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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 36 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Tras aceptar el acuerdo, Yan Shixu contempló aquellos ojos límpidos como el cristal de roca y dijo con sinceridad: "Todo lo que acabo de contarle concierne a mis asuntos privados. Espero que la mayor guarde el secreto." Hoy había hablado de más. El Antiguo Reino de Zhuli era un tema ineludible en su conversación, pero lo tocante al ensueño y al Sello sin Forma bien podría habérselo reservado. Esta Maestra Daoísta, semejante a una escultura de hielo, con la mirada vacía y el altar espiritual despejado, era un ser de absoluta pureza. Poseía una magia singular capaz de desarmar cualquier recelo. La Maestra Daoísta lo miró fijamente. "Tú tampoco dirás nada." Sus miradas se cruzaron un instante y ambos apartaron los ojos. Yan Shixu sonrió. "A partir de ahora, el Antiguo Reino de Zhuli será nuestro secreto. Ninguno de los dos se lo revelará a nadie." La Maestra Daoísta no respondió, pero sus cejas y ojos cobraron cierta vivacidad, como una flor de papel que de pronto se impregnaba del calor del mundo terrenal. Extrajo un libro de historia de la estantería. El pasar de las hojas resonó en un continuo chasquido y, en menos de medio minuto, volvió a encajar el grueso volumen en su sitio. A su lado, Yan Shixu se quedó boquiabierto: "¿Ya lo terminó?" La Maestra Daoísta negó con la cabeza. "No lo leí en detalle, pero en el texto no figuran los cuatro caracteres del 'Antiguo Reino de Zhuli'." '¿Acaso tienes un escáner en los ojos?', pensó Yan Shixu, y preguntó en voz alta: "¿Cómo lo hace?" La voz de la Maestra Daoísta permaneció serena, como un pozo de aguas calmas: "Basta con poseer un Espíritu Primordial lo bastante poderoso." "¿Podría la mayor enseñarme?", inquirió Yan Shixu. Ella no se guardó nada y se lo explicó con calma: "No recuerdo los métodos de cultivo, así que no puedo instruirte. Entre los métodos de visualización de esta era, el método de contemplación reflexiva de la Secta Shangqing es el más prodigioso. Entre los Eruditos Asistentes hay un compañero daoísta de la Secta Shangqing; podrías acudir a él en busca de consejo. Además, la Escuela del Sur cosecha los dos Qi del Yin y el Yang para nutrir el Espíritu Primordial, y en esa senda también son la cúspide. Si deseas aprender las Artes del Cultivo Dual, puedes pedírselo a Hanzhang." 'Olvídalo, Gu Hanzhang acaba de echarme del aula... si voy a pedirle que me enseñe cultivo dual, seguro pensará que quiero meterme en su cama...', sonrió Yan Shixu con amargura. "Ya habrá ocasión más adelante." Ninguno de los dos volvió a hablar. El sonido del hojeo en la estancia recordaba al traqueteo de una imprenta, crujiendo sin descanso. De vez en cuando, Yan Shixu volvía la cabeza para mirarla. Si Gu Hanzhang era una criatura fascinante del mundo mortal, ella era una doncella celestial ajena a todo artificio terrenal. Su frialdad no nacía de la altanería, sino de una pureza inmaculada que se había despojado de los sedimentos del mundo. Al acercarse el mediodía, las tripas de Yan Shixu comenzaron a rugir de hambre. "Mayor, buscar de este modo no es muy distinto a buscar una aguja en el fondo del mar. Las crónicas históricas están incompletas y muchos acontecimientos antiguos quedaron sin registrar. Sospecho que el Antiguo Reino de Zhuli ni siquiera llegó a consignarse en los anales oficiales." La Maestra Daoísta frunció sus delicadas cejas. "Si los libros de historia no lo hubieran registrado, yo no conservaría memoria de ello." "Por lo tanto, la información sobre el Antiguo Reino de Zhuli debe de ser sumamente recóndita. ¿Qué le parece esto? Yo buscaré la oportunidad de preguntar a los eruditos de Chongzhen, y usted, al volver, ¿podría preguntarle a la Erudita Asistente Gu?" La Maestra Daoísta lo pensó un instante y consideró que tenía sentido. Yan Shixu dijo de