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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 104 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La luz del alba despuntaba apenas y el cielo conservaba un tinte azulado y sombrío. Con la salida del primer grupo de vecinos madrugadores, el acceso al barrio fue recuperando la calma y el ir y venir de transeúntes se volvió escaso y disperso. Yan Shixu, Gao Mei y Huangfu Yi galopaban a toda prisa con la intención de salir del barrio para alcanzar los carros y escoltarlos. Al aproximarse al portal, Gao Mei habló de improviso: "Si en este momento alguien nota algo extraño en la Oficina de Enlace de Yunshuo y da aviso al Puesto de Guardia Wuhou, me temo que la Prefectura de Dongdu y la Oficina de Asuntos de Inspección tirarán del hilo y seguirán el rastro por el camino. Y las carretas de bueyes avanzan con demasiada lentitud...". Huangfu Yi respondió con total naturalidad: "Pues que apuren a los bueyes y ya está". 'No tienes la menor idea de cómo funcionan los métodos de rastreo', pensó Yan Shixu, consciente de que las circunstancias eran muy distintas. Aquella vez que ajusticiaron a Yuan Feng, cumplida la hazaña se sacudieron el polvo de la túnica y se marcharon, ocultando por completo sus identidades y su fama. En cambio, en esta ocasión se habían llevado dos carretas enteras repletas de riquezas y un carruaje con mujeres hu. El blanco era demasiado grande; cabía la posibilidad cierta de que los rastreadores expertos de las autoridades se les pegaran a los talones. Gao Mei tiró de las riendas y frenó a su caballo frente al portal del barrio. Al verlo, Yan Shixu y Huangfu Yi también tiraron de las suyas y soltaron un "¡sooo!". Gao Mei desmontó, se acercó a los dos guardias del portal, les tendió veinte monedas de cobre y preguntó con tono afable: "Hermanos, ¿vieron salir del barrio dos carretas de bueyes y un carruaje de caballos?". Los dos guardias se guardaron el dinero en el pecho y respondieron con suma reverencia: "Por supuesto que los vimos, acaban de salir no hace mucho. Las carretas de bueyes se fueron hacia el oeste por la calle Jingyang, mientras que el carruaje tomó hacia el sur. El cochero era de lo más extraño, llevaba la cara tapada". Gao Mei se dio media vuelta en silencio, dando la espalda a los guardias. Juntó las palmas de las manos y recitó en voz baja: "Deseo que ambos olviden a quienes salieron hoy del barrio". Un destello dorado brilló y se desvaneció al instante. Los rostros de los dos guardias adoptaron una expresión aturdida, como si hubieran olvidado quiénes eran y dónde se encontraban. No obstante, al poco tiempo sus semblantes recuperaron la normalidad y soltaron un bostezo perezoso. Ignoraron por completo a Gao Mei, quien acababa de entregarles las veinte monedas de cobre. '¡Magnífico!', los ojos de Yan Shixu resplandecieron. Proceder de ese modo equivalía a cortar de raíz las pesquisas de la Prefectura de Dongdu. Una vez que los vehículos se alejaran, para la Oficina de Asuntos de Inspección sería tan difícil como alcanzar el cielo localizar sus transportes en la inmensidad de la Capital Oriental; al fin y al cabo, las carretas de bueyes eran un medio de transporte muy común. Y el carruaje saldría de la ciudad esa misma mañana. En ese momento, Huangfu Yi se dio una palmada en la cabeza: "¡Maldición!". Los otros dos giraron la cabeza para mirarlo. Huangfu Yi bajó la voz: "No dejé nuestra firma. Con tanto buscar la cámara secreta y cargar la plata, ¡se me olvidó por completo un asunto tan crucial!". Tanto Gao Mei como Yan Shixu lo miraron con una expresión que parecía decir: "¿Acaso estás loco?". Huangfu Yi insistió con terquedad: "Esta es la gloria de nosotros, los Tres Espadachines, al castigar el mal y erradicar a los tiranos. Hay que enmendarlo sí o sí". Yan Shixu reflexionó unos instantes: "Viene bien para comprobar si alguien ya ha descubierto algo raro en la Oficina de Enlace". Si fuera así, aprovecharían para noquear al testigo por la espalda antes de que pudiera denunciarlo a las autoridades, ganando todo el tiempo que fuera posible. Los tres regresaron a caballo a la Oficina de Enlace. Para entonces, la luz del día apenas despuntaba y casi no transitaban peatones. Alrededor del complejo no había viviendas densas, y las pocas siluetas que aparecían de vez en cuando en