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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 20 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Hermano Huangfu, en los dormitorios no hay pescado. Además, las normas de la academia prohíben estrictamente que los estudiantes sacrifiquen o cocinen carne por su cuenta", dijo Gao Mei negando con la cabeza. "En el estanque de los jardines traseros hay peces". Huangfu Yi señaló hacia el oeste. "Esta tarde, cuando paseábamos por el jardín, se me antojaron los peces de ese estanque. Si los atrapamos a escondidas y nos los comemos en secreto, ¿quién se va a enterar?". Gao Mei no respondió; se limitó a mirarlo con severidad desde su considerable altura. Yan Shixu notó cómo las venas en la frente del monje comenzaban a abultarse, como si estuviera conteniéndose al límite. Tras una prolongada pausa, el monje Gao Mei soltó un largo suspiro y dijo: "Está bien". Y, en efecto, se dio media vuelta y echó a andar hacia la salida del patio. '¿De verdad aceptó?'. Yan Shixu se quedó boquiabierto. Apresuradamente, señaló hacia la gran tinaja de agua y sugirió: "Hermano Gao, llévate un cubo de madera. Si te cruzas con alguien, puedes decir que saliste a sacar agua; además, servirá para esconder los peces". Tanto el monje Gao Mei como Huangfu Yi no pudieron evitar clavarle una mirada evaluadora. En cuanto el monje Gao Mei cruzó la puerta con el cubo en la mano, Huangfu Yi parpadeó y soltó una risita maliciosa con cara de quien acaba de salirse con la suya: "He oído por ahí que, si te topas con un maestro que cultiva el Sello de la Concesión de Deseos, cualquier anhelo que le pidas se cumplirá, siempre y cuando no sea demasiado desmedido". Al instante, Yan Shixu recordó las venas marcadas en la frente de Gao Mei; era evidente que se resistía internamente. '¿Acaso quienes cultivan el Sello de la Concesión de Deseos son incapaces de rechazar los deseos de los demás?'. Yan Shixu frunció el ceño: "Hermano Huangfu, esto no está bien". A Huangfu Yi no le importó en absoluto: "Yo consigo lo que deseo y él obtiene Poder de los Votos, ¿qué tiene de malo? Si le pedimos deseos a menudo, hasta ayudaremos a que progrese en su cultivo. Por ejemplo, desear que barra el patio, desear que acarree agua, desear que lave la ropa... Cuanto más intenso sea nuestro deseo, más Poder de los Votos cosechará él". En teoría sonaba como un beneficio mutuo. Sin embargo, Yan Shixu fue más allá en sus reflexiones: si se topaba con un enemigo, semejante mecanismo podía ser explotado con pasmosa facilidad. Huangfu Yi se levantó, se sacudió el polvo de las rodillas y dijo con tono solemne y paternal: "Boheng, te revelo estos secretos solo porque somos compañeros de cuarto. No se te ocurra aprovecharte de esto para intimidar al hermano Gao". '¡Nadie en este lugar tiene tan poca vergüenza como tú!'. Yan Shixu examinó a Huangfu Yi de arriba abajo y comentó: "El hermano Huangfu está bastante bien informado, sabes demasiado. En comparación, este primer puesto de la lista no es más que un ratón de biblioteca que solo sabe estudiar. Aparte de un talento desbordante, no tengo nada más". "Puedes llamarme Ziyao, no pasa nada". De pronto, Huangfu Yi se dio una palmada en la frente. "¡Ay, no podemos conformarnos solo con el pescado! Salgo un momento". Regresó a la habitación, se cargó la caja de libros a la espalda y salió a toda prisa como una exhalación. La noche había caído por completo; no había estrellas, solo una luna solitaria. Al cerciorarse de que no había moros en la costa, Yan Shixu se acercó con tranquilidad a la sombra del árbol, alzó la cabeza y llamó en voz baja: "Xueyi, Xueyi...". Un pajarillo negro, posado en una densa rama entrecruzada, no le hizo el menor caso. "Xueyi, Xueyi...". Mientras insistía, el batir de unas alas resonó en el cielo nocturno y otro pequeño pájaro negro cruzó la oscuridad para