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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 2 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¿Que no lo recuerdas?" El carcelero restalló la muñeca; el largo látigo silbó en el aire con un chasquido agudo. Con una sonrisa gélida, añadió: "Mi látigo refrescará tu memoria en un instante". Yan Shixu frunció el ceño con fuerza, aparentando un agónico esfuerzo por recordar, y habló: "Al despertar esta noche, sentí un dolor atroz por todo el cuerpo, ignorando la causa. Quise bajar del camastro a beber agua y descubrí junto a mis pies prendas empapadas de sangre y vendas de lino fino. Me asusté sobremanera, creyendo que estaba herido, mas tras revisar cada palmo de mi piel no hallé herida alguna. Desconozco de quién son esas ropas ensangrentadas; soy incapaz de recordar nada". Hizo una pausa dramática, dejando aflorar en su semblante un terror genuino: "Yo... también encontré sobre la mesa, de forma inexplicable, un disco de jade. Eso no me pertenece y no tengo idea de cómo acabó dentro de la habitación. No logro recordar, de verdad que no puedo...". Habiendo dicho esto, alzó la vista y proclamó con vehemente indignación: "¡Sin duda alguien me ha tendido una trampa!". "Paparruchas". El carcelero sintió que aquello era un insulto flagrante a su inteligencia. "¿Quién usaría un disco de jade de valor incalculable para tenderle una trampa a un don nadie? Magistrado, no gastemos saliva con él; apliquemos los suplicios". Volvió la cabeza hacia el estrado, pero descubrió que el Magistrado Yang fruncía el ceño, sumido en meditaciones. "¡Créame, ilustre señor!", se apresuró a intervenir Yan Shixu, escupiendo las palabras a toda prisa en un afán desesperado por defenderse. "En verdad no robé ningún disco de jade. Alguien me incriminó; no soy más que un súbdito honrado y cabal, yo... yo...". Al llegar a ese punto, se detuvo en seco, balbuceando: "Yo... ¿quién soy yo?". Al ver su reacción, el Magistrado Yang arqueó una ceja y preguntó: "¿Qué más recuerdas?". Yan Shixu entreabrió los labios, desorientado, como si careciera de respuesta. "¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu apellido y tu nombre de cortesía? ¿Dónde resides? ¿A qué oficio te dedicas? ¿Tienes esposa?". "Me llamo... me llamo...". Yan Shixu se hundió en una prolongada y vacía deliberación. Finalmente, susurró: "Yo... no lo recuerdo...". La mirada del Magistrado Yang se tornó afilada como un estilete, como si pretendiera diseccionarlo por dentro y por fuera. Hizo una seña al carcelero apostado en la entrada y ordenó: "Envía a alguien al Templo Dinghui. Haz comparecer al monje marcial que estuvo de guardia esta noche". El carcelero partió a toda prisa. La sala de torturas quedó sumida en un silencio sepulcral. El Magistrado Yang, ataviado con sus suntuosas vestiduras ceremoniales, cerró los ojos para sosegar el espíritu; el carcelero permaneció erguido sosteniendo el látigo, y Yan Shixu continuó encadenado al potro de madera. Los engranajes del tiempo giraban en silencio, aguardando con calma una ejecución inminente. Tras un prolongado intervalo, un monje marcial de complexión fornida fue conducido al recinto. El religioso juntó las palmas en reverencia: "Saludos al Magistrado". El Magistrado Yang asintió levemente y preguntó: "¿Intervino el Maestro Zen Jingxin?". El monje bajó la mirada y respondió: "Entre los dos ladrones que irrumpieron de noche en el Templo Dinghui, uno poseía una destreza formidable; dio muerte a dos hermanos marciales. El Maestro Zen Jingxin intervino aplicándole el Sello sin Forma para someterlo y convertirlo. El malhechor, consciente del pavoroso poder del Sello sin Forma, no se atrevió a prolongar el combate y huyó del Templo Dinghui". El Magistrado Yang señaló hacia el armazón de madera y preguntó: "¿Es él?". El monje fijó la vista en Yan Shixu durante unos instantes y sacudió la cabeza: "Ambos facinerosos llevaban