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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 24 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Huangfu Yi tenía una expresión de absoluta desgracia. "Ni me lo recuerdes. Al saltar el muro para volver a la academia, me torcí el pie." Yan Shixu se acercó con fingida preocupación en el rostro. "A ver, déjame mirar. ¿Es muy grave?" Huangfu Yi se levantó la falda de la túnica, se subió la pernera del pantalón para mostrar el tobillo y dijo, haciendo muecas de dolor: "Mira nada más, está hinchadísimo." El tobillo, en efecto, presentaba una hinchazón evidente con un leve hematoma amoratado. "Ven, te ayudo a ir a lavarte", ofreció Yan Shixu. Sin darle tiempo a replicar, hizo ademán de sostenerlo por el costado y, con calculada torpeza, le apretó el hombro con firmeza. Huangfu Yi no mudó el semblante; no había el menor rastro de dolor por alguna herida oculta. Una vez que los tres terminaron de asearse, Huangfu Yi le prometió un gran voto budista al monje Gao Mei a cambio de que le sirviera de montura. Resignado, el monje no tuvo más remedio que cargarlo a la espalda rumbo al refectorio. En el trayecto se toparon con numerosos estudiantes, y para sorpresa de Yan Shixu, todos se acercaban a manifestar su solidaridad. "Hermano Ziyao, ¿qué te ha ocurrido?" "¡Vaya torcedura! Cuida de tu salud y no olvides pedirle al Erudito Asistente un poco de licor medicinal para los golpes." "¡Ay, hermano Ziyao! ¡La torcedura está en tu pie, pero el dolor en mi corazón!" "..." Huangfu Yi respondía a cada uno con una sonrisa afable. Yan Shixu contemplaba la escena boquiabierto. "¿Y a todos estos qué les pasa de pronto?" Apenas la mañana anterior, cuando Li Yanzhen se había burlado de él llamándolo donjuán de burdeles, esa misma multitud se había sumado a las risotadas. Huangfu Yi, recostado sobre el hombro del monje, ladeó la cabeza hacia él y sonrió: "Al fin y al cabo somos compañeros de clase, ¿no? Llevarse bien con todo el mundo es lo más natural." Yan Shixu no pudo evitar mirarlo de arriba abajo un par de veces más. Aparte de ser un descarado y un destructor consumado del reglamento escolar, ¿este sujeto resultaba ser también un prodigio de las relaciones sociales? Al llegar al refectorio y cruzar la puerta de luna, Yan Shixu echó una mirada discreta a la pared donde estaba la señal secreta. La contraseña seguía intacta. Tras despachar el desayuno, los tres regresaron a los aposentos para recoger sus cajas de libros. El monje Gao Mei volvió a cargar a Huangfu Yi, este llevaba la caja a sus espaldas y Yan Shixu marchaba al frente abriendo el paso. Salieron del área de dormitorios y avanzaron por la galería de tejas azules que conducía a las aulas de la academia. De pronto, Huangfu Yi clavó la vista más allá de las columnas del corredor y murmuró con tono embelesado: "Qué hermosura..." Yan Shixu y el monje Gao Mei dirigieron la mirada al unísono hacia la explanada del Salón Tianyuan. Dos mujeres ataviadas con túnicas daoístas caminaban juntas por la amplia plaza exterior. Una de ellas poseía la frescura radiante de una flor de melocotón en primavera; la otra lucía un porte tan sereno y distante como la escarcha de invierno. La brisa matutina mecía con suavidad sus largas cabelleras oscuras, un vaivén sutil que parecía colarse directo en el pecho de los jóvenes letrados, provocándoles un cosquilleo imposible de ignorar. Eran, sin lugar a dudas, las dos hermanas marciales mayores que Yan Shixu había visto el día anterior. No pocos estudiantes detuvieron el paso en seco, contemplando aquel paisaje viviente con la mirada perdida en la fascinación. Huangfu Yi era incapaz de apartar los ojos. Bajando la voz, susurró: "Ayer mismo escuché a los alumnos veteranos decir que este año había llegado a la academia una Erudita Asistente de belleza legendaria, procedente de la Escuela del Sur de la Escuela del Caldero de Alquimia. Al principio no lo creí. Con la cantidad de bellezas que abundan en los burdeles de Chang'an y en las tabernas de doncellas extranjeras, ya estaba hastiado de verlas... pero ahora no me queda más remedio que tragarme mis dudas." '¡Qué falta de dignidad!', pensó Yan Shixu. Curtido por años de retoques fotográficos e inteligencias artificiales en su vida pasada, su