Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 19 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Yan Shixu no llevaba consigo el marcador de tiralíneas ni la saeta de manga; salió de la Academia Daoísta con las manos completamente vacías.
Junto a la Calle de la Encrucijada, frente al portón de la academia, aguardaba estacionada una carreta de bueyes de factura austera.
No se trataba del habitual carruaje de caballos provisto por las dependencias gubernamentales.
Yan Shixu se aproximó a paso mesurado y, apostado junto al vehículo, susurró: "¿Magistrado?".
La cortina se entreabrió por una esquina, revelando la mitad del rostro del Magistrado Yang, quien ordenó con voz gélida: "¡Sube!".
Yan Shixu pisó el varal, apartó la cortina de tela y se deslizó al interior del habitáculo.
Dentro, Yang Fashen, ataviado con ropajes suntuosos, permanecía sentado con rectitud marcial, expresión implacable y una presencia imponente.
Mantenía en todo momento aquella fachada pétrea e intimidante.
Apenas acababa de acomodarse Yan Shixu, antes incluso de que pudiera articular palabra, el Magistrado Yang atacó de improviso: le atenazó la garganta con la diestra y bramó con furia:
"¡Te atreves a engañarme!".
Un dolor punzante atenazó la garganta de Yan Shixu, provocándole arcadas involuntarias mientras la sangre se le agolpaba en el rostro, tiñéndolo de un carmesí violento.
Aquel magistrado de enjuiciamiento también era un formidable experto del sendero marcial.
"Ma... Magistrado, ¿a qué vienen estas palabras?", balbuceó Yan Shixu con dificultad.
"He estado al frente de la prisión y los suplicios durante décadas, tratando a diario con espías taimados e intrigantes; jamás imaginé que llegaría el día en que daría un traspié de este calibre, engañado por un ladronzuelo como tú". La mirada del Magistrado Yang era de hielo puro: "Si de verdad hubieras perdido la memoria, ¿cómo pudiste aprobar el examen de la Academia Daoísta y, por si fuera poco, coronarte en el primer puesto de la lista?".
"Obtener el primer puesto en una evaluación tan mediocre... ¿acaso es tan difícil?", replicó Yan Shixu, sofocado y con el rostro amoratado.
El Magistrado Yang no replicó, pero cerró los dedos con mayor fuerza.
Incapaz de tomar aire, a Yan Shixu le costó todavía más pronunciar cada palabra: "Si su señoría tiene la certeza de que no he perdido la memoria, entonces mátame de una vez".
"¿Crees que no me atrevería?", tronó el Magistrado Yang, consumido por la cólera.
Yan Shixu guardó silencio.
Si el Magistrado Yang de verdad deseara quitarle la vida, no desperdiciaría saliva en habladurías.
El rostro del muchacho mutó del rojo al púrpura oscuro y su consciencia comenzó a desvanecerse.
Fue en ese instante crítico cuando el Magistrado Yang aflojó la presa y soltó un bufido despectivo.
Yan Shixu cayó sobre el entarimado del carruaje, jadeando con desesperación y tosiendo de forma tan violenta que las lágrimas le brotaron de los ojos.
Una vez que logró recobrar el aliento, el Magistrado Yang espetó: "¿Qué escribiste en ese examen para hacerte con el primer puesto?".
Yan Shixu, acomodado en el suelo con las piernas cruzadas y sin ademán de incorporarse, respondió: "No escribí nada del otro mundo. La disertación política de la Academia Daoísta cuestionaba cómo gobernar las prefecturas militares mediante el principio del no-actuar".
Yang Fashen soltó una risotada sarcástica.
En tiempos de caos se aplican leyes severas; en tiempos de florecimiento se promueve el no-actuar.
La Academia Daoísta pretendía remar contra la corriente del mundo.
"¿Y cuál fue tu respuesta?", demandó el Magistrado Yang con tono severo.
Determinar si el joven del clan Yan había perdido la memoria o si contaba con una mano oculta que lo manipulaba se resolvería en cuanto escuchara su disertación.
Yan Shixu expuso: "Planteé dos soluciones: la primera es el Sistema de Separación Tributaria; la segunda, el Sistema de Transporte y Redistribución Coordinada...".
Con cadencia pausada y verbo diáfano, desgranó con minuciosidad cada uno de los principios y puntos clave de ambas estructuras fiscales.
Al principio, al Magistrado Yang le pareció una insensatez mundana, pero, conforme avanzaba el discurso, su mirada fue perdiendo el foco y sus pensamientos fueron arrastrados por el torrente doctrinal.
Escuchaba embelesado, completamente absorto.