la calle se divisaban a lo lejos. Gao Mei se quedó vigilando afuera, mientras Yan Shixu jalaba a Huangfu Yi para saltar el muro e ingresar al recinto. Huangfu Yi corrió hacia el vestíbulo principal, recogió un sable de acero templado y trazó su mensaje en la pared: "La guarnición militar de Yunshuo no ha cometido más que atrocidades; su muerte es bien merecida. Dejado por los Tres Espadachines de Dongdu". Arrojó el sable a un lado y salió disparado hacia atrás. Aquella figura que huía a todo escape no parecía en absoluto la de alguien que acababa de matar a varias personas; más bien recordaba a un chiquillo travieso que acababa de arrojar un petardo en una letrina, rebosante de la insolencia descarada propia de la juventud. La hostilidad que llenaba el pecho de Yan Shixu se alivió de golpe. Huangfu Yi era un muchacho que aún no había recibido los golpes despiadados de la vida: asaba pescado en los dormitorios de la academia, robaba manuales secretos de cultivo dual y saltaba muros para visitar prostíbulos, actuando a su antojo sin medir consecuencias ni gravedad. Y, sin embargo, era precisamente ese brío desafiante e indómito de la juventud algo de lo que tanto él como Gao Mei carecían. Gao Mei cargaba con un rencor amargo y profundo, taciturno y parco en palabras; y él, un hombre de más de treinta años, hacía tiempo que había visto sus aristas desgastadas por los rigores del mundo, tratando siempre a los demás con la debida distancia y reserva. Si no fuera por Huangfu Yi, el trato entre él y Gao Mei se habría limitado a la cortesía superficial, sin llegar jamás a la cercanía y naturalidad que compartían ahora. Al saltar de vuelta el alto muro del patio, Huangfu Yi montó de un brinco en su caballo y exclamó en voz alta: "¡Ya dejé la firma! Hermano Gao, Boheng, vámonos rápido, que nadie nos vea las caras. Sobre todo tú, hermano Gao, ¡tu calva reluciente llama demasiado la atención!". Dicho esto, apretó los talones contra los flancos del caballo y partió a galope tendido. Los Tres Espadachines de Dongdu se alejaron cabalgando de cara al resplandor del alba. ... Hacia el final de la hora si, en el Barrio Xingjiao. Lü Dingbang encabezaba a más de diez alguaciles y patrulleros wuhou, con los sables al cinto, marchando a toda prisa hacia la Oficina de Enlace de Yunshuo. Apenas rodeó el muro pantalla de la entrada, divisó dos cadáveres de sirvientes tendidos sobre charcos de sangre seca, con los cuerpos orientados hacia el portón principal. Varios soldados del Ejército Tiance y Agentes de Inspección, todos con sables al cinto, recorrían el patio delantero examinando la escena. Lü Dingbang se dirigió directamente hacia un soldado del Ejército Tiance, mostró su credencial oficial y declaró con voz grave: "Soy el Comisario de la Prefectura de Dongdu. ¿Dónde se encuentra su oficial al mando?". En esta ocasión no encontró ningún obstáculo. Guiado por el soldado del Ejército Tiance, llegó a un patio apartado y silencioso en uno de los extremos de la Oficina de Enlace. El suelo de tierra apisonada del pequeño patio estaba plagado de hoyos y hendiduras; la letrina y el muro se habían derrumbado en una pila de escombros, y todo el lugar estaba sembrado de cadáveres y manchas de sangre. El Intendente Militar del Flanco Izquierdo del Ejército Tiance, con una mano apoyada sobre la empuñadura de su sable, contemplaba una cabeza ensangrentada que yacía en el suelo. El Capitán Zhao de los Agentes de Inspección guiaba a sus subordinados en la inspección del patio, tomando de vez en cuando saetas para examinarlas al detalle y volteando cadáveres para observar las heridas. Como ambos eran ya viejos conocidos, Lü Dingbang fue directo al grano: "¿Queda algún superviviente en la Oficina de Enlace de Yunshuo? ¿Se sabe quién es el responsable?". Llegar tarde tenía sus ventajas: no hacía falta molestarse en reunir pistas por cuenta propia, bastaba con preguntar directamente. El Intendente Militar del Flanco Izquierdo soltó una risa burlona y señaló con el dedo la cabeza a sus pies: "¿Supervivientes? Hasta Li Huai'an está muerto, ¿de dónde pretendes que salga un superviviente?". Aquella cabeza tenía los ojos desorbitados, rostro cuadrado y barba corta; era, sin duda, el Oficial de Enlace Li Huai'an. Lü Dingbang dejó escapar un siseo entre los dientes mientras una conmoción inmensa se agitaba en