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Leer EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Mi cuerpo estaba ardiendo. Bueno, era obvio, porque esta habilidad no es tan fácil de usar; era justo como decía Génesis, tengo que fortalecer mi cuerpo antes de exigirle este nivel de exigencia. Pero ver a este tipo... es como si estuviera viendo a la mejor versión de mí mismo luchando en estos momentos. Cada segundo que pasaba la duda intentaba filtrarse en mi mente, pero no quiero dudar de mí mismo ni volver a ser alguien patético. En esta batalla nunca me había sentido tan así, tan profundamente identificado con el hombre contra el que estoy luchando ahora. Cada estruendo, cada choque salvaje de nuestras armas nos hacía vernos implacables, feroces. Apenas me estaba adaptando a este ritmo infernal, pero mi cuerpo comenzó a responder de forma distinta: se movía a una velocidad absurda. Mi agilidad había mejorado al menos un 10% en cuestión de segundos. En medio del caos de la tormenta de truenos, una pantalla dorada volvió a parpadear frente a mis ojos: \> \*\*\[Has adquirido una nueva habilidad: Agilidad Sónica\]\*\* \> \*\*\[¿Deseas aceptar?\]\*\* \> —Aceptar... —murmuré apretando los dientes mientras la confirmación resonaba en mi mente. Es difícil verlo, de verdad. Nunca me había sentido tan frustrado en toda mi vida, acorralado al límite por un guerrero que reflejaba mis propias luchas y dolores. Pero no había espacio para lamentarme: tenía que darlo todo aquí y ahora, o este lugar se convertiría en mi tumba. Logré esquivar todos y cada uno de sus movimientos. Mi cuerpo flotaba entre los rayos como una sombra impalpable, respondiendo con una precisión instintiva que jamás creí poseer. De pronto, un aviso relampagueó en el aire frente a mí: \> \*\*\[Has adquirido la habilidad: Puños de Hierro\]\*\* \> \*\*\[¿Deseas activarla ahora?\]\*\* \> —Esta habilidad... —Una sonrisa desafiante y llena de adrenalina se dibujó en mi rostro—. Aceptar. \> \*\*\[¡Felicidades! Has activado Puños de Hierro.\]\*\* \> Me concentré por un segundo, sintiendo cómo una densidad metálica y una fuerza brutal envolvían mis nudillos, haciendo que mis brazos vibraran con un poder destructivo puro. En este punto de la batalla solo tenía dos opciones: ganar o morir aquí. Bueno, morir definitivamente no era una opción para mí, pero lograba entender perfectamente su punto. El odio, la soledad y el peso insoportable de ser alguien tan absurdamente fuerte debieron haber destruido su vida en el pasado. ¿Pero qué era esta extraña sensación? Era aterrador y fascinante a la vez... Como si estuviera luchando contra mi propio reflejo proyectado en el futuro. A este Caballero Azul nunca le pregunté su verdadero nombre, pero en el fondo sentía que ya lo conocía mejor que nadie. Nuestras miradas se cruzaron a través del humo y el resplandor de los truenos. Él apretó su espada con ambas manos y yo apreté mis puños imbuidos en hierro y maná, listos para colisionar en el choque final. —Veo que aún te quedan trucos para intentar derrotarme... pero dudo que lo que hagas vaya a cambiar el resultado —retumbó la voz del Caballero Azul, avanzando entre las chispas mientras el fuego de su fénix iluminaba la penumbra. —Yo... —comencé a decir, ajustando mi postura para arremeter con mis nuevos \*Puños de Hierro\*. Pero justo cuando iba a dar el primer paso, mi visión tambaleó de forma brusca. De pronto, un recuerdo que no me pertenecía se distorsionó de la nada frente a mis ojos. La imagen de la mazmorra se agrietó como un cristal roto y fui arrastrado por una visión ajena: un cielo teñido de rojo, una ciudad en llamas llena de gritos desesperados y la figura de este mismo caballero, más joven, llorando sobre las ruinas de su hogar mientras sostenía una espada rota. \*«Quería salvarlos a todos... solo quería protegerlos...»\* —resonó el eco de una voz rota y llena de angustia directamente en mi mente. —¿Eh? ¿Qué demonios es esto...? —murmuré desconcertado, bajando la guardia por una fracción de segundo al sentir el dolor insoportable de ese recuerdo atravesándome el pecho. —¡No te distraigas! —bramó el caballero. El guerrero no desaprovechó ese instante de debilidad. Se desplazó a una velocidad cegadora y, sin previo aviso, su filosa espada azul cortó el aire con un tajo implacable. ¡ZAK! El dolor fue tan devastador que el aire se me congeló por completo en los pulmones. Fui golpeado y salí disparado a una distancia enorme, estrellándome contra los restos de un edificio de piedra. Al impactar contra el suelo, el ardor en mi lado