arrow_back

Leer EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) Capítulo 2 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Llegué a mi casa luego de caminar hasta acá. Aún era temprano, como las cinco de la tarde. Podría ponerme a jugar ahora mismo, pero primero tengo que hacer mis deberes del hogar. Ojalá me hubiera caído un meteorito para así no sentir este vacío... Miré de reojo una foto de mis padres donde yo era feliz... a lado de ellos. Hasta que ocurrió esa tragedia. A veces siento que esto realmente me afecta; ¿está bien saber que, quizás por mi culpa, ese accidente haya sido la prueba de que yo lo perdí absolutamente todo...? Ellos no están ahora, pero... ¿cómo les diré que no tengo nada de magia ni de maná? No quiero ser un fracasado a sus ojos... No quiero decepcionarlos más de lo que ya siento que me he decepcionado a mí mismo. Dejé de hablar solo en la penumbra de mi sala cuando el teléfono que tenía en el bolsillo comenzó a vibrar con insitencia, rompiendo por completo el silencio pesado de la casa. Sacudí la cabeza intentando despejar la tristeza de la foto de mis padres, saqué el móvil y me quedé mirando la pantalla parpadeante con extrañeza. El número que aparecía no lo tenía registrado. —Eh... veamos. ¿Quién me está llamando a estas horas? —murmuré para mí mismo. Dudé un par de segundos con el dedo sobre la pantalla, pero al final la curiosidad pudo más que mi desánimo y decidí contestar. —¿Holaa...? —dije con voz apagada y aún un poco dudosa. —¿Holaa? ¿Tú eres Carlos? —respondió una voz femenina al otro lado de la línea, sonando un poco timorata y llena de expectación. —Ehmm... sí, soy yo. ¿Por qué la pregunta? —inquirí, frunciendo el ceño mientras me apoyaba de espaldas contra el respaldo del sofá. De inmediato se escuchó un profundo suspiro de alivio a través del altavoz, seguido de una pequeña risita nerviosa que resonó con calidez en mi oído. —¡Awww, qué alivio! De verdad pensé que serías otra persona o que me habías dado un número falso... Un segundo. Esa voz... esa forma de soltar una risita avergonzada cuando se ponía nerviosa no me era para nada ajena. —¿Esa voz...? —parpadeé impresionado, sintiendo cómo mi corazón daba un vuelco imprevisto—. ¿María? —¡Sí, claro que soy yo! —exclamó emocionada, rompiendo la tensión del momento—. De verdad, muchísimas gracias por pasarme tu número en la tienda. No sabes el valor que me tomó marcarte... En fin, te llamaba porque quería saber si... bueno, si quieres salir un rato a platicar. Hay un parque muy bonito que está a unas siete cuadras de tu zona. ¿Qué dices? ¿Te gustaría acompañarme? Me quedé helado con el teléfono pegado a la oreja. La invitación me tomó completamente por sorpresa. Hacía apenas unas horas sentía que el mundo entero se me venía encima, entre la burla de los estudiantes en la academia, el rechazo de la esfera mágica y el dolor irremediable de recordar a mis padres. Y sin embargo, ahí estaba la voz de María, hablándome con una calidez tan genuina que lograba iluminar, aunque fuera un poco, toda la oscuridad en la que me había ahogado por la tarde. Miré hacia la ventana; el sol comenzaba a esconderse pintando el cielo de tonos anaranjados. El vacío en mi pecho no había desaparecido por completo, pero la idea de salir a caminar con ella al parque se sentía como un salvavidas al que desesperadamente necesitaba aferrarme. —¿Alooo? ¿Sigues ahí? —resonó la voz de María desde el altavoz, sacándome bruscamente de mis pensamientos. —¡Oh! Claro, me había olvidado... En verdad lo siento. Claro que me gustaría ir. ¿Te veré en el parque dentro de tres