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Leer EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
El destello del portal de la mazmorra se disipó y me encontré de nuevo en la tranquilidad de mi habitación. La luz artificial del techo se sentía casi extraña después de haber pasado tanto tiempo en aquella penumbra llena de fuego, truenos y recuerdos trágicos. Caí de rodillas al lado de la cama, soltando un gemido ahogado. Aunque la habilidad del \*Dios de Inmortalidad\* había reconstruido mi brazo cercenado y sanado las heridas fatales, el agotamiento mental era aplastante. Era como si mi alma pesara una tonelada. —Descansa un poco, Carlos —dijo Génesis suavemente en mi mente, rompiendo el silencio—. Mañana será un día difícil. Debes revisar las recompensas que te dio el Sistema y adaptar tu cuerpo al rango de Guerrero Solitario. —Sí... tienes razón —murmuré, quitándome la chaqueta destrozada y dejándome caer de espaldas sobre el colchón. Clavé la mirada en el techo blanco. En mi mente todavía resonaban las últimas palabras de Luis Omega, el rostro sonriente de Lisa cayendo al suelo y la fría promesa de ese ser llamado Jack, el Dios de la Locura. Pero sobre todo, sus advertencias sobre la inminente fusión de los mundos. \*«¿En verdad otros mundos y dimensiones van a colapsar sobre el nuestro?»\* —pensé, apretando el puño. Antes de cerrar los ojos por completo, abrí ligeramente la interfaz del Sistema con un pensamiento. Una ventana holográfica azul flotó frente a mí, mostrando mis nuevas estadísticas: \> \*\*\[Panel de Estado\]\*\* \> \*\*Nombre:\*\* Carlos \> \*\*Nivel:\*\* 25 \> \*\*Rango:\*\* Guerrero Solitario \> \*\*Habilidades Únicas:\*\* Dios de la Inmortalidad, Raizen, Puños de Hierro \> \*\*Compañeros/Invocaciones:\*\* Fénix Azul \> \*\*Equipamiento:\*\* Espada Nocturna Solar (Clase Mítica) \> \*\*Puntos de Estadística sin asignar:\*\* 50 \> —Cincuenta puntos... —susurré, dejando escapar una risa cansada pero llena de anticipación. Cerré el menú y dejé que el sueño me invadiera por completo. Sabía que la paz no duraría mucho. Si las palabras del Caballero del Fénix eran ciertas, en tan solo unos días las mazmorras comenzarían a abrirse por todo el mundo, liberando legiones de monstruos y cambiando para siempre la historia de la humanidad. Y yo tendría que estar listo para aplastarlos a todos. Dormí tan profundamente que mi mente quedó completamente hecha piedra, sumida en un trance donde los ecos de las espadas y las advertencias de Luis Omega parecían lejanos. Habían pasado apenas algunas horas cuando el sonido estridente de mi alarma comenzó a resonar por toda la habitación. Con los párpados pegados y la cabeza sintiéndose pesada por la evolución acelerada de nivel, estiré el brazo a ciegas para apagar ese maldito ruido. Busqué con la mano torpemente sobre las sábanas, tratando de dar con la pantalla del teléfono, pero mis dedos chocaron contra algo extrañamente suave, cálido y firme. Sin pensarlo dos veces —y con el cerebro funcionando a un 10%—, apreté levemente un par de veces creyendo que era la funda de almohada o el borde de la mesita de noche. —Unos... ¿unos dos minutos más...? —murmuré con voz ronca, hundiéndome más en las cobijas. Un segundo después, un silencio sepulcral llenó la habitación. Me congelé. Ese peso no era el teléfono. Y esa textura definitivamente no era mi almohada. Abrí un ojo despacio, solo para encontrarme a escasos centímetros con el rostro de María. Su cara estaba completamente roja, ardiendo como un volcán a punto de hacer erupción, con las pupilas dilatadas por el shock y la respiración contenida. Mi mano derecha estaba posada... directamente sobre su pecho. El aire se congeló en la habitación. Durante tres largos segundos, ninguno de los dos dijo nada. Yo ni siquiera me atrevía a respirar. —Ah... eh... ¡ahhhhh! ¡P-PERVERTIDO! —gritó María a pleno pulmón, con la voz quebrándose en una mezcla de vergüenza extrema y furia desenfrenada. Antes de que mi cerebro reaccionara para pedir disculpas o explicar que la habilidad de \*Dios de la Inmortalidad\* no me protegía del daño por vergüenza, María me soltó un rodillazo directo al estómago seguido de un empujón que me mandó directo fuera de la cama. ¡BAM! Caí rodando contra el suelo de madera, enredado entre las sábanas y sofocado. —¡Espera, María! ¡Fue un accidente! ¡Estaba buscando la alarma, te lo juro! —exclamé desde el piso, levantando las manos en señal de rendición mientras trataba de zafarme de las cobijas. Ella estaba sentada sobre la cama, cubriéndose el pecho con la almohada y mirándome con chispas saliendo de sus ojos, aunque el rubor le llegaba hasta las puntas de las orejas. —¡¿Buscando la alarma?! ¡¿En mi pecho?! ¡Carlos, eres un idiota asqueroso! ¡¿Qué hacías durmiendo tan cerca de mí para empezar?! —reclamó lanzándome un cojín directamente a la cabeza con una precisión impecable. Atrapé el cojín en el aire gracias a mis reflejos mejorados del Rango Guerrero Solitario, pero la mirada asesina de María dejaba claro que los puntos de nivel no servían de nada contra una chica enfurecida por la mañana. —\*Te dije que despertaras a tiempo...\* —resonó la voz de Génesis en mi mente, conteniendo una risita burlona—. \*Tienes reflejos para detener espadas divinas pero no para evitar tocar a María. Patético.\* \*«¡Cállate, Génesis! ¡Tú no estás ayudando en nada!»\* —le respondí internamente, tragando saliva mientras miraba a María, quien seguía echando humo pero empezaba a calmarse muy lentamente, frunciendo el ceño de esa forma tan particular que tenía cuando trataba de no sonreír por lo absurdo de la situación. —Pero María... si ayer te dije que durmieras en mi habitación porque no había otro lugar cómodo —dije, rascándome la nuca estando completamente nervioso y confundido—. Además, ¡perdón! En serio no era mi intención... Es que pensé que era mi celular. María abrazó la almohada con más fuerza, desviando la mirada mientras un leve rubor aún permanecía en sus mejillas. —Emm... ¡jum! Claro, qué tonto... —murmuró frunciendo los labios, tratando de recuperar la compostura. De pronto, cambió radicalmente de expresión y me clavó una mirada inquisidora—. Pero dime... ¿a dónde fuiste ayer? Me quedé completamente paralizado en mi lugar. \*¿Qué...? ¿Cómo carajos lo sabe?