posarse sobre la mesa de piedra. Yan Shixu miró al pájaro que reposaba entre las sombras del árbol y luego al recién llegado, que lo miraba con ojos gélidos. Con una sonrisa incómoda, dijo: "Es que se parecen bastante...". Xueyi alzó el vuelo y se lanzó directamente contra su cara, reprendiéndolo con su aguda voz infantil: "¡Ni a tu propio pájaro reconoces! ¡Te voy a picotear hasta matarte!". Yan Shixu se cubrió la cabeza y empezó a correr de un lado a otro. Xueyi lo persiguió asestándole varios picotazos antes de espantar, visiblemente enfurruñado, al pájaro intruso que descansaba en la rama. Yan Shixu aprovechó la ocasión para cambiar de tema: "¿Lograste averiguar la ubicación del Pabellón de los Tesoros Escondidos?". "¡No lo encontré!", respondió Xueyi. '¿No lo encontró?'. Yan Shixu frunció el ceño con fuerza. "¿Te volviste a perder?". "¡Claro que no! ¿Cómo me iba a perder en un Monasterio Chongzhen tan diminuto?". Las arrugas en la frente de Yan Shixu se profundizaron todavía más. Una posibilidad cruzó por su mente: las artes en las que destacaba la Secta Chongzhen eran los talismanes y las formaciones. Si Xueyi no había logrado dar con el pabellón, era muy probable que hubiera quedado desorientado por alguna formación ilusoria. Si ni un pájaro podía encontrarlo desde el aire, mucho menos una persona a pie. Tras reflexionar unos instantes, Yan Shixu optó por el método más rudimentario: "Xueyi, vuela una vez más hacia el Monasterio Chongzhen. Cuando la noche sea más profunda, ven a mi habitación; te dejaré la ventana entreabierta". Poco después de que Xueyi se marchara volando, el monje Gao Mei regresó cargando el cubo de madera. En su interior nadaban dos carpas doradas. Unos minutos más tarde, Huangfu Yi apareció tambaleándose, con la caja de libros a cuestas y sosteniendo en la mano un hornillo de arcilla roja. "¡Échenme una mano, una mano!". Ambos salieron a recibirlo. Yan Shixu tomó el hornillo, cuyas brasas ya ardían con vigor desprendiendo vivas llamas rojizas. El monje Gao Mei, por su parte, tomó la caja de libros. Dentro había carbón envuelto en papel basto, una pequeña olla de cerámica, dos platillos de tofu, una ración de verduras encurtidas y condimentos variados como cebolleta, jengibre, ajo y mostaza. "¿De dónde sacaste todas estas cosas?", preguntó el monje con evidente asombro. "Del refectorio". "¿Las robaste?". Yan Shixu bajó la voz al límite. "¿Es que perdiste la cabeza?". Aquel tipo era una auténtica calamidad para el reglamento: el primer día de clases había llegado tarde por andar de burdeles y, llegada la noche, pretendía capitanear una carnicería clandestina en los dormitorios masculinos. Huangfu Yi alzó la barbilla y se rio con suficiencia: "Robar da demasiado trabajo; se las compré al encargado de cocina del refectorio. En este mundo, el dinero se comunica con los dioses, somete a los demonios y gobierna a los hombres; no hay nada que no pueda conseguir". Los tres se repartieron las tareas con celeridad: Yan Shixu se encargó de limpiar el pescado; Huangfu Yi asumió la labor de recibir un aletazo en la cara cuando uno de los peces dio un brinco; y el monje Gao Mei se ocupó de poner a hervir el agua. Muy pronto, la olla comenzó a borbotear con fuerza. Los encurtidos, el tofu y las carpas se fundieron en un guiso cuyo aroma abría el apetito de inmediato. Huangfu Yi repartió cuencos para todos. Sosteniendo la sopa humeante entre las manos y sintiendo la brisa de principios de otoño, una agradable sensación de despreocupación juvenil los envolvió por completo. Dando sorbos a la sabrosa sopa de pescado, Yan Shixu tanteó con cautela: "Hermano Gao, ese Sello de la Concesión de Deseos que cultivas... parece acarrear bastantes inconvenientes, ¿verdad?". El monje Gao Mei respondió: "El hermano Yan no pertenece al mundo del cultivo, por lo que ignora que todos los métodos del universo funcionan del mismo modo". Señaló el fuego que ardía bajo la olla y prosiguió: "Un cultivador puede canalizar el poder del cielo y de la tierra, pero esas fuerzas naturales poseen su propia índole innata. Es igual que esta llama: si deseas dominar el fuego, o incluso convertirte en fuego, eres tú quien debe adaptarse a él y transformarse en él. No será el fuego quien se acomode a ti para convertirse en lo que tú quieras". Yan Shixu se sumió en sus pensamientos: "Entonces, a medida que el cultivo se hace más profundo, uno se parece cada vez más al fuego...". 