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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 22 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Boheng, ya es mediodía, hora de ir al comedor a almorzar". Yan Shixu despertó al instante. A su lado resonó la voz de Huangfu Yi: "Miren, apenas se menciona la comida, se despierta". Yan Shixu sentía el cuerpo lánguido y entumecido, con la frente perlada de sudor. Al mirar por la ventana, el sol abrasaba con furor y las sofocantes olas de calor estival se agitaban en el aire. Se sorprendió en su fuero interno: '¿Dormí desde la mañana hasta el mediodía? ¿Acaso los eruditos de la Academia Daoísta son tan tolerantes?'. Los estudiantes iban abandonando el aula de forma sucesiva. Yan Shixu se limpió la comisura de los labios y se dirigió al comedor junto a sus compañeros de habitación. Durante el trayecto, el monje Gao Mei guardaba un hermético silencio, visiblemente apesadumbrado. "¿Qué ocurre, hermano Gao?", preguntó Yan Shixu. El monje Gao Mei frunció el ceño con pesadumbre: "No concuerdo con las palabras del erudito, pero no consigo discurrir cómo refutarlas". Yan Shixu intuyó que se había perdido de una buena discusión y se apresuró a inquirir: "Cuéntame". Huangfu Yi, siempre presto de lengua, le relató de principio a fin las palabras del Maestro Daoísta Wangji. El núcleo del \*Sutra del Deambular Libre\* residía en el concepto del "olvido en meditación": desvanecer tanto el entorno como el propio yo, alcanzar la liberación espiritual absoluta y fundirse en la armonía indivisible entre el Cielo y el ser humano. En pocas palabras: cortar de raíz todo lazo con el polvo mundano. La noción del Erudito Wangji sobre "desprenderse de las responsabilidades" no carecía de fundamento, pero la exponía de manera descarnada y cruda. Si a los propios estudiantes les costaba digerirla, mucho menos podría asimilarla alguien como el monje Gao Mei, entregado en cuerpo y alma a salvar al mundo. Al reflexionar sobre esto, Yan Shixu recordó de pronto la valoración que el Magistrado Yang había plasmado sobre el Maestro Daoísta Wangji en los legajos de inteligencia: \*"Glotón y perezoso, cada día más mediocre, talento natural extinto"\*. '¿Será acaso una consecuencia de cultivar primordialmente el \*Sutra del Deambular Libre\*?'. La desidia nacía del convencimiento de que nada importaba: el país carecía de importancia, la familia carecía de importancia, la secta carecía de importancia, la reputación carecía de importancia... y así, uno se limitaba a tenderse y abandonarse a la inacción. ¿Acaso cuanto más profundizaba en ese cultivo, más "perezoso" se volvía, del mismo modo en que el monje Gao Mei era incapaz de rechazar las plegarias y anhelos ajenos? Al notar que el bonzo continuaba devanándose los sesos, Yan Shixu lo consoló: "Hermano Gao, basta con que transites tu propio sendero. ¿Qué necesidad hay de rebatirlo? Querer refutar a otros solo porque sus doctrinas discrepan de la tuya no es más que caer en la ira". El monje Gao Mei negó con la cabeza, manifestando su desacuerdo: "La verdad se esclarece con el debate; el Dao se clarifica con la discusión. Refutar no persigue aplastar al prójimo, sino afianzar la convicción del propio corazón". 'En este mundo coexisten miles de verdades; según las vivencias de cada quien, las revelaciones alcanzadas difieren. ¿Qué objeto tiene disputar por ello?'. Yan Shixu sonrió con indulgencia: "¡Tienes razón, toda la razón!". Por fin arribaron al comedor. El refectorio se emplazaba en un patio anexo hacia el este, con una fachada de siete crujías que formaba un recinto independiente. Mientras Yan Shixu transitaba el sendero de guijarros a punto de cruzar la puerta lunar, advirtió de repente un trazo sobre el encalado muro blanco: un pequeño dibujo que representaba las Siete Estrellas del Carro del Norte. La figura era diminuta y su trazo tosco, semejante a un garabato ocioso. Las pupilas de Yan Shixu se contrajeron de golpe. ¡Era la clave secreta de enlace de Xingchadu! Xingchadu empleaba constelaciones como señales de contacto: las Siete Estrellas del Carro del Norte simbolizaban "reunión secreta", mientras que las Seis Estrellas del Carro del Sur advertían peligro inminente y ordenaban la retirada inmediata. '¿Acaso hay otro agente de Xingchadu infiltrado en la Academia Daoísta?'