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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Yan Shixu preguntó: "¿Qué objeto?" El Magistrado Yang no respondió directamente; en su lugar, contraatacó con otra pregunta: "¿Acaso conoces el origen del Disco de Jade de Mingzong?" 'Si lo supiera, ya me habrías rebanado el cuello', pensó Yan Shixu mientras negaba con la cabeza. El Magistrado Yang prosiguió con pausada elocuencia: "En el sexto año de la era Tianyuan, el Reino de Tianling envió emisarios a la Gran Dinastía Sheng para ofrendar una pieza de jade de inconmensurable rareza al Emperador Mingzong. A Su Majestad le complació sobremanera. En aquel entonces, habiendo cruzado ya los cincuenta años y alcanzado la edad de conocer los designios del Cielo, comenzaba a sentir el declive del cuerpo y la fatiga del espíritu; suspiraba a menudo por la fugacidad de los días y la imposibilidad de retener los años. Por ello, promulgó un decreto ordenando a los artífices más consumados que tallaran la preciada gema en forma de reloj de sol, con la intención simbólica de gobernar el curso del astro, custodiar el tiempo y preservar la eterna juventud." Yan Shixu escuchaba con absoluta atención. Todo aquello lo ignoraba por completo. "Más tarde, cuando las Tres Guarniciones se alzaron en armas, el Emperador Mingzong no tuvo más remedio que huir de Chang'an. Antes de partir, partió el reloj de sol en dos mitades: confió la base al Preceptor Imperial y se llevó consigo la carátula. De acuerdo con los informes de la Oficina de Asuntos de Inspección, el Preceptor Imperial concedió esa base al Gran Erudito de la Academia Daoísta, y hoy en día reposa sellada en el Pabellón de los Tesoros Escondidos". El Magistrado Yang lo escudriñó con mirada profunda y sentenció: "El disco de jade que robaste anoche no es otra cosa que la carátula". El corazón de Yan Shixu dio un vuelco. Aquello tampoco lo sabía. Cuando el Emperador Mingzong escapó de Chang'an, dividió deliberadamente la pieza: una mitad quedó en manos del Preceptor Imperial y la otra marchó con él. Ahora la Inspección ambicionaba el reloj de sol, y el anciano letrado también lo pretendía. Aquel artefacto de jade de la era de Mingzong estaba muy lejos de ser una simple reliquia. Tanteando el terreno, preguntó con cautela: "¿De modo que el señor Magistrado pretende que entre en la Academia Daoísta para sustraer el reloj de sol de Mingzong?" "Exactamente." "¿Y cómo entraré a la Academia Daoísta?" "La Academia Daoísta solo admite a hijos de familias de letrados y campesinos. Tu linaje no presenta inconvenientes, aunque careces de los avales emitidos por la prefectura de la Capital Oriental y la nobleza local; yo me ocuparé de tramitártelos." Yan Shixu intuyó que algo no cuadraba y fingió congoja: "Sin embargo, he perdido la memoria. Si me hago pasar por un estudiante para ingresar a la Academia Daoísta, me temo que descubrirán el engaño." En lo que a erudición se refería, la Inspección contaba con numerosos letrados a su servicio. Si era cuestión de destreza operativa, disponían de expertos consumados en mayor número todavía. ¿Y elegían a un desmemoriado como él? En tales circunstancias, o bien la misión era absurdamente fácil, o bien entrañaba un peligro mayúsculo, de modo que usaban vidas prescindibles para tantear el terreno y pagar el precio del error. Pero ¿acaso confiarían una tarea sencilla a un "condenado a muerte"? ¿De verdad le abrían una salida piadosa únicamente por ser descendiente del clan Yan? Yan Shixu no se lo creía ni por asomo. El Magistrado Yang se llevó las manos a la espalda, lo miró de soslayo y zanjó: "Ya he dispuesto para ti los Cuatro Clásicos del Daoísmo. Cuando regreses a tu casa, estúdialos a conciencia; no te preocupes por lo demás y aguarda pacientemente a que la Academia Daoísta abra la admisión de discípulos." Yan Shixu quiso insistir, pero el Magistrado Yang ya se había dado media vuelta y se marchaba a paso firme. \*\*\* En el