el rostro cubierto y vestían atuendos nocturnos; a este humilde monje le resulta imposible reconocerlo. Sin embargo, el otro maleante sufrió heridas de extrema gravedad durante el violento enfrentamiento; a estas alturas, si no ha perecido ya, yacerá postrado en el lecho". El rechoncho carcelero rasgó con una cuchilla la túnica interior de Yan Shixu y presionó sus vísceras. Acto seguido, negó con la cabeza hacia el Magistrado Yang. El Magistrado Yang dictaminó: "Ha sido de gran ayuda. Escorten al maestro de regreso al templo". El monje marcial juntó las palmas, hizo una inclinación y abandonó la sala de torturas. "'El corazón entra en lo informe y los diez mil pensamientos enmudecen. Todas las leyes carecen de forma y el pasado deviene en vacío. El ser despojado de forma olvida la existencia terrenal'". El Magistrado Yang comprendió de pronto: "Conque era eso... No es de extrañar que fueras abandonado". Toda la Capital Oriental sabía que el Templo Dinghui custodiaba tres supremas doctrinas budistas: lo Informe, la Intrepidez y lo Inconmensurable. Entre ellas, el Sello sin Forma permitía purificar los pensamientos espurios, borrar la existencia previa y dejar la terraza espiritual inmaculada. La orden budista solía emplear dicho sello para redimir y convertir a individuos culpables de las diez abominaciones imperdonables. El Magistrado Yang se reclinó contra el respaldo de su asiento, golpeando rítmicamente el escritorio con la yema del dedo. Tras meditar unos instantes, exclamó de improviso: "¡Algo no cuadra! ¿Por qué había en tu aposento un frasco de veneno? El recipiente estaba vacío. ¿Quién consumió el veneno? ¿Dónde está el cadáver?". El rostro de Yan Shixu reflejó una absoluta perplejidad. El Magistrado Yang ordenó de inmediato: "Que el Capitán Gao venga a la sala de torturas". El carcelero acató la orden y marchó con premura. Al cabo de medio palillo de incienso, el fornido varón de barba espesa que había liderado la captura de Yan Shixu cruzó el umbral. "Saludos al Magistrado Yang". El Magistrado Yang fue directo al grano, sin preámbulos: "Cuando capturaste a este bribón, ¿qué dijo o qué hizo? ¡Detállalo minuciosamente!". El barbudo hizo memoria brevemente y contestó: "Tras rodear la residencia, el sospechoso salió por propia voluntad a implorar clemencia. Carente por completo de agallas, se hizo el tonto fingiendo ignorancia y alegó ser un ciudadano honrado". "¿No opuso resistencia?". "En absoluto". La mirada del Magistrado Yang se tornó gélida y profunda. Asintió: "Retírate". Una vez que el capitán hubo salido, el carcelero inquirió: "Magistrado, ¿cómo procedemos con él?". El Magistrado Yang agitó la mano con desgana y hastío: "Es un estorbo inútil. Mátalo". El carcelero descolgó de inmediato un afilado cuchillo de la pared. "¡Espere!", gritó Yan Shixu encogiéndose de espanto mientras las cadenas de hierro tintineaban con violencia. "¡Estoy dispuesto a servir al Magistrado y desenmascarar a los cómplices ocultos en la ciudad!". El Magistrado Yang permaneció impasible y declaró con frialdad: "Puesto que has perdido la memoria, ¿de qué manera podrías ayudarme a descubrir a los espías ocultos en la urbe? Es más, sabiendo ellos que caerías en manos de la Oficina de Asuntos de Inspección, aunque te liberáramos jamás morderían el anzuelo". Los ojos de Yan Shixu se movieron con vertiginosa rapidez mental: "Puesto que fui capaz de infiltrarme en el Templo Dinghui, es evidente que poseo ciertas habilidades. Mientras el Magistrado me conceda una senda de supervivencia, juro entregar mi vida a su servicio". El Magistrado Yang no declinó ni aceptó; en su lugar, cuestionó: "¿Por qué motivo habría este magistrado de confiar en ti?". La voz de Yan Shixu desbordaba sinceridad y un feroz instinto de supervivencia: "El pasado terrenal no es más que humo y nubes pasajeras. Su Excelencia no necesita dudar de mi lealtad ni temer mi traición". "¿Y si huyes?". "Confío en que, ante