Leer EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) Capítulo 3 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Pasaron varios minutos y finalmente habíamos llegado a mi casa. Sin decir nada más, subimos las escaleras, abrí la puerta con la llave y entramos. Dejé a María suavemente sobre el sofá y solté un largo suspiro.
—Ahh... me siento rendido —dije pasándome la mano por la cara—. ¿Quieres que te prepare algo de cenar? Si gustas, puedes tomar un baño primero.
—No, no... No hace falta, estoy bien así —respondió ella rápidamente, moviendo las manos con timidez.
—No puedo dejarte ir mientras tu ropa esté manchada de sangre —le dije, frunciendo ligeramente el ceño—. Te prestaré algo de la mía, ¿sí?
—No, en verdad, no te preocupes...
—\*Oye...\* —interpuse, y mi tono de voz sonó exactamente como el de un padre regañando a su hija.
María infló los cachetes y bajó la mirada, rindiéndose.
—Está bien... ¡pero no me vayas a espiar!
—Vamos, vamos, no soy capaz de algo así. Confía en mí. Iré a traerte la ropa, espérame aquí.
Le dejé unas prendas limpias en la entrada del baño y me fui a la cocina a preparar algo ligero.
\*(Perspectiva de María)\*
Entré al cuarto de baño y me encerré con llave. Apenas me quedé a solas, la firmeza se me desmoronó por completo y caí al suelo sobre mis rodillas. Me abracé a mí misma, temblando.
\*¿En qué momento todo esto se volvió un trauma tan horrible...? Ver morir a...\*
Negué con la cabeza en la penumbra, intentando espantar las imágenes del parque. \*No, no... Debería dejar de pensar en eso por ahora. Tengo que ducharme.\*
Me quité las prendas manchadas y desgastadas. Al quedarme al desnudo frente al espejo del baño, me observé en el reflejo por unos segundos. \*Vaya... últimamente me han crecido bastante... Espero que él no lo note cuando me ponga su ropa. En fin, necesito refrescarme.\*
Abrí la llave de la ducha y dejé que el agua caliente borrara la tensión de mis hombros. Mientras las gotas caían por mi cuerpo, recordé a mi familia con una opresión en el pecho.
\*Papá... tal vez haya encontrado a la persona que nos podría ayudar con nuestro problema. Pero mi mamá ya no podría aguantar unos años más... Necesito reunir ese dinero; por ella daría absolutamente todo con tal de salvarla. Debo dejar de darle vueltas a las cosas, si no, ¿cómo me volveré fuerte? Soy de rango AS, una mezcla rara entre rango A y S al mismo tiempo, pero... cuando vi a Carlos revivir como si nada... Yo vi cómo su cuerpo explotaba frente a mis ojos. Sigo teniendo traumas con eso. Espero poder superarlo pronto.\*
De repente, un par de toques en la puerta me sacaron de mis pensamientos.
—¡Oyeee, María! Aquí te dejé la ropa en el perchero afuera.
—¡Sí, está bien! —respondí elevando la voz con una sonrisa a través de la puerta—. ¡Muchas gracias, Carlos!
Me levanté de la ducha mientras el agua aún caía caliente. Cerré la llave, me sequé rápidamente y tomé la ropa que él me había dejado sobre el perchero. Me la puse a toda prisa y me miré al espejo del baño...
¡¡Carajo!! Se me ven mucho los pechos... ¡Mierda! ¿Qué hago? Me queda muy grande la playera, aunque... huele tan bien. A veces quisiera...
No, no, no... ¡no debo pensar en esas cosas! Ni siquiera llevamos un día de conocernos bien, pero todo lo que nos ha ocurrido hoy me tiene demasiado inquieta.
Salí del baño a paso lento, sujetando el dobladillo de la enorme playera con ambas manos para intentar cubrirme un poco más, sintiendo que la cara me ardía por completo.
—Oye, Carlos... ya salí —dije en voz baja, reuniendo valor para mirarlo a los ojos desde la puerta del pasillo.
Me sentía realmente extraña. Caminé despacio por el pasillo sintiendo la tela suave y holgada de la playera rozando mis muslos, hasta que llegué al comedor donde la comida ya estaba servida sobre la mesa. El vapor salía de los platos inundando el ambiente con un aroma espectacular, pero apenas me acerqué, noté que él se me había quedado mirando fijamente con la boca a medio abrir.
—Mmm... ¡jum! ¿Qué tanto me estás mirando, pervertido? —le dije cruzándome de brazos y entornando los ojos mientras trataba de disimular la vergüenza.
—¿Qué? ¡Yo! No, nada, nada... Tú tranquila, te juro que no miré absolutamente nada —respondió él dando un pequeño salto en su lugar, agitando las manos en el aire con pánico.
—¿Seguro...? —inquirí dando un paso hacia él, achicando la mirada.
—Emmm... ¿¡seguro!? —balbuceó, tragando saliva ruidosamente y desviando los ojos hacia el techo.
—A ver, Carlos...
—Bueno, yo... ¡Auuugh! —suspiró rindiéndose mientras se rascaba la nuca—. No... solo miré un poco...
—¡Eres un idiota! —exclamé avergonzada, acortando la distancia para darle un fuerte golpe en la nuca que lo hizo agacharse del dolor.
—¡Auch! ¡Oye, eso dolió! —se quejó sobándose la zona afectada mientras ponía cara de cachorro castigado.