\* —Jujujuju... no me digas que fuiste a... ya sabes... —soltó ella con una sonrisita pícara y burlesca, levantando una ceja. —¿Qué tanto estás insinuando? —pregunté arqueando una ceja, sintiendo un sudor frío recorrer mi espalda. —¡No! ¡Nada! —exclamó ella cruzándose de brazos rápidamente, dándose la vuelta. —Parece que la malpensada eres tú... —le respondí soltando un suspiro de alivio, cruzando los brazos. —¡Oye! No me hables con ese tono, ¡descarado! —¿Ah, disculpa? —solté una ligera risotada ante su berrinche. —En fin, como sea... ¡hazme el desayuno, \*Senpai\*! —dijo María dándome la espalda con indignación fingida, aunque se notaba que se le había pasado el enojo. —Está bien, está bien, iré a preparar el desayuno... —dije resignado mientras me ponía de pie y me estiraba. Pero antes de salir de la habitación hacia la cocina, me detuve un segundo frente a la puerta. Tenía algo crucial que hacer primero. \*«Antes de eso... tengo que revisar mis estadísticas.»\* Con un solo pensamiento, desplegué la pantalla azul del Sistema frente a mis ojos. Los 50 puntos de estadística seguían parpadeando, esperando ser distribuidos para adaptar mi cuerpo a mi nuevo rango. —Veamos qué podría subir... mmh, ya sé. Sin dudarlo, distribuí los puntos cuidadosamente en el menú flotante: \* \*\*Agilidad:\*\* +20 \* \*\*Resistencia:\*\* +20 \* \*\*Invocación:\*\* +5 \* \*\*Fuerza:\*\* +5 \> \*\*\[Ajuste de Estadísticas Completado\]\*\* \> \*\*Agilidad:\*\* Aumentada (+20) — \*Tus reflejos y velocidad de desplazamiento han alcanzado un nivel sobrehumano.\* \> \*\*Resistencia:\*\* Aumentada (+20) — \*Tu cuerpo soportará mejor el desgaste de las habilidades divinas y el impacto de los combates.\* \> \*\*Invocación:\*\* Aumentada (+5) — \*El vínculo con el Fénix Azul se ha fortalecido.\* \> \*\*Fuerza:\*\* Aumentada (+5) — \*Tu potencia de impacto físico ha incrementado.\* \> Una corriente de calor recorrió mis músculos, aligerando mi cuerpo al instante. El cansancio acumulado de la batalla contra Luis desapareció casi por completo, sustituido por una agilidad y firmeza renovadas. —Perfecto —murmuré cerrando la interfaz con una sonrisa de satisfacción—. Ahora sí, a cocinar antes de que María me destruya la casa. Salí de la habitación sintiendo mi cuerpo ridículamente ligero gracias a los 20 puntos de agilidad extra. Era como si la gravedad misma hubiera decidido ser más amable conmigo. Me dirigí a la cocina, me até un delantal y comencé a picar ingredientes con una velocidad y precisión sobrehumanas. ¡TAK-TAK-TAK-TAK-TAK! En cuestión de tres minutos ya tenía sobre la mesa un par de platos con huevos revueltos perfectamente dorados, tocino crujiente, tostadas y dos tazas de café humeante. —¡Listo, el desayuno está servido! —anuncié alzando la voz. María salió de la habitación ya más tranquila, aunque con un leve rubor que aún se le asomaba en las mejillas. Se sentó a la mesa, olfateó el vapor del café y sus ojos brillaron por un instante. —Vaya... al menos sirves para algo, \*Senpai\* —murmuró tomando los cubiertos con delicadeza, dando el primer bocado—. Mmm... está delicioso. Te salvo de la paliza solo por esto. —Qué generosa eres —dije con ironía mientras me sentaba frente a ella y daba un sorbo a mi café—. Oye, cambiando de tema... ¿has notado algo raro afuera hoy? María se detuvo con el tenedor a medio camino y frunció el ceño. —¿Raro? Aparte de tu actitud de esta mañana... no mucho. Aunque ahora que lo mencionas, en las noticias no paran de hablar de pequeñas grietas luminosas que han aparecido en el cielo cerca del centro de la ciudad. Dicen que son fallas atmosféricas, pero... la gente está un poco inquieta. Se me congeló la taza en los labios. \*«Las grietas...»\* Las palabras de Luis Omega retumbaron en mi mente como un trueno: \*“Habrá monstruos salir de las mazmorras y lo más posible es que se fusionen nuestros mundos...”\* —¿Carlos? Te quedaste mudo de nuevo —dijo María mirándome con preocupación, notando el cambio repentino en mi rostro. —No es nada... solo pensaba en lo que tengo que hacer hoy —disimulé con una sonrisa rápida, terminándome el café de un solo trago—. Por cierto, voy a salir un momento a hacer unas compras. No te alejes del departamento, ¿de acuerdo? —¿Compras? ¿A esta hora? —María entornó los ojos, sospechando algo—. Carlos, no me estás ocultando algo, ¿verdad? Antes de que pudiera inventar una excusa convincente, una sacudida brutal hizo temblar el edificio entero. Las tazas sobre la mesa vibraron violentamente y el plato de María estuvo a punto de caer al suelo. ¡BOOOOOOM! Un rugido ensordecedor, muy lejano pero lo suficientemente potente como para erizar la piel, resonó desde la distancia, seguido por el sonido distante de sirenas de policía y gritos en las calles. \> \*\*\[¡ALERTA DEL SISTEMA!\]\*\* \> \*\*\[Se ha detectado una ruptura espacio-temporal de Grado 1.\]\*\* \> \*\*\[La primera fase de la Fusión de Mundos ha comenzado.\]\*\* \> \*\*\[Ubicación: Sector Centro — A 2.5 km de tu posición.\]\*\* \> Me puse de pie de un salto, haciendo retroceder la silla con brusquedad. La pantalla carmesí del Sistema parpadeaba frente a mí con una urgencia sofocante. —¡¿Qué demonios fue ese terremoto?! —exclamó María poniéndose de pie, pálida mientras miraba hacia la ventana. A través del cristal se podía ver una enorme columna de humo negro elevándose en el horizonte de la ciudad, y justo encima de ella, una grieta purpúrea gigante rasgaba el cielo azul. —Quédate aquí, María —dije con una voz firme y seria que nunca antes me había escuchado usar, caminando rápidamente hacia la entrada para tomar mi chaqueta. —¡Carlos, espera! ¡No puedes salir ahí afuera! ¡Mira eso, parece un ataque! —gritó ella intentando tomarme del brazo. —Estaré bien, te lo prometo —la miré fijamente a los ojos, transmitiéndole la mayor seguridad posible—. No salgas bajo ninguna circunstancia. Cierra la puerta con seguro. Sin esperar respuesta, salí al pasillo y cerré la puerta tras de mí. Invoqué la \*Espada Nocturna Solar\* de mi inventario; el filo oscuro con destellos dorados apareció en mi mano derecha mientras sentía la presencia cálida del Fénix Azul despierta dentro de mi pecho. \*«Llegó la hora...»