Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 41 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una sombra de desconcierto cruzó por los ojos de A Yan.
Volvió a examinar con detenimiento al joven sentado junto a la mesa baja, como si lo contemplase por primera vez.
Yan Shixu sostuvo su mirada y dijo: "¿Acaso era tan difícil?".
A Yan continuaba recostada de lado, pero enderezó un poco el cuerpo e indagó con cautela: "¿Acaso dominas los talismanes daoístas?".
En la Secta Chongzhen, solo los discípulos predilectos y altamente valorados por la orden tenían permitido aprender el arte de los talismanes. Por esa razón, tanto en las esferas de la corte como en el Jianghu, quienes comprendían los talismanes eran contadísimos.
Lo infrecuente acarreaba ignorancia.
Y sin conocerlos, ¿cómo podría neutralizarlos?
Yan Shixu negó con la cabeza: "No entiendo de talismanes, pero sé bien que todas las cosas del mundo tienen un límite en sus fuerzas. Una delgada hoja de papel solo puede albergar un poder limitado".
'Todas las cosas tienen su fin...' El asombro afloró en los ojos de A Yan. ¿De verdad había deducido el modo de quebrar un talismán partiendo de un principio tan elemental?
¿Qué era la comprensión innata?
Había quienes estudiaban con empeño los Cuatro Clásicos del Daoísmo durante una vida entera solo para aprobar los exámenes oficiales.
Otros, en cambio, eran capaces de discernir en ellos los principios supremos del cielo y la tierra, ascendiendo a la inmortalidad de un solo paso.
En eso consistía la comprensión innata.
"Parece que el Magistrado de Enjuiciamiento se ha topado con un verdadero tesoro", murmuró la señorita A Yan al incorporarse. Cruzó las piernas de manera desenfadada, abandonando al fin su pose coqueta, y adoptó una expresión seria al preguntar: "¿Conseguiste subir al segundo piso?".
Yan Shixu asintió.
A Yan inquirió con presteza: "¿Qué restricciones protegen el segundo piso?".
Yan Shixu negó con la cabeza: "Ignoro qué tipo de formación sea, pero logré memorizar parte de los patrones rúnicos. Mañana por la noche los transcribiré en papel y te los traeré".
A Yan asintió levemente: "Se los entregaré al magistrado. El repositorio de archivos de la Oficina de Asuntos de Inspección es vasto y abarca desde la antigüedad hasta el presente; seguro habrá alguien versado que reconozca la formación".
'¡Tener una institución detrás es una auténtica ventaja! En cualquier era, el amparo oficial es siempre el mayor respaldo y apoyo'.
A Yan Shixu le vino de pronto algo a la memoria y, sopesando cada palabra, dijo:
"En la Academia Daoísta conocí a una superiora que se encuentra buscando información sobre el Antiguo Reino de Zhuli. Me preguntaba si la señora A Yan podría consultar al magistrado en mi nombre".
Ya que la Oficina de Asuntos de Inspección disponía de una nutrida colección bibliográfica, bien podía valerse del nombre de Gu Xiyin para recabar información en beneficio propio.
Al notar que A Yan fruncía ligeramente el ceño, Yan Shixu añadió: "Si consigo estrechar lazos con esa superiora, resultará de enorme provecho para mis maniobras dentro de la Academia Daoísta".
Solo entonces A Yan asintió.
Para echar mano de los recursos oficiales se requería un motivo formal. Poco importaba si dicho motivo no era más que un pretexto o una coartada.
Yan Shixu asintió satisfecho, tomó la taza de té y bebió un sorbo.
"¿Ocurre algo más?". Al verlo tan sosegado, A Yan se quedó desconcertada.
"Durante la operación me topé con dos individuos de intenciones oscuras, ambos estudiantes. Me propusieron colaborar, pero al pisar el segundo piso mudaron de actitud y pretendieron silenciarme para no dejar testigos. Terminé eliminándolos a ambos en defensa propia", relató Yan Shixu con calma. "He venido a verla, señora, en primer lugar porque requiero de su ayuda para disponer de los cadáveres; y en segundo, porque la identidad de uno de ellos resulta fuera de lo común".
"¿Qué identidad?". A Yan arqueó una ceja; los giros imprevistos y el peligro de la misión de esa noche sobrepasaban por mucho sus cálculos.
"Qi Shaoyou. Su padre es el Asistente de Registros".
El semblante de A Yan mudó al instante y el vino de su copa se derramó sobre el tapete.
Se puso de pie de golpe, dio unos pasos rápidos hacia Yan Shixu y, en un susurro apremiante y grave, inquirió: "¿Estás seguro?".
