Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 15 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
¿No se suponía que la verificación de la Academia Daoísta era solo un mero trámite?
Las palabras que el Magistrado Yang había pronunciado el día anterior todavía resonaban con total nitidez en sus oídos, pero hoy la cruda realidad le acababa de propinar una sonora bofetada en la cara.
De pie frente a las puertas del salón, Yan Shixu experimentó el desconcierto y la impotencia de un alumno de primaria que se había extraviado y terminado por error en el examen de oposición del Estado.
'¿Acaso una Disertación Política es algo que yo pueda redactar?'
'Esto no está bien...'
Un sistema que se había perpetuado durante tantos años jamás se alteraría de la noche a la mañana sin un motivo; si lo habían modificado, por fuerza debía existir una razón.
Tras meditarlo un instante, Yan Shixu lo comprendió con absoluta claridad.
La Oficina de Asuntos de Inspección, Xingchadu y las comandancias militares fronterizas codiciaban el Reloj de Sol de Mingzong. ¿Acaso la propia Academia Daoísta lo ignoraba?
Por ende, que el sistema de admisión pasara de la recomendación directa a un examen riguroso era, con toda probabilidad, una medida de la Academia Daoísta para cribar a los auténticos eruditos.
Al menos les permitiría purgar a una parte de los falsos aspirantes, como él mismo.
En ese momento, el joven sirviente daoísta apostado ante las puertas del salón frunció el ceño y lo increpó:
"Entra de una vez. ¿Qué haces ahí parado como un pasmado?".
En circunstancias como esta, no podía permitirse mostrar debilidad ni culpa. Yan Shixu fingió indignación y exclamó:
"¡Qué desfachatez! Si hoy se iba a evaluar la Disertación Política, ¿por qué no se anunció de antemano? ¡No he tenido tiempo de preparar nada!".
El muchacho se desentendió del reclamo con aplomo y descargó la culpa en otros:
"Esta ha sido la voluntad del Gran Erudito. ¿De qué te sirve quejarte conmigo?".
Yan Shixu soltó un frío resoplido, sacudió sus mangas y cruzó el umbral del salón.
Escogió una mesa vacía situada en un rincón apartado y tomó asiento. Aunque por fuera mantenía una compostura imperturbable, por dentro el pánico lo consumía por completo.
Su plan de ingresar en la Academia Daoísta estaba, casi con toda certeza, condenado al fracaso.
Tenía que pensar de inmediato en cómo salvar el pellejo y huir.
El Magistrado Yang no le perdonaría la vida, en especial después del escarmiento de matar a la gallina para asustar al mono presenciado el día anterior, donde le había mostrado con sus propios ojos cuál era el destino de aquellos que resultaban inútiles.
En una coyuntura así, regresar a jurarle lealtad tampoco serviría de nada.
Ambos sabían a la perfección qué clase de relación los unía.
Incluso si el Magistrado Yang no lo ejecutaba en el acto, lo enviaría a cumplir alguna misión suicida de la que jamás regresaría.
Mientras cavilaba en ello, un sirviente daoísta se acercó cargando los pliegos del examen y papel borrador, advirtiendo con severidad:
"Las normas del examen son claras: prohibido hacer ruido, prohibido susurrar o comunicarse con otros y prohibido consultar cualquier libro. Si nuestro Erudito los descubre...".
El muchacho giró la cabeza para mirar al joven sacerdote daoísta que yacía desparramado en el asiento principal del examinador, con la cabeza echada hacia atrás mientras soltaba unos ronquidos ensordecedores. Tras dudar un instante, corrigió sus palabras:
"Si cualquiera de nosotros los descubre, serán expulsados de inmediato de la Academia Daoísta y jamás volverán a ser admitidos".
Tras entregar el examen, el sirviente clavó una varilla de incienso en la mesa:
"Solo dispones del tiempo que tarda en consumirse una vara de incienso".
A cada aspirante se le concedía exactamente una vara de incienso.
Yan Shixu no le prestó atención al sirviente; su mirada se clavó de lleno en la consigna escrita en el pliego:
"En la actualidad, las comandancias militares fronterizas actúan con insolente prepotencia, las órdenes imperiales apenas logran surtir efecto, los abusos y corruptelas se acumulan tanto en la corte como en el pueblo, y el sustento de la población se halla agotado y sumido en la miseria. Se pregunta: ¿de qué manera se debe aplicar el arte de gobierno del No-Actuar para pacificar las comandancias militares?".