\* pensé, apretando el mango de la espada mientras me impulsaba por el pasillo a una velocidad cegadora hacia las calles infestadas. Me detuve en seco en la puerta, me di la vuelta y miré a María tratando de relajar el ambiente tras el susto del temblor. —Pero antes... primero tengo que ir a la academia —dije acomodándome la chaqueta—. Oye, María, dijiste que ibas a ir con tu mamá hoy, ¿no? Creo que es mejor que te lleve primero a un lugar seguro y luego me iré a la academia. Así que no te preocupes por ahora. María me miró sorprendida por el cambio de planes, pero suspiró aliviada al ver que no me lanzaría a lo loco hacia la zona de la explosión. —Bueno... sí, mi mamá me está esperando en la sede —respondió acomodándose el cabello mientras recuperaba su postura de combate habitual—. Aunque no necesitas protegerme tanto, \*Senpai\*. Te recuerdo que soy una cazadora de Rango A-S. —Sí, sí, ya lo sé —sonreí con cierta ironía—. Pero dime... hablando de eso, ¿cuántos cazadores de Rango S hay actualmente en el gremio de tu padre? María se puso pensativa, cruzándose de brazos mientras caminábamos hacia la salida del edificio. —Mmm... en el Gremio Dragón de Hierro, bajo el mando de mi padre, actualmente solo hay \*\*tres cazadores de Rango S\*\* confirmados —explicó con tono serio—. Mi padre es uno de ellos, por supuesto. Un Rango S no es cualquier cosa, Carlos; son considerados armas de destrucción masiva itinerantes. Si la grieta del centro resulta ser de nivel desastre, ten por seguro que el gremio enviará a uno de ellos a investigar. Se detuvo a la entrada del edificio, mirando la imponente columna de humo purpúreo que rasgaba el cielo a lo lejos. —Así que apresurémonos. Te acompañaré hasta donde está mi mamá y de ahí te vas a la academia antes de que la ciudad entre en toque de queda. —Está bien. Bueno, como no es igual que ayer... de seguro ya no te quedó ningún trauma, ¿no? —dije intentando aligerar el tono mientras bajábamos las escaleras. —¡Ah! Eso... pues... —respondió María, desviando la mirada bruscamente y juguetando con sus dedos, con la cara otra vez ligeramente colorada. —... —... —No me digas que no lo has olvidado todavía —solté con una sonrisa cansada. Caminé hacia la salida del edificio y me detuve un segundo mirando a través del gran ventanal del vestíbulo. A lo lejos, la enorme grieta morada rasgaba el cielo mientras una lluvia fina y helada comenzaba a caer sobre la ciudad, humedeciendo el cristal. —El mundo no puede apagarse... Después de todo, esta es nuestra cruel realidad —murmuré para mí mismo, contemplando el reflejo de mi rostro en la ventana—. Cuánta bondad aún queda en cada rincón de mis parámetros... Cada gota de esta lluvia trae recuerdos desconocidos que ni siquiera somos capaces de ver del todo. Giré ligeramente el rostro para mirarla. —Dime algo, María... ¿esos tres Rango S de tu gremio son capaces de sobrevivir ante un dios que solo desea traer caos y destrucción? —¿Eh? ¿Qué...? —María dio un paso atrás, abriendo los ojos de par en par—. ¿A qué te refieres, Carlos? Me estás asustando... —Oh, no te asustes, María —dije suavizando la voz, pero manteniendo la seriedad—. Solo quiero saber qué tan fuertes son los del gremio de tu padre. Necesito algo de ti... Quisiera que investigaras todo lo que va a pasar de ahora en adelante. Las cosas tal vez se pongan oscuras en el futuro y, para eso, tenemos que volvernos fuertes. Porque nosotros... nosotros tal vez ya no conozcamos el mañana ni el fin de estos momentos tras la derrota de un solo ser. María se quedó en silencio, temblando levemente mientras me miraba fijamente, recordando la sangrienta batalla que habíamos atravesado. —Hablas... hablas como si tú quisieras proteger a este mundo lleno de misterios —dijo ella con la voz entrecortada, apretando las manos en su pecho—. Yo sé lo que se siente perder y morir... ¡Te vi morir a ti! No quiero verte morir otra vez. ¡Me lo promets, Carlos! ¡Prométemelo! —María... pides algo difícil, casi imposible en esta vida —suspiré mirando al suelo—. El mundo está roto, después de todo. Debo hacer algo para no caer de nuevo. Soy débil, pero con el tiempo y entre la vida y la muerte misma en medio de una batalla podemos volvernos útiles. Recordando el día que luché a muerte... ver esos recuerdos de Luis me hicieron caer. Me siento tan diferente al de ayer. Parece que he cargado con estos problemas, pero... En ese momento, las palabras finales que Luis Omega me dejó en la memoria resonaron en mi cabeza como un eco distante que marcaba mi destino: \> \*«No quiero que acabes como yo... Alguien como tú no debe renunciar, pero este sueño solo va a traer desgracia a tu vida. Como caballero, nunca debes dejar ir esa luz, porque la luz se apaga cuando las personas buenas lo pierden todo. No dejes ir ni lo más mínimo. Lo que está causando este sufrimiento en el mundo es real. Eres fuerte, niño, pero no podrás cambiar todo tú solo... Aun así, algún día todos te van a necesitar, aunque hoy digan que eres un estorbo o alguien débil. Ellos no saben el error que cometen. Algún día serás tú quien cargue con todo el peso: cada pecado, cada caída, cada espada caerá sobre tus hombros... Te juzgarán y te culparán, tal como lo hicieron conmigo.»\* \> Llegamos a la sede del gremio a tiempo. Dejé a María a salvo junto a su mamá, sintiendo una breve calidez al ver el alivio en los ojos de ambas al reencontrarse. Sin embargo, no había lugar para el descanso. Me despedí de ella con un firme gesto de cabeza y tomé mi propio camino. En un principio, mi plan era dirigirme directamente a la academia. Pero al dar los primeros pasos por la ciudad alterada por el pánico, me detuve. \*«Ir a sentarme en un aula de clases ahora mismo es una pérdida de tiempo. Si la fusión de mundos se aproxima, necesito poder real. Necesito ser abrumadoramente fuerte.»\* Decidí dar media vuelta y dirigirme hacia las montañas en las afueras de la ciudad, un territorio solitario e inexplorado donde nadie pudiera interrumpirme. Apenas puse un pie en el terreno baldío, una pantalla holográfica del Sistema se desplegó repentinamente frente a mí, brillando con un fulgor dorado e intimidante: \> \*\*\[¡MISIÓN ESPECIAL DE EVOLUCIÓN DADA POR EL SISTEMA!\]\*\* \> \*\*\[Objetivo: Romper los límites de la carne y asimilar el peso de las leyendas.\]\*\* \> \* \*\*Abdominales:\*\* 50,000 repeticiones. \> \* \*\*Sentadillas:\*\* 40,000 repeticiones. \> \* \*\*Recorrido:\*\* 1,000,000 de kilómetros. \> \* \*\*Dominio de Esgrima:\*\* 200,000,000 de blandidas con la Espada Nocturna Solar. \> \*\*\[Recompensa: Adaptación física absoluta y sincronización de rango.\]\*\* \> \*\*\[Penalización por abandono: Muerte cerebral.