horas? —¡Oh, perfecto! Por mí está súper bien. Bueno, te cuelgo, ¡adiós! La llamada se cortó. Sostuve el teléfono por unos segundos, mirando la pantalla en negro mientras dejaba ir un largo suspiro. Me levanté del sofá; al menos hoy podría disfrutar de algo de paz y salir de esta burbuja de aislamiento. —Bien, es hora de hacer la limpieza —murmuré para mí mismo, empezando a recoger los platos y a acomodar las cosas de la sala. No quería convertirme en un saco de boxeo para mis padres cuando regresaran. Además, según me dijeron, mi hermana vendría hoy a casa. Recordarlo hizo que se me formara un nudo en el estómago. Espero que ella no esté decepcionada de mí... ¿Verdad, Laura? Mi hermana mayor, Laura, tiene 22 años. Es una joven adulta increíblemente talentosa que ha alcanzado logros con los que yo solo podría soñar: es nada menos que la reconocida Espadachín de la Luz de la Armonía. A su corta edad, se ha enfrentado a cosas gigantescas; no solo contra horribles monstruos, sino también contra guerreros de otras razas. Y es que la mecánica de este mundo es bastante compleja: cada nación posee su propia ciudad única, funcionando como un reino independiente con sus propios ejércitos y escuelas de magia. Tener a una heroína como hermana mayor en una sociedad donde la magia lo es todo no es fácil cuando ni siquiera puedes encender una esfera básica. Mientras barría el piso, no podía evitar preguntarme qué cara pondría Laura cuando se enterara de mi desastroso día en Los Cielos de Clandestino de Artes de la Magia. Aun así, apresuré el paso con los deberes de la casa. Tenía tres horas por delante antes de mi encuentro con María en el parque, y por primera vez en mucho tiempo, tenía algo que me hacía cierta ilusión. El tiempo se me fue volando mientras terminaba los deberes de la casa, así que me apresuré a cambiarme. Elegí una vestimenta nada llamativa, pero cómoda para la ocasión: me puse una playera blanca limpia, encima una chamarra negra y un pantalón oscuro. Miré la hora en el teléfono y salí de mi casa para encaminarme al parque. Apenas cerré la puerta con llave y di unos cuantos pasos por la acera, el destino decidió jugarme una mala pasada: me encontré de frente con Angélica. Se detuvo en seco al verme, ajustándose la correa de su bolso y mirándome con una mezcla de sorpresa y culpabilidad en los ojos. —¿Oh, vas de salida? —preguntó en voz baja, dando un paso titubeante hacia mí. "Este... Quería hablar..." En mi mente me prometí firmemente que me negaría a dirigirle la palabra. Tenía el pecho apretado de rencor y no quería volver a caer en las garras de la duda después de todo lo que Luck había dicho en los pasillos de la academia. Sin embargo, antes de que pudiera evitarlo, las palabras salieron de mi boca casi por inercia: —Sí, voy de salida. "Mierda...", me maldije internamente al segundo siguiente. "Dije que no hablaría y es lo primero que hago... Soy un imbécil." Angélica notó la frialdad de mi tono, pero en lugar de alejarse, sus ojos se llenaron de angustia. Dio un paso más, acortando la distancia entre los dos. —¿A dónde vas? ¿Te puedo acompañar? —pidió con voz suplicante, buscando desesperadamente conectar con mi mirada, esa que yo mantenía fijada en el suelo. —Angélica, tengo cosas por hacer —respondí de manera tajante, tratando de sonar lo más distante posible—. Podría ser otro día... —¡Karl, por favor! —interrumpió ella, apretando los puños a los costados mientras un temblor en su voz delataba que estaba a punto de romper a llorar—. Yo... yo quiero disculparme. ¡Lo que pasó en el pasillo no era lo que tú estabas pensando! Yo nunca me burlaría de