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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 34 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Tras tragar la píldora, He Siqi apagó la lámpara de aceite, se despojó de su túnica exterior y subió a la cama. Ralentizó su respiración, procurando que el vaivén de su pecho fuera lo más leve posible para evitar resentir la herida. El impacto del rayo le había desgarrado la piel; aunque la lesión externa parecía atroz, lo más peliagudo residía en el daño sufrido por su corazón y sus pulmones: cada bocanada de aire iba acompañada de un dolor punzante y atroz. Por esa razón le resultaba imposible emplear artes marciales. Poco después de recostarse, advirtió una sensación extraña: un picor insoportable brotó en su pecho, semejante a la mordedura de miríadas de hormigas. He Siqi no pudo evitar rascarse, y bajo sus uñas se acumularon costras sanguinolentas. '¡Esto no está bien!' Se incorporó de un salto, encendió la lámpara de aceite con el eslabón de pedernal y se plantó ante el espejo de bronce. Con una mano sostuvo el candil en alto y con la otra se abrió el pecho de la túnica. La luz del fuego iluminó la marca del rayo, ramificada como raíces de árbol sobre su pecho; las costras, que antes lucían de un color rojo violáceo, se habían tornado negras, secas y endurecidas. "Esto..." Incrédulo, He Siqi comprendió de golpe que lo que el mayor, el Gran Maestro Mohista, le había entregado no era una simple pildorilla ordinaria, sino una auténtica píldora medicinal de curación milagrosa. En lo que duró su estupefacción, el picor se desvaneció. He Siqi se frotó con suavidad y las costras secas y endurecidas se desprendieron en escamas, revelando cicatrices sonrosadas y tiernas con forma de raíces. No sólo eso: la punzada que acompañaba cada una de sus respiraciones también menguaba de manera paulatina. Aquella píldora había sido capaz de sanar al mismo tiempo sus heridas externas y sus lesiones internas. '¿Una píldora tan preciada... y el mayor, el Gran Maestro Mohista, me la regaló con semejante desinterés?' Al rememorar el tono indiferente con el que aquel venerable maestro le había entregado el remedio, He Siqi sintió el peso de un trasfondo insondable. 'Con razón el maestro me advirtió que, una vez dentro de la Academia Daoísta, debía acatar todas sus órdenes sin rechistar.' Supuso que aquel predecesor debía de ser un experto en la etapa intermedia del Reino Humano. Apagó la lámpara de aceite y se recostó en la cama; con el ánimo más sosegado que nunca, no tardó en conciliar el sueño. …… Pabellón Jinhe. La señora A Yan escrutaba al muchacho, como si intentara desentrañar cada uno de sus secretos. En comparación con aquel Sun Lingqian, que no había acumulado mérito alguno salvo enviar un escueto informe que rezaba \*"este Yan Shixu posee talento, merece vigilancia"\*, este apuesto jovencito hacía gala de una capacidad verdaderamente sobresaliente. Tras sopesar sus palabras, declaró: "¿Pretendes que la Oficina de Asuntos de Inspección te asigne expertos para ayudarte? A menos que logres esclarecer la situación dentro del Pabellón de los Tesoros Escondidos, el Magistrado de Enjuiciamiento no dará su brazo a torcer." "Lo sé. Actuar de otro modo equivaldría a espantar a la serpiente entre la hierba." Yan Shixu extrajo de su regazo dos pliegos doblados de papel basto y se los tendió a la inspectora de zona: "Por favor, entrégale esto al Magistrado de Enjuiciamiento y pídele que se asegure de forjarlo antes de mañana por la noche." A Yan desdobló el papel. "¿Qué es esto...?" Sobre la hoja se hallaba dibujado un escudo, acompañado de abundantes anotaciones y explicaciones técnicas. Antes de que pudiera examinarlo con detenimiento, llamaron a la puerta del aposento privado. A Yan ocultó con presteza