derecho era insoportable. Miré hacia abajo con horror: la espada del caballero había cercenado mi brazo derecho de un solo golpe limpio. La sangre salpicó como una lluvia cálida y violenta sobre los escombros, tiñendo el suelo de un carmesí intenso mientras mi respiración se volvía errática y el mareo por la pérdida de sangre amenazaba con dejarme inconsciente. —¡Carlos! —gritó Génesis en mi mente, desesperada por la gravedad de la herida. Pero cuando él intentó dar el remate, detuve su espada usando mi propia espada de sangre. En un último impulso de supervivencia, invoqué un contraataque masivo: varias espadas de energía roja brotaron del suelo e impactaron de lleno contra su posición. La explosión resultante nos atrapó a ambos en una onda destructiva que lo mandó disparado por los aires, causándole un daño severo por primera vez en toda la pelea. Cuando el humo finalmente se disipó, la visera y la parte frontal de su casco metálico cayeron hechas pedazos contra las piedras. Fue entonces cuando lo vi... Su rostro quedó completamente al descubierto: tenía una melena de cabello naranja alborotado y unos ojos grises profundos, helados pero llamativos. \*«Qué hermoso... ¡Ejem! Digo, es demasiado señor para ser verdad...»\* —pensé por un segundo, sacudiendo la cabeza para despejar esos pensamientos absurdos en medio del dolor desgarrador de mi brazo perdido. Pero ese tipo... realmente imponía respeto. —Parece que me has hecho un buen daño... pero ¿de qué sirve todo esto? —dijo él, limpiándose un hilo de sangre de la comisura de los labios mientras me miraba con una mezcla de asombro y melancolía—. Tú... eres el primero en décadas que logra hacerme esta clase de heridas. El Caballero Azul ajustó el agarre de su espada, rodeándose de una última tormenta de truenos, mientras yo, chorreando sangre pero con el maná hirviendo en mi interior, me puse de pie tambaleándome. —Bien... es hora de acabar con esto —declaró él, fijando sus ojos grises en los míos para el choque definitivo. ¿Retrocedió? —¡No! ¡Hay algo más detrás de eso! ¡Carlos, esquiva eso ya! —gritó Génesis a pleno pulmón dentro de mi mente, con la voz distorsionada por el pánico. —¿Esquivar qué...? El aire a mi alrededor se comprimió en milisegundos. Sin previo aviso, una ráfaga invisible de cortes de trueno cortó la distancia. Logré reaccionar por puro instinto y bloquearlos con mi espada de sangre, pero la fuerza del impacto fue tan brutal que la energía me rozó por completo, rasgando mi piel y lanzándome metros hacia atrás. Con el hombro mutilado sangrando a borbotones, me alejé lo más lejos posible para recuperar el aliento. —¿Cómo es que ni siquiera eres capaz de esquivar eso? —dijo el caballero de cabello naranja, caminando serenamente entre los escombros mientras la energía azul danzaba en sus dedos. Una risa fría y amarga brotó de su garganta. —Jajaja... No cabe duda, eres demasiado débil para enfrentarme. Bien, es hora de que duermas para siempre, porque para ti no habrá regreso alguno a tu mundo. —¡Carlos, noooo! —se escuchó el grito desesperado de Génesis. —¿Eh...? ¿Qué—? No me dio tiempo ni de terminar la frase. En un microsegundo, el espacio se plegó. El caballero apareció mágicamente pegado a mi espalda, giró sobre su eje y encajó su puño imbuido en una masa de trueno purpúreo directamente contra mi rostro. El impacto resonó como una bomba atómica. La onda expansiva rompió la barrera del sonido y fui enviado a volar a millones de kilómetros por hora. Mi cuerpo impactó contra el primer edificio de la ciudad fantasma, atravesándolo por completo, para luego destruir una cadena entera de rascacielos y estructuras de piedra en una reacción en cadena implacable. Cada edificación explotaba al contacto con mi cuerpo mientras la tierra se abría en un cañón de destrucción a mi paso. Él lanzó una lluvia de ataques mortales directamente hacia mi posición, con la intención de reducirme a cenizas y aplastar lo que quedaba de mi cuerpo entre los escombros. Sin embargo, en medio del dolor inaguantable, una sonrisa peligrosa y llena de locura se dibujó en mi rostro. Un aviso dorado y carmesí parpadeó violentamente en mi mente: \> \*\*\[¡Felicidades! Has obtenido la habilidad: Dios de la Inmortalidad\]\*\* \> —Eh... —murmuré mientras el ardor de mis heridas comenzaba a transformarse en un poder inagotable. Una luz roja oscura se manifestó a mi alrededor, envolviéndome por completo. Mi cuerpo, bañado en un aura ancestral y aterradora, comenzó a regenerarse a una velocidad absurda; la sangre de mi hombro se detuvo y mi presencia hizo que la mazmorra