Yan Shixu replicó: "Sé bien que no soy el único agente encubierto que el magistrado mantiene en la academia...".
A Yan hizo un ademán tajante con la mano: "¡Él no pertenecía a los nuestros!".
'¡Tal como sospechaba!' Las comisuras de los labios de Yan Shixu se curvaron en una media sonrisa: "¿Entonces... he cosechado un mérito?".
La expresión de A Yan denotaba gravedad a la vez que un fulgor de entusiasmo encendía sus pupilas: "El asunto del Reloj de Sol de Mingzong está bajo la coordinación directa del Magistrado Yang. Si ese sujeto no respondía a los tejemanejes secretos de algún alto mando de la Oficina de Asuntos de Inspección, entonces no era más que un espía de las guarniciones militares fronterizas. Debo poner esto en conocimiento del magistrado de inmediato y en persona".
Si Qi Shaoyou era un espía de las guarniciones rebeldes, lo más probable era que su padre también hubiese traicionado a la corte imperial.
Para la Capital Oriental, un Asistente de Registros corrupto y desleal equivalía a una úlcera gangrenosa enquistada en la carne viva.
¡Un mérito de primer orden!
A Yan se despojó del velo de gasa y, sin el menor atisbo de vergüenza o pudor, comenzó a colocarse las vestiduras exteriores; no estaba dispuesta a demorarse un solo pestañeo.
La mirada de Yan Shixu se paseó por la figura femenina que exhibía sin reservas sus encantos ante él: se hallaba en el apogeo más maduro y sugerente de una mujer. Al inclinarse, sus caderas recordaban la redondez de un melocotón jugoso; al alzar los brazos, su talle semejaba un sauce meciente; y bajo el ceñido corpiño, su busto elástico y colmado palpitaba de forma tentadora a cada movimiento.
'Esta mujer tan experimentada sí que tiene una figura deslumbrante...', consideró Yan Shixu con la vista clavada en ella.
No se trataba de mera lascivia hacia su belleza, sino de un escrutinio frío sobre los fundamentos marciales de aquella Inspectora de Zona.
A juzgar por su complexión, no parecía haberse forjado en el Sendero Marcial; no obstante, haber alcanzado el rango de Inspectora de Zona en la temida Oficina de Asuntos de Inspección demostraba con creces que su posición no se debía a seducir hombres con halagos y caricias.
'¿Acaso cultiva las artes del cultivo dual de la Escuela del Sur?'
A Yan se calzó la blusa superior de seda estampada y preguntó a ritmo vertiginoso: "¿Dónde están los cuerpos?".
"Continúan ocultos en la Academia Daoísta. No resistirán allí sin ser descubiertos al despuntar el alba", le advirtió Yan Shixu para apremiarla.
"En el Puesto de Guardia Wuhou del Barrio Xiuzhen contamos con hombres leales. Ordenaré que patrullen los contornos de la Academia Daoísta; bastará con que arrojes los despojos al exterior".
"Arrojaré los cadáveres al pie del muro, a cincuenta pasos en dirección este desde la puerta principal de la academia".
"La señal será el sonido de un silbato".
En apenas un intercambio de frases coordinaron la logística, y A Yan concluyó de abotonarse las prendas. La forma en que miraba a Yan Shixu ahora era totalmente distinta: lo contemplaba como a un valioso artefacto forjador de ascensos y recompensas.
Al figurar ella como su superiora inmediata y encargarse de elevar el parte confidencial, le correspondería por derecho la mitad de la gloria.
Yan Shixu se despidió con una reverencia y se marchó del recinto, dejando sobre la mesa las saetas y la daga quebrada.
……
Al abandonar el Pabellón Jinhe, Yan Shixu pisó el empedrado de la calle y oteó en derredor: las sombras de la noche eran espesas y plomizas; no se divisaba un alma.
Salvó el alto muro con una maniobra elástica, volvió a envolverse en su manto negro y penetró en el pabellón lateral donde permanecía oculto He Siqi.
"¿Mayor?".
En medio de la densa oscuridad sonó la voz vacilante de He Siqi.
Yan Shixu musitó en tono apagado: "Aguarda aquí. Ya vienen hombres a recoger los cadáveres".
He Siqi emitió una confirmación gutural y el timbre de su voz denotó un alivio palpable.
Ambos tomaron asiento con las piernas cruzadas en el recinto en tinieblas, aquietando el aliento para restablecer el vigor mientras esperaban con paciencia.