. Sin mudar la expresión del rostro, cruzó la puerta lunar e ingresó al comedor. La dieta en la Academia Daoísta se componía esencialmente de platos vegetarianos; antes, a cada estudiante le correspondía un huevo de gallina cada cinco días, pero desde que las huestes de Chengzhao sitiaron la urbe y los precios se dispararon por las nubes, aquel privilegio había quedado cancelado. Huangfu Yi mordisqueó los palillos y susurró entre dientes: "¿Continuamos esta noche?". El monje Gao Mei meneó la cabeza: "Llamaría demasiado la atención". Huangfu Yi urdió otra ocurrencia traviesa: "¿Y si esta noche escalamos el muro para recorrer los burdeles?". El monje Gao Mei replicó: "El Qi de riñón del hermano Yan se encuentra deficiente; será prudente aguardar unos días de reposo antes de deliberarlo". Sorprendentemente, ni siquiera se había negado. Yan Shixu permanecía sumergido en sus propias cavilaciones, hilvanando conjeturas a velocidad vertiginosa: '¿Aparte de mí, habrá apostado el maestro a otro espía?'. No, ese no encajaba con el proceder meticuloso del Anciano Letrado Confuciano. De haber sido obra suya, se lo habría notificado con antelación para articular una coordinación mutua. 'Por lo tanto, ¿se trata de otro integrante de Xingchadu?'. 'Dongdu es colosal; resulta inviable que la red de inteligencia del maestro abarque la metrópoli entera por su cuenta. Xingchadu forzosamente debe albergar células independientes'. Ocurría exactamente igual en la Oficina de Asuntos de Inspección, donde cada barrio estratégico contaba con un inspector encargado de centralizar a los agentes encubiertos de su demarcación. La escala de Xingchadu distaba de equipararse a la del aparato estatal, por descontado, mas era absurdo pensar que el Anciano Letrado Confuciano fuese su único cabecilla. 'Que otra célula de Xingchadu pretenda apoderarse del Reloj de Sol de Mingzong no reviste extrañeza; sin embargo, que el anciano letrado no lo mencionase indica con claridad que las células tienen vedado el contacto recíproco. Y aun así, este individuo osó trazar la contraseña en pleno comedor, evidenciando una total falta de disciplina'. Tras sopesarlo, Yan Shixu resolvió desentenderse del asunto. No obstante, colocándose en la tesitura del otro, tantear el terreno con contraseñas para verificar la presencia de aliados sugería la inminencia de un operativo que requería apoyo de confianza. "¿En qué divagas tanto?", la voz de Huangfu Yi lo arrancó de su abstracción. "¿Dormiste toda la mañana y todavía no despejas la mente?". "Ya la despejé, ya la despejé". ... El sol poniente se precipitó tras los montes lejanos y arreboles solitarios tiñeron de bermellón el firmamento occidental. En la jornada inaugural de lecciones, el Erudito Wangji se ausentó de clase, dejando a los discípulos en estudio autónomo; una indulgencia difícil de concebir. Ante semejante holgura, tanto Yan Shixu como Huangfu Yi rebosaban de satisfacción; únicamente el monje Gao Mei rumiaba su pesar. Él había acudido allí con el firme anhelo de instruirse. Por la tarde, Yan Shixu retornó a los aposentos, se desplomó en el lecho y no despertó sino hasta el anochecer. Amparado en la fronda de las sóforas del patio, Xueyi penetró volando en la recámara. Yan Shixu le esparció un puñado de mijo. Xueyi apenas picoteó un par de granos y cesó de comer. "¿Tan marchito tienes el apetito?". Yan Shixu recogió al pájaro en la cuenca de su mano y lo examinó minuciosamente. "¡Suelta, suelta!", protestó Xueyi asestándole picotazos entre el pulgar y el índice. "Ya comí semillas de loto". "¿Y de dónde sacaría semillas de loto la Academia Daoísta?". "¡En el Monasterio Chongzhen abundan!". Yan Shixu sintió alivio: "Al final te las ingeniaste para saciarte... Por cierto, ¿quedan más píldoras?". Xueyi murmuró con aire conspiratorio: "Esta noche husmearé por ti". '¡Valió la pena mimarte!'