el papel basto bajo la manta de lana y sonrió: "Adelante." Cuatro sirvientas entraron portando bandejas con viandas, vino y frutas, colocándolas sobre la mesilla baja dispuesta frente al lecho. A Yan dijo con una sonrisa melodiosa: "Ya podéis retiraros. No volváis a entrar para no estorbar el solaz entre este señorito y yo." Al decir esto, le lanzó una mirada seductora a Yan Shixu. Las cuatro sirvientas reprimieron una risita tapándose la boca y abandonaron la estancia. En cuanto se fueron, la sonrisa de A Yan se desvaneció. Extrajo las hojas y procedió a leer con suma minuciosidad. "¿Esta clase de escudo... de verdad puede contener una Formación de Truenos?" En el pliego se detallaba que el cuerpo principal del escudo debía fabricarse con madera seca de azufaifo, recubrirse con una capa de piel de oveja de medio dedo de grosor, añadírsele una segunda cubierta exterior de madera seca de azufaifo y, finalmente, barnizarse con laca cocida y resina vegetal. ¿Semejante armatoste bastaría para hacer frente a una Formación de Truenos? Jamás se había oído nada igual. Yan Shixu replicó con tono categórico: "No pondría en juego mi propia vida como si fuera una chiquillada." A Yan, entre crédula y escéptica, murmuró: "Si este método resulta efectivo, los hechizos de rayo del daoísmo dejarán de representar una amenaza. Podría solicitar una recompensa para ti ante el Magistrado de Enjuiciamiento. Sin embargo, ¿cómo es que conoces semejante procedimiento?" 'El límite de un aislante depende del voltaje; que un escudo pueda parar una Formación de Truenos no significa que resista el hechizo de trueno lanzado por un maestro consumado del daoísmo...', pensó para sí Yan Shixu antes de responder con evasivas: "En los libros se hallan palacios de oro." A Yan clavó sus pupilas en él sin parpadear. De pronto, curvó los labios rojos en una sonrisa insinuante, se giró sobre sí misma y se sentó a horcajadas sobre sus muslos. Ronroneó con coquetería: "¿Y acaso en los libros se hallan también bellas damiselas?" Sus curvas eran suaves y generosas. Yan Shixu contempló aquel rostro seductor a escasos centímetros del suyo: "Mi superiora, no se burle de este humilde servidor. Una vez zanjado el asunto, debo regresar a la academia." "Habiendo venido hasta aquí, ¿no sería un despropósito marcharse tan pronto y arruinar la velada?" Ella meneó con suavidad su cintura, intentando despertar al dragón durmiente, al tiempo que atrapaba la mano de Yan Shixu y la posaba sobre su generoso pecho. Soltó una risita maliciosa: "Me gustan los muchachos bien parecidos, pero me gustan todavía más los que tienen sesos." Sus rostros estaban tan próximos que un mechón de su pelo oscuro le rozó la mejilla a Yan Shixu, provocándole un ligero cosquilleo. Justo cuando la atmósfera se tornaba densa y cargada de intimidad, la mujer alzó de golpe las caderas, apartándose de sus piernas, y se echó a reír: "Esta humilde servidora no hacía más que bromear. Los asuntos oficiales son lo primero; otro día le daré cumplido gusto a mi señorito." Había difuminado la barrera jerárquica entre ambos caldeando un ambiente de sensual coqueteo, para luego retirarse midiendo los tiempos con absoluta precisión. Yan Shixu se puso de pie, manteniendo una compostura intachable: "Necesito además una túnica negra con capucha y una máscara." Caminó hacia la puerta y, al llegar al umbral, volvió la cabeza: "Por cierto, el gasto de hoy en el Pabellón Jinhe asciende a ochocientos wen. Le agradecería que me ayudara a pasarle la cuenta al Magistrado Yang; vendré a recoger el dinero mañana." La señora A Yan curvó los labios en un mohín risueño: "El señorito se equivoca en la cuenta." Yan Shixu se quedó desconcertado. Con una mirada cargada de insinuación, A Yan declaró: "Has pasado la noche entera en el lecho de esta servidora, lo cual arroja un costo total de diez guan. Se lo reportaré puntualmente al Magistrado Yang, aunque conociendo su talante, como mucho te soltará cinco guan." Dicho esto, clavó sus ojos en él con una sonrisa pícara en la comisura de la boca. Versado como estaba en las complejidades del trato mundano, Yan Shixu se mostró encantado y dijo: "Con que la señora me entregue dos guan me daré por satisfecho." La sonrisa de A Yan se acentuó aún más. Al salir del Pabellón Jinhe, Yan Shixu exhaló una larga bocanada de aire viciado. 