\]\*\* \> Tragué saliva. Los números frente a mí parecían una locura total, un entrenamiento inhumano diseñado para destruir el cuerpo de cualquier mortal. Pero recordando la mirada de Luis Omega y la amenaza del Dios de la Locura, apreté los dientes. —Que así sea —sentencié. Comencé de inmediato. El suelo de la montaña retumbaba con cada serie. Hice miles de abdominales sin parar mientras el sudor quemaba mis ojos. Continué con las 40,000 sentadillas; mis piernas ardedoras crujían, pero mi resistencia mejorada y la energía del Fénix Azul reconstruían las fibras musculares a una velocidad pasmosa cada vez que estaban a punto de colapsar. Luego vino el recorrido. Corrí y caminé millones de kilómetros atravesando valles, bosques, montañas y terrenos escarpados a una velocidad que borraba el paisaje a mi alrededor. El tiempo pareció perder su significado; día y noche se fundieron en un ciclo continuo de dolor, disciplina y superación. Finalmente, desenvainé la \*Espada Nocturna Solar\*. El filo oscuro y dorado pesaba como una montaña sobre mis brazos fatigados. —Una... dos... mil... un millón... —empecé a contar en voz alta. Cortes horizontales, estocadas directas, tajos descendentes. Dos cientos millones de veces. Repetí el mismo movimiento una y otra vez hasta que mis manos se llenaron de ampollas que sangraron y luego se convirtieron en duras callosidades. Cada blandida resonaba como un látigo de aire que cortaba la niebla y hendía la tierra. Con cada millón de repeticiones, la esgrima pesada y vaga se transformaba en un arte puro, fluido y letal. El aura oscura de la espada comenzó a fusionarse con el fuego azul que brotaba de mis poros. Al completar la última blandida, la número 200,000,000, un choque de onda expansiva barrió la cima de la montaña, limpiando el cielo de nubes. Caí de rodillas, jadeando violentamente, con el cuerpo empapado en sudor y los músculos latiendo con un poder aterrador. Cumplir con los requisitos del Sistema había sido un infierno absoluto, un esfuerzo que rozó la locura... pero lo había logrado. \> \*\*\[¡MISIÓN ESPECIAL COMPLETADA!\]\*\* \> \*\*\[Tu cuerpo ha trascendido los límites humanos.\]\*\* \> \*\*\[Sincronización con la Espada Nocturna Solar: 100%\]\*\* \> \*\*\[Dominio del arte de la esgrima: Nivel Maestro Supremo.\]\*\* \> —\*¡Ahhh!\* —dejé escapar un suspiro profundo, desplomándome un momento sobre la hierba antes de ponerme de pie. La verdad había sido infernal. Mis músculos quemaban con una fuerza renovada y mi respiración se estabilizaba a una velocidad asombrosa. —Qué difícil, la verdad... pero tengo que seguir así durante todo un mes si quiero estar listo —murmuré para mí mismo, limpiándome el sudor del rostro—. Por ahora debo pensar en algo más. Tal vez debería ir a una mazmorra a probar este nuevo poder; no sería para nada una mala idea. Aunque... primero debería pasar a comprar algo de comer. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos anaranjados y violetas. La tardecita caía refrescando el ambiente mientras caminaba de regreso hacia mi casa con las bolsas de la comida en la mano. Sin embargo, al doblar la esquina de mi calle, me detuve en seco. Frente a la entrada de mi casa, apoyada contra la pared y mirando impaciente a todos lados, estaba Angélica. En cuanto sus ojos se cruzaron con los míos, su rostro se iluminó por completo. —¡Carlos! ¡Hola! —gritó emocionada, corriendo unos pasos hacia mí—. Oye, ¿por qué no fuiste a la academia hoy? ¿Estás bien? ¿No estás enfermo?. —No, estoy bien... —respondí rascándome la nuca, tratando de mantener la compostura tras el agotamiento del entrenamiento—. Además, ¿qué haces tú aquí? Angélica detuvo sus pasos, jugueteando con las mangas de su uniforme y bajando la mirada. Una expresión de culpa y vulnerabilidad cruzó su rostro, y al levantar la vista, me miró con unos ojos brillantes, llenos de una ternura casi manipuladora. —Bueno... yo... —murmuró con la voz pequeña—. Sigues molesto conmigo, ¿verdad? Un escalofrío me recorrió la espalda. Conozco esa mirada. —Oye, no me mires con esos ojos, por favor... No lo hagas —dije dando un paso atrás, tratando de resistir su chantaje emocional. —¡Vamos, síiii! —suplicó juntando las manos, alargando la vocal con un tono juguetón pero insistente. Exhalé un largo y resignado suspiro, cerrando los ojos por un segundo. —Está bien, tú ganas... Entra. De seguro tienes mil preguntas que hacerme, Angélica —dije haciendo un gesto con la cabeza hacia la puerta mientras sacaba las llaves. Ella sonrió de inmediato, recuperando toda su energía, y me siguió al interior del departamento. Sabía que la conversación que se venía no iba a ser nada sencilla. Entramos al departamento. Dejé las bolsas de la comida sobre la barra de la cocina y me giré para mirarla seriamente mientras me despojaba de la chaqueta. —Puedes sentarte ahí en el sofá —dije señalando el mueble con la cabeza—. Bien, dime... ¿a qué has venido exactamente? Angélica no se sentó de inmediato. Se quedó de pie cerca de la mesa, retorciendo con nerviosismo el borde de su falda antes de responder. —Vine porque el profesor Matías me pidió que te fuera a buscar... Él está muy preocupado por ti, e igual Alan. Ellos dos vendrán mañana a hablar contigo sobre lo que pasó en la clase hace dos días... Arqueé una ceja, sintiendo una punzada de molestia acumulada. —No entiendo por qué ellos vendrían a verme —respondí soltando un leve resoplido—. Sé que esto no se ve bien, pero prefiero estar solo, Angélica. Tengo demasiadas cosas en la cabeza como para dar explicaciones. Angélica dio un paso hacia mí, recortando la distancia. Su mirada ya no era juguetona; estaba cargada de una preocupación genuina que me tomó por sorpresa. —Carlos... algo te ocurre —dijo con la voz temblorosa—. Dime qué es, por favor. Quiero ayudarte... —¿Ayudarme? —me reí sin ganas, negando con la cabeza—. ¿En qué podrías ayudarme? Solo quiero estar solo... pero... \*ahh\*. En verdad lo siento, Angélica. Yo solo quería evitarte por todo el tema que pasó con mi magia y la esfera de evaluación. Al escuchar eso, el rostro de Angélica se contrajo en una mueca de auténtico dolor y vergüenza. Bajó la cabeza por completo, incapaz de sostenerme la mirada. —Oh, no... Carlos, yo... soy una idiota —susurró con la voz quebrada—. No fue mi intención, te lo juro. Solo se lo conté a mis amigas porque estaba sorprendida, pero jamás creí que serían capaces de hacerlo público y burlarse