Apreté los labios intentando no sonreír, pero entonces el olor de la mesa volvió a captar toda mi atención. Mi estómago soltó un ligero rugido que afortunadamente logré disimular.
—Huele tan bien... ¿Qué demonios has hecho? —pregunté sorprendida, mirando la variedad de platillos recién preparados.
—Oh, bueno... Hice un pastel de chocolate con limón y un plato de curry caliente —explicó él recuperando la compostura, rascándose la mejilla mientras jalaba una silla para mí—. ¿Te gustaría sentarte? Y... bueno, perdón por todo lo que pasó el día de hoy, en verdad yo...
—No, Carlos —lo interrumpí con firmeza, suavizando la mirada mientras me acomodaba en la silla—. No tienes absolutamente nada por qué disculparte. En verdad, gracias por salvarme... Te lo agradezco de todo corazón. Si no hubieras aparecido, yo... no sé qué habría sido de mí.
Él se quedó mudo por unos segundos, claramente sorprendido por mi cambio de tono. Luego, una sonrisa sincera y un tanto aliviada se dibujó en su rostro mientras se sentaba frente a mí.
—No tienes que darme las gracias, María. No iba a dejar que te hicieran daño —contestó en voz baja pero con una seguridad que me hizo dar un vuelco al corazón.
Nos quedamos en silencio por un momento, un silencio cálido que contrastaba por completo con la pesadilla que habíamos vivido horas atrás en el parque. Tomé el tenedor y probé un bocado del pastel, abriendo los ojos de par en par al sentir el sabor.
—¡Cielos, esto está delicioso! —exclamé con la boca medio llena, olvidando por un segundo toda la etiqueta.
—¡Jajaja! Me alegra que te guste —se rio Carlos, sirviendo dos vasos de agua—. Come todo lo que quieras, te aseguro que después de hoy, ambos necesitamos recuperar fuerzas.
—Hablando de eso, María... ¿tú sabes usar magia? —le pregunté mientras masticaba un trozo del pastel de chocolate con limón, mirando con curiosidad cómo sus ojos brillaban a la luz de la lámpara del comedor.
—Ehmm... ¡sí! Por supuesto —dijo ella con una sonrisa amplia y llena de confianza, dando un pequeño sorbo a su vaso de agua—. Sé perfectamente cómo usar la magia. De hecho, como te dije antes, mi rango AS me permite manejar conceptos bastante avanzados... Pero dime, Carlos, ¿por qué me preguntas eso con tanta cautela?
Me quedé en silencio por un par de segundos. Dejé el tenedor sobre la mesa, apoyé los codos en la superficie de madera y dejé escapar un suspiro pesado que llevaba guardando en el pecho durante todo el día.
—Bueno... verás, yo...
Decidí no guardarme nada más. Le conté absolutamente todo: el humillante episodio en \*Los Cielos de Clandestino de Artes de la Magia\*, la forma en que la esfera de cristal no emitió ni una sola chispa frente a todos los estudiantes, las burlas crueles de Luck en los pasillos de la academia, las miradas de lástima de los profesores y ese sentimiento sofocante de sentirme un completo fracasado sin maná que no tenía derecho a soñar con ser un cazador. Le conté incluso sobre la opresión de llegar a casa sabiendo que mis padres estarían decepcionados y la sombra constante de mi hermana Laura, la grandiosa Espadachín de la Luz de la Armonía, opacándolo todo.
Mientras hablaba, María dejó de comer. Su sonrisa desapareció por completo y fue reemplazada por una expresión de empatía genuina y dolor. Apoyó la barbilla en su mano, escuchando cada una de mis palabras sin interrumpirme ni una sola vez, hasta que la habitación volvió a quedar en silencio.
—Oh, por dios... Carlos, de verdad lo siento tanto —dijo ella en un susurro cargado de sinceridad, estirando su mano sobre la mesa para colocarla suavemente encima de la mía—. No tenía idea de que estabas pasándolo tan mal... Nadie merece que lo traten de esa manera, y menos en un lugar donde se supone que debes aprender.
Sentir el calor de su mano y la calidez de su mirada borró en un segundo todo el rastro de amargura que traía desde la mañana. Sonreí de lado, sintiendo cómo un nudo enorme en mi garganta finalmente se deshacía.
—No, no... No pasa nada, María —respondí apretando levemente sus dedos con gentileza—. Al contrario, gracias por sacarme una sonrisa esta tarde. Sabes... a veces me siento increíblemente tranquilo de haberte dicho mi verdadero problema en la academia. Se siente como si me hubiera quitado una piedra gigante de encima.
—Me alegra mucho escuchar eso —sonrió ella con ternura, apretando también mi mano antes de volver a tomar su tenedor—. Además, después de lo que hiciste hoy en el parque... déjame decirte algo: esos idiotas de la academia no tienen ni la más mínima idea de quién eres realmente. ¡Tu magia oscura fue de otro mundo!
Al escucharla, no pude evitar sonreír para mis adentros mientras la voz de Génesis resonaba entre risitas en el fondo de mi mente: "«Te lo dije, monosapien... apenas estás comenzando.»"
Oye, ya es muy tarde, yo ya debería... —comenzó a decir María, pero antes de que pudiera ponerse de pie, sus piernas le fallaron por completo y se desplomó al suelo.
¡María! —exclamé reaccionando de inmediato, lanzándome hacia ella para sostenerla antes de que se golpeara duro contra el piso—. ¿María, estás bien?
