Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 101 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Al percibir la repentina anomalía, a Li Huai'an se le encogió el corazón; retrajo de inmediato su sable y miró hacia atrás, solo para contemplar cómo al caótico campo de batalla parecía haberle caído encima un cubo de agua helada.
Los soldados, que un instante antes luchaban con feroz bravura, ahora retrocedían con lentitud empuñando sus sables, con semblantes sombríos y tensos. Los guardias secretos tampoco insistían ya en asediar al perro marioneta ni al monje, limitándose a rondar a la expectativa.
Solo los tres colosos de armadura dorada seguían embistiendo sin descanso, como de costumbre.
La mirada de Li Huai'an atravesó la espesura de siluetas hasta distinguir por fin al culpable que tenía a sus subordinados en vilo, como ante un enemigo mortal.
Se trataba de un joven ataviado con una túnica de cuello redondo hecha jirones; sus brazos y su pecho estaban cubiertos de escamas de serpiente de un rojo encendido, y sobre sus mejillas reposaba también una sutil capa de finas escamas, semejantes a un maquillaje trazado que en nada desmerecía su apostura. Sus pupilas verticales de color ámbar desbordaban un encanto salvaje y gélido.
Había despedazado a un soldado a pulso y sostenía en la mano medio torso mutilado; a su paso, las vísceras se desparramaban goteando sangre a raudales, semejante a un vengador retornado del mismísimo infierno.
A cada paso que daba, los soldados y los guardias secretos retrocedían un paso.
La escena en la que acababa de quebrar la formación militar por la fuerza y descuartizar vivo a un soldado les había provocado una conmoción atroz.
Li Huai'an sintió que absolutamente todo en aquel sujeto, de pies a cabeza, le resultaba extrañamente familiar.
La procedencia de los asaltantes de esta noche era demasiado heterogénea: budismo, daoísmo, artes mohistas... y ahora irrumpía otro formidable enemigo que parecía ser un maestro gu.
Tenía la sensación de haber alborotado un avispero; de la noche a la mañana, parecía como si medio mundo se hubiera conjurado en su contra.
Yan Shixu se aproximó a paso parsimonioso:
"¡Hermano Gao, es hora de cerrar las puertas y apalear al perro!".
La tensa cuerda en el corazón de Gao Mei se aflojó de golpe y su ánimo se serenó por completo. Juntó las palmas y recitó en voz baja:
"Es mi deseo que este lugar se transforme en una barrera: se permite entrar, mas no salir".
El remanente de poder de los votos se transmutó en anhelo y se materializó en una barrera que envolvió la totalidad de la Oficina de Enlace.
El deseo anterior había sido suprimir el ruido sin estorbar las entradas ni salidas, pues, mientras el desenlace de la contienda fuera incierto, no podían cerrarse su propia vía de escape.
En el instante en que la barrera cobró forma, Yan Shixu soltó los despojos que llevaba en la mano y se arrojó como una bala de cañón contra Zong Yue, el comandante de los soldados, con un objetivo meridianamente claro.
El Abanderado apenas sintió una ráfaga de viento feroz azotarle el rostro; ante sus ojos no quedaron más que sombras residuales.
"¡Formación, reciban al enemigo!", rugió Zong Yue, absorbiendo como una ballena el qi de sus soldados para elevar su propia fuerza hasta el límite absoluto.
Dio un paso al frente y descargó con fiereza su sable de acero templado, saturado de qi; hacia donde apuntaba el filo, el aire circundante se distorsionó.
Yan Shixu levantó el brazo izquierdo para bloquearlo.
¡Chas!
Las escamas saltaron hechas pedazos; el filo cercenó tendones y vasos sanguíneos, hendiéndole el hueso del brazo y quedándose a un ápice de amputarle la extremidad por completo.
Incluso para un cuerpo gu invulnerable al filo de las armas, encajar a pulso un tajo cargado de un Abanderado resultaba una prueba extenuante.
Yan Shixu lanzó un puñetazo directo con la derecha, asestando un golpe demoledor en el pecho de Zong Yue.
La protección que cubría el pecho y abdomen de Zong Yue se hizo añicos al instante y su cuerpo salió despedido hacia atrás; los soldados a sus espaldas se apresuraron a apoyar las manos en su espalda para contenerlo, pero la fuerza salvaje se transmitió en oleadas, derribando a los hombres como fichas de dominó.
Dos soldados se levantaron a toda prisa y alzaron a Zong Yue a la vez, intentando recomponer la formación; sin embargo, descubrieron con horror que el comandante entre sus brazos yacía ya inerte y blando.
¡Zong Yue estaba muerto!
Sus órganos internos se habían pulverizado con aquel único golpe.