inmediato: "Entonces iré primero al refectorio a comer." Cuando la Maestra Daoísta asintió, él se giró para dirigirse a la puerta. A sus espaldas, resonó la voz cristalina y desapegada de la mujer: "Me llamo Gu Xiyin. Es el nombre que me dio Hanzhang." Yan Shixu detuvo el paso y respondió: "Yan Shixu, de nombre de cortesía Boheng." Los encuentros entre las personas parecen a veces caprichos del azar o confluencias del destino, cuando en realidad se asemejan al prólogo de una crónica histórica: antes de que el pincel toque el papel, ya todo está sentenciado. \*\*\* Tras almorzar, Yan Shixu dejó sobre su escritorio el \*Registro de Espectros Extraños\* que había tomado prestado y se encaminó a la sala de alquimia para visitar a Lianyangzi. Lianyangzi se encontraba en su aposento sentado en meditación, practicando la respiración. Tras saludarlo, Yan Shixu entró en la sala de alquimia a barrer y asear: retiró las cenizas de carbón y frotó las paredes internas del caldero. Luego llenó la tinaja de agua del patio. Terminadas las faenas, no se marchó. Se sentó con las piernas cruzadas sobre el cojín de oración frente al caldero y tomó el libro que descansaba sobre la mesa de té. El título era: \*Explicación Elemental del Clásico de la Alquimia\*. Era el texto introductorio al arte alquímico de la Escuela del Caldero de Alquimia, una lectura básica dispuesta expresamente para él. Yan Shixu lo hojeó. Su contenido no incluía fórmulas para píldoras; todo versaba sobre propiedades medicinales y precauciones en la elaboración. La materia era intrincada y carecía por completo de misterio; más bien se asemejaba a las disciplinas farmacéuticas de su vida anterior. 'Tres años de fundamentos y cinco años para dominar las bases... La alquimia, al igual que las Artes Mohistas, exige una dedicación rigurosa desde la infancia. Definitivamente el cultivo dual es mejor, ¡el cultivo dual te ahorra tantos dolores de cabeza!' Por fortuna, este cuerpo era joven y gozaba de una memoria prodigiosa. Sumado a una mente madura, asimilar los conceptos le resultaba el doble de fácil con la mitad del esfuerzo. Se esforzó por memorizar el contenido del libro sin detenerse a desentrañar cada detalle a fondo. Hasta que casi concluyó la hora fijada, Lianyangzi no salió. Yan Shixu se detuvo ante la cámara de meditación y dijo en voz alta: "Erudito Asistente, me retiro por ahora." Por la tarde hubo dos lecciones dedicadas al Gran Dao del Yin y el Yang y a las artes del cálculo numérico. La doctrina del Yin-Yang y la aritmética elemental eran materias que los discípulos ya dominaban con soltura. No obstante, en cuanto a las ramificaciones adivinatorias derivadas del Yin-Yang y los números —como el \*Libro de los Hexagramas\*, el \*Libro del Destino\*, las \*Artes del Dunjia\* y los \*Cinco Elementos\*—, a todos los estudiantes se les atragantaban los temas y nadie abría la boca. Huangfu Yi se acercó al oído de Yan Shixu y soltó un largo suspiro: "En el pasado, siempre fantaseaba con fusionar las doctrinas de las cien escuelas. Soñaba que, nada más adentrarme en el Jianghu, sería invencible bajo los cielos; que los jóvenes paladines se inclinarían ante mí con devoción, que las doncellas inmortales se arrojarían a mis brazos y que los altos dignatarios de túnica púrpura y escarlata en la corte imperial quedarían estupefactos ante mi talento." Yan Shixu lo miró de reojo. "¿Esa fantasía la tenías a los trece años?" "Más o menos. ¿Cómo lo supiste?", susurró Huangfu Yi. "Más tarde descubrí que agotar varias décadas de vida para comprender a fondo la doctrina de una sola escuela ya es propio de un genio." "¿Qué pretendes decir con eso?" "He decidido consagrarme al cultivo dual." Las dos lecciones de la tarde eran optativas: solo exigían familiaridad general, no maestría absoluta. Gu Hanzhang los miró a ambos de reojo con la vista periférica en varias ocasiones, pero no montó en cólera. Tras soportar con esfuerzo hasta