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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¡Cof, cof!" Yan Shixu se despertó atragantado por un sabor acre, amargo y ardiente que le abrasaba la garganta. La lengua le picaba con intensidad y una oleada punzante de retortijones le desgarraba el vientre. '¿Qué demonios pasa? ¿Comí algo en mal estado?' Abrió los ojos, pero en lugar de un techo se encontró con un lienzo de tosco cáñamo suspendido sobre su cabeza. La penumbra envolvía todo a su alrededor. La tenue luz amarillenta de una vela iluminaba paredes de tierra apisonada y una ventana con enrejado recto de madera. De los muros colgaban una capa de paja y un espejo de bronce. Ante su mirada se desplegaban una mesa baja con un cojín de estera, un barreño de madera con un paño de sudor, bayas de jaboncillo machacadas y, esparcidas junto al lecho, ropas ensangrentadas y tiras de lino fino empapadas en escarlata... '¿Dónde estoy?' Tras unos segundos de aturdimiento, divisó un pequeño frasco de porcelana apresado en su mano izquierda. Eran las manos de un muchacho, pero las palmas estaban curtidas por gruesos callos y rebosaban una vigorosa fuerza contenida. '¡¡Estas no son mis manos!!' El semblante de Yan Shixu mudó de golpe. Arrojó a un lado la sábana de cáñamo de un tirón y avanzó tambaleante hacia el espejo de bronce. Al pasar junto a la mesa baja, tomó la lámpara de aceite al vuelo. En la superficie pulida del bronce se reflejó el rostro de un joven: de tez blanca y facciones finas, con ojos que destellaban con vivo fulgor al calor de la vela y una línea mandibular perfilada a la perfección. La viva estampa de un apuesto mancebo de elegancia innata. '¿Quién es este?' Sobresaltado, retrocedió un par de pasos atropellados y el aceite hirviente salpicó el dorso de su mano. Él padecía miopía desde la escuela secundaria y, tras empezar a trabajar, las comidas precocinadas y los ultraprocesados le habían ensanchado los mofletes sin piedad; jamás en su vida había gozado de semejante hermosura deslumbrante. '¿Me despierto y no solo estoy en un sitio desconocido, sino que hasta me han cambiado el hardware?' En ese instante, una marea de recuerdos fragmentados y caóticos irrumpió en su mente: La dinastía reinante llevaba por nombre Gran Sheng y el cómputo de la era era el tercer año de Changping. Este cuerpo respondía al nombre de Yan Shixu, con el nombre de cortesía de Boheng, y tenía su residencia en el Barrio Ningyang de la Capital Oriental. Era el arquetípico "hijo predilecto de la fortuna" huérfano de padre y madre que había crecido al amparo de su hermana mayor. A los once años, su hermana mayor salió a la calle y quedó atrapada en los estragos de la guerra, pereciendo pisoteada bajo los cascos de hierro de las arrogantes tropas de las guarniciones militares provinciales. A partir de entonces, había dependido únicamente de su cuñado para sobrevivir. '¿He transmigrado a otro mundo?', pensó Yan Shixu con el corazón en un puño. En su vida anterior, su padre había sido un escritor mordaz y crítico de la actualidad que vivía coqueteando al filo de la censura y los bloqueos del código 404. Desde niño se había dedicado a rebuscar entre los estantes del estudio paterno; aunque su talento era modesto y no logró heredar el oficio de las letras, al menos acabó convirtiéndose en un erudito autodidacta de mil saberes dispersos. Si hubiese transmigrado a la China antigua, aún podría haberse valido del conocimiento histórico del futuro para medrar a sus anchas; pero en un mundo desconocido, las cosas se ponían cuesta arriba. Peor aún: a juzgar por las memorias del dueño original de este cuerpo, la Gran Dinastía Sheng atravesaba una época turbulenta de guerras intestinas, plagada de soldados altaneros y generales despiadados donde la gente común malvivía entre penurias. Continuó asimilando recuerdos... Poco después de la muerte de su hermana mayor, un anciano letrado confuciano dio con él. Afirmó ser un viejo