Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 44 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Los estudiantes dentro del salón se sobresaltaron al unísono y volvieron la vista hacia el origen de la voz. El joven que había hablado era apuesto y de tez blanca, con labios carmesíes y dientes níveos que le conferían un aire un tanto andrógino.
"¿Huangfu Yi?"
"Esto... esto... ¿Acaso es un portento en el Sendero de la Espada?"
"Si me dijeras que es un prodigio en el sendero de la lujuria, me lo creería sin dudar..."
Puede que los alumnos no conocieran a Cheng Silie ni a Qi Shaoyou, pero todos sabían quién era Huangfu Yi y de dónde procedía: un señorito acaudalado venido de Chang'an.
Hombre generoso y desprendido, con una sola frase de \*"esta noche invito yo en el Pabellón Jinhe"\* se había ganado de inmediato la estima de todos los estudiantes.
Todos se sentían honrados de contar con su amistad.
Ye Zangfeng se quedó pasmado. Examinó con genuina sorpresa a Huangfu Yi, que estaba sentado en la fila trasera, y sin interrogarlo ni cuestionar su afirmación, dijo con calma: "¡Muestra tu espada!".
Al instante, todos los discípulos volvieron la cabeza hacia Huangfu Yi.
Bajo la mirada expectante de la multitud, Huangfu Yi infló el pecho, henchido de confianza. Juntó los dedos simulando una espada y lanzó un tajo hacia el escritorio que tenía enfrente.
¡Fwoosh! Sus ropas ondearon con fuerza en el aire.
No ocurrió absolutamente nada.
La expectación y el entusiasmo colectivo se desinflaron en un prolongado y decepcionado abucheo: "¡Iiiiih...!".
Huangfu Yi se inquietó y se apresuró a explicarse: "De verdad he comprendido una Intención de Espada, en serio...".
Sin cesar de agitar los dedos en ristre, continuó tajando el aire contra el escritorio.
Cada tentativa resultó por completo en vano.
La desesperación crecía por momentos; su rostro se tornó encendido por el esfuerzo y la fuerza de sus embestidas se volvió cada vez más furiosa.
Quizá por contener el aliento con excesivo ahínco, de pronto soltó un estruendoso pedo: ¡Pooom!
El estudiante sentado justo a sus espaldas soltó un alarido desgarrador. La onda expansiva lo propulsó más de tres metros hacia atrás, haciéndolo estrellarse contra varios compañeros de la fila posterior antes de desplomarse, inconsciente.
Todos los presentes quedaron mudos de asombro.
El monje Gao Mei se levantó con presteza y acudió al trote a examinarlo.
Tras tomarle el pulso durante unos segundos, su semblante se suavizó: "Solo se ha desvanecido".
Huangfu Yi soltó un largo suspiro de alivio.
Uno de los estudiantes, entre atónito y perplejo, balbuceó: "El hermano Huangfu ha comprendido... ¿la Espada de Pedos?".
Los demás lo observaron con miradas cargadas de extrañeza.
"¿Ha noqueado a alguien de un pedo?"
"En adelante, que nadie ose sentarse detrás de él".
"El talento del hermano Huangfu desafía a los cielos... Jamás en todo el Jianghu se había visto a nadie despertar la técnica de la Espada de Pedos".
Yan Shixu no pudo contenerse y se le escapó una risotada, aunque enseguida contuvo el semblante y enderezó la espalda con fingida seriedad.
El rostro de Huangfu Yi palideció en el acto: "¡No, no es esa mi Intención de Espada! ¡Aquí hay un tremendo malentendido...!".
Desde la tarima magisterial, Ye Zangfeng ordenó con frialdad: "¡Silencio!".
El alboroto fue apagándose poco a poco. El alumno desmayado fue reanimado por sus allegados; temeroso de volver a colocarse tras Huangfu Yi, mudó de asiento con presteza y continuó contemplando la pintura en tinta.
Inspirados por el atrevimiento de Huangfu Yi, la moral de los estudiantes cobró nuevos bríos y se volcaron en la contemplación rebosantes de fervor.
Yan Shixu perseveró durante un cuarto de hora, pero al advertir que no lograba despertar ninguna Intención de Espada, cerró los ojos y se sumió en la visualización del \*Sutra del Corazón de la Observación de las Cosas\*.