de ti de esa manera... Me le quedé viendo fijamente. El silencio en la sala se volvió pesado mientras recordaba los rumores que se habían esparcido por toda la academia sobre mi supuesto "nivel bajo" o "magia defectuosa". —¿Entonces él tenía razón? —pregunté con frialdad, refiriéndome a las burlas de los demás alumnos. —¡No! ¡No, Carlos! —exclamó ella levantando la cabeza de golpe, con los ojos al borde de las lágrimas—. De lo que él dijo, nada es verdad. Pero esto que te estoy diciendo ahorita sí es la verdad... Tenía que ser honesta contigo. Yo jamás te he odiado ni te detesto. Solo quería animarte ese día... pero terminé fallando miserablemente y arruinándolo todo . Me crucé de brazos, observando la sinceridad en sus lágrimas. Después de haber presenciado el infierno de Luis Omega y la amenaza de una guerra entre mundos, los dramas de la academia me parecían ridículamente lejanos, pero ver a Angélica romper de esa forma me hizo ablandar el gesto. —Angélica... —suspiré, acercándome a ella. —Tranquila, sí... —la abracé suavemente para consolarla—. No es necesario que llores, Angélica. Te conozco desde que éramos niños y sé muy bien que no lo hiciste con mala intención... pero Luck sí que se quiso pasar de listo. Al tenerla tan cerca, una vibración extraña recorrió mi percepción mejorada. Fruncí el ceño, detectando un flujo de aura inusualmente denso en ella. —Además, veo que has entrenado mucho, Angélica... aunque esa energía se siente casi... perversa. Angélica detuvo sus sollozos bruscamente. Al notar el tono en mi voz y la proximidad de nuestro abrazo, una chispa completamente distinta se encendió en sus ojos. Observó mi postura firme, los músculos marcadamente definidos de mi torso tras el entrenamiento infernal del Sistema y la presencia intimidante que ahora emanaba de mí. —Oye... déjame ver tu cuerpo... —murmuró ella con una sonrisa traviesa que borró de golpe toda su vulnerabilidad previa. —¿Ah? ¿Qué? —parpadeé confundido, dando un paso atrás. \*(¡Diablos, señorita... resultó ser toda una loba! xdd —Nota del Autor)\* Sin darme tiempo a reaccionar, Angélica dio un paso al frente con una determinación abrumadora, sujetando el borde de mi polera. —¡Vamos, quítate la camiseta! Quiero ver qué me estás ocultando bajo toda esa actitud misteriosa —exclamó con los ojos brillándole de curiosidad desatada. —¡Eh! ¡Oye, no! ¡Detente! —protesté tratando de apartar sus manos mientras retrocedía torpemente hacia la pared—. ¡Dije que te detuvieras, mujer depravada! ¡Hace un segundo estabas llorando! —¿Ehh? ¿En serio? —dijo ella con una sonrisa peligrosa, contorneando los labios como un cazador que acorrala a su presa. \*«Mierda... me había olvidado por completo de que esta loca tiene unos problemas gigantescos con sus fantasías locas»\*, pensé sintiendo una gota de sudor frío recorrer mi nuca. —Vamos, solo quítatela —insistió Angélica, dando un paso más hacia mí sin un solo rastro de vergüenza—. Ni que fuera una de esas mujeres abusadoras... Aunque bueno, si tú quieres, ¡puedo ser una de esas para ti! —¡Oye, no, idiota! —le di un \*sape\* firme en la nuca para hacerla reaccionar. —¡Auch! —se quejó llevándose ambas manos a la cabeza mientras me miraba con un puchero en los labios. —Oye, ¿desde cuándo vas a madurar tú? —le reclamé cruzándome de brazos, tratando de mantener una distancia segura de sus garras. —¡Oye, no es justo! ¡Ten más cuidado conmigo, sí?! ¡Soy una chica delicada! —protestó sobándose la zona golpeada y mirándome con ojos indignados. —Huy, sí, mira quién habla... La princesa declarando su delicadeza —solté una risita sarcástica, negando con la cabeza—. De verdad me pregunto cómo es que ella... Pero no alcancé a terminar la frase. Angélica dio un paso al frente con el rostro ardiendo de vergüenza y frustración, y comenzó a soltarme una ráfaga ininterrumpida de golpecitos con los puños cerrados directamente contra mi abdomen. —¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tontotontotontotontotontotontotontotonto! —repetía sin parar, descargando su rabieta contra mí como una ametralladora. Lo único malo para ella era que, tras la misión de entrenamiento especial del Sistema —donde había hecho 50,000 abdominales y 40,000 sentadillas—, mi abdomen era básicamente un muro de acero reforzado por el Rango Guerrero Solitario. Sus puños chocaban contra mi torso como si estuviera golpeando la pared de una fortaleza, haciéndose más daño ella misma que el que me causaba a mí. Me quedé ahí de pie, viéndola desquitarse sin moverme ni un solo centímetro, conteniendo la risa mientras ella seguía pegándome con todas sus fuerzas. Una pequeña sonrisa se me escapó al ver la escena. —Está bien, está bien —dije sosteniéndole los muñecas suavemente para detener la ráfaga de golpes sin esfuerzo—. Pero antes, quiero preguntarte algo... ¿Has dominado la \*Lanza de Zeus\*? Angélica se congeló al instante, aflojando los puños. Su expresión juguetona se suavizó un poco y desvió la mirada con un leve suspiro de frustración. —Bueno... la verdad no tanto —admitió acomodándose el cabello detrás de la oreja con cierta timidez—. Es una técnica de grado antiguo muy compleja... Pero, ¿tú cómo has estado? Te noto muy callado, como si cargaras con algo gigante. Me quedé pensando por un segundo. Los 50,000 abdominales, las 200,000,000 de blandidas de espada y el rango de Guerrero Solitario hervían bajo mi piel. Necesitaba poner a prueba la flexibilidad de mi nuevo cuerpo en un combate real antes de que las mazmorras colapsaran por completo. —Sabes... se me acaba de ocurrir una idea —dije mirándola fijamente con un destello de desafío en los ojos—. ¿Qué tal si entrenamos? Angélica se me quedó viendo como si le hubiera dicho que pensaba saltar de un edificio. —¡¿Quéeeee?! —exclamó retrocediendo un paso, abriendo los ojos de par en par—. ¡¿Acaso quieres morir, idiota?! ¡No tienes magia! ¿Cómo pretendes hacerle frente a mi control de rayos? —Eso ya lo sé, estúpida —respondí soltando una risa corta y sacudiendo la cabeza—. Pero en fin, como sea... Caminé hacia la entrada, me puse la chaqueta con compostura y me di la vuelta hacia ella. Di un paso elegante al frente, extendí mi mano derecha con una reverencia exagerada y burlona, clavándole una mirada cargada de seguridad. —Señorita... ¿sería un honor darme esa pieza de baile? Angélica me miró incrédula, pasmada por mi repentina caballerosidad de burlón. Un rubor