su interior. Según los informes que manejaba, Li Huai'an era un artista marcial en la etapa intermedia del Reino Humano, e incluso cabía la posibilidad de que hubiera alcanzado la etapa tardía. Que un experto de tal calibre hubiera muerto de un modo tan atroz... ¿A quién se le había ocurrido provocar a la Oficina de Enlace de Yunshuo? El Intendente Militar del Flanco Izquierdo continuó: "A los perpetradores ya los conoces. Es la misma banda que masacró la residencia de los Yuan". "¡¿Qué dijiste?!", los ojos de Lü Dingbang se abrieron desmesuradamente al instante; su primera reacción fue de pura incredulidad. A partir del examen del lugar en la residencia de los Yuan, ya habían deducido el nivel aproximado de los Tres Espadachines de Dongdu: a lo sumo alcanzaban la etapa intermedia del Reino Humano. ¿Cómo era posible que hubieran exterminado por completo la Oficina de Enlace de Yunshuo? El Intendente Militar del Flanco Izquierdo lo miró de reojo: "Dejaron su firma en el vestíbulo principal, y la caligrafía coincide a la perfección con la de la residencia Yuan. Además, aquí quedaron marcas evidentes de armas ocultas, y los cadáveres de varios oficiales militares presentan orificios de agujas. El método empleado en ambos casos es exactamente el mismo". A su lado, el Capitán Zhao de los Agentes de Inspección añadió: "Ya ordené a mis hombres que interrogaran a los serenos y a los vecinos de los alrededores. La Oficina de Enlace fue aniquilada en una sola noche, pero los residentes cercanos no notaron el menor disturbio; ocurrió exactamente igual que en la residencia Yuan". Lü Dingbang frunció el ceño en silencio mientras examinaba con detenimiento la escena. Su mirada recorrió el terreno lleno de socavones, los cadáveres desgarrados por la mitad, y se detuvo a inspeccionar a Zong Yue, cuyo corazón había sido destrozado. Tomó conciencia de un hecho aterrador: esa banda de forajidos que se hacía llamar los "Tres Espadachines de Dongdu" se estaba fortaleciendo a un ritmo inconcebible. Más que la resolución del caso, aquel temible progreso era lo que provocaba una profunda y lacerante zozobra. Lü Dingbang respiró hondo: "¿Qué palabras dejaron los Tres Espadachines de la Capital Oriental?". El Capitán Zhao respondió con voz profunda: "'No hubo maldad que no cometieran; su muerte no compensa sus culpas'". Lü Dingbang se quedó con una expresión de absoluto desconcierto. Había pretendido encontrar algún nexo entre ambos casos para deducir los principios de acción y el objetivo de los Tres Espadachines de la Capital Oriental, pero no se esperaba una respuesta semejante. Con tono sombrío, Lü Dingbang ordenó a sus subordinados: "Registren minuciosamente la Oficina de Enlace; no dejen escapar la menor pista ni indicio, y vuelvan a informarme". En ese momento, tres soldados, con las manos aferradas a sus sables de cintura, se acercaron a paso vivo: "Inspector del Ala Izquierda, la inspección de la Oficina de Enlace ha concluido. El dinero y los bienes del almacén han sido saqueados por completo, las mujeres de la Oficina de Enlace se encuentran en paradero desconocido y en las mazmorras subterráneas se ha descubierto el cadáver de un maestro gu mitad humano y mitad serpiente". El Inspector del Ala Izquierda ordenó con voz grave: "Guíen el camino". La comitiva bajó en tropel a las mazmorras y, en la penumbra pútrida del subsuelo, contempló el cadáver reseco. "Es un maestro gu transmutado en gu. A los seguidores de estas artes heréticas les fascina criar gusanos gu; tengan cuidado todos". El Inspector del Ala Izquierda, dotado de vasta experiencia, se acuclilló para examinarlo y dictaminó: "Este hombre se había entrenado hasta hacerse invulnerable a cuchillos y lanzas. La fuerza física del homicida es comparable a la de un guerrero en la etapa tardía del Reino Humano". Los subordinados encendieron antorchas de resina de pino y, en una cámara secreta en lo profundo del corredor, hallaron un cadáver decapitado y un hervidero de serpientes venenosas de vivos colores. El Capitán Li, Agente de Inspección, ordenó en voz alta: "¡Traigan aceite inflamable más tarde y quemen a todas estas alimañas venenosas!". Todos salieron en silencio de las mazmorras. Lü Dingbang analizó: "El maestro gu no salió a plantar cara por iniciativa propia; fueron los Tres Espadachines de la Capital Oriental quienes