Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 25 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Por la tarde, en el Barrio Ningyang.
En un callejón del sector oeste, un anciano ataviado con ropas suntuosas llamó a la puerta del patio de una escuela privada.
Desde el interior del recinto resonaron pasos pausados.
El noble anciano se volvió hacia las dos hileras de escoltas que aguardaban a sus espaldas y ordenó: "Esperad fuera".
La puerta del patio, carcomida por el tiempo y plagada de agujeros de polilla, se abrió para revelar un semblante agrio que, al posarse sobre el recién llegado, se avinagró todavía más.
"¿A qué has venido?", inquirió el anciano letrado con glacial aspereza.
"Un reencuentro entre viejos amigos... ¿Acaso el hermano Ruhui ni siquiera invitará a este servidor a pasar y tomar asiento?", respondió el anciano con una risilla cordial.
El anciano letrado lanzó una mirada de soslayo a los guardias que portaban sables al cinto y concedió con desgana: "Pasa".
El visitante vestía una túnica de cuello redondo, solapa cruzada a la derecha, mangas amplias y aberturas laterales, confeccionada en seda labrada de la más alta calidad, con un sobrio fondo verde oscuro sobre el que fluctuaban sutiles destellos de luz. La larga barba que caía bajo su barbilla ya blanqueaba por completo.
Paseó por el patio con las manos a la espalda, recorriéndolo en círculo mientras examinaba todo a su alrededor. Con un hondo suspiro, comentó:
"El hermano Ruhui desciende de un ilustre linaje de nobles funcionarios y posee un talento enciclopédico. Que te limites a ser un maestro de primeras letras en la Capital Oriental, subsistiendo en semejante penuria, es un desperdicio infame de tu valía".
El anciano letrado mantuvo la faz gélida y no pronunció palabra.
El visitante miró hacia la vivienda y rio entre dientes: "Ante el reencuentro de dos viejos camaradas, ¿no me invitarás a entrar a tomar una taza de té?".
Ambos ingresaron a la estancia. El "té" no era más que agua hervida enfriada por el tiempo.
El anciano acarició el borde del cuenco con la yema del dedo, mientras su mirada recorría las cuatro paredes desnudas de la choza. Sonriendo, observó: "Qué rústica austeridad. No hay vasijas preciosas ni una sola muestra de caligrafía o pintura. Parece más un refugio provisional que se puede abandonar en cualquier momento".
El anciano letrado lo contempló durante unos segundos antes de alzar su cuenco sin mudar el semblante: "Los cinco colores ciegan los ojos; los cinco tonos ensordecen el oído; los cinco sabores embotan el paladar. Hermano Lu, habla sin rodeos".
El anciano disipó toda huella de risa, posó el cuenco sobre la mesa y expresó con grave solemnidad:
"Mi visita de hoy tiene por objeto pedirte que abandones tu retiro y te unas a mis filas para desplegar tus grandes aspiraciones".
El anciano letrado soltó una risa mordaz: "¿Un mediocre que apenas aprobó los exámenes en los últimos puestos de la lista pretende tener la talla de hacerme su consejero?".
El anciano, acostumbrado desde hacía muchos años a ostentar elevadas posiciones de poder, no se ofendió en lo más mínimo. Replicó:
"Yo no poseo más que un talento ordinario; que lograse graduarme como Jinshi se debió únicamente a la bendición de mis ancestros. Por supuesto, jamás podría compararme con el hermano Ruhui, quien encabezó los primeros puestos y, nada más aprobar, mereció el aprecio y favor de Su Majestad Imperial, recibiendo el cargo de Revisor de Textos del Príncipe Heredero en el Palacio Oriental para servir a la vera del sucesor al trono.
"Por desgracia, el destino es caprichoso. Aquella turbulencia de reformas a comienzos de la Era Changqing sepultó a la facción del Príncipe Heredero, y contigo hizo exactamente lo mismo".
El anciano letrado apartó la taza y su semblante se ensombreció: "Llevar tantos años como cortesano te ha enseñado con maestría cómo clavar el puñal en el corazón ajeno".
