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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 29 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Dondequiera que se congregaran letrados y eruditos, jamás escaseaban los debates refinados y las disertaciones sobre el Dao. En la Gran Dinastía Sheng imperaba una floreciente cultura letrada en la que confluían las doctrinas de las Cien Escuelas de Pensamiento, dividiendo a los hombres de letras de todo el imperio en dos grandes vertientes. Una vertiente tomaba como raíz fundamental al confucianismo, sirviéndose de la Escuela de los Nombres, la Escuela de los Estrategas, la de los Militaristas y la Mohista como aplicaciones prácticas. La otra vertiente adoptaba el Daoísmo como núcleo regidor, empleando al resto de las corrientes como meras herramientas operativas. Esta dualidad configuró un escenario de libre emulación donde contendían las Cien Escuelas de Pensamiento. Sin embargo, más de doscientos años de tiempos turbulentos y caos llevaron aquellas pugnas doctrinarias hasta un extremo voraz, engendrando un torbellino de faccionalismo partidista que arrastró consigo a la totalidad de los hombres de letras bajo el cielo. La Gran Dinastía Sheng se había sumido en el desorden a causa de las comandancias militares fronterizas, y decaía consumida por las pugnas de bandos. En los jardines de la Academia Daoísta. El recinto se hallaba poblado de pinos vetustos y esbeltos cipreses, entreverados con hibiscos, begonias otoñales y nenúfares. En los albores del otoño, las flores lucían con su máximo esplendor y la vegetación desbordaba verdor, impregnando el ambiente con una delicada fragancia floral. Yan Shixu y Huangfu Yi avanzaron por un serpenteante sendero de guijarros hasta que el horizonte se despejó de súbito, revelando ante sus ojos un quiosco de descanso, un estanque y una rocalla ornamental. Un nutrido grupo de estudiantes se alineaba ante sendas mesas bajas al borde del estanque, cuyas aguas eran surcadas por carpas brocadas. En el interior del quiosco reposaban dos mesas bajas, ante las cuales tomaban asiento una sacerdotisa daoísta de figura opulenta y arrebatadora belleza, acompañada por el Maestro Daoísta Wangyuan. En el momento en que Yan Shixu y Huangfu Yi arribaron, el monje Gao Mei se hallaba erguido y firme, completamente acorralado y en franca desventaja, debatiendo con ferocidad contra la multitud de estudiantes. "¡Mis disculpas, mil disculpas por la tardanza!". Huangfu Yi tiró de Yan Shixu hasta acomodarlo en los asientos de la última fila, inclinándose y juntando las manos sin cesar a modo de cortesía. No pocos estudiantes volvieron la mirada de soslayo hacia ellos, pero como la contienda verbal en la reunión no admitía tregua, consideraron inapropiado interrumpir y optaron por no cruzar saludos formales. "Son todas frutas frescas traídas desde el Mercado del Norte; come rápido, come". Huangfu Yi empujó de golpe frente a Yan Shixu peras, melones dulces, azufaifas y demás manjares. "¿Tú no vas a comer?", preguntó Yan Shixu. "Ya estoy harto de comerlas. Tú eres pobre, así que cómetelas tú", respondió Huangfu Yi con una expresión que rezumaba conmiseración hacia los estudiantes desfavorecidos. "Pues qué considerado de tu parte...". En el interior del quiosco, el Maestro Daoísta Wangyuan paladeaba a pequeños sorbos una copa de vino de resina de pino, comentando: "Este monje posee una instrucción académica corriente, mas su bagaje y su visión del mundo superan con creces a los de los estudiantes reunidos aquí. Ha trajinado largamente por el mundo profano y está de sobra curtido en las vicisitudes humanas. Ayer escuché a mi hermano menor, Lianyangzi, mencionar que entre los nuevos ingresantes había uno cuya templanza era tan firme como roca inamovible, mientras que su plataforma espiritual semejaba una ciénaga lodosa. Supongo que debe de ser él". Gu Hanzhang dirigió la vista hacia el exterior del quiosco. Su mirada se detuvo unos segundos en el monje Gao Mei antes de negar con una sonrisa: "No es él. La voluntad de este monje ciertamente es dura como