irrumpieron en la mazmorra para liquidarlo. Es el proceder clásico de una matanza destinada al exterminio total. Siendo así, ¿por qué perdonaron a las mujeres?". Uno de sus subordinados conjeturó: "¿Será que en verdad actuaron para castigar el mal y ensalzar el bien, y por eso no quisieron ensañarse con inocentes?". Lü Dingbang sacudió la cabeza: "En la Capital Oriental abundan los malnacidos que merecen la muerte; ¿por qué habrían de morder un hueso tan duro como la Oficina de Enlace de Yunshuo? Yuan Feng murió por su propia codicia, por intentar manipular el precio del grano. Pero Li Huai'an, ¿por qué motivo cayó?". El Capitán Zhao, de la Oficina de Asuntos de Inspección, pareció recordar algo y echó a andar a grandes zancadas hacia el exterior. Lü Dingbang y el Inspector del Ala Izquierda, temiendo que se guardara las pistas para sí solo, se apresuraron a seguirlo. La comitiva llegó a la habitación de Li Huai'an y, tras revolver baúles y armarios de arriba abajo, descubrió un compartimento secreto completamente vacío. El Capitán Zhao afirmó con voz profunda: "Aparte de las riquezas y las mujeres, también han desaparecido cartas oficiales, misivas secretas y libros de cuentas. Alguien los extrajo del compartimento secreto". Por consiguiente, ¿la verdadera causa de la muerte de Li Huai'an residía en algún documento inconfesable? En tal caso, ¿qué clase de misiva había acarreado semejante desgracia mortal? El Inspector del Ala Izquierda se mesó la barba ensortijada: "Para llevarse semejante botín y a las mujeres hicieron falta al menos tres carruajes. Con un blanco tan llamativo, los vigilantes del barrio forzosamente deben acordarse. ¡Vayan de inmediato y traigan a los vigilantes del barrio para interrogarlos!". Los soldados, sujetándose los sables a la cintura, partieron al trote. El tiempo que tardan en consumirse dos varitas de incienso después, los soldados regresaron custodiando a dos vigilantes de barrio para rendir su informe. El Inspector del Ala Izquierda preguntó con frialdad cortante: "¿Recuerdan los carruajes que salieron hoy del barrio? Describan con exactitud el aspecto de quienes llevaban las riendas". A diferencia de las omnipresentes carretas de bueyes, los carruajes tirados por caballos solían emplearse para asuntos oficiales y resultaban mucho más fáciles de recordar. Los dos vigilantes se miraron el uno al otro y sacudieron la cabeza: "A su señoría informamos... estos humildes siervos no lo recuerdan". La mirada del Inspector del Ala Izquierda se tornó feroz: "¡Apenas han pasado dos shichen desde que se abrieron las puertas del barrio y ya no se acuerdan! Quien encubre a criminales carga con su misma pena según la ley. ¡Confiesen de inmediato toda la verdad!". Presos del pánico, los vigilantes se postraron golpeando la frente contra el suelo como manos de mortero: "¡Tenga piedad, señoría! Nosotros... ¡de verdad no recordamos nada!". El Inspector del Ala Izquierda resopló con desdén: "Llévenselos. Ayúdenlos a refrescar la memoria". Arrastraron a los vigilantes fuera del recinto. Al instante comenzaron a oírse alaridos desgarradores que cesaban abruptamente, volvían a estallar y volvían a apagarse. Una y otra vez, en un ciclo implacable. Un cuarto de hora después, los soldados regresaron a rendir cuentas: "Señor, ambos perdieron el conocimiento varias veces y han confesado hasta la última fechoría que cometieron en su vida, pero siguen jurando y perjurando que no recuerdan haber visto carruaje ni carreta alguna cruzar las puertas del barrio". El Capitán Zhao caviló unos instantes antes de señalar: "Todo apunta a que la otra parte tomó precauciones antes de marcharse. Llegados a este punto, la única salida es recurrir a los sabuesos espirituales para dar con el paradero de esos tres espadachines". Lü Dingbang clavó la vista en el Inspector del Ala Izquierda: "¿Qué han descubierto los sabuesos espirituales?". "Ya han rastreado el sur y el este de la urbe", informó el Inspector del Ala Izquierda. "El oeste y el norte todavía están pendientes de inspección". El oeste de la urbe albergaba en su mayoría las mansiones de nobles y altos dignatarios, mientras que el norte estaba atestado de dependencias oficiales, incluido el mismísimo palacio imperial. La identidad de los Tres Espadachines de la Capital Oriental se tornó, de golpe y porrazo, en un asunto