Sí, estoy... bueno, la verdad no lo estoy —murmuró ella con la voz débil y los ojos medio entrecerrados, apoyando la cabeza contra mi pecho mientras respiraba agitadamente.
Tranquila, no te esfuerces. Vamos, te llevaré a mi habitación para que puedas recostarte y descansar bien —le dije sujetándola con firmeza y cargándola con cuidado en mis brazos.
Ella no protestó esta vez. Estaba tan agotada por el choque emocional, la magia utilizada en el parque y el dolor de su trauma que simplemente cerró los ojos y se acurrucó contra mi hombro mientras subíamos las escaleras de la casa.
Entré a mi cuarto, la acomodé con delicadeza sobre la cama y la cobijé con la manta hasta el cuello. Ella soltó un leve suspiro de alivio al sentir la comodidad de la almohada.
Por cierto, Carlos... —dijo María en un susurro cansado, abriendo levemente sus ojos para mirarme—. ¿Puedes darme el contacto de tu madre? Me gustaría avisarle o que tú le hables para que pueda estar tranquila y sepa que estás a salvo y bien. No quiero que se preocupe por ti por mi culpa...
—Está bien, deja que te dé mi teléfono para que puedas hablar con tu mamá con calma, María —dijo Carlos, sacando el celular de su bolsillo y entregándoselo en la mano—. Gracias en verdad de nuevo por preocuparte por ella.
—Gracias a ti, Carlos... de verdad —respondió María con una sonrisa cansada, tomando el teléfono con ambas manos.
—Bueno, te dejo a solas para que puedas hablar tranquila. Iré afuera a la cocina a preparar un poco de agua caliente para cuando termines, así descansas mejor —concluyó él, dedicándole una mirada cálida antes de salir de la habitación y cerrar la puerta con delicadeza.
María se acomodó entre las cobijas, sintiendo el peso del agotamiento en todo el cuerpo. Con los dedos temblorosos, marcó el número de su madre y se colocó el aparato en la oreja, escuchando el tono de llamada mientras esperaba pacientemente a que respondieran al otro lado de la línea.
Al cabo de unos tres tonos, la llamada finalmente se conectó. La voz débil y pausada de su madre resonó a través del auricular.
—¿Bueno...? ¿María? Hija... ¿eres tú? —preguntó la mujer, tosiendo levemente antes de continuar—. Estaba preocupada, no habías regresado a casa y tu teléfono daba directo al buzón...
—Hola, mami... Sí, soy yo —respondió María, intentando suavizar su voz para no transmitir la angustia y el cansancio que llevaba por dentro—. Perdoname por no avisarte antes. Tuve un contratiempo con unos asuntos del trabajo y el transporte, pero no te preocupes, estoy bien. Un compañero de la academia me ayudó y me ofreció quedarme en su casa para descansar un rato y cenar algo caliente.
Un breve silencio se apoderó de la línea, interrumpido únicamente por la respiración pausada de su madre.
—Me alegra mucho escuchar eso, mi niña... De verdad me preocupas cuando te quedas hasta tarde afuera —dijo su mamá con una calidez materna que hizo que a María se le formara un nudo en la garganta—. ¿Cómo te sientes? ¿Has podido comer algo?
—Sí, mami, ya cené. Él me preparó algo de comer y me prestó ropa limpia. Estoy descansando sobre una cama muy cómoda —contestó María, esbozando una leve sonrisa en medio de la penumbra de la habitación—. Quería llamarte para que estuvieras tranquila y supieras que estoy a salvo. No quería que te pasaras la noche en desvelo esperándome.
—Eres una hija maravillosa, María... Siempre pensando en mí a pesar de todo lo que tienes encima —suspiró la mujer con profundo amor—. Dile a tu amigo que le agradezco de todo corazón por cuidarte. Por favor, descansa mucho hoy, ¿sí? Mañana platicamos con más calma cuando regreses.
—Está bien, mami. Prometo que mañana iré temprano a verte. Te quiero mucho, cuídate y descansa, ¿sí?
—Te quiero más, mi vida. Dios te bendiga. Buenas noches.
La llamada se cortó y María dejó el teléfono sobre la mesita de noche. Se dejó caer de espaldas contra la almohada, soltando un largo suspiro que parecía liberar gran parte de la tensión acumulada en sus hombros.
En ese momento, la puerta de la habitación se abrió ligeramente con un suave chirrido y Carlos entró cargando una taza de té humeante.
—¿Todo bien con tu mamá? —preguntó él en voz baja, acercándose a la cama para entregarle la taza.
—Sí, todo bien... Aunque ahora que lo pienso, tienes tu habitación muy ordenada, supongo —dijo María, mirando alrededor mientras tomaba la taza humeante entre sus manos.
—Bueno, siempre me gusta ordenar las cosas —respondí rascándome la nuca con una leve sonrisa—. En fin, creo que una vez que te termines el té deberías dormir un poco, tuviste un día muy pesado.
—¿Y tú? —preguntó ella, deteniendo la taza a medio camino de sus labios para mirarme fijamente.
—Bueno, yo me quedaré dormido en la sala, así que... cualquier cosa que necesites, me avisas.
—Por favor... solo quédate conmigo, ¿sí? Solo por hoy... Perdón por ser una chica caprichosa —murmuró María bajando la cabeza, con un ligero sonrojo cubriendo sus mejillas mientras apretaba las cobijas con la mano libre.