amigo de su hermana y le preguntó a Yan Shixu si estaba dispuesto a trabajar a sus órdenes. Yan Shixu le preguntó qué clase de labor sería. Por aquel entonces, con las sienes aún libres de canas, el anciano letrado le respondió: "Forjar un porvenir para todo cuanto hay bajo el cielo". A partir de ese día, se convirtió en un errante sin retorno en los caminos del Jianghu. Esta noche, Yan Shixu había afrontado la primera misión de su vida: infiltrarse en el Templo Dinghui para sustraer un disco de jade ceremonial de la época del difunto Emperador Mingzong. Durante la incursión, él y su compañero fueron acorralados por los monjes marciales de guardia. Yan Shixu acabó gravemente herido, con las vísceras desgarradas, mientras que su compañero recibió el impacto del "Sello sin Forma" del Maestro Zen Jingxin. A duras penas lograron abrirse paso con el disco de jade y romper el cerco; sin embargo, ignoraban que mientras la mantis acecha a la cigarra, el oriol aguarda a sus espaldas: los sabuesos de la Oficina de Asuntos de Inspección les habían seguido el rastro sin tregua hasta el mismísimo Barrio Ningyang. Sumido en la desesperación y herido de muerte, el dueño original del cuerpo, decidido a no ser un lastre para su compañero, ingirió veneno para quitarse la vida. Yan Shixu soltó un soplido helado: "¡Caray! ¿Qué broma es esta, una tarjeta de prueba gratis para transmigrar?" El peligro inminente no se había disipado. En cuanto los esbirros de la Oficina de Inspección llegaran, estaría muerto sin remedio. '¿Y si rompo el cerco a la fuerza? El cuerpo original estaba agonizante, pero yo no siento ninguna herida.' Este cuerpo rebosaba vigor y robustez, hallándose en la plenitud física masculina en todos los sentidos. El letal veneno que abrasaba sus entrañas se había esfumado sin dejar rastro en cuanto él despertó. '¡Imposible! Aunque el dueño original entrenó arduamente las artes marciales durante ocho años, jamás logró alcanzar el rango marcial oficial; no hay manera de escapar con vida del asedio de los Agentes de Inspección.' '¡Piensa, cabeza hueca, piensa rápido...!', murmuró Yan Shixu mientras caminaba de un lado a otro de la estancia como fiera enjaulada. De repente, un estruendo colosal resonó afuera: la puerta del patio fue derribada de una patada, seguida al instante por el tropel precipitado de numerosos pasos. A Yan Shixu le dio un vuelco el corazón. Apagó la lámpara de un soplido, avanzó raudo hacia la puerta y atisbó a través de la rendija. ¡Fuego! ¡Llamaradas ardientes por doquier! Una hueste de Agentes de Inspección ataviados con túnicas negras de cuello redondo inundó el patio. Iban pertrechados con ballestas a la espalda y sables al cinto, empuñando varas de olmo, cuerdas y garfios de presa. El cabecilla, un fornido hombre de barba tupida y ensortijada, llevaba sujeta con correa a una esbelta sabuesa lebrel de pelaje negro y lustroso. Eran los temibles Agentes de la Oficina de Asuntos de Inspección. "¡Diligencia oficial de la Oficina de Inspección! ¡Quienquiera que esté adentro, abra la puerta de inmediato!", bramó el hombre barbudo con voz atronadora. En la estancia reinaba un silencio sepulcral, apenas alterado por el parpadeo de una vela agonizante. El hombre de la barba espesa no vaciló en ordenar: "¡Echen la puerta abajo y ejecuten a los criminales en el acto!" Los guardias acorazados posaron al unísono las manos sobre las empuñaduras de sus sables, tensaron con sigilo las cuerdas de las ballestas y una densa sed de sangre cuajó el ambiente. "Ay..." Yan Shixu soltó un largo suspiro y abrió la puerta de madera. Al chirrido quejumbroso de los goznes, los ballesteros alzaron de inmediato los brazos apuntándole, con los dedos engarzados en los gatillos. "¡Piedad, señores oficiales, piedad...!", clamó Yan Shixu a voz en cuello. Por puro reflejo moderno alzó ambas manos en alto, pero las bajó con rapidez para juntarlas en un reverente saludo de puños. Dos Agentes de Inspección avanzaron a zancadas, cruzaron