Era la estampa de un erudito apasionado por el saber que de pronto recibía la iluminación suprema de labios de un gran maestro, alcanzando una revelación fulminante.
Cuando Yan Shixu concluyó su exposición, descubrió que el Magistrado Yang continuaba sumido en su propio trance mental.
No se atrevió a importunarlo. Aguardó casi un cuarto de hora hasta que el magistrado terminó de procesar aquel aluvión de conceptos novedosos y recobró la compostura, dirigiéndole una mirada cargada de emociones encontradas: "¿Se te ocurrió a ti solo?".
Yan Shixu sonrió con amarga ironía: "¿Quién cree su señoría que habría podido instruirme en algo semejante?".
El Magistrado Yang se hundió en el mutismo.
Pertenecía a la aristocracia y, si bien no ostentaba el título de Jinshi, era un letrado de alcurnia consumado en las lides de la administración pública; entendía con absoluta claridad el valor monumental y la trascendencia revolucionaria de semejante disertación.
Si el mocoso del clan Yan tuviera tras de sí a una mente tan prodigiosa, jamás aceptaría someterse a sus designios.
"¡No encaja!", la mirada del Magistrado Yang se tornó punzante como una aguja. "Disertaciones tan refinadas y magistrales sobre el arte de gobernar no nacen de quien ignora los engranajes del poder, y mucho menos de alguien que ha perdido la memoria".
"Habré perdido los recuerdos, pero no el discernimiento. Sé leer, comprendo la lógica y entiendo el sentido común. En estos días me he consagrado al estudio de los clásicos daoístas y muchas verdades se me revelaron por propio peso. Sé que las cargas impositivas sobre el pueblo son asfixiantes, sé que el precio del grano se ha disparado y sé qué es lo que más abomina el habitante común...", Yan Shixu mantuvo la calma en la voz:
"En el modelo de disertación que el Magistrado Yang me facilitó figuraba escrito: \*En la actualidad, las cargas tributarias y las levas de la corte se acumulan sin descanso, mientras los funcionarios han hecho de la codicia su propia naturaleza\*. Fue tomando como base el texto de su señoría que desarrollé mi exposición.
"Afirma usted que, por haber perdido la memoria, me era imposible componer semejante escrito. ¿Acaso de no haberla perdido sí habría sido capaz?".
El Magistrado Yang fluctuaba entre la sospecha y el convencimiento.
Yan Shixu prosiguió: "Ahora que he obtenido el primer lugar en la Academia Daoísta, los ojos y oídos abundan en el recinto. Si su señoría no tiene más órdenes que impartirme, preferiría regresar".
Cuando carecía de bazas a su favor, doblegaba la cerviz para salvaguardar el pellejo.
Ahora que contaba con peso propio, no había razón para postrarse en servilismos innecesarios.
Mientras la Oficina de Asuntos de Inspección mantuviera su fijación por apoderarse del reloj de sol, su vida jamás correría peligro real.
Tal como previó, el Magistrado Yang dibujó una leve sonrisa: "Me complace ver que tienes presente la misión. La Oficina de Asuntos de Inspección le otorga una importancia capital al Reloj de Sol de Mingzong, y el Vicesecretario de la Izquierda sigue de cerca tus pasos. El señor Vicesecretario ha asegurado que, con tal de que sustraigas el artefacto para la oficina, cualquier agravio pretérito quedará cancelado en el acto; además, se ocupará personalmente de instruirte para que disfrutes de una vida colmada de honores y opulencia".
Yan Shixu no sintió regocijo alguno; por el contrario, un frío amargo le atenazó el pecho.
Al principio, los únicos enterados de su condición de espía eran Filo de Cigarra y el Magistrado Yang; ahora se sumaba a la lista un Vicesecretario de la Izquierda.
Al notar su silencio, el Magistrado Yang añadió: "La Oficina de Asuntos de Inspección y la Secta Chongzhen son como el fuego y el agua. Por muy ilustres que sean las enseñanzas daoístas, ese lugar jamás será tu morada definitiva".
"Lo comprendo". Yan Shixu entendió al instante que aquello era una advertencia destinada a ponerle los pies sobre la tierra.
Un peón de espionaje no dejaba de ser un peón; no debía embriagarse creyendo que una disertación brillante le confería inmunidad.
En el momento en que su tapadera se hiciera pedazos, la Academia Daoísta, si no optaba por decapitarlo, lo expulsaría de inmediato.
Llegado ese punto, volvería a quedar a merced de la cuchilla de la Oficina de Asuntos de Inspección.