ti, te lo juro... Me conoces, Karl. Sabes perfectamente cómo soy... Sabes que jamás te haría algo así. Se hizo un silencio pesado entre los dos. La brisa de la tarde soplaba lentamente, despeinando el cabello de Angélica. Ahí estaba ella, mi amiga de la infancia, la chica con la que había crecido y que ahora cargaba con la legendaria Lanza de Zeus y la magia plateada, rogándome que la escuchara. Por un segundo, mi corazón se ablandó. Quería creerle, quería abrazarla y decirle que todo estaba bien, que el trauma de ser un fracasado sin magia me estaba volviendo loco. Pero de inmediato, el eco de la voz de Luck diciendo \*"Ella se rió de ti mientras tú te quedaste en el aula"\* resonó con la fuerza de un látigo en mi cabeza. La duda era una veneno letal. Además, tenía el tiempo encima; María me estaba esperando a pocas cuadras en el parque, y ella era la única persona en todo este desastroso día que no me había juzgado por mi falta de maná. Suspiré, mirando fijamente a Angélica. —Oye... mañana lo hablamos, ¿sí? Por ahora, por favor, necesito hacer algo. —Está bien... —murmuró ella. Bajó la mirada con tristeza, se dio la vuelta y se retiró lentamente. Dejé ir un peso enorme de encima y apresuré el paso. Caminé unos minutos más hasta que finalmente llegué al parque. A lo lejos, pude divisar la silueta de María: me estaba esperando sentada en la zona de los columpios, balanceándose despacio. La observé desde la distancia con cierta calma, pero antes de que pudiera acercarme a saludarla, me congelé en mi lugar: unos tipos se aproximaron a ella con actitud sospechosa. Sin pensarlo dos veces, decidí moverme rápido. No sabía exactamente qué estaba pasando, así que me escondí detrás de un frondoso arbusto cercano para observar la situación sin ser visto. —Oye... ¿por qué tan sola? —preguntó uno de los sujetos, acorralándola cerca de los juegos. —¿Sola? —respondió María, cruzándose de brazos y mirándolos fijamente sin mostrar un solo rasgo de temor—. Estoy esperando a alguien, así que ¿por qué mejor no se van y dejan de estar molestando a los demás? —Vaya, pero qué arrogante eres... —dijo el sujeto. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro mientras acumulaba energía en la palma de su mano—. ¡Magia explosiva! Un chispazo de fuego y maná detonó a pocos centímetros de ella, haciendo volar una ráfaga de polvo. Sin embargo, María ni siquiera pestañeó. —¿Crees que me vas a intimidar usando tu magia contra mí? —dijo ella con una voz helada que me tomó por completo por sorpresa desde mi escondite. Tragué saliva al presenciar la escena. La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo. —¿Qué diablos quieren estos tipos conmigo...? —murmuró María entre dientes, dando un paso atrás. Sus puños temblaban ligeramente mientras buscaba desesperadamente a su alrededor—. Me estoy poniendo nerviosa... Carlos, ¿dónde estás? Escuchar mi nombre en su boca me dio un vuelco directo al corazón. Estaba aterrada y me estaba esperando a mí. —Te crees muy valiente por decirnos que nos fuéramos, ¿verdad? —dijo el líder de los tipos, dejando escapar una risotada sádica mientras una esfera de fuego ardiente y chispas inestables comenzaba a crecer sobre la palma de su mano—. Entonces no hay más remedio que matarte. —¿¡Qué...!? —exclamó María, abriendo los ojos de par en par. ¡¡¡...!!! Mi rostro se llenó de absoluto horror desde mi escondite. ¿Qué hago? ¿Qué hago?, me repetía a mí mismo en un pánico desgarrador. Mi mente era un caos total. ¡No poseo nada de magia! ¡Ni siquiera pude encender una triste esfera en la academia! No tengo maná, no tengo armas, no tengo