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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 11 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En el despacho de servicio de la Oficina de Asuntos de Inspección. El Magistrado de Enjuiciamiento Yang estaba sentado tras su escritorio, hojeando uno a uno los legajos de varios estudiantes letrados. A sus espaldas, los batientes de la ventana permanecían abiertos de par en par, dejando entrar la luz sesgada y blanquecina de la luna. A su izquierda descansaba un cuenco de té ya frío por completo; a su derecha, un plato con bocadillos. En una mesilla auxiliar dispuesta a su flanco izquierdo, un escriba cabeceaba, vencido por la somnolencia. "Toc, toc..." Llamaron a la puerta y enseguida se oyó una voz desde el exterior: "Magistrado, Zhou Yuan solicita audiencia". Sin levantar la cabeza, el Magistrado Yang respondió con frialdad: "¡Adelante!" Un funcionario guio al interior a un joven que vestía una túnica académica lanshan. Tras cruzar el umbral, ambos se plantaron en el despacho. "Salgan todos", ordenó el Magistrado Yang. Los dos escribas se retiraron de inmediato. El Magistrado Yang examinó de arriba abajo al recién llegado y sonrió con leve satisfacción: "¿Ya lo has pensado bien?" El joven llamado Zhou Yuan compuso un saludo con las manos en alto e hizo una reverencia: "Este estudiante lo ha comprendido con total claridad". El Magistrado Yang asintió complacido: "Con tal de que ingreses en la Academia Daoísta y ayudes a la Oficina de Asuntos de Inspección a apoderarse del Reloj de Sol de Mingzong, habrás conseguido un mérito descomunal. El Comisionado de la Oficina te recomendará en persona para entrar en la Academia Imperial de Chang'an, y ascenderás en la corte con el viento a tu favor". Zhou Yuan se inclinó todavía más: "Este estudiante se entregará en cuerpo y alma. Jamás defraudaré las grandes esperanzas de su señoría". El Magistrado Yang agitó la mano para despedirlo. Una vez que el joven hubo salido, los dos escribas regresaron a sus puestos. "Ese Sun Lingqian, de la Academia Prefectural de Dongdu, tiene buenas dotes. Transmitan mi orden manuscrita: su padre se ha dedicado a criticar con insolencia los asuntos de la corte, faltando al respeto a nuestro soberano. Envíen a un Agente de Inspección para que arreste al padre y lo traiga detenido". Con esas palabras, le pasó la orden sellada a uno de los subalternos. En ese momento, desde el marco de la ventana a sus espaldas, resonó un golpeteo seco. El Magistrado Yang volvió el rostro y vio apostada al otro lado a una figura vestida con ropas negras de faena nocturna y el rostro cubierto con un embozo. El enmascarado le alargó una hoja de papel basto. El Magistrado Yang la desdobló, la leyó de un vistazo y extrajo una carta de entre la pila de expedientes acumulados sobre su mesa. "Entrégale esto. ¿Ha mostrado algo fuera de lo común ese muchacho estos días?" El enmascarado tomó la misiva y contestó: "Ayer, Li Jing, el Capitán de Patrulla del Barrio Ningyang, fue emboscado en la Residencia Yunlai. El chico tropezó por pura casualidad con los agresores en pleno ataque y terminó involucrado en el altercado". El Magistrado Yang no pestañeó, como si ya estuviera al corriente de todo. Apuntó: "Que haya tomado la iniciativa de pedirme informes sobre la Academia Daoísta demuestra que ha aceptado su destino". El enmascarado inquirió: "¿Entonces no hace falta liquidarlo?" El personal externo de la Oficina de Asuntos de Inspección se dividía en tres categorías: las Efímeras, los Zorros Hibernantes y los Filos de Cigarra. Las Efímeras se distribuían por los estratos populares para recabar rumores y noticias. Los Zorros Hibernantes permanecían infiltrados en un punto fijo a la espera de ser activados. Y los Filos de Cigarra eran verdugos desprovistos de corazón, adiestrados exclusivamente para segar vidas en las sombras. Desde el instante en que recibió el encargo, supo