El Magistrado Yang asintió con ademán de suficiencia y le tendió un hatillo que reposaba a su costado: "Ya le he ordenado a Filo de Cigarra que anule la orden de ejecución contra ti. Ahora que lideras la lista de admitidos, no podrás evitar el trato social ni los banquetes; aquí tienes dos sartas de monedas, son los viáticos asignados por la Oficina de Asuntos de Inspección".
"Muchas gracias, magistrado". Yan Shixu recibió los fondos y descendió de la carreta.
El cochero descargó la fusta de bambú y arreó al buey, haciendo rodar el vehículo con parsimonia por el camino.
Yan Shixu contempló la silueta del carruaje hasta que se perdió en la penumbra, sintiendo cómo la urgencia de fortalecerse en el sendero marcial le quemaba las entrañas.
...
Envuelto en el manto del crepúsculo, Yan Shixu regresó a su pabellón.
Bajo la sofora del rincón oriental, junto a una mesa de piedra, el monje Gao Mei compartía una tetera y una amena charla con otro estudiante.
Una ráfaga de viento cruzó el patio agitando el follaje; el bonzo permanecía sentado con porte marcial e inflexible, mientras que el joven exhibía modales displicentes y desganados.
"El hermano Yan ha vuelto", saludó el monje Gao Mei.
El estudiante que daba la espalda al portón giró la cabeza. Poseía facciones elegantes, tez inmaculada y unas cejas y ojos de trazo tan delicado que le conferían un aire marcadamente andrógino.
Era, ni más ni menos, aquel mismo examinado que esa mañana se había quedado profundamente dormido en el Pabellón Jinhe.
"Hermano Yan, acércate a beber té", lo convidó Gao Mei antes de hacer las presentaciones formales: "Este es el hermano Huangfu, quien compartirá el aposento con nosotros".
'¡Vaya portentos que me tocaron de compañeros de cuarto!', caviló Yan Shixu con socarronería.
El refinado joven se levantó, se adelantó con una sonrisa cordial y ejecutó un saludo de cortesía: "Este servidor es Huangfu Yi, de nombre de cortesía Ziyao. Puedes llamarme simplemente Ziyao, hermano Yan".
"Yan Shixu, de cortesía Boheng", correspondió Yan Shixu.
"Hermano Boheng", soltó Huangfu Yi con soltura, como si se tratara de una amistad de toda la vida.
Ambos tomaron asiento. Gao Mei volteó un cuenco de cerámica, asió la tetera por el asa y le sirvió una porción a Yan Shixu.
El licor del té era de un tono ambarino resplandeciente y desprendía un aroma embriagador.
Yan Shixu no pudo evitar la sorpresa; la forma de degustarlo era idéntica a la de su vida pasada. Las gentes de la Gran Dinastía Sheng solían hervir el té mezclándolo con sal, jengibre y cebollinos.
Lo que bebían era, en rigor, un caldo espeso de té.
"Proviene de mi tierra natal; nosotros, los nacidos en Qingzhou, solemos infusionar las hojas directamente con agua hirviendo de manantial de montaña. Dista mucho de la refinada etiqueta de las Llanuras Centrales", comentó el monje Gao Mei.
"¿Dónde se ubica Qingzhou?", inquirió Huangfu Yi con curiosidad.
"En el Circuito de Jiangnanxi", sonrió el monje. "Qingzhou colinda con el mar, está plagada de serranías y cubierta por miasmas perpetuos. A juicio de los habitantes de las Llanuras Centrales, no es más que un territorio de salvajes del sur".
¿Colinda con el mar? El pulso de Yan Shixu se aceleró y preguntó de inmediato: "¿Ha oído hablar el hermano Gao del Monte Niutou?".
El monje Gao Mei parpadeó, sorprendido: "¿El hermano Yan conoce el Monte Niutou?".
"Ah, mi cuñado anduvo de viaje por Jiangnan en cierta ocasión y llegó a comentarlo. Decía que el Monte Niutou goza de un vigor espiritual singular y que allí mora un Señor de la Montaña que cría bestias espirituales", adujo Yan Shixu usando la figura de su cuñado como pretexto: "Desconozco si era verídico o mera fábula".
El monje Gao Mei asintió con gravedad: "El Monte Niutou dista cuatrocientos li de Qingzhou. En efecto, reside allí un Señor de la Montaña, un gran sabio retirado del mundo secular que domina los periodos solares, pronostica lluvias y cielos despejados y es diestro en medicina. En un radio de decenas de li alrededor del Monte Niutou, las estaciones son benignas y la población goza de paz y prosperidad. Este humilde monje escuchó de sus proezas en Qingzhou, aunque jamás tuve la bendición de contemplar su rostro".