La Gran Dinastía Sheng reverenciaba el Daoísmo, pero tras la Rebelión de los Tres Reyes, el pensamiento de la escuela daoísta que preconizaba gobernar mediante el No-Actuar ya no resultaba idóneo para una era convulsa. Por ello, había pasado de ocupar una posición primordial a una meramente secundaria, motivo por el cual a los letrados formados en los exámenes daoístas les resultaba casi imposible ejercer cargos gubernamentales de máxima autoridad.
Esta pregunta no exigía una simple solución militar para someter a las comandancias, sino que pedía específicamente cómo emplear el arte de gobierno del No-Actuar para resolver la crisis.
'El tema es excesivamente complejo...', reflexionó Yan Shixu.
El flagelo de las comandancias militares fronterizas llevaba doscientos años atormentando a la corte imperial; era imposible que un grupo de jóvenes aspirantes al estudio daoísta fuera capaz de redactar una respuesta brillante y perfecta.
No se había equivocado: la Academia Daoísta solo pretendía servirse de esta prueba para cribar a los espías e impostores que pretendían colarse haciéndose pasar por letrados; jamás habían albergado la esperanza de que estos muchachos propusieran una estrategia de gobierno verdaderamente exquisita.
De lo contrario, no habrían formulado una pregunta tan endiabladamente difícil.
'Siendo así, mientras logre componer una disertación medianamente pasable y coherente, conseguiré superar la prueba'.
En medio de sus pensamientos desbordados, de pronto acudieron a su memoria las estrategias para contener a los caudillos militares que el Anciano Letrado Confuciano solía exponerle en sus charlas.
Yan Shixu sintió que merecía la pena intentarlo.
Después de todo, él era un hombre instruido; en cuanto a la estructura formal de una Disertación Política, bastaba con calcar el modelo que el Magistrado Yang le había proporcionado.
Con esa resolución en mente, dispuso el pincel, la tinta, el papel y la piedra de entintar, y comenzó a plasmar sus caracteres:
"Hoy en día, la raíz de la calamidad de las comandancias reside en la debilidad acumulada de la corte imperial. Si se desea someter a los caudillos fronterizos, primero es menester resolver la asfixia del erario y las provisiones de grano. Conviene poner en práctica la Vía del No-Actuar: sosegar el corazón del pueblo, colmar las arcas del Estado y consolidar los cimientos de la dinastía...".
Este era un indicio que había logrado vislumbrar a partir de las disputas en torno al Reloj de Sol de Mingzong; el Anciano Letrado Confuciano también le había señalado en repetidas ocasiones que la mayor calamidad que aquejaba a la corte no era otra que la carencia de fondos y grano.
Solo con este punto de partida, ya superaba a una inmensa mayoría de estudiantes que se limitaban a leer a puerta cerrada sin comprender los entresijos de la administración pública.
Sin embargo, limitarse a pregonar el gobierno mediante el No-Actuar no pasaba de ser mera palabrería vacía y charlatanería de salón. Una verdadera Disertación Política requería medidas detalladas y métodos prácticos.
¿Cómo se lograba enriquecer a una dinastía en declive?
Una consulta de Estado jamás admitía teorizaciones estériles; exigía operatividad real, con pasos específicos y mecanismos concretos.
Tras rebuscar en lo más profundo de sus conocimientos durante unos instantes, la mente de Yan Shixu se iluminó, y plasmó en el papel el sistema de división tributaria de las épocas posteriores:
"La corte imperial debe delimitar con rigor las categorías impositivas: los impuestos sobre la tierra de labor, el tributo por capitación, las tasas a la sal, el hierro y el té, así como los aranceles de pasos y aduanas fluviales, habrán de pertenecer con exclusividad al gobierno central. Los gravámenes comerciales, los renglones varios y las compensaciones monetarias por corvea urbana quedarán en manos de las administraciones locales".
El desorden absoluto en la recaudación y gestión fiscal constituía uno de los mayores vicios de la corte; unas cuentas opacas y confusas brindaban a los funcionarios locales la oportunidad de malversar, desviar y retener fondos.
La implantación de un sistema de división tributaria pondría un freno contundente a semejante fenómeno.