El anciano manifestó con pesar: "Aunque tuviste la fortuna de conservar la vida en medio de aquella tempestad, tu nombre fue purgado de los registros y se te prohibió ingresar en la carrera oficial de por vida. Sé que el compromiso del hermano Ruhui con el destino del mundo jamás se ha extinguido. Hoy en día, la Capital Oriental se halla sumida en turbulentas corrientes subterráneas: en el exterior acecha el Ejército de Chengzhao, mientras que en el interior se infiltran espías y deambulan oleadas de refugiados. Te ruego, hermano Ruhui, que me prestes tu auxilio".
Dicho esto, borró todo rastro de complacencia, se puso en pie para alisarse la ropa y el tocado y, con un semblante de severa solemnidad, se inclinó profundamente en una reverencia ceremonial.
El anciano letrado se mofó:
"¿Acaso el todopoderoso Gobernador Regente de la Capital Oriental carece de talentos útiles entre sus filas? Se ve que ese esclavo eunuco te tiene bastante acorralado".
El anciano permaneció inclinado, completamente inmóvil.
La expresión burlona del letrado se fue apagando poco a poco hasta disolverse en el mutismo.
Clavó la mirada en el anciano, pero sus ojos parecían atravesarlo hacia el vacío, presa de un instante de desconexión. "Hace mucho tiempo que perdí toda esperanza en la corte imperial. Ya se trate del imperio o de las vidas del pueblo llano, nada de eso me concierne ya. ¿Por qué forzar las cosas, hermano Lu?".
El anciano de apellido Lu guardó silencio por unos instantes y suspiró con resignación:
"En fin, cada cual tiene sus propias aspiraciones y no se puede forzar la voluntad ajena".
De súbito, cambió de tono: "Hermano Ruhui, recuerdo que en aquel entonces, cuando el Príncipe Heredero se quitó la vida ingiriendo veneno en el Palacio Oriental, sus escoltas de mayor confianza huyeron de Chang'an protegiendo a su hijo pequeño. En medio de aquella sangrienta persecución, no pocos héroes del Jianghu custodiaron la comitiva para abrirles paso. Entre ellos se encontraba una mujer consumada en las Artes Mohistas, cuyas habilidades eran prodigiosas. En ese entonces, tú también formabas parte de los fugitivos...".
Antes de que terminara la frase, el anciano letrado lo interrumpió tajante: "Cosas de un pasado remoto, ¿qué sentido tiene removerlas?".
Sus palabras traslucían un recelo indisimulable.
El anciano clavó los ojos en él y prosiguió:
"Hay algo que el hermano Ruhui ignora. Más tarde, esa mujer irrumpió en el mismísimo palacio imperial para exigirle a Su Majestad pistas sobre el tesoro de Mingzong. Ha llegado a oídos de este servidor que ella portaba una prueba fidedigna vinculada al tesoro imperial de Mingzong. Tú viajaste con ella en aquel entonces, ¿acaso conoces los pormenores?".
El anciano letrado bajó la cabeza para dar un sorbo de agua y contestó: "Por aquel entonces yo no era más que un funcionario insignificante, incapaz de empuñar la pluma con brillantez o de blandir la espada con destreza; no hacía más que dejarme arrastrar por la marea. Esa mujer era un talento prodigioso a quien ni la guardia imperial pudo contener. ¿Cómo se habría rebajado a revelarme semejantes secretos a mí?".
El anciano no se pronunció al respecto.
Ambos apuraron el agua de sus cuencos en medio de un pesado silencio. Al cabo de un momento, el visitante se incorporó y dijo: "Su Majestad Imperial ya es de edad avanzada y la salud del Dragón declina con cada jornada. Las aguas de la corte imperial están revueltas. Si estás dispuesto a ponerte bajo mis órdenes para forjar méritos, te garantizo una recomendación para que seas rehabilitado por la corte, limpiando tus antiguas condenas para que puedas comenzar de nuevo. Este servidor tiene una infinidad de asuntos que atender, de modo que no me demoraré más. Búscame cuando gustes".
Salió de la vivienda con paso pausado, mientras a sus espaldas resonaba el murmullo lúgubre del anciano letrado:
"Los fuegos de la guerra se alzan por doquier en tiempos convulsos,
los generales acaparan tropas ansiando proclamarse reyes.