—¡Jajaja! No, para nada, no te preocupes —me reí suavemente para no ponerla más nerviosa—. Bien, dormiremos juntos hoy, sí, pero... recuerda, ¡nunca le reveles esto a nadie en la academia! Suena casi como si fuéramos pareja o algo así.
—¡Ohh! Ya, sí, claro, no hay problema —asintió ella de inmediato, tapándose la cara hasta la nariz con la manta, dejando ver solo sus ojos brillantes.
Pasaron las horas. Aunque María cayó en un sueño profundo al poco tiempo gracias al cansancio y al té caliente, yo sencillamente no podía pegar el ojo. Mi mente era un torbellino de pensamientos: el \*Templo de Sombras\*, el \*Cristal de Corazón\*, la extraña condición de María, su padre, los traidores de los que habló Génesis y el infierno que me esperaba al día siguiente si ponía un pie en la academia.
Sin hacer el más mínimo ruido, me levanté de la cama, abrí la ventana con cuidado y salí. Trepé hasta la parte superior de mi casa y me quedé acostado sobre las tejas del techo, cruzando los brazos detrás de mi cabeza mientras contemplaba el cielo estrellado de la noche.
—Pareces estar preocupado, ¿verdad? —resonó la voz de Génesis directamente en mi mente, rompiendo el silencio.
—Tal vez, Génesis... —suspiré, mirando una constelación distante—. Sigo pensando en cómo le haré mañana. No quiero volver a la academia para que todos se sigan burlando de mí, ni quiero que toda la escuela me moleste como siempre.
—Emmm... ¿Qué te parece si... faltas por un mes, sabes? —propuso ella con un tono juguetón pero directo.
—¿Faltar un mes entero? ¿Estás loca? Mis padres van a...
—Escúchame, \*monosapien\* —me interrumpió Génesis con firmeza—. Creo que es hora de que empieces a entrenar en serio con la esgrima de la espada. Tal vez podrías mejorar bastante en eso por ahora, ¿sí? Necesitas dominar el \*Modo Principiante\* y adaptar tu cuerpo antes de enfrentarte al mundo exterior.
Me quedé en silencio observando la luna. Pensé en la humillación del aula, en los matones del parque y en cómo estuve a punto de morir si no fuera por el cristal.
—Tal vez tengas razón... —suspiré profundamente, cerrando los ojos un instante—. Bien, hagámoslo. Un mes de entrenamiento intensivo.
—¡Esa es la actitud! —exclamó Génesis con entusiasmo.
—Pero... ¿a dónde iremos para entrenar sin que nadie nos descubra o nos moleste? —pregunté incorporándome sobre el techo.
—No te preocupes por eso —respondió Génesis mientras una pequeña brisilla violeta comenzaba a remolinear sobre la palma de mi mano—. Creé una mazmorra especial de espacio-tiempo distorsionado solo para ti. Ahí dentro, el tiempo pasa de forma diferente, perfecto para que puedas subir de nivel rápido y dominar tus nuevas habilidades sin que nadie en el mundo real note tu ausencia.
—Tienes razón... Bueno, abre el portal entonces —dije poniéndome de pie sobre las tejas del techo, ajustándome la ropa y preparándome mentalmente.
—Antes de irnos, recuerda: debemos regresar temprano por la mañana para que tu amiga María no sospeche nada de ti, saltamontes —me advirtió Génesis con un tono divertido, flotando espiritualmente a mi lado.
—Es verdad —respondí con una sonrisa confiada, sintiendo un cosquilleo en el estómago—. Espero que esta verdadera aventura como cazador empiece ya.
De la nada, una grieta dimensional de color violeta oscuro se abrió en el aire frente a mí, tragándome por completo en un instante.
El viaje no fue nada pacífico. Sentí una aceleración brutal y, al segundo siguiente, aparecí cayendo en picada desde un cielo plomizo y sofocante. Abajo, el panorama era aterrador: una horda gigantesca de monstruos abarcaba todo el terreno de la mazmorra. Contando a ojo buen cubero, ¡había al menos unos 3000 de ellos esperándome abajo!
—¡¿3000?! ¡Génesis, dijiste que esto era un entrenamiento de principiante! —grité en medio de la caída libre.
Pensé que con el poder que demostré en el parque sería un paseo por el parque. Desplegué mi espada roja en el aire y me preparé para impactar contra el suelo, listo para barrerlos de un solo golpe.
Sin embargo, al tocar tierra firme y chocar contra las primeras filas, noté algo terriblemente extraño en ellos. No eran las bestias torpes de nivel bajo que había visto en las guías de la academia. Sus ojos brillaban con un aura purpúrea distorsionada, sus pieles parecían tan duras como el acero y sus movimientos eran absurdamente coordinados.
Antes de que pudiera ejecutar el \*Templo de Sombras\*, las criaturas no dudaron ni un segundo: se abalanzaron sobre mí en masa, atacándome con una fuerza, velocidad y coordinación devastadoras que rompieron mi guardia al instante, obligándome a retroceder a empujones violentos mientras mi espada resonaba con fuerza por los continuos impactos.
—¡Oye, oye! ¡Estos sujetos pegan mucho más fuerte de lo normal! —exclamé esquivando una garra por milímetros.
Un enorme troll de guerra emergió de entre la masa de criaturas, rugiendo con una furia ensordecedora. Su garra gigantesca descendió a una velocidad absurda, logrando rasgar mi hombro y dejarme un profundo corte que hizo brotar sangre al instante. Apreté los dientes soportando el ardor, flexioné las piernas y me impulsé hacia adelante, pasando por debajo de su guardia para asestar un tajo limpio que le cercenó la cabeza de un solo golpe. Su pesado cuerpo impactó contra el suelo creando una onda de choque.