el final de la clase y en cuanto cayó la penumbra del atardecer, Yan Shixu saltó el muro y se dirigió al Pabellón Jinhe. A esa hora, el Pabellón Jinhe bullía en su máximo apogeo. Las cortesanas músicas tañían y cantaban, las madrotas daban la bienvenida y despedían a los clientes, los manjares y el licor fluían como arroyos inagotables, y los parroquianos brindaban abrazados a las mujeres de su predilección. Yan Shixu arrojó trescientos cobres al sirviente del local y, con la soltura de quien ya conocía el sitio, le indicó: "A un reservado privado. Llama a A Yan. No hacen falta comida ni licor." El sirviente lo condujo escaleras arriba con una sonrisa servicial. Yan Shixu esperó en el reservado durante dos cuartos de hora. Al cabo, A Yan empujó la puerta y entró con paso cadencioso, contoneando la cintura y llevando un pequeño fardo en los brazos. En contraste con el maquillaje sobrio del día anterior, el de hoy era deslumbrante: llevaba un adorno dorado pegado en la frente, las mejillas teñidas de colorete y un toque encarnado en el centro de los labios que acentuaba su boca pequeña y roja, sumamente seductora. "Los dos escudos que pediste ya fueron fabricados por orden del Magistrado de Enjuiciamiento", comentó A Yan con una sonrisa encantadora. "Más tarde, da un rodeo hacia la parte trasera del Pabellón Jinhe y alguien te los entregará." 'Una eficiencia notable...', pensó Yan Shixu, posando la mirada en el fardo que ella cargaba. A Yan le tendió el fardo de cáñamo. "Descuida, la Oficina de Asuntos de Inspección jamás retiene los pagos ni las provisiones de los hermanos. En este mundo hay dos clases de personas a las que no se les puede regatear el dinero: a los soldados y a los espías." Yan Shixu tomó el fardo y lo desató. En el interior reposaban dos sartas de monedas de cobre, una túnica negra y una máscara de madera tallada. Poco a poco, su patrimonio iba en aumento. "¿Actúas esta noche?" "¡Sí!" "El Magistrado de Enjuiciamiento me pidió que te transmitiera un mensaje: si logras descifrar las formaciones del Pabellón de los Tesoros Escondidos, enviará a grandes expertos en tu ayuda. Por lo demás, si te topas con los espías de las guarniciones militares, mátalos si puedes. Déjame los cadáveres a mí para deshacerme de ellos." "Entendido." "Espero que salgas con vida del Pabellón de los Tesoros Escondidos. Hacía muchos años que no me cruzaba con un muchacho tan interesante como tú." Ella no era mayor que él, pero hablaba con el tono curtido de una veterana. Yan Shixu se echó el fardo al hombro y dijo con seriedad: "Esta noche no me quedé a dormir en tu habitación, pero la pasión nos desbordó, compartimos los placeres de las nubes y la lluvia, y estuvimos en ello una hora entera, ¿verdad?" A Yan le lanzó una mirada coqueta y reprochadora: "El Magistrado de Enjuiciamiento no es ningún ingenuo. Si te acuestas conmigo con tanta frecuencia, ¿crees que la próxima vez que pase las cuentas no dirá: 'Ese hombre es tu amante, ¡qué tienen que ver los asuntos de ustedes dos con la Oficina de Asuntos de Inspección!'?" '¡Así que es eso!', pensó Yan Shixu al sentir que se le cortaba una vía de ingresos, un tanto decepcionado. Hizo ademán de levantarse para marcharse, pero A Yan se apresuró a añadir: "Sin embargo, esta noche pediste comida y licor selecto por valor de un guan." 'No cabe duda de que eres una veterana con plaza oficial; para inflar gastos nadie te supera'. Yan Shixu sonrió. "La regla de siempre: sesenta para ti, cuarenta para mí." Ambos intercambiaron una sonrisa cómplice. A Yan agregó: "No te marches con tanta prisa. Tienes que quedarte al menos un cuarto de hora para no levantar sospechas entre los sirvientes." Los criados y las madrotas despedían a todos los clientes que entraban y salían; si siempre se marchaba a los pocos minutos, con el tiempo se convertiría en un cabo suelto. Yan Shixu aguantó con resignación dos cuartos de hora antes de salir. Al abandonar