Las facciones se degüellan entre sí bajo el brillo apagado de las hojas,
en los portales bermejos sobra la carne y el vino, mientras en los campos se hielan los huesos desvalidos.
Los eunucos usurpan el poder rigiendo la ruina y el apogeo,
el Hijo del Cielo inclina la frente sin atreverse a alzar la voz.
Todos los que visten galas cortesanas son bestias con ropajes,
fariseos de porte recto que destruyen el orden natural...".
……
El plan de estudios en la Academia Daoísta era sumamente metódico. Por las mañanas se impartían dos sesiones magistrales dedicadas exclusivamente a los Cuatro Clásicos, lo que constituía el "Dao".
Por las tardes había dos clases destinadas al estudio de saberes complementarios, que abarcaban talismanes, adivinación, respiración y absorción de energía, técnicas de puño, medicina, historia y alquimia, lo que constituía el "Arte".
Lianyangzi, proveniente de la Escuela del Norte, instruía por las tardes a los discípulos en técnicas de fortalecimiento corporal, ejercicios para prolongar la vida y los preceptos doctrinales de la Escuela del Caldero de Alquimia.
"El Gran Sendero del Caldero de Alquimia toma el cielo y la tierra por horno, el Yin y el Yang por carbón, y la esencia, el Qi y el espíritu por medicina, templando el gran elixir en la propia carne mortal. Por tanto, primero se cultiva la vida corporal y luego la naturaleza espiritual, consumando el cultivo dual del cuerpo y el espíritu...", recitaba Lianyangzi meciendo la cabeza con deleite, embriagado por sus propias palabras.
Los estudiantes, que permanecían formados en postura de estaca, escuchaban con la mente envuelta en brumas, comprendiendo apenas a medias.
Huangfu Yi, que sostenía su postura en equilibrio sobre una sola pierna como un gallo de oro, alzó la mano y preguntó:
"Erudito Asistente, si ambas pertenecen a la Escuela del Caldero de Alquimia, ¿por qué la Escuela del Norte exige la abstinencia mientras que la Escuela del Sur practica el cultivo dual? Proviniendo del mismo tronco, ¿por qué sus métodos de cultivo son tan diametralmente opuestos?".
Lianyangzi frunció el ceño y respondió con sequedad:
"Este humilde servidor proviene de la Escuela del Norte. Solo hablo del método del elixir dorado y de ninguna otra cosa".
Resultaba evidente que albergaba ciertas reticencias y prefería no profundizar en el asunto.
Huangfu Yi insistió: "¿Cuál de las dos escuelas es superior, la del Norte o la del Sur?".
Lianyangzi soltó de manera instintiva:
"La Escuela del Norte templa el gran elixir en la propia carne mortal, lo cual constituye el sendero resplandeciente y ortodoxo. En cambio, la Escuela del Sur refina las dos energías del Yin y el Yang para condensar un elixir ilusorio del espíritu primordial, lo que no es más que un atajo heterodoxo y desviado".
Todos los discípulos exclamaron a coro: "¡Oooooh!".
Lianyangzi montó en cólera y derribó a Huangfu Yi de una bofetada: "¡Siempre tienes que ser tú el de la lengua larga!".
En ese instante, Yan Shixu, que se había mantenido cauto y procurando reducir al mínimo su presencia, intervino de improviso:
"Haber escuchado hoy las palabras del Erudito Asistente supera con creces diez años de lectura de textos sagrados. No obstante, el Gran Sendero del Elixir Dorado resulta en extremo críptico y profundo; aun habiendo obtenido el primer puesto en las listas, me hallo completamente sumido en la niebla. Tengo el firme propósito de profundizar en las artes alquímicas, por lo que ruego al Erudito Asistente que se digne a instruirme".
En la Gran Dinastía Sheng, los letrados y caballeros refinados gustaban de ingerir elixires y practicar la alquimia, por lo que manifestar inclinación hacia dichas artes era considerado de lo más natural.
Había pronunciado esas palabras con la intención de ganarse la simpatía de Lianyangzi y preparar el terreno para conseguir más adelante el Arte del Elixir Interno.