. Yan Shixu le acarició la coronilla emplumada con el pulgar. Con el auxilio de aquellas píldoras, él, que ya rozaba el umbral de su cuello de botella, no demoraría en alcanzar rango en el cultivo. Consolidar la entrada en rango dentro del Sendero Marcial multiplicaría su poderío bélico a cotas incomparables. "Yan Shixu, la Academia Daoísta es soporífera, extraño mi hogar", gorjeó Xueyi correteando a brincos por el escritorio, calcado a un chiquillo mimado quejándose ante un mayor. "¿Por qué no lees un momento?". Yan Shixu desdobló un texto canónico daoísta. "¡No quiero, no quiero!". Xueyi desvió la cabecita con desdén. "Carece por completo de gracia". Para el entendimiento de Xueyi, los sutras daoístas resultaban, en verdad, áridos e inescrutables... Yan Shixu caviló unos instantes y tuvo una súbita ocurrencia: "En unos días visitaré el pabellón de libros y te conseguiré crónicas amenas y relatos populares". El penacho en la nuca de Xueyi se agitó alborozado: "¡Trato hecho, trato hecho!". Al caer la noche, el ave debía proseguir con el trazado del plano y vigilar los patrones de guardia del Monasterio Chongzhen, de suerte que no demoró su partida y hendió las alas hacia la oscuridad. Yan Shixu se entregó a ejercicios de respiración y contemplación interior en su cuarto. Transcurrida media hora doble, oyó crujir la puerta de madera contigua. La voz de Huangfu Yi resonó desde el umbral: "Boheng, escalemos el muro y vayamos a libar; corre por mi cuenta". Yan Shixu abrió los ojos en la penumbra y contestó con fingida languidez: "Ziyao, ya me he retirado a descansar". El rumor junto a la entrada enmudeció; al cabo de unos segundos, volvió a brotar la voz de Huangfu Yi: "Hermano Gao, acompáñame al burdel a beber; total, ya has retornado al siglo profano". "... En fin, partiré en solitario". El silencio se restableció por completo. Mucho después, un batir de plumas se filtró por el postigo. La pueril voz de Xueyi resonó en el alféizar: "Yan Shixu, ¡hallé el depósito de reliquias!". '¿Lo encontró?'. Yan Shixu se incorporó de un salto, se echó la túnica sobre los hombros, prendió la lámpara de aceite y acudió al escritorio. "¿De qué modo diste con él?", interrogó con recelo. "Mientras patrullaba hace un momento, divisé a un hombre embozado de negro infiltrándose en el Monasterio Chongzhen. Fui tras sus pasos y, de pronto, se esfumó. Aguardé largo rato sobre los tejados y reapareció justamente por el mismo punto donde se había desvanecido, ¡y venía malherido!", relató Xueyi henchido de agitación: "¡Seguro que franqueó el Pabellón de los Tesoros Escondidos! Si antes no lograba ubicarlo, ¡era porque resulta invisible a simple vista!". Yan Shixu reflexionó con presteza y acotó: "Afirmas que ese individuo de negro iba herido. Al escabullirse, ¿observaste hacia dónde enfiló?". Xueyi adoptó un tono confidencial: "Se internó en los bosquecillos de la Academia Daoísta. La enramada era tan intrincada que le perdí el rastro...". ¿Acaso el intruso era un discípulo de la propia academia? Bajo esa premisa, las probabilidades de que hubiese vulnerado el Pabellón de los Tesoros Escondidos cobraban tremenda fuerza. "No forzosamente el Pabellón de los Tesoros Escondidos; bien pudo irrumpir por desatino en algún otro enclave restringido", razonó Yan Shixu, resolviendo al instante: "Xueyi, debo corroborarlo con mis propios ojos". De haber penetrado en el Pabellón de los Tesoros Escondidos, aquello constituía una fortuna