Este desafío definitivamente no será nada fácil... Si quiero volverme verdaderamente fuerte, tendré que adaptarme aquí y ahora sin depender únicamente del poder destructivo de mi magia o de los trucos del sistema. Si entreno mi cuerpo al límite, si pulo mi agilidad hasta el extremo, será más que suficiente para volverme tan veloz como un rayo.
Logré contener la primera ola a base de puros reflejos, pero esto no es suficiente. Tengo que esforzarme al máximo si quiero demostrarles a todos en la academia que no soy alguien débil. Les voy a demostrar a esos idiotas que un supuesto 'don nadie' no necesita depender del talento nato cuando tiene una disciplina inquebrantable.
Las criaturas, al ver caer al troll, se enfurecieron aún más. Cientos de monstruos se abalanzaron sobre mí al mismo tiempo desde todas las direcciones, cerrando cualquier vía de escape para aplastarme bajo su peso y matarme de una vez por todas. Me vi completamente rodeado por una marea de garras, colmillos y armas sedientas de sangre.
En lugar de entrar en pánico, me quedé inmóvil en el centro del cerco.
Cerré los ojos por un segundo, respirando hondo y dejando que el ruido del entorno se borrara de mi mente. Sintiendo el flujo de aire y los pasos de las bestias acercándose, empuñé mi espada con runas rojizas, las cuales comenzaron a brillar con un resplandor sangriento cada vez más intenso. Adopté una postura baja y firme, echando el cuerpo ligeramente hacia adelante y colocando la espada hacia atrás, concentrando todo mi peso y mi energía en el filo.
En el preciso instante en que las primeras garras estuvieron a milímetros de rozarme, abrí los ojos.
Un destello carmesí cortó la oscuridad del lugar. Desencadené una ráfaga ininterrumpida de tajos a una velocidad cegadora, un movimiento circular tan rápido que parecía que docenas de espadas atacaban al mismo tiempo. El filo de mi hoja atravesó la carne, el hueso y la armadura dura de las criaturas, cercenando extremidades, torsos y caezas en una fracción de segundo antes de que siquiera pudieran reaccionar.
El silencio volvió de golpe a la zona inmediata. A mi alrededor, decenas de monstruos cayeron desmembrados al suelo mientras yo me erguía lentamente, limpiando la sangre de la espada de un solo movimiento seco, respirando con dificultad pero con la mirada llena de una determinación absoluta.
Di el siguiente paso usando destellos de oscuridad hacia ellos cortando la distancia con mi velocidad cada corte cada ataque cada esquiva me hace verme mucho más aterrador acabe con la mayoría pero aún me quedaba más me había cansado tras horas de lucha..
No... no puedo rendirme. ¡No aquí! Tengo que avanzar, tengo que seguir caminando sin importar el dolor. No importa cuántas veces mi cuerpo caiga al suelo desgarrado por las heridas, ¡me levantaré una y otra vez! Correré como un dios del trueno bajo esta lluvia de estrellas y sangre hasta que no quede un solo enemigo en pie.
El cansancio físico comenzó a desvanecerse bajo una oleada incontrolable de adrenalina y determinación pura. Mi respiración se volvió pesada, casi ardiente, mientras sentía cómo el núcleo en mi interior latía con una violencia salvaje. De pronto, unas chispas rojas intensas aparecieron y brillaron en mis ojos, iluminando la penumbra del campo de batalla.
Al instante siguiente, mi figura desapareció por completo de la vista de las bestias, dejando únicamente una estela de humo carmesí en el aire.
Utilizando una velocidad que desafiaba la física, me desplacé entre la horda ejecutando una serie de cortes dimensionales a ciegas. Cada trazo de mi espada rajaba la estructura misma del espacio, y tras el paso del filo, varios agujeros negros de energía oscura y carmesí se abrieron en medio de las filas enemigas.
La gravedad interna de los vacíos dimensionales comenzó a devorarlo todo a su paso. Un impacto devastador erradicó la existencia de los enormes trolls de guerra, los lobos gigantes de las sombras, los dragones menores que surcaban el cielo, las hordas de duendes rabiosos, los caballeros de armadura maldita y los ejércitos de esqueletos vivientes. Los monstruos ni siquiera tuvieron tiempo de rugir o lamentarse; sus cuerpos fueron reducidos a átomos y absorbidos por la vorágine de energía oscura en cuestión de segundos.
Cuando el último agujero negro se colapsó y la marejada de viento se calmó, el silencio regresó de golpe a la mazmorra.
Me detuve en el centro de aquel terreno completamente desolado y erosionado, apoyando la punta de la espada en el suelo para mantener el equilibrio mientras el resplandor rojo de mis ojos se apagaba lentamente. A mi alrededor, miles de enemigos habían sido borrados de la faz del espacio, dejando tras de sí una cantidad descomunal de orbes de experiencia y energía fluyendo directamente hacia mi cuerpo.
—Ten cuidado... Parece que el jefe ha llegado —advirtió la voz de Génesis en mi mente, resonando con un tono inusualmente tenso.
—¿Qué dijiste? ¿El jefe final ha llegado? —respondí en voz alta, levantando la vista de golpe mientras el suelo comenzaba a temblor bajo mis pies.
—¡Mira arriba! ¿Qué es ese caballero con armadura azul y un fénix grabado en el pecho...? —exclamó ella, señalando con urgencia hacia la cima de una estructura de piedra derrumbada que emergía entre la niebla.
—Es la primera vez que me enfrento a alguien así... No lo subestimes, Carlos, es demasiado poderoso. Usa la \*visión de litios\* para ver el nivel de tu enemigo antes de que haga un solo movimiento —me instruyó Génesis con firmeza.
Entrecerré los ojos, concentrando la energía en mis pupilas tal como me había enseñado. Una interfaz translúcida y brillante apareció frente a mí, escaneando al imponente guerrero que flotaba ligeramente sobre el suelo. Al ver el número reflejado en el recuadro, el aliento se me atascó en la garganta:
\*Nivel 80.\*
—¿Cómo diablos se supone que voy a matar a alguien de ese calibre, Génesis? ¡Me va a pulverizar de un solo soplido! —grité a punto de entrar en pánico.
—Ups... Perdón, creo que olvidé mencionarte ese pequeño detalle. Jeje... —respondió ella en mi mente con una risita nerviosa.
—¿De qué te ríes, desgraciada? ¡¿Quieres matarme?! ¡Solo me trajiste aquí para morir!
—¡Claro que no, tonto! Además, esta es tu verdadera prueba. Estoy segura de que serás capaz de vencerlo si te lo propones. Solo confía en tus habilidades, sé tú mismo... el caballero mágico que estás destinado a ser —me animó Génesis con una voz repentinamente cálida y segura de sí misma.
Tragué saliva pesadamente, sintiendo el sudor frío recorrer mi frente mientras la gigantesca espada del caballero azul comenzaba a brillar con una luz cegadora.
—Está bien... —dije en un susurro, apretando el mango de mi arma con tanta fuerza que mis nudillos se volvieron blancos, mientras mi cuerpo temblaba de pura adrenalina e inquietud.
—Para ser solo un niño, tienes el valor de venir aquí conmigo... Solo viniste a sellar tu propia muerte. Es muy arriesgado, ¿verdad? —retumbó la voz del guerrero, resonando desde el interior de su armadura azul con un eco helado que erizaba la piel.
—¿Tienes algo más que decir, Caballero del Fénix? —respondí apretando los dientes, manteniendo la guardia en alto.
—¿Lo dices porque estoy montado sobre uno? Aunque sí... Soy el Caballero del Fénix de Luz Flameantes Nocturnas —dijo observando a la majestuosa criatura de fuego azabache y azul que rugía bajo su mando—. Para serte honesto, eres muy especial. Puedo sentir todo ese maná que estás ocultando en tu interior... Dime, ¿de dónde vienes?
—Yo vengo desde el exterior, hacia un mundo donde yo quiero alcanzar y ser el caballero más fuerte que haya existido —declaré alzando la voz con determinación, encarando su imponente presencia.
—¡Hahahahaha! Sueñas con algo demasiado difícil de alcanzar —se burló él, soltando una risotada seca y amarga—. Hubo alguien hace mucho tiempo que pensaba exactamente igual que tú... pero mira cómo terminé yo.
—¿¡Qué!? —exclamé sorprendido, dando un paso atrás—. ¿A qué te refieres?
—Aún eres un simple mocoso...
El caballero levantó su colosal espada apuntando directamente hacia mi cabeza. La presión del aire a nuestro alrededor se volvió pesada, aplastante.
—Tú y yo sabemos bien que todo podría terminar rápido de esta manera si te mato aquí... ¿No lo crees, niño? ¿Qué sería de ti si me muestras cuál será tu mayor dificultad? Yo también soñaba con ser uno de los más grandes en el futuro... ¿Pero de qué sirvió ser poderoso si al final el mundo de las personas es tan podrido que ni siquiera saben lo que hacen? ¿Por qué crees que terminé así y permanecí aquí encerrado durante décadas sin conocer la luz de la vida?
Antes de que pudiera procesar sus palabras, el caballero descendió como una masa de acero imparable. Su espada cayó sobre la mía.
¡CLANG!
Un estruendo metálico ensordecedor sacudió la mazmorra. Su espada es algo pesadamente absurda; apenas logré bloquear el impacto directo, cayendo sobre una rodilla mientras el suelo bajo mis pies se fracturaba en mil pedazos. La fuerza que sentí en ese choque está por encima de todo lo que he enfrentado... Maldición, a este paso...
—No hay escapatoria, muchacho —se mofó él desde las alturas—. ¿A dónde crees que vas? ¿Intentas escapar de mí solo usando esa miserable chispa de rayos? Jajaja... Déjame mostrarte algo mucho mejor que esto. Espero que aprendas la lección antes de morir.
El caballero retrocedió un paso y alzó su arma hacia el cielo teñido de niebla.
—¡Fuerza unida de los rayos! Yo, su caballero azul de la muerte y la claridad, ¡declaro que estas piernas se muevan a una gran velocidad única!
—¿Qué carajos está haciendo ese tipo...? —murmuré asustado—. No puede haber algo más rápido que eso...
En mis ojos se reflejó una imagen aterradora: del cuerpo del caballero comenzaron a brotar chispas de rayos tan puros, tan deslumbrantes que parecían destellos de luz divina. El aire olió a ozono quemado y el sonido del trueno retumbó en mis oídos.
Desapareció en un simple parpadeo.