rápido le cruzó las mejillas, pero de inmediato frunció el ceño con una sonrisa salvaje y desafiante, haciendo brotar chispas doradas de sus nudillos. —¡Lo único que te daré es una buena paliza por llamarme estúpida! —sentenció, aceptando el reto mientras caminaba detrás de mí hacia el patio de entrenamiento. —¿En serio? No tiene sentido esto, la verdad... —murmuró Angélica cruzándose de brazos mientras miraba el pequeño patio del complejo—. Oye, ¿estás seguro de que quieres hacerlo aquí? Vamos a terminar destruyendo el lugar. —Tienes razón —admití rascándome la barbilla—. ¿Sabes? ¿Por qué no vamos a la Asociación de Combates de Duelos de la ciudad? Esa que está justo enfrente del puente del Estadio Unido. Allí los campos tienen barreras de contención mágica. —Emm... no sería mala opción después de todo —asintió Angélica, ajustándose los guantes de entrenamiento con un destello de emoción en los ojos—. ¡Vamos! Sonreí de medio lado mientras echábamos a andar. \*«Quiero ver qué tan fuerte me he vuelto ahora. Bueno, no ha pasado ni un día ni dos desde el entrenamiento del Sistema, pero al menos podré probar mi nuevo rango. Así, cuando me presente dentro de un mes, podré pisotear a ese tipo sin despeinarme.»\* Aceleramos el paso por la avenida principal hacia el gran edificio de la Asociación, cuyo domo de cristal brillaba a lo lejos junto al imponente puente. Sin embargo, lo que mi cerebro enfocado en el combate no logró prever... era que se me estaba juntando el ganado de la forma más catastrófica posible. Apenas llegamos a la gran plaza frente a la entrada de la Asociación, escuché una voz firme y peligrosamente familiar que me congeló la sangre. —¿Carlos? —María estaba de pie junto a las escaleras del gremio, vistiendo su equipo de combate ligero. Cruzó los brazos y clavó la mirada primero en mí... y luego en Angélica, quien venía pegada a mi lado. Sus ojos se entrecerraron con una frialdad glacial—. ¿Se puede saber qué haces aquí? ¿Y quién es ella? —¡¿Ah?! ¿Y tú quién eres para hablarle así a Carlos? —saltó Angélica al instante, dando un paso al frente y soltando una pequeña chispa eléctrica de los dedos. —Soy María. Y considerando lo que pasó esta mañana en su habitación... —dijo María soltando la bomba con la cara roja pero la barbilla en alto— tengo bastante derecho a preguntar. —¡¿EN SU HABITACIÓN?! —chilló Angélica, volteando a verme con una mirada asesina que prometía achicharrarme vivo—. ¡¡CARLOS!! ¡¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?! Antes de que pudiera formular una sola palabra para explicar el accidente del celular, una tercera presencia apareció detrás de mí. —\*Vaya, vaya... parece que el Guerrero Solitario tiene bastante actividad social hoy\* —resonó la voz burlona de Génesis únicamente en mi mente, disfrutando cada segundo del desastre. Tragué saliva mientras las auras de ambas chicas comenzaban a chocar en el aire, convirtiendo la entrada de la Asociación de Duelos en un campo de batalla mucho más peligroso que cualquier mazmorra de Rango S. \*«Bueno, piensa positivo... piensa positivo... ¡Mierda, me estoy cagando de susto! No sabía que María estaría aquí...»\* —pensé, sintiendo cómo una gota de sudor frío me bajaba por el cuello mientras el aire entre ambas se volvía denso y sofocante. —Bueno, chicas... ¿qué les parece si...? —empecé a decir, levantando las manos en son de paz. —\*\*¡TÚ CÁLLATE!\*\* —gritaron ambas al mismo tiempo, volteando a verme con unas miradas que podrían haber atravesado el acero. —A la orden, señoritas... —murmuré sumiso. Me fui a sentar en una banca cercana, abrazando mis rodillas. Me sentía completamente regañado, pero en el fondo sabía que no era del todo mi culpa... Bueno, analizándolo bien... \*Mierda, sí lo es.\* —Dime una cosa, Carlos... —dijo Angélica, cruzándose de brazos y clavándome los ojos—. ¿Cómo está eso de la habitación? —Ahh... bueno... eso... —balbuceé, buscando desesperadamente las palabras adecuadas para no terminar electrocutado. \*«¡María, guarda silencio!»\* —le envié un pensamiento desesperado a María, rogando que no lo empeorara. \*«¿Eh? ¡Carlos! Pero ni se te ocurra decirle lo que viste esa noche cuando ibas a morir aplastado...»\* —resonó la voz de María directamente en mi mente, haciéndome dar un respingo. \*«Es verdad... gracias por el dato, por cierto... ¡¿Cómo es que nos estamos comunicando así?!»\* —pregunté desconcertado. \*«Bueno, no lo sé...»\* —respondió ella en mi mente, igual de confundida. \*«A decir verdad, fue una habilidad que obtuve al luchar contra esos trolls»\* —pensé, recordando la conexión mental que el Sistema había desbloqueado tras mi evolución. Aclaré la garganta, me puse de pie intentando recuperar un poco de la dignidad que me quedaba como Rango Guerrero Solitario y las miré a ambas. —Bueno, te diré: ella es Angélica, mi amiga de la infancia. Y como sabrás, vinimos aquí a la Asociación para ver qué tan fuerte se ha vuelto... María escuchó con los brazos cruzados, entornando los ojos mientras analizaba la postura de combate de Angélica. —Ya veo... En ese caso, ¿yo también puedo participar en esto? —preguntó María con un tono extrañamente tranquilo que daba miedo. —¿Espera, qué? —la miré sorprendido—. ¿Deseas luchar al lado de ella? —¡¿Sé que bromeas?! Al contrario... ¡quiero pisotear a esa mujer! —soltó María con una sonrisa desafiante, haciendo que Angélica soltara un bufido de indignación. María bajó un poco la voz y me miró con nostalgia—. Además... ese día yo... —Sí, lo sé, María —la interrumpí suavemente, cambiando mi tono por uno más cálido—. Sé cómo te sientes por no haber podido hacer nada cuando esos tipos querían matarte... Pero sabes, no me arrepiento de haberte salvado. Ni por un segundo. María se sonrojó de inmediato, desviando la mirada bruscamente, mientras que Angélica nos miraba a los dos frunciendo el ceño, echando chispas literalmente de los puños. —Bien... si ambas quieren pelea —dije con una sonrisa llena de anticipación, haciendo que la \*Espada Nocturna Solar\* resonara débilmente en mi inventario—, ¡entremos al campo de duelo! —Emm, mejor no usaré mi espada —dije deshaciendo el llamado de la \*Espada Nocturna Solar\*—. Solo voy a pelear sin armas, solo para ver qué tan rápido soy ahora. Bueno, pueden comenzar. Comencé a rotar los hombros y los tobillos, haciendo un breve calentamiento para aflojar los músculos y poner a prueba los 20 puntos de agilidad que le había sumado a mi sistema. Angélica no esperó ni medio segundo. Con una mueca de determinación en el rostro, materializó su lanza envuelta en destellos dorados y se puso en guardia. De repente, desapareció de su lugar. Para cualquier cazador común, se habría movido como un relámpago invisible, avanzando en un parpadeo hasta quedar a centímetros de mi rostro. Pero para mi percepción mejorada tras el entrenamiento de 200 millones de blandidas, el tiempo pareció ralentizarse. Pude verla llegar sin siquiera pestañear. \*¡ZUUUUM!\* La punta de la lanza se abalanzó contra mi pecho con una fuerza feroz. Sin mover los pies del suelo, tan solo incliné el torso apenas un par de milímetros hacia atrás. El metal frío de la lanza rozó la tela de mi chaqueta, cortando el aire con un silbido agudo, pero no tocó ni un solo hilo de mi piel. Angélica giró la lanza sobre su eje y soltó una ráfaga de tres estocadas consecutivas a la velocidad de la luz: cuello, costado y hombro. \*¡Swoosh! ¡Swoosh! ¡Swoosh!\* Con pequeños y elegantes movimientos de cabeza y ligeros giros de mi cuerpo, dejé que cada uno de sus ataques pasara de largo por meros milímetros. La lanza rozaba el aire a mi alrededor, pero mi agilidad del Rango Guerrero Solitario me permitía esquivar cada estocada como si fuera una brisa de viento sin romper el calentamiento. —¡Deja de moverte como un fantasma y pelea en serio, Carlos! —gritó Angélica frustrada, con chispas brotando violentamente de la punta de su arma. —Ño... —dije burlón, dibujando una sonrisa relajada mientras daba un pequeño paso al lado para esquivar otra estocada—. Seguiré haciendo lo mismo hasta que logres asestarme un solo golpe. —¡Ash! ¡Maldita sea contigo, Carlos! —gritó Angélica, completamente fuera de sí por la frustración. De pronto, la atmósfera a su alrededor cambió de golpe. Sus ojos rojos brillaron con una intensidad ardiente, bañando sus pupilas en un fulgor carmesí desatado. Desapareció en el aire, borrando su presencia tan rápido que dejó una onda de choque sobre el suelo de la arena. En un parpadeo, reapareció justo detrás de mi espalda, aprovechando mi punto ciego a una velocidad monstruosa. —¡A ver si esquivas esto! —rugió, descargando la \*Lanza de Zeus\* con toda la fuerza destructiva de su aura concentrada en un único punto, directo a mi columna. El aire se comprimió violentamente por el impacto. Sin embargo, no me giré del todo. Solo levanté con calma la mano derecha sobre mi hombro y estiré un solo dedo. \*¡CLANG!\* Un estruendo metálico ensordecedor resonó por todo el domo de la Asociación. Una onda de presión salió disparada desde el punto de contacto, levantando polvo y haciendo vibrar las barreras de contención del recinto. La punta de la lanza, cargada con suficiente poder mágico para atravesar una pared de titanio, se había detenido en seco... aplastada contra la yema de mi dedo índice. —¡¿...?! —¡¡...!! —¡¡¡...!!! El silencio cayó como una losa pesada sobre el campo de batalla. Angélica se quedó completamente inmóvil, sosteniendo la lanza con ambas manos, temblando por el impacto que había rebotado por todo su brazo. Sus ojos rojos, abiertos de par en par por el shock, no podían procesar lo que estaba viendo. A unos metros de distancia, María se puso de pie bruscamente del banco, con la boca abierta y las pupilas dilatadas por la incredulidad. —¿Q-Qué...? —balbuceó Angélica, con la voz quebrándose mientras miraba mi dedo intacto, sin un solo rasguño—. ¡¿Cómo... cómo carajos detuviste la Lanza de Zeus con un solo dedo?! ¡¿Dónde está tu magia?! —Te dije que había estado entrenando —sonreí de lado, bajando la mano despacio mientras los 20 puntos extra de resistencia y la fuerza de mi nuevo rango resonaban en cada fibra de mi cuerpo. —Yo no necesito magia para nuestro encuentro —dije con voz serena pero firme, mientras bajaba la mano—. Solo te estoy enseñando cómo pelear sin depender del flujo mágico. De lo contrario, deberías saber usar a la perfección tu lanza. Eres rápida, Angélica, pero te falta mucho por mejorar en la técnica pura de la esgrima. Angélica se me quedó viendo, completamente impactada. \*«¿Qué...? ¿Desde cuándo se volvió así? Es sorprendente, no lo puedo negar... ¿En qué momento, de un día para otro, cambió tanto?»\* —pensó ella, retrocediendo un paso mientras bajaba el arma. De pronto, su mirada se posó en mis manos. Vio los callos marcados, las pequeñas cicatrices recientes y la piel desgastada por la fricción constante. \*«Mierda... no me había dado cuenta. Acaso él... ¿se la pasó entrenando todo el día sin que yo lo supiera? Oh, no...»\* Angélica bajó la cabeza un segundo, sintiendo un nudo en la garganta. Luego, giró levemente la vista hacia la banca donde estaba María. María nos observaba en silencio, pero no había burla en su rostro; lo miraba a él con una sonrisa suave, casi cómplice, llena de una confianza profunda que solo se gana tras sobrevivir juntos al infierno. Un pinchazo agudo atravesó el costado de Angélica. \*«Quisiera saber qué está pasando entre ellos dos... ¿Por qué me duele el pecho? ¿Acaso son celos? No, es imposible... él es mi amigo de la infancia. Sé que... debería pensar un poco más, no quiero que él piense otra cosa rara sobre mí. Por el momento lo vigilaré. Tal vez esté mal, pero por ahora solo sé una cosa: no planeo rendirme. Si esa mujer pretende quedarse a su lado, me haré más fuerte... ¡mucho más fuerte!»\* —Oye, ¿en qué tanto piensas? —le pregunté, sacándola de sus pensamientos mientras daba un par de pasos hacia ella—. Deberías aprender a usar tu esfera de luz plateada. ¿Por qué no la usas en este momento? —¡Estoy enojada! —exclamó Angélica, y su voz no sonó como la de siempre; venía cargada con un eco pesado, casi distorsionado. —¿Qué...? —parpadeé, dando un paso atrás al notar el cambio repentino en la atmósfera. Sus ojos, que antes brillaban con ese rojo carmesí, comenzaron a destellar con un fulgor plateado cegador. El aire a nuestro alrededor se volvió helado y denso, tan pesado que me costaba respirar. \> \*\*\[¡ADVERTENCIA DEL SISTEMA!\]\*\* \> \*\*\[Se ha detectado una fluctuación de poder anormal.\]\*\* \> \*\*\[Nivel de amenaza: 5%... Incrementándose rápidamente.\]\*\* \> \*«¿Qué demonios...?»\*, pensé mientras un escalofrío me recorría la espina dorsal. \*«¡Carlos, ella está verdaderamente molesta! ¡Será mejor que te detengas ahora mismo!»