A continuación, Yan Shixu comenzó a trazar su segunda propuesta:
¡Un sistema presupuestario!
Para acumular poderío estatal, recaudar impuestos no bastaba; también era imperativo saber ahorrar y contener el gasto.
La inmensa mayoría de las dinastías feudales carecían por completo de presupuestos anuales; ante las catástrofes, todo se reducía a presentar informes de liquidación de gastos a posteriori, autorizando desembolsos de forma caprichosa y desmedida.
'Habiendo planteado la división tributaria y el sistema presupuestario, resulta inevitable mencionar las transferencias fiscales. No obstante, ese término suena demasiado moderno; debo adaptarlo...'.
La esencia de las transferencias fiscales radicaba en delimitar con claridad las competencias entre el gobierno imperial y las regiones. Cuando sobreviniera una crisis, el poder central se encargaría de la planificación y auxilio general en lugar de exigir cuotas extraordinarias a los gobiernos locales, erradicando así las exacciones draconianas que estos imponían al pueblo con el pretexto de recaudar fondos o socorrer desastres.
Decidió rebautizar las "transferencias fiscales" bajo el nombre de "sistema de transferencias y transporte de auxilio".
Sin que se diera cuenta, ya se había consumido media vara de incienso.
En ese instante, unos gritos de reprimenda lanzados por un sirviente daoísta resonaron desde el exterior del salón:
"¡Este es un recinto sagrado de la Vía Daoísta! ¡Los monjes budistas tienen el paso prohibido!".
Los aspirantes dentro del salón giraron la cabeza para mirar, solo para contemplar a un individuo con la cabeza completamente rapada y ataviado con una túnica de erudito, de pie fuera de las puertas.
"Este humilde monje ya ha retornado a la vida secular; en la actualidad soy un estudiante de la prefectura de Qingzhou, en el circuito de Jiangnanxi, y he venido a buscar la instrucción".
El monje apenas superaba la veintena de años; poseía un porte erguido como un pino y facciones firmes y resueltas.
"¡Fuera, fuera, lárgate!".
El sirviente daoísta lo empujaba con impaciencia y desdén.
El alboroto terminó por despertar al joven sacerdote daoísta, cuyos ronquidos hasta entonces hacían temblar las vigas. Bostezó ruidosamente, cruzó la sala de exámenes con paso perezoso y preguntó:
"¿Qué alboroto es este?".
El sirviente no tardó en acusar al recién llegado:
"Gran tío abuelo marcial, hay un monje que ha venido a causar disturbios".
El joven sacerdote examinó con detenimiento al muchacho rapado:
"¿Qué pasa? ¿En tu templo ya no tienen qué echar a la olla y has venido a Chongzhen a pedir limosna?".
El monje juntó las palmas de las manos:
"Este humilde servidor ha venido en busca del aprendizaje".
Extrajo de sus ropas los documentos oficiales de su registro civil, pero no presentó ningún ensayo ni escrito previo.
El joven sacerdote les echó un vistazo de soslayo y preguntó con extrañeza:
"¿Y qué pretendes con eso?".
El joven monje respondió con serenidad:
"Aprender el Budismo no puede salvar a la gente del mundo. Por esa razón, deseo cultivar el Dao".
El joven sacerdote soltó una carcajada:
"Conoces a mi tío abuelo marcial, ¿verdad? Es el mismísimo Preceptor Imperial de la corte. Cultivó el Dao durante toda su vida, y en aquellos años cuando el ejército rebelde irrumpió en Chang'an, ¡no se atrevió ni a soltar un pedo! Conoces a mi maestro, ¿verdad? El Maestro Daoísta Yunmo. Cultivó el Dao durante media vida y casi pierde hasta el último ápice del patrimonio de la Gran Dinastía Sheng. Si cultivar el Dao sirviera para salvar al mundo, este señor daoísta ya habría entrado en la corte para oficiar como Primer Ministro".
El sirviente palideció de espanto:
"¡Gran tío abuelo marcial, mida sus palabras!".
El monje bajó la mirada, manteniendo las palmas unidas:
"Este humilde servidor solo cree en sí mismo".
El joven sacerdote estalló en carcajadas y le dijo al sirviente:
"Míralo bien: este pequeño burro calvo es todavía más arrogante que yo. Puesto que trae sus documentos de registro en regla, déjalo entrar".