Los ojos de Huangfu Yi despidieron un brillo repentino: "Entonces debe de tratarse de un maestro supremo del Reino Terrenal, ¿no es así?".
Yan Shixu y el monje Gao Mei giraron el rostro hacia él al unísono.
Un estudiante común y corriente jamás tendría noción de la trilogía de reinos conformada por "Humano, Terrenal y Celestial".
Huangfu Yi preguntó desconcertado: "¿Por qué me miran así?".
'Este muchacho tiene un linaje poderoso a sus espaldas, sus ropas delatan una fortuna desmedida, pero carece del menor roce con la aspereza del mundo; es el vivo retrato de esos estudiantes universitarios ingenuos y puros de corazón...', categorizó mentalmente Yan Shixu a su nuevo compañero.
El monje Gao Mei terciomodesto: "Manifestar semejante dominio místico y ser capaz de preservar la paz propia sin tolerar las intromisiones de los magistrados oficiales... incluso en los confines del Reino Terrenal, debe de ser alguien fuera de serie".
'¡El hogar natal de Xueyi es un pilar colosal en el que apoyarse! La única pena es que queda demasiado lejos'. Yan Shixu sintió que acababa de vislumbrar una sólida ruta de retirada.
"Por cierto, hermano Ziyao, ¿de qué tierras procedes?", preguntó Yan Shixu.
"De Chang'an".
"Siendo oriundo de Chang'an, ¿por qué motivo te trasladarías a la Academia Daoísta de la Capital Oriental?".
Huangfu Yi dejó escapar un largo suspiro: "Ofendí a quien no debía en Chang'an, y mi padre, cansado de verme holgazanear, me despachó a la Capital Oriental para que me dedicara al estudio. Pero basta de hablar de mis pesares; ¿y tú, hermano Yan?".
'¿No será que ofendiste a alguien en un burdel?', pensó Yan Shixu antes de responder: "Soy de la Capital Oriental. Mis antepasados pertenecían a la ilustre rama Yan de Pinglu; soy descendiente directo por línea principal del Señor Yan".
El semblante de Gao Mei y Huangfu Yi mudó de golpe. Lo examinaron con detenimiento, como si necesitaran corroborar su existencia bajo una nueva luz.
Entre todos los letrados bajo el cielo, ¿quién osaría ignorar la grandeza del Señor Yan?
Los tres continuaron su charla amena mientras los últimos vestigios del arrebol crepuscular sucumbían ante las tinieblas de la noche.
"Hermano Gao, tengo entendido que la doctrina budista custodia doce rollos canónicos, y que al profundizar en sus escrituras es posible desentrañar los arcanos de la iluminación suprema, denominados sellos", inquirió de pronto Huangfu Yi. "¿Acaso el hermano Gao ha alcanzado la revelación de algún sello budista?".
Gao Mei guardó silencio un instante antes de confesar: "Este humilde servidor cultiva el Sello de la Concesión de Deseos".
Yan Shixu jamás había escuchado aquel nombre, pero Huangfu Yi enarcó las cejas con perplejidad manifiesta: "¿De verdad cultivas el Sello de la Concesión de Deseos? ¡Poseyendo un talento innato semejante, es una infamia que te dediques al daoísmo! ¡Tu sendero debió ser erigir tu propio monasterio y fundar una escuela!".
Yan Shixu aprovechó la pausa para interrogar: "¿En qué consiste el Sello de la Concesión de Deseos?".
"Se basa puntualmente en hacer realidad los deseos del prójimo; por cada anhelo consumado, se acumula el poder de los votos. Quien domina el Sello de la Concesión de Deseos puede consumir esa energía para cristalizar sus propios anhelos personales", detalló Huangfu Yi:
"Dicen que, entre todas las variantes doctrinales, el Sello de la Concesión de Deseos es el más arduo de perfeccionar".
Cuando Yan Shixu volvió a posar la mirada en el bonzo Gao Mei, el brillo de sus pupilas había cambiado por entero.
'¿Un dispensador viviente de milagros y deseos?'
'Sin duda tendré que estrechar los lazos con este Venerable Maestro Gao'.
En ese preciso instante, Huangfu Yi sentenció con desparpajo:
"El té es de primera categoría, pero su naturaleza fría castiga las entrañas".
De pronto, cayó de rodillas al costado de Gao Mei y bramó a pleno pulmón: "¡Maestro, quiero comer pescado!".
Gao Mei: "..."
Yan Shixu: "..."
'¿Acaso este tipo no tiene un ápice de vergüenza en el cuerpo?'.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
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El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 19
Estás leyendo el capítulo 19 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.