Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 14 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Barrio Dingzheng, Oficina de Asuntos de Inspección.
En la sombría y húmeda sala de torturas, Yan Shixu se encontró una vez más con el Magistrado Yang.
El hombre vestía los mismos suntuosos ropajes de brocado que aquel día, pulcro e idéntico, sin alterar siquiera el recorte de su barba.
Aquel funcionario de inmenso poder parecía vigilar su propia estampa a cada instante: rígido, ceremonioso y meticuloso hasta el extremo.
En ese momento permanecía de pie junto al muro, con las manos a la espalda, escogiendo con calculada calma un instrumento de suplicio que se adaptara a su mano.
Yan Shixu paseó la mirada por la estancia y descubrió, atada al armazón de madera, una figura humana hecha jirones.
"Mis respetos al magistrado."
Apartó la vista e inclinó la cintura en una reverencia con las manos unidas.
El Magistrado Yang descolgó un cuchillo afilado de punta fina, caminó despacio hacia el armazón e hizo un leve ademán hacia Yan Shixu.
Yan Shixu dio unos pasos al frente.
"¿Sabes quién es?", preguntó el Magistrado Yang mientras apartaba con la punta de la hoja los cabellos enmarañados del cautivo.
Yan Shixu fijó la vista. El rostro estaba cubierto de costras de sangre y mugre, con las pupilas lechosas y vacías; apenas se vislumbraba que correspondía a un varón de unos treinta y tantos años.
"No lo sé." Sacudió la cabeza.
Fue al hablar cuando logró distinguir con nitidez la magnitud de los tormentos sufridos por aquel cuerpo.
Las vestiduras, castigadas por incesantes azotes, pendían reducidas a jirones deshilachados. Las uñas de pies y manos habían sido arrancadas de raíz, exhibiendo un lecho de carne viva que rezumaba sangre.
La piel de su pantorrilla izquierda había sido desollada entera, mientras que la derecha estaba carbonizada por el contacto con brasas al rojo vivo, deshecha en una masa sanguinolenta e informe.
No le quedaba un solo palmo de piel intacto; doquier posara la vista se veían verdugones de látigo o huellas de hierros candentes, con numerosas llagas ya infectadas y purulentas.
El Magistrado Yang comentó con desapego:
"Este hombre se llama Liu Ashun. En su origen no era más que un humilde aparcero de las afueras de la urbe. Hace unos años, su anciana madre enfermó de gravedad; pidió prestado dinero a su terrateniente para costear los remedios, pero, incapaz de saldar la deuda, le arrebataron la choza y lo arrojaron a los caminos como vagabundo. Más tarde, halló colocación como peón en la casa de préstamos Puji."
Al oír esto, a Yan Shixu le temblaron los párpados.
"Aquel día, fue él quien filtró la noticia sobre el Disco de Jade de Mingzong, lo que desembocó en la incursión nocturna que tú y tus cómplices llevaron a cabo en el Templo Dinghui."
Al escuchar tales palabras, el hombre llamado Liu Ashun alzó la cabeza con agónico esfuerzo.
Clavó una mirada colérica en Yan Shixu y, de pronto, escupió un esputo teñido de sangre: "¡Puaaj, traidor!".
Había tomado por error a Yan Shixu por un delator.
Yan Shixu ladeó el torso para esquivar el salpicar.
El Magistrado Yang miró de reojo a Liu Ashun y dictaminó con frialdad:
"Aparte del nombre 'Xingchadu' y de una mísera paga de quinientas monedas al mes, ni siquiera conoces a un tercer miembro de tu propia organización. Y aun así te obstinas en guardar esa pretendida lealtad... Qué estupidez tan supina."
"Al menos Xingchadu me dio una razón para seguir con vida, me dio el sustento para levantarle una sepultura digna a mi madre. En cambio, ustedes, perros funcionarios, aparte de tiranizar a los débiles, mancillar mujeres y desollar los huesos del pueblo para sorberle la médula, ¿para qué otra cosa sirven?", soltó Liu Ashun jadeando con dificultad. Su aliento era débil como un soplo agonizante, pero sus ojos destellaban con la fiereza de un puñal.
El Magistrado Yang levantó la mano, apoyó la punta del cuchillo contra el pecho de Liu Ashun y la hundió sin vacilación.
La sangre tibia brotó al instante en un violento borbotón.
En ese momento, Yan Shixu intervino desde un costado:
"Yo no tuve alternativa. Fui víctima del Sello sin Forma y perdí la memoria. Solo sirviendo a la Oficina de Asuntos de Inspección puedo conservar la vida."