el poder de la Oficina de Asuntos de Inspección, no podría escapar de la Capital Oriental". El Magistrado Yang negó con la cabeza: "Bajo las aguas estancadas de la Capital Oriental se agitan corrientes tenebrosas. La Oficina de Asuntos de Inspección no derrochará recursos humanos ni materiales en una pieza inservible". Miró al carcelero y dictaminó: "¡Enciérrenlo por el momento!". Al escuchar aquellas palabras, el cuerpo de Yan Shixu se destensó por completo. Supo que, por ahora, había esquivado la muerte. En medio de la premura y el peligro, la única estratagema de supervivencia que Yan Shixu había logrado concebir fue explotar una falla lógica: sacrificar el ciruelo por el melocotonero, suplantando la identidad de Xing Dos con la suya propia. La Oficina de Asuntos de Inspección jamás sospecharía que él había resucitado de entre los muertos; únicamente asumirían que sufría amnesia y había sido abandonado por sus camaradas. Mientras mantuviera una actuación intachable y la Oficina de Asuntos de Inspección no capturara a Xing Dos, la farsa no se desmoronaría. Por descontado, los métodos de la Oficina de Asuntos de Inspección eran brutales y despiadados; jamás lo perdonarían por el mero hecho de haber perdido la memoria. Por tanto, la amnesia era solo el primer paso; no constituía un salvoconducto, sino la ficha de cambio para negociar su rendición. A tenor de los recuerdos del cuerpo original, la Capital Oriental atravesaba tiempos turbulentos. En el otoño del segundo año de Changping, el Comisionado Militar de Chengzhao había fallecido por enfermedad, y su hijo se autoproclamó Gobernador Interino. Ante la negativa de la corte imperial a ratificarlo, estalló una sublevación armada. La corte movilizó tropas para sofocar la rebelión, pero las fuerzas de Chengzhao contraatacaron hasta aproximarse a la mismísima Capital Oriental. En la primavera del año siguiente, la guarnición militar de Cangyuan, rebelde desde antaño a la autoridad central, se alzó en armas provocando estragos, saqueos e incendios a lo largo del oeste de las Llanuras Centrales. En semejante coyuntura crítica, la Oficina de Asuntos de Inspección padecía sin duda una escasez de peones útiles. Frente a un recurso humano cuya memoria había sido purgada y formateada por completo, la probabilidad de que decidieran exprimir su utilidad era considerablemente alta. Había ganado la apuesta. El único cabo suelto era aquel frasco de veneno. El tiempo había sido ínfimo y su mente se hallaba sumida en el caos; haber urdido la estratagema del ciruelo por el melocotonero ya había sido una proeza. Resultaba imposible alcanzar la perfección absoluta. Afortunadamente, aquella inconsistencia no bastaba para desmontar su engaño. \*¡Clang!\* Tras colocarle un cepo de madera y grilletes, el carcelero empujó a Yan Shixu al interior de una celda. La gran prisión estaba en calma chicha; el pasillo se prolongaba en la penumbra y las mechas de las lámparas chisporroteaban con diminutas llamas del tamaño de una habichuela. Aparte de él, no parecía haber más prisioneros. Aquello era un buen indicio: significaba que la Oficina de Asuntos de Inspección no acostumbraba retener a los reclusos durante largos periodos. No debería tardar demasiado en salir. Al carecer de clepsidra en el calabozo, resultaba imposible percibir el fluir de las horas. Apoyó la espalda contra los barrotes, consciente de que la noche había traído tempestades turbulentas y peligros impredecibles. '¡Esto supera con creces el temario! Trabajar como espía es pedirle demasiado a un simple buey de carga corporativo'. Las bestias de carga del mundo moderno solo dominaban las jornadas de sol a sol y responder con presteza dócil a las órdenes de los superiores; su pensamiento se había atrofiado hacía tiempo bajo el yugo laboral. ¿Cómo iba a desempeñarse con soltura en labores tan arriesgadas y llenas de improvisación? Pensar que en su vida anterior fue un auténtico rey de