En el campo de batalla, el equipamiento reglamentario de un Abanderado era la armadura pesada: una coraza exterior de puro acero, una capa intermedia de cuero curtido y un forro interior de grueso lino, cuyo efecto defensivo equivalía al Reino del Cuerpo Dorado. Por ello eran invencibles.
Sin la protección de una armadura pesada, la defensa se convertía en la mayor flaqueza del Abanderado, incapaz de resistir la pavorosa fuerza física de un artista marcial en la etapa tardía del Reino Humano.
La decisión de Yan Shixu de intercambiar herida por golpe exprimía al máximo las ventajas del talismán de fuerza bruta y del cuerpo gu. Solo así podía asegurarse una victoria fulminante.
"¡El comandante Zong ha caído!", gritaron dos soldados con los rostros pálidos como la cera y la voz temblando sin control.
Sin su Abanderado, la potencia de la formación militar decayó de golpe. El pánico cundió entre los soldados, que retrocedían aferrando sus sables con rostros demacrados por el espanto.
"Sanlang, hermano Gao, se los encargo a ustedes", dijo Yan Shixu, atravesando el campo de batalla como si nadie estuviera allí. Salió del patio y avanzó hacia un estupefacto Li Huai'an.
El perro marioneta Sanlang y Gao Mei aprovecharon la coyuntura para abalanzarse sobre las tropas.
Bajo los pies de Gu Hanzhang emergieron los peces del Taiji; desplazándose como una sombra espectral, apareció a espaldas de un guardia secreto y le atravesó la espalda hasta el corazón con su espada corta.
Al contemplar al enemigo que se aproximaba con parsimonia, Li Huai'an reconoció por fin aquel semblante y rechinó los dientes:
"Yan Shixu...".
Jamás se habría imaginado que aquel letrado, célebre en toda la Capital Oriental por su brillantez académica, fuera en verdad un maestro capaz de despachar a Zong Yue de un solo puñetazo.
Más allá del estupor, Li Huai'an, al igual que Wei Chengshuo, comprendió muchas cosas de golpe.
Tras vencer a Baoyue en el debate, Yan Shixu se había convertido en la predilección de la Secta Chongzhen; que le hubieran conferido talismanes daoístas y que contara con una cultivadora de la Escuela del Sur para escoltarlo y protegerlo cobraba ahora total sentido.
Este individuo era el auténtico nuevo dueño del ave espiritual.
Yan Shixu alzó la mano y examinó la herida, que ya dejaba de sangrar poco a poco:
"Si el Oficial de Enlace tiene algunas últimas palabras, será mejor que las pronuncie cuanto antes".
El poder autorregenerativo de la Píldora Inmortal del Yang Puro bastaba de sobra para reparar cualquier daño que no implicara la amputación completa de un miembro.
La mirada de Li Huai'an fluctuó repetidas veces; reprimiendo su sed de sangre a duras penas, declaró con voz sombría:
"Esa ave espiritual pertenecía originalmente a nuestro territorio de Yunshuo. La Oficina de Enlace pasó muchos días rastreándola hasta recuperarla, nada más. Este funcionario no alberga intención alguna de enemistarse con usted".
Mientras hablaba, dirigió la mirada hacia los colosos de armadura dorada que embestían a diestro y siniestro, y continuó con lentitud:
"No resistirán mucho más, y mis guardias secretos gozan de una destreza combativa nada desdeñable. Quizá a usted no le intimiden, pero difícilmente pueda decirse lo mismo de sus compañeros. Si proseguimos con este duelo, solo conseguiremos destruirnos mutuamente; convendría sellar una tregua aquí mismo.
"El ave espiritual se halla recluida en las mazmorras subterráneas de la Oficina de Enlace; yo mismo lo guiaré para que la recupere".
Aparentaba una sinceridad intachable.
Yan Shixu soltó una risa burlona:
"¿Acaso el Oficial de Enlace pretende engatusarme para que baje a las mazmorras y así unir fuerzas con ese engendro mitad humano y mitad serpiente? ¿Es que el Oficial de Enlace no encuentra familiares las escamas de mi cuerpo?".
El semblante de Li Huai'an mudó de golpe; sintió cómo el corazón se le precipitaba lentamente hacia un pozo sin fondo.
Al fin comprendió el origen de aquella extraña familiaridad: no se debía únicamente a ese rostro conocido, sino a las escamas de serpiente de un rojo encendido que le tapizaban la piel.
Sabía de la existencia del Noveno Amo; poseía escamas y un cuerpo gu semejantes a los del Noveno Amo...
Un presagio funesto e incontenible brotó en el pecho de Li Huai'an y, de inmediato, el joven en su campo visual arremetió contra él como un toro desbocado.
