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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Yan Shixu se hizo el sordo y el desentendido. Solo después de que la muchacha lo llamara varias veces, se acercó fingiendo una súbita iluminación, con una expresión que parecía decir: "¡Ah, era a mí a quien llamabas!". "¡¿Acaso te quedaste sordo?!". La joven se plantó bajo el toldo de tela con las manos en las caderas y le reprochó: "¿Ya desayunaste?". Yan Shixu negó con la cabeza. No solo no había desayunado; tampoco había almorzado ni cenado el día anterior, y en ese momento el estómago se le pegaba a la espalda por el hambre. "Hoy mi madre preparó salsa qunxun; con la sopa de lascas de masa sabe deliciosa". Los ojos de la muchacha se curvaron en una sonrisa risueña. Yan Shixu volvió a negar con la cabeza: "No tengo dinero". La muchacha puso los ojos en blanco: "Cuando vienes a desayunar a mi casa, ¿cuándo demonios has pagado?". Yan Shixu respondió con rectitud inquebrantable: "Soy un varón de siete pies de estatura; no acepto limosnas humillantes". La muchacha palideció de espanto, corrió a tropezones hacia él, se puso de puntillas y le tocó la frente: "Si estabas tan bien, ¿cómo es que te volviste idiota de repente?". "Solo bromeaba". Viendo que la chanza había cumplido su curso, Yan Shixu entró a la tienda por iniciativa propia. "Espera". La joven lo detuvo, trazó figuras en el aire con las manos, dio una vuelta alrededor de Yan Shixu y, cruzando los brazos sobre el pecho, murmuró: "Que el Dios del Fuego nos proteja, que el negocio prospere y que estemos libres de enfermedades y calamidades". Solo tras terminar este ritual, Tang Shuang lo condujo al interior del establecimiento. La tienda no era grande; contaba con un total de ocho mesas, la mitad de ellas vacías. Detrás del mostrador, un hombre de mediana edad con cabello rizado, ojos grises y una prominente barriga vio a Yan Shixu y sonrió: "Segundo Yan, los cuchillos del local han perdido el filo". Yan Shixu soltó un ambiguo "ah". El hombre de mediana edad replicó de mal humor: "¿Qué pasa? ¿Acaso no quieres? Vienes a comer gratis a la tienda cada dos por tres, y ahora el precio del arroz en la Capital Oriental ha subido a cien monedas. ¿Te pido que afiles un cuchillo y ya te pones de malas pulgas?". '¡Tío, eres más susceptible que una mujer!', masculló Yan Shixu para sus adentros. Las mesas, sillas y cuchillos de cocina de la familia Tang siempre los mantenía y afilaba él; lo único era que, al estar fingiendo amnesia, no podía mostrarse demasiado familiarizado. La familia de la tienda Tang eran sus vecinos; los lazos venían desde que su hermana mayor aún vivía, y la joven Tang Shuang había crecido siguiéndole los pasos desde la infancia. Tras la muerte de su hermana, Yan Shixu solía acudir con frecuencia a la tienda de los Tang a desayunar sin pagar un solo centavo, acostumbrándose con el tiempo a comer de gorra. El verdadero Yan Shixu jamás aceptaría comida regalada, pero el dueño original de este cuerpo no tenía agallas y terminó contagiándole la costumbre. Poco después, Tang Shuang salió con un cuenco humeante de sopa de lascas de masa, cubierta por una gruesa capa de salsa de carne. "Come rápido, que no te vea mi padre", susurró Tang Shuang con aire furtivo, bajando la voz. En el caldo brillante por la grasa flotaban láminas de masa blanca y tersa; el denso aroma de la carne salteada se mezclaba con el olor de la harina, despidiendo una fragancia apetitosa. '¿Servir tanta salsa de carne no te hace temer que tu padre rompa los lazos familiares contigo?'