de extrema delicadeza. \*\*\* Barrio Ningyang, Herrería de los Yan. En la estancia principal, Yan Shixu descansaba sobre un taburete bajo, con el perro marioneta Sanlang echado a sus pies. Con el torso fibroso al descubierto, escurría con suavidad un paño de sudor para limpiar las heridas del pecho, el abdomen y la muñeca izquierda. El tajo en el torso calaba hasta el hueso, extendiéndose en diagonal desde el pecho izquierdo hacia la zona del hígado; aunque la sangre ya había dejado de brotar, los bordes abiertos de carne viva erizaban la piel de puro pavor. Tardaría entre dos y tres días en sanar por completo. En el pasado, una lesión de tal calibre no se habría cerrado ni en diez días o medio mes. Gao Mei y Huangfu Yi habían regresado a la Academia Daoísta. Yan Shixu, alegando falsamente que sus heridas eran de extrema gravedad, decidió quedarse a reposar unos días en casa y le pidió a Huangfu Yi que tramitara su permiso de ausencia. La puerta de la alcoba se abrió y entró su cuñado portando una bandeja de madera con lienzos de lino fino y ungüento para heridas cortantes. Al contemplar las atroces heridas que cruzaban el cuerpo de Yan Shixu, comenzó a soltar maldiciones por la boca: "¡Tu último día libre regresaste con lesiones internas, y en este por poco te abren el vientre en canal! Para el próximo descanso, ¿tendré que encargarte el ataúd con antelación? ¡Pedazo de canalla, ¿es que no puedes darme un solo día de paz?!". 'Si te llega a pasar una desgracia, ¿cómo voy a rendirle cuentas a tu hermana?', anticipó Yan Shixu para sus adentros. "¡Si te llega a pasar una desgracia, ¿cómo voy a rendirle cuentas a tu hermana?!". El cuñado estampó la bandeja sobre la mesa, retiró el tapón de madera de una calabaza y le vertió un chorro de aguardiente ardiente sobre la carne viva. Yan Shixu apretó los dientes, haciendo una mueca de puro dolor. Mientras esparcía el ungüento y vendaba las heridas, el cuñado inquirió con el semblante ensombrecido: "¿Cómo te hiciste eso?". Yan Shixu no osó mentirle: "Anoche pasé a cuchillo la Oficina de Enlace de Yunshuo". El cuñado soltó un resoplido incrédulo: "¡Ja! Si tu cultivo fuera la mitad de lo que presumes, bien que me ahorraría disgustos. ¿Pasar a cuchillo la Oficina de Enlace de Yunshuo? Si de verdad tuvieras esa destreza, ¡a partir de hoy mismo te llamaría cuñado a ti!". "En ese caso, ¿mi hermana mayor no se convertiría en tu hermanita menor?". El cuñado le propinó un coscorrón: "Saldré a comprarte un pescado para que recuperes fuerzas; la carne de carnero es caliente por naturaleza y agrava el veneno de las heridas, así que ni se te ocurra probarla estos días". "¡Toc, toc, toc!". Llamaron con insistencia a las puertas del patio. El cuñado mudó de semblante, alarmado. Yan Shixu se echó una túnica holgada sobre los hombros, se puso en pie y salió al patio con tono despreocupado: "Son los criados del hermano Gao y de Ziyao". Lleno de recelo, el cuñado entreabrió la puerta y reconoció al punto los rostros de Ah Fu y Ah Gui, junto a la figura desconocida del Tío Hong. A espaldas de los tres aguardaban dos carretas de bueyes. El Estudio Ruyuan de Gao Mei distaba demasiado del Barrio Xingjiao y además era un sitio turbio y concurrido por gentuza de toda laya, nada idóneo para esconder un botín; Huangfu Yi, por su parte, carecía de morada fija en la Capital Oriental. Por tanto, tras deliberarlo entre los tres, convinieron en guardar las riquezas de manera provisional en la herrería. "Mis heridas me impiden ayudar; les agradezco el esfuerzo a los tres", dijo Yan Shixu mientras abría de par en par los batientes del portón. Ah Fu, Ah Gui y el Tío Hong metieron a cuestas los pesados baúles al patio, alineándolos uno por uno sobre el suelo. "¿Qué diablos es esto?", murmuró el cuñado, picado por la curiosidad, al levantar la tapa de uno de los arcones. En un instante, el brillo encandilador de los lingotes redondos de oro macizo deslumbró su mirada. El cuñado se desplomó de posaderas contra el suelo, mudo y con los ojos desorbitados. Yan Shixu se apresuró a sostenerlo: "¡Cuñadito! ¿Te encuentras bien? Deja que tu cuñado te eche una mano para levantarte". \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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Estás leyendo el capítulo 104 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.