Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 49 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Apenas pasada la hora Wei, los escribientes que habían tomado su descanso regresaron a cumplir sus funciones en la Oficina de Asuntos Generales.
Frente al edificio, un joven centinela de la guardia Wuhou aguardaba de pie bajo el sol implacable, empapado en sudor.
El escribiente lo miró y comentó con aire despreocupado:
"¿Por qué no pasas a sentarte? Con este calor tan abrasador, te va a dar una insolación."
El joven centinela agitó las manos con presteza:
"No pasa nada, no pasa nada. La Oficina de Asuntos Generales es un recinto de suma importancia, ¿cómo me atrevería a entrar sin permiso? Vengo por orden del Capitán de Patrulla Wang a retirar el registro académico."
Al no hallar pistas concluyentes dentro de la academia, la investigación debía orientarse al exterior, encomendando al Puesto de Guardia Wuhou la tarea de indagar los vínculos personales de He Siqi.
"¡Aguarda aquí!"
El escribiente pasó al archivo situado al fondo de la oficina, abrió un gran arcón de madera de alcanfor y, tras revolver entre los legajos, extrajo el expediente de He Siqi.
Tras despedir al joven guardia, regresó a su mesa de trabajo y descubrió que sobre ella yacía una tira de papel.
El papel se hallaba enrollado sobre sí mismo.
Intrigado, el escribiente lo desenrolló; en él rezaba:
"Anoche vi a Li Yanzhen salir de la habitación de He Siqi."
La expresión del hombre mudó drásticamente. Se puso de pie de un salto y salió despedido a toda prisa de la Oficina de Asuntos Generales.
\*\*\*
En el Salón Xuanming.
El Erudito Asistente a cargo de la cátedra de aquel día era el Daoísta Wangzhen, del Monasterio Chongzhen. Rondaba los cuarenta años, poseía facciones ordinarias y un temperamento afable; no pecaba de riguroso ni de distante, asemejándose a un auténtico y mesurado caballero.
Habiendo padecido la prepotencia del daoísta que alzaba calderos, la frialdad del espadachín, el desapego del maestro sin respeto a reyes ni padres y la altivez del Daoísta Wangyuan —quien solo tenía ojos para los alumnos aventajados—, los discípulos al fin contaban con un maestro sereno y comprensivo.
La atmósfera en el salón era distendida.
Huangfu Yi descansaba con indolencia, sosteniéndose la mandíbula con la palma, incapaz de disimular su júbilo:
"Apenas restan tres días para el descanso oficial. En otros tiempos me la pasaba cazando con halcones y apostando en riñas de canes sin reparar en el transcurso de los días; solo al entrar en la Academia Daoísta comprendí cuán codiciado y revitalizante resulta este receso. Es más eficaz para alargar la vida que una raíz de ginseng milenario."
Bajando la voz, murmuró:
"Dispondremos de dos días completos; propongo que nos instalemos directamente en el Pabellón Jinhe."
'¿Instalarnos en el Pabellón Jinhe?' Tras haberse consumido hasta la extenuación la víspera, sus reservas se hallaban en mínimos históricos. Yan Shixu sacudió la cabeza:
"Tengo que volver a casa."
A propósito del arte secreto del cultivo dual, Yan Shixu había bregado con denuedo hasta el alba sin percibir incremento alguno en su vigor carnal ni en su espíritu primordial; antes bien, había tenido que marcharse arrastrándose contra los muros.
Sospechaba que aún no le había tomado la mano al asunto.
El monje Gao Mei también negó:
"Aprovecharé el asueto para ganar algo de dinero; de lo contrario, mi subsistencia peligra."
"¿Ganar dinero?" Huangfu Yi evaluó la imponente complexión física del bonzo. "¿Haciendo de estibador en los muelles?"
Gao Mei repuso con parsimonia:
"Regento un establecimiento en el mercado Wugeng del Barrio Zhende, llamado 'Estudio Ruyuan'. Me consagro a materializar los deseos del pueblo llano a cambio de una magra retribución."
"¿Ayudas a los vecinos de la Capital Oriental a rastrear perros y gatos extraviados?"
"Clasifico las peticiones en tres clases: deseos mundanos, deseos obsesivos y grandes votos", aclaró en un susurro el monje Gao Mei. "Los deseos mundanos demandan fortuna, paz y prosperidad cotidiana; lo que el hermano Huangfu me implora día a día encaja en este rubro. Para mi propósito, tales anhelos generan el caudal más ínfimo de Poder de los Votos. Los grandes votos atañen a la ventura de todos los seres o al destino de la dinastía y los altares imperiales; rebasan el alcance de las fuerzas mortales y escapan a mi poder. Son los deseos obsesivos los que persigo habitualmente, pues de ellos depende mi sendero de cultivo."
