Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 39 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El hombre de negro alto empujaba su daga con fuerza salvaje. Yan Shixu le atenazaba la muñeca derecha, empujando en sentido contrario con el mismo empeño.
Los brazos de ambos temblaban levemente bajo la colosal tensión del pulso.
"Vaya, así que eras tú", dijo Yan Shixu con semblante imperturbable y tono calmado. "A mí también me resultabas familiar."
No sentía la menor sorpresa.
Yan Shixu sospechaba desde hacía tiempo que quien le había dejado la nota a He Siqi no era otro que el encapuchado con el que se había topado aquella noche.
¿Qué casualidad iba a ser que tres facciones distintas se colaran en el Pabellón de los Tesoros Escondidos al mismo tiempo?
Aquella primera noche en que He Siqi se infiltró en el pabellón, además de llamar la atención de Xueyi, este hombre de negro también lo había estado siguiendo.
Por eso, al descubrir que He Siqi parecía haber encontrado el Pabellón de los Tesoros Escondidos, el tipo se acercó en persona para confirmarlo.
De ahí aquel encontronazo cara a cara en un callejón sin salida.
Hace unos instantes, al confrontarse fuera del edificio, la complexión física de este hombre alto coincidía a la perfección con la del artista marcial que ya había entrado en rango aquella noche.
"Tú... ¡tú...!" El hombre de negro estaba tan atónito que apenas podía hilar palabra.
En el preciso instante en que vio la saeta de manga en las escaleras, reconoció que aquel supuesto maestro superior no era más que el ladronzuelo mediocre al que había perseguido y golpeado días atrás.
La complexión encajaba por completo.
Sin embargo, el hombre de negro alto no lo desenmascaró de inmediato; se contuvo a la espera, y no fue hasta que atravesaron los mecanismos y alcanzaron el segundo piso que lanzó su emboscada mortal.
Su plan inicial era asesinar al más débil, perdonarle la vida al herido y utilizar a este último como carne de cañón para abrirse paso a través de las formaciones.
Jamás imaginó que, siendo él un artista marcial del Reino Humano y atacando por sorpresa, aquel insignificante ratero bloquearía su arremetida con semejante soltura.
'¿Se contuvo a propósito aquel día fingiendo debilidad?'
'¡¿Pero qué necesidad tenía de hacer semejante cosa?!'
En medio de ese torbellino de pensamientos, el brazo izquierdo del hombre de negro se hinchó, desatando toda su musculatura de golpe; su extremidad avanzó con la violencia de un ariete, lanzando un puñetazo directo hacia el rostro de Yan Shixu.
Una ráfaga de viento feroz azotó su cara.
La velocidad del puño de un artista marcial del Reino Humano resultaba prácticamente imposible de captar para alguien que aún no había entrado en rango.
Sin embargo, a los ojos del Yan Shixu de hoy, aquel golpe carecía de misterio. Ya no era en absoluto el mismo de antes.
Yan Shixu retrocedió con presteza, retorciendo y tirando hacia un costado de la muñeca derecha que mantenía aprisionada.
El hombre de negro se precipitó hacia adelante sin poder frenar su inercia; tanto el puñetazo como la daga cortaron el aire en vano.
Yan Shixu dio un paso al frente con la pierna izquierda y propinó un rodillazo devastador hacia arriba con la derecha.
En un combate cuerpo a cuerpo entre artistas marciales del mismo nivel, neutralizar cada movimiento a la perfección resultaba prácticamente imposible.
El hombre de negro apretó los dientes y, optando por no esquivar, descargó un codazo contra el pecho de Yan Shixu, dispuesto a cambiar herida por herida.
¡Bum!
¡Deng, deng, deng! Ambos retrocedieron varios pasos al unísono. Durante el retroceso, Yan Shixu levantó el brazo derecho y una aguja de acero salió disparada con furia, clavándose en el costado izquierdo del pecho del encapuchado.
El hombre de negro soltó un gruñido ahogado, cubriéndose la herida con la mano, y bramó: "¡Ayúdame!"
El hombre de negro bajo por fin reaccionó. Con un rugido gutural, cargó hacia adelante como un toro enfurecido, haciendo crujir las tablas del suelo bajo sus pasos pesados.
Desde atrás, He Siqi le atenazó el hombro con fuerza.
El encapuchado bajo giró sobre sus talones y lanzó un contragolpe fulgurante, un derechazo que perforó el aire como una lanza traicionera mientras sus suelas chirriaban con estrépito contra la madera.
He Siqi interceptó el impacto interponiendo el codo.
Ambos chocaron con violencia y retrocedieron dos pasos cada uno.
El rostro del hombre de negro bajo cambió de golpe: "¡¿No estabas herido?!"
He Siqi sacudió el brazo entumecido y soltó una carcajada burlona: "Me curé hace rato."
Sin perder un instante, lanzó una patada ascendente cuya punta rasgó el aire como la hoja de una espada, obligando al atacante bajo a esquivar hacia un lado.
Al ver esto, el corazón del hombre alto se hundió por completo y declaró con voz grave:
"Solo estaba probando tus reflejos hace un instante. Pelear aquí no beneficia a ninguna de las partes; aunque la formación ilusoria nos oculte, nos descubrirán si nos demoramos demasiado. Es mejor que lo dejemos estar y nos retiremos en paz."
Yan Shixu extrajo una nudillera de hierro de sus ropas, se la encajó en los dedos y contestó con frialdad:
"Sabes perfectamente que uno de los dos bandos debe morir esta noche; por eso intentaste asesinarme por la espalda. Y también sabes muy bien que, ahora que la identidad de He Siqi ha quedado al descubierto, me resulta imposible dejaros marchar con vida."
La única razón por la que habían mantenido una calma tensa desde que entraron al Pabellón de los Tesoros Escondidos era, por un lado, que él fingía ser un maestro consumado para infundirles cautela, y por otro, que Yan Shixu deseaba observarlos un rato más.
Necesitaba calibrar la verdadera fuerza de ambos encapuchados.
Un destello de ferocidad cruzó la mirada del hombre alto. Su figura se disparó hacia adelante con un tajo horizontal de su brazo derecho, haciendo que la daga trazara un arco resplandeciente en la penumbra.
Yan Shixu no retrocedió ni esquivó. Su mano izquierda descendió hacia su cintura, pellizcó la anilla de bronce del marcador de tiralíneas y tiró hacia arriba con violencia repentina.
La daga que buscaba rebanarle la garganta pareció toparse con algo invisible; sin emitir el menor sonido, se partió en dos mitades limpias.
El hilo del marcador de tiralíneas que le había dejado su hermana mayor cortaba el hierro como si fuera lodo blando.
Para su hermana, aquel hilo tal vez fuera un simple material de confección, pero para Yan Shixu, constituía un arma letal capaz de aniquilar al instante a cualquier oponente de su mismo rango.
Era, hasta la fecha, su carta de triunfo definitiva.
El hombre de negro alto había anticipado que su estocada sería esquivada o bloqueada, y estaba preparado para variar su técnica sobre la marcha, pero jamás imaginó que su daga se quebraría de una forma tan inverosímil.
La estancia estaba a oscuras, apenas iluminada por la luz difusa de la luna.
Ni siquiera llegó a ver qué diablos había cercenado el metal.
Con la empuñadura y media hoja rota aún aferradas en la mano, su brazo completó la trayectoria del golpe llevado por la inercia, incapaz de frenar en seco.
Yan Shixu aprovechó esa fracción de segundo. Su mano izquierda trepó como una serpiente por el brazo enemigo y giró con un movimiento seco.
Desde el codo hacia abajo, el antebrazo del hombre de negro se deslizó y cayó al suelo sin hacer ruido.
La sangre comenzó a brotar a borbotones apenas medio respiro después.
Los músculos y huesos que debían resistir filos comunes se habían desprendido con la fragilidad del tofu.
Las pupilas del hombre de negro se dilataron con violencia; su primera reacción no fue de dolor, sino de puro pavor.
Retrocedió a la desesperada y lanzó una patada voladora con todas sus fuerzas.
Yan Shixu hundió la cintura, afianzó su postura de estaca y soltó un puñetazo feroz con la mano derecha protegida por la nudillera de hierro.
El metal forjado de la nudillera reventó en pedazos al instante.
Los nudillos de Yan Shixu quedaron desgarrados y ensangrentados, mientras que los huesos del pie del hombre de negro crujieron al fracturarse con estrépito.
Sin embargo, aprovechando la fuerza del choque, el encapuchado se impulsó hacia atrás en dirección al hueco de la escalera.
¡Tenía que huir!
La habitación era estrecha y carecía de luz; aquel muchacho no solo era un artista marcial despiadado, sino que guardaba armas ocultas imposibles de predecir. Seguir enredado en ese combate cuerpo a cuerpo significaba una muerte segura.