muy bien que vigilar era solo el pretexto: la verdadera orden consistía en ejecutarlo si fallaba. El Magistrado Yang emitió un sonido afirmativo: "Le dije que disponía de diez días, pero en realidad su plazo vencía a los cinco. Si en esos cinco días no me hubiera pedido por iniciativa propia los informes de la Academia Daoísta, te habría ordenado degollarlo sin contemplaciones". Dicho esto, le empujó el plato entero de bocadillos. El encapuchado lo cogió, se agazapó junto a la pared y empezó a devorarlos a toda prisa. Al cabo de medio sahumerio, volvió a erguirse y devolvió el plato de porcelana, lamiéndolo hasta dejarlo reluciente. Con un gesto de profundo asco, el Magistrado Yang soltó una carcajada burlona: "Mugriento asqueroso... sigues sin quitarte la maña de lamer los platos". "Le tengo pavor a pasar hambre", replicó el asesino. "Cuando entre a la Academia Daoísta, ¿debo seguir vigilándolo?" El Magistrado Yang negó con la cabeza: "Sería demasiado fácil que los monjes del Monasterio Chongzhen te descubrieran. Una vez que esté dentro de la Academia, tendré otra tarea para ti. Últimamente, los espías de Chengzhao han estado excesivamente quietos". Tras un año ininterrumpido de cruentos combates, Dongdu había aplicado una política de tierra quemada y reforzado sus murallas a la espera del ejército de auxilio. Por su parte, las tropas de Chengzhao dominaban el curso inferior del río Luo, cortando las vías fluviales y bloqueando la llegada del grano desde el sur. La contienda había caído en un punto muerto, transformándose en una feroz guerra de desgaste y en una partida de ajedrez entre espías donde primaban la intriga y la sangre fría. . . . "¡Auxilio, auxiliooo...!" La voz era infantil, aguda, entrecortada y lastimera; sonaba insólita y resultaba difícil precisar qué la hacía tan extraña. Tras escuchar atentamente durante unos segundos, Yan Shixu alzó la mirada hacia el techo. El clamor venía de allá arriba. '¿Quién pide auxilio sobre mi tejado?' Yan Shixu se calzó las botas, empujó la puerta y salió al patio. Apoyó un pie contra el muro de adobe para impulsarse, se aferró al alero con la diestra y se encaramó con facilidad a la techumbre. La luna brillante dominaba el cielo, derramando un manto de luz gélida sobre las tejas grises. Encima del caballete del tejado había un pájaro y un gato. El pájaro era un loro blanco; el felino, un gato atigrado. El atigrado avanzaba con sigilo felino, acortando distancias hacia el loro mientras sus pupilas ambarinas relucían con un brillo tétrico. El ala izquierda del ave goteaba sangre y colgaba inerte, mientras que la derecha aleteaba desesperada contra las tejas. A la vez que chillaba pidiendo socorro, no paraba de escupirle al felino: "¡Tui, tui, tui~!" "¡No te acerques! ¡Socorro! ¡Que alguien me salveee...!" Aquella vocecilla chillona y tierna iba cargada de sollozos. Yan Shixu se quedó petrificado, atónito, con un solo pensamiento repitiéndose en bucle en su cabeza: '¿¡Un monstruo!?'. ¿Acaso había monstruos en este mundo? No tenía ningún recuerdo que aludiera a semejante cosa. ¿Se debía a que el dueño original de su cuerpo provenía de los estratos más bajos del vulgo, con la vista corta de quien jamás sale de su rincón, y por ende nunca oyó hablar de tales criaturas? Yan Shixu sintió que los cimientos de su realidad se tambaleaban. En ese instante, ambos animales advirtieron la presencia ajena y clavaron sus miradas al unísono en Yan Shixu. Yan Shixu tensó todos los músculos sin atreverse a dar un paso en falso. Por si acaso, soltó un grito seco para ahuyentar al felino: "¡Fuera de aquí!" El gato se sobresaltó, pegó un brinco presa del pánico y se descolgó del tejado, perdiéndose bajo el alero. '¿Ya está? ¿Tan fácil se va?', Yan Shixu parpadeó desconcertado. '¿Solo era un gato callejero corriente?' La luna brillaba con pureza, bañando el suelo de escarcha blanca. En derredor no se percibían voces humanas ni ladridos de perros; únicamente quedaban un hombre y un pájaro mirándose fijamente sobre la techumbre. Yan Shixu tanteó con cautela: "¿De qué calaña de pájaro demoníaco eres tú?" Al oírlo, el ave montó en cólera de inmediato y comenzó a escupirle: "¡El demonio serás tú! ¡Tú eres un engendro humano! ¡Tui, tui~!" 