Aproximadamente tras el tiempo que tarda en consumirse una vara de incienso, el eco distante y agudo de un silbato rasgó la quietud.
Yan Shixu entreabrió los párpados. "Los sepultureros están en posición".
Se cargó al hombro el cuerpo inerte de Qi Shaoyou, avanzó con pisadas firmes fuera del pabellón lateral, examinó con cautela los alrededores del pórtico y, tras constatar que no transitaba guardia alguno de la servidumbre, se deslizó como una sombra hacia el pie del muro.
He Siqi le pisaba los talones con la otra carga; coordinados, impulsaron ambos despojos por encima de la empinada muralla.
Al otro lado del muro resonó el sordo arrastrar de bultos pesados acomodándose sobre madera, seguido de inmediato por el chasquido seco de un látigo, el relincho ahogado de los caballos y el rodar de carruajes perdiéndose en la distancia.
He Siqi trepó ágilmente hasta la cornisa del muro y avistó un carro rústico alejándose a toda prisa hasta desvanecerse en las tinieblas de la noche.
Al dejarse caer de vuelta al suelo, balbuceó con asombro: "Mayor Gran Maestro, ¿acaso en el Puesto de Guardia Wuhou también hay miembros encubiertos de nuestro Xingchadu?".
Los carruajes de caballos resultaban rápidos pero violentamente sacudidos y toscos, por lo que su uso se restringía habitualmente a los funcionarios del gobierno para traslados de urgencia o despacho de correos imperiales.
El pueblo llano, los magistrados civiles y las damas de alcurnia preferían sin excepción las carretas tiradas por bueyes, de andar pausado, amortiguado y digno.
Yan Shixu espetó con frialdad: "No preguntes aquello que no te corresponde saber".
He Siqi soltó un par de risas tímidas y avergonzadas.
Habiéndose deshecho de la pesada evidencia, ambos experimentaron un profundo desahogo. Bordeando las tapias perimetrales, escogieron únicamente las veredas más solitarias y oscuras en dirección a los aposentos estudiantiles.
Tras avanzar un tramo, He Siqi rompió el silencio con resolución: "Mayor Gran Maestro, ¿podría ponerme bajo su mando a partir de ahora?".
Yan Shixu arqueó una ceja, intrigado: "¿Tu maestro no tendrá reparos al respecto?".
Despojar a otro de sus discípulos constituía una grave afrenta en las normas de cualquier facción.
He Siqi dejó escapar un suspiro de pesadumbre: "Mi maestro, cuando no está ahogado en el aguardiente, se entrega a pintar cuadros sin el menor rumbo, conformándose con sobrevivir. Suele repetirnos a menudo: 'Apenas recibimos tres sartas de monedas al mes, ¿para qué dejarse la vida en ello? La existencia humana apenas roza los cien años; limítense a arrastrar los días hasta el final, que una vez muertos, este maldito mundo ya no será asunto nuestro'".
'¿Beber sin mesura y pintar cuadros? ¿He Siqi es entonces discípulo del Pintor?'
'Ese Pintor resulta ser un hombre excepcionalmente lúcido. Si fuera posible, con gusto me cambiaría por ti para convertirme en su discípulo', pensó Yan Shixu, y replicó en voz alta:
"Tu maestro alberga una sabiduría mayúscula".
El rostro de He Siqi reflejó una franca discrepancia:
"Mi maestro simplemente ha envejecido y no busca más que languidecer en paz. Mas si cada persona en este mundo pensara del mismo modo, ¿cuándo conocerá la paz esta tierra? Esos prepotentes soldados de las guarniciones militares degollaron a mi padre, mancillaron a mi madre y aplastaron a pisotones a mi pequeña hermana solo para regodearse en su crueldad. Al día de hoy, ni siquiera soy capaz de recordar con nitidez sus facciones.
Mi verdadero enemigo no es una persona aislada de carne y hueso; mi enemigo es este orden corrupto y desquiciado. Si todo el mundo se limita a buscar refugio para salvar el pellejo en mitad del caos, entonces todos nosotros quedaremos reducidos a vulgares hierbajos junto al camino, prestos a ser pisoteados por el primero que pase".
Yan Shixu estuvo a punto de argumentarle que, de haber profundizado en los anales de la historia, habría descubierto que la turbulencia y el desorden son la verdadera constante de las civilizaciones.
Sin embargo, al divisar el fuego inextinguible de la convicción en la mirada del joven, prefirió guardar silencio.
Aquel muchacho tal vez no ignoraba la amarga realidad de la historia; sencillamente había elegido rebelarse contra ella y enfrentarse a las leyes del mundo.