el Pabellón Jinhe, rodeó el muro exterior hasta la puerta trasera y aguardó entre las sombras. Al cabo de medio trago de té, la oscura puerta del patio se abrió y una robusta sirvienta de brazos y piernas gruesas salió cargando dos pesados escudos redondos. Miró a ambos lados con cautela y apoyó los escudos al pie del muro. Yan Shixu esperó a que ella echara el cerrojo antes de emerger de la penumbra para examinar las defensas. Eran escudos redondos y macizos; entre dos tablas de madera seca de azufaifo, del grosor de medio dedo, se intercalaba una densa capa de piel de oveja. La superficie del escudo estaba recubierta por una capa de laca y otra de resina de árbol de tres centímetros de espesor. \*\*\* Monasterio Chongzhen. Apenas pasada la medianoche, una silueta se deslizó pegada al muro, amparándose en la protección de los pabellones y galerías, hasta plantarse sin emitir un solo ruido frente a un recóndito parterre del recinto. Apenas se mostró, dos individuos vestidos de negro surgieron de la sombra proyectada por los aleros del flanco opuesto. "Pensábamos que no vendrías", susurró uno de ellos con voz ronca y apagada. Con el rostro cubierto y la cabeza envuelta en tela, He Siqi inquirió con voz grave: "¿Qué es lo que pretenden?" El otro hombre de negro, que había guardado silencio, señaló hacia el Pabellón de los Tesoros Escondidos y dejó escapar una risita: "Puesto que compartimos el mismo objetivo, ¿por qué no unir fuerzas para explorarlo?" He Siqi soltó un bufido despectivo: "Querrán decir para servirles de carne de cañón en primera línea." El primer sujeto replicó con frialdad: "¿Acaso tienes elección, He Siqi? Si no entras en el Pabellón de los Tesoros Escondidos, te denunciaremos ante la Academia Daoísta. Para nosotros, a lo sumo, solo significará perder una oportunidad." He Siqi mantuvo una compostura imperturbable. "Tienen demasiada confianza en sí mismos. ¿Acaso no me han estado siguiendo estos días?" El hombre de negro frunció el ceño. "¿Qué quieres decir?" He Siqi alzó la voz lo justo y exclamó en un murmullo: "¡Salga ya, mayor!" '¡¿Un mayor?!' El corazón de los dos hombres de negro dio un vuelco. Se apresuraron a mirar alrededor, tensando los sentidos en máxima alerta. La luna redonda colgaba en lo alto y el entorno permanecía en un silencio sepulcral; solo un par de pájaros piaron en lo alto del tejado. Los dos encapuchados se miraron. Uno de ellos espetó: "Hemos estado apostados aquí mucho tiempo; no hay nadie cerca." El otro añadió con tono amenazante: "¿Intentas tomarnos el pelo?" El entusiasmo de He Siqi se enfrió al instante y miró desconcertado en todas direcciones. '¿Dónde está el mayor? ¿No se suponía que debía estar vigilando aquí cerca?' En ese momento, una figura emergió con calma de entre las sombras y pronunció con tono indiferente: "Dos simples sabandijas que no merecen la menor atención. Sin embargo, tienen razón: ya que compartimos el mismo objetivo, les concederé la oportunidad de colaborar." Yan Shixu había llegado mucho antes, pero se había mantenido oculto a la distancia. Solo después de que Xueyi le enviara la señal desde el tejado se había deslizado hasta allí sin hacer ruido. Los tres se volvieron hacia la voz. El recién llegado vestía una túnica negra y ocultaba el rostro bajo la penumbra de una capucha. En cada mano sostenía un pesado escudo de madera. Los dos hombres de negro sintieron una punzada de alarma en el pecho. ¿Cómo era posible que alguien con un aspecto tan llamativo hubiera estado agazapado en las inmediaciones sin que ellos lo advirtieran en lo más mínimo? Aquel individuo no acababa de llegar; la voz de He Siqi había sido sumamente baja y, de no haber estado cerca, habría sido imposible escucharla. Yan Shixu paseó la mirada sobre ambos: "Por supuesto, también tienen la opción de intentar huir." \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 36 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.