Liu Ashun quedó atónito un instante. Luego, como si encontrara una resignada paz, dejó caer la cabeza exánime.
El Magistrado Yang giró el rostro y le clavó a Yan Shixu una mirada glacial.
Yan Shixu sofocó cualquier rastro de emoción en su semblante y agachó la cabeza: "He hablado de más".
El Magistrado Yang soltó la empuñadura del arma, extrajo de su manga un pañuelo de brocado y procedió a limpiarse la mano derecha —que ni siquiera se había manchado de sangre—, declarando con una frialdad imperturbable:
"Él muere porque ya no es de ninguna utilidad. Tú vives porque aún sirves. Grábatelo bien: en todo momento debes ser alguien útil para la Oficina de Asuntos de Inspección."
"La lección del magistrado es certera." Yan Shixu desvió el cauce de la conversación: "¿Mencionó antes a 'Xingchadu'?"
En su calidad de antiguo miembro de la red, debía mostrar la medida exacta de curiosidad.
"Xingchadu es una organización clandestina envuelta en el misterio que opera principalmente entre Chang'an y la Capital Oriental. Según nuestros informes, mantiene vínculos secretos con no pocos dignatarios de la corte. Su mecenas en las sombras se maneja con suma discreción; hasta la fecha no hemos logrado averiguar su identidad", explicó el Magistrado Yang sin alterar la voz.
Criar y sostener espías era una práctica consuetudinaria a la que recurrían tanto los linajes aristocráticos como los caudillos militares y el propio gobierno dinástico.
Xingchadu no era más que una telaraña de ojos y oídos financiada por algún clan linajudo o algún pez gordo del poder.
'Visto así, ¿Xingchadu no responde a los gobernadores militares rebeldes, sino que fue sembrada por algún personaje encumbrado de la corte o alguna camarilla central?', conjeturó Yan Shixu para sus adentros.
En lo tocante a los altos mandos de Xingchadu, él tampoco sabía gran cosa.
Al igual que Liu Ashun, no había sido más que un agente de base, una pieza durmiente en contacto unidireccional con el Anciano Letrado Confuciano.
"Xingchadu no renunciará tan fácilmente al Reloj de Sol de Mingzong. Entre los letrados admitidos esta vez en la Academia Daoísta, sin duda habrá espías suyos infiltrados", aseveró el Magistrado Yang en tono grave. "Convocarte hoy aquí era para que Liu Ashun te reconociera el rostro. Ahora queda patente que entre los peones de base de Xingchadu reina el desconocimiento mutuo."
Yan Shixu había supuesto al principio que lo hacía para escarmentar a la gallina y amedrentar al mono, pero jamás imaginó que subyacía semejante maniobra de cotejo.
El Magistrado Yang se aproximó a la mesa y tomó un legajo de papeles oficiales:
"El certificado de fianza y la carta de recomendación exigidos para ingresar a la academia ya te los he preparado al completo. Mañana tómalo todo y preséntate en la Academia Daoísta."
Yan Shixu recibió los documentos con meticuloso cuidado.
Notó que, además de los avales, el legajo incluía un ensayo de disertación política.
"Mañana, la Academia Daoísta cotejará sus antecedentes y su grado de erudición. El Erudito Asistente te examinará a partir de este escrito; no es más que un mero trámite de rigor. Con que te aprendas de memoria la disertación, saldrás del paso sin contratiempos." El Magistrado Yang volvió a cruzar las manos a la espalda.
'¿Hasta el examen me lo han redactado de antemano?'
El Magistrado Yang continuó:
"En la Academia Daoísta se concede descanso un día de cada diez. Deberás rendirme cuentas en cada ciclo de asueto. Si surge alguna contingencia apremiante, dirígete al Pabellón Jinhe en el Barrio Xiuzhen y busca a una joven llamada A Yan; es agente de nuestra oficina. El santo y seña es: 'Obedeciendo al Cielo escrutamos lo sutil; custodiando y protegiendo ambas capitales'."
'¿Qué clase de sitio será ese Pabellón Jinhe? En fin, ya lo averiguaré mañana al pisar el Barrio Xiuzhen...', memorizó Yan Shixu en silencio.
"Márchate ya", dio por zanjado el asunto el Magistrado Yang.
Yan Shixu dio un par de pasos hacia el umbral, mas de pronto se contuvo, volvió la cabeza y miró al Magistrado Yang con absoluta seriedad.
"Acabo de recordar un asunto de suma gravedad."
El Magistrado Yang arqueó una ceja con desconcierto.
