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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 38 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Los tres, que ya estaban a punto de dar marcha atrás, volvieron la mirada al unísono hacia Yan Shixu. He Siqi, embargado por una súbita alegría, preguntó: "¿Tiene usted un modo de romper la restricción de los talismanes?". Si incluso disponía de un método para neutralizar talismanes tan arcanos e insondables, significaba que, aunque llamaban a esta incursión en el Pabellón de los Tesoros Escondidos una mera exploración, en realidad el Gran Maestro Mohista venía preparado para cualquier eventualidad. Quizás de verdad fuesen capaces de sustraer el Reloj de Sol de Mingzong. Los dos hombres de negro clavaron sus miradas en Yan Shixu. Iban envueltos por completo de pies a cabeza, dejando al descubierto únicamente unos ojos cargados de apremio. Tener que retirarse con las manos vacías a estas alturas les resultaba inaceptable. Yan Shixu dijo con parsimonia: "El método para romperlo es muy simple: solo hay que empujarlo". ¿Qué? Los tres dudaron de sus propios oídos. El hombre de negro de menor estatura soltó un bufido despectivo: "¡Tonterías! Si se pudiera empujar a la fuerza, ¿haría falta que vinieras tú a decirlo? Pensé que guardabas algún recurso brillante, ¡pero resulta que no eres más que madera podrida haciéndose pasar por viga maestra, un farsante presumiendo de experto!". Yan Shixu flexionó un dedo y lanzó un suave chasquido contra la barrera invisible, preguntando: "¿Saben ustedes de dónde procede el poder de los talismanes?". El hombre de negro más alto replicó: "Naturalmente, del sacerdote que trazó el talismán al sintonizar con las fuerzas del cielo y la tierra para canalizarlas en su interior". Yan Shixu colocó las manos a la espalda y comentó con calma desapegada: "Entonces, ¿todavía no lo entienden?". He Siqi y el hombre bajo tenían los rostros desencajados por la perplejidad, mientras que el más alto vacilaba entre la sorpresa y el recelo: "¿Qué intentas decir con eso...?". "Por muy formidable que sea un talismán, no deja de ser un árbol sin raíces, una lenteja de agua a la deriva; su energía tarde o temprano tiene que agotarse". Yan Shixu alzó la vista hacia el talismán de papel amarillo fijado en lo alto. "Si consumimos sus reservas por completo, el dilema se resolverá por sí solo". Él sabía perfectamente que el poder sobrenatural de este mundo obedecía a principios y patrones lógicos; no se trataba de magia celestial arbitraria o desprovista de sentido. Aunque no comprendiese el arte de los talismanes, sí comprendía a la perfección la ley de conservación de la energía. Por muy misteriosas que fuesen las artes talismánicas, la energía que albergaban jamás podría ser infinita; al fin y al cabo, no estaban conectadas a ningún cable de corriente. "Así que ese era el fundamento...". El hombre alto de negro pareció iluminarse de golpe, como si una venda se le cayera de los ojos. La lógica era simple, pero deducirla desde cero distaba de ser fácil. "Aun así, esto fue trazado por el Maestro Daoísta Yunmo. Con nuestras modestas fuerzas, ¿en verdad podremos doblegarlo?", inquirió He Siqi, falto de seguridad. "El talismán aquí presente no es más que un cerrojo". Yan Shixu abrió ambos brazos y se abalanzó contra la barrera con ímpetu: "Además, quién sabe cuánto tiempo lleva fijado en este sitio; es imposible calcular cuánta potencia conserva. Si cederá o no, lo sabremos en cuanto empujemos". Bajo sus holgadas túnicas, los músculos se le tensaron al instante, abultándose en firmes relieves bajo la piel. He Siqi no vaciló más y sumó su fuerza a su lado, empujando la barrera codo con codo. El hombre bajo de negro miró a su compañero alto, con un brillo homicida asomando en la mirada. Aquella era una oportunidad inmejorable para tenderles una emboscada por la espalda. El hombre alto de negro negó casi imperceptiblemente con la cabeza, dio dos zancadas al frente y plantó sus palmas junto a Yan Shixu para empujar con todo su peso. Los cuatro asemejaban a hormigas empeñadas en sacudir un roble milenario. Los tablones de madera bajo sus suelas rechinaban quejumbrosos ante el peso descomunal, pero, gracias al control milimétrico de los cuatro, no llegaron a astillarse. Así transcurrió un cuarto de hora. Aunque los guerreros del Reino Humano poseían un vigor físico comparable al de bueyes de labranza, el esfuerzo continuado los dejó exhaustos; tras las telas de sus embozos, sus rostros estaban encendidos y las venas les palpitaban en las sienes. Pasado otro cuarto de hora, He Siqi, jadeando con dificultad, notó de pronto que la impenetrable resistencia se volvía maleable, como si sus manos se hundieran en fango espeso. Exclamó con alborozo: "¡El poder del talismán está decayendo!". Animados por el cambio, los dos hombres vestidos de negro redoblaron el empuje. Bajo la presión conjunta de los cuatro, la barrera cedió por fin en un colapso total, levantando una repentina ráfaga de viento por toda la estancia. Los cuatro exhalaron un hondo suspiro y tomaron distancia entre sí al instante, respirando con avidez mientras los músculos de sus brazos temblaban a causa de los espasmos. Tras recobrar el aliento durante unos minutos, el hombre bajo de negro apremió: "Subamos". Sin esperar réplica, se lanzó escaleras arriba, ansioso por ser el primero en cosechar los tesoros. He Siqi se alarmó y se apresuró a seguirle el paso. Sin embargo, en cuanto subió los primeros escalones, el tablón bajo su pie descendió de golpe. Desde el interior de los muros resonó el crujido metálico de engranajes acoplándose y, al parpadeo siguiente, densas saetas de un brillo dorado oscuro brotaron disparadas desde ambos flancos. La estrechez de la escalera impedía cualquier maniobra o quiebro evasivo. En medio del pánico, He Siqi apenas consiguió ladear la cabeza para esquivar una flecha traicionera que le silbó junto a la oreja izquierda, pero ya no le quedaba margen para eludir otro proyectil que apuntaba certero a su costado derecho. \*¡Clang!\* En el instante más crítico, una fina aguja de acero cruzó el aire desde atrás e impactó contra la punta del virote, desviando su trayectoria en el último suspiro. El estrépito congeló en seco al hombre bajo de negro, dejándolo petrificado en su sitio sin atreverse a pestañear. Un sudor gélido empapó la espalda de He Siqi: "Hay trampas mecánicas en los muros... ¿Cómo es que él pasó ileso?". Yan Shixu barrió con la mirada las paredes a la altura de los peldaños impares, donde asomaban orificios de tiro ennegrecidos por la sombra, y explicó: "Los mecanismos están empotrados en la estructura. Eviten pisar los peldaños impares; apoyen el pie únicamente en los pares". El hombre bajo de negro era de naturaleza impaciente y ascendía saltando de dos en dos, por lo que, por pura coincidencia, había pisado siempre peldaños pares. He Siqi, en su apuro por no quedarse atrás, había intentado salvar tres de un salto, poniendo un pie de lleno en los dominios del inframundo. El hombre alto de negro dirigió una mirada cargada de matices a Yan Shixu, guardando silencio. Avanzando exclusivamente sobre los peldaños pares, los cuatro alcanzaron sin más sobresaltos la segunda planta. Yan Shixu extrajo de nuevo la mecha de yesca, la avivó de un soplo y la mantuvo en alto. La mortecina aureola amarillenta era insuficiente para iluminar la inmensidad del recinto, pero al tratarse de expertos del Reino Humano con una agudeza visual muy superior a la del común de los mortales, lograron distinguir con relativa claridad lo que aguardaba más allá de diez pasos. Frente a ellos se extendían hileras ordenadas de estanterías de madera, repletas de una asombrosa variedad de objetos: tablas de mando forjadas en bronce, sellos de jade, espadas de madera de melocotonero, estandartes negros, tratados antiguos de títulos desconocidos, bestias auspiciosas fundidas en bronce con diagramas de formaciones grabados, espejos de latón y fragmentos de osamentas cubiertos de inscripciones arcaicas. Más allá, las sombras devoraban el resto de la estancia. "Tesoros... Son todos tesoros