nada... Pero justo cuando el miedo amenazaba con congelarme los pies en la tierra, la imagen de María indefensa ante esa ráfaga mortal atravesó mi cabeza. Recordé su sonrisa amable en la tienda, cómo me había devuelto la esperanza en mi peor día, cómo me confesó su soledad sin juzgarme. No... ¡no hay otras opciones! Un verdadero caballero nunca deja a una persona sola en un momento así. Me armé de un valor suicida, apreté los dientes con rabia y salí disparado de mi escondite detrás del arbusto. —¡¡DÉJALA EN PAZ!! —grité a todo pulmón. Corrí hacia ellos a la máxima velocidad que mis piernas me permitían, interponiéndome en la trayectoria entre los matones y María. Ella me miró con una mezcla de shock y alivio absoluto al verme aparecer, pero ya era demasiado tarde para esquivar. El sujeto soltó la bola de fuego explosiva sin dudarlo. El proyectil mágico rasgó el aire con un silbido ensordecedor y avanzó en directo hacia nosotros. No había tiempo para pensar. Con el último aliento de mi impulso, me lancé hacia adelante para cubrir a María con mi propio cuerpo. La bola de fuego impactó de lleno sobre mí. Una detonación brutal retumbó en todo el parque. Una onda de choque de aire caliente, escombros y fuego sofocante me envolvió por completo, lanzándome hacia atrás por los aires mientras el dolor desgarrador consumía todo mi cuerpo. Pero aún así, no podía rendirme. Tal vez mi destino era morir aquí... De pronto, desde lo más alto de los cielos, una luz de cristal enorme comenzó a descender a una velocidad aterradora directamente hacia nosotros. El brillo era tan intenso y sofocante que sentí cómo mi propio corazón me suplicaba que huyera, que saliera de ahí de inmediato. —¡Jajajaja! ¿Qué pasa? ¿Otra rata que anda de chismosa desea ser el valiente? —se burló el líder de los tipos, mirando mi cuerpo maltrecho—. Qué patético mocoso... ¡Ahora morirás! Pero ya era demasiado tarde. —Oye... ¿¡qué demonios es eso de allá arriba!? —gritó uno de sus acompañantes, señalando al cielo con puro terror en el rostro. Los tipos giraron la cabeza y, al ver la magnitud de lo que caía, se alejaron corriendo lo más rápido posible, presa del pánico. María se quedó congelada, en absoluto shock. Ante sus ojos, lo que parecía ser un meteorito de cristal cayó con un estruendo ensordecedor impactando de lleno sobre mí, aplastándome por completo. La fuerza del golpe fue devastadora; una lluvia roja salpicó el suelo y los escombros alrededor. —¡¡¡AHHHHHHHHHH!!! Un grito desgarrador salió de la garganta de María, retumbando por todo el parque mientras caía de rodillas, completamente destruida. —¡C-Carlos! ¡¡NOOOOO!! ¿Por qué...? ¿¡Por qué tú!? —¿A dónde estoy...? —dije, mientras veía a lo lejos a María llorando desconsolada junto a mi cuerpo. De repente, me detuve en seco—: ¡Espera...! ¿Acaso yo... acabo de morir? —Así es, estás muerto. Giré de golpe, completamente asustado y sin entender qué estaba pasando. Delante de mí se encontraba una chica de apariencia extraña y cautivadora: su cabello era largo y oscuro, lucía una sonrisa bastante juguetona y sus ojos brillaban de un intenso color morado. Pero el verdadero problema no era su exótica belleza, ¡sino el hecho de que yo estaba muerto! —Cielos, no me mires tanto. Sé que soy una mujer muy hermosa, pero no hay necesidad de que me eches un ojo tan descarado, ¿sabes? Jijijiji... Pero no te preocupes, morir de una forma así es algo horrible. Me quedé mudo, parpadeando varias veces frente a ella. —Pero dime... tu nombre es Carlos, ¿no? —Sí... ¿Cómo sabes mi nombre? —pregunté con la voz temblorosa. —¿Oh? Por nada, solo... simplemente lo adