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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 30 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al ver que Yan Shixu pretendía retomar el debate, Lu Zhao sintió que su orgullo era desafiado. Su semblante se ensombreció al instante y soltó con desdén: "Si el hermano Yan tiene alguna duda, que la plantee sin tapujos. ¡Este humilde Lu con gusto le enseñará!" Los estudiantes de ciclo completo soltaron un murmullo divertido, acomodándose con sonrisas burlonas para disfrutar del espectáculo. Yan Shixu alzó la voz, clara y templada: "Primera pregunta: ¿acaso el hermano Lu conoce a la perfección los registros catastrales y demográficos de Chengzhao?" Los llamados registros catastrales y demográficos compendiaban el censo familiar, el cómputo de las parcelas cultivables, la demografía, la cartografía territorial y el cuerpo de ordenanzas legales de una provincia; eran la mismísima savia sobre la que descansaba el gobierno de un Estado. Dado que las grandes guarniciones militares habían mantenido sus feudos de facto independientes durante decenios, ni siquiera la corte imperial conocía semejantes datos con certeza. Lu Zhao soltó una risa gélida: "¿Cómo podría conocer yo los registros catastrales y demográficos de Chengzhao? Si el hermano Yan pretende valerse de artimañas desleales para ganarme, entonces este humilde Lu se declara vencido y zanjamos el asunto". Yan Shixu respondió con absoluta calma: "Si no tienes la menor noción sobre las arcas, los granos, los tributos o la población de Chengzhao, ¿cómo deduces que a Chengzhao le faltará sustento? ¿Cómo aseguras con semejante ligereza que replegarán sus tropas al despuntar la próxima primavera?" Lu Zhao contraatacó al instante: "Yo no lo sé, ¿pero acaso tú sí? ¿Cómo puedes asegurar tú que Chengzhao no se retirará?" Yan Shixu se limitó a sonreír en silencio. Uno de los nuevos estudiantes no pudo contenerse e intervino: "El hermano Lu incurre en la sofistería. Fuiste tú quien afirmó con total rotundidad que Chengzhao perdería la temporada de siembra y que sin duda alguna se retiraría en primavera". "Tú..." Lu Zhao paseó la mirada por la multitud congregada. Los letrados o bien cuchicheaban entre sí, o bien guardaban un severo mutismo; nadie dio un paso al frente para respaldarlo. Yan Shixu dio un mordisco a la pera y continuó: "Segunda pregunta: ¿sabe el hermano Lu cuándo llegarán los refuerzos de la corte imperial?" Aquella era otra encrucijada sin respuesta. Aunque el Ejército Tiance central constituía la flor y nata de las armas imperiales, su contingente era, a fin de cuentas, limitado. Cada vez que la corte emprendía una expedición punitiva contra una guarnición alzada en armas, se veía obligada a convocar tropas de otros mandos militares. El trono ponía el tesoro y el sustento, mientras que aquellos caudillos que de palabra acataban la autoridad soberana aportaban los efectivos. Semejante disposición provocaba que comandantes engreídos y soldados veteranos marcharan sin el menor afán combativo: ocupaban de forma testimonial una o dos plazas menores y luego se entregaban a la holganza para devorar las raciones del erario sin empuñar el hierro. Por tal motivo, cada conflicto se prolongaba sin tregua; guerrear durante tres o cinco años era la norma común. Lu Zhao entreabrió los labios, vaciló y al fin masculló con aspereza: "No lo sé". Yan Shixu tragó el bocado dulce y jugoso: "Tercera pregunta: ¿a cuánto se ha disparado el precio del grano en Dongdu?" Aquello no encerraba misterio. Lu Zhao respondió sin pestañear: "A ciento veinte monedas por fanega". Yan Shixu suspiró hondo: "En efecto, ciento veinte monedas. Antes de que el ejército de Chengzhao se alzara en armas, el grano en Dongdu costaba apenas treinta monedas por fanega. El año pasado, el Gobernador Regente de Dongdu ordenó arrasar los campos y fortificar las murallas para que la población se refugiara tras las almenas, dejando los bancales de toda la comarca en el más desolador abandono. En estos precisos instantes, el transporte fluvial permanece estrangulado, el grano de Jiangnan no puede arribar por agua y los refuerzos de la corte siguen sin asomar en el horizonte". "Compañeros de estudio, ¿cuánto tiempo creen que resistirá Dongdu? ¿Cuántas almas perecerán de inanición y frío en el rigor de este invierno?" "Si Dongdu cayera y los jinetes de Chengzhao irrumpieran a degüello tras los portones, ¿podrían ustedes salvar el pellejo bajo los cascos de sus corceles y el destello de sus aceros?" Su voz no tronó con violencia, pero barrió de un plumazo todo murmullo en el patio. Los estudiantes se miraron consternados; muchos fruncían el ceño, presos de una sombría inquietud. Tres interrogantes habían diseccionado la encrucijada con nitidez demoledora, sacando a flote el espanto y la zozobra que todos sepultaban en lo hondo del pecho. Bajo la sombra del quiosco, el Maestro Daoísta Wangyuan elogió en un susurro: "Este muchacho comprende el tablero con admirable agudeza; calibra pros y contras con un golpe de vista. Con razón fue capaz de redactar una propuesta tan formidable". Gu Hanzhang parpadeó, fascinada: "Asombroso. Hace unos momentos ese monje estuvo enredado en disputas vacías sin llegar a nada, y a él le bastaron tres preguntas para dar un vuelco total a la partida". El Maestro Daoísta Wangyuan replicó: "Porque el bonzo carecía de su aplomo analítico. Con todo, estas tres preguntas aún no bastan para sostener por sí solas una postura pacifista". Apenas acallada su advertencia, la voz de Lu Zhao estalló en el patio: "A juzgar por las palabras del hermano Yan, si la coyuntura de Dongdu es tan crítica, ¿acaso implorar la paz forzará a Chengzhao a replegar sus huestes?" Yan Shixu asintió con serenidad: "¡Exactamente!" Una sonrisa triunfal asomó a la boca de Lu Zhao, semejante a la de un cazador que ve a su presa arrojarse por sí misma a la trampa. De inmediato proclamó: "¡Qué despropósito! Si Dongdu ya estuviera a merced de Chengzhao, rogar clemencia sería estéril. Y si Chengzhao aceptara replegarse, significaría que no abriga certeza alguna de poder quebrar nuestras murallas; en tal caso, ¡basta con resistir el asedio!" Se encaró hacia la multitud y añadió: "El ejército de Chengzhao nos ronda como una jauría de lobos famélicos y ambiciosos. Si la prefectura de Dongdu concibe la debilidad de capitular, desde los altos dignatarios hasta el campesino más humilde perderán la determinación de batirse a muerte. Para entonces, ¿qué creen ustedes que nos aguarda?" Los letrados sopesaron sus palabras y no tardaron en encadenar conjeturas: "Es la pura verdad. En estos momentos, Dongdu entera aprieta los dientes y forma un solo corazón inexpugnable. Si esa bravura flaquea, la moral se derrumbará como un dique ante la riada, sin remedio posible". "Las guarniciones son insaciables; jamás perdonarían a Dongdu". "Es una insensatez flagrante; equivaldría a cavar nuestra propia fosa". "Cuesta concebir que el talento precoz que obsequió a la corte un plan para estabilizar el imperio posea una mirada tan corta". "¿Un plan para estabilizar el imperio? Vaya farsa... ¿acaso alguien aquí lo ha visto con sus propios ojos?" Yan Shixu contempló a Lu Zhao erguir la cerviz henchido de soberbia. Había que reconocer que aquel estudiante de ciclo completo era un polemista consumado: dominaba el arte de tergiversar los conceptos y trueca la hipótesis en dogma sin pestañear. Yan Shixu preguntó con indolencia: "Permíteme plantearte otras dos preguntas, hermano Lu. La primera: ¿por qué se sublevó en verdad el ejército de Chengzhao?" "Por asegurar la herencia del mando de padres a hijos". "Segunda: los caudillos que dominan las guarniciones territoriales, ¿qué es lo que ambicionan en el fondo?" "Repartirse los tributos debidos a la Corona sin tributar a la capital. Desde el comisionado militar hasta el último infante, todos buscan idéntico botín". Dio en el blanco de lleno. Los estudiantes asintieron con vehemencia, reconociendo para sus adentros que Lu Zhao no provenía de estirpe de ministros en vano; con una síntesis magistral, había desnudado la raíz del caudillismo de frontera. Yan Shixu sonrió con ironía: "Salvo los vestigios rebeldes de la Rebelión de los Tres Reyes que aún señorean la frontera norte, ninguna guarnición anhela usurpar el Trono Celestial. Lo que persiguen no es más que repartirse el tributo del soberano. En doscientos años de tumultos y zozobras, jamás ha sido distinto. Quien debilita a Sheng son los señores feudales. Y una vez debilitada la dinastía, la razón de que no perezca con presteza es que son esos mismos señores quienes la sostienen en pie. Mientras la corte consienta la herencia del mando de padres a hijos en Chengzhao, el asedio de Dongdu quedará disuelto en ese mismo instante". Un mutismo absoluto cayó sobre el patio. El Maestro Daoísta Wangyuan se levantó de golpe en el quiosco, repitiendo en un susurro estremecido: "'Quien debilita a Sheng son los señores feudales. Y una vez debilitada la dinastía, la razón de que no perezca con presteza es que son esos mismos señores quienes la sostienen en pie'". Aquella afirmación rozaba los límites del sacrilegio y la alta traición. Sin embargo, a través de sus dilatadas décadas consagradas al saber, jamás había hallado una sola sentencia capaz de retratar los doscientos años de historia de la Gran Dinastía Sheng con semejante precisión implacable y hondura descarnada. ¡En el porvenir, cuando los cronistas redactaran los