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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 50 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Podemos verificarlo en cualquier momento, pero la oportunidad es fugaz", urgió Yan Shixu. "Li Yanzhen es vástago de una familia noble y oficial, además de estudiante de la Academia Daoísta; el Puesto de Guardia Wuhou no lo retendrá por mucho tiempo. A Yan, las ocasiones perdidas no regresan jamás". A Yan lo contempló con fijeza. Sus ojos, límpidos y transparentes, semejaban un espejo capaz de traslucir los pliegues del alma humana. Negó con la cabeza: "Me estás ocultando algo". Yan Shixu frunció el ceño. El semblante seductor de A Yan lucía sereno y reposado; lejos de asemejarse al de una cortesana de burdel, evocaba el porte de la señora principal al frente de una ilustre estirpe. "Por muy enloquecido que esté tu adversario, a fin de cuentas todavía no te tiene en su punto de mira. Te estás mostrando demasiado impaciente; tan inquieto como si ya sintieras el frío del acero apoyado contra tu garganta", sentenció ella en voz baja. Yan Shixu exhaló un suspiro enrarecido: "Ya te lo dije antes: él sin duda alguna penetró en el Pabellón de los Tesoros Escondidos". A Yan asintió. Dos de sus camaradas habían desaparecido de forma inexplicable; de haberse encontrado en su pellejo, ella también habría irrumpido en el pabellón para desentrañar lo sucedido. Yan Shixu admitió con impotencia: "Aquel día me vi obligado a marcharme a toda prisa y no tuve margen para purgar la escena. Quedaron atrás demasiados rastros que apuntan hacia mi persona". Aquello era la pura verdad. Tanto la saeta de manga como el marcador de tiralíneas eran recursos de una singularidad extrema; bastaba que salieran a la luz para que su identidad quedara al descubierto. Además, ignoraba cuánto había cantado He Siqi bajo tortura. En este tablero, el adversario aguardaba agazapado entre las sombras mientras él permanecía a plena vista, sumido en una total desventaja. Si su enemigo lograba confirmar su persona, todo el juego se vendría abajo. A Yan replicó con frialdad: "La Oficina de Asuntos de Inspección se rige por normas estrictas: a un inspector de zona le está vedado tomar parte directa en las misiones; su cometido se limita al suministro de información, recursos financieros y tareas de limpieza posterior. ¿Comprendes el motivo? Las detenciones y los interrogatorios competen de manera exclusiva a los agentes de inspección. Elevaré este informe al magistrado de enjuiciamiento para que disponga lo pertinente". 'Los antiguos no erraban al sentenciar que solo con el roce constante florece el afecto genuino. Entre A Yan y él, ¡vaya si el trato corporal había sido profundo, pero cuán tenue resultaba el lazo de la devoción!', pensó con amargura. "He sido yo quien se ha extralimitado", repuso Yan Shixu, dándose la vuelta sobre sus talones para marcharse sin insistir. Apenas hubo avanzado unos pasos, a sus espaldas resonó el suspiro resignado de A Yan: "Está bien... Recuerda que me debes este favor. Vuelve una vez que haya caído el crepúsculo". '¡Pero bien mirado, los antiguos también sabían que existe un atajo fulminante hacia las entrañas de una mujer!', sonrió Yan Shixu complacido: "Muchas gracias, hermosa dama". ... Aquella tarde correspondía la lección de historia. Tomar la historia como espejo permite comprender las fases de prosperidad y decadencia, desentrañar los intrincados ardides del poder, discernir los abismos del corazón humano y ponderar el momento exacto para avanzar o replegarse. Que los anales del pasado sobrevivieran mutilados no privaba a los letrados de las eras venideras de nutrir su sabiduría en sus fuentes. A ojos de los letrados contemporáneos, la historia constituía un preceptor venerable que había apurado el cáliz de todas las vicisitudes; por ello, tanto maestros como discípulos consagran a esta materia su más honda devoción. Entre el inabarcable piélago de crónicas, la \*Historia del Estado\* ostentaba el rango supremo, pues destacaba tanto por su inmediatez cronológica como por su incuestionable fidelidad documental. Y a lo largo de los cuatro siglos que abarcaba la Gran Dinastía Sheng, el reinado de Mingzong representaba el arquetipo por excelencia. El Maestro Daoísta Wangzhen exponía con verbo fluido: "'En los albores de la ascensión de Mingzong, la gobernanza era un hervidero de caos y las arcas del imperio languidecían vacías. Mingzong se dirigió a Li Xuan con estas palabras: «Los altares de la patria no