'En ese caso, cuanto más profundo es el cultivo de un mohista, ¿a qué se parece? ¿A una barra de hierro o a un madero?'. "Eso no tiene sentido", rebatió Huangfu Yi. "¿Por qué jamás he oído que a los artistas marciales se les asimile de esa forma?". El monje Gao Mei sentenció con calma: "Por esa misma razón el Sendero Marcial es tosco y superficial; no pasa de ser la fuerza bruta de hombres ordinarios". Yan Shixu, que también practicaba artes marciales, se sintió sumamente ofendido. "¡Ejem!". Carraspeó para disimular y desvió la conversación: "Agradezco a ambos su generosidad. No he hecho nada de provecho y aun así he disfrutado de semejante manjar; la verdad es que me da bastante vergüenza". Huangfu Yi agitó la mano con desdén: "No te preocupes. Si los eruditos nos descubren, te empujaremos al frente a ti. Eres el primero de la lista, así que serás tú quien cargue con la culpa". Yan Shixu: "..." '¡Maldita sea, no hay nadie más ruin que tú en este mundo!'. Las dos carpas desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos y el caldo fue apurado hasta la última gota. En el fondo de la olla solo quedaron algunos restos de encurtidos y dos esqueletos de pescado limpios. Huangfu Yi se palmeó el estómago con satisfacción: "Lleno". Los tres contemplaron los restos vacíos de la comida; ninguno tomó la iniciativa de hablar. Huangfu Yi desvió la mirada y, adelantándose a todos, exclamó con voz teatral: "¡Gran maestro, le ruego encarecidamente que recoja los cuencos y las ollas! ¡Es el único deseo que alberga este humilde hermano menor!". La comisura de los labios del monje Gao Mei se crispó de inmediato e involuntariamente dirigió la mirada hacia Yan Shixu. Yan Shixu reaccionó al instante y se inclinó con premura: "Gran maestro, este hermano menor comparte exactamente el mismo deseo". Al sentir el torrente abrumador de Poder de los Votos que emanaba de sus dos compañeros de cuarto, el rostro del monje Gao Mei adoptó una expresión de profunda amargura. ... Noche cerrada, una solitaria lámpara de aceite. A través de la ventana abierta, el pequeño pájaro negro aterrizó sobre el alféizar y dio un salto ligero hasta la mesa de estudio. Junto a la ventana, Yan Shixu cerró los postigos, extendió una hoja de papel basto y mojó el pincel en la tinta. Xueyi, erguido junto al papel, relató con su tierna voz: "Al cruzar el muro está el Salón Xuanlan. A izquierda y derecha hay dos pabellones laterales, y detrás hay otro salón más que se llama... se llama...". Siguiendo las indicaciones de Xueyi, Yan Shixu fue trazando un croquis preliminar. A medida que dibujaba, el asombro se apoderaba de él: el Monasterio Chongzhen estaba atestado de pabellones, hileras de aposentos y corredores que se entrecruzaban en todas direcciones. Llevaban casi media hora de trabajo y ni siquiera habían alcanzado la zona de descanso de los discípulos. "El Pabellón de los Tesoros Escondidos no estará en el sector de los salones frontales, ni tampoco en los dormitorios. Debería ubicarse en la parte media o trasera. Mañana concéntrate sobre todo en el sector posterior". La estrategia de Yan Shixu consistía en plasmar primero la distribución general del Monasterio Chongzhen en un mapa para luego, basándose en la función de cada edificación, acotar la zona probable del Pabellón de los Tesoros Escondidos. Una vez que la tinta