entera temblara hasta sus cimientos. No dije absolutamente nada. Caminé lentamente hacia el Caballero del Fénix, con la mirada fría y fija en sus ojos grises. Varios de sus ataques de trueno cayeron sobre mí, pero la luz roja oscura los disipaba tan pronto como tocaban mi piel. Llegué frente al caos de la batalla y levanté mi espada de sangre con una sola mano. ¡ZAAAK! Una onda destructiva de magnitud catastrófica brotó del filo de mi hoja. Las ráfagas de viento colosales movían mi cabello salvajemente mientras la energía de la \*Ataque Destrucción\* se expandía en un radio masivo, arrasando los truenos, el fuego del fénix y todo a nuestro alrededor, dejando al caballero paralizado por el impacto de semejante manifestación de poder divino. Corrí a una velocidad que desafiaba la realidad misma mientras contemplaba cómo la luz roja oscura trabajaba sobre la herida de mi hombro: la carne, los nervios y los huesos se reconstruían a pasos agigantados hasta que mi brazo derecho se regeneró por completo. Cerré y abrí mi mano recién recuperada, sintiendo un poder inconmensurable fluir por cada una de mis venas. Sin darle tiempo de asimilar lo que estaba presenciando, me impulsé contra el suelo resquebrajado y salté directamente sobre el Caballero del Fénix. Descendí como un meteoro, asestando una ráfaga ininterrumpida de ataques con mi espada cargada de aura carmesí. El sonido metálico de nuestras hojas chocando resonó en todo el firmamento como una serie de truenos interminables. ¡CLANG! ¡CLANG! ¡CLANG! Nos mantuvimos en una danza mortal durante minutos y segundos que parecían eternidades congeladas en el tiempo. Ninguno de los dos cedía un solo centímetro. Ambos nos desplazábamos a una velocidad tan desquiciada que para cualquier espectador solo habríamos sido dos destellos colisionando en el aire: uno de trueno azul y el otro de una luz roja oscura y destructiva. Esquivábamos los ataques del contrario exactamente al mismo tiempo, rozando el filo de las espadas por milímetros. Corríamos a través de las ruinas de la ciudad fantasma, derribando muros, saltando sobre escombros y atacando sin tregua mientras el terreno a nuestro paso se desintegraba por completo. Cada estocada que él me lanzaba la esquivaba con un giro perfecto, devolviéndole el golpe con un tajo ascendente que él lograba bloquear por la mínima con la guardia de su espada. La intensidad del combate alcanzó un punto en el que el aire a nuestro alrededor simplemente dejó de existir, consumido por la fricción de nuestros movimientos y la violencia de nuestras auras. —¡Es imposible! —alcanzó a jadear el caballero entre el choque de nuestras espadas, con los ojos grises desencajados al ver cómo me adaptaba y superaba cada uno de sus movimientos—. ¡Un humano no puede sostener este ritmo! —¡Te dije que yo no soy como los demás! —bramé, aumentando la velocidad de mis estocadas mientras me abría paso a través de su guardia. Retrocedí de un salto tomando varios metros de distancia, apretando el mango de mi espada con la mano regenerada mientras me preparaba para desatar mi último y más devastador ataque. El Caballero del Fénix hizo exactamente lo mismo: clavó sus pies en el suelo resquebrajado y comenzó a concentrar cada gota de su maná restante en la punta de su arma. —Uno de nosotros debe caer... Espero que esto sea el final que ambos buscamos —murmuró él con la voz exhausta pero llena de una dignidad imponente. Nuestros ojos se reflejaron a lo lejos a través de la tormenta de polvo y chispas. En ese preciso instante, una notificación dorada parpadeó violentamente frente a mis pupilas: \> \*\*\[¡Habilidad desbloqueada: Raizen!\]\*\* \> Sin pensarlo dos veces, liberé toda el aura roja oscura que mi cuerpo inmortal podía generar y lancé el \*Raizen\* directamente hacia él. La descarga de energía era tan colosal, tan destructiva, que el espacio mismo a nuestro alrededor comenzó a fisurarse como si fuera cristal. —¡Llamas del infierno, vengan a mí... y destruyan a este ser ordinario! —bramó el caballero al mismo tiempo, con el fénix azul rugiendo sobre su cabeza—. ¡Yo, las llamas del infierno ardientes de sed de sangre, declaro tu fin! Ambos ataques se dirigieron el uno contra el otro, colisionando en el centro exacto de la ciudad fantasma. ¡BOOOOOOOOOOM! Un resplandor cegador y una onda expansiva colosal tragaron la luz del lugar. Sentí cómo mis huesos se estaban rompiendo por la presión brutal del choque de energías, crujiendo uno a uno bajo la fricción de las llamas del infierno contra mi energía destructiva, pero no me importaba en absoluto. ¡Yo solo quería derrotarlo! Apretaba los dientes con tanta fuerza que la sangre salía de mis encías, empujando mi \*Raizen\* más y más hacia adelante. De pronto, una ráfaga incesante de ventanas translúcidas comenzó a cubrir mi visión por completo en medio del estruendo: \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de level!