arrow_back

Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Tras la Rebelión de los Tres Reyes, las diversas comandancias militares regionales establecieron de forma sucesiva agencias permanentes en Chang'an y Dongdu, denominadas Oficinas de Enlace, también conocidas como Residencias de Retaguardia. La Oficina de Enlace servía como puente de comunicación entre la corte imperial y las comandancias militares, encargándose de transmitir documentos oficiales, gestionar memoriales, tributos, impuestos y otros asuntos administrativos. Bajo la mesa, sin embargo, constituían un órgano crucial para que los señores de la guerra sobornaran a los funcionarios cortesanos, reclutaran espías e investigaran la inteligencia imperial. Con la pacificación de la Rebelión de los Tres Reyes, el poder militar de la Gran Dinastía Sheng se fragmentó por doquier, dando origen a una comandancia regional tras otra. Soldados arrogantes y generales feroces retenían los impuestos reales; los comandantes en jefe controlaban los hilos militares, políticos y financieros, siendo vasallos solo de nombre, pero soberanos absolutos en los hechos. Y entre la multitud de comandancias militares, aquellas con el temple más descarado, la mayor fuerza marcial y el más absoluto desdén hacia la corte imperial eran, sin duda, las tres grandes comandancias nacidas de los remanentes del antiguo ejército rebelde. Yunshuo era una de ellas. ¿Para qué servía mejor un ave capaz de comprender el lenguaje humano y, por si fuera poco, de hablarlo? La respuesta caía por su propio peso. La existencia de Xueyi era equivalente a una cámara de vigilancia; y no una cualquiera, sino una plantada justo frente a los ojos del objetivo. En la actualidad, la situación en Dongdu era sumamente tensa y habían comenzado a circular pistas sobre el tesoro imperial de Mingzong, atrayendo a espías de todas las facciones habidas y por haber. El valor estratégico de Xueyi rozaba las nubes. Habiendo extraviado semejante tesoro, la Oficina de Enlace de Yunshuo jamás lo dejaría pasar por alto. Cuando Yan Shixu volvió a mirar a Xueyi, la expresión de sus ojos cambió por completo. ¿Acaso esto era un golpe de fortuna? Fortuna un demonio; esto era una maldita calamidad. Yan Shixu frunció el ceño con fuerza, sumido en un verdadero dilema sobre cómo lidiar con el ave a partir de ahora. Comprendió que Xueyi era una auténtica brasa ardiente entre las manos. A ojos de la Oficina de Enlace de Yunshuo, aquel pájaro aficionado a escupir saliva era un arma estratégica de la más estricta confidencialidad. Si se limitaba a devolverlo, lo más probable era que no recibiera recompensa alguna, sino que lo silenciaran de inmediato para no dejar cabos sueltos. Ante sus ojos se abrían tres caminos: Primero: arrojar a Xueyi fuera de la puerta y actuar como si jamás lo hubiera visto. Si hacía eso, aquel loro que aún no alcanzaba la madurez con toda probabilidad terminaría convertido en la cena de algún gato callejero, sin esperanzas de sobrevivir a la noche. Segundo: entregárselo a la Oficina de Asuntos de Inspección. El problema radicaba en que él no consideraba a la Oficina de Asuntos de Inspección como su aliada, y mucho menos ellos lo consideraban a él uno de los suyos; para ellos, no era más que un forastero venido de Fusang. Era sumamente probable que ese sujeto de apellido Yang, al ver a Xueyi, también decidiera liquidarlo. Por lo demás, ¿cómo iba a concederle semejante recurso formidable a un enemigo? Tercero: conservarlo para uso propio. Como bien rezaba el dicho: ¡lo que puede usar el enemigo, también lo puedo usar yo! Siempre y cuando lograra domesticar a Xueyi, tendría en sus manos una auténtica ventaja desleal. Tanto para lidiar con la Oficina de Asuntos de Inspección como para enfrentarse a las diversas facciones de Dongdu, representaría un golpe devastador desde una dimensión superior. Al llegar a esta conclusión, Yan Shixu preguntó: "¿Quién es el Señor de la Montaña?" "El Señor de la Montaña es el amo del Monte Niutou y también mi dueño; él fue quien me crió", respondió Xueyi con voz aguda y aflautada. "El Señor de la Montaña crió a un total de nueve bestias espirituales, pero todas son unos tontos que solo sirven para pelear y tragar comida; no son como yo, que puedo hablar y sé leer. El Señor de la Montaña me prefiere a mí sobre todos los demás." "¿Es tan raro que una bestia espiritual hable como tú?" "El Señor de la Montaña dijo que soy único en mi especie." Xueyi alzó la cabeza con orgullo, levantando incluso la cresta de plumas. 