Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 102 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Li Huai'an, un caballero andante de renombre en las tierras del norte, debutó a los veintiún años. En el otoño de ese mismo año, exterminó a toda la familia del gobernador de Cangzhou sin llevarse una sola pizca de oro, plata o riquezas; tan solo dejó en el lugar un pliego acusatorio que enumeraba treinta y tres crímenes cometidos por el funcionario.
La Comandancia Militar de Yunshuo emitió órdenes de captura por doquier y desplegó una cacería por todo su territorio, pero no solo fue incapaz de capturarlo, sino que además perdió a una gran cantidad de alguaciles y exploradores a caballo.
A partir de entonces, el renombre de Li Huai'an creció como la espuma.
A los veintiocho años, trabó amistad con los bandidos del monte Taiyan, se alzó en armas en los bosques, asaltó residencias y saqueó caravanas. Libró feroces batallas en la espesura contra las tropas oficiales, propinando al gobierno una estrepitosa derrota, lo que cimentó para siempre su estatus en el Jianghu bajo el apodo del Sable Loco de Taiyan.
A los treinta años se puso al servicio de la Comandancia Militar de Yunshuo y se convirtió en el hombre de confianza del Comisionado Militar. Desde entonces se sumergió en la burocracia oficial, acumulando un poder cada vez mayor.
En el pasado había decapitado con furia a oficiales corruptos por el bien del pueblo, pero también se había alzado en las montañas convirtiéndose en una plaga para la comarca. Ahora, a los cuarenta años, en la cúspide de su poder e influencia, acababa de morir a manos de un joven desconocido.
Yan Shixu se incorporó lentamente, sacudió la sangre que le cubría las manos, recogió el sable roto y cercenó la cabeza de Li Huai'an.
Sosteniendo la cabeza por los cabellos, caminó hacia el patio pequeño. El lugar ya se había transformado en un montón de escombros; las siluetas se agitaban en medio de una vorágine, y el tintineo incesante de las hojas al chocar resonaba sin descanso, entremezclado con el crujido similar a un trueno de las cuerdas de los arcos.
Aún quedaban nueve oficiales militares y cuatro guardias de las sombras resistiendo con uñas y dientes, mientras que en los tejados pululaba una gran cantidad de sirvientes ordinarios.
Entre los oficiales había tres practicantes de la Escuela Militarista que habían alcanzado la Entrada en Rango. Aunque el poderío de su formación de combate se había reducido considerablemente, con el auxilio de los sirvientes y los guardias de las sombras, la contienda aún no resultaba en una derrota aplastante para ellos.
Para ese momento, el coloso de armadura dorada ya se había desvanecido; sin embargo, el tío Hong, que llevaba largo tiempo oculto tras los muros, se había sumado a la contienda para respaldar a los dos hombres y al perro.
En el pecho de los guerreros de Yunshuo aún ardía un hálito de determinación que los impulsaba a resistir tenazmente.
Yan Shixu arrojó la cabeza hacia la multitud. Rodó un buen trecho por el suelo; los ojos de Li Huai'an estaban desorbitados, mirando de reojo hacia arriba, y en su rostro ceniciento aún quedaban impresos el rencor y la frustración.
"¡¡El Oficial de Enlace está muerto!!", gritó alguien, presa del pánico.
El coraje de los guerreros de Yunshuo se desinfló al instante. Despojados de toda voluntad de lucha, huyeron en desbandada atropellándose unos a otros: algunos intentaron saltar los muros hacia el exterior, otros corrieron hacia las profundidades de la Oficina de Enlace, y otros retrocedieron en dirección a las puertas principales de la residencia.
Aquellos que intentaron saltar los muros se estrellaron contra una barrera invisible y fueron los primeros en ser alcanzados y ejecutados.
Yan Shixu lideró a sus compañeros en la persecución. Los alaridos resonaron en cada rincón de la Oficina de Enlace mientras los cadáveres caían uno tras otro sobre charcos de sangre, como si fuesen flores escarlatas abriéndose en pleno florecimiento.
Al ver que los oficiales militares habían sido masacrados casi por completo y que la chusma dispersa ya no representaba una amenaza, Yan Shixu exclamó con voz potente: "¡Hermano Gao, tío Hong, sigan ustedes! ¡Tú, la de la máscara, ven conmigo!".
Gu Hanzhang, la figura enmascarada que se encontraba a dos patios de distancia, cruzó el aire rozando la parte superior de los muros.
Yan Shixu la tomó de la mano y avanzó a paso veloz hacia la habitación donde estaba oculto Xueyi.
Gu Hanzhang se quedó desconcertada e intentó apartar la mano por instinto, pero él la sujetaba con una fuerza desesperada, consumido por una urgencia febril, como si el mismísimo cielo estuviese a punto de desplomarse sobre sus cabezas.
Al entrar en la habitación, Yan Shixu cerró la puerta, arrastró a Gu Hanzhang hasta la mesa y dijo con apremio:
"Erudita Asistente, parece que mi pájaro ya no va a resistir...".
Antes, cuando la situación general aún no estaba definida, se había visto forzado a contener su ansiedad y desesperación. Ahora que habían liquidado a todos los que debían morir, Gao Mei y el tío Hong bastaban para encargarse de los peces pequeños restantes.
Por esa razón había llevado a Gu Hanzhang a toda prisa para que examinara las heridas de Xueyi; temía que el ave no aguantara mucho más tiempo.
Gu Hanzhang dominaba los principios de la medicina y además había criado bestias espirituales; sin duda podría salvar a Xueyi.
Gu Hanzhang posó la mirada sobre Xueyi, acurrucado dentro de la jaula. Estaba inmóvil, como la llama titilante de una vela al viento que podría extinguirse con el más leve descuido.
'Esto...', pensó Gu Hanzhang, sobrecogida. Rompió con delicadeza la jaula y comenzó a apartar el plumaje con extrema suavidad para revisar las heridas.
Cuanto más revisaba, más sombría se tornaba su expresión.
Yan Shixu observaba sus gestos con atención, y su semblante fue decayendo a la par.
Tras un momento de silencio, Gu Hanzhang alzó la vista, y las primeras palabras que salieron de sus labios helaron el corazón de Yan Shixu: "La lámpara se ha quedado sin aceite; no le queda mucho de vida".
Yan Shixu se quedó petrificado en su sitio, sintiendo cómo todas sus fuerzas se desvanecían en un instante.
De pronto alzó la cabeza y clavó los ojos en Gu Hanzhang: "Sé que Lianyangzi tiene píldoras capaces de arrancar vidas de las garras de la muerte".
Gu Hanzhang negó con la cabeza con el rostro ensombrecido: "Es demasiado tarde. Su cuerpo entero está acribillado por agujeros de agujas que perforaron sus órganos internos; las heridas tienen un tono violáceo oscuro y supuran pus por dentro, y su vitalidad ya se ha extinguido casi por completo. No resistirá hasta el amanecer, y mucho menos soportará el ajetreo del camino".
Yan Shixu se quedó inmóvil, atónito.
'Al final, todo el esfuerzo fue en vano como sacar agua con un canasto de mimbre', pensó Gu Hanzhang con compasión, soltando un suspiro:
"En teoría, esta clase de heridas difícilmente deberían costarle la vida a una bestia espiritual...".
Yan Shixu volvió la mirada hacia ella al instante: "¿A qué te refieres con que esta clase de heridas difícilmente deberían costarle la vida?".
Gu Hanzhang respondió en voz baja:
"El ganado y las ovejas comen pasto, los tigres y leopardos comen carne; todas las cosas del mundo siguen un orden. Las bestias espirituales son prodigios de la naturaleza y su constitución física no se compara con la de los animales comunes. Se alimentan de elementos cargados de espiritualidad: pueden ser hierbas espirituales, frutas espirituales o medicinas espirituales; gracias a eso poseen una vitalidad desbordante y, aun sufriendo lesiones de extrema gravedad, son capaces de sanar por sí mismas".
Yan Shixu se quedó de piedra.
Sus labios temblaron ligeramente: "¿Dices que... las bestias espirituales se alimentan de frutas espirituales?".
Gu Hanzhang lo miró con extrañeza: "Por supuesto".
'Tú, siendo quien cría una bestia espiritual, ¿no sabías algo así?'.
Yan Shixu no respondió. Con manos temblorosas, recibió a Xueyi de las manos de Gu Hanzhang.
Rozó con la yema del dedo la cresta de plumas en la cabeza de Xueyi, pero el ave no reaccionó; ya había perdido el conocimiento y, en términos humanos, se encontraba atravesando sus últimos instantes de agonía.
Xueyi era como la joven doncella de una familia aristocrática que había acabado desamparada en la calle; en su hogar original estaba acostumbrada a manjares exquisitos, ropas finas y toda clase de lujos.
Pero al quedarse junto a un don nadie pobre como él, no le habían quedado más que alimentos rústicos y comidas frugales, e incluso tenía que salir a ensuciarse las patas trabajando.