Dicho esto, sin hacer el menor caso a las advertencias y protestas del muchacho, volvió a desplomarse sobre el asiento del examinador y cayó rendido en el sueño una vez más.
Uno tras otro, continuaron llegando aspirantes que, tras registrarse, entraban a la sala de exámenes con rostros desconcertados.
Yan Shixu serenó su mente y retomó la escritura.
Habiendo resuelto la cuestión de los impuestos, abordó el problema de las comandancias militares fronterizas.
Combinando los conocimientos históricos adquiridos en su vida anterior con las enseñanzas que el Anciano Letrado Confuciano le había impartido, fue entrando en trance, haciendo fluir su pincel con maestría:
"Si se desea apaciguar el azote de las comandancias, en primer lugar, se debe avanzar de lo fácil a lo difícil, quebrantándolas una por una. Hay que emprender campañas de castigo contra aquellas comandancias de fuerzas mermadas que se nieguen a acatar la autoridad imperial, confiscando sus rentas tributarias para restituirlas a las arcas de la corte; esto constituye el cercenamiento de su raíz. Asimismo, se debe reclutar a los soldados más selectos y vigorosos de sus tropas para incorporarlos al central Ejército Tiance, a la par que se traslada a sus generales a la capital colmándolos de ascensos nobiliarios y títulos honoríficos; esto constituye la neutralización de su poderío militar...".
"En segundo lugar, se debe recurrir a la división y el debilitamiento gradual, conjugando la firmeza con la benevolencia. Los distintos caudillos solo aúnan esfuerzos para desafiar a la corte imperial cuando se trata de defender la sucesión hereditaria de padres a hijos; en tiempos ordinarios, distan mucho de hallarse unidos".
"A aquellos caudillos que muestren sumisión y cercanía hacia la corte, se les deben otorgar cuantiosas mercedes, erigiéndolos como modelos a seguir. En cuanto a aquellos de ambición desmedida y naturaleza rebelde que desobedezcan los mandatos, el Estado debe concentrar todas sus fuerzas para aplastarlos, matando a la gallina para escarmentar al mono. De este modo, se logrará que los oportunistas indecisos se sometan y que los rebeldes obstinados claudiquen. Al cabo de dos generaciones, las comandancias militares quedarán pacificadas por completo".
En lo tocante al conflicto militar de las comandancias, le resultaba imposible ofrecer tácticas y detalles de maniobra demasiado exhaustivos, pues aquello requería un conocimiento minucioso y exacto sobre la correlación de fuerzas de todo el imperio.
Semejante empresa superaba con creces el alcance de un mero estudiante.
Sin embargo, en tanto el poder central de la Gran Dinastía Sheng recuperase su fuerza, estas dos estrategias resultarían implacablemente efectivas.
Esta no era su propia inteligencia; era la sabiduría acumulada de la historia.
'El principio del No-Actuar combinado con estas dos reformas tributarias debería bastar para asegurar mi aprobación...'. Yan Shixu estampó su nombre al final del pliego, sopló suavemente para secar la tinta y le hizo una seña con la mano al sirviente daoísta.
El muchacho recogió el examen y le informó:
"¡Al mediodía se pregonarán los nombres aprobados frente a las puertas de la Academia Daoísta!".
Yan Shixu asintió con un leve movimiento de cabeza, se colocó la caja de libros a la espalda y salió del salón principal. Nada más cruzar el umbral, vio de frente a un estudiante ataviado con ropas de suntuosa tela que corría apresuradamente hacia el recinto.
El recién llegado traía las vestiduras desordenadas y su tocado torcido sobre la cabeza. Al acortar la distancia, Yan Shixu advirtió que aquel sujeto llevaba una nítida marca de carmín estampada en pleno rostro.
Yan Shixu se cruzó con él hombro con hombro, alcanzando a oír la conversación que mantenía a sus espaldas con el sirviente daoísta:
"Mis disculpas, mis disculpas. Anoche me quedé a dormir en el Pabellón Jinhe y se me pasó por completo la hora".
Los pasos de Yan Shixu se detuvieron en seco.
'¿Ah?'.
'¿Acaso el Pabellón Jinhe es un burdel?'.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 16
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 15
Estás leyendo el capítulo 15 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.