la competitividad desmedida: compitió ferozmente contra sus condiscípulos en la academia, compitió contra sus colegas en la empresa y, tras ascender a un modesto puesto directivo, compitió a destajo contra la competencia. De tanto competir y esforzarse hasta el agotamiento, terminó arrastrado hasta las mazmorras de un mundo ignoto. Quizá fuera su justo castigo kármico. El tiempo transcurrió, y tras haber sentido Yan Shixu la vejiga a punto de reventar en dos ocasiones, unos pasos resonaron a lo largo del tenebroso y silente corredor. Ataviado con sus suntuosos ropajes y con las mangas ondeando al viento, el Magistrado Yang avanzó hasta detenerse frente a la verja de la celda. Sus ojos rasgados escudriñaron a Yan Shixu antes de negar con la cabeza: "En sus días de gloria, el ilustre Señor Yan ocupó el cargo de Gran Preceptor; fue el alma letrada del imperio y el líder indiscutible de los clanes aristocráticos. Quién hubiera imaginado que sus descendientes caerían en semejante degeneración". Yan Shixu exhibió una expresión de absoluto desconcierto: "¿El ilustre Señor Yan?". El Magistrado Yang asintió con gravedad: "Tus antepasados pertenecieron al clan Yan de Pinglu. El linaje floreció durante cuatrocientos treinta años, con una sucesión ininterrumpida de dignatarios togados y una vasta tradición de erudición letrada que alcanzó su cúspide en tiempos del respetado Señor Yan Chongjian. Durante la Rebelión de los Tres Reyes, el Señor Yan lideró a los suyos en una defensa a ultranza de Anyang, librando una sangrienta contienda de dos meses contra las tropas rebeldes. Gracias a ello resguardó las tierras al sur del Yangtsé, evitando que el granero imperial cayera en manos de los insurgentes. A partir de entonces, pese a que el imperio tambaleó bajo vientos y tempestades durante más de dos siglos, la dinastía logró preservar su continuidad. Sin embargo, al llegar a la generación de tu bisabuelo, el Comisionado Militar de Xuande se alzó en armas. Tu bisabuelo marchó a la batalla por mandato imperial, mas sus huestes fueron aniquiladas en su totalidad, salvando él únicamente la propia vida. El difunto emperador montó en cólera, lo despojó de sus títulos nobiliarios y desterró a toda la familia a las inhóspitas tierras de Lingnan. Al ascender al trono el actual monarca, conmovido por las hazañas del Señor Yan, concedió el indulto a la estirpe Yan, permitiendo a la generación de tu padre despojarse de la condición de parias repudiados". El magistrado modulaba la voz con cadencias y pausas estudiadas; quien no lo conociese lo habría tomado por un maestro de escuela. 'Conque me han hecho una investigación de antecedentes...', pensó Yan Shixu. De inmediato, compuso un rostro empapado de vergüenza y exclamó: "¿En verdad desciendo de un linaje aristocrático?...". El Magistrado Yang clavó la mirada en él y profirió con voz profunda: "Perteneciendo ambos al estamento noble, este magistrado no tiene el corazón para contemplar la extinción del linaje Yan. Harás un encargo para mí; si culminas la empresa con éxito, todo tu pasado quedará saldado de un plumazo. Es más, este magistrado podrá recomendarte para que ingreses como funcionario en la Oficina de Asuntos de Inspección y sirvas a la corte imperial". '¡Llegó la oportunidad!', se dijo. El ánimo de Yan Shixu se encendió al instante. Sin disimular el júbilo en su rostro, respondió de inmediato: "¡Estoy dispuesto a atravesar aguas hirvientes y pisar brasas ardientes por la corte y por el Magistrado! Compensaré mis faltas con méritos y jamás mancillaré el ilustre renombre de mis antepasados". Satisfecho, el Magistrado Yang asintió y acarició su cuidada barba bajo el mentón: "Dentro de diez días tendrá lugar la admisión de discípulos en la Academia Daoísta. Quiero que ingreses a estudiar en ella y recuperes cierto objeto para mí". \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 2 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.