resistencia ante los encantos femeninos era formidable. Empujó al monje Gao Mei para que reanudaran la marcha. "¿Eh? ¿De la Escuela del Sur?", balbuceó de repente, frenando en seco. "¿¡Ambas son de la Escuela del Sur!?" Si la memoria no le fallaba, ¡la Escuela del Sur era la que practicaba el cultivo dual! Huangfu Yi asintió con entusiasmo. "En la Escuela del Norte están prohibidas las mujeres, se prohíbe el matrimonio y jamás aceptan discípulas. Me pregunto si estas dos honorables Eruditas Asistentes ya contarán con un compañero de cultivo dual." El monje Gao Mei intervino al instante para echarle un jarro de agua fría: "Las exigencias de la Escuela del Sur para elegir una pareja de cultivo dual son rigurosas al extremo. Sean hombres o mujeres, rara vez eligen a alguien que provenga de fuera de su linaje." "Eso ya lo sé de sobra", replicó Huangfu Yi sin desanimarse en lo más mínimo, lleno de emoción. "He oído que el cultivo dual permite extraer y refinar el Qi del Yin y del Yang. Si lo practica un mortal común, fortalece su cuerpo y prolonga sus días; si lo practica un guerrero marcial, su cultivo avanza a pasos agigantados. ¡Aprender el arte del cultivo dual es mi verdadera meta en esta vida!" Yan Shixu y el monje Gao Mei se quedaron pensativos ante sus palabras. El cuerpo docente en activo de la Academia Daoísta estaba compuesto por un Gran Erudito y tres Eruditos Asistentes, quienes se turnaban para impartir las lecciones. El instructor programado para ese día era el Erudito Asistente de la Escuela del Norte de la Escuela del Caldero de Alquimia, precisamente el maestro al que Yan Shixu más esperaba conocer. Llevaba bastante tiempo codiciando el afamado Método de Nutrición del Qi de la Escuela del Norte. Al llegar la Hora Chen, los nuevos alumnos tomaron asiento en el aula, dispusieron pinceles, tinta, papel, tinteros y sus textos canónicos, pero quien apareció no fue el Erudito Asistente de la Escuela del Norte, sino un empleado subalterno de la academia. "El señor Erudito Asistente solicita la presencia de todos ustedes frente al Salón Tianyuan", anunció el empleado con voz clara y potente. Desconcertados, los estudiantes no tuvieron más opción que guardar sus útiles y marchar en fila hacia el Salón Tianyuan. Frente al imponente edificio, una figura corpulenta aguardaba bajo la luz del sol matutino con los brazos cruzados sobre el pecho. Medía cerca de un metro noventa, rondaba los cuarenta años y sus músculos macizos tensaban la tela de su túnica exterior. Llevaba el cabello recogido con una horquilla de madera rústica y una barba incipiente, dura y cerrada, le cubría la mandíbula. Aquello distaba mucho de parecer un sacerdote daoísta o un maestro; tenía más bien el porte fiero de un espadachín rudo acostumbrado a beber sangre en el Jianghu. Cuando los alumnos terminaron de congregarse, el robusto daoísta alzó la voz como un trueno: "Este humilde servidor es Lianyangzi. Llegué ayer a la Academia Daoísta para asumir el cargo de Erudito Asistente. A partir de hoy, todas mis lecciones se llevarán a cabo en la explanada del Salón Tianyuan." Los estudiantes intercambiaron miradas de perplejidad. Li Yanzhen dio un paso al frente y preguntó, confundido: "¿Acaso el señor Erudito Asistente pretende que estudiemos los clásicos de pie?" Lianyangzi, acariciándose la dura barba, respondió con frialdad: "No. De pie, no." Los jóvenes apenas comenzaban a respirar aliviados cuando la voz potente del instructor los sacudió de nuevo: "Lo harán manteniendo la postura de estaca." '¿¡Qué!?' Una procesión de signos de interrogación cruzó por la mente de todos los presentes. Lianyangzi sentenció con tono solemne: "Para cultivar el saber y buscar el Dao, la base primordial es el vigor físico. Si los huesos y la carne son débiles, el espíritu y el Qi decaen. Si el espíritu y el Qi decaen, la sabiduría profunda de los clásicos jamás calará en ustedes. Si ni siquiera son capaces de templar y mantener firme su propio envoltorio mortal, viviendo aletargados y débiles a todas horas, ¿de qué les servirá tener diez mil volúmenes entre las manos?" Aquellos jóvenes tampoco eran blandos de carácter, y las objeciones no tardaron en surgir: "Desde tiempos inmemoriales jamás se ha oído hablar de estudiar textos manteniendo la postura de estaca." "Comprender