Al escucharlo, el rostro de Lianyangzi se iluminó de complacencia:
"Si deseas aprender las artes del elixir, puedes buscarme en la sala de alquimia".
……
El crepúsculo descendió, marcando el fin de otra jornada.
El manto nocturno cubrió la tierra y el calor sofocante del verano comenzó a menguar.
En el apacible patio, el fuego del fogón crepitaba con vigor. Los tres muchachos estaban sentados alrededor de la mesa de piedra bebiendo té a la espera de que la sopa de pescado terminara de cocerse.
Un pequeño pájaro negro revoloteó hacia el interior del patio, ocultándose entre el frondoso follaje de una acacia.
De pronto, Huangfu Yi comentó:
"La sopa de pescado es deliciosa, pero tomarla a diario se vuelve aburrido. ¿Por qué no asamos un pájaro para comer?".
'¡Cómete a tu madre!', maldijo Yan Shixu para sus adentros antes de rechazar la idea en voz alta: "Un pajarillo tan adorable, ¿por qué habrías de comértelo? El hermano Ziyao salta los muros a menudo para salir, ¿por qué no traes algunos manjares de los burdeles a la vuelta?".
Huangfu Yi rio con picardía: "Ay, Boheng, ahí demuestras lo poco que entiendes de la vida. La comida traída de fuera no requiere fregar ollas ni lavar cuencos, ¿acaso eso no perjudicaría el cultivo del hermano Gao?".
En los últimos dos días, cada vez que a Huangfu Yi se le presentaba una faena doméstica, se la encomendaba como un ruego al monje Gao Mei.
Prácticamente utilizaba al monje como si fuera una doncella servicial salida de una leyenda popular.
En ocasiones, Yan Shixu también se dejaba arrastrar por la corriente.
El monje Gao Mei conservó el rostro impasible: "¿Y encima tengo que darte las gracias?".
"No hay de qué, no hay de qué", contestó Huangfu Yi guiñándole un ojo con descaro. "Hermano Gao, cuando decidiste cultivar el Sello de la Concesión de Deseos, ¿tu intención primordial no era acaso llegar al día en que pudieras formular el gran voto de que reine la paz en el mundo?".
El monje Gao Mei lo examinó con detenimiento de arriba abajo. Con genuina sorpresa, inquirió: "¿Hasta eso has sido capaz de adivinar?".
Huangfu Yi rio complacido: "Siempre he sido extraordinario leyendo las expresiones ajenas. Mi padre decía que poseo madera de primer ministro, aunque mi erudición es bastante mediocre, razón por la cual me despachó a estudiar aquí. El hermano Gao alberga grandes aspiraciones, es un hombre íntegro y noble, de modo que sus intenciones no son difíciles de discernir. En cambio, los pensamientos de Boheng son insondables; hasta el día de hoy soy incapaz de descifrarlo".
Yan Shixu, al verse mencionado de improviso, se quedó atónito.
El monje Gao Mei no pudo evitar clavar la mirada en él: "¿Por qué lo dices?".
Huangfu Yi explicó: "De los tres, Boheng es el más joven, pero también el que despide una mayor pesadez de anciano. Cuando Li Yanzhen te provocó, lo ignoraste; los debates doctrinarios que tanto apasionan a los jóvenes no te despiertan el menor interés. Los burdeles y las tabernas tampoco te atraen. Pareces un viejo cascarrabias sin gracia alguna".
El monje Gao Mei asintió con la cabeza y añadió: "Anteayer, las palabras del Erudito Wangji me hicieron incurrir en el precepto contra la ira, y lo mismo le ocurrió al resto de los discípulos en la sala. Sin embargo, los pensamientos de Boheng permanecieron diáfanos e inalterados, como si ya hubiera presenciado todas las verdades del mundo y tuviera el universo bajo su control. No hace alardes ni cae en la soberbia. No parece en absoluto un muchacho joven; se asemeja más a esos intrigantes ambiciosos de la corte de Chang'an que ocultan su agudeza y soportan cualquier afrenta con paciencia".