Antes de que pudiera reaccionar, una sombra helada se proyectó sobre mi espalda y el aire helado de su presencia apareció directamente detrás de mí.
El impacto de su puño impregnado de trueno dio de lleno en mi vientre. Su fuerza era sencillamente destructiva. El dolor fue tan abrasador que escupí un hilo de sangre y el aire se me escapó de golpe del pecho; el golpe fue tan fatal que salí disparado por los aires, atravesando columnas de piedra hasta caer muy lejos de donde habíamos comenzado.
—¿Cómo... cómo es que es tan poderoso...? —murmuré apoyando una mano en el suelo rotatorio, tosiendo mientras luchaba por ponerme de pie.
—Niño, ¿acaso no lo ves? Incluso las nieves y los truenos hablan por sí solos. ¿Ahora sabrás cuál será tu final? —retumbó la voz del caballero desde la distancia, avanzando con pasos lentos y pesados mientras el fénix azul revoloteaba sobre su cabeza.
—Carlos, no digas nada... Este tipo puede usarlo todo en tu contra. O mejor dicho... ese tipo dice la verdad —intervino la voz de Génesis en mi mente, con un tono cargado de una seriedad que nunca le había escuchado.
—¿Génesis...?
—Carlos, una vez que logres derrotarlo, no quiero que veas sus recuerdos —advirtió ella firmemente.
—¿A qué te refieres con sus recuerdos? —pregunté en mi mente, limpiándome la sangre de los labios.
—No quiero que lo sepas, más que nada porque detrás de esa armadura se encuentra un joven que deseó ser querido, que deseó ser poderoso solo para proteger a los débiles... ¿pero mira qué pasó?
\*«¿Si no, cómo crees que terminé así?»\* —las palabras que el caballero azul había dicho momentos antes resonaron en mi cabeza como un eco doloroso, encajando perfectamente con lo que Génesis me estaba revelando.
—¿Con quién diablos estás hablando, mocoso? ¡Acaso estás loco! —bramó el Caballero del Fénix al verme hablar solo en medio del polvo.
—¿Loco? Jajaja... Sí, claro —respondí levantando la mirada, fijándola directamente en la visera helada de su armadura—. Como si tú fueras a saber mi futuro, ¿verdad? Déjame decirte que aún no está escrita la forma en que terminará mi vida. Tal vez tengas razón en muchos aspectos, ¡pero aún así decidí luchar! Porque yo ya estoy cansado de ser una burla para todos. Quiero ser el mejor, quiero superar todos mis obstáculos... Y no importa si mi cuerpo termina hecho polvo, ¡ganaré y te derrotaré!
A pesar de que mi cara reflejaba el miedo inevitable que sentía por dentro, sabía que un verdadero caballero no debía huir. Era hora de demostrarle a mis enemigos de lo que realmente soy capaz.
Al escuchar mis palabras, una sonrisa de orgullo y complicidad se dibujó en el rostro de Génesis en mi plano mental.
Comencé a caminar hacia él, liberando poco a poco mi aura oscura y morada, la cual comenzó a condensarse a mi alrededor como una tormenta sombría. Caminé demostrando una determinación inquebrantable; caminé a través de las ráfagas de viento y, aunque su fénix me atacaba lanzando llamas desde sus alas de fuego, no me detuve. Continué avanzando hasta romper a correr a una velocidad absurda, ejecutando la técnica del \*Dios del Trueno de Estrellas\*.
—¡Este niño es capaz de ver mis movimientos! No... ese poder es lo que está haciendo que sea más rápido, pero no solo tiene ese poder, puedo sentir su verdadera naturaleza... —pensó el Caballero del Fénix mientras nuestras espadas echaban chispas en cada impacto.
—Eres capaz de todo y eso me gusta. Que los hombres valientes luchen para encontrar una respuesta definitiva... Me agrada mucho saber que hay alguien que está usando una espada para luchar ante mí. ¿Cómo te llamas? —preguntó alzando la voz sobre el estruendo de la batalla.
Mi nombre... Quería revelar el mío real, pero en ese segundo decidí elegir un nombre que me protegiera en este nuevo camino.
—Mi nombre es Karl Sánchez —declaré con voz firme, bloqueando un estocada vertical—, ¡y seré quien va a traer la paz y superará al mundo! Aunque todos se pongan en mi contra lucharé. Yo solo cargaré con todo por mis compañeros, aquellos que tal vez no tenga aún, pero daré la cara por ellos.
El caballero quedó profundamente sorprendido por un instante, deteniendo el impulso de su ataque.
—Aunque lo hagas, terminarás como yo tarde o temprano... Cuando veas que todo está perdido no habrá ninguna esperanza, nadie que pueda salvarte. Conozco esa soledad, conozco todo ese dolor porque yo una vez fui igual. Yo también era humano, al igual que tú...
—Espera, ¿por qué le cuentas todo esto? —intervino la voz de Génesis en mi cabeza, desconcertada por la actitud del guerrero.
—Te lo digo para que no tengas que pasar por lo que tuve que pasar hace décadas —respondió él como si la hubiera escuchado o presintiera mi duda—. Tú deberías entenderlo. Un caballero debe conocer el otro lado de la verdad que la gente cuenta. ¿Para qué mentiría? ¿Acaso nunca has visto un reino que fue el hogar de todos reduciéndose a cenizas? No sabes lo que es perder todo lo que uno se esforzó por construir...