Tras haber obtenido la Entrada en Rango en el Sendero Marcial, su poder espiritual se había ensanchado con holgura; presentía que no tardaría en alcanzar el reino del "Corazón de Artesano".
En lo tocante al Sendero de la Espada, si uno poseía dotes innatas, valía la pena cursarlo de forma complementaria; de lo contrario, era prudente desistir.
La energía y las facultades del ser humano tienen un límite; difícilmente un matemático consumado puede llegar a ser al mismo tiempo médico ilustre, literato célebre o virtuoso de la música...
Quien todo lo abarca, nada aprieta.
En este instante debía ejercitarse en artes marciales, artes mohistas y alquimia, sin contar las extenuantes obligaciones lectivas de la Academia Daoísta. No le sobraba tiempo ni aliento para consagrarse al camino de la espada.
El sol fue declinando hacia el poniente hasta que el crepúsculo cubrió el cielo.
Ningún otro discípulo logró manifestar su Intención de Espada.
Ye Zangfeng expresó con desencanto: "No tenéis por qué desanimaros. El hecho de no haber alcanzado la comprensión en dos shichen no implica que carezcáis de talento. En cada una de las sucesivas clases de esgrima os otorgaré un shichen para que meditéis en busca de vuestra propia Intención de Espada".
Enrolló la pintura en tinta, la puso a buen recaudo y clavó la mirada en Huangfu Yi: "Tú, ven conmigo".
Huangfu Yi lo siguió entusiasmado.
\*\*\*
Llegada la hora You, concluyó la lección y dio inicio el repaso vespertino.
Los vástagos de familias pudientes se retiraron uno tras otro, mientras que los discípulos de humilde cuna permanecieron en el Salón Xuanming repasando la materia de la jornada y debatiendo sobre el Dao con sus condiscípulos.
Los amanuenses de la academia les suministraban candeleros sin coste alguno.
Yan Shixu jamás se sumaba a los estudios nocturnos ni a las polémicas doctrinales; regresó sin demora a su patio y se recluyó en su aposento para entrenar con el sable.
El Dao se alcanza con iluminación; las artes marciales se forjan con la repetición constante.
Si se desatiende el adiestramiento del puño y del filo, la destreza combativa mengua a pasos agigantados.
La oscuridad de la noche fue cerrándose y Huangfu Yi aún no daba señales de volver. Mientras Yan Shixu blandía el sable en la penumbra de su habitación, oyó al monje Gao Mei salir al patio para asearse; el sonido del agua al derramarse repercutía con nitidez.
Tras concluir su baño, de forma poco habitual, el monje Gao Mei se aproximó y llamó a su puerta:
"Boheng, el hermano Huangfu todavía no ha regresado. ¿Quieres que vayamos a buscarlo?".
Yan Shixu detuvo todo movimiento y replicó en un susurro:
"Tal vez se quedó practicando con el Erudito Asistente Ye, o bien se marchó a holgar al Pabellón Jinhe; no hay de qué inquietarse. Hermano Gao, yo ya me he despojado de las ropas y estoy acostado".
El monje Gao Mei calló por un instante: "Comprendo".
Giró sobre sus pasos, volvió a su cuarto y se escuchó el crujido de su puerta al asegurarse.
Yan Shixu soltó de inmediato el sable, se arrimó al umbral y aguzó el oído hacia el exterior.
Aguardó cerca de un cuarto de hora, calculando que el monje Gao Mei ya debía de haber caído en brazos del sueño, antes de empujar la hoja de la puerta con sigilo para deslizarse furtivamente hacia la alcoba de Huangfu Yi.
Avanzaba con extrema lentitud, amortiguando cada pisada en el silencio más absoluto y conteniendo el aliento.
Bajo la tenue penumbra nocturna, se detuvo frente a la recámara de Huangfu Yi, asió el candado de bronce entre sus dedos y aplicó fuerza sin emitir ruido.
Justo cuando el metal estaba a punto de ceder, presenció con espanto cómo la puerta de la habitación del monje Gao Mei se abría despacio, sin el menor susurro, con un cuidado minucioso.
El monje Gao Mei salía de puntillas y, de improvisto, se topó de frente con Yan Shixu.
Ambos quedaron plantados en la penumbra, inmóviles como dos estatuas.
Bajo la diáfana luz de la luna, cada cual distinguió el gesto paralizado del otro y el hondo azoramiento que asomaba en sus miradas.