'Este cuerpo aún es demasiado joven; a la mínima provocación la sangre se le sube a la cabeza, por poco meto la pata.' Aunque aquella mujer residiera en el Pabellón Jinhe, el mero hecho de ostentar el cargo de inspectora de zona en la Oficina de Asuntos de Inspección indicaba que no era una cortesana cualquiera dispuesta a dejarse mancillar. Ni siquiera le había preguntado su nombre; jamás tuvo la intención de revolcarse con él en el lecho. No había sido más que una artimaña para someterlo mediante la seducción y medir su calibre. Habiendo vivido lo suyo en otra vida, ¿qué clase de zorra seductora no había visto antes? Trucos baratos, nada más. …… El dieciocho de agosto amaneció despejado. La erudita asistente encargada de impartir la lección de la jornada era Gu Hanzhang, una mujer capaz de dotar a las túnicas daoístas del porte de un uniforme impecable. El entusiasmo de los nuevos alumnos estaba por las nubes; no sólo prestaban atención rigurosa, sino que intervenían a la menor oportunidad. Ello le trajo a la memoria sus años de secundaria, cuando en las clases de inglés los alumnos varones se comportaban exactamente igual. El proceder de Gu Hanzhang durante la lección se asemejaba al del banquete en los jardines del día anterior: templado, pero envuelto en una frialdad distante. A pesar de ser una dama en la plenitud de su juventud, se empeñaba en conducirse con el sosiego severo de un crisantemo. Su experiencia docente resultaba un tanto inexperta, pero su dominio de los textos canónicos era prodigioso. Poseía una comprensión honda de los sutras daoístas, y contestaba las preguntas de los letrados con absoluta soltura, desmenuzando cada punto con brillantez. "Míralos a todos, parecen gallos en pleno cortejo", torció la boca Huangfu Yi. "Una erudita asistente oriunda de la Escuela del Sur jamás posaría los ojos en ellos." "Recuerdo que mencionaste que los discípulos de la Escuela del Sur casi nunca eligen compañeros de cultivo ajenos a su secta." Incapaz de contener la curiosidad, Yan Shixu bajó la voz: "Pero la última vez no me explicaste el motivo." "¿Y cómo voy a saberlo? Se supone que en las artes de la cosecha y nutrición, cuantos más calderos se tengan, mejor. Así funciona en todos los templos de Chang'an que practican esas sendas", se encogió de hombros Huangfu Yi. "Averígualo tú, después de todo eres un experto en estas lides", lo instigó Yan Shixu. "Déjamelo a mí", asintió Huangfu Yi con suma gravedad. Al instante siguiente, alzó la voz para proclamar: "¡Erudita asistente! ¡Yan Boheng me ha pedido que le pregunte si usted estaría dispuesta a buscar un compañero de cultivo fuera de su secta!" La voz de Gu Hanzhang se detuvo en seco. El aula entera quedó sumida en un silencio sepulcral; todos los alumnos giraron el cuello al unísono para clavar la mirada en ambos. 