"¿Y qué constituye un deseo obsesivo?", inquirió Huangfu Yi.
Gao Mei sentenció con calma:
"Todo aquello que encadena al ser humano al amor o al rencor y de lo cual es incapaz de desprenderse: eso es un deseo obsesivo."
La mirada de Huangfu Yi relampagueó con viva curiosidad y sonrió de oreja a oreja:
"¡Esto resulta infinitamente más entretenido que frecuentar burdeles! Hermano Gao, permíteme acompañarte para ensanchar mis horizontes."
Enseguida se dirigió a Yan Shixu:
"Boheng, ¿te sumas?"
Yan Shixu rehusó:
"Tengo compromisos familiares."
Huangfu Yi protestó, visiblemente contrariado:
"Oye, oye, con esa actitud acabarás marginado por todos. ¿Ignoras acaso el precepto cardinal para desenvolverse como funcionario? Armonizar con el entorno y fundirse con la corriente. Si tus colegas desfalcan las arcas, tú desfalcador debes ser; si van a deleitarse con cortesanas, has de beber a su par. Si no, ¿quién querrá asociarse contigo en el servicio público?"
Yan Shixu le lanzó una mirada de soslayo:
"El día en que el hermano Ziyao vista ropajes de ministro, no cabe duda de que escalará sin tropiezos y labrará un porvenir sin límites."
Mientras conversaban, el Daoísta Wangyuan, de sienes y barba encanecidas, irrumpió en el Salón Xuanming escoltado por acólitos y un escribiente, interrumpiendo abruptamente la cátedra de Wangzhen.
El Daoísta Wangzhen enarcó una ceja:
"Hermano mayor, ¿qué sucede?"
El Daoísta Wangyuan paseó su severa mirada por las bancas y bramó con gravedad:
"Li Yanzhen, ha llegado una denuncia formal que te sindica como el autor del homicidio de He Siqi."
Un murmullo de consternación sacudió la estancia.
Li Yanzhen quedó atónito. Se incorporó con violencia y exclamó descompuesto:
"¡Absurdo! ¡Patrañas y viles calumnias! Jamás tuve desavenencias con He Siqi, ¿por qué razón habría de arrebatarle la vida? ¿Quién se atreve a difamarme de tal suerte? ¡Exijo carearme con mi acusador de inmediato!"
Los compañeros más allegados a Li Yanzhen alzaron la voz en su defensa:
"Erudito Asistente, ¿no se tratará de un error?"
"El hermano Li franqueó con éxito la prueba de la Formación Conmocionadora del Espíritu; no es lícito imputar a un inocente a la ligera."
Wangyuan mantuvo la severidad en el rostro y replicó en tono glacial:
"Respóndeme con precisión: ¿dónde te encontrabas anoche? ¿Abandonaste en algún momento tus aposentos?"
Li Yanzhen proclamó con firmeza:
"¡Anoche me retiré a descansar a hora muy temprana!"
"¿Quién puede testificar en tu favor?"
Li Yanzhen se atragantó con su propia réplica y soltó con enfado:
"Este alumno habita en soledad en su cuarto, ¿qué testigo presencial podría presentar? Si el Erudito Asistente insiste en tacharme de sospechoso, ¡entonces cada uno de los discípulos de rango superior debería ser igualmente sospechoso!"
El Daoísta Wangyuan extrajo de sus mangas dos tiras de papel:
"Esto acaba de ser incautado en tu aposento. ¿Cómo justificas su presencia?"
Extendió las notas ante la mirada de Li Yanzhen.
En ellas se leía:
"Ya tengo localizada la morada de He Siqi."
"Esta noche daremos el golpe."
Al contemplar las notas, incluso los discípulos más cercanos a Li Yanzhen mudaron el gesto hacia la duda y el recelo.
Li Yanzhen, encendido de rabia y desesperación, alzó la voz:
"¡Es una infamia! ¡Alguien me ha tendido una trampa calculada! ¡Exijo que se cotejen los trazos caligráficos para desenmascarar al bellaco que busca inculparme!"
El Daoísta Wangyuan zanjó con sequedad:
"Los trazos son burdos y grotescos, alterados adrede para desfigurar la caligrafía original; cotejarlos sería estéril. Te pregunto: ¿acaso sostienes enemistad con alguien dentro de la academia?"
Li Yanzhen respondió:
"¡Con nadie!"
Wangyuan insistió:
"¿Hay quien codicie o envidie tus aptitudes intelectuales?"