segundo intervalo de la quinta vigilia, redoblaron los tambores matutinos. Yan Shixu se mudó de túnica, se echó al hombro un fardo de tela basta y, tras preguntar varias veces por el camino, consiguió regresar al fin al Barrio Ningyang. El portón del Barrio Ningyang se alzaba a cuatro metros de altura, embadurnado con aceite de tung para protegerlo de la carcoma y la podredumbre, con un cartel de madera en lo alto que le daba el porte de una pequeña muralla defensiva. Frente a la entrada se hacinaba una multitud de desterrados por la guerra: algunos mendigaban cubiertos de harapos, otros vendían a sus propios hijos. Demacrados, de tez amarillenta y mirada vacía, clavaban sus ojos voraces en cualquiera que cruzara el paso. En cuanto Yan Shixu se aproximó al portón, la marea de gente se arrojó hacia él. "Joven amo, una limosna, por piedad... Llevo tres días enteros sin probar bocado." "¡Joven amo, mire a mi muchacha, se la entrego por una sola sarta de monedas!" Aquella chiquilla, con una brizna de rabo de zorra prendida en el cabello, lucía un semblante macilento y tenía las pupilas veladas por la enfermedad; saltaba a la vista que no le quedaban muchos días de vida. A finales del otoño del año pasado, tras la embestida del ejército de Chengzhao, el intendente militar de la Capital Oriental aplicó una estricta política de tierra quemada y concentró a los campesinos de las comarcas vecinas dentro de la urbe. Aquellos desdichados no llevaban ni un año intramuros cuando la aristocracia y las familias adineradas les despojaron hasta del último cobre mediante mil artimañas. Al principio subsistían gracias a los repartos de gachas del socorro imperial, pero, tras cortarse el transporte fluvial, el brebaje oficial quedó tan aguado que en él se reflejaba la propia silueta; no les quedó más remedio que vender a sus hijos o mendigar para no perecer. Yan Shixu se palpó los bolsillos; recién salido del calabozo, traía las faltriqueras más limpias que la cara. Suspiró para sus adentros, esquivó a los desarrapados y cruzó al interior del Barrio Ningyang. A sus espaldas, los guardias del acceso contuvieron a los refugiados. Al cruzar el umbral del portón, lo recibió un bullicio desbordante. A ambos costados de la ancha vía principal se alineaban los comercios, los buhoneros pregonaban a voz en cuello y el cálido vapor de la vida cotidiana lo envolvió de golpe. "¡Tortas de sésamo, recién salidas del horno!" "Menta, menta fresca..." "¡Empanadas al vapor, calientes!" "¡Adivinación y lectura de caracteres, trato honrado para ancianos y niños, por solo diez monedas, solo diez monedas!" Yan Shixu no pudo evitar volver la vista atrás. Bastaba una sola puerta para separar dos mundos enteramente ajenos. Buscó deliberadamente a un conocido para cerciorarse de la ubicación exacta de su casa y, bajo la mirada extrañada de aquel vecino, echó a andar en dirección a su hogar. Las avenidas principales dividían el Barrio Ningyang en cuatro sectores en cruz. La herrería de la familia Yan se ubicaba en el sector norte, próxima a la arteria principal; los negocios del barrio solían abrirse a orillas de esa calzada debido a la intensa afluencia de transeúntes. Una herrería no requería un escaparate a la vista, de modo que se hallaba recogida en el callejón posterior. \*Chiiik...\* Yan Shixu empujó la cancela entreabierta del patio y franqueó el umbral. Era una vivienda de tres pabellones en torno a un patio central. Yan Shixu ocupaba la estancia principal, mientras que su cuñado, quien rara vez paraba bajo techo, se alojaba en el ala este, colindante con la cocina. El ala oeste servía de almacén para aperos y herramientas. A la izquierda de la entrada al patio se levantaba un cobertizo de paja rústico que hacía las veces de taller de forja. La herrería era el patrimonio que le había legado su hermana mayor. En vida, ella poseía una destreza admirable en la metalurgia y la ebanistería; a fuerza de martillazos implacables, había criado