la piedra, mas su plataforma espiritual se conserva limpia y cristalina; es un hombre de espíritu puro". Su voz poseía una cadencia serena y cristalina, capaz de infundir sosiego en el pecho de quien la escuchase. El viento arrastró consigo la sutil fragancia de los pétalos al interior del quiosco, agitando los bordes de sus ropajes y sus delicadas hebras de cabello. Con un rostro hermoso como la flor del melocotonero, ojos brillantes como constelaciones y un cuello níveo semejante a una escultura de jade blanco, derramaba una irresistible gracia femenina. Los estudiantes fuera del quiosco repartían su atención a partes iguales: la mitad absorta en la disputa, y la otra mitad contemplándola a ella. "¿De quién se trata entonces? Que la plataforma espiritual asemeje una ciénaga lodosa, si bien dificulta sobremanera el cultivo del Dao, lo convierte en cambio en una madera excepcional para desenvolverse como funcionario", señaló el Maestro Daoísta Wangyuan. Una plataforma espiritual que recordaba a un cenagal turbio denotaba una desmedida carga de pensamientos dispersos, un cálculo maquiavélico abrumador y un pozo de vivencias demasiado denso y profundo. Ese talante solía abundar en los viejos zorros avezados en las intrigas burocráticas del gobierno. Y si a ello se sumaba una voluntad inquebrantable, no había empresa que no pudiese coronar. Gu Hanzhang sonrió con soltura: "Mañana me toca estar de guardia a mí; ya lo averiguaré llegado el momento". Los sacerdotes de la Escuela del Caldero de Alquimia cultivaban simultáneamente la naturaleza interna y la vida física; y esa naturaleza interna aludía precisamente a la templanza del corazón y al Espíritu Primordial. Mientras tanto, en la reunión, Yan Shixu dio buena cuenta de casi todas las frutas, reservándose únicamente una pera, un puñado de azufaifas y medio racimo de uvas con la intención de llevárselas a los dormitorios para alimentar a Xueyi. Las líneas generales del debate entre Gao Mei y la multitud de estudiantes no tardaron en quedarle bastante claras. Discutían la estrategia para romper el cerco que asfixiaba a la Capital Oriental. Los Estudiantes de Ciclo Completo abogaban decididamente por la guerra, mientras que Gao Mei se inclinaba por la pacificación negociada. Un letrado ataviado con túnica de seda blanca pura, sentado con impecable porte ante su mesa, disertaba con apasionada vehemencia: "Las tropas de Chengzhao no constituyen motivo de alarma. Un ejército de treinta mil hombres, con el colosal consumo de hombres y monturas, acarrea un despilfarro de granos y caudales que desafía todo cálculo. Además, la región de la Capital Oriental ha aplicado con rigor la táctica de desmantelar campos y fortificar plazas; los pertrechos de Chengzhao sólo pueden trasladarse fatigosamente desde su propio territorio. Ya han perdido todo un año de faenas agrícolas; en cuanto esto se prolongue hasta el inicio de la primavera venidera, se retirarán por su propio pie". Aquel estudiante poseía facciones tan refinadas como una corona de jade y un talante extraordinario, con un atractivo físico que apenas desmerecía por un estrecho margen ante el de Yan Shixu. Huangfu Yi susurró muy cerca de su oído: "Ese sujeto es la cabeza indiscutible entre los Estudiantes de Ciclo Completo. Se llama Lu Zhao y es el mismísimo nieto del Gobernador Regente de la Capital Oriental. Procede de una cuna ilustrísima. El mecenas que financió la reunión literaria de hoy no es otro que él". Yan Shixu no pudo evitar asombrarse: "¿El nieto del Gobernador Regente de la Capital Oriental?". En verdad gozaba de una posición encumbrada. El monje Gao Mei, sin embargo, sostenía una postura contraria: "Las tropas de las comandancias militares fronterizas no se dedican a la producción de la tierra; ¿cómo puede hablarse de que hayan arruinado sus siembras? Todo lo contrario le sucede a la Capital Oriental: las rutas de transporte fluvial han sido cortadas, los refuerzos de la corte imperial se demoran sin llegar y el precio del grano en la ciudad se encarece de un día para otro, sumiendo al pueblo en una carga que