Con el escarmiento que acababa de sufrir Zong Yue como advertencia previa, Li Huai'an no se atrevió a recibir el embate de frente. Giró levemente sobre sus pies y su cuerpo se ladeó flotando hacia un costado, esquivando la embestida por un pelo.
Aprovechando la fracción de segundo del cruce, Li Huai'an barrió en horizontal con su sable largo, volcando todo su denso flujo de Qi en el filo, que rasgó contra el cuello cubierto de escamas rojas.
Con un estrépito metálico, las escamas rojas estallaron en pedazos; el filo perforó la coraza, pero no logró penetrar en el músculo.
Yan Shixu le asestó un pesado golpe curvo en pleno pecho.
Li Huai'an cruzó los brazos a tiempo para bloquearlo; un crujido apagado resonó en los huesos de sus brazos, experimentando en carne propia lo que Zong Yue había sentido instantes antes: la sensación de ser embestido directamente por un ariete de asedio.
Su cuerpo salió despedido hacia atrás fuera de control, con un dolor tan atroz que su corazón pareció detenerse y se le cortó el aliento.
¡Pum, pum, pum...! El cuerpo corpulento de Li Huai'an retrocedió tambaleante, dejando con cada pisada un hoyo profundo en la tierra.
'¡No, algo no encaja!'
'Posee la fuerza de un artista marcial en la etapa tardía del Reino Humano, pero carece de un Qi arrollador e incontenible; de lo contrario, ese golpe de recién habría bastado para matarme.'
'¡No es un auténtico guerrero de la etapa tardía del Reino Humano! ¡Se vale de una fuerza externa!'
Una chispa de esperanza se encendió en el pecho de Li Huai'an, y de inmediato dio media vuelta para escapar.
Sin embargo, un cuerpo físico llevado al extremo suele acarrear una explosividad demoledora; por muy prodigiosa que sea la técnica de movimiento de un infante, jamás podrá superar en velocidad a un adulto.
Yan Shixu le dio alcance en un parpadeo.
Li Huai'an rugió: "¡Vengan a ayudarme de inmediato!".
Los sirvientes apostados en los tejados tensaron sus arcos al unísono; las flechas llovieron, rebotando con tintineos metálicos contra las escamas y arrancando chispas.
El puño directo de Yan Shixu salió disparado como una lanza, tan veloz que produjo un estallido sónico.
Li Huai'an recurrió a su maniobra previa, ladeando el cuerpo al límite para esquivarlo; no obstante, una patada voladora lo alcanzó de lleno en el vientre, haciéndolo volar cinco o seis metros como una pelota.
Apenas tocó el suelo, un puño descomunal se agigantó en su campo visual.
Apresuradamente dobló los codos, canalizando todo su flujo de Qi para resistir el impacto.
Aunque un artista marcial en la etapa media del Reino Humano no podía materializar su Qi en filos astrales de sable o espada para segar vidas a distancia, sí era capaz de infundirlo en armas y extremidades para potenciar su solidez.
El puño se estrelló contra su codo; resonó un crujido seco: el codo no se quebró, pero los huesos del hombro quedaron pulverizados.
¿Hacía cuántos años que no sufría una herida así? Li Huai'an olió el tufo de la muerte.
Yan Shixu se montó a horcajadas sobre él y alzó el puño.
En ese instante, un guardia de las sombras llegó a toda prisa y, desafiando a la muerte, se aferró con desesperación al brazo en alto de Yan Shixu para impedir que el golpe cayera.
A pesar de que Gu Hanzhang y Gao Mei libraban un combate encarnizado, la disparidad numérica entre ambos bandos era excesiva; además, el coloso de armadura dorada carecía de discernimiento: solo sabía matar enemigos y no entendía de flexibilidad táctica.
Era imposible evitar que los guardias de las sombras acudieran al rescate de Li Huai'an.
Huo Qi sujetó a Yan Shixu por la nuca desde atrás y bramó con fiereza: "¡Ataquen a sus ojos!".
Dos sables largos se lanzaron a ensartar las pupilas de Yan Shixu.
Yan Shixu ladeó levemente la cabeza; las puntas de los sables resbalaron contra su mejilla despidiendo chispas, mientras más guardias de las sombras se abalanzaban sobre él, colgándose de su cuerpo como koalas aferrados a un tronco.
Un guardia de las sombras arrastró a Li Huai'an fuera de la refriega. Este le arrebató el sable de un tirón, le infundió su Qi y, con semblante despiadado, se dispuso a contraatacar para liquidarlo.
Yan Shixu sacudió ambos brazos con violencia y dos guardias salieron disparados escupiendo sangre.
Luego estiró la mano hacia atrás, atenazó el cuello de Huo Qi y lo levantó por el aire como si fuera un pollo indefenso.