Yan Shixu se lanzó en su persecución. Mientras corría, desenvainó un cuchillo corto de su cintura y lo arrojó con tremenda potencia.
El destello de la hoja giró como una rueda mortal antes de clavarse con un ruido sordo en el corazón del hombre de negro por la espalda, salpicando sangre hirviente.
Aun así, el hombre no murió en el acto, pero perdió el equilibrio por completo y rodó escaleras abajo. A mitad de su caída activó los mecanismos ocultos; una andanada de flechas se disparó en todas direcciones dentro del angosto pasaje, con impactos secos resonando uno tras otro.
Cuando el hombre de negro alto llegó rodando al fondo del descanso, tenía el cuerpo erizado de saetas.
No volvió a moverse.
En el descansillo superior, Yan Shixu retiró la vista del cadáver, tiró con rapidez de la anilla de bronce y enrolló el hilo dos veces alrededor del pasamanos de la barandilla. Con el otro extremo firmemente asido en la palma, se abalanzó sobre los otros dos combatientes.
"¡Uno menos! ¡Voy a ayudarte!"
He Siqi mantenía inmovilizado al hombre bajo, ambos conteniéndose dentro de un espacio mínimo por temor a perturbar las formaciones del piso superior.
El hombre de negro bajo dominaba el Temple Corporal Exterior; combatiendo a base de intercambiar golpes y heridas, mantenía la ventaja.
He Siqi ya apenas podía sostener la defensa, por lo que el aviso de Yan Shixu le devolvió el alma al cuerpo.
El encapuchado bajo sintió un frío helado en las entrañas. Echó un vistazo de reojo y no vio rastro de su compañero; solo el denso y metálico hedor a sangre inundaba el aire.
Tanto si su cómplice había muerto como si había huido, ahora le tocaba enfrentarse a dos contra uno.
Apretando los dientes con rabia desesperada, encajó un puñetazo de He Siqi a cambio de asestarle otro. Aprovechando que el joven tambaleaba hacia atrás, se giró para lanzarse contra Yan Shixu.
Mantenía una postura suicida, dispuesto a dejarse la vida en el intento.
Yan Shixu, pareciendo abrumado por la ferocidad del ataque, esquivó hacia un lado y evitó el choque frontal.
'¿Eh? ¿No me detiene?'
'¿Pretende atacarme por la espalda con armas arrojadizas mientras escapo?', dedujo el hombre de negro, convencido de haber descifrado la táctica de su enemigo.
¿Acaso unas armas ocultas ordinarias pretendían atravesar su Temple Corporal Exterior?
Aceleró el paso aún más, confiado.
Con la salida de la escalera a la vista, el hombre de negro sintió de pronto que el mundo entero daba vueltas descontroladas y perdió de golpe todo dominio sobre sus extremidades.
¡Don, don...!
Una cabeza enorme se desprendió del cuello y fue rodando hasta la entrada de las escaleras.
Sus ojos desorbitados se abrieron de par en par; sus labios intentaron articular palabras mudas, pero la luz en sus pupilas se extinguió a toda prisa.
El cadáver decapitado dio un par de pasos erráticos antes de desplomarse de bruces contra el suelo. De la arteria carótida cercenada brotó un chorro de sangre que alcanzó los tres metros de altura.
He Siqi se quedó estupefacto, con la boca abierta.
Desde su perspectiva, el maestro superior solo se había hecho a un lado para esquivarlo, y al instante siguiente, un adversario acorazado con el temple corporal exterior había acabado decapitado limpiamente.
¡Matar sin dejar rastro visible!
Yan Shixu regresó a la entrada de la escalera y soltó el hilo enrollado en el pasamanos. La hebra se replegó con presteza hacia el interior del artefacto, y la anilla de bronce tintineó con un chasquido metálico al chocar contra la superficie del mazo de madera.
"Veamos quiénes son", dijo He Siqi acercándose a grandes zancadas. Levantó la cabeza del hombre bajo y le arrancó la máscara de tela negra.
Yan Shixu encendió una mecha de yesca soplando con suavidad.
El resplandor anaranjado iluminó el rostro oculto tras el embozo: piel cetrina y facciones duras y angulosas.
"... ¿Cheng Silie?", tardó varios segundos He Siqi en recordar el nombre.
Cheng Silie había quedado en la categoría Ding inferior en los exámenes de ingreso de la academia; era el último de la fila entre los nuevos estudiantes, alguien que jamás llamaba la atención de nadie.
