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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 33 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Alta noche. He Siqi entró en el pequeño patio del refectorio. Mirando hacia la profunda oscuridad a través de una rendija de la puerta apenas entreabierta, bajó la voz y dijo: "Mayor Juzi, he venido." Desde el interior del lúgubre refectorio provino una voz ronca: "¿No te han seguido?" '¿Acaso importa si me siguieron o no? A estas alturas, hasta un perro callejero podría rastrearme ochocientos li...', pensó He Siqi, desalentado, antes de responder: "Creo que no... La verdad, este humilde menor no lo sabe." '¿Por qué este tipo suena tan abatido?', Yan Shixu, oculto en las sombras, frunció el ceño con extrañeza. He Siqi soltó un largo suspiro: "Mayor Juzi, me han descubierto otra vez. Ahora hay dos grupos distintos que conocen mi verdadera identidad. Tal vez no sirvo para ser un espía; soy demasiado torpe, carezco por completo de talento." Bajo la tenue luz de la luna, su silueta erguida en el patio desprendía un dejo innegable de desolación. Yan Shixu: "..." 'No me fastidies. Si yo mismo te dejé una nota, ¿es que nunca se te ocurrió pensar que el mensaje de ayer podía ser una prueba mía para ponerte a prueba? Con un corazón tan ingenuo y recto, ¿cómo demonios pretendes ser un espía?' Tras reflexionar un instante, Yan Shixu dijo con voz neutra: "La nota de ayer la dejé yo." Al oír la voz ronca proveniente de las tinieblas, He Siqi se quedó helado en su sitio, atónito: "¿Era usted, Mayor Juzi? ¿Usted... me estaba poniendo a prueba? ¿Por qué?" "¿Acaso no debía?", mantuvo Yan Shixu su tono grave y rasposo. "¿Cómo iba a saber si no habías desertado?" He Siqi replicó con visible agitación: "¿Cómo podría desertar jamás? En el sexto año de Tonghe, toda mi familia pereció en las rebeliones de la guerra, dejándome a mí como el único superviviente para vagar a la deriva por este mundo. Desde el día en que ingresé en Xingchadu, juré entregar este cuerpo por entero a la gran rectitud de mi corazón, sin mirar atrás y sin importar la vida o la muerte." 'Ah, qué coincidencia... ¿Tú también eres huérfano?', Yan Shixu parpadeó desconcertado. Al principio creía que a aquel anciano letrado confuciano simplemente le gustaba emplear la táctica del huérfano, pero nunca imaginó que fuera el sello de identidad de todo Xingchadu. Xing Dos era huérfano, él mismo era medio huérfano y el He Siqi que tenía enfrente también lo era. Entre los tres no alcanzaban a reunir un solo par de progenitores. Basándose en la experiencia acumulada de su vida pasada, cualquier organización a la que le gustara recurrir a la táctica de reclutar huérfanos terminaba siendo invariablemente una organización extremista. "Una prueba necesaria entra dentro de lo normal", explicó Yan Shixu con brevedad antes de desviar el tema. "En cuanto al contacto de mañana, ¿qué plan tienes?" "La persona tras las sombras me citó con esa nota frente al Pabellón de los Tesoros Escondidos; lo más probable es que pretenda usarme como carne de cañón", contestó He Siqi tras haber meditado el asunto a fondo durante los últimos dos días. "Me infiltré antes en el Pabellón de los Tesoros Escondidos y sigo herido; tengo un punto débil y soy fácil de manipular." "Mañana por la noche, a la hora de la rata, si voy, sin duda quedaré a su merced. Pero si decido evitar la cita y no presentarme, aunque esa persona no se atreva a actuar directamente dentro de la Academia Daoísta, podría valerse de una carta confidencial para revelar mi identidad y deshacerse así de un enemigo potencial." Yan Shixu asintió en silencio para sus adentros. Poniéndose en el lugar del oponente, él también exprimiría a He Siqi como a una pieza útil; si no se dejaba utilizar, entonces consideraría delatarlo. He Siqi miró con cautela hacia la rendija oscura de la puerta. "Contemporizar y fingir sumisión sería la mejor estrategia, pero..." Pero eso requería el respaldo de un poder marcial contundente. Él no conocía el reino de cultivo del Mayor Juzi, ni tampoco la profundidad del enemigo; acudir a ciegas a la cita bien podría arrastrar al Mayor a una trampa. He Siqi añadió con remordimiento: "Fui alcanzado y herido por los relámpagos. Sin descansar y reponerme al menos diez días o medio mes, me resultará difícil recuperarme." Apenas cayeron las palabras, un objeto salió volando desde la rendija de la puerta. He Siqi lo atrapó por puro instinto; era un frasquito de porcelana tosca de color negro. Retiró el tapón y lo olió con discreción: "Esto es..." "Para sanar heridas. Úsalo cuando regreses", dijo Yan Shixu con desgana, como si lo que acababa de arrojar fuera una baratija sin la menor importancia. He Siqi no le dio más vueltas y se guardó el frasco en el pecho. Yan Shixu prosiguió: "Mañana acude a la cita con normalidad. Yo observaré desde las sombras. Si el enemigo viene solo y su cultivo no es elevado, buscaremos la oportunidad para liquidarlo. Si son muchos, tengo mis propios recursos de contingencia." 'Si no podemos contra ellos, simplemente los haré estallar por los aires llamando a los sacerdotes de la Secta Chongzhen para que armen el caos.' 'El Mayor Juzi parece desbordar confianza...', la pesadumbre en el pecho de He Siqi se disipó un poco. "Descríbeme la situación del Pabellón de los Tesoros Escondidos", ordenó Yan Shixu. "Desde la entrada del Pabellón de los Tesoros Escondidos hasta las escaleras que conducen al segundo piso hay unos quince metros de distancia. En el trayecto hay dispuesta una formación de truenos: cae un trueno por cada respiración, cinco en total. Tras el quinto trueno hay un intervalo de tres respiraciones de calma; fue aprovechando ese breve lapso como este humilde menor logró escapar con vida por un pelo." Al recordar el peligro de aquel día, a He Siqi todavía le palpitaba el terror en las entrañas. "¿Cuántos truenos te alcanzaron?", inquirió Yan Shixu con frialdad analítica. "Dos. Ambos en el pecho." "¿Has condensado la percepción del qi?" "Este menor está en la etapa inicial del Reino Humano; aún no he condensado la percepción del qi." 'Un guerrero marcial del Reino Humano, en el Jianghu común, bastaría para dominar un condado entero.' 'Dos relámpagos dejaron a un guerrero del Reino Humano al borde de la muerte...', Yan Shixu calculó en silencio el voltaje probable. Al ser un hombre proveniente de la era moderna, su forma de pensar difería por completo de la de los antiguos. A ojos de los hombres de esta época, las artes del rayo encarnaban el pavoroso poder del Cielo y la Tierra; sin embargo, para él, ¿acaso una formación de truenos no era simplemente una red eléctrica? Siempre que calculara bien la tensión, bastaría con usar materiales aislantes para bloquear las descargas. Con esto en mente, Yan Shixu ya tenía un plan trazado en la cabeza. Dijo: "Vuelve. Mañana, a la hora de la rata, reúnete de nuevo en este lugar." He Siqi asintió y se retiró del patio en silencio, desvaneciéndose en la oscuridad de la noche. \*\*\* El Pabellón Jinhe. Tejas verdes y pabellones bermejos reflejan los faroles nocturnos; una cortina de sueños etéreos se extiende hasta la tercera vigilia. Yan Shixu se detuvo frente a la elegante edificación. Los dos faroles rojos colgados bajo el alero iluminaban las letras doradas grabadas en la placa de madera de ébano. El vestíbulo principal resplandecía con un mar de luces. Las notas de la pipa fluían en un murmullo melancólico y las risas y charlas de los bebedores sonaban ya dispersas. Habiendo pasado la hora de la rata, el bullicio del burdel conservaba solo sus brasas tibias; el mozo del establecimiento permanecía de pie junto a la entrada, bostezando con infinito aburrimiento. Yan Shixu cruzó el umbral. El mozo se despabiló de golpe y exclamó de inmediato: "¡Estimado cliente, adelante, por favor!" Con una sonrisa zalamera, clavó la mirada directamente en Yan Shixu. Yan Shixu conocía las reglas; con el rostro inexpresivo, desató una ristra de monedas y contó trescientas monedas de cobre para entregárselas. Debía agradecérselo a Huangfu Yi: aquel sujeto no pasaba tres frases sin mencionar el Pabellón Jinhe, por lo que en estos días Yan Shixu ya había desentrañado por completo todo el proceso de consumo en una casa de placer. Al entrar se entregaban primero trescientas monedas; eso era el depósito de garantía y también la tarifa base. El joven mozo sonrió de oreja a oreja. Guiándolo hacia el interior, preguntó risueño: "¿Tiene el señor alguna señorita conocida? ¿Desea escuchar música en el vestíbulo o prefiere subir a un reservado del segundo piso?" La mirada de Yan Shixu barrió a los clientes borrachos del salón, que abrazaban a las muchachas propasándose descaradamente con ellas, y dijo con calma: "Subamos a un reservado. Tengo trato familiar con la señorita A Yan. ¿Tiene clientes hoy?" El mozo sonrió: "Espere un momento, mi señor." Corrió hacia el salón interior y, al cabo de un instante, regresó escoltando a una madama de maquillaje recargado. La mujer rondaba los cincuenta años, de figura opulenta y curvilínea. Al ver a Yan Shixu, sus ojos brillaron al instante: "¡Pero qué caballerito tan apuesto! A Yan no tiene clientes hoy. Venga conmigo, mi señor." Yan Shixu la siguió y entraron en un amplio y distinguido reservado en el segundo piso. La madama se dispuso a ordenar al mozo que llamara a cortesanas de talento artístico y músicos. El párpado de Yan Shixu tembló y se apresuró a intervenir: "No es necesario. Que sirvan únicamente frutas, vino y comida." 'Salirme con números artísticos desde el primer segundo... lo que quieren es vaciarme los bolsillos.' Conocía de sobra las trampas de estos burdeles: a las cortesanas artistas había que darles propinas generosas, y solo se las llamaba a los reservados para bailar cuando se acudía en grandes grupos de amigos. En una sola sesión de esas, era imposible salir sin gastarse tres o cinco ristras de monedas. La madama mostró cierta decepción, pero sonrió con delicadeza: "Bastará con que el caballerito pague quinientas monedas." Sintiendo el dolor en el alma, Yan Shixu contó quinientas monedas de cobre y se las entregó a la alcahueta. Según las explicaciones de Huangfu Yi, los cobros en los burdeles se tasaban paso a paso para evitar que los clientes disfrutaran gratis sin pagar. Las quinientas monedas cubrían el uso del reservado, el vino, los platos y el adelanto para la impartición de enseñanzas. Al recibir el dinero, las arrugas en las comisuras de los ojos de la mujer se abrieron en una amplia sonrisa: "Espere un instante, caballerito. A Yan tiene una gran fortuna hoy." El muchacho que tenía enfrente no solo poseía una apostura fuera de lo común, sino que su vitalidad y energía desbordaban una firmeza que solo las veteranas expertas en evaluar hombres sabían apreciar de verdad. La madama salió del reservado. Yan Shixu se sentó en el diván bajo a esperar. Al cabo de un cuarto de hora, la puerta de madera oscura se abrió con suavidad. Una hermosa mujer de facciones primorosas entró al reservado. Su edad oscilaba entre los veintidós y los veinticinco años; vestía una camisa de gasa con mangas anchas color loto y, por debajo, una falda larga y sobria de tono verde humo, ceñida a la cintura con un cordón de seda carmesí. La pechera de suave gasa blanca como la luna caía bastante baja, dejando al descubierto la mitad de dos curvas llenas y níveas como la nieve, junto con un pronunciado escote. La mujer llamada A Yan escudriñó los rasgos de Yan Shixu. Un destello de asombro cruzó por el fondo de sus ojos y soltó una risita suave: "Nuestra madre dijo que venía a visitarme un caballerito familiar. Con un porte tan gallardo y distinguido, ¿cómo es que esta humilde no tiene el más mínimo recuerdo de usted?" Yan Shixu la examinó de arriba abajo y frunció el ceño: "Tú no eres A Yan. ¿Dónde está A Yan?" La voluptuosa y encantadora dama puso cara de desconcierto absoluto: "Pero si yo soy A Yan. En todo el Pabellón Jinhe solo existe una A Yan. ¿Acaso el caballerito se equivocó de persona?" Yan Shixu dijo con voz pausada: "Recibir el mandato del Cielo y escudriñar lo diminuto." La mujer contuvo al instante su sonrisa coqueta y respondió con seriedad: "Pacificar y proteger las dos capitales." Yan Shixu sonrió: "Entonces no me equivoqué." A Yan lo observó con detenimiento de pies a cabeza y dijo con una sonrisa sugerente: "Esta humilde servidora es la inspectora de zona del Barrio Xiuzhen. ¿Qué órdenes tiene el oficial superior?" '¡¿Una inspectora de zona?!', Yan Shixu se quedó atónito. Dentro del escalafón de la Oficina de Asuntos de Inspección, un inspector de zona estaba al mando de la red de espionaje de todo un barrio y tenía bajo su control a numerosas efímeras; se trataba de un cargo encubierto debidamente registrado en los archivos oficiales. Jamás imaginó que la inspectora de zona del Barrio Xiuzhen fuera en realidad una cortesana de burdel. Lejos de mirarla con desdén, un destello de cautela brotó en su interior. "Debería ser yo quien la llame superior", intercambió Yan Shixu una cortesía de rigor antes de ir directo al grano: "Por favor, transmítale al Magistrado Yang que he dado con la ubicación del Pabellón de los Tesoros Escondidos. El vestíbulo principal está custodiado por una formación de truenos; necesito que la Oficina de Asuntos de Inspección me brinde apoyo." A Yan abrió los ojos de par en par, aturdida: "¿Has encontrado el Pabellón de los Tesoros Escondidos?" \*\*\* En los dormitorios de los estudiantes. He Siqi dio varias vueltas por los jardines para asegurarse de que nadie lo seguía antes de doblar hacia su residencia. Encendió la lámpara de aceite sobre el escritorio, extrajo el frasco de porcelana que llevaba en el pecho, retiró el tapón de madera e inclinó la boca del recipiente. Una píldora redonda y negra rodó sobre su palma. "Un aroma medicinal tan denso... ¿Acaso será una píldora de alquimia?...", murmuró He Siqi en voz baja tras olfatearla con curiosidad. Pero enseguida sacudió la cabeza, pensando que se hacía demasiadas ilusiones. Cualquier medicina ordinaria en forma de bolitas podía adquirirse en cualquier botica de la ciudad, mientras que las verdaderas píldoras de elixir eran tesoros monopolizados estrictamente por las sectas daoístas; incluso las fórmulas alquímicas constituían secretos herméticos que jamás se transmitían al exterior. Además, requerían hierbas espirituales para su refinamiento y exigían que un maestro alquimista consumado controlara el fuego con absoluta precisión. Cada una de ellas poseía un valor exorbitante y solo los altos dignatarios y la nobleza podían permitirse el lujo de consumirlas. El Mayor Juzi se la había arrojado con total desdén y ligereza; era imposible que se tratara de una auténtica píldora alquímica. Aun así, incluso si era una simple medicina común, resultaba maravillosa para su situación actual. En estos días ni siquiera se había atrevido a hervirse hierbas medicinales, temeroso de que alguien pudiera percibir el olor y notar algo sospechoso. He Siqi se sirvió una taza de agua tibia y se tragó la píldora medicinal de un solo golpe. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 33 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.