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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 18 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Quien presume de una estrategia prodigiosa debe contar, indefectiblemente, con el respaldo de información certera. Yang Fashen ocupaba el cargo de Magistrado de Enjuiciamiento; por sus manos pasaban innumerables informes de inteligencia y, al cabo del tiempo, había desarrollado la absoluta certeza de tener bajo su puño tanto el corazón de los hombres como el curso de los acontecimientos. Rara vez perdía la compostura, pues para cada asunto, grande o pequeño, siempre guardaba una previsión. Lo único que jamás previó fue que ese jovenzuelo de apellido Yan lograra abrirse paso entre la multitud de letrados para convertirse, precisamente ahora, en la pieza más crucial de su tablero. Y pensar que, hacía apenas unos instantes, él mismo había ordenado liquidar a esa pieza. Al notar la extraña expresión en su rostro, el eunuco de mediana edad frunció el ceño. "¿A qué viene semejante desconcierto?". El atónito magistrado Yang recobró de inmediato la compostura y declaró con voz grave: "A decir verdad al Vicesecretario de la Izquierda... el primero de la lista, Yan Shixu, es de los nuestros". ¡Una sorpresa mayúscula! Un destello de asombro cruzó la mirada del eunuco de mediana edad; la irritación se transformó en júbilo y rio complacido: "Sabía bien que tu cautela y tus estratagemas jamás defraudarían a este oficial. Que este muchacho obtuviera el primer puesto significa que la Academia Daoísta lo tendrá en alta estima. Ahora hay una auténtica oportunidad de infiltrarlo en el Monasterio Chongzhen". Hizo una pausa y preguntó con vivo interés: "¿Qué tal sus habilidades marciales?". El magistrado Yang respondió: "Está a punto de ingresar en los rangos del Sendero Marcial". La sonrisa del eunuco se ensanchó aún más. Levantó su taza, dio un sorbo de té y alabó: "Es un verdadero talento". Dotado tanto de erudición como de destreza marcial, las probabilidades de robar el Reloj de Sol de Mingzong se multiplicaban de forma colosal. El magistrado Yang esbozó una amarga sonrisa: "No me atrevo a ocultárselo al Vicesecretario de la Izquierda... Este subordinado, poco antes de regresar a la sala de servicio, acaba de enviar la orden a Filo de Cigarra para que lo ejecute". En la mano del eunuco de mediana edad, la taza de té crujió y estalló en pedazos. Su furia fue incontenible. El magistrado Yang se apresuró a explicar: "Es un espía de Xingchadu. Hace una decena de días se infiltró en el Templo Dinghui para robar el disco de jade y fue capturado. A causa del Maleficio sin Forma perdió la memoria; este subordinado vio que aún podía ser de utilidad y por eso lo mantuvo con vida... Creí que, al ser un desmemoriado, jamás superaría la prueba. Por ello, en cuanto regresé a la sala de servicio, di la orden a Filo de Cigarra... Jamás imaginé semejante desenlace". Apenas terminó de hablar, el eunuco bramó con vehemencia: "¡Rápido! ¡Manda a retirar a Filo de Cigarra de inmediato!". "¡Entendido!", respondió el magistrado Yang, marchándose a toda prisa. Tras transmitir la contraorden, regresó e inclinó el torso con reverencia: "En este asunto, he pecado de falta de prudencia". Sin haber disipado por completo la cólera, el eunuco de mediana edad espetó con frialdad: "No es que te faltara prudencia; pecaste de exceso de celo. Te crees demasiado ingenioso urdiendo maquinaciones y miras a todos por encima del hombro, olvidando que en este mundo los talentos ocultos son tan incontables como carpas que cruzan un río. Por más ardides que traces, a la Academia Daoísta le bastó con mover una sola pieza para hacer que todos tus esfuerzos se vinieran