Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 37 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Eran dos hombres vestidos de negro, uno alto y otro bajo. El bajo era corpulento y fornido, y bajo sus ropas oscuras parecía llevar una cota ligera que le confería una silueta abultada y poco natural.
El alto tenía brazos tan largos como los de un simio, ocultaba una daga en su manga estrecha y cargaba un fardo a la espalda.
Ambos intercambiaron una mirada silenciosa, tras lo cual el más alto tanteó el terreno:
"¿Para quién trabaja vuestra merced? No estaría de más sincerarnos; bien podríamos ser de la misma casa".
Al contar con un respaldo a sus espaldas, la seguridad de He Siqi creció de golpe y soltó con desdén:
"¿Quién va a ser de su calaña?".
Llevaba arraigada la visceral aversión de Xingchadu hacia las guarniciones militares y la Oficina de Asuntos de Inspección.
Yan Shixu, sin embargo, frunció el ceño en su fuero interno. Las guarniciones militares jamás mantenían relaciones cordiales entre sí; solo cerraban filas contra la corte imperial cuando se trataba de defender la herencia de los cargos de padres a hijos. Fuese el bando propio afín al gobierno imperial o a los caudillos fronterizos, era imposible que formasen parte de la misma facción que aquellos desconocidos.
¿A qué venía entonces semejante tanteo?
El hombre bajo y fornido clavó los ojos en He Siqi y resopló con frialdad:
"Te hemos subestimado, pero no creas que por tener un protector estás libre de apuros. Tu identidad ya ha quedado al descubierto; te tenemos en nuestras manos".
Se amparaba en estar dentro del Monasterio Chongzhen, confiado en que, por muy hábil que fuese la otra parte, no se atrevería a actuar a la ligera.
Mientras hablaban, dos faroles emergieron flotando en la penumbra.
Al instante, la hostilidad que flotaba en el aire se congeló. Los cuatro enmudecieron al unísono y se deslizaron en silencio tras las esquinas de los pabellones para ocultarse.
Una vez que los dos sacerdotes daoístas de la patrulla se alejaron, Yan Shixu salió de detrás del muro y dijo con tono sereno:
"Si de verdad quisieran denunciar a He Siqi, no habrían esperado hasta este momento. Siendo todos hombres sensatos, dejémonos de rodeos: unir fuerzas para explorar el Pabellón de los Tesoros Escondidos nos beneficiará a ambas partes".
Los dos hombres de negro salieron de detrás del muro; al parecer ya habían alcanzado un acuerdo tácito. El alto tomó la palabra con voz grave:
"Aceptamos la tregua, pero tienes que hacer que confiese toda la información que tenga sobre el Pabellón de los Tesoros Escondidos".
Yan Shixu dirigió la mirada hacia He Siqi.
He Siqi no tardó en exponer lo que sabía:
"El exterior del pabellón está protegido por una formación ilusoria. Burlar su trampa es muy sencillo: basta con cerrar los ojos y correr hacia adelante. En el gran vestíbulo de la primera planta hay dispuesta una Formación de Truenos; descarga un rayo a cada respiración, cinco en total, tras los cuales queda una tregua de apenas tres segundos".
El intruso bajo preguntó con premura:
"¿Y el segundo piso?".
He Siqi soltó una carcajada burlona:
"¿Te parece que yo podría haber subido al segundo piso?".
El hombre alto miró a Yan Shixu y propuso:
"Nos dividiremos en dos parejas: ellos dos por un lado y nosotros dos por el otro. Que entren ellos primero y nosotros después, ¿de acuerdo?".
Con ese esquema, ambas partes se cubrían las espaldas ante una traición imprevista o un repentino cambio de parecer.
Yan Shixu fue rotundo y conciso:
"Me parece razonable".
De inmediato, He Siqi y el hombre bajo cerraron los párpados, flexionaron las rodillas y avanzaron a paso apresurado hacia el Pabellón de los Tesoros Escondidos.
Una decena de metros después, ambos tropezaron con los peldaños de la entrada principal del pabellón y se detuvieron en seco; habían llegado sin problemas.
Yan Shixu y el hombre alto cruzaron una mirada e hicieron exactamente lo mismo. En el trayecto, Yan Shixu percibió con extrema agudeza un conato de intención asesina que brotó a su lado y se desvaneció casi en el acto.
El hombre alto había querido aprovechar la distracción para matarlo de una estocada furtiva, pero logró refrenarse.
Aparentando ignorarlo por completo, Yan Shixu alcanzó la entrada del pabellón con paso seguro.
Las puertas del Pabellón de los Tesoros Escondidos estaban aseguradas por un candado de bronce.
He Siqi extrajo una aguja larga de cobre de su manga. Tras hurgar y tantear con precisión milimétrica, se escuchó un chasquido sordo y el cerrojo saltó limpiamente.
Empujó con delicadeza las dos pesadas hojas de madera maciza, dejando que la límpida luz de la luna se derramara en el interior, proyectando una ordenada franja plateada sobre el suelo de ladrillos grises.
Las piezas que descansaban dentro del pabellón comenzaron a recortar sus siluetas en la penumbra.
Un destello de codicia cruzó la mirada del hombre alto, quien se encaró con He Siqi y le ordenó con aspereza:
"¡Adentro, tú primero!".
He Siqi estaba a punto de dar el paso cuando una mano firme cayó sobre su hombro: era Yan Shixu.
Yan Shixu miró al hombre bajo y sentenció:
"Entras tú primero".
No estaba dispuesto a dejar a He Siqi en vanguardia. Habiendo advertido aquella hostilidad asesina apenas un instante atrás, si los dos sujetos de negro traicionaban el pacto y lo emboscaban juntos en el umbral, él quedaría solo y en franca desventaja.
"Mi compañero arrastra heridas; abrirse camino entre los peligros les corresponde a ustedes", justificó Yan Shixu con fría naturalidad.
El sujeto alto bajó la voz, recurriendo a un tono categórico:
"¿Cómo sé yo que no nos están engañando para enviarnos directo a la muerte?".
Yan Shixu replicó imperturbable:
"Parece que estás entendiendo mal las cosas. No creas que por tener agarrado a He Siqi vas a mangonearnos a tu antojo. Decidí cooperar porque nos convenía a todos; si la ganancia desaparece, no estoy tan seguro de que ustedes dos salgan con vida del Monasterio Chongzhen esta noche".
Carentes de la más mínima confianza mutua, ambos bandos quedaron en un tenso punto muerto frente a la entrada.
Ninguno cedía un ápice.
Tras prolongar el estancamiento, Yan Shixu rompió la quietud:
"La ronda de vigilancia del Monasterio Chongzhen patrulla cada cuarto de hora. La siguiente está a punto de pasar; sugiero que entren los dos al mismo tiempo".
Había estirado los minutos a propósito para forzar la llegada de los guardias. En esa situación, atados de pies y manos por temor a ser descubiertos, la otra parte no se atrevería a rebelarse.
El hombre bajo protestó con voz gutural:
"No puede ser; si cruzamos ahora, el estrépito de la Formación de Truenos alertará a los centinelas".
El hombre alto acotó sin inmutarse:
"Afuera está la formación ilusoria para amortiguar y ocultar todo".
El hombre bajo parpadeó:
"Ah. En ese caso no hay problema".
Yan Shixu le entregó uno de sus escudos de madera a He Siqi:
"Lleva esto; bastará para contener la Formación de Truenos".
El hombre bajo soltó un bufido de desprecio, mientras que el alto clavó los ojos en el broquel durante varios segundos, con un manifiesto escepticismo pintado en el rostro.
'¿Esta cosa de verdad va a servir?', pensó He Siqi con recelo mientras sostenía la pieza de madera. Tras intercambiar miradas de rigurosa vigilancia con el intruso bajo, ambos franquearon el umbral en el mismo instante y se adentraron en el gran vestíbulo.
Las líneas de la formación que custodiaban el recinto se activaron al contacto. Las chispas del relámpago danzaron vivaces en el aire y, en un parpadeo, dos arcos de un fulgor violáceo se descargaron verticalmente, desgarrando las tinieblas de par en par.
Desde el umbral, Yan Shixu y el hombre alto barrieron la estancia con la mirada, aprovechando el resplandor de los rayos para escudriñar y catalogar las reliquias que albergaba el primer nivel.
El sujeto bajo apretó el paso con una aceleración brutal y esquivó el rayo purpúreo por una fracción de pulgada; tras de sí, las losas estallaron en plasma crepitante y llamaradas.
Acto seguido se lanzó en plancha hacia adelante, sorteando la segunda descarga.
Sin perder tiempo en levantarse, rodó sobre el pavimento para eludir el tercer estallido cegador.
Sin embargo, para entonces ponerse en pie era impensable, y la cadencia de sus volteretas continuas no fue suficiente para superar la velocidad del trueno. Recibió el impacto de lleno.
Su cuerpo entero se agarrotó de golpe, rígido como una piedra.
El quinto rayo no tardó en precipitarse y descargó su furia directamente sobre el pecho del hombre bajo.
En el otro extremo, He Siqi, al cargar con el tosco escudo de madera, no conseguía desplazarse a máxima velocidad. Preso del pánico, alzó el broquel sobre su cabeza para escudarse.
El rayo violáceo azotó de lleno la superficie frontal. El impacto le entumeció los brazos por la sacudida y le provocó un zumbido lacerante en los tímpanos.
Pese a todo, salió completamente ileso.
Aquel trueno que en el pasado se le antojaba una fuerza tiránica e indomable había sido refrenado sin fisuras por un modesto y sencillo escudo de madera.
Una pieza que ni siquiera estaba forjada en acero templado.
A He Siqi le pareció algo fuera de este mundo. Con el pecho henchido de júbilo e incredulidad, agachó la cabeza y corrió con todas sus fuerzas, rebasando con holgura al maltrecho intruso bajo que aún intentaba incorporarse.
Parando una tras otra las descargas púrpuras con el broquel, He Siqi llegó sin mayores percances al descanso de la escalera, saliendo por fin de la zona de alcance de la Formación de Truenos.
¡Habían concluido los cinco rayos!
Yan Shixu susurró con rapidez:
"¡Entra!".
Apenas se extinguió su voz, el hombre alto se coló en el vestíbulo con la ligereza de un espectro.
Yan Shixu cruzó el umbral e inmediatamente se volvió para ajustar y cerrar las pesadas hojas de madera con un movimiento tan suave como veloz.
En el preciso instante en que la puerta encajaba en su marco, dos faroles pasaron flotando a la distancia.
Todo el estruendo y la conmoción habían quedado sellados en el corazón del edificio.
Sosteniendo su escudo de madera, Yan Shixu echó a correr a paso firme. Para entonces, las tres respiraciones de gracia habían expirado por completo: una andanada de relámpagos ramificados como raíces cayó sobre la superficie del escudo, propagando la vibración del impacto a través de sus huesos.
Llegó al pie de la escalera sin un solo rasguño, reuniéndose con los tres hombres.
"Prede... ¡funcionó, de verdad funcionó! Es usted capaz de transformar lo ordinario en un portento", balbuceó He Siqi alzando el broquel, con el rostro transfigurado por una inmensa admiración.
Tras haber soportado la furia directa de los cinco rayos, la resina exterior del escudo se había fundido y la densa madera de azufaifo presentaba una costra tiznada y ennegrecida; sin embargo, no había colapsado: estaba estropeada, mas no destruida.
El escudo que portaba Yan Shixu se encontraba en un estado idéntico.
Las pupilas de los dos hombres vestidos de negro se quedaron clavadas en los escudos circulares; el brillo de sus miradas mudó por completo.
Si la madera vulgar y corriente podía detener un rayo, ¿a qué venía entonces toda la leyenda de la madera golpeada por el rayo?
¿Bajo qué lógica operaba semejante fenómeno?
Al ver la devoción con la que un practicante del Sendero Marcial en el Reino Humano como He Siqi trataba a aquel individuo, el temor reverencial de ambos intrusos se multiplicó.
"Dominar a tal grado las leyes de generación y restricción de la materia... Veo que vuestra merced es un consumado maestro de las Artes Mohistas", comentó el hombre alto sin apartar la mirada del escudo, como si intentase grabar a fuego en su mente cada detalle y proporción de su estructura.
Yan Shixu prefirió no responder; en su lugar, posó los ojos en el sujeto bajo y sonrió con displicencia:
"Tu temple corporal no está nada mal".
Las palabras brotaron con el aplomo de un maestro veterano evaluando a un novato prometedor.
El hombre bajo se llevó la mano al pecho, tosió dos veces con aspereza, sofocó cualquier vestigio de arrogancia y guardó silencio, manteniéndose en guardia y en completa zozobra.