Li Yanzhen titubeó:
"Eso... ¿cómo podría saberlo yo...?"
El Daoísta Wangyuan sacudió la cabeza:
"Aunque obtuviste el segundo lugar en las listas, la distancia entre el primer puesto y el tuyo es tan abismal como la que separa las nubes del fango. De albergar envidia, nadie la dirigiría hacia tu persona. Siendo así, ¿por qué razón habrían de incriminarte precisamente a ti?"
Las palabras eran amargas, mas no carecían de lógica.
Li Yanzhen enmudeció por un instante antes de bramar:
"¡¿Cómo voy a adivinar los motivos de un canalla para perjudicarme?! ¡Al que busca condenar jamás le faltan pretextos!"
Wangyuan permaneció inconmovible y dictaminó:
"Si has sido objeto de una trampa, la academia se encargará de dilucidarlo. En cuanto a tu persona, la potestad instructora del caso compete al Puesto de Guardia Wuhou y al tribunal de la Capital Oriental."
Volvió la vista hacia los jóvenes acólitos a sus espaldas:
"Custódienlo y condúzcanlo al Puesto de Guardia Wuhou."
Li Yanzhen forcejeó a gritos:
"¡No me iré! ¡Yo no he cometido crimen alguno! ¿Con qué derecho la Academia Daoísta me remite al Puesto de Guardia Wuhou apoyándose únicamente en un anónimo de origen turbio? ¡Esto es una conjura descarada!"
Wangyuan pronunció con frialdad:
"Aun si fuese una conjura, estás obligado a comparecer ante el Puesto de Guardia Wuhou; de lo contrario, ¿de qué modo limpiarás tu honor? Continuar con este desacato solo servirá para confirmar tu culpabilidad ante los ojos de todos."
Dos acólitos dieron un paso al frente, le torcieron los brazos tras la espalda y lo empujaron con firmeza fuera del Salón Xuanming.
Tras semejante altercado, la atención del alumnado se disipó por completo.
El Erudito Asistente Wangzhen contempló la clepsidra en la esquina y anunció:
"Habrá un receso de dos cuartos de hora."
Parte de los letrados se quedó murmurando en pequeños grupos dentro de la estancia.
Otros tantos salieron al exterior.
"Iré al retrete." Yan Shixu abandonó a sus compañeros de aposento y salió con paso apresurado del Salón Xuanming.
Avanzó por las galerías en dirección a las letrinas.
A mitad de trayecto se desvió hacia los jardines y, siguiendo un sendero poco transitado, alcanzó un rincón apartado al pie del muro perimetral.
Oteó a diestra y siniestra para constatar que no hubiera testigos, arrimó el oído al muro durante unos instantes para tantear el movimiento de la calzada exterior y franqueó la tapia de tres metros con un salto ágil y silencioso.
La Calle de la Encrucijada se hallaba desierta, salvo por un anciano que guiaba una carreta tirada por bueyes y que volvió la cabeza atraído por el leve rumor de sus pisadas.
Yan Shixu agachó la cabeza y se deslizó raudo por el callejón situado en la acera de enfrente.
Corrió a paso tendido hasta alcanzar el sector sur, donde el Pabellón Jinhe se erigía imponente sobre la avenida.
Evitó el portal principal y rodeó la edificación hasta el patio trasero; apoyando un pie en el paramento exterior, superó la cerca con la naturalidad con que se franquea una barandilla.
La hora Wei tocaba a su fin y el astro solar declinaba hacia el poniente.
Eludiendo con discreción a las damas que pululaban por los jardines posteriores, Yan Shixu llamó con nudillos certeros a la puerta del pabellón de A Yan.
La doncella Hong'er abrió el batiente y enarcó las cejas con estupor:
"¿Cómo es que ha venido, señorito?"
Yan Shixu se coló por el resquicio y preguntó en voz queda:
"¿Dónde está la señora A Yan? Preciso verla."
"La señora todavía duerme. Anoche el señorito la dejó deshecha; ustedes dos armaron tal alboroto en la alcoba que a mí tampoco me dejaron pegar ojo en toda la noche." Señaló con mohín de reclamo sus marcadas ojeras, atrancó la puerta del patio y echó a andar tras él: "¿Por dónde ha logrado entrar el señorito?"
Yan Shixu no le prestó oídos y cruzó el patio a grandes zancadas.
"¡Oiga, oiga! Señorito, no atropelle las normas de cortesía, aguarde a que esta esclava la despierte." Hong'er corrió para alcanzarlo, dio ligeros toques a la puerta de los aposentos y anunció: "¡Señora, el señorito Yan está aquí!"