'Esa palabra no se usa en ese contexto...', razonó Yan Shixu. Al comprobar que sus métodos ofensivos daban tanta risa como pena, recuperó la calma de golpe y rebatió: "Si no eres un monstruo, ¿cómo es que hablas?" "¡Soy una bestia espiritual! ¡Una criatura espiritual rarísima en este mundo! ¿¡Qué tiene de malo que hable!?" "¿Y qué demonios es una bestia espiritual?" El loro blanco levantó el pico, irguiendo el penacho de plumas de su coronilla, y bufó con orgullo: "Mortal insignificante, ni siquiera sabes lo que es una bestia espiritual. Nacemos nutridas por las esencias puras del cielo y de la tierra; ¡somos las criaturas más sublimes de este mundo!" "¿Y ese gato atigrado también era una bestia espiritual?" "¡Bah! No era más que un callejero sarnoso". "¿Y una criatura tan sublime no es capaz de medirse con un gato común y corriente?" El loro blanco pió enfurruñado: "¿Es que no ves que estoy herido? ¡Si estuviera sano, no me habría rozado ni las plumas!" "¿A quién perteneces y por qué has venido a parar a mi tejado?" El loro blanco cerró el pico y no dijo ni pío. Al contemplar a aquel hermoso loro blanco, los engranajes mentales de Yan Shixu comenzaron a girar a toda marcha. 'Un animal que habla debe de valer una fortuna descomunal. Y si se niega a soltar prenda sobre sus orígenes, es porque su procedencia debe de ser colosal. Si me lo llevo a casa para curarlo, el día que su amo venga a reclamarlo tal vez me depare una gran oportunidad fortuita'. Con esa idea en mente, Yan Shixu tanteó con suavidad: "Los tejados de por aquí están infestados de gatos callejeros y corres un grave peligro. ¿Por qué no bajas a mi casa a reponerte de tus heridas?" El loro se llenó de regocijo: "¿De verdad puedo...? Pero no se te ocurra encerrarme en una jaula". "¡Júralo!" "Te lo juro". Tras sellar la promesa, Yan Shixu avanzó pisando las tejas con tiento, estiró el brazo y atrapó al loro blanco entre sus dedos con delicadeza. Para calibrar si un ser vivo era poderoso, bastaba con sopesarlo al tacto. El plumaje de este loro era tibio y suave, su osamenta fina y quebradiza, su pico carecía de filo letal y sus garras no eran lacerantes; a todos los efectos, no se distinguía en nada de un pájaro común. 'Con razón ni un gato le teme. No pasa de ser un pájaro que aprendió a hablar...', pensó Yan Shixu, convenciéndose definitivamente de que no entrañaba peligro alguno. "¡Me estás apretando, me haces daño...!", chilló el loro blanco. Yan Shixu sintió un par de picotazos entre el pulgar y el índice que le causaron un leve escozor. De un salto bajó del alero, regresó a su habitación y acomodó al loro sobre la mesa baja. Bajo la luz anaranjada del candil, los ojos del ave eran negros, húmedos y chispeantes, cargados de expresividad. Su plumaje era níveo y el penacho de color amarillo pálido reposaba aplanado contra su cabeza con porte limpio y pulcro. A causa del dolor, no le quedaba más remedio que agazaparse sobre el vientre, con la mirada en guardia y un semblante bastante conmovedor. Era diminuto; atendiendo a las proporciones de los loros, todavía no debía de haber alcanzado la madurez. Yan Shixu estiró los dedos para inspeccionar el ala lastimada, pero recibió un picotazo al instante. Probó por segunda vez y se llevó otro picotazo. "Te estoy mirando las heridas para ayudarte, ¿a santo de qué me picas?", protestó Yan Shixu contrariado. "¿Acaso eres médico?" "No". "¡Si no lo eres, deja de meter las narices!" "..." Yan Shixu se quedó sin réplica posible. Resultó ser un pájaro de pico afilado y lengua viperina. "¿De dónde has salido y quién es tu dueño?", insistió con la duda que le carcomía la mente. El loro blanco fingió