invaluables...", murmuró el hombre bajo de negro, fascinado. "Son artefactos mágicos; cualquiera de ellos nos bastaría para abatir a rivales de un reino superior". Los ojos del hombre alto destellaban con una codicia voraz. Aquel era el auténtico patrimonio acumulado por la Secta Chongzhen en la Capital Oriental. ¿Qué era exactamente un artefacto mágico? Yan Shixu lo ignoraba por completo; aquello caía de lleno en su punto ciego de conocimiento. Por fortuna, He Siqi acotó en un susurro a su lado: "Dicen que solo los maestros del Sendero Daoísta en el Reino Terrenal son capaces de forjar artefactos mágicos. Es inconcebible que acumulen semejante cantidad". '¿Objetos reservados para maestros del Reino Terrenal? Si pudiera llevarme uno de estos, ¡hasta ese tal Yang tendría que hincarse de rodillas ante mí a pedir clemencia!'. Yan Shixu arqueó una ceja, maravillado. Sin embargo, a pesar de la codicia que les abrasaba el pecho, ninguno se atrevió a dar un solo paso al frente. Todos se habían percatado de que los pilares maestros estaban cubiertos de caracteres y glifos rúnicos cincelados, mientras que las vigas del techo se hallaban tapizadas de talismanes de papel amarillo. Aquel suelo albergaba inmensas fortunas, pero constituía a la vez un enclave de mortandad implacable. Cuatro guerreros del Reino Humano, capaces de abrirse paso a sangre y fuego frente a un escuadrón de cincuenta jinetes de caballería ligera, se encontraban reducidos a encogerse en el umbral de la escalera, paralizados por la cautela. El hombre alto de negro sofocó la ambición en su pecho, retiró la vista y señaló con voz contenida: "No se divisa el Reloj de Sol de Mingzong; no parece encontrarse cerca de la escalera. Tendremos que adentrarnos en la formación para buscarlo". Volviéndose hacia Yan Shixu, preguntó: "¿Reconoces esta formación?". Por puro reflejo, He Siqi y el hombre bajo también giraron la cabeza, aguardando la aclaración de Yan Shixu. '¿Y yo qué voy a saber? Si no tengo ni la más remota idea de formaciones...'. Bajo una compostura imperturbable, Yan Shixu fingió serenidad y, valiéndose del resplandor de la mecha de yesca, se puso a examinar las runas grabadas sobre el pilar más cercano. Los símbolos consistían en una maraña de trazos paralelos de diversas longitudes, glifos con aspecto de renacuajos, numerales formales del uno al nueve y líneas curvas semejantes a garabatos continuos. A primera vista parecían caóticos, pero encerraban una armonía y una lógica interna innegables. Eran idénticos a líneas de código de programación. Yan Shixu reconoció un puñado de aquellos trazos; coincidían punto por punto con los diagramas del \*Libro de los Trigramas\* y el \*Tratado de Dunjia\* que Gu Hanzhang le había enseñado esa misma tarde. "Llevas un buen rato mirando. ¿Has descubierto algo?", inquirió con frialdad el hombre alto de negro. Yan Shixu guardó silencio, sin inmutarse. El hombre alto de negro extendió el brazo hacia el pilar y afirmó: "Yo, por mi parte, sí he descubierto algo". Yan Shixu y los otros dos miraron al pilar a la vez. En ese instante preciso, una daga afilada resbaló desde el interior de la manga del sujeto y se disparó como una víbora ponzoñosa en dirección al corazón de Yan Shixu, mientras una risa sardónica brotaba de sus labios: "¡Descubrí que no eres más que pura fachada, una lanza de estaño que brilla como la plata! ¡A ver hasta cuándo pensabas seguir haciéndote pasar por un gran maestro!". La estocada fue tan veloz como un rayo; a su lado, ni He Siqi ni el hombre bajo alcanzaron a reaccionar. "¿Acaso no me reconoces? ¡Pues yo sí te tengo bien ubicado, y reconozco aún más tu saeta de m...!". Yan Shixu no retrocedió ni un milímetro; alzó la mano derecha con una calma pasmosa y atenazó la muñeca de su agresor como un grillete de hierro. La punta de la daga se detuvo a escasa media pulgada de su pecho, incapaz de avanzar una sola fracción más. Las palabras del hombre alto de negro se quebraron en el acto. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 38 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.