abajo". El magistrado Yang convino cabizbajo: "El Vicesecretario de la Izquierda tiene toda la razón en reprenderme". Por dentro, rezaba para que Filo de Cigarra no hubiera consumado el trabajo; de lo contrario, todo se arruinaría y a él le cargarían una falta gravísima en su registro. Si el Vicesecretario de la Izquierda de Asuntos de Inspección llegaba a juzgarlo como incompetente y engreído, expulsándolo del gran plan relativo a las reservas del tesoro de Mingzong, todas sus aspiraciones de ascenso se esfumarían. El eunuco meditó unos instantes y murmuró con desconfianza: "Si ese muchacho de verdad perdió los recuerdos, ¿cómo demonios aprobó el examen y encima se coronó en el primer puesto? No me salgas con que te pasas la vida cazando ocas para que al final una oca te saque los ojos a picotazos". El magistrado Yang repasó cada detalle minuciosamente en su mente y sacudió la cabeza: "Aquel día, este subordinado no detectó fisura alguna. Durante estas jornadas, según los informes remitidos por Filo de Cigarra, en efecto carecía de memoria. Sin embargo, el asunto es sumamente desconcertante. Ni siquiera cuando conservaba sus recuerdos intactos habría sido capaz de alzarse con el primer lugar". '¿Acaso perder la memoria le abrió de golpe todos los meridianos extraordinarios?'. Con semblante adusto y tono riguroso, el eunuco sentenció: "Ve tú mismo al Barrio Xiuzhen. Si ese hombre ya está muerto, vuelve a recibir tu castigo. Si sigue con vida, cerciórate a fondo de su lealtad y antecedentes, y te anotaré un mérito". "Entendido", asintió el magistrado Yang. \*\*\* Barrio Xiuzhen, Academia Daoísta. La Academia admitía nuevos alumnos cada otoño, con una cuota fija de doscientos sesenta plazas. El año anterior, tras publicarse los resultados de los Exámenes Daoístas, cuarenta postulantes obtuvieron plaza en el escalafón oficial, dejando vacantes exactamente cuarenta cupos dentro del recinto. En ese momento, los aspirantes se agolpaban frente a los carteles de resultados, enzarzados en un bullido de comentarios. "¿Quién es este tal Yan Shixu? Jamás había oído hablar de él". "No tiene renombre alguno, ¿cómo es posible que esté por encima de nosotros?". "En cuanto entremos a la academia, habrá que pedirle explicaciones y medir sus conocimientos". Aunque a muchos les carcomía el resentimiento de que un perfecto desconocido encabezara la lista, en términos generales reinaba el regocijo entre los aprobados. De pronto, Yan Shixu agarró por el brazo al guardia de la entrada y gritó a pleno pulmón: "¡Me persigue un forajido! ¡La situación es de vida o muerte! ¡Vayan de inmediato a avisar a los sacerdotes del monasterio para que capturen y ejecuten al malhechor!". El guardia pegó un brinco del susto y preguntó apresurado: "¿Dónde está el forajido?". Yan Shixu señaló hacia el callejón sombrío. El guardia clavó la mirada en esa dirección; el callejón estaba completamente desierto. "Quizá ya huyó", murmuró Yan Shixu. Había logrado su cometido: ahuyentar a Filo de Cigarra. El guardia lo meditó un instante y dijo: "Si tu nombre figura en la lista, estarás a salvo en cuanto pongas un pie dentro de la academia. Si no aprobaste, aguarda aquí a un lado; en cuanto termine el tumulto, iré a dar aviso a los patrulleros de la guardia". Yan Shixu respiró hondo y proclamó con voz tonante: "¡Este humilde servidor no merece tanto elogio, pero da la casualidad de que soy el primero de la lista!". Su voz resonó por encima del caos circundante. El gentío enmudeció al instante; todos los letrados giraron la cabeza al unísono para mirarlo. Aquellas miradas estaban cargadas de escrutinio, indignación y curiosidad. Yan Shixu se dirigió de inmediato al guardia: "Una vez dentro, ¿adónde debo dirigirme?". No se