sordera y se dedicó a atusarse las plumas con el pico; en un abrir y cerrar de ojos, peinó y alisó los cañones desordenados de sus alas y de su vientre. "Te he preguntado de dónde vienes". "Tengo sueño, me voy a dormir", zanjó el loro, aporreando la tabla de la mesa con el ala sana para aparentar una bravura ficticia. Yan Shixu olió la artimaña; de un zarpazo lo agarró por el lomo, abrió la puerta de par en par y lo arrojó al patio. "Pues duérmete en el patio. Afuera sobran gatos hambrientos". ¡Pum! El portón de madera se cerró de golpe con tranca. Desde afuera llegaron al segundo unos graznidos agudos y desesperados, acompañados por una ráfaga frenética de picotazos contra la madera. Exactamente igual que un chiquillo al que sus padres echan de casa en medio de la noche fría, su vocecilla tierna y temblorosa suplicó deshecha en llanto: "¡Te... te lo diré todo! ¡Déjame entrar, date prisa!" Yan Shixu descorrió el cerrojo y lo devolvió a la estancia. "Habla, ¿de dónde sales?" "Me llamo Xueyi. Vengo de las tierras del sur y mi hogar queda en el Monte Niutou". Tras verse de nuevo sobre la mesa, se mostraba notablemente más dócil. "¿Dónde queda ese Monte Niutou?", inquirió Yan Shixu, sintiendo una vez más la impotencia de quien lamenta no haber estudiado más en el pasado. En cuanto pusiera un pie en la Academia Daoísta, se empaparía a fondo de geografía y de historia. Xueyi abrió unos ojos cristalinos y rebosantes de inocencia: "El Monte Niutou pues queda en el Monte Niutou, ¿dónde va a ser?" '¿Habré recogido a una criatura perdida?', pensó Yan Shixu. Sin perder el tiempo en averiguar en qué rincón remoto se alzaba ese monte, continuó: "¿Y los adultos que cuidaban de ti?" Una sombra de agravio y desconsuelo empañó la mirada de Xueyi: "El Señor de la Montaña me dijo que a ochocientos li hacia el sur estaba el mar, que allí el clima era cálido, que jamás hacía frío en todo el año y que había fruta y comida de sobra. Un día que se descuidó y se marchó, me escapé a hurtadillas. Me acordaba de que el Señor de la Montaña decía que el sur quedaba en dirección al ala derecha del sol. Volé al amanecer, volé al atardecer, volé y volé... ¡y acabé aterrizando aquí!" A medida que lo relataba, se le rompía la voz y dos lagrimones resbalaron por sus brillantes pupilas oscuras: "El Señor de la Montaña es un embustero, ¡buaaa, buaaa~!" Yan Shixu lo escuchaba con la boca medio abierta, anonadado. Le costó un buen esfuerzo mental deducir qué clase de brújula invertida había seguido para terminar apareciendo en Dongdu. "¿Y tras semejante viaje fuiste a estrellarte en mi tejado?" Xueyi sollozó con el pecho agitado: "He gastado saliva contándotelo todo y ni siquiera me has servido agua". Yan Shixu le llenó una taza de agua templada. Xueyi metió el piquito en la taza, bebió a pequeños tragos golosos y declaró con alivio: "Es que luego me atraparon. Iba sobrevolando una mansión cuando me llegó el aroma de unas frutas espirituales, así que bajé en picado para comerlas y el dueño del árbol frutal me echó el guante". '¿Frutas espirituales?', otro término desconocido para Yan Shixu. "¡Me rendí en el acto y no paré de suplicar por mi pellejo! Pero cuanto más rogaba, más contentos se ponían los muy miserables. Me encerraron a oscuras sin darme grano ni agua, obligándome a trabajar para ellos. Esta noche me hice el muerto para engañarlos y escapé volando en cuanto bajaron la guardia, ¡pero me tiraron flechas!" La rabia de Xueyi crecía por momentos: "¡Y después de eso me caí en tu casa!" El rostro de Yan Shixu se volvió circunspecto: "¿Qué era lo que te obligaban a hacer?" "A escuchar a escondidas las conversaciones ajenas". "¿Y quiénes eran ellos?" "La residencia donde habitan se llama... se llama..." Xueyi ladeó la cabecita, esforzando la memoria unos instantes: "La Oficina de Enlace de Yunshuo". \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 11 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.