Cada ráfaga de choques se volvía más violenta. La energía distorsionaba el aire y agrietaba los restos de la ciudad fantasma.
—¡Ser como un guerrero no será más que una fachada! ¡Los dioses se creen héroes cuando solo son una bola de traidores! ¿De qué sirve vivir un minuto más de vida si todo ya está perdido? ¡No podrás cambiar nada! —gritó el caballero con furia y desgarro.
En ese momento, su fénix azul descendió en picada y me sujetó con fuerza de las manos, azotándome violentamente contra las ruinas del suelo. Una densa cortina de humo me envolvió por completo, pero usé eso a mi favor. En medio de la penumbra generada por el impacto, concentré mi energía y liberé una \*Esfera de luz\*, una bomba explosiva que hizo retroceder a la criatura de un estallido.
Aprovechando el espacio, cargué mi espada con energía carmesí, activando mi habilidad \*Piramidal de la Destrucción\*.
—¡Jajajaja! ¡Bien, así me gusta! —rugió el caballero, alzando su espada al cielo—. ¡Magia de trueno: Destello de luz ardiente del amanecer!
Ambos ataques chocaron en el centro del campo de batalla. La presión era brutal y de inmediato me di cuenta de que estaba teniendo la desventaja; la potencia de su trueno aplastaba mi ataque milímetro a milímetro. Pero tenía que darlo todo, no podía acabar de esta forma, tenía que valerme por mí mismo... Cerré los ojos y me quedé en absoluto silencio por un segundo.
De pronto, una ventana del sistema parpadeó en dorado frente a mí:
\> \*\*\[Habilidad desbloqueada: Estrellas de Meteoro\]\*\*
\>
—¿\*Estrellas de Meteoro\*...? ¿Qué diablos es esta habilidad? —murmuré agitado. Sin dudarlo un segundo más, decidí usarla, no tenía otra opción.
—¡Magia: Estrellas de Meteoro! —grité al cielo con todas mis fuerzas.
El firmamento de la mazmorra se desgarró y decenas de meteoritos envueltos en fuego divino salieron desde los cielos, cayendo en forma de estrellas fugaces asesinas directamente hacia la posición del caballero.
—¡¿Qu-Qué diablos es esa habilidad?! —exclamó el guerrero, cubriéndose con su aura de trueno ante la lluvia de fuego—. ¡Es increíble! ¿Cómo a alguien como él le queda tanto poder aún?
Los meteoros impactaron de lleno, destruyendo lo que quedaba del terreno. El caballero se mantuvo en pie entre las llamas, pero en su rostro una risa melancólica se abrió paso.
—No... Esto me recuerda al día en que yo era joven... —Una carcajada resonó bajo su casco, llena de una mezcla de nostalgia y respeto—. No cabe duda de que tú eres alguien superior a mí... aunque en cuanto a la esgrima, ¡todavía no llegas a mi nivel! Ya es hora de que te demuestre de lo que realmente uno está hecho para esto.
—Me pregunto cómo es que él y yo tengamos el mismo parecido en nuestras creencias... —pensó el Caballero del Fénix, apretando el mango de su espada mientras la energía azul de su cuerpo se desbordaba—. Pero hay una gran diferencia entre él y yo: ¡yo soy el más fuerte! ¡Expulsaré toda mi magia hacia este mocoso!
Una marea incandescente de truenos y fuego azul salió despedida de su cuerpo en todas direcciones, barrajeando la atmósfera y pulverizando el suelo a nuestro alrededor. La onda de choque me golpeó de lleno, obligándome a clavar la espada en las ruinas para no salir volando.
—¡Qué diablos...! —grité, cubriéndome la cara con el brazo mientras el aire ardía a mi alrededor—. ¡Estoy siendo superado ante este caballero!
El guerrero me miró desde el centro de la tormenta de maná. La visera de su casco brillaba con un fulgor azulino intenso, pero su voz ya no transmitía desprecio ni amargura, sino un respeto absoluto y solemnidad.
—Niño... Has hecho algo verdaderamente increíble. Has despertado mi curiosidad sobre ti y, tras todo esto... es hora de que peleemos a muerte. Tu determinación me ha mostrado algo de lo que tú mismo eres capaz, ¡de que puedes lograrlo todo si te lo propones!
—En ese caso... —murmuré, alzando la mirada hacia lo alto.
En cuestión de segundos, el cielo de la mazmorra se nubló por completo, tornándose de un color violeta casi negro. La magia en el ambiente se volvió absurdamente espesa, tanto que me costaba respirar, como si el propio aire se hubiera convertido en plomo.
¡BOOM! ¡CRACK!
Varios rayos gigantescos cayeron directamente desde las nubes hacia mi posición, rompiendo la tierra en mil pedazos. El impacto de la primera descarga casi me quita la vida; no tenía otra opción más que correr con todas mis fuerzas y esquivarlos uno tras otro.
Mi cuerpo se convirtió en un borrón mientras las descargas eléctricas reventaban el suelo a solo milímetros de mis talones, dejando un rastro de cráteres humeantes a mi paso mientras intentaba buscar una sola oportunidad para acercarme y asestar el golpe definitivo.

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Estás leyendo el capítulo 3 de EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela), un novela. Cuánto estás dispuesto a sacrificar para ser el más fuerte? Entrar a la academia era solo el primer paso para cumplir un sueño que muchos consideran imposible. Pero convertirse en el más poderoso de la humanidad exige… Este capítulo tiene publicado el 22 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) tiene 6 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.