el Dao exige quietud mental; leer requiere un corazón sereno. ¿Cómo pretende que alcancemos el conocimiento si el cuerpo está sometido a semejante agotamiento?" Sin pronunciar una sola palabra, Lianyangzi se acercó a un incensario de bronce que le llegaba a la cintura, lo aferró con un solo brazo y lo levantó en el aire sin el menor esfuerzo. Con una sonrisa burlona, resopló: "Si alguno de ustedes no desea acatar la disciplina, les advierto que este humilde servidor también conoce un par de cosas sobre el uso de los puños." En un instante, todos los estudiantes doblaron las rodillas y hundieron la pelvis en una postura de caballo. Huangfu Yi se apresuró a intervenir: "Maestro, tengo las piernas lastimadas." Acto seguido, se levantó la túnica para mostrarle el tobillo vendado e hinchado a Lianyangzi. El corpulento daoísta examinó la lesión y asintió levemente. "En tu caso no hace falta que hagas lo mismo que ellos. Puedes mantener la postura de estaca sobre una sola pierna." Huangfu Yi abrió los ojos de par en par: "¿¡Qué!?" '¿Todos los maestros de esta academia tienen personalidades tan extravagantes?', pensó Yan Shixu mientras hundía la cintura y flexionaba las rodillas, pasando desapercibido entre la multitud sin mostrar habilidad alguna. Aprovechó la posición para recorrer con la mirada a sus compañeros, observando con detenimiento quiénes poseían una base en el Sendero Marcial. Justo cuando se rompía la cabeza pensando en cómo identificar a los dos espías que habían resultado heridos la noche anterior, el maestro acababa de regalarle una asistencia providencial. Lianyangzi comenzó a pasearse alrededor del grupo como un instructor de instrucción militar, corrigiendo posturas a diestra y siniestra mientras su boca no paraba de hablar: "En la antigüedad, cuando los diversos reinos luchaban entre sí y las Cien Escuelas florecieron a la vez, casi todas terminaron dispersándose en el olvido común. Solo el linaje de nuestro Daoísmo ha perdurado hasta hoy, transmitiéndose sin cesar de generación en generación. Y esto es así porque las demás escuelas usaban las técnicas para gobernar el Dao, mientras que nosotros usamos el Dao para gobernar las técnicas. Con el estudio ocurre exactamente lo mismo: las intrigas y las tácticas no son más que simples técnicas; los ideales y convicciones que guardan en el corazón son el verdadero Dao. Los Cuatro Clásicos del Daoísmo son profundos y complejos, pero una vez comprendidos a fondo, lo único que enseñan es cómo encontrar el camino propio de cada uno." Huangfu Yi, tambaleándose peligrosamente sobre un solo pie, jadeó: "Señor Erudito Asistente... ¿es verdad que la Escuela del Norte posee un elixir dorado capaz de hacer brotar carne en huesos muertos y resucitar a los difuntos?" Lianyangzi lo miró de reojo. "También he oído el rumor, pero jamás lo he comprobado. ¿Qué te parece si ahora mismo te muelo a golpes hasta matarte y probamos si de verdad puede devolverte la vida?" "No... no hace falta molestarse tanto..." "¡Entonces cierra la boca y concéntrate en escuchar la lección!" El instructor comenzó a desglosar los pasajes canónicos y a interpretar el sentido de las escrituras. Su voz poseía una cadencia firme que atrapó a los estudiantes; cautivados por sus palabras, muchos empezaron a olvidar el dolor lacerante que les quemaba los muslos. De pronto, Lianyangzi frunció levemente el ceño. Se detuvo en seco frente a Yan Shixu y lo miró fijamente a los ojos. Yan Shixu le devolvió una mirada de estudiante universitario completamente limpia e inocente. "Maestro daoísta, ¿hago mal la postura?" Lianyangzi no pronunció palabra; dio media vuelta y continuó caminando. El sol fue ascendiendo en el firmamento. Poco a poco, las fuerzas de los jóvenes comenzaron a flaquear; algunos caían desplomados sobre el suelo, otros se sentaban con las piernas cruzadas bañados en sudor. El único que permanecía inmóvil como una roca en medio de la plaza era el monje Gao Mei. 