sola a Yan Shixu hasta que este cumplió los once años. Al fallecer ella, fue el cuñado quien continuó sacándolo adelante a base de martillazos. En su origen, el cuñado no era más que un monje daoísta errante. Había cultivado la doctrina en las tierras del sur durante sus mocedades y luego vagó hasta la Capital Oriental; allí despertaron en su pecho los deseos del mundo terrenal y acabó contrayendo nupcias con la hermana. Muerta ella, la clientela de la herrería se desplomó sin remedio. Aquel cuñado de escasas luces no sabía forjar hojas de espada ni confeccionar joyas de orfebrería; solo alcanzaba a martillar aperos de labranza y atender faenas menores para el vecindario, como afilar tijeras, enderezar cuchillos de cocina y remendar muebles quebrados. El año anterior, cuando irrumpió el ejército rebelde de Chengzhao y las hostilidades se prolongaron hasta el presente, la plebe perdió la temporada de siembra de primavera y las herramientas agrícolas quedaron amontonadas sin comprador. Acorralado por la necesidad, el cuñado volvió a enfundarse los hábitos daoístas, le dejó unas monedas a Yan Shixu y marchó a refugiarse como monje forastero en un monasterio. Antes de partir, no cesó de refunfuñar con amargura: "Tu hermana no era más que una mujer de cabellos largos y miras cortas. En aquel entonces, el certificado monástico apenas costaba sesenta sartas de cobre; quise pagar para tramitarte uno, con lo que te habrías librado de tributos y corveas, comiendo y bebiendo de balde en el templo. ¡Pero ella se opuso con terquedad! Decía que debías quedarte para engendrar descendencia en el clan Yan y preservar el incienso del linaje. ¡Y mírale ahora, el certificado ya trepó a las doscientas sartas!" Envuelto en estos recuerdos dispersos, Yan Shixu entró en la estancia principal. El aposento era un auténtico desastre: las arcas de madera estaban volcadas, mientras que los ropajes de invierno y los acolchados yacían desparramados por los suelos. Las cinco sartas de monedas y las tres piezas de seda fina que allí ocultaba se habían esfumado... Eran todos los fondos disponibles con los que contaba la casa. "Sabuesos de la Inspección, malnacidos...", masculló Yan Shixu con la mandíbula apretada mientras se apoyaba en una columna carcomida por las polillas. El precio del grano en la Capital Oriental no paraba de subir y las cargas impositivas del gobierno se volvían asfixiantes. Para una familia que ya rozaba la miseria, aquello era llover sobre mojado. Llevaba toda la noche sin tragar una gota de agua y la acidez gástrica le quemaba las entrañas por el hambre. Maldiciendo en voz baja, enfiló hacia la cocina. Los muros y las vigas de la cocina estaban tiznados tras años y años de ahumado constante. Del envigado pendían varios cabos de cáñamo de los que antaño colgaba tocino curado; ahora, tampoco quedaba rastro de él. El grano y la harina habían sido saqueados hasta el fondo, dejando en la tinaja de barro apenas un lecho menudo de mijo. "¡Maldita soldadesca de rapiña!" Por dicha, en un rincón aún sobrevivían tres verduras: malva, puerro y col. En la Gran Dinastía Sheng, los alimentos se cocinaban principalmente al vapor o hervidos; para lo primero se usaban vaporeras y para lo segundo calderos, careciendo de las grandes sartenes de hierro de tiempos posteriores. Yan Shixu preparó unas gachas con las verduras, les añadió una pizca de sal marina gruesa y se acomodó en un taburete plegable en el patio, sorbiendo con fruición del cuenco de barro. Tras trasegarse tres grandes cuencos de aquel caldo ralo, sintió el estómago colmado, pero ni sombra de satisfacción verdadera. Aquel organismo era fuerte y corpulento; semejante dosis de carbohidratos no bastaba en absoluto, y mucho menos faltando un bocado de carne. Sentado al cobijo de la sombra del alero, apuraba las gachas mientras sopesaba su situación. La Academia Daoísta constituía un organismo oficial. Con el inmenso poder del que gozaba la Oficina de Asuntos de Inspección, les habría bastado con exigir la pieza por la vía burocrática; e incluso si surgían asperezas, siempre mediaba margen de maniobra y componendas entre dependencias públicas. Que el Magistrado Yang hubiera optado por el latrocinio probaba que toda negociación había fracasado. No haber elegido a un infiltrado más cualificado para deslizarse en la Academia, recurriendo en cambio a un "condenado a muerte" como él, significaba que el riesgo de la empresa era descomunal. 