Yan Shixu carraspeó y paseó la vista a su alrededor con fingida distracción: "Hace una noche de luna muy hermosa".
El monje Gao Mei dejó escapar un lacónico "ciertamente", clavando la mirada en el cerrojo de bronce.
'Maldición, qué bochorno, qué situación más insufrible...', rumiaba Yan Shixu mientras soltaba de inmediato el candado y declaraba con semblante intachable: "Pienso que el \*Tratado de la Concordancia de Qian y Kun\* no es asunto baladí. Como allegados y amigos leales, no podemos cruzarnos de brazos y permitir que el hermano Ziyao se descarríe cada vez más por la senda del error".
El adusto rostro del monje Gao Mei rebosó aprobación: "En efecto. Por consiguiente, debemos sopesar la autenticidad de ese método secreto antes de resolver si restituirlo a la Erudita Asistente Gu".
Yan Shixu sentenció: "Qué nobleza la de mi virtuoso hermano".
El monje Gao Mei afirmó: "Mi virtuoso hermano me comprende a la perfección".
\*\*\*
Pabellón Jinhe.
En el reservado, los hachones y cirios ardían con brillantez. El eco de los cánticos y danzas del salón de la planta baja trepaba por las celosías de madera, filtrándose tenuemente en el aposento.
"Señora A Yan, me ha hecho llamar hasta sus estancias. ¿Cuáles son sus mandatos?".
Sun Lingqian deslizó una mirada disimulada por la rotunda silueta de la mujer, revelando una codicia apenas velada en las pupilas.
Había acudido atendiendo a su convocatoria: poco después del mediodía, un amanuense de la academia le transmitió el aviso de que sus familiares lo aguardaban a las puertas del recinto.
Aquella presunta parentela le hizo entrega de un recado de la señorita A Yan concertando una cita para esa misma noche en el Pabellón Jinhe.
Aquella superiora designada por el Magistrado Yang gozaba de una presencia tan despampanante que le sobraría para fungir como cortesana principal en cualquier burdel; de instruirse en las artes del agasajo, no cabía duda de que figuraría entre las meretrices más cotizadas de la Capital Oriental.
En su primer encuentro, la señora A Yan se mostraba insinuante y risueña, como si aguardara a ser cosechada por cualquiera.
No obstante, a mayor trato, más gélida y distante se tornaba.
Hacía ya un largo rato que Sun Lingqian había tomado asiento, pero la mujer se limitaba a sostener su copa sin pronunciar palabra, bebiendo algún trago de tanto en tanto, absorta en sus propias cavilaciones.
Sin concederle la más mínima atención.
Al cabo, A Yan posó la copa y adoptó un timbre distante y estrictamente formal: "Sun Lingqian, el magistrado te infiltró en la Academia Daoísta con el propósito de sustraer el Reloj de Sol de Mingzong. Ya casi se ha cumplido un ciclo de diez días y sigues sin registrar progreso alguno".
Sun Lingqian alzó ligeramente la barbilla con ademán de tenerlo todo calculado:
"La señora A Yan me juzga con ligereza. El Pabellón de los Tesoros Escondidos es un santuario primordial dentro de la Academia Daoísta; para un modesto letrado como yo, meter la mano allí no es tarea expedita.
Sin embargo, no he estado ocioso. En estas noches me he colado reiteradamente en el recinto y he desentrañado los ciclos de las guardias nocturnas del Monasterio Chongzhen. Al llegar el primer día de asueto, solicitaré a los letrados autorización para pasear por el monasterio y aprovecharé para ubicar el emplazamiento preciso del Pabellón de los Tesoros Escondidos".
Un destello de velada burla surcó los hermosos ojos de A Yan. Sin detenerse a discutir un asunto tan pueril, sentenció:
"El magistrado tiene una nueva encomienda para ti".
Sun Lingqian mudó a un semblante circunspecto: "¿De qué se trata?".
La expresión de A Yan adoptó un matiz extraño durante un fugaz instante: "El magistrado dispone que no le quites ojo al primero del escalafón de los novatos, Yan Shixu. Con quién traba amistad, con quién se reúne con más frecuencia... Absolutamente todo debe quedar asentado por escrito".
\*\*\*
Bien entrada la noche, en el Pabellón Jinhe.