A Yan Shixu casi se le atraganta el sorbo de té que tenía en la boca. Se apresuró a intervenir:
"Crecí en la miseria desde niño, y los rigores de la vida limaron todas mis asperezas. Les ruego a mis dos hermanos mayores que no me maten a elogios".
En lo más profundo de su ser experimentó una punzada de alarma al percatarse de que destacaba en exceso sobre los demás.
En un principio había creído que manteniendo un perfil bajo conseguiría reducir su presencia al mínimo, pero había pasado por alto un detalle crucial: los discípulos de esta era eran, al fin y al cabo, jóvenes en la flor de la vida, orgullosos de sus virtudes y pagados de sí mismos. Tanto en vivencias personales como en experiencia mundana o amplitud de miras, estaban a una distancia sideral de poder compararse con un zorro curtido en el entorno laboral como él.
A eso se sumaba el colosal abismo temporal y cultural existente entre una sociedad agrícola tradicional y una civilización industrial.
Su templanza madura y su discreción, paradójicamente, lo hacían resaltar entre la multitud de estudiantes como una grulla en un corral de gallinas.
Quizás los extraños aún no lo percibían con claridad, pero Gao Mei y Huangfu Yi, que compartían el día a día con él, ya habían comenzado a notar la anomalía.
A medida que pasara el tiempo, los demás discípulos terminarían dándose cuenta también.
'Tengo que fabricarme una fachada creíble cuanto antes...'.
Tampoco es que tuviera muchas opciones. Desde su llegada a este mundo hacía poco más de medio mes, la primera regla de supervivencia que había aprendido a rajatabla era pasar inadvertido.
Solo conteniendo el temperamento y limando las aristas podría integrarse sin peligro en la sociedad de esta época.
En ese momento, la sopa de pescado terminó de cocerse.
Yan Shixu aprovechó la oportunidad para desviar la conversación: "A tomar sopa, a tomar sopa".
Una vez saciado el apetito, regresó a su habitación y atrancó la puerta con cuidado. Xueyi permaneció agazapada entre el follaje del árbol hasta que el monje Gao Mei terminó de fregar las ollas y los cuencos y se retiró a su cuarto a descansar.
Solo entonces entró revoloteando por el marco de la ventana y anunció de inmediato con inmenso alborozo:
"¡He robado otra!".
Acto seguido, regurgitó una pastilla del tamaño de una haba amarilla, empapada en saliva.
Sobre el escritorio se alineaban ya seis bolitas amarillas idénticas, todas sustraídas por Xueyi a lo largo de la tarde.
Yan Shixu sintió una mezcla de asombro y zozobra: "¿Tantas? ¿Acaso saqueaste el lugar entero?".
Todas ellas habían sido refinadas a partir de medicinas espirituales de valor incalculable. Si se robaban tantas de golpe, ¿no acabarían persiguiéndolo a muerte más adelante?
Xueyi comenzó a dar saltitos orgullosos sobre el escritorio mientras presumía: "En la sala de alquimia nunca entra nadie, robé todo lo que quise".
"Buen pájaro, buen pájaro", la elogió Yan Shixu acariciándole la cabecita. "Duerme un rato; cuando llegue la medianoche, te sacaré a pasear".
Esta noche debía reunirse con el contacto de Xingchadu, de modo que se abstuvo de ingerir las píldoras y se sentó con las piernas cruzadas a realizar sus ejercicios de visualización.
……
A la hora Zi, la noche se sumió en un silencio sepulcral.
El firmamento lucía apenas un puñado de estrellas dispersas, y una media luna solitaria pendía en el confín del cielo.
El comedor de la academia se encontraba sumido en la más absoluta penumbra, con la puerta entornada.
En lo alto del tejado, el pequeño pájaro negro emitió repentinamente un par de graznidos de aviso. Una silueta cruzó el portal circular de acceso al patio y se detuvo en el centro del recinto.
La figura iba vestida de riguroso negro, con el rostro cubierto por una tela y el cabello envuelto en un paño, dejando al descubierto únicamente los ojos.
Clavó la mirada en la puerta entreabierta, oteando hacia las profundidades oscuras del comedor, y susurró con voz contenida: "Mayor, he llegado".
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 25 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.