hallan sosiego; ¿de qué modo podremos devolverles la paz?». "A lo que Li Xuan respondió: «Las lacras que corroen el reino se reducen a tres ejes: la milicia, los cargos cortesanos y las cargas tributarias. Aspiro a concertar con Vuestra Majestad un pacto inquebrantable». "Mingzong convino con entusiasmo. "Li Xuan dictó entonces: «Primero: no desatar conflictos armados ni alimentar delirios de expansión fronteriza. Segundo: sopesar con rigor la concesión de honores y mercedes, sin derrochar prebendas al capricho. Tercero: atenuar corveas y tributos, a fin de no atormentar la existencia de los súbditos»". El tono del Maestro Daoísta Wangzhen adquirió un matiz solemne: "En aquellos primeros años, Mingzong gobernó con infatigable celo e impulsó con vigor la grandeza de la corte. Con el amparo de nuestro Patriarca Fundador, forjó una era de prosperidad deslumbrante. Mas, ay, al alcanzar el ocaso de sus días, se dejó ganar por la indolencia y descuidó el timón del Estado. Cuando en el porvenir culminen sus estudios, graben bien esto en su entendimiento: quien mora largo tiempo en la cúspide suele engreírse de soberbia y se torna sordo ante las verdades que laceran el oído". Yan Shixu estaba familiarizado con aquel fragmento histórico. Si bien sus estudios de la antigüedad no eran enciclopédicos, conocía los hitos capitales de la presente dinastía. Cuando Mingzong ciñó la corona, la administración pública se hallaba sumida en el desgobierno y la Gran Dinastía Sheng comenzaba a deslizarse por la pendiente del ocaso; fue entonces cuando el emperador buscó investir como canciller a Li Xuan, el Inmortal Desterrado de la Secta Chongzhen. Li Xuan concertó con él aquel pacto de tres preceptos. A partir de entonces, se desplegó la época dorada más fulgurante en los anales de la Gran Dinastía Sheng. "Erudito Asistente", intervino Yan Shixu, "según consignan las crónicas, el canciller Li, hastiado de ver a Mingzong entregado a las delicias del serrallo, al despilfarro sin freno y al abandono de las tareas de gobierno, renunció a su dignidad imperial para peregrinar por el mundo en busca de la inmortalidad y el Dao, tras lo cual su rastro se desvaneció de los registros. Provisto de semejantes portentos sobrenaturales, ¿por qué no intervino el canciller Li para enderezar el destino del imperio durante la Rebelión de los Tres Reyes?". Aquel discípulo del Inmortal Desterrado Li Xuan, el actual Preceptor Imperial, llevaba más de doscientos años de existencia terrenal. Sin embargo, el maestro en persona parecía haberse disuelto en la bruma. "El canciller Li, como es natural, trascendió el polvo mundano y ascendió a los cielos". "El canciller Li era la reencarnación terrenal de una deidad; descendió al fango mortal para purificarse durante una centuria y, colmados sus méritos sagrados, regresó por derecho propio al reino celestial". Aunque la disquisición se apartaba del temario prescrito, espoleó de inmediato el fervor de los letrados presentes. El Maestro Daoísta Wangzhen movió la cabeza: "Bajo el mandato de Xianzong, el Patriarca Fundador todavía hollaba la tierra de los vivos. Al estallar la Rebelión de los Tres Reyes, comprendió en lo más hondo que los afanes del hombre hallan a veces un límite insalvable. A fin de sofocar el caos y apuntalar los pilares del reino, el Patriarca se recluyó en clausura espiritual". "¿Cómo? ¿Acaso el inmortal Li Xuan aún respiraba en este mundo en aquellos tiempos?". Aquella revelación desbarató por entero las certezas de los discípulos. El Maestro Daoísta Wangzhen volvió a negar con lentitud: "Xianzong pretendió emular el ejemplo de Mingzong y procuró conferirle el cargo de canciller, mas el Patriarca declinó la oferta. Sentenció que las corruptelas acumuladas por la dinastía eran demasiado profundas para remediarse por cauces humanos, y que únicamente alcanzando la inmortalidad podría salvarse el orden del mundo. Por ende, se sumió en meditación a puerta cerrada. Transcurrido un ciclo sexagenario, nuestro Gran Maestro abrió el recinto de reclusión, solo para hallar que el Patriarca se había esfumado sin dejar la menor huella". "Entonces, ¿consiguió el canciller Li la inmortalidad definitiva o no?". "Sin duda ascendió a los cielos". "Si alcanzó la inmortalidad, ¿por qué razón jamás se ha dignado manifestarse a lo largo de más de un siglo?". El auditorio bulló de conjeturas y apasionadas controversias. El Maestro Daoísta Wangzhen descendió las palmas para apaciguar el murmullo: "Habiendo mediado casi doscientos años de distancia, el paradero del Patriarca Fundador quedó sepultado en el enigma. No dilatemos más el asunto en detrimento de la enseñanza". 