"Si tu maestro no se opone, por mí no hay inconveniente", convino Yan Shixu.
Precisamente le hacía falta un brazo ejecutor de confianza: He Siqi poseía resolución, un nivel marcial respetable y una obediencia estricta a las directrices; encajaba a la perfección.
Al aproximarse a la zona de residencias estudiantiles, Yan Shixu tomó con cautela un sendero divergente, aguardó un cuarto de hora en la espesura del jardín y solo después encaminó sus pasos de regreso al apacible patio.
……
Al día siguiente, a la hora Mao.
Yan Shixu abrió los ojos con puntualidad británica; a través del marco de la ventana despuntaban los reflejos tenues del alba.
Un nuevo día daba su inicio. Los sucesos vertiginosos de la noche anterior se asemejaban a un sueño sobrecogedor y lejano.
Volvió el rostro hacia la almohada: Xueyi descansaba profundamente, con la cabeza resguardada bajo una de sus alas.
Se incorporó con movimientos sigilosos, se vistió con la túnica académica lanshan y acomodó sobre su cabeza el turbante futou. Afuera, en el patio, Gao Mei y Huangfu Yi permanecían acuclillados junto a la tinaja de agua, lavándose el rostro y enjuagándose los dientes.
Huangfu Yi no cesaba de gemir con fastidio: "La vida en esta Academia Daoísta es una agonía donde cada día parece arrastrar un año entero. En mis tiempos en Chang'an, entre riñas de gallos, partidos de polo y paseos lacustres, el día se extinguía en un suspiro; entonces convocaba a la pandilla y marchábamos al Barrio Pingkang a deleitarnos con música. Despertaba: riñas de gallos, polo, barcas en el lago, y caía la noche otra vez... ¡Qué bien decían los antiguos de que los años vuelan como lanzaderas y el tiempo se desvanece en un parpadeo! Mas desde que ingresé a esta academia, cuando aún no transcurren ni diez días completos, ¡siento como si hubiese envejecido una vida entera!".
El monje Gao Mei comentó con ecuanimidad imperturbable: "A eso que describes se le llama arrojar la juventud por la borda en un letargo de estulticia".
"¡Hermano Gao, vayamos esta misma noche al Pabellón Jinhe! Todo correrá por mi cuenta".
"Si la Erudita Asistente Gu llega a enterarse de tus andanzas por el Pabellón Jinhe, te mirará con un desdén todavía más punzante".
"Hanzhang es lo que mi corazón anhela; el burdel es también lo que mi cuerpo desea. Puesto que Hanzhang permanece de momento fuera de mi alcance, ¡bien haré en consolarme primero con las damiselas de la casa de placer!".
Yan Shixu, sujetando un lebrillo de madera, intervino con descaro: "Lárgate al demonio, Hanzhang me pertenece a mí".
"¡Quita, quita de aquí!". Huangfu Yi le escupió espuma de sal a la cara.
Yan Shixu le desbarató el moño que acababa de acicalarse.
Entre risas, zancadillas y forcejeos juveniles, ambos se cargaron las cajas de libros a las espaldas y traspasaron el portón, seguidos a corta distancia y en solemne silencio por la silueta de Gao Mei.
El instructor asignado a las lecciones de la jornada era un discípulo de la Secta Shangqing. Aquella temida Erudita Asistente continuaba sin dejarse ver ante la mirada de los nuevos pupilos, y los veteranos ya les habían grabado una advertencia lapidaria: 'Esa mujer es un monstruo implacable; faltar a sus clases equivale a firmar la propia sentencia de muerte'.
……
Barrio Dingzheng.
En una residencia señorial erigida a escasa distancia de las dependencias oficiales de la Oficina de Asuntos de Inspección, el Magistrado Yang despertó abruptamente a causa de los insistentes golpes del mayordomo en su alcoba.
Sentándose sobre el lecho ataviado únicamente con su ropa interior de lino blanco, frunció el entrecejo con irritación: "¡¿Qué ocurre?!".
La noche anterior se había quedado desahogando expedientes oficiales hasta altas horas, y antes de entregarse al descanso había advertido con severidad al mayordomo que bajo ninguna circunstancia se le perturbara antes de la hora Chen.
"Señor, la señorita A Yan, del Pabellón Jinhe en el Barrio Xiuzhen, solicita audiencia urgente", musitó el mayordomo con voz reverente. "Arribó a la mansión a la hora Yin y aguarda por usted desde hace un shichen completo".
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 42
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 41
Estás leyendo el capítulo 41 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.