'Tiene sentido', pensó Yan Shixu. Dominar el lenguaje humano requería, además de una inteligencia superior, un talento innato formidable y un adiestramiento riguroso día tras día. En el mundo existían bastantes animales dotados de gran inteligencia, y bastaba con que pudieran comprender órdenes sencillas para considerarlos extraordinarios. Que Xueyi hubiera aprendido a hablar era una proeza admirable; muchos humanos eran incapaces de dominar una lengua extranjera ni en dos o tres años. "¿Qué cultiva el Señor de la Montaña...? Es decir, ¿qué otras habilidades tiene?", indagó Yan Shixu buscando información. Entre las distintas corrientes y escuelas que conocía, ninguna se especializaba en la crianza de bestias espirituales. Al tocar el tema del Señor de la Montaña, Xueyi rebosó de entusiasmo, con palabras teñidas de profunda devoción y respeto: "El Señor de la Montaña también cultiva hierbas y frutas espirituales. Las hierbas pueden usarse como medicina para elaborar elixires, y las frutas espirituales nos las da para comer. Además, a menudo enseña a los campesinos al pie de la montaña a labrar los campos. Los grandes funcionarios de abajo quisieron erigirle un templo, pero él se negó... ¡El Señor de la Montaña también sabe de medicina! Con frecuencia desciende a la aldea para sanar a los plebeyos..." A medida que Xueyi parloteaba sin parar, en la mente de Yan Shixu comenzó a dibujarse la figura de un sabio ermitaño recluido en una montaña espiritual, dedicado a bendecir y proteger a la gente común. Pudo adivinar vagamente qué doctrina cultivaba aquel hombre. ¡Artes Agrícolas! Las Artes Agrícolas tenían su origen en la Escuela de la Agricultura del periodo de los Reinos Combatientes. Tras la unificación del mundo, una parte de los agrónomos optó por someterse a la nueva dinastía, mientras que otra condujo a la población hacia el sur para asentarse y desbrozar tierras baldías. Cabía señalar que la medicina derivaba precisamente de la Escuela de la Agricultura. No obstante, dentro de los escasos conocimientos de Yan Shixu, las Artes Agrícolas no conferían la capacidad de criar bestias espirituales ni de cultivar frutos de tal naturaleza. Por tanto, solo existía una posibilidad: aquel Señor de la Montaña era un experto del Reino Terrenal. '¡El trasfondo de Xueyi no es nada despreciable!', concluyó Yan Shixu internamente, tomando una decisión antes de susurrar: "Por el momento te quedarás aquí para recuperarte. Sin embargo, debo advertirte de una cosa." "¿Qué cosa?", preguntó Xueyi, bajando la voz al unísono y mirándolo con cautela. "Tú eres un pájaro enjaulado, y yo soy un hombre enjaulado." Yan Shixu señaló hacia el techo. "Todos los días hay alguien sobre el tejado vigilándome; es un malhechor idéntico a los de la Oficina de Enlace. Si descubre tu presencia, ya sabes cuáles serán las consecuencias..." Aterrorizado, Xueyi se apresuró a taparse el pico puntiagudo con el ala derecha. "¿A ti también te tienen encerrado por saber hablar?", preguntó con extremo cuidado. Yan Shixu se quedó sin palabras por un instante: "...No." "¿Entonces por qué?" "Por ser demasiado apuesto." Xueyi le creyó. Yan Shixu levantó con cuidado el ala izquierda del loro y vio una raspadura alargada en la base, exponiendo la carne viva. La herida era de cuidado. Si se infectaba, en esta época una infección equivalía prácticamente a una sentencia de muerte. Frunció el ceño con preocupación. "Es una herida pequeña, una herida de nada; sanaré en un par de días", dijo Xueyi con voz aniñada, tapándose de inmediato el pico tras terminar de hablar. Se hacía tarde; el Filo de Cigarra de la Oficina de Asuntos de Inspección podía regresar en cualquier momento. Aquel espía vigilaba durante el día y solo por la noche volvía a la oficina a entregar los informes. Debido al toque de queda nocturno, no cabía temer que el vigilado huyera del barrio, y mucho menos de la ciudad. Por tanto, había tenido la gran fortuna de encontrar a Xueyi antes que su vigilante. Yan Shixu buscó una prenda vieja, la enrolló hasta formar un nido y la colocó junto a la cabecera de la cama. Luego tomó a Xueyi entre sus manos y lo depositó en él. Apagó la lámpara de aceite de un soplido y se retiró a descansar a la cama. Xueyi se acercó y le dio un leve picotazo en la mejilla: "¿Cómo te llamas?" "Yan Shixu." "Oh." El hombre y el ave no tardaron en sumirse en el sueño. Yan Shixu no durmió bien esa noche; por momentos temía aplastar a Xueyi en un descuido, y por otros le angustiaba que el Filo de Cigarra entrara a revisar la habitación y descubriera que ahora tenía un pájaro consigo. Por suerte, el vigor y la sangre de un artista marcial eran abundantes, por lo que la falta de descanso apenas le afectó. Al día siguiente, nada más clarear el alba, salió al patio en ropa interior y de un salto subió al caballete del tejado. Bajo una teja yacía aplastada una gruesa carta. Yan Shixu recogió el sobre y saltó de vuelta al patio. El ruido despertó a Xueyi. "Yan Shixu, tengo hambre. Yan Shixu, tengo hambre..." Yan Shixu fue a la cocina, tomó un puñado de mijo, lo esparció sobre la mesa y luego colocó a Xueyi encima. "¡No quiero comer esto! Quiero semillas de loto, semillas de loto Xuan", chilló Xueyi como un crío caprichoso, pisoteando el mijo de un lado a otro en señal de protesta. "Sé lo que son las semillas de loto, pero ¿qué demonios es el loto Xuan?" "Lo plantó el Señor de la Montaña." 