"¡Huye... huye rápido...!", forcejeó y rugió Huo Qi, hasta que un puño atravesó su corazón como una lanza, de lado a lado; su voz se apagó en el acto.
Sin mediar palabra, Li Huai'an dio media vuelta y echó a correr.
Yan Shixu agarró a otro guardia de las sombras y lo arrojó con brutalidad hacia el Oficial de Enlace que huía despavorido.
Acto seguido, sus pasos devoraron el terreno, veloz cual cisne en vuelo rasante.
Li Huai'an apenas acababa de esquivar el cuerpo del guardia cuando presenció esto; el terror le desgarró las entrañas: la resolución de aquel hombre por matarlo era tan inquebrantable como el hierro.
Parecía haber entre ellos un odio a muerte, como si le hubiese masacrado a todo el linaje.
Ya sin refuerzos a su alrededor, Li Huai'an sintió como si hubiera regresado a sus tiempos de caballero andante, cuando recorría el Jianghu en solitario con un solo sable: frente a él una multitud de enemigos, y a sus espaldas nadie en quien apoyarse.
En aquel entonces siempre lograba transformar la adversidad en fortuna, abatiendo a formidables rivales bajo su filo; en aquella época, no sabía lo que era el miedo.
Solo existía la convicción inquebrantable de aniquilar al adversario.
No supo en qué momento se había vuelto tan ducho en maquinaciones, sopesando pros y contras ante cada nimiedad, hasta el punto de calcular ganancias y pérdidas incluso antes de librar las sangrientas refriegas de las que antaño dependía su propia subsistencia.
Li Huai'an dejó de huir. Hundió la cintura, afianzó la postura y, con el rostro encendido de ferocidad, descargó un mandoble con su sable largo hacia el enemigo que tenía enfrente.
Con ese tajo, todas las viejas cargas se disiparon y sus pensamientos alcanzaron una claridad absoluta.
Un flujo de Qi torrencial se condensó en un filo astral de sable, resplandeciente e impetuoso.
Yan Shixu embistió de frente contra él.
El sable de acero templado reventó en pedazos. Li Huai'an soltó un quejido ahogado y salió despedido por el aire; quién sabe cuántos huesos se le quebraron en el impacto.
A medida que la adrenalina se disipaba, los daños viscerales provocados por los golpes y patadas previos cobraron su cuota; esta vez, no pudo volver a levantarse.
En el pecho y vientre de Yan Shixu se abrió una cuchillada que alcanzaba los órganos internos, de la que manaba sangre sin cesar.
Sin embargo, como si fuera inmune al dolor, avanzó a grandes zancadas, cayó sobre él aplastándolo con una rodilla y descargó el puño cerrado.
¡Bum!
La caja torácica de Li Huai'an se hundió. Abrió los ojos desorbitadamente, con el rostro blanco como el papel.
La vigorosa vitalidad del artista marcial pugnó por mantenerlo con vida; no pereció de inmediato, sino que en sus pupilas brilló el último destello de la agonía:
"Muchacho, Yunshuo no te dejará escapar... tarde o temprano bajarás a hacerme compañía".
¡Bum!
Yan Shixu le propinó otro puñetazo.
Li Huai'an vomitó una copiosa bocanada de sangre. Sabiendo que la muerte era ineludible, maldijo con saña:
"¡Y ese maldito pájaro! Prefirió soportar tormentos desgarradores antes que revelar tu identidad... De lo contrario, ¿acaso este anciano habría estado desprevenido?
"¡Maldita bestia! Solo lamento haber sido blando de corazón y no haberlo ensartado hasta la muerte con agujas de plata".
Yan Shixu lo comprendió de pronto: por qué, en escasos dos o tres días, Xueyi había quedado en semejante estado de decadencia.
Por qué agonizaba sin mostrar heridas visibles en el cuerpo.
Xueyi era miedoso por naturaleza; en días normales, la sola vista de un gato callejero bastaba para que chillara aterrado. Cuando no armaba escándalo pidiendo comer loto Xuan, exigía a gritos ojear libros misceláneos.
Un ave tan consentida y delicada había soportado tres días enteros... solo para protegerlo.
¡Bum! ¡Bum! ¡Bum!
Con los ojos inyectados en sangre, Yan Shixu descargó sus puños como un poseído. Fragmentos de corazón mezclados con esquirlas de hueso salpicaron todo el suelo.
Li Huai'an quedó con los ojos desorbitados, y el brillo de sus pupilas se extinguió por completo.
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• Novela: Lín Shèng / 临圣
• Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君)
• Traductor: Inmensurable
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El Descenso del Santo (Novela)
Capítulo 102
El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 101
Estás leyendo el capítulo 101 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.