ya no puede soportar. Este invierno no alcanzará la cuenta de cuántos habrán de morir de inanición. La plaga de los comandantes militares no es asunto que se zanje en una mañana o una tarde, pero la vida de la plebe pende de un hilo en este instante". Lu Zhao soltó una risa desdeñosa: "¿Acaso porque el pueblo esté al borde de morir de hambre la corte imperial se verá obligada a arrodillarse ante las comandancias militares? Monje, bendita sea la hora en que no te convertiste en funcionario del Estado. De haber sido así, la totalidad de los súbditos del imperio se habrían transformado en rehenes a merced de los caudillos fronterizos". Las carcajadas estallaron por doquier. "Con un corazón tan rebosante de compasión, ¿por qué el Venerable Maestro no se queda en su templo recitando sutras y venerando al Buda? ¿Qué demonios vino a buscar a la Academia Daoísta?". "Los pasillos del gobierno no son lugar para andar predicando misericordia". "¿En qué guerra no corre la sangre y mueren personas? Este monje peca de estúpido". Los estudiantes se mofaban uno tras otro, sin que faltaran entre ellos las voces de recién ingresados como Li Yanzhen. "¿Nadie sale en defensa del hermano Gao?", comentó Yan Shixu, con evidente disgusto. Los que se hallaban sentados en aquel jardín eran todos estudiantes de Rango Superior; ¿acaso ninguno de ellos era más que un vil adulador inclinado ante el poder? Huangfu Yi peló una uva y susurró entre dientes: "En el pasado, con el fin de apaciguar a las comandancias militares fronterizas, la corte imperial consentía tácitamente la sucesión hereditaria de padres a hijos. Ahora, por motivos que se escapan, el rumbo de los vientos ha cambiado bruscamente". 'Ah, de modo que todos son prodigios con un olfato político sumamente aguzado...', comprendió Yan Shixu al instante. No era de extrañar que el monje Gao Mei se encontrara desprovisto de todo auxilio. El monje Gao Mei frunció el entrecejo y en su tono se filtró un matiz de indignación: "Sus vidas son vidas, ¿acaso las vidas de la gente común no lo son?". Lu Zhao se puso en pie, cruzó los brazos a la espalda y declaró con indiferencia: "Pacificar las comandancias rebeldes y abrir paso a una era de esplendor es precisamente para que el pueblo llano pueda habitar en paz y disfrutar de su labor. Con una compasión tan blanda y de miras tan cortas como la tuya, ¿qué gran empresa podría llevarse a buen término?". El monje Gao Mei alzó la voz: "¡Sin embargo, lo único que mis ojos contemplan son cadáveres amontonados por inanición, ríos de sangre desbordados a lo largo de mil leguas, campos fértiles devorados por la maleza y hombres forzados a intercambiar a sus propios hijos para no morir de hambre! Doscientos años han transcurrido, y los caudillos militares prosiguen su tiranía mientras el pueblo sigue sumido en la miseria más atroz". Huangfu Yi masculló en voz muy baja: "Mala señal; el hermano Gao ha perdido los estribos. Ha perdido el debate". Tal como vaticinó, Lu Zhao arqueó una comisura de los labios: "Si el hermano Gao desea desahogar sus lamentos, bien puede ir a llorar a las puertas de la magistratura". Las burlas sofocadas de los estudiantes resonaron una vez más. En el arte del debate y la disertación doctrinaria, dejar al oponente sin argumentos o lograr que los espectadores alcanzaran el consenso constituía la victoria absoluta. El monje Gao Mei se había dejado llevar por la furia; sus palabras ya no eran una defensa argumentativa, sino un reclamo encendido, una explosión de cólera. Ante los ojos de los presentes, ya había sido derrotado. Lu Zhao lanzó una mirada de soslayo hacia el quiosco y volvió a tomar asiento con aire sosegado. En ese instante, una voz clara emergió de entre las filas de mesas: "Los encendidos discursos del hermano Lu rebosan elocuencia e invitan a una profunda reflexión; no obstante, a este humilde servidor le asaltan tres dudas y agradecería que me iluminara". Aquel enunciado congregó de inmediato las miradas de todos los presentes, incluidas las de los dos Eruditos Asistentes que descansaban en el interior del quiosco. El