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Has subido de nivel!\]\*\* \> \*\*\[¡Felicidades! Has llegado al Nivel 25.\]\*\* \> \*\*\[Como recompensa, has obtenido varios objetos mágicos legendarios.\]\*\* \> —¿¡Justo cuando estoy tratando de ganar me sales con esto, Sistema!? —grité en mi mente, frustrado porque las notificaciones me tapaban el campo de visión en el momento más crítico de mi vida. Al otro lado del choque, la fuerza del \*Raizen\* comenzó a sobrepasar el ataque del caballero, desgastando sus llamas y rompiendo la guardia de su espada de trueno. —¿De dónde sacó tanta fuerza descomunal...? —pensó el Caballero del Fénix mientras su cuerpo comenzaba a ceder bajo el impacto implacable de mi ataque—. Supongo que perderé... Pero en verdad, ¿está bien que yo muera aquí? ¿Está bien sentirse derrotado después de luchar tanto? Una sonrisa pacífica y melancólica se dibujó en sus labios. El último recuerdo de su vida humana vino a su mente antes de que la luz carmesí lo cubriera por completo. —Vamos... No seas tímido. Si ese recuerdo fue el día en que la conocí a ella... supongo que finalmente podría descansar en paz estando a tu lado una vez más... El \*Raizen\* consumió por completo su figura. Una explosión final redujo todo a un silencio sepulcral mientras la luz roja se disipaba lentamente, dejando tras de sí un cráter gigantesco y la figura del guerrero de cabello naranja desvaneciéndose en partículas de luz. —¿Ves? No tiene nada de malo perder. Perder no significa que fallaste; al contrario, eso es el comienzo de una nueva etapa. Lo que tienes que hacer es levantarte y seguir caminando hasta encontrar la vida eterna... Tú me has dado una vida de felicidad. Las imágenes flotaban en el aire como fragmentos de un cristal roto. Eran los pensamientos finales del caballero, recuerdos cálidos de una época olvidada, mezclados con el aroma a flores y el rostro de una mujer cuyo nombre se había perdido en la historia. —Estos recuerdos... —murmuré con un nudo en la garganta. Sin pensarlo dos veces, corrí desesperadamente entre las ruinas del cráter para llegar hasta donde estaba el caballero mientras su cuerpo de armadura se desvanecía por completo en diminutas partículas de maná. —\*Los pétalos de luz nunca te abandonarán. Siempre te estaré esperando, e incluso al infierno iría por ti...\* —resonó el murmullo de esa voz en la mente del guerrero, despidiéndolo del mundo terrenal. —¡Dime, caballero! ¡¿Cómo te llamas?! —le grité a todo pulmón, estirando la mano hacia él. Él giró lentamente la cabeza. Su rostro de cabello naranja, ahora liberado de toda la rabia y el sufrimiento de décadas, mostraba una paz absoluta. Sus ojos grises me miraron con una calidez imponente. —Mi nombre es \*\*Luis Omega\*\*... —respondió con una sonrisa exhausta pero serena—. Dime, Karl... ¿crees poder cumplir tu sueño? Me quedé en absoluto silencio por un instante. El viento helado de la mazmorra sopló entre nosotros, llevándose consigo el humo de la batalla. —La verdad... eso no lo sé —dije al fin, apretando los puños con firmeza—. Pero rendirse nunca es una opción. Estaría dispuesto a llegar a la cima de todos, sin importar lo que cueste. —Jajajaja... —soltó una risa suave, llena de una mezcla de nostalgia y respeto—. Sueñas con algo casi imposible de alcanzar. Definitivamente, tú y yo tenemos algo muy parecido en nuestras vidas... Pero escucha bien, Karl: no te confíes. Tampoco confíes ciegamente en los demás... No quiero que termines como yo. No quiero que acabes como yo acabé aquí. Todo lo que ves a nuestro alrededor son partes de mi propia vida... el infierno que yo tuve que vivir por ser demasiado ingenuo. —¿No entiendo... a qué te refieres con eso? —pregunté dándole un paso al frente, confundido por sus palabras. Pero antes de que pudiera responder, su cuerpo comenzó a disolverse más rápido, transformándose en una columna de luz dorada y azul que se elevó hacia el cielo de la mazmorra. En ese preciso instante, una serie de notificaciones flotantes parpadearon violentamente frente a mis ojos: \> \*\*\[¡Has obtenido un regalo del caído!\]\*\* \> \*\*\[¡Felicidades! Has obtenido la montura/compañero legendario: Fénix Azul.\]\*\* \> \*\*\[¡Felicidades! Has obtenido el arma de clase mítica: Espada Nocturna Solar.