las varas de olmo sobre el cuerpo de Yan Shixu para aplastarlo contra el suelo y le ataron las manos a la espalda sin miramientos. La sabuesa negra, que hasta entonces permanecía en calma, comenzó de súbito a ladrar con furia en dirección a la habitación. El hombre barbudo ordenó tajante: "¡Registren todo!" Seis agentes empuñando antorchas irrumpieron en la morada; los resplandores rojizos danzaron por el interior entre el estruendo de muebles volcados, golpes secos y cajones registrados de arriba abajo. Al cabo de un breve instante, los agentes regresaron a rendir informe. "Capitán, hemos hallado unas prendas ensangrentadas y el disco de jade sustraído esta noche del Templo Dinghui." El fornido capitán se adelantó con paso raudo, recibió el fardo con sumo cuidado y examinó con minuciosidad la reliquia que refulgía con un blanco traslúcido y puro. En su rostro adusto y curtido afloró una leve expresión de alivio. Acto seguido, inquirió: "¿Había algún cómplice?" "No hemos encontrado a nadie sospechoso." El capitán mostró cierta decepción. Clavó la mirada en Yan Shixu, quien yacía boca abajo en el suelo inmovilizado bajo las varas de madera, y le espetó: "¡¿Dónde se esconde tu compinche?!" Yan Shixu exhibió en su mirada un desconcierto límpido e inocente, y clamó agraviado a grito pelado: "¿Por qué habla así vuestra merced? ¿De qué ladrones me habla? ¡Soy un ciudadano honrado! Irrumpen en mi casa en plena madrugada, destrozan mis pertenencias... ¡¿Acaso para ustedes las leyes de la Gran Sheng no valen nada?!" El capitán soltó una risa gélida: "¡A punto de morir y aún te atreves a ser insolente! ¡Llévenselo!" Uno de los guardias acorazados descolgó su sable largo y, con la vaina aún puesta, descargó un seco porrazo sobre la coronilla de Yan Shixu. ¡Plaf! La mente de Yan Shixu se sumió en la nada absoluta. ... ¡Prisión central, cámara de torturas! El carcelero alzó un balde de agua helada y lo descargó de golpe. ¡Chof! Yan Shixu se estremeció de pies a cabeza y despertó del desmayo; sentía un dolor punzante e hinchado en la cabeza, como si se la hubieran molido a palos. Un brasero crepitaba con violencia, arrojando sombras oscilantes sobre los muros toscos de donde pendían látigos, grilletes, garfios, escalpelos y toda clase de instrumentos de tormento. En el aire flotaba un hedor rancio, húmedo y fétido. Estaba atado a una cruz de madera con los brazos abiertos, igual que Jesucristo. Examinó la estancia con cautela. Aquel anciano letrado, que era a la vez su mentor y su superior, le había advertido antaño que la prisión de la Oficina de Inspección era un purgatorio capaz de hacer hablar hasta a las piedras. Ni el héroe más curtido e indomable del Jianghu lograba resistir con vida una sola noche allí dentro. Afuera, entregarse sin oponer resistencia garantizaba conservar el pellejo; pero aquí dentro, el perdón a cambio de una confesión no existía en absoluto: lo único que aguardaba era una muerte rápida para reencarnar cuanto antes. Ahora era cuando comenzaba la auténtica encrucijada entre la vida y la muerte. El regordete y bajo carcelero que acababa de arrojar el agua posó el balde en el suelo, dirigió la mirada hacia el escritorio situado a tres metros de distancia y anunció: "Magistrado Yang, ha despertado. ¿Procedemos con el tormento?" Yan Shixu se quedó pasmado y maldijo a los cuatro vientos en sus adentros: '¿Ni siquiera me has tomado declaración y ya quieres torturarme? ¿Acaso no conoces el protocolo?'