Tras insistir en dos ocasiones, desde el interior brotó la voz lánguida y teñida de fastidio de A Yan:
"¡¿A qué viene a estas horas?!"
Yan Shixu empujó la puerta y penetró en la estancia sin dilación.
La penumbra dominaba la habitación; delgadas columnas de humo de sándalo disipaban las densas fragancias carnales de la noche precedente.
En la recámara, las cortinas caían a plomo. A Yan permanecía sentada con las piernas cruzadas sobre el lecho desordenado, vestida únicamente con una pechera de seda blanco lunar; los contornos de su grácil figura se insinuaban tras las gasas.
En efecto, había permanecido dormida hasta ese preciso instante.
Si bien Yan Shixu había terminado la víspera con las arcas corporales esquilmadas, a ella no le había ido mejor: las aguas del manantial se habían secado y el pozo yacía agotado.
"¿Qué ha ocurrido?" Su timbre de voz denotaba aspereza, mas sus palabras estaban desprovistas de toda coquetería o ligereza.
Bajo ninguna circunstancia correspondía que él se presentase a esa hora.
Yan Shixu se aproximó al lecho, se inclinó para recoger la prenda íntima femenina que yacía abandonada en el suelo y la deslizó a través de las cortinas, manifestando con gravedad:
"Qi Shaoyou y Cheng Silie cuentan con más cómplices, y van tras mi cabeza para cobrarse venganza."
Sin preámbulos, le relató los sucesos acontecidos durante la mañana.
A Yan captó al instante la magnitud del peligro y frunció el entrecejo:
"Si es un aliado de aquellos dos, ¿por qué motivo daría muerte a un discípulo cualquiera?"
Yan Shixu expuso su deducción:
"El homicida dejó una inscripción en la celda del estudiante: 'Te encontraré'. A mi juicio, es más que probable que ese alumno también fuese un infiltrado encubierto. El asesino desconoce mi identidad precisa, de suerte que se dedica a silenciar uno por uno a los sospechosos de su nómina."
A Yan palideció de asombro:
"¿Ha perdido el juicio? Tamaña osadía equivale a un desafío abierto contra el Monasterio Chongzhen."
"No está loco en absoluto. Anoche debió de colarse en el Pabellón de los Tesoros Escondidos y comprendió que el tiempo apremia." Yan Shixu tomó asiento ante la mesa y observó cómo ella se colocaba los calzones bajo el cobertor de brocado: "A estas alturas solo resta una barrera activa en el pabellón. De hallarme en su pellejo, yo también me apresuraría a purgar a cualquier adversario potencial."
A Yan apartó los velos del lecho y comenzó a enfundarse los calzones interiores y la blusa, inquiriendo:
"¿Qué pretendes que haga?"
Yan Shixu desgranó su razonamiento:
"Li Yanzhen es sospechoso sin lugar a dudas, pero sus flancos débiles resultan demasiado evidentes; presumo que es un señuelo arrojado por el titiritero en las sombras. En consecuencia, me serví de una delación ficticia para incriminarlo, y ahora acaba de ser remitido al Puesto de Guardia Wuhou. Allí cuentas con hombres bajo tu mando; requiero que me auxilies sometiéndolo a un interrogatorio para arrancarle datos de valor. Si resulta estar limpio, al menos habremos disipado una incógnita."
Al recibir una acusación formal, el Monasterio Chongzhen no vacilaría en investigar.
Y con la Formación Conmocionadora del Espíritu inhabilitada, ¿de qué recursos dispondrían los clérigos para indagar a Li Yanzhen?
Cada oficio posee su maestría: los venerables maestros dominan prodigios arcanos, mas carecen de pericia en las artes de la inquisición judicial.
Su determinación inmediata sería, indefectiblemente, ponerlo a disposición del Puesto de Guardia Wuhou.
La treta de inculparlo no era un dechado de sutileza ni resistiría un análisis concienzudo, mas el propósito de Yan Shixu se reducía exclusivamente a eso: forzar la custodia de Li Yanzhen en el Puesto de Guardia Wuhou.
El autor intelectual era de temperamento minucioso: había ultimado a su víctima dejando el cadáver expuesto para obligarlo a delatarse mediante la Formación Conmocionadora del Espíritu, al tiempo que preservaba un plan de repliegue exhibiendo a Li Yanzhen como anzuelo.
Si Yan Shixu hubiese actuado directamente contra Li Yanzhen, habría mordido el anzuelo de hacer salir a la víbora de su escondrijo.
A Yan sacudió la cabeza con firmeza:
"Eso infringe el protocolo reglamentario. Requiero contrastar la situación primero."
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 49 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.