\*, la voz de Génesis resonó en mi mente, llena de una urgencia que rara vez mostraba. \*«Ese flujo de maná no es normal... ¡La esfera plateada está sobrecargando su circuito mágico!»\* La lanza de Zeus en las manos de Angélica comenzó a emitir un zumbido ensordecedor. Chispas de una electricidad plateada y purpúrea brotaban salvajemente del metal, rasgando el suelo de la arena y agrietando las baldosas de contención. Una presión psíquica violenta se expandió desde su cuerpo, golpeando directamente mi cabeza como un martillazo. \*«¡Mierda... mi mente!»\*, apreté los dientes mientras un dolor punzante me hacía ver borroso por un segundo. —¡Carlos, apártate! —gritó María desde la banca, poniéndose de pie de un salto mientras desenfundaba su arma al sentir el peligro destructivo. Pero ya era tarde para hablar. —¡¡TE DIJE QUE NO TE BURLARAS DE MÍ!! —gritó Angélica fuera de sí. La magia explotó de golpe frente a mí. Un pilar gigantesco de energía plateada y relámpagos furiosos se elevó hacia el techo del domo, rompiendo varias de las barreras mágicas de contención con un estruendo catastrófico. La onda expansiva sacudió los cimientos de todo el edificio. El brillo encandilador y la tremenda densidad de maná no pasaron desapercibidos. En cuestión de segundos, la alarma de emergencia del complejo comenzó a sonar en ráfagas rojas. Decenas de cazadores de alto rango que se encontraban en los pasillos y salas de entrenamiento de la Asociación corrieron hacia el campo de duelo, con las armas en mano y expresiones de puro pánico, creyendo que una ruptura de mazmorra había ocurrido dentro de la misma ciudad. —¡De qué hablas! ¡Nunca me burlé de ti! —grité tratando de hacerme oír por encima del rugido de la tormenta plateada—. ¡Oye, relájate...! Pero el maná descontrolado ya había nublado por completo el juicio de Angélica. Antes de que pudiera reaccionar o desplegar un escudo, la lanza de Zeus, envuelta en un fuego eléctrico purpúreo, atravesó la densa humareda a una velocidad sónica. No hubo tiempo para esquivar. \*¡CRACK!\* Un dolor agudo y ardiente me atravesó de lado a lado. Miré hacia abajo con los ojos muy abiertos: la punta reluciente de la lanza me había atravesado el abdomen, manchando de rojo la ropa recién comprada y salpicando el suelo de la arena. —Mierda... —tosí, sintiendo el sabor metálico de la sangre en la garganta mientras apretaba los dientes con pura frustración—. Cómo es que... nunca haces caso, Angélica... Sin embargo, antes de que Angélica pudiera siquiera procesar lo que acababa de hacer o que el brillo cegador de sus ojos comenzara a disiparse, una sombra envuelta en una presión infernal descendió desde el aire sobre ella. —¡¡ALÉJATE DE ÉL!! —rugió María con una voz que hizo retumbar todo el domo. Apareció instantáneamente a un costado de Angélica. Sus puños de combate no estaban imbuidos en magia común; dos gigantescas e imponentes cabezas de dragón hechas de puro fuego carmesí y dorado rugían alrededor de sus brazos, distorsionando el aire por el calor extremo. —\*\*¡¡GOLPE DEL DRAGÓN DE FUEGO!!\*\* \*¡¡BOMMMMM!!\* El impacto del puñetazo directo de María resonó como una detonación de artillería. La onda de choque de llamas barrió la tormenta eléctrica plateada en un segundo, mandando a Angélica disparada a través de la arena hasta estrellarse violentamente contra el muro de contención reforzado, abriendo un enorme cráter en la estructura. El lugar quedó en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el crepitar de las llamas de María y el sonido de las alarmas de emergencia que resonaban por todo el recinto. —¡Carlos! —gritó María girándose hacia mí con el rostro pálido de horror, corriendo mientras las llamas de sus manos se extinguían—. ¡Carlos, resiste! —Tranquila, María... solo fue un corte pequeño, pero no tan... —empecé a decir, llevándome una mano al abdomen sangrante mientras me mantenía en pie. —¡Oye, idiota! —me interrumpió María, tomándome del hombro con fuerza y mirando la brecha en mi ropa con los ojos abiertos de par en par—. ¡Si tu herida es grande, cómo es que puedes estar tan tranquilo como si nada?! —Bueno... yo... —me rasqué la nuca con cierta vergüenza, intentando restarle importancia—. Es que no quiero presumir mis abdominales, María... —¿Eh? ¿Cuál...? —murmuró ella confundida, mientras bajaba la vista para inspeccionar el daño. Al romper la tela de mi polera, la herida causada por la lanza apenas era una línea roja superficial que la regeneración rápida de mi Rango Guerrero Solitario ya estaba cerrando. Pero lo que quedó completamente al descubierto fue mi torso endurecido tras la misión de las 50,000 repetidoras: un abdomen de acero perfectamente marcado, definido y esculpido como el de una estatua. —... —... Se hizo un silencio repentino. A María se le borró la expresión de pánico de la cara y sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso —Cielos... qué macizo —murmuró tragando saliva, tocándose la cara entusiasmada—. Oye, ahora que lo pienso... ¡tienes un buen lavadero! ¿Será que lo estabas preparando solo para mí? Jejeje... —... Negué con la cabeza, suspirando ante su cambio de actitud tan repentino. —Oye, no es el momento para tus locuras, María —le dije cruzándome de brazos, tratando de cubrirme un poco—. Recuerda que Angélica se enojó... y de seguro fue por tu culpa. Apenas las palabras salieron de mi boca, el aire a mi alrededor volvió a enfriarse drásticamente. María detuvo su risita. Lentamente, extendió dos de sus dedos y, sin la más mínima piedad, \*\*me apretó directamente la herida en el abdomen.\*\* —¡¡A-AUCH!! —exclamé dando un respingo, casi saltando del dolor. —¿A quién estás culpando, disculpa? —preguntó María mirándome desde abajo, con la cabeza ligeramente inclinada, una sonrisa fría, peligrosa y absolutamente dominante dibujada en el rostro, mientras sus dedos seguían presionando sin soltarme. Continúa
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Estás leyendo el capítulo 5 de EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela), un novela. Cuánto estás dispuesto a sacrificar para ser el más fuerte? Entrar a la academia era solo el primer paso para cumplir un sueño que muchos consideran imposible. Pero convertirse en el más poderoso de la humanidad exige… Este capítulo tiene publicado el 24 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) tiene 6 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.