'Menuda locura...', Yan Shixu replicó de mal humor: "¿De dónde esperas que te saque semillas de loto? Hay esto y nada más; lo tomas o lo dejas." Tomó un barreño de madera y salió al patio para asearse. Al regresar a la habitación, el diminuto Xueyi, que apenas medía el tamaño de una palma, picoteaba el mijo con total obediencia. Ciertamente tenía el temperamento de un niño: sus rabietas iban y venían con la misma rapidez. "Ahora voy a salir a buscar comida. Quédate tranquilo dentro de la habitación y no hagas ruido", dijo Yan Shixu mientras traía una tabla de madera desde el almacén. "No se te ocurra defecar sobre la mesa ni sobre mi cama; hazlo sobre esta tabla." "¡Entendido!", respondió Xueyi con voz cantarina. ... Yan Shixu salió temprano de casa. Tras desayunar en la vivienda de Tang Shuang, se dirigió directamente al Puesto de Guardia Wuhou situado en la esquina del barrio. Wang Zhong lo recibió en el puesto: "El patrimonio requisado a ese criminal asciende a tres sartas de monedas, y la corte imperial te otorga una compensación adicional de otras tres. En total son seis sartas." Tras estampar su firma y huella en los registros, un funcionario subalterno salió cargando una bolsa de dinero y la depositó con un golpe sordo sobre el mostrador. ¿Acaso los bienes acumulados por un espía a medio paso de alcanzar un rango marcial, dedicado a un negocio que acarreaba la pena capital, sumaban únicamente tres miserables sartas? Yan Shixu no se lo creía en absoluto, pero carecía de importancia; exigir justicia impoluta en medio de una era de caos era una insensatez que ni siquiera un infante cometería. Sin molestarse en contar las monedas, se echó el saco a la espalda y declaró con una amplia sonrisa: "Servir a la corte imperial es el más grande honor para este humilde Yan." Wang Zhong lo despidió con una sonrisa amable. Una sarta de monedas pesaba ocho jin; seis sartas equivalían a cuarenta y ocho jin. Envueltas en aquel fardo de tela de cáñamo, ejercían una pesada carga sobre su hombro. En el trayecto de regreso a casa, Yan Shixu sintió que hasta los perros callejeros a la vera del camino lo miraban con ojos codiciosos. En la habitación, Xueyi permanecía de pie sobre el escritorio frente a un libro abierto, inclinando la cabeza y leyendo con suma atención. Cuando Yan Shixu empujó la puerta y entró, el ave bajaba el pico con destreza para pasar la página. Al notar que Yan Shixu depositaba el pesado fardo sobre la mesa, se acercó dando saltitos y picoteó la envoltura de cáñamo, produciendo un tintineo metálico y apagado. "¡Es dinero!", exclamó Xueyi con alegría. '¡Vaya, parece que no es tan ignorante del mundo después de todo!', pensó Yan Shixu de muy buen humor. "Con este dinero, en adelante podremos darnos la gran vida." Por fin se despedía de sus días de absoluta penuria. "¿Entonces ya puedo comer loto Xuan?", preguntó Xueyi dando otro brinco. "Podrás comer mijo de mejor calidad." "Yan Shixu, eres un tacaño." Xueyi corrió hacia él y le propinó un picotazo en el dorso de la mano. Yan Shixu lo apartó a un lado con suavidad, reflexionando en su interior: 'Ahora que tengo dinero, puedo prescindir del trabajo en la Residencia Yunlai y concentrar todas mis energías en la misión de la Academia Daoísta.' De inmediato salió por la puerta y puso rumbo a la Residencia Yunlai. Tan pronto como cruzó el umbral del salón principal, impregnado de una marcada atmósfera exótica al estilo Hu, una voz empalagosa y seductora resonó en el aire: "El joven señor Yan ha llegado." Yuchi Yunjia se acercó batiendo su abanico, diciendo con una sonrisa radiante: "Llegas en el momento justo; la madera en la tienda se ha agotado. Quisiera molestar al joven señor para que vaya al Mercado del Sur a comprar un poco para esta humilde mujer..." Antes de que pudiera terminar, Yan Shixu sacudió la cabeza y la interrumpió: "Señora Yuchi, han surgido asuntos en mi hogar, por lo que en adelante no podré seguir trabajando en su establecimiento." Yuchi Yunjia se quedó atónita. Una chispa de decepción cruzó por sus ojos, pero curvó los labios en una sonrisa comprensiva: "Está bien entonces." Tras abandonar la Residencia Yunlai, regresó a su casa, se sentó frente al escritorio y procedió a desplegar el informe de inteligencia que el Filo de Cigarra le había dejado. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
El Descenso del Santo (Novela)

Continúa leyendo

El Descenso del Santo (Novela)

Capítulo 13

Siguiente Capítulo ›

El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.