Ambos bajaron con cautela pisando únicamente los escalones pares. Al retirar la máscara del cadáver alto, quedó al descubierto un rostro bastante apuesto.
Yan Shixu lo reconoció al instante.
Era Qi Shaoyou. Su padre servía como Asistente de Registros en la Capital Oriental, y él mantenía una relación muy estrecha con Li Yanzhen; pertenecía al círculo de los hijos de altos funcionarios entre los nuevos reclutas.
Aunque el rango de un Asistente de Registros no era especialmente elevado —apenas un séptimo rango principal—, concentraba un poder administrativo real en sus manos.
"Maestro, el padre de Qi Shaoyou es Asistente de Registros. ¡Este tipo sin duda tiene que ser un espía de la Oficina de Asuntos de Inspección!", afirmó He Siqi con total convencimiento, exhibiendo una certeza absoluta.
La expresión de Yan Shixu se volvió sumamente extraña.
Si estos dos fueran realmente espías de la Oficina de Asuntos de Inspección, la cosa se complicaría enormemente.
No, no tenía sentido. Estos dos no podían pertenecer a la oficina.
Al menos, no bajo el mando del Magistrado de Enjuiciamiento Yang.
Él mismo le había reportado a la Inspectora de Zona A Yan la incursión de esta noche. Si Yang Fashen hubiera desplegado a otros agentes aquí esta misma velada, A Yan le habría advertido sin falta.
Incluso les habría ordenado cooperar.
Un veterano del espionaje jamás cometería una torpeza tan burda.
Descartando a la gente de Yang Fashen, la identidad de Qi Shaoyou y Cheng Silie solo admitía dos posibilidades: o eran espías subordinados a algún otro magistrado de enjuiciamiento de la Oficina de Asuntos de Inspección, o servían a los Comisionados Militares de las guarniciones provinciales.
De tratarse de esto último, Yan Shixu acababa de apuntarse un gran mérito.
Si Qi Shaoyou era un espía de los señores feudales, ¿cómo iba a estar limpio su padre, teniendo en sus manos los registros oficiales de la capital?
"¿Qué hacemos con los cadáveres?", preguntó He Siqi, viéndose en un aprieto.
"Limpia las manchas de sangre lo mejor que puedas; yo me encargaré de los cuerpos", ordenó Yan Shixu.
He Siqi suspiró aliviado, reflexionando para sus adentros sobre el abismo insalvable que lo separaba de aquel predecesor: mientras él apenas calculaba un paso a la vez, el maestro ya había previsto las diez jugadas siguientes.
Sosteniendo la mecha de yesca con cara de preocupación, murmuró: "Pero esto no se va a quitar del todo."
La sangre había salpicado por todas partes; borrarla por completo resultaba imposible.
El día en que algún discípulo de la Secta Chongzhen subiera al segundo piso y viera semejante carnicería, sabrían que el Pabellón de los Tesoros Escondidos había sido allanado.
La Secta Chongzhen entraría de inmediato en estado de alerta máxima.
"El pabellón está protegido por formaciones; ningún discípulo suele entrar en circunstancias normales, así que no lo descubrirán a corto plazo. Mientras nos deshagamos de los cadáveres y evitemos que el hedor a podrido se extienda, no habrá problema", explicó Yan Shixu.
A juzgar por las restricciones y defensas que custodiaban el edificio, lo único que requería mantenimiento humano constante eran los talismanes daoístas.
Tenían que sustituirse periódicamente.
En cuanto a cada cuánto tiempo se realizaba ese relevo, resultaba imposible precisarlo.
A partir de este momento, todos los espías que conspiraban para apoderarse del Reloj de Sol de Mingzong tendrían que competir contra el reloj.
Ambos limpiaron el lugar con frenética rapidez. Yan Shixu recuperó sus agujas de acero y los restos de la daga partida.
He Siqi despojó a los cadáveres de sus ropas y, tanteando en la penumbra, frotó el suelo para enjugar los charcos de sangre.
Luego descendió con sumo cuidado, pisando de nuevo los escalones pares y recogiendo por el camino las flechas clavadas en las paredes y en las tablas de madera.
Al llegar abajo, He Siqi hizo el ademán de cargarse los dos cuerpos sobre los hombros.
Yan Shixu le advirtió con voz grave: "Lanza los cadáveres al otro lado y límpiate la sangre de las manos."
El líquido conducía la electricidad; si sus cuerpos quedaban empapados en sangre, los rayos de la formación circundante bien podrían saltarse el escudo de madera de azufaifo y electrocutarlos hasta la médula.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 39 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.