'De modo que no soy más que carne de cañón para rellenar la trinchera... Debo hallar el medio de contactar al letrado y avisarle que sigo vivo.' Si aquel anciano letrado confuciano le había ordenado apoderarse del Disco de Jade de Mingzong, sin duda manejaba información privilegiada. Sin embargo, tropezaba con un obstáculo inmediato. Durante todo el camino de vuelta, no había advertido que nadie lo siguiera. Pero el Magistrado Yang jamás permitiría que escapara a su vigilancia; con toda certeza, mantenía espías acechándolo en la penumbra. Estaba plenamente convencido de ello, razón por la cual había obrado con cautela milimétrica de camino a casa, sosteniendo con rigor su fachada de amnesia. Si él no era capaz de delatar al rastreador y acudía en ese instante a entrevistarse con el anciano letrado, no haría más que actuar como el más torpe de los cómplices. 'Con todo, aunque no me convenga ir a su encuentro, sí puedo hacer que sea él quien venga a buscarme', caviló de inmediato Yan Shixu, hallando una salida. Aquel letrado poseía dilatada experiencia y artesformidables; muy bien podría desenmascarar al perseguidor. E incluso si quedaban al descubierto, siempre cabría alegar que un antiguo compinche de su anterior facción, al comprobar que no había muerto, había acudido a ponerlo a prueba. Al colocarse en una postura meramente pasiva, él disiparía cualquier sospecha sobre sí. Tomada la determinación, Yan Shixu recobró la calma. \*\*\* A la mañana siguiente. Yan Shixu despertó al sonar los tambores del alba. Tomó una jofaina de madera, salió al patio, destapó el madero de la tinaja de agua y se dispuso a asearse. La gente común de la Gran Dinastía Sheng solía limpiarse la boca frotándose con ramitas de sauce; sin embargo, el jugo del sauce era amargo y la fibra viva causaba graves estragos en dientes y encías. Yan Shixu empleaba un cepillo fabricado con cerdas de jabalí. La manufactura de este artefacto entrañaba gran dificultad y su precio era elevado, siendo un lujo exclusivo de las casas acomodadas. Yan Shixu se lo había fabricado con sus propias manos. Machacó unos cristales de sal gorda, añadió una pizca de polvo de té molido y logró dejarse la dentadura bastante limpia. Luego, cargándose la caja de herramientas de carpintero a la espalda, salió a la calle. La herrería lindaba con la avenida. Cruzando una bocacalle, se adentró en la concurrida vía comercial, rebosante de locales y con un continuo trajín de tenderos ambulantes. Yan Shixu aspiró en el ambiente el aroma dulce de las harinas y el perfume denso del aceite de sésamo. Dejó atrás el callejón y paseó con aire "despreocupado" hasta aproximarse al figón de sopa de fideos finos con el rótulo de "Casa Tang", donde deceleró el paso con disimulo. Muy pronto resonó desde el interior una voz fresca y cristalina: "¡Segundo Hermano Yan! ¡Segundo Hermano Yan~!" Yan Shixu giró el rostro y vio emerger del local a una jovencita. Se detuvo con porte garboso bajo el toldo de tela, saludándolo con un brazo en alto y franca alegría. La muchacha aparentaba unos quince años; vestía una túnica sencilla de mangas ceñidas, un jubón corto de color anaranjado y un mandil de faena anudado a la cintura. Lucía unos rasgos extranjeros inconfundibles: nariz aguileña y perfilada, cuencas oculares profundas y facciones deslumbrantes, con unos ojos de un gris claro que destilaban un encanto exótico. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 3 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.