Ahora que lo recordaba, al segundo día de haber llegado a su casa, Xueyi había estado armando un escándalo exigiendo comer loto Xuan.
No era que fuese caprichoso ni presumido; simplemente tenía hambre. Más tarde, al darse cuenta de que comer mijo también bastaba para llenar el estómago, se había resignado a conformarse con ello todo este tiempo.
Pero en realidad, el mijo común solo le proporcionaba una sensación de saciedad, mientras que las sustancias espirituales que requería una bestia espiritual jamás habían sido repuestas; todo este tiempo había estado pasando hambre.
Cuando el hambre apretaba demasiado, no paraba de clamar pidiendo semillas de loto.
Sin embargo, a cambio no obtenía promesas ni alimento, sino sus reproches y su impaciencia.
Tampoco se atrevía a quejarse más; como una pequeña niña que vivía bajo techo ajeno, desamparada y sin nadie a quien recurrir, no le quedaba más remedio que estar pendiente de su humor y luego matarse trabajando.
Yan Shixu cerró los ojos con fuerza. Por primera vez en su vida, sintió un intenso arrepentimiento, culpa y remordimiento hacia un ser vivo que no fuera humano.
"Si hubiera frutas espirituales, ¿podrías salvarlo?"
Gu Hanzhang asintió: "Es posible. Las frutas espirituales son más eficaces que las píldoras, pero..."
Pero ¿dónde conseguir una fruta espiritual? En la Academia Daoísta las había, pero tendrían que esperar hasta el amanecer.
"En la Oficina de Enlace hay frutas espirituales". Yan Shixu depositó a Xueyi sobre la mesa con infinito cuidado, como si pisara hielo fino, y salió disparado de la habitación.
Li Huai'an se había valido precisamente de una fruta espiritual para engatusar y llevarse a Xueyi.
...
En el salón delantero, las velas ardían con vivacidad.
Huangfu Yi sostenía una ballesta, apuntando de un lado a otro a las cautivadoras doncellas hu de vestimentas escotadas: "¿A cuál le disparo primero? A la que baile peor la danza huxuan, a esa mataré primero".
Las muchachas hu temblaban de pies a cabeza, acurrucadas de miedo en un rincón.
Huangfu Yi bajó la ballesta de repetición y miró hacia la mesa, donde el monje Gao Mei devoraba la comida con voracidad a grandes bocados:
"Hermano Gao, deja de comer. ¿No habíamos quedado en no dejar a nadie con vida? Será mejor que te encargues tú de matar a estas muchachas hu; total, tus manos ya están manchadas de sangre".
Ah Fu, Ah Gui y el Tío Hong no estaban presentes; los dos primeros se encontraban haciendo el recuento de bajas, mientras que el último estaba prácticamente removiendo cielo y tierra en busca de algún rezagado que hubiera escapado.
El monje Gao Mei tragó un bocado de carne de cordero ya fría y respondió con tono sereno:
"Soy un monje, no me está permitido matar inocentes indiscriminadamente".
Huangfu Yi protestó molesto: "¡Cuando se trata de hacer el trabajo sucio, de pronto eres un monje! ¿Acaso tu Buda sabe que visitas burdeles todos los días?".
Gao Mei volvió a hundir la cabeza en la comida para reponer fuerzas.
Ninguno de los dos era de corazón blando, pero tampoco eran capaces de convencerse a sí mismos de asestar un golpe mortal a inocentes indefensas.
Sin embargo, si las dejaban con vida, las identidades de los tres quedarían expuestas sin remedio; no solo serían perseguidos por las autoridades, sino que también tendrían que afrontar la venganza y los asesinatos encubiertos de Yunshuo.
Huangfu Yi se irritó aún más: "En cuanto surge una pregunta difícil de responder, te quedas mudo".
En ese momento, Yan Shixu entró corriendo al vestíbulo principal, miró a su alrededor y se dirigió directamente hacia las doncellas hu: "¿Dónde están las frutas espirituales?".
Las jóvenes lo miraron con pavor.
Yan Shixu endureció la voz: "¡Si no quieren morir, respondan a mi pregunta!".
Aquellas jóvenes hu eran posesiones exclusivas de Li Huai'an y llevaban un buen tiempo en la Oficina de Enlace; tal vez ignoraran la información confidencial, pero sin duda sabían dónde se guardaban las frutas espirituales.
Una hermosa doncella hu dijo con un hilo de voz: "Las frutas espirituales están guardadas en el almacén".