\]\*\* \> El fénix azul descendió lentamente desde lo alto, emitiendo un chirrido melodioso y triste antes de convertirse en una esfera de luz y fusionarse con mi marca en el pecho. Al mismo tiempo, una majestuosa espada de filo oscuro con incrustaciones doradas cayó clavada justo donde Luis Omega había estado de pie. Sin embargo, el sistema no se detuvo ahí. Una última pantalla de color rojo carmesí emergió con un pulso casi hipnótico: \> \*\*\[¿Deseas ver la memoria del caído: Luis Omega?\]\*\* \> \*\*\[SÍ / NO\]\*\* \> —¿Qué diablos está pasando...? ¿Por qué él...? —murmuré extendiendo la mano hacia la interfaz translúcida, sintiendo un impulso irresistible por presionar el botón de confirmación. —¡No! ¡No lo hagas, Carlos! ¡No veas sus recuerdos! —gritó Génesis dentro de mi cabeza, con un tono de pánico y desesperación que jamás le había escuchado—. Son... son demasiado fuertes para que tú mismo los veas. ¡Te van a romper por dentro! Presioné la pantalla translúcida sin dudarlo ni un solo segundo. —Aceptar... —susurré. —¡Carlos, no! —el grito de Génesis resonó sofocado en mi mente, pero ya era demasiado tarde. El aire a mi alrededor se fracturó por completo. La mazmorra en ruinas, las piedras destruidas y el suelo teñido de sangre se disiparon como humo en el viento. De pronto, el entorno comenzó a rebobinar el tiempo a una velocidad vertiginosa, retrocediendo décadas atrás en la historia, hasta una época gloriosa antes de que toda la ciudad fuera reducida a cenizas y condenada al olvido. El cielo sombrío y violáceo se transformó en un azul cristalino, bañado por la luz de un sol cálido y radiante. Frente a mí emergieron casas de piedra blanca, jardines florecidos y calles llenas de vida. —¿Esto es... los recuerdos de Luis de niño? —murmuré, sintiéndome como un espectador invisible en medio de una ilusión del pasado. A lo lejos, vi a un pequeño niño de cabello naranja brillante que corría entre las calles empedradas de un pueblo próspero. A su lado, una niña de risa contagiosa intentaba alcanzarlo entre carcajadas. Se veían sumamente felices juntos. \*«¿Son amigos de la infancia?»\* —pensé, observando la conexión tan pura que los unía. La escena cambió repentinamente, trasladándome al interior de una humilde pero acogedora casa de madera. El pequeño Luis entró corriendo por la puerta, donde una pareja lo esperaba con una mezcla de emoción y orgullo en sus rostros. —¿Mamá, papá? ¿Todo bien? —preguntó el pequeño Luis, jadeando por la carrera y mirando a sus padres con curiosidad. Su padre se arrodilló a su altura y le colocó una mano en el hombro con fuerza y ternura. —Hijo, quiero darte la noticia de que fuiste aceptado en el Palacio Real del Rey. A partir de ahora serás un caballero... pero antes tendrás que ir a la Academia de la Esgrima del Norte. El pequeño Luis abrió los ojos de par en par, incapaz de procesar semejante revelación. La sorpresa se reflejaba en cada rasgo de su rostro. —Yo... no sé qué decir, padre... Yo... —tartamudeó, mirando de reojo hacia la puerta, donde la niña lo observaba desde la entrada. —Ve —dijo ella de pronto, dando un paso al frente con la barbilla en alto. Luis la miró con preocupación, pero ella le dedicó una sonrisa brillante y sincera que iluminó toda la habitación. —No tienes por qué preocuparte por mí. Si de todos modos solo serán unos años, ¡yo te esperaré! Además, espero que no te confíes, porque yo también me volveré muy fuerte, jajaja —dijo ella con una sonrisa juguetona, dando una ligera risotada para disimular la nostalgia de la despedida. En la mente del recuerdo, la voz madura y melancólica de Luis Omega resonó como un narrador invisible sobre la escena: \*«Ella era Lisa Liyas, mi amiga de la infancia. Soñábamos con grandes cosas juntos, siempre codo a codo como los mejores amigos... Aunque todo iba de maravilla en ese entonces, el tiempo no se detuvo. Pasaron los días, los meses y los años. Yo me había vuelto un verdadero caballero, entrenado en las artes más estrictas del reino. Mis padres no eran más que plebeyos cuando yo era un niño, pero gracias al favor y al apoyo directo del Rey por mis logros con la espada, mi familia fue elevada a la nobleza... Parecía el comienzo de una vida perfecta, el sueño hecho realidad de dos niños de pueblo.»