estudiante que había tomado la palabra poseía una apostura y una prestancia insuperables. Sentado bajo la sombra del follaje, semejaba por sí solo una estampa pictórica de singular encanto. Lu Zhao frunció el ceño con extrañeza: "¿Cómo debo dirigirme a este estimado hermano?". Los ojos de Li Yanzhen chispearon al instante y se apresuró a intervenir: "¡Este de aquí es el primero de la lista, el hermano Yan! La Disertación Política que presentó en su examen fue aclamada por la academia nada menos que como una 'estrategia para pacificar el imperio'. Hermano Lu, tal vez no te resulte tan sencillo imponerte sobre nuestro erudito insignia". Sus palabras arrojaron leña al fuego sin disimulo alguno. Un Estudiante de Ciclo Completo protestó con evidente disconformidad: "¿Acaso queda alguien entre nosotros que no reconozca el talento y la erudición del hermano Lu?". "Esa supuesta 'estrategia para pacificar el imperio' es algo de lo que jamás hemos oído hablar". "El hermano Lu ha estudiado los clásicos desde su más tierna infancia al lado de su ilustre abuelo, el Gobernador Lu. Imbuido de semejante instrucción, si hablamos de pericia para gobernar el Estado y ordenar el mundo, ¿quién en esta academia podría pretender superarlo?". "Me pregunto de qué cuna provendrá este hermano Yan. Antes de ingresar a la academia, ¿a qué gran maestro confuciano tuvo por preceptor?". "Hum, la tiranía de las comandancias militares fronterizas ya es una llaga intolerable. Si en verdad poseyera un plan para gobernar la nación, ¿cómo se le ocurriría abogar por la conciliación?". "Si la corte imperial se arrodillara ante los caudillos fronterizos, ¿dónde iría a parar el decoro imperial?". Los alumnos veteranos alzaron sus voces en tropel. Los recién ingresados, en cambio, guardaron prudente silencio, contemplando el espectáculo con renovado deleite. Ellos también albergaban una profunda curiosidad, no exenta de escepticismo, hacia aquel primero de la lista que parecía ocultar celosamente sus cartas. Dentro del quiosco, Gu Hanzhang posó los ojos en el esbelto y apuesto joven, comentando entre risas: "¿Él es Yan Shixu? ¿Es auténtico eso de la estrategia para pacificar el imperio?". Aquel nombre le resultaba familiar; el día en que revisó las evaluaciones, sus ojos habían captado de pasada dicha firma. A su lado, el Maestro Daoísta Wangyuan asintió con gravedad: "Eso provino de boca de nuestro venerable maestro, ¿cómo habría de ser falso? No obstante, sobre si se debe combatir o conciliar, la corte imperial ya ha fijado una postura invariable. No es prudente que Boheng insista por ese rumbo". Aclaró la garganta y elevó el tono de su voz: "Este tema ya se ha discutido bastante; convendría cambiar de asunto para el debate". Habiendo hablado el Erudito Asistente, Lu Zhao por descontado no se atrevería a llevarle la contraria, y declaró: "Hace tiempo que el gran renombre del hermano Yan llegó a mis oídos. Escuché que albergas planes grandiosos para asegurar la estabilidad del Estado. Hoy que el azar nos ha reunido, bien podríamos debatir públicamente una estrategia para pacificar a los caudillos rebeldes". "No caigas en su trampa", le advirtió Huangfu Yi con una sonrisa impostada en el rostro, dejando escapar las palabras apenas entre los dientes. "Es el nieto del Gobernador Regente de la Capital Oriental. Ha mamado ese conocimiento desde la cuna; si se trata de sofocar comandancias rebeldes, nadie aquí entiende más que él". Yan Shixu asintió en silencio. Tenía plena consciencia de sus propias limitaciones: el dilema de las comandancias militares abarcaba demasiadas complejidades de gobierno, y él ni siquiera tenía claras cuántas comandancias existían en total. "¡No hace falta!", zanjó Yan Shixu sin inmutarse. "Comparto enteramente la perspectiva del hermano Gao. Si el hermano Lu es capaz de responder a mis tres interrogantes, admitiré mi derrota de buena gana". ¡Aquello era una provocación en toda regla! El ánimo de los estudiantes se encendió en el acto. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 29 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.