. Tras el escritorio se hallaba sentada una silueta ataviada con una túnica carmesí oscuro de cuello redondo. El dignatario ostentaba facciones simétricas, cejas despejadas y una mirada serena y penetrante; su bigote se abría a ambos lados semejando colas de pez y de su barbilla descendía una lustrosa y oscura barba bien cuidada. El tejido de su indumentaria era fino brocatel del Río Shu de la más alta calidad, y sobre su cabeza lucía un tocado de alas caídas confeccionado en gasa y seda negra. Lejos de parecer un verdugo despiadado, irradiaba el porte refinado y distinguido de un letrado aristócrata. Acomodado tras el escritorio, el Magistrado Yang contemplaba los grabados del disco de jade al trasluz de una vela, y sin dignarse a alzar la mirada, habló con parsimonia: "Este oficial untó la reliquia con el 'Rastro del Hilo Guiador'. Su fragancia es tan peculiar e imperceptible que el olfato humano es incapaz de percibirla; únicamente los sabuesos lebreles especialmente adiestrados pueden seguir su rastro. "Cuando ustedes dos sustrajeron el disco de jade, era evidente que no habían notado nada extraño. Sin embargo, en cuanto los Agentes de Inspección echaron la puerta abajo, solo lograron capturarte a ti mientras el otro escapaba... Es de suponer que detrás de ustedes hay algún experto consumado que descubrió la treta que este oficial había dispuesto sobre el jade. "Lo que este oficial no logra comprender es... ¿por qué te dejaron a ti atrás?" '¡Porque borraron la cuenta para empezar de cero!', pensó Yan Shixu. Mas fingiendo el pánico de un aldeano humilde y temeroso de la ley, exclamó con voz temblorosa: "¡Este humilde servidor no sabe nada de ningún disco de jade ni de ningún Rastro del Hilo Guiador! ¡Este siervo estaba durmiendo plácidamente en su lecho cuando de repente irrumpieron y se lo llevaron por la fuerza...!" Antes de que el Magistrado Yang pudiera pronunciar palabra, el carcelero bajito y regordete intervino impaciente: "Magistrado, apliquemos el tormento de inmediato; no malgaste saliva con este tipejo." Con su habitual flema aristocrática, el Magistrado Yang soltó un displicente "Mmm", sin apartar las manos ni la vista del jade. El carcelero descolgó del muro un látigo erizado de púas metálicas y bramó con sadismo: "En las mazmorras de la Oficina de Inspección disponemos de setenta y dos suplicios distintos. Los cortes de hachas y dagas no son más que un juego de niños comparados con el desuello en vida, las agujas clavadas bajo las uñas, la lámpara celestial de sebo ardiente, el plomo fundido en la garganta, la evisceración de intestinos o el tañer del laúd en carne viva... Cada una de ellas basta para hacerte desear la muerte mil veces." Mientras pronunciaba estas palabras, sumergió el látigo en un lebrillo de salmuera concentrada. '¡Maldita sea, si ese latigazo me alcanza me arrancará la piel a tiras!', pensó Yan Shixu en pánico. Presuroso, alzó la voz: "¡Alto! "¡Vuestras mercedes aseguran que irrumpí en un templo para robar un tesoro, pero ¿acaso tienen alguna prueba?!" El Magistrado Yang Fashen acarició la superficie del jade y replicó con frialdad: "Los Agentes de Inspección incautaron en tu vivienda las ropas ensangrentadas, una saeta oculta de manga y el propio disco de jade. Dos monjes guerreros del Templo Dinghui fueron ultimados con armas arrojadizas impregnadas de un veneno fulminante que paraliza la garganta al primer contacto de sangre; tras el cotejo pericial, las heridas concuerdan punto por punto con las agujas emponzoñadas de tu saeta de manga. Las evidencias materiales son irrefutables. ¿Qué artimaña piensas esgrimir para negarlo?" "¡No! ¡Eso no es verdad! ¡Me están incriminando injustamente!", negó Yan Shixu con vehemencia fingida, presa de una visible agitación. El Magistrado Yang depositó con parsimonia el disco de jade sobre la mesa, alzó por fin los ojos y lo miró fijamente con desdén: "No posees tierras fértiles ni siervas hermosas, como tampoco ostentas títulos académicos ni rango oficial alguno. ¿Qué motivo tendría este oficial para inculpar a un insignificante plebeyo que apenas junta unos granos de arroz para subsistir?" Yan Shixu se quedó de piedra. En su rostro se sucedieron primero la perplejidad, luego el desconcierto y finalmente una evidente vacilación culpable; su voz decayó hasta convertirse en un débil murmullo: "Yo... no lo recuerdo..." \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 1 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.