'Vaya manera de aparentar que tienen todos...', pensó Yan Shixu, fingiendo no dar más de sí para dejarse caer al suelo con las piernas cruzadas, jadeando ostensiblemente. Tras un breve respiro, Lianyangzi fue pasando entre ellos para ponerlos en pie a base de patadas ligeras en los costados, obligándolos a reanudar la postura de estaca una y otra vez. ... Al llegar la Hora Wu, comenzó el intervalo de descanso que se extendía hasta la Hora Wei, destinado al almuerzo y a recuperar el aliento. Castigados por toda una mañana de tormento físico, los novatos arrastraron sus adoloridos cuerpos hasta el refectorio y se lanzaron sobre la comida para devorarla con desesperación. Al terminar de almorzar, Yan Shixu cruzó de nuevo la puerta de luna. Simulando girar el rostro para charlar con Huangfu Yi, desvió la vista hacia la marca secreta. La Señal de las Siete Estrellas del Carro del Norte había sido borrada. En su lugar, alguien había trazado un círculo hueco rodeado de llamaradas exteriores. A simple vista parecía un dibujo del sol. Sin embargo, Yan Shixu sabía con certeza que representaba a Yinghuo, el Fuego Titilante. Rojo y titilante como una llama, aquel símbolo anunciaba la calamidad... y una petición desesperada de auxilio. ¡El infiltrado de Xingchadu estaba pidiendo ayuda! 'Esta mañana todo estaba en orden. ¿Qué demonios pudo haber pasado en medio día? Es imposible que los espías ocultos entre los novatos se hayan atrevido a actuar a plena luz del sol.' Sin alterar el semblante, apartó la mirada y siguió conversando con calma con sus compañeros de cuarto. Al volver a los aposentos, el monje Gao Mei se sentó en silencio a meditar, mientras que Huangfu Yi, a pesar de cojear visiblemente, salió de nuevo para seguir cultivando amistades entre los pabellones vecinos. Yan Shixu se sentó frente a la ventana, donde las sombras de las ramas bailaban sobre el alféizar, esperando el regreso de Xueyi. \*¡Flap, flap, flap!\* Un pequeño pájaro de plumaje negro se posó discretamente entre el follaje de una acacia del patio. Tras cerciorarse de que nadie vigilaba los alrededores, batió las alas y se coló con presteza por la ventana abierta. En el pico traía enrollado un diminuto mensaje confidencial. "No habrás hablado delante del viejo, ¿verdad?", preguntó Yan Shixu en un susurro mientras recibía la tira de papel que el ave escupía en su mano. "Para nada", respondió Xueyi antes de dar un par de saltitos y meter el pico dentro de una taza de té para beber con avidez. Yan Shixu no desenrolló la carta de inmediato. Preguntó en voz baja: "El hombre vestido de negro con el que te topaste anoche, ¿tenía el pie lastimado?" Xueyi ladeó la cabeza tratando de recordar y luego negó con firmeza. "Se sujetaba el pecho y corría dando traspiés, pero las piernas las tenía perfectamente sanas. Si hubiera estado cojo, ¿cómo iba a despistarme?" "Ya veo", murmuró Yan Shixu. Solo entonces desplegó la tira de papel para leer las instrucciones del Anciano Letrado Confuciano. El consejo del anciano era directo: si se presentaba una situación de verdadera necesidad, podía acudir al encuentro y coordinarse con él, pero desaconsejaba por completo revelar su verdadera identidad; lo más prudente era adoptar algún disfraz conveniente. Asimismo, la carta revelaba que Xingchadu contaba con cuatro facciones durmientes en Dongdu, encabezadas respectivamente por: el Letrado, el Pintor, el Médico Oficial y el Emisario del Inframundo. El Anciano Letrado Confuciano era, precisamente, el Letrado. Al momento de hacer contacto, debía averiguar sin falta a cuál de las cuatro facciones pertenecía el espía y qué zonas estaban bajo su mando, a fin de verificar su autenticidad. Al pie de la misiva, el anciano añadía una última pregunta con curiosidad manifiesta: quería saber desde cuándo tenía un ave como mascota y cómo se le había ocurrido la idea de emplearla como mensajera secreta. Yan Shixu trituró el papel en pedazos diminutos y los apretó en el puño. "Xueyi, acompáñame afuera un momento." El refectorio se hallaba en un rincón apartado de la academia; fuera de las horas de comida, no se cruzaba ni un alma por los senderos cercanos. El joven y el ave llegaron a las inmediaciones del comedor. Mientras Xueyi planeaba en círculos por las alturas para vigilar que nadie merodeara por los alrededores, Yan Shixu recogió una piedra del suelo. Trazó un círculo firme alrededor del símbolo de Yinghuo y dibujó a su lado la constelación de la Mansión Dou. La cita quedaba fijada: se verían esa misma noche, a la Hora Chou. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 24 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.