Yan Shixu la levantó de un tirón y echó a andar: "Guíame".
Huangfu Yi gritó a sus espaldas: "¡No te apresures tanto a saquear las riquezas, Boheng! ¿Qué hacemos con estas muchachas hu? ¿O prefieres encargarte tú?... Oye, ¿tú tampoco vas a decir nada?".
Guiado por la doncella hu, Yan Shixu localizó el almacén sin contratiempos y abrió de una patada la puerta recubierta de cobre cerrada con candado.
Bajo la clara luz de la luna, las monedas de cobre formaban montañas en el interior del almacén; había un cofre tras otro repleto de lingotes de plata y panes de oro, además de innumerables joyas y piezas de jade, en un despliegue deslumbrante de riquezas.
La muchacha hu señaló hacia los estantes de madera del fondo y dijo con voz temblorosa:
"Las frutas espirituales están por allá..."
Yan Shixu la arrastró hasta allí. En los estantes reposaban en hilera varias pequeñas cajas de madera tallada.
"¿Cuál de ellas contiene la fruta espiritual?", apremió él.
La doncella hu, de nariz prominente y ojos profundos, fue abriendo las pequeñas cajas una tras otra. Al llegar a la sexta, exclamó con alivio:
"La encontré".
El interior de la caja estaba forrado con seda suave, sobre la cual reposaban más de una decena de frutos rojos desecados, del tamaño de un longan.
Yan Shixu la observó con frialdad, sin pronunciar palabra.
La doncella hu, algo nerviosa, se apresuró a explicar:
"A veces, cuando al Oficial de Enlace le venía el apetito, nos hacía servirle a todas juntas. Tras consumir este fruto, no conocía el cansancio; decía que eran Frutas Yang Carmesí nacidas de una planta espiritual que había traído del norte, y que poseían la virtud de tonificar el qi, vigorizar el yang, nutrir el cuerpo y disipar la fatiga".
Yan Shixu tomó uno de los frutos rojos: "Cómetelo".
La muchacha no se atrevió a negarse; tomó el fruto rojo y lo tragó.
Pronto, sus mejillas se tiñeron de un rubor encendido, finas gotas de sudor brotaron de su frente y sus ojos verde claro se impregnaron de una turbia sensualidad.
Yan Shixu esperó unos segundos más. Al notar que la mirada que ella le dirigía escondía intenciones seductoras pero no mostraba ninguna reacción adversa, se quedó tranquilo de inmediato, tomó la caja de madera y se marchó.
De regreso en la habitación, le entregó la caja a Gu Hanzhang.
Gu Hanzhang la abrió y frunció el ceño: "¿Frutos secos? Trae una taza de agua".
Yan Shixu obedeció al instante.
Gu Hanzhang hincó levemente sus níveos dientes, probó media fruta y dijo con calma:
"En efecto, es una fruta espiritual. Posee la propiedad de activar la circulación de la sangre, disolver la estasis, tonificar el qi y vigorizar el yang. Con las heridas externas que tienes encima, no debes consumirla; de lo contrario, tus heridas sangrarían a borbotones y sería dificilísimo de tratar".
'¡He leído los clásicos de alquimia! No soy ningún ignorante en farmacología...' Yan Shixu asintió con la cabeza.
Gu Hanzhang arrojó el fruto seco dentro de la taza de té, lo trituró en el agua y luego rasgó un pedazo del dobladillo de su ropa; impregnó la tela con el jugo ligeramente rojizo y fue humedeciendo poco a poco el afilado pico de Xueyi.
Medio cuarto de hora más tarde, el pico de Xueyi se entreabrió levemente de manera inconsciente.
Solo entonces Gu Hanzhang vertió con lentitud el resto del extracto en la boca de Xueyi.
Tras beber de este modo tres tazas de aquel extracto de fruta espiritual, el cuerpo tenso de Xueyi comenzó a relajarse y los latidos de su pecho recuperaron un ritmo regular.
No despertó, pero ya no se encontraba en coma, sino reposando para sanar.
"Uf...", Yan Shixu exhaló una larga bocanada de aire y se desplomó en la silla, exhausto.
La constante angustia y la tensión en sus nervios de los últimos días por fin, por fin... hallaron alivio en ese instante.
Tras vaciar su mente unos momentos, Yan Shixu concentró sus pensamientos y comenzó a cavilar en las tareas pendientes:
Qué hacer con las muchachas hu y cómo disponer de todas las riquezas guardadas en el almacén.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 103
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 102
Estás leyendo el capítulo 102 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.