anales de esta era convulsa, bastaría con asentar este único juicio en las crónicas para que no hiciera falta añadir nada más! En los límpidos ojos de Gu Hanzhang centelló un vivo destello de fascinación. Los alumnos seguían masticando y asimilando la idea; sintieron como si les hubieran derramado un bálsamo clarificador sobre la mollera, revelándoles de golpe el engranaje secreto tras la insurrección de los caudillos. Semejante comprensión jamás se impartía en las aulas, pues la gran mayoría de los eruditos asistentes nunca habían participado en los debates de gobierno en el seno del palacio imperial. Yan Shixu había oído al anciano letrado confuciano desgranar el forcejeo de los caudillos en incontables tertulias. Con todo, aquella máxima lapidaria no la había aprendido del anciano, sino que la había tomado prestada de los anales insignes de su vida anterior. Entre los nuevos discípulos, no pocos exclamaron con encendido fervor: "Las palabras del hermano Yan son sumamente atrevidas, pero calan hasta los huesos. ¡Cada sílaba es una perla de sabiduría!" "Ahora creo sin asomo de duda que concibió un plan para estabilizar el Estado. Frente a su agudeza, nuestras mentes son simples luciérnagas titilantes ante el sol". "Tiene toda la razón. Si la corte concede la insignia de mando y los privilegios hereditarios, las huestes de Chengzhao levantarán el sitio por iniciativa propia". Lu Zhao, carcomido por la derrota, se negó a claudicar y gritó: "¡Si se autoriza la sucesión de padres a hijos en Chengzhao, con el paso de los años la costumbre se trocará en ley! Las guarniciones pasarán a ser señoríos independientes y acabarán desgajándose por entero de la égida imperial, lo cual será el germen de la perdición de la patria. El hermano Yan adolece de miopía; solo repara en el fuego inmediato que le quema los pies, ignorando que la corte traza designios con la mirada puesta en los siglos venideros". Había escuchado a su abuelo comentar la postura del gobierno central y sabía de buena tinta que el Emperador acariciaba la determinación de doblegar a las guarniciones territoriales. En ese momento, el Maestro Daoísta Wangyuan abandonó el quiosco y declaró con voz potente y adusta: "¡Basta de charlatanería! El mal endémico de los caudillos militares no se extirpa en un amanecer. ¿Acaso la Gran Dinastía Sheng se desmoronará en pedazos por permitir que Chengzhao transmita el mando por herencia? En los dos siglos transcurridos, ¿no hemos sobrevivido sobrellevando esa misma carga? ¿Y acaso vedar la herencia en Chengzhao quebrará al punto las viejas usanzas y domeñará a todos los ejércitos fronterizos como dóciles rebaños?" Lu Zhao mantuvo el rostro hosco, obstinado: "¿Acaso el Erudito Asistente insinúa que la estrategia fijada por la corte es un desatino?" El Maestro Daoísta Wangyuan soltó un bufido desdeñoso: "Apenas te ves en apuros recurres a colgar sambenitos de traición a tus rivales; en verdad has asimilado hasta el tuétano las malas mañas de tu abuelo". "El dilema a debate consistía en si Dongdu debía elegir la vía militar o la vía diplomática en la coyuntura presente. Al verte desprovisto de argumentos para sostener tu posición, te sales por la tangente y pretendes camuflar una urgencia apremiante con un designio a largo plazo. Eso no es dialéctica, sino vulgar sofistería". El maestro hizo una pausa, clavó los ojos en Yan Shixu y se mesó la luenga barba: "Para sofocar el mal de las guarniciones, se requiere amasar primero grano y plata. Boheng ya ofreció en su disertación política una estrategia formidable para colmar las arcas del erario. Por más que sigas porfiando, has perdido el debate". Lu Zhao apretó los puños, con las venas crispadas de rabia: "Ninguno de nosotros ha contemplado jamás ese supuesto plan para estabilizar el Estado. Erudito Asistente, dispense a este estudiante si rehúsa comulgar con ruedas de molino". El Maestro Daoísta Wangyuan meneó la cabeza con desdén: "Tu afán de vencer a toda costa es nocivo. Como sentencia el \*Sutra Supremo\*: 'La suprema virtud es como el agua; abraza la maleabilidad y jamás disputa'". De pronto, Yan Shixu rompió el silencio con calma: "En honor a la verdad, en la disertación redactada aquel día, este estudiante no agotó todos los preceptos. Todavía quedan varios puntos complementarios". Los ojos de los discípulos congregados brillaron como ascuas vivas. El Maestro Daoísta Wangyuan rebosó de júbilo: "¡Aguarda, aguarda, despacio!" Se volvió precipitadamente hacia el muchacho que servía a su vera y le ordenó: "¡Corre y trae de inmediato pincel, tinta, papel y piedra de entintar!" El sirviente echó a correr a toda prisa. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 30 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.