atrevía a quedarse ni un segundo más frente a las puertas principales. ¿Y si al enmascarado le daba por inmolarse en un ataque desesperado? El guardia estaba a punto de responder cuando, providencialmente, salió del interior un novicio daoísta vestido con túnica azul verdosa, quien gritó a los congregados: "¡La primera fila de la lista corresponde a la Categoría A, la segunda a la B, y la tercera y cuarta a la C y D! ¡Porten sus registros de identidad y preséntense en las salas laterales del Salón Tianyuan para el registro! ¡Los de Categoría A tienen prioridad; los demás, esperen afuera!". Sin pensarlo dos veces, Yan Shixu acomodó la caja de libros a su espalda y echó a andar hacia las salas laterales. Tras pagar una cuota de ingreso de un cordel y ochocientos cobres, siguió a un funcionario subalterno hasta un apacible y recogido patio. En la esquina oriental crecía una frondosa sófora cuyas ramas tupidas proyectaban una sombra fresca sobre una mesa y taburetes de piedra. En la esquina occidental descansaban dos grandes tinajas de agua. El patio constaba de una sola edificación principal dividida en tres habitaciones: dos de ellas con las puertas de madera bien cerradas, y una abierta de par en par. "Al ser de Categoría A, el joven amo Yan tiene derecho a elegir una habitación individual", explicó el funcionario con suma cortesía. "La academia se rige por un horario estricto: despertar a la hora liebre y descanso a la hora perro. A la hora liebre son los cantos matutinos, a la hora dragón el desayuno, y a la hora serpiente las lecciones sobre los clásicos. Las horas oveja y mono se destinan al estudio individual. Todos los asuntos generales de la academia están a cargo de los Grandes Eruditos. Sin embargo, si el joven amo necesita resolver dudas o afrontar algún percance, lo más aconsejable es que busque al Erudito Asistente". Intrigado, Yan Shixu preguntó: "¿Y eso por qué?". El funcionario midió con cuidado sus palabras: "El Erudito Wangji no suele ocuparse de los asuntos mundanos". En la mente de Yan Shixu brotó al instante el recuerdo sobre aquel sacerdote Wangji: '¡Un holgazán comilón! ¡El auténtico Fang Zhongyong del Gran Sheng!'. El funcionario prosiguió: "Pasada la hora perro, queda terminantemente prohibido beber de noche, apostar o armar jaleo. A partir de la segunda vigilia nocturna se prohíbe charlar en susurros y encender luminarias. Las comidas se sirven en el comedor vegetariano del ala oeste, dos veces al día, al amanecer y al atardecer. Está rigurosamente vedado a los estudiantes realizar faenas de matanza o introducir carne y grasas al recinto". Tras enumerar las normas, señaló hacia las habitaciones vacías: "El joven amo Yan puede elegir el aposento que prefiera". Yan Shixu escogió la habitación que quedaba bajo la sombra de la sófora. La puerta no estaba atrancada; el cerrojo de bronce y su llave descansaban sobre la mesa. El cuarto medía unos veinte pasos cuadrados y contaba con todo el mobiliario indispensable. Descargó de la caja de libros el dinero, la ropa, la saeta de manga y el marcador de tiralíneas, ocultándolos en el fondo del armario. Cerró con llave y abandonó el patio. Al llegar a un territorio nuevo, la prioridad absoluta era explorar el terreno. La Academia Daoísta abarcaba una extensión inmensa. El templo delantero giraba en torno al Salón Tianyuan, donde se rendía culto a las estatuas de los Cuatro Ancestros del Daoísmo, flanqueado por santuarios dedicados a los sucesivos líderes de la Secta Chongzhen; galerías cubiertas enlazaban las diversas estructuras, decoradas con murales que representaban a los inmortales y divinidades de las cortes celestiales. Detrás del templo delantero se extendía el sector académico, presidido por el