\* La escena comenzó a oscurecerse lentamente, preparándose para revelar los eventos posteriores que cambiarían drásticamente la vida de ese joven caballero. El tiempo en el recuerdo pareció acelerarse violentamente. Las calles radiantes y los jardines florecidos se disolvieron en medio de una tormenta de cenizas y humo sofocante. El cielo dorado de la memoria se tiñó de un rojo sangriento y tenebroso. La voz del recuerdo de Luis resonó, quebrada por un dolor antiguo e imborrable: \*«Todo pasó tan rápido... El reino fue atacado justo antes de mi regreso de una misión imperial. Todos habían sido masacrados por un solo hombre. Varios duques traidores le dieron la espalda al rey, conspirando desde las sombras, y a mi familia nos culparon de ser los supuestos traidores mientras la capital entera se consumía en llamas ante los ojos de todos...»\* En el recuerdo, vi al joven Luis corriendo desesperadamente entre los callejones envueltos en fuego. Su armadura plateada estaba manchada de hollín y su respiración era un jadeo errático lleno de pánico. \*«Yo... mi único objetivo era saber si mi familia estaba bien. Corrí como si mi vida dependiera de ello... Llegué a mi casa, pero lo que vi al cruzar la puerta no era nada de lo que mi mente pudo haber imaginado jamás...»\* La visión se enfocó en la sala de su antiguo hogar. Los cuerpos de sus padres colgaban del techo, suspendidos por soga gruesa. Les habían arrancado los ojos, no tenían brazos y sus rostros estaban completamente desfigurados, reducidos a una masa irreconocible de carne y sangre seca. —¡¿Qué...?! —susurró el pequeño Luis en el recuerdo, cayendo de rodillas sobre los escombros mientras el mundo se le venía abajo. —¡¿Por qué?! ¡Por qué! ¡Esto tiene que ser una ilusión! ¡Tiene que ser un maldito error! —gritó fuera de sí. Quedó completamente traumatizado. Dominado por el terror absoluto, se puso de pie y corrió para huir de ese horror. Entre lágrimas descontroladas, incapaz de procesar la masacre de sus padres, corrió hacia la plaza central del reino, buscando desesperadamente al rey o a cualquier autoridad que le diera respuestas. Pero al llegar al gran salón del palacio, el panorama era aún más macabro: el propio rey yacía ejecutado sobre su trono, con el pecho atravesado y la corona rodando por el suelo manchado de carmesí. —¿Qué...? —Luis se quedó en shock absoluto, dando pasos hacia atrás, temblando de la cabeza a los pies—. No... No puedo seguir con esto... ¿Qué demonios está ocurriendo aquí? ¿Por qué el rey está muerto? —¡Luis...! —llamó de pronto una voz femenina y débil entre los pilares destruidos. Una mujer caballero se arrastraba con dificultad por el suelo de mármol, intentando cubrirse las heridas. Era ella... Lisa Liyas, su amiga de la infancia, ahora convertida en una guerrera. Luis se acercó corriendo a ella, cayendo a su lado para sostenerla entre sus brazos. —¡Lisa! ¡Resiste! —exclamó con desesperación. —Tienes que... tienes que huir —dijo ella con voz entrecortada, tosiendo sangre—. Ese tipo... ese monstruo está aquí... —¡¿Quién?! ¡¿Quién demonios hizo esto?! —bramó Luis entre sollozos. —No lo sé... Todo pasó demasiado rápido. Todos murieron... Los duques nos vendieron ante él. Es un ser horrible, un verdadero monstruo que acabó con la vida de todos en cuestión de minutos... Tienes que irte, Luis... Tienes que... ¡ZAAAAAK! Un destello de luz negra y fría atravesó el aire con una precisión quirúrgica. Antes de que Lisa pudiera terminar la frase, una silueta invisible cortó el aire y la cabeza de la joven fue cercenada limpiamente de su cuello. La sangre salpicó directamente el rostro de Luis, mientras el cuerpo sin vida de su amiga de la infancia caía pesado sobre sus brazos, helado en cuestión de segundos. —Eh... —musitó el joven Luis en la memoria, paralizado por el horror absoluto mientras sostenía el cuerpo sin vida de Lisa. Giré la cabeza lentamente hacia la penumbra de la sala, encarando a la figura que emergió del humo. Lo miré fijamente a los ojos... y fue esa mirada la que terminó de fracturar su alma para siempre. Eran unos ojos de un color rojo sangre, tan fríos y malévolos que causaban un dolor físico con solo contemplarlos; unos ojos que lo observaban con un desprecio absoluto. —¡¿Quién carajos eres, maldito?! —le gritó Luis a todo pulmón, con las lágrimas mezclándose con la sangre en sus mejillas. —Yo solo soy un dios que devora todo —respondió el sujeto con una sonrisa retorcida que le hendía el rostro—. Mi nombre es \*\*Jack, el Dios de la Locura\*\*, el ser que devora al mundo entero... Jajaja, ¿qué harás ahora? ¿Me matarás, ser débil e inferior? ¿Qué se siente ver a todos morir ante tus ojos? Tú no podrás hacer nada, eres un inútil. Ni siquiera fuiste lo suficientemente rápido para detectar mis movimientos. ¡Qué idiota! Jajajaja... ¡al igual que tus patéticos