'El Maestro Daoísta Wangzhen es un varón recto y sincero. ¡De haber sido cualquier otro discípulo de la Secta Chongzhen, habría asegurado a pies juntillas y sin titubeos que Li Xuan se alzó a la gloria celestial!', reflexionó Yan Shixu en su fuero interno. Una vez que el clamor se extinguió, el Maestro Daoísta Wangzhen reanudó la relación cronológica del reinado de Mingzong, prolongándola hasta la irrupción de la Rebelión de los Tres Reyes, coyuntura en la que Mingzong y el Príncipe Heredero sucumbieron bajo el acoso de las huestes insurrectas. Tras la caída de ambos soberanos, el poder supremo quedó acéfalo y se desencadenó una enconada contienda intestina. La facción de los letrados de corte, acaudillada por el Canciller de la Izquierda, pretendía entronizar al primogénito legítimo del Príncipe Heredero para perpetuar el linaje legítimo. Mas, contra todo pronóstico, el decimosexto hermano de Mingzong, el Príncipe Jing, secundado por el Campeón Marcial Wei Pozei, se autoproclamó soberano. Palmo a palmo fue recomponiendo los despojos del territorio hasta aplastar por completo la Rebelión de los Tres Reyes. Aquel Príncipe Jing no era otro que quien más tarde recibiría el título póstumo de Xianzong. Al recobrar Chang'an, desató una implacable purga y masacró sin piedad a los vástagos y allegados leales a Mingzong y al difunto Príncipe Heredero, extirpando casi de raíz la progenie de su propio hermano mayor; semejante carnicería empujó a una multitud de estrategas y prohombres ilustres a buscar refugio al amparo de los comisionados militares fronterizos. Al escuchar este pasaje, una súbita iluminación cruzó por el intelecto de Yan Shixu. De improvisto, comprendió la ambivalente frialdad que la Secta Chongzhen mantenía respecto al Reloj de Sol de Mingzong. ¿Acaso radicaba allí la raíz del enigma? Aquel artefacto encerraba las claves del tesoro imperial de Mingzong, y sin embargo la Secta Chongzhen se resistía con tenacidad a entregarlo a la corte. El Anciano Letrado Confuciano atribuía dicha reticencia a la irreconciliable enemistad entre los daoístas y la camarilla de los eunucos; mas, escrutando con mayor rigor las crónicas imperiales, se advertía que la cúspide de esplendor del clero daoísta se había erigido durante los albores del gobierno de Mingzong. Y al ceñir la corona, Xianzong prácticamente había exterminado la simiente de Mingzong. Hacia la actual estirpe imperial, la Secta Chongzhen difícilmente profesaría la menor lealtad o afecto. 'El estudio de los anales no es en vano. Tan pronto disponga de sosiego, tendré que examinar a fondo la \*Historia del Estado\*'. El sol se hundió tras el perfil de las serranías occidentales y las sombras del atardecer arroparon la ciudad. Cargando con su caja de libros, Yan Shixu regresó a los pabellones estudiantiles. Tras sopesarlo brevemente, ocultó la saeta de manga en el maderamen del techo, aseguró el marcador de tiralíneas bajo el cajón del retrete y guardó la daga corta sin disimulo alguno dentro del ropero. La Gran Dinastía Sheng enaltecía el temple marcial; que los letrados portaran cuchillos o dagas cortas como salvaguarda personal formaba parte del uso común. Siempre que aquellos dos artefactos comprometidos permanecieran a buen recaudo, aun si un intruso violaba su recámara, no lograría hallarlos en un primer registro. Contando además con Xueyi apostado sobre la acacia cumpliendo funciones de centinela, la seguridad estaba razonablemente blindada. Huangfu Yi emergió del aposento con talante jubiloso, estrechando contra el pecho el \*Tratado de la Concordancia de Qian y Kun\*: "Hoy estamos libres de blandir la espada ante el Erudito Asistente Ye, de modo que marcho de inmediato hacia el Pabellón Jinhe. Con el auxilio de las artes secretas del cultivo dual, ¡qué motivo tendría para dudar de la consumación de mi esgrima!". Yan Shixu midió la tonalidad del firmamento: "¿Ni siquiera aguardas a que cierre la noche?". Huangfu Yi desdeñó la precaución con un ademán de la mano: "Ya he colmado de gratificaciones a los escribas del patio delantero. Mientras no desfile con descaro ante el portalón de la academia, se harán de la vista gorda". 