insólita: fijaría la ubicación exacta de su cometido sin rodeos. De haber caído en otra trampa letal, al menos le serviría para descartar peligros colaterales. Con todo, la incursión demandaba cautela extrema para no replicar el infortunio del hombre de negro. La cúpula celeste semejaba un manto colosal de terciopelo renegrido, tachonado de diamantes rutilantes. En el recinto de la academia imperaba un mutismo sepulcral, apenas alterado por algún subalterno ocasional que rondaba corredores y patios provisto de un farol. El Monasterio Chongzhen se alzaba hacia el noroeste de la Academia Daoísta. Salvando un muro perimetral de tres metros de altura, Yan Shixu, con el semblante cubierto, aterrizó con ligereza sobre el parterre al pie del lienzo de piedra. Xueyi guiaba la ruta desde las alturas, trazando un rumbo constante hacia el poniente. Cada vez que emergían clérigos en ronda nocturna, el ave modulaba dos trinos breves; Yan Shixu se guarecía a tiempo en la sombra y contemplaba desfilar a los sacerdotes con sus lámparas de papel. En el seno de la penumbra, santuarios, pabellones y estancias se erguían imperturbables. Habiendo burlado cuatro o cinco patrullas nocturnas mediante este ardid, Xueyi descendió en picado y se posó sobre su hombro: "Es aquí". Apuntó al frente desplegando un ala. Lo que se abría ante su vista era, a todas luces, un simple arriate vegetal poblado de árboles frondosos y verdes. 'Sin duda, se halla velado por una formación matricial...', musitó Yan Shixu en un susurro: "Xueyi, accederé en solitario. Mantén la vigilancia desde el exterior". Xueyi asintió dócilmente y susurró: "No traspases las puertas del edificio". "Descuida, no obraré con temeridad". Xueyi remontó el vuelo y Yan Shixu corrió en dirección al cuadro de vegetación. Al avanzar escasos metros, la estampa del entorno mutó con violencia: la vegetación y los árboles se esfumaron en la nada. En medio de una noche densa y plomiza, se alzaba un pabellón en austera soledad. La edificación medía tres niveles de altura, exhibiendo una arquitectura rigurosa, aleros curvos que apuntaban al firmamento y tejas plomizas superpuestas a modo de escamas. Puertas y ventanas permanecían cerradas a cal y canto, resguardadas por celosías tupidas que vedaban el panorama interior; sobre el vano del portal colgaba un letrero con tres caracteres: "Pabellón de los Tesoros Escondidos". '¡Lo encontré!'. La agitación sacudió de lleno a Yan Shixu. Fijado el blanco, la fase siguiente estribaba en planificar la infiltración. No obstante, refrenó todo impulso insensato; la huida herida del embozado advertía que las entrañas del Pabellón de los Tesoros Escondidos albergaban una mortífera celada. Era esa la causa por la cual el Monasterio Chongzhen prescindía de discípulos en guardia: los novicios comunes jamás resistirían los embates energéticos de semejante formación. Sin vacilación, Yan Shixu dio media vuelta y corrió hacia las tinieblas; no obstante, al girar la vista, advirtió que la mole del pabellón persistía inmutable a sus espaldas, exactamente igual que antes. Ni un codo más distante, ni un codo más cercano. "¿Mmm?". Yan Shixu frenó en seco los talones. Cesando el retroceso, procuró avanzar: del paso al trote, y del trote a una carrera frenética. Mas sin importar el denuedo con que arremetiera, el pabellón se erguía impertérrito frente a sus narices. Resultaba palmario que la formación no operaba únicamente como velo ilusorio, sino que desplegaba un laberinto espacial desconcertante. Con todo, Xueyi había atestiguado que el hombre de negro había irrumpido en línea recta sin tropiezos. En ese instante preciso, hendieron el aire dos gorjeos cristalinos y agudos. ¡La señal de alarma de Xueyi! Una ronda de sacerdotes patrulleros se aproximaba al sector. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 22 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.