Los expertos en las Artes Mohistas eran célebres en todas partes por sus ardides retorcidos y su pragmatismo implacable; sus recursos solían ser traicioneros y casi imposibles de contrarrestar.
A esas alturas, los cuatro se hallaban al pie del tramo de escaleras, al margen del alcance de la Formación de Truenos.
El intruso alto echó un vistazo a los escalones sumidos en la oscuridad y propuso:
"Esta vez vayan ustedes en cabeza".
Su aspereza se había esfumado; hablaba ahora con un tono prudente y dispuesto a negociar.
He Siqi volvió los ojos de manera inconsciente hacia su mayor, el Gran Maestro Mohista. Al ver que no ponía reparo alguno, apoyó el pie sobre el primer escalón.
Al segundo siguiente, se estrelló de lleno contra una barrera translúcida e invisible; la fuerza del rechazo lo despidió hacia atrás, haciéndolo trastabillar varios pasos.
Todos se quedaron perplejos.
Yan Shixu sacó de sus ropas una mecha de yesca y la sopló para avivarla; una cálida lumbre anaranjada se extendió por la penumbra.
Fue entonces cuando advirtieron que, en el extremo superior de los peldaños que conducían a la segunda planta, se hallaba pegado un talismán de papel amarillo.
Al hombre alto se le encogió el estómago. Dio un paso al frente y empujó la barrera con sus propias manos; la sensación fue idéntica a presionar contra una muralla maciza de bronce y hierro. Por más fuerza que desplegó, no logró que cediera ni un milímetro.
"Mala señal. El acceso está bloqueado por un talismán", anunció con un hilo de voz ensombrecido.
La Secta Chongzhen era famosa por sus formaciones y sus talismanes daoístas, disciplinas arcanas que canalizaban las fuerzas primordiales del cielo y la tierra.
Pero un talismán no era lo mismo que una formación: estas últimas eran comunes y no constituían una exclusividad de la Secta Chongzhen. Con los talismanes la realidad era otra; en el mundo entero, los versados en el arte del trazo mágico se contaban con los dedos de una mano, y ninguno de los cuatro presentes contaba con experiencia práctica para lidiar con semejantes conjuros.
'Para ascender al piso superior hay que retirar el talismán, pero estando la barrera de por medio, ¿cómo demonios se supone que lo arranquemos? Vaya dilema tan absurdo...', pensó Yan Shixu, frunciendo el entrecejo.
"¿Qué hacemos?", preguntó el hombre bajo, buscando el criterio de su camarada.
He Siqi, a su vez, fijó la mirada en el Gran Maestro Mohista.
En ambos bandos estaba meridianamente claro quién oficiaba de cerebro.
El hombre alto caviló durante un largo rato antes de murmurar con voz ronca:
"Debe tratarse de un talismán de alto rango de la Secta Chongzhen. Si fue trazado de propia mano por el Maestro Daoísta Yunmo, más vale que demos media vuelta y regresemos por donde vinimos".
Volvió los ojos hacia el enigmático maestro de las artes mohistas:
"¿Tiene vuestra merced alguna propuesta?".
Aquellas palabras equivalían a confesar que se había quedado sin recursos.
Yan Shixu permaneció en silencio, repasando en su memoria todo lo concerniente a los talismanes. Apenas llevaba seis o siete días en la academia y en las asignaturas complementarias todavía no habían llegado a esa materia. Tenía el arsenal teórico prácticamente vacío y no contaba con una fórmula docta para disolver el sello.
El Pabellón de los Tesoros Escondidos tampoco era la fase de un juego concebida para adaptarse al límite de fuerza de los aspirantes; lo más seguro era que aquel sello fuese, en efecto, obra personal del Maestro Daoísta Yunmo.
Entre el Reino Terrenal y el Reino Humano mediaba un abismo insalvable, una distancia infinita como la que separaba las nubes del barro.
Sin embargo, en el curso vertiginoso de sus pensamientos, una chispa de ingenio se encendió en su cabeza.
Al ver que prolongaba su silencio, el desánimo comenzó a apoderarse de los otros tres.
"Neutralizar este talismán no reviste tanta dificultad después de todo", sentenció Yan Shixu de improvisto.
\-----
• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨

Continúa leyendo
El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 38
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 37
Estás leyendo el capítulo 37 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.