'Sin duda alguna, el poder del dinero no halla barrera que lo contenga...', caviló Yan Shixu con sincera ironía. Apenas se hubo alejado Huangfu Yi, Yan Shixu cruzó miradas con el monje Gao Mei: "Hermano Gao, yo soy un varón que guarda las formas; aguardaré a que reine la oscuridad". El monje Gao Mei inclinó la cabeza con solemnidad: "Yo profeso la misma mesura". ... En cuanto la penumbra envolvió las calles, Yan Shixu franqueó de un salto el muro del patio trasero y se descolgó en los dominios de A Yan. Tan pronto como la suela de sus botas rozó el suelo empedrado, por el ventanal de la estancia lateral asomó un rostro abultado de facciones toscas: era con exactitud la sirvienta fornida que en aquella ocasión había depositado el escudo de madera junto al portillo trasero. La mujer posó sus pupilas sobre Yan Shixu y, con absoluta impasibilidad, se replegó hacia el interior. Yan Shixu empujó resueltamente la puerta de la cámara de A Yan. En el salón interior titilaba una vivaz lumbre de velas; A Yan se encontraba sentada en soledad ante la mesa, tomando sus alimentos. Entre los plebeyos de la Gran Dinastía Sheng regía la costumbre de ayunar tras el mediodía, mientras que las familias pródigas gozaban de tres refecciones diarias sin prescindir de ninguna. Sobre la mesa aguardaban dispuestos dos pares de cuencos y palillos. Yan Shixu tomó asiento con naturalidad, aprisionó un muslo de gallina entre las varillas de madera para mordisquearlo con apetito y preguntó: "¿Qué frutos arrojó la pesquisa?". A Yan deglutió con pausada parsimonia antes de responder: "Li Yanzhen no guarda conexión alguna con las muertes acaecidas en la Academia Daoísta, ni actúa como cómplice del homicida; no pasa de ser un vástago disoluto de alcurnia cortesana. Mi gente ni siquiera precisó blandir los instrumentos de tormento; bastó con someterlo a cierta intimidación para que se orinara en los calzones del puro pavor". Yan Shixu depositó un trozo de manjar de nieve en el cuenco de la dama: "Prosigue". A Yan le dedicó una mirada de fingido enfado: "Ni se charla al yantar ni se discurre al pernoctar. ¿Pretendes que me alimente o que hable?". Yan Shixu fingió ademán de arrebatarle el manjar con los palillos, pero ella lo rechazó de un seco golpe cruzado. "Fue capaz de franquear la Formación Conmocionadora del Espíritu y reveló semejante flaqueza de espíritu; mi veredicto es que su identidad carece de tacha", continuó A Yan tras morder delicadamente el manjar de nieve. "Respecto al motivo por el cual formuló aquella sugerencia al pie de la escalinata: en un principio, Li Yanzhen juró que solo procuraba subsanar posibles descuidos; tras propinarle unos cuantos latigazos, confesó que se lo había escuchado insinuar a su condiscípulo e íntimo Pei Yan, y le había parecido un juicio acertado". ¿Pei Yan? En la mente de Yan Shixu cobró forma una faz pulcra y refinada, correspondiente a un letrado de grado superior adscrito al séquito habitual de Li Yanzhen. "¿Nada más?". "Nada más", suspiró A Yan con impotencia. "Te has dejado ganar por el recelo y ves espectros tras cada arbusto; yo soy incapaz de advertir anomalía alguna". '¡Naturalmente que no puedes verla, puesto que te oculté la mitad de las piezas del tablero!', consideró Yan Shixu, negándose de plano a catalogarlo como un mero azar. Degollar a He Siqi para de inmediato orquestar el uso de la Formación Conmocionadora del Espíritu con el fin de cercarlo constituía una maniobra orquestada a la perfección. "¿Llegaron a verificar los antecedentes de Pei Yan?". "El linaje Pei goza de abolengo ilustre, pero la rama a la que pertenece Pei Yan es apenas un tronco colateral y apartado. El sujeto carece de particularidades notorias y, al mediar tan escaso margen de tiempo, ha sido imposible recabar mayores precisiones". La rama colateral de un clan noble equivalía, en cuanto a fortuna e influencia, a la condición de un terrateniente modesto; nada digno de mención. Yan Shixu engulló el bocado que le restaba en el plato, ocultando a la perfección el destello homicida que bullía en el fondo de sus pupilas, y anunció: "Preciso retornar a la academia de inmediato". Un destello de desencanto asomó en los ojos de A Yan: "¿Supones que él es la mano que maneja los hilos tras las sombras? Aun cuando lo fuera, semejante asunto reclama prudencia y sosiego". "De tener que asestar el golpe, esta misma noche brinda la coyuntura más propicia", sentenció Yan Shixu con voz bronca. "¿En virtud de qué?", inquirió A Yan, arqueando las cejas. En las pupilas de Yan Shixu danzó el reflejo escarlata de los cirios: "En virtud de que la noche en que alguien se infiltró en el Pabellón de los Tesoros Escondidos, él no estuvo presente". \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 50 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.