padres! Al escuchar esas palabras sobre su familia, el joven Luis perdió por completo la cordura. En ese instante no le importaba su propia vida: no quería saber nada más del mundo, solo deseaba descuartizar y destruir a ese monstruo por completo. Pero el dolor de ver a Lisa así lo superaba todo. Los recuerdos de su infancia juntos, de los sueños que compartieron de niños, se convertían en una tortura insoportable. Ella solo tenía 18 años cuando le arrebataron la vida de esa forma tan ruin... e irónicamente, todo esa masacre estaba ocurriendo el mismo día en que Luis cumplía 19 años. El día de su cumpleaños se había transformado en el funeral de su reino. —¡Me levanté no solo por instinto! —la voz del recuerdo de Luis retumbó con una furia desgarradora que hizo vibrar el aire de la visión. Algo dentro de él había despertado; una fuerza ancestral y siniestra que nunca debió haber visto la luz. Una luz azul oscuro, densa y destructiva como el vacío del cosmos, brotó de lo más profundo de su pecho. La presión mágica fue tan descomunal que lo que quedaba del reino se redujo a cenizas en un instante ante sus propios ojos. El sueño que siempre había anhelado —proteger a las personas que le importaban, defender un reino con sus logros y ser reconocido como un héroe— se desplomó para siempre en el borde del infierno. —¡¿Por qué decidiste destruir todo?! ¡Dímelo! —rugió el joven Luis, rodeado por el fuego azul que consumía la materia misma. —¡Jajajaja! Tan humano y tan ignorante como siempre —se burló Jack, el Dios de la Locura, flotando serenamente entre la tormenta de aura destructiva—. La persona que verdaderamente les dio la espalda fue nada más y nada menos que el duque Stark Golnes... ¡Jajajaja! Ese sujeto me hizo una oferta que simplemente no podía rechazar. Para él, verte destruido y derrotado era más que suficiente. —¿Por qué él nos...? —la voz de Luis se quebró, helada por la traición de quienes juraron proteger la corona. —Eso no lo sé —interrumpió el Dios con una sonrisa demente—, pero sé exactamente dónde está si quieres ir a matarlo con tus propias manos... Aunque claro, para lograr eso, ¡primero tendrás que derrotarme a mí! En ese preciso instante, la memoria mostró el estallido del choque más brutal en la historia de ese mundo. El Dios de la Locura y Luis colisionaron. Ya no era un combate entre un héroe y un villano: eran dos monstruos desatados. Un dios sádico contra un humano que, empujado por la desesperación, se había transformado en la criatura más aterradora de la creación. La onda expansiva de su pelea se sintió a lo largo de todos los reinos continentales, haciendo temblar los tronos de los demás reyes mientras presenciaban el verdadero terror del mundo. Aquella batalla legendaria contra el dios le arrebató lo último que le quedaba de humanidad y todo lo que alguna vez amó. Desde ese trágico día, Luis Omega empeoró sin retorno. Consumido por la venganza y la locura, comenzó una cacería sangrienta, masacrando a cada uno de los traidores del reino gracias a los nombres y ubicaciones que el propio Jack le había revelado antes de ser desterrado. Aquel muchacho noble de cabello naranja que una vez soñó con ser un héroe junto a Lisa había muerto para siempre en las cenizas de su hogar, dando paso al fantasma solitario y atormentado que terminó esperando por décadas en esa mazmorra. De pronto, la voz de Luis se escuchó a mi lado, sacándome bruscamente de la visión. El recuerdo de la masacre de su reino comenzó a disiparse como cenizas al viento, devolviéndonos a la penumbra de la mazmorra. Su silueta de luz flotaba frente a mí, desvaneciéndose lentamente. —Parece que lo has visto todo... Esto fue... —dijo él, bajando la mirada con una sonrisa amarga. —No tienes por qué decirlo —lo interrumpí, apretando los puños con rabia e impotencia por todo el dolor que había presenciado—. Sé lo que pasaste, y lamento tanto lo que tuviste que vivir... Pero ahora entiendo por qué me decías todo aquello. Querías que yo renunciara a este camino, ¿verdad? —No quería ver cómo alguien terminaba con el mismo destino que yo... —murmuró el caballero de cabello naranja, observando sus propias manos de luz que se desintegraban poco a poco en la oscuridad. —Ya veo... —respiré hondo, levantando la mirada para cruzarla con la suya—. Pero aun así, no dejaré que me pase lo mismo que a ti. Cambiaré las cosas y me volveré más fuerte. ¡Tan fuerte que seré capaz de acabar con ese dios con mis propias manos! Luis abrió los ojos con sorpresa al escuchar mi determinación. Luego, su expresión se volvió sumamente seria y sombría. —Ese sujeto... él aún sigue con vida. Y lo más probable es que intente entrar a tu mundo. Recuerda que hay un dios y un sistema que podrían corromper tu realidad con la mía. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. —Espera... ¿eso quiere decir...? —Así es —asintió él con gravedad—. Lo más seguro es que dentro de unos días notes algo muy extraño en tu mundo. Habrá monstruos saliendo de las mazmorras y lo más probable es que se fusionen nuestros mundos... Y no solo el mío, sino los mundos de diferentes existencias de todo el universo. —Es imposible... —susurré, sintiendo cómo el peso de sus palabras caía sobre mis hombros. —Claro que es posible. Aunque ahora mismo no lo alcances a comprender del todo, hazte más fuerte, niño. Tienes una larga vida por delante... Cuida lo que te queda de ti y protege a quienes amas antes de que sea demasiado tarde. —Yo... —intenté formular una respuesta, alzando la mano hacia él. Pero la figura de Luis Omega terminó de convertirse en una ráfaga de pétalos de luz y partículas mágicas que volaron hacia el cielo oscuro de la mazmorra, dejándome completamente solo en medio del silencio del cráter. —¿Luis...? —murmuré al aire vacío. —Gracias... por liberarme de estas cadenas que me consumían —escuché que resonó su voz, no como un eco violento de la batalla, sino como un susurro cálido y liviano en el viento de la mazmorra—. Ahora al fin podré verla a ella... a mis padres, a todos... Gracias a ti, muchacho. En verdad, gracias. Nuestras miradas se cruzaron por última vez en una despedida silenciosa y profunda. La figura de Luis Omega, envuelta en esa luz suave que se elevaba hacia el firmamento, sonrió de una forma que jamás creí ver en él: una sonrisa sincera y en paz, con lágrimas brillando en sus ojos grises antes de disolverse por completo. Yo no pude contenerme. Apreté los dientes, sintiendo cómo mis propias lágrimas amenazaban con salir, y le devolví la sonrisa mientras levantaba mi puño derecho recién regenerado hacia el cielo. —¡No te preocupes! ¡Déjamelo a mí! —le grité a la luz que se desvanecía en la penumbra—. ¡Haré que ese maldito pague por sus crímenes! ¡Te lo prometo, Luis! ¡Es una promesa! Las últimas partículas del Caballero del Fénix desaparecieron, dejando un silencio absoluto en la inmensa mazmorra destruida. La \*Espada Nocturna Solar\* brillaba a mi lado, clavada en el suelo, como un testamento silencioso de su legado y una advertencia de la tormenta que estaba por desatarse en mi propio mundo. —Carlos... —la voz de Génesis volvió a escucharse en mi mente, esta vez suave y llena de cautela—. Lo lograste... Pero lo que dijo Luis sobre los mundos fusionándose y ese dios, Jack... No hay tiempo que perder. —Tienes que volverte fuerte... pero aún tenemos tiempo —continuó Génesis, modulando su voz con una ternura comprensiva que contrastaba con el caos de hace un momento—. Por ahora hay que regresar. Te veo demasiado cansado y tu cuerpo ha pasado por un límite inhumano. Además... subiste bastantes niveles. Parece que has logrado alcanzar el rango de \*\*Guerrero Solitario\*\*. Exhalé un largo suspiro, sintiendo cómo el peso de la batalla, el agotamiento acumulado y la carga emocional de los recuerdos de Luis caían de golpe sobre mis hombros. Miré mis manos: el brillo carmesí de la inmortalidad se había atenuado, dejando solo mis nudillos marcados y mi respiración agitada. Caminé despacio hacia la \*Espada Nocturna Solar\*, sujeté su empuñadura y la desclavé del suelo. Un pulso de energía cálida recorrió mi brazo, como si el arma reconociera mi promesa. La enfundé en mi espalda junto al aura del Fénix Azul que descansaba en mi interior. —Rango Guerrero Solitario, ¿eh? —murmuré con una pequeña sonrisa cansada pero determinada, mirando hacia el portal de salida que comenzaba a abrirse en el centro del cráter—. Supongo que es un buen comienzo para lo que se viene. Vámonos a casa, Génesis. Necesito procesar todo esto. El destello del portal nos envolvió por completo, dejando atrás la silenciosa mazmorra y el descanso eterno de Luis Omega. Continúa
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EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela), un novela. Cuánto estás dispuesto a sacrificar para ser el más fuerte? Entrar a la academia era solo el primer paso para cumplir un sueño que muchos consideran imposible. Pero convertirse en el más poderoso de la humanidad exige… Este capítulo tiene publicado el 24 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) tiene 6 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.