Salón Qiuzhen, lugar donde los eruditos impartían sus cátedras sobre los clásicos. A ambos costados se distribuían cuatro salas de lectura, el pabellón de sutras y los altares misteriosos. Dejando atrás el área de enseñanza, se accedía a los jardines traseros y la zona residencial, provista de comedores vegetarianos, dormitorios para estudiantes, salas de alquimia, dependencias para el personal de servicio y un bosquejo ajardinado de exquisita serenidad. Para cuando terminó de recorrer todo el perímetro, ya había transcurrido casi media hora. Por desgracia, no se cruzó en el camino con ninguna de las dos hermosas hermanas mayores de las que tanto se hablaba. Al regresar a su apacible patio, notó que la habitación del medio ya tenía ocupante. Del interior emergió un monje ataviado con túnica letrada de orlas anchas. Sus facciones no podían calificarse de apolíneas, pero las líneas de su rostro eran firmes, varoniles y rebosantes de un vigor templado. Al ver entrar a Yan Shixu, el joven bonzo juntó las manos a modo de saludo: "Este humilde monje se llama Gao Mei. ¿Podría conocer el ilustre nombre de mi respetable compañero?". Yan Shixu devolvió la cortesía: "Este servidor es Yan Shixu". El monje Gao Mei se quedó pasmado y exclamó maravillado: "¡De modo que eres el primero de la lista! Es un verdadero honor para este humilde monje compartir techo con el hermano Yan". Su rostro traslucía un júbilo genuino. Yan Shixu, igualmente sorprendido, tanteó el terreno: "¿Debería llamarte Gran Maestro, o más bien hermano Gao?". "Este humilde monje ya ha renunciado al budismo para abrazar el daoísmo", declaró Gao Mei con total convicción doctrinal. "¿Ya regresaste a la vida laica y todavía te refieres a ti mismo como 'este humilde monje'?". "Es la costumbre". '¡Y qué le voy a responder a eso!', pensó Yan Shixu, picado por la curiosidad hacia aquel individuo. "Hermano Gao, ¿abrazaste el daoísmo con el propósito de salvar a los seres sintientes de este mundo?". El monje compuso una expresión de profunda aflicción. "Este mundo no es más que un purgatorio de tormentos. En su día me ordené monje porque el budismo siempre se llena la boca pregonando la compasión y la salvación universal, pero tras devorar todos los sutras budistas, solo alcancé a ver...". "¿Ganar dinero?". "No... alcanzar la salvación propia". "Pues entonces te has equivocado de lugar, amigo mío. Los que cultivan el Dao son los más egoístas del mundo; lo único que buscan es convertirse en inmortales". Yan Shixu no hablaba por hablar: tras revisar de cabo a rabo los textos daoístas, no había hallado otra cosa que instrucciones para volverse inmortal. "La Secta Chongzhen es distinta de las demás corrientes daoístas: sus miembros pueden servir como generales en la guerra o ministros en la corte. En aquellos años, el Maestro Daoísta Yunmo llegó a ocupar el rango de Gran Canciller y estuvo a punto de revertir el destino del reino... Qué lástima que...", Gao Mei se detuvo en seco y clavó los ojos en Yan Shixu. '¿Y ahora qué esperas que diga?', pensó Yan Shixu, decidiendo no morder el anzuelo del silencio. El monje Gao Mei tuvo que proseguir por su cuenta: "Qué lástima que las fuerzas humanas tengan un límite y al final todo terminara en vano". Mientras charlaban, un funcionario llegó a las puertas del patio y alzó la voz: "¿Se encuentra aquí el joven amo Yan?". Yan Shixu volvió la mirada: "¿Qué sucede?". El funcionario anunció: "Un familiar vuestro aguarda a las afueras de la Academia Daoísta. Ha traído dinero y provisiones para vuestros gastos, y afirma apellidarse Yang". Los ojos de Yan Shixu se entrecerraron al instante. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 18 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.