Yan Shixu, ataviado con una digna túnica de cuello redondo y tocado futou de alas blandas, con una ristra de mil monedas sujeta a la cintura, cruzó el vestíbulo del establecimiento.
El dependiente de guardia lo reconoció de inmediato y se apresuró a recibirlo con zalamería: "Distinguido señor, ¿busca de nuevo a la señora A Yan?".
Yan Shixu soltó un escueto "sí" y le lanzó trescientas monedas de cobre: "¡Abre camino!".
El criado atrapó la suma en el aire y echó a andar por delante con una sonrisa servil:
"La señora A Yan regresó al patio no hace mucho. De haber llegado un instante antes, vuestra merced no la habría hallado".
Yan Shixu se extrañó: "¿Acaso la señorita A Yan tenía visitas?".
Aquella experimentada mujer era quien administraba tras bambalinas el Pabellón Jinhe, sin obligación alguna de atender clientela.
¿A quién había recibido?
El criado sonrió con picardía, guardando silencio.
Yan Shixu extrajo quince monedas más, se las colocó en la palma y dijo afable: "Toma, para que el joven se invite a una taza de té".
El mozo se embolsó el dinero y arqueó las cejas complacido: "Se trataba de un letrado de porte muy apuesto".
Yan Shixu fingió montar en cólera y soltó con enfado: "¿No será algún mugroso letrado de la Academia Daoísta? Osar ponerle la mano encima a mi mujer... ¡Qué insolencia! Vigílamelo bien. Si vuelve a asomar, averigua su nombre a como dé lugar; serás recompensado con creces".
La sonrisa del criado se acentuó: "Descuide, señor, cuente con ello".
Yan Shixu atenuó su fingida indignación: "Que no se entere la señorita A Yan, no sea que se enfríe nuestro afecto".
El dependiente asintió sin cesar.
Al alcanzar el patio interior, quien abrió la puerta fue una vez más Hong'er.
Guio a Yan Shixu adentro y llamó con delicadeza a la puerta del pabellón principal: "Señora, ha llegado visita".
La voz lánguida y pausada de A Yan resonó desde el interior: "En adelante, hazlo pasar directamente".
Hong'er contestó con un dócil "¡entendido!", miró a Yan Shixu y se tapó la boca con una risita: "Joven señor, asegúrese de tratar con mucha ternura a mi señora".
Yan Shixu penetró en la estancia. A Yan se hallaba sentada en la cámara de té a la izquierda del saloncillo, leyendo un texto con la mirada baja.
Sobre el pequeño anafre de arcilla roja que tenía enfrente humeaba el té; a su costado reposaban una jarra de vino y varios platillos de viandas.
"Sabiendo que vendrías, dispuse que la cocina te preparara vino y aperitivos". Las comisuras de los ojos y las cejas de A Yan derramaban complacencia.
Yan Shixu tomó asiento con las piernas cruzadas frente a ella, escanció una copa de vino y probó un sorbo: "Puro, fresco y delicioso. Un néctar soberbio".
"Bingtangchun, el caldo más renombrado de las Llanuras Centrales; una sola vasija cuesta cuatrocientas monedas", declaró A Yan con tono sonriente. "Esta noche no nos iremos a dormir hasta quedar ebrios".
Yan Shixu replicó: "Por lo visto, el magistrado te ha prometido mercedes nada desdeñables".
"El magistrado me encomendó transmitirte que tu condena de muerte ha quedado perdonada". Las pupilas de A Yan reflejaron el titilar de las velas, dibujando una sonrisa ambigua: "Mi buen señor, ¿acaso cargáis con una culpa capital a vuestras espaldas?".
'¿Condena de muerte perdonada?'
Lo que el Magistrado Yang daba a entender era que se le absolvía de la pena capital: aun si la misión se suspendía, él conservaría la vida. Pero la incógnita era: ¿acaso la Oficina de Asuntos de Inspección cancelaría jamás una misión encomendada?
Yan Shixu torció el gesto con escepticismo; semejante gracia equivalía a no recibir nada.
Hundió la mano en el regazo, extrajo un pliego de papel rugoso cuidadosamente doblado y se lo tendió: "He memorizado y plasmado los patrones de la formación. Respecto a lo que te encomendé averiguar sobre el Antiguo Reino de Zhuli, ¿hay alguna novedad?".
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 45
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 44
Estás leyendo el capítulo 44 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.