'Hijo de tu reverenda madre...', el semblante de Yan Shixu se fue congelando palmo a palmo. Yan Shixu esbozó una sonrisa forzada: "No era más que una chanza entre Ziyao y yo, una mera chanza..." El hermoso rostro de Gu Hanzhang se ensombreció: "Burlarse en el aula y entorpecer la lección. Fuera. A esperar de pie junto a la puerta." "¡Entendido!" Yan Shixu se levantó y se marchó al instante. A decir verdad, no le atraía escuchar disquisiciones sobre sutras daoístas; la expulsión le venía de perlas para holgazanear. Gu Hanzhang posó la vista sobre Huangfu Yi y sentenció con frialdad: "Tú también, fuera." "¡A la orden!" Huangfu Yi salió correteando alegremente tras los pasos de Yan Shixu. Plantados contra la pared junto al umbral cumpliendo el castigo, Huangfu Yi se acarició la barbilla y meditó: "Seguro que le dio vergüenza. ¿Quizá debimos preguntárselo a solas?" Con el aplomo de quien las ha visto de todos los colores, Yan Shixu sentenció: "Ahórratelo. Por norma general, cuanto más alboroto armes para llamar su atención, más rechazo provocarás." "¿De veras? Desde que tengo memoria, a las mujeres a mi alrededor siempre les ha gustado que sea así", protestó Huangfu Yi, poco convencido. "No te engañes. A las mujeres les atraen los hombres templados y sensatos", replicó Yan Shixu. "Como yo, por ejemplo." Apenas terminó de pronunciar esas palabras, Gu Hanzhang salió del Salón Xuanming. Se quedó mirándolos y les dedicó una sonrisa en apariencia apacible: "¡Largo de aquí a ponerse bajo el sol abrasador!" …… El Pabellón de Libros de la Academia Daoísta se emplazaba en el patio lateral al oeste del Salón Qiuzhen. Habiendo sido desterrado de clase, Yan Shixu dispuso por fin de tiempo libre para dejarse caer por la biblioteca. Debía conseguir libros de miscelánea para Xueyi y, de paso, consultar información sobre el Antiguo Reino de Zhuli. Necesitaba comprobar si aquel sueño no había sido más que una vana pesadilla o si encerraba un misterio de verdad. Tras diez minutos a pie, Yan Shixu ingresó en el espacioso patio lateral. El recinto era más extenso que su propia residencia familiar, y la edificación lucía imponente: de una sola planta, cubierta de tejas celadón, aleros en vuelo curvado, pilares lacados en bermellón y vanos cerrados por celosías caladas en sus cuatro costados. Se dirigió a la estancia del archivo para llamar al escribano de turno y preguntó: "¿Dónde se custodian los libros de miscelánea?" El escribano respondió: "En el ala oeste, señorito. Permítame guiarlo." Yan Shixu lo siguió hasta el interior del ala oeste; todos los tomos de misceláneas se hallaban clasificados a lo largo de doce grandes estanterías. Omitiendo deliberadamente los tratados culturales y ensayos formales, Yan Shixu se dedicó a examinar los relatos de aparecidos, anomalías y prodigios, cuyas páginas amarilleaban por el tiempo y cuyas portadas mostraban los bordes desgastados y curvados. De todos los volúmenes de miscelánea, aquellas narraciones de hechos fantásticos eran las más ajadas por el uso. Tras hojear durante un buen rato, acabó seleccionando una copia del \*Registro de Espectros Extraños\*. El tomo recopilaba una generosa cantidad de relatos breves sobre doncellas zorro, espectros femeninos y mujeres demonio que correspondían al favor de sus benefactores; una lectura sumamente instructiva para Xueyi. Había que inculcarle que, incluso siendo un pájaro, era indispensable aprender a ser agradecido. Yan Shixu le entregó el ejemplar al escribano y añadió: "¿Disponen de tratados geográficos de los reinos de ultramar y tierras bárbaras?" "La academia custodia las crónicas geográficas de las cuatro tribus bárbaras y comarcas foráneas. Acompáñeme, señorito." El escribano condujo entonces a Yan Shixu hacia el ala este. Dicha sala era mucho más amplia que el ala oeste, flanqueada por hileras continuas de anaqueles; debido al ingente volumen de textos almacenados, el ambiente despedía un leve olor a humedad y moho. Al trasponer el umbral, el escribano le advirtió en un susurro: "Una Maestra Daoísta de la Escuela del Sur se encuentra leyendo en el interior. Busque usted lo que necesite, señorito, pero procure no molestarla." \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 34 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.