se secó por completo, guardó el papel y utilizó su túnica exterior para improvisar un pequeño nido al borde de la cabecera de la cama. Se disponía a apagar la lámpara para dormir cuando sus dedos rozaron la píldora medicinal que Xueyi le había ofrecido durante el día. Casi la había olvidado. "Xueyi, ya la probaste antes, ¿verdad?", confirmó Yan Shixu una vez más. "¡Está riquísima, riquísima! Te llena todo el cuerpo de energía", aseguró el ave batiendo las alas dentro de su nido improvisado. Tranquilizado por la respuesta, Yan Shixu se metió la píldora en la boca y la masticó. Un regusto amargo a hierbas medicinales impregnó su boca sin disiparse. Tras esperar un momento sin notar ninguna alteración, Yan Shixu comentó decepcionado: "Pues no parece hacer nada de nada. A dormir, a dormir". De repente, una abrasadora oleada de calor brotó desde la parte baja de su abdomen; de inmediato, sus mejillas ardieron como ascuas y cada una de sus respiraciones se tornó sofocante y ardiente. Aquella corriente calórica comenzó a circular desbocada por el interior de su cuerpo, quemándolo con tal intensidad que la carne y los huesos le dolían sordamente. Yan Shixu agarró la jarra de agua y dio un trago apresurado, pero el calor no menguó en absoluto; al contrario, cobró la fuerza de un fuego al que le arrojan aceite. '¿Tanto poder tiene esta medicina?'. Su semblante cambió de golpe. Con el rostro encendido en un rubor escarlata y gruesas gotas de sudor resbalando por su frente, su respiración se volvió pesada y abrasadora. Al ver su estado, Xueyi asumió un tono de experto para instruirlo: "¡Rápido, ve a buscar una hembra para aparearte! Cuando los simios de la montaña comen demasiadas hierbas espirituales, corren desquiciados por los riscos o buscan una mona para aparearse, y así el efecto de la medicina se disuelve". "... ¿De dónde demonios voy a sacar una mona? ¡Digo, de dónde voy a sacar una mujer a estas horas!", espetó Yan Shixu, sintiendo que la cabeza le daba vueltas por la fiebre. Xueyi se alarmó al oírlo: "¿Ni siquiera eres capaz de encontrar una mujer? En las manadas de simios, solo los machos más inútiles son incapaces de conseguir una hembra con la que aparearse". "¡Cállate ya de una vez...!". Yan Shixu hundió la cintura adoptando una postura de arco y flecha y comenzó a lanzar golpes sucesivos; sus puños salían disparados como estocadas de una gran lanza. Las palabras de Xueyi le habían dado una pista crucial: lo importante era encontrar una vía para desahogar la potencia del fármaco. Lanzó golpes incansablemente. Cada impacto se sentía como el forjado y templado del hierro más puro; bajo su piel, los músculos se tensaban y ondulaban con la fuerza de un dragón en movimiento. Nadie sabría decir cuánto tiempo transcurrió hasta que, por fin, el torrente ardiente en su interior comenzó a disiparse. Yan Shixu quedó bañado en sudor, con la ropa empapada y un pequeño charco a sus pies. En su mente, podía "ver" vagamente cada uno de sus músculos, fibra por fibra, haz por haz, como si hubiera moldeado un sistema neuromuscular completamente nuevo. La marca inequívoca de haber ingresado a los rangos del Sendero Marcial era el dominio absoluto y la coordinación perfecta sobre cada centímetro de músculo del cuerpo. Ya tenía medio pie puesto dentro del escalafón formal. Para entonces, Xueyi se había acurrucado en el nido de ropa y dormía plácidamente. Agotado hasta la médula, Yan Shixu dio un trago de agua a duras penas y trepó a la cama con las cuatro extremidades temblando de fatiga. Apenas acababa de cerrar los ojos cuando los tablones de la puerta retumbaron bajo una serie de golpes secos. La irritante voz de Huangfu Yi llegó desde el exterior: "Boheng, ya es la hora Mao. Hora de levantarse para las lecturas matutinas". \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 20 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.