gravedad:
"Siendo así, ¿por qué la academia no publica una aclaración oficial?".
"Haría falta que la gente quisiera creerlo", sonrió Wanggui con amargura. "Este año sustituimos la prueba de control por una disertación política precisamente para cribar a parte de los infiltrados. Por lo visto, aún se colaron bastantes peces por las mallas de la red. Si guardaran compostura y discreción, poco importaría; pero habiendo provocado muertes, la academia se ve obligada a intervenir".
En ese preciso instante, un escribano avanzó con un farol de papel en la mano, pálido y compungido.
"Erudito Asistente...", titubeó el hombre, cohibido. "Treinta y seis discípulos no se encuentran en los dormitorios... Se desconoce por completo su paradero".
"¡¿Cómo?!", bramó Wanggui, atónito.
Los otros tres mostraron expresiones de absoluto desconcierto.
"¿A qué te refieres con que se desconoce su paradero? ¡Son treinta y seis almas enteras! ¿Acaso se los tragó la tierra?", rugió Wanggui con las venas del cuello hinchadas. "¡¿Cómo demonios vigilan las guardias?!".
El escribano bajó la cabeza hasta el pecho y balbuceó:
"La vida en la academia es solitaria y tediosa... Los discípulos suelen saltar los muros al caer la noche para buscar diversión en los lupanares; ya se ha convertido en costumbre arraigada".
Wanggui dio una patada al suelo, fuera de sí:
"En vez de quemarse las pestañas estudiando, saltan las murallas para frecuentar burdeles... ¡¿Qué clase de decencia es esta?! ¡¿Qué clase de decencia?! ¡¿Así es como el Hermano Menor Wangji administra la academia?!".
El escribano hundió la cabeza aún más:
"El Erudito Wangji instruyó: 'Que obren según su naturaleza; déjenlos en paz'".
Maestro Daoísta Wanggui: "..."
\*\*\*
Fatiga, vacío, frialdad.
Sentía el cuerpo despojado de toda energía vital. En medio de un sopor brumoso, Yan Shixu percibió unos dedos gélidos que le entreabrían los labios para introducirle una píldora medicinal de sabor penetrante y amargo.
El remedio despedía un perfume penetrante que le escocía en la nariz, acompañado de un ardor acre que le punzaba la lengua.
Era como si una píldora amasada a base de agua floral y ungüento alcanforado se disolviera en su paladar, proyectando un fogonazo de frescor ardiente directo hacia su coronilla.
Yan Shixu dejó escapar un quejido apagado y abrió lentamente los ojos.
La iluminación de las velas era lánguida. En la estancia flotaba el olor a cocción herbaria, fundido con una fragancia embriagadora y exquisita, imposible de describir.
Yacía sobre un lecho bajo, protegido en su parte superior por un dosel antimosquitos de fino lino blanco.
Al girar la cabeza, aspiró el aroma impregnado en la almohada y comprendió al instante de dónde brotaba aquella fragancia embriagadora.
Yan Shixu pasó revista a su condición física: sus cuatro extremidades se sentían laxas y extenuadas, semejante a convalecer de una enfermedad atroz; sin embargo, el entumecimiento letal y el vértigo se habían desvanecido.
Alzó el brazo y apartó la cortina del lecho.
Bajo el alféizar de la ventana que daba frente a la cama, un pequeño hornillo de barro cocido albergaba brasas vivas donde borboteaba un brebaje medicinal.
Hacia el costado derecho se extendía un diván con dos cojines de meditación, y sobre el muro relucía una enorme pintura del Taiji con los dos peces cósmicos entrelazados.
Una hermosa sacerdotisa daoísta, ataviada con vestiduras clericales, reposaba sentada en loto con los ojos cerrados. Sus delicadas facciones reflejaban el resplandor tembloroso del fuego, idéntica a una primorosa escultura de jade tibio.
¡Gu Hanzhang!
"Gu...", Yan Shixu despegó los labios con esfuerzo. Tenía la garganta reseca y áspera, como si hubiese pasado la noche entera roncando a garganta abierta, incapaz de articular palabra con soltura.
Gu Hanzhang abrió los párpados y preguntó:
"¿Despertaste? ¿Cómo te encuentras?".
Su voz resonaba con el timbre magnético y cadencioso de una mujer madura.
La nuez de Adán de Yan Shixu osciló al tragar saliva para humedecer sus fauces secas, respondiendo con voz ronca:
"No me encuentro del todo bien... ¿Fuiste tú quien me salvó?".
Jamás se le habría cruzado por la mente que su salvadora resultaría ser ella.
A ojos de aquella hermosa mentora, él siempre había sido un rebelde incorregible, exactamente igual que Huangfu Yi.
La única diferencia residía en que Huangfu Yi era un insolente de talento discreto, mientras que él era un insolente desbordante de elocuencia y genialidad.
Gu Hanzhang no emitió respuesta. Poniéndose de pie, se aproximó a la cabecera del lecho y enganchó los pliegues de las cortinas sueltas.
Luego caminó hacia el ventanal, envolvió el asidero de la tetera de barro con un paño y sirvió un cuenco rebosante de densa sopa medicinal de tono pardo oscuro.
Se sentó con gracia al borde del lecho y le acercó el cuenco.
El brebaje humeaba intensamente. Yan Shixu sujetó el cuenco con ambas manos y lo bebió a pequeños sorbos; la garganta recobró su tersura y su vitalidad experimentó una perceptible mejoría.
Gu Hanzhang no mostraba prisa alguna. Con una sutil sonrisa en los labios, lo escudriñaba sin pestañear, clavando sus pupilas en sus rasgos faciales.
"Mi más profundo agradecimiento a la Erudita Asistente por haberme salvado la vida", expresó Yan Shixu con reverente sinceridad.
Gu Hanzhang esbozó una sonrisa que no delataba sus intenciones y murmuró:
"No te apresures a darme las gracias. Esta noche la Academia Daoísta entera te está buscando por cada rincón. Dime, ¿debería entregarte a la Secta Chongzhen?".
Yan Shixu optó por guardar silencio.
Gu Hanzhang entornó los ojos con suspicacia:
"¿Para qué amo sirve un ladronzuelo como tú? Te infiltraste en la Academia Daoísta para apoderarte del Reloj de Sol de Mingzong, ¿me equivoco?".
Yan Shixu meditó un instante y replicó:
"A quién sirva este humilde ladronzuelo carece de trascendencia. Lo que verdaderamente importa es cómo dispone la Erudita Asistente tratar a este prisionero".
En aquel instante carecía por completo de iniciativa; su vida o su muerte pendían de un mero capricho mental de Gu Hanzhang.
Bajo tales circunstancias, pretender negociar o fingir argucias carecía de sentido; dilucidar las aspiraciones de su interlocutora era la única clave.
Si no lo había entregado de inmediato a las autoridades de la academia, forzosamente era porque perseguía algún beneficio particular.
Gu Hanzhang preguntó:
"¿Por qué irrumpiste esta noche en la habitación de Pei Yan?".
Yan Shixu respondió con total franqueza:
"Sospecho que él fue quien asesinó a He Siqi".
Gu Hanzhang prosiguió:
"Por ende, a quien buscaba el homicida era a ti, y los caracteres trazados en la pared eran una provocación expresa contra tu persona".
Yan Shixu asintió:
"He Siqi era mi compañero".
"¿Cómo adquiriste la certeza de que el culpable era Pei Yan?".
"Fui yo quien denunció a Li Yanzhen. Conforme a su confesión, sugerir una pregunta suplementaria frente al salón durante la mañana provino de una insinuación sutil de Pei Yan. Asimismo, el Erudito Asistente Lianyangzi me confió que las únicas artes capaces de someter la voluntad ajena son las Artes de los Estrategas y la Brujería Gu". Yan Shixu acomodó su postura sobre el lecho para recostar la espalda contra el cabezal: "Esta noche me proponía recabar pruebas concluyentes; jamás calculé que caería en la trampa calculada por Pei Yan".
Gu Hanzhang adoptó un semblante pensativo y manifestó:
"El veneno Gu que albergabas en la sangre era devastador y violento. Si nuestra Escuela del Sur no fuese la cumbre en el conocimiento de la farmacopea y la medicina, jamás habrías visto la luz del alba".
Yan Shixu reiteró su gratitud con reverencia:
"Por una deuda de vida semejante, no dispongo de medios suficientes con qué pagarle".
Gu Hanzhang no concluyó su intervención allí, sino que continuó desentrañando la situación:
"Li Yanzhen no era más que un peón que arrojó como carnada; su arresto ya estaba previsto en su cálculo. Que te tendiera una emboscada valiéndose de veneno Gu era algo imprevisible para tus defensas, de suerte que no se te puede imputar descuido absoluto.
No obstante, eliminar a He Siqi y dejar mensajes con sangre para desafiarte fueron anzuelos calculados para inflamar tu cólera. Ese individuo alberga una mente profunda y siniestra, versado en tejer celadas mortales. Si hubieses sabido tragarte el orgullo y contener la furia, esta noche no habrías quedado en semejante precariedad".
Yan Shixu permaneció mudo.
Gu Hanzhang clavó sus ojos en los de él:
"Para un espía, los afectos representan el veneno más destructivo; especialmente cuando tu adversario es un estratega consumado".
"Apenas conocía a He Siqi desde hacía unos días; no existían afectos profundos entre nosotros", refutó Yan Shixu.
He Siqi lo había admirado con lealtad ciega, tratándolo como a su superior de mayor rango, prefiriendo quitarse la vida antes que comprometer la identidad de Yan Shixu bajo tortura.
En su interior sentía aflicción, furia y quebranto, mas no constituían meros impulsos ciegos.
En el fondo del alma de Yan Shixu rugía una hoguera incontrolable, pues... aquel muchacho, a fin de cuentas y al igual que su propia familia, había terminado reducido a una vil brizna de hierba pisoteada por los poderosos.
"He dicho cuanto tenía que decir. Tras arrancarme estas confesiones, ¿qué destino me depara la Erudita Asistente?", preguntó Yan Shixu, resignado a enfrentar lo peor.
Una sensación extraña lo invadía; casi parecía estar repasando los fallos de su operativo militar hombro con hombro junto a ella.
Gu Hanzhang dibujó una media sonrisa enigmática:
"Después de tantas palabras, ¿ni siquiera has caído en la cuenta de que te estoy enseñando el modo de proceder?".
Yan Shixu se quedó de piedra.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 53
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 52
Estás leyendo el capítulo 52 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.