Yan Shixu expuso: "Al comprar los libros clásicos, la túnica académica, los pinceles, la tinta, el papel y la piedra de entintar, desembolsé un total de tres sartas de monedas. Le ruego al magistrado que autorice el reembolso".
...
Herrería Tang.
En la estancia principal, Yan Shixu entró con las tres sartas de monedas a cuestas y las depositó con un golpe seco sobre la mesa.
Xueyi, como una chiquilla que presiente la llegada de su padre, se acercó dando saltitos y propinó unos picotazos curiosos al fardo.
"Has vuelto a traer dinero a casa."
"Ganar dinero es pan comido para mí, es mi mayor destreza."
"¡Yan Shixu, eres asombroso~!"
Yan Shixu le acarició la coronilla al ave, notando que el nudo de pesadumbre que le oprimía el pecho menguaba un poco.
Sin embargo, no lograba sentirse contento.
Abrió el batiente de la puerta, tomó asiento sobre el umbral y contempló las sombras del crepúsculo con la mente en blanco.
La muerte de Liu Ashun lo había sacudido de golpe hacia la realidad.
El oficio de espía jamás se reducía a los lances de espadas y filos ocultos; entrañaba, sobre todo, desgarradoras disyuntivas entre la lealtad a los camaradas y la propia supervivencia.
Los que morían descansaban de golpe de todas las penas; los que quedaban con vida debían continuar arrastrando una carga abrumadora sobre las espaldas.
Tenía la vaga certidumbre de que, en un principio, el Magistrado Yang había sopesado la idea de entregarle a él la daga.
La placidez de estos últimos días no había sido más que la calma que presagia la tempestad.
Xueyi revoloteó en torno a él, venteando con insistencia: "Hueles a sangre".
Yan Shixu susurró en voz baja:
"Xueyi, echo de menos mi hogar."
"Pero si este de aquí ya es tu hogar."
"...Sí, claro. Este es mi hogar. ¿Qué clase de 'Último Suspiro' es ese? Vaya manera de penetrarme las defensas, maldita sea."
...
Decimotercer día del octavo mes del tercer año de la era Huichang.
Jornada propicia para tomar maestro, consagrarse al estudio, emprender viajes, elevar plegarias y ofrendar sacrificios.
Cargando la caja de libros a la espalda y ataviado con una túnica lanshan de lienzo semiusado, Yan Shixu arribó a la Academia Daoísta en el Barrio Xiuzhen.
La academia se levantaba en el sector occidental del barrio, orientada de norte a sur. Sus recios muros de tejas azuladas lucían aleros rematados hacia el firmamento como fénix en pleno vuelo; sobre el portón pendía un colosal letrero tallado en madera de alcanfor, escoltado por dos leones de piedra que montaban solemne guardia.
Poseía un porte imponente, aunque no lograba enmascarar las cicatrices dejadas por el paso de los años.
El letrero de bordes mellados y los muros jaspeados por el sol y los aguaceros daban testimonio mudo del apogeo y la posterior decadencia de los estudios daoístas.
"El aspirante Yan Shixu solicita su ingreso al estudio." Extrajo su registro de empadronamiento y sus salvoconductos para tenderlos al guardia de la entrada.
Tras una comprobación somera, el celador lo guio hacia el recinto interior.
Primero compareció en la Oficina del Registro para cotejar el empadronamiento y los documentos. Una vez verificada su autenticidad y estampados los sellos oficiales, un escribano lo condujo hacia las profundidades de la academia.
Avanzaron por una prolongada galería hasta el final, atravesaron una explanada de losas y desembocaron ante un pabellón imponente y majestuoso.
Del dintel colgaba una gigantesca placa de madera de ébano, en la que relucían caracteres dorados que apresaban la mirada: Salón Qiuzhen.
Dos novicios daoístas custodiaban las puertas. Al ver aproximarse a Yan Shixu, le exigieron las credenciales acreditadas y le indicaron:
"Pasa."
Yan Shixu asomó la vista hacia el interior. La inmensa nave se extendía despejada y solemne, con filas de letrados sentados frente a pupitres individuales, blandiendo los pinceles a toda prisa sobre el papel.
Aquello era... ¡¿una sala de exámenes?!
"Me atrevo a preguntar a los honorables religiosos, ¿a qué se debe esto?"
Uno de los novicios replicó con parsimonia: "Por mandato del Gran Erudito, el ingreso a la academia este año no se regirá por la costumbre. Todos los aspirantes deberán redactar una disertación política en el acto; solo los más sobresalientes obtendrán plaza".
La expresión en el rostro de Yan Shixu se congeló al instante.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 14 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.