. Yan Shixu tragó saliva, tomó los palillos y hundió la cabeza en el cuenco para comer. Tang Shuang se sentó a su lado, contemplándolo con una sonrisa encantadora, y de pronto dijo llena de alborozo: "Hermano Yan, he sentido el poder del Dios del Fuego". Yan Shixu se sobresaltó por dentro, aunque por fuera mantuvo una expresión de desconcierto. La familia de Tang Shuang pertenecía a la etnia Sute. Todo el pueblo Sute profesaba la fe del Culto del Fuego Sagrado, una congregación que contaba con más de cien mil creyentes entre las dos capitales, Chang'an y la Capital Oriental, dotada de gran influencia y una cohesión extraordinaria. El Culto del Fuego Sagrado adoraba al ancestral Dios del Fuego, considerando las llamas como lo más supremo. Cada hogar de la congregación debía estudiar las escrituras sagradas, pero muy pocos lograban dominar el arte del control del fuego. Que Tang Shuang hubiera percibido el poder del Dios del Fuego a los quince años equivalía a convertirse en un graduado provincial a esa misma edad. Una vez que dominara el arte de controlar el fuego, podría convertirse en una Oficial Invocadora de Fuego del culto, cuya posición dentro de la secta era comparable a la de un erudito de los exámenes imperiales metropolitanos. "Aún falta mucho para dominar el control del fuego, pero ya puedo conceder la bendición del Dios del Fuego a otros". Tang Shuang habló como quien exhibe un tesoro preciado: "Hermano Yan, ¿quieres probar?". Tras haber sido vecinos durante tantos años, Yan Shixu sabía algo sobre el Culto del Fuego Sagrado. Se decía que la Bendición del Dios del Fuego podía purificar toda dolencia, fortalecer la vitalidad y la sangre, y prolongar la vida. "¡Shuang'er, la sopa de lascas está lista!", gritó el padre de Tang desde el mostrador. "¡Ve tú mismo, padre! ¡Estoy hablando con el Hermano Yan!". Había pocos clientes en el local, y Tang Shuang quería holgazanear un rato. Una vez que el padre entró en la cocina trasera, Tang Shuang extendió una manita suave y hermosa, aunque con ligeros callos: "Dame tu mano". Yan Shixu se la tendió. Tang Shuang la sujetó y comenzó a murmurar encantamientos sagrados en lengua sute. De pronto, Yan Shixu sintió una corriente de calor irrumpir en su palma, atravesar su brazo y desbocarse dentro de su cuerpo. Parecía no encontrar un lugar donde asentarse, hasta que descendió en línea recta hacia el dantian, y continuó bajando... La expresión de Yan Shixu cambió de golpe y dijo con voz trémula: "Detén... detente un momento...". Como un dragón oculto que aprovecha el viento para ascender, aquello se alzó diez centímetros de golpe. Tang Shuang y Yan Shixu bajaron la mirada hacia la prominente tienda de campaña que se había formado en sus ropas y cayeron en un silencio sepulcral. "Yo... yo... todavía no lo controlo muy bien...", tartamudeó Tang Shuang, muerta de pánico. "Rápido, retíralo, siento que voy a estallar", urgió Yan Shixu, presa del mismo pavor. "¡Sí, sí, sí!...". Tang Shuang recitó el contrahechizo a trompicones. Yan Shixu sintió que aquella corriente ardiente ascendía a toda prisa, subiendo directo hacia su rostro. La nariz le ardió, y dos chorros de sangre brotaron disparados de sus fosas nasales, salpicando de lleno la cara de Tang Shuang. Cuando el padre de Tang salió cargando el cuenco de sopa, vio a su hija y al Segundo Yan tendidos sobre la mesa con semblante descompuesto, y la superficie de madera manchada de sangre... "¡¿Qué les ha pasado a ustedes dos?!", exclamó el padre, alarmado. "No es nada, tío, nada... Su sopa de lascas es demasiado reconstituyente". Yan Shixu se limpió la nariz, le dio unas palmaditas en la cabeza a Tang Shuang y la consoló: "Si en el futuro este restaurante no prospera, puedes abrir una botica junto a las casas de placer. Con semejante habilidad, jamás te morirás de hambre". Tang Shuang, profundamente avergonzada, hundió la cabeza entre los brazos y rompió a lloriquear. ... El sol colgaba en lo alto del cielo; el bochorno del final del verano aún no se disipaba en este inicio de otoño, y la pesadez sofocante se volvía más intensa. Las cigarras otoñales, posadas en las acacias desnudas, emitían un chirrido irritante. Con la caja de herramientas a cuestas, Yan Shixu recorrió calles y callejones pregonando sus servicios. En años anteriores, cuando el negocio de la herrería andaba flojo, su cuñado solía llevarlo consigo, cargando las herramientas de un lado a otro en busca de faena. Si esto fuera en la vida pasada de Yan Shixu, habría sido como pedalear en un triciclo con un megáfono anunciando: "¡Se reparan estufas de gas, se arreglan ollas a presión!". Hacia el mediodía, pasó por delante de una escuela privada. Era justo la hora de la salida; los niños, cargando sus morrales de libros, se despedían solemnemente del maestro haciendo reverencias con las manos juntas. Pero en cuanto doblaban la esquina, salían disparados como perros a los que se les hubiera soltado la correa, corriendo y brincando de alegría. Al ver la inocencia y el entusiasmo de aquellos chiquillos, las comisuras de los labios de Yan Shixu se curvaron en una ligera sonrisa. A lo largo de la jornada, recogió dos tinas de madera rotas, cuatro tijeras viejas y tres cuchillos de cocina sin filo para llevarlos a casa y repararlos. Antes de la puesta del sol, regresó a su patio. Con destreza consumada, pulió las melladuras, afiló los filos e instaló duelas nuevas en las tinas de madera agujereadas. Podía olvidar los planos, pero jamás olvidaría el oficio grabado en lo más profundo de sus huesos. Las habilidades forjadas a través de miles de horas de práctica quedan grabadas en el cuerpo y selladas en los músculos; tal como nadar o montar en bicicleta, se ejecutan de manera natural. Su cuñado era un herrero mediocre, pero Yan Shixu no. Él cultivaba principalmente las artes mohistas, un legado que provenía de su hermana mayor. En vida, su hermana no llegó a enseñarle en persona, pero le dejó dos colecciones de libros: El \*Compendio del Ingenio Celestial\* y el \*Sutra del Corazón de la Observación de las Cosas\*. El \*Compendio del Ingenio Celestial\* era una obra monumental de treinta y seis volúmenes, a razón de un tomo por capítulo, que abarcaba mecánica estructural, transformación de la materia, principios de ataque y defensa, metalurgia, diagramas de mecanismos ingeniosos, transmisión de energía espiritual y mucho más. Más que un método de cultivo, parecía una disciplina académica compleja y profunda. Por su parte, el \*Sutra del Corazón de la Observación de las Cosas\* era el método de visualización exclusivo de las artes mohistas, compuesto por un total de ciento ocho diagramas. Durante todos estos años, Yan Shixu se había esforzado estudiando metalurgia, dibujo técnico, aritmética y propiedades de los materiales, hasta que finalmente logró rozar el umbral del Reino Humano, convirtiéndose en un hábil artesano capaz de ganarse el sustento con sus propias manos. Su cuñado solía elogiar su talento diciendo que, a diferencia de él, le bastaba echar un vistazo a un plano para que le diera sueño. Sin embargo, en realidad, un practicante de artes mohistas que apenas acababa de ingresar al Reino Humano no pasaba de ser un simple artesano; solo sabía forjar armas, artefactos ocultos y trampas. Al pensar en esto, Yan Shixu no pudo evitar reprocharse internamente: 'Vaya inútil, ocho años estudiando y todavía no consigo el Corazón de Artesano'. Subir de nivel una cuenta nueva desde cero era lo más agotador del mundo. El cultivo con el que soñaba Yan Shixu consistía en atiborrarse de píldoras, practicar el cultivo dual, absorber la energía vital y, tras fortalecer al máximo los riñones, alcanzar un poder mágico que sacudiera el mundo. No sentía gran entusiasmo por esta rama técnica y científica de las artes mohistas. Era como si un hombre de la antigüedad viajara a la era moderna y descubriera que, siempre y cuando estudiara lo suficiente, podría fabricar con sus propias manos aviones, tanques y ametralladoras Gatling, y que con apretar un solo botón podría pulverizar un país enemigo a miles de leguas de distancia... pero el precio a pagar era dominar primero las matemáticas avanzadas, y eso era apenas la base de las bases. Pensándolo bien, ese hombre antiguo tampoco estaría muy contento. El sol poniente se ocultó tras las montañas lejanas, y la penumbra lo envolvió todo. En la Gran Dinastía Sheng, la gente acostumbraba a no comer después del mediodía. Yan Shixu revisó las puertas y ventanas para asegurarse de que no hubiera grietas o desperfectos y, con el estómago vacío, se subió a la cama para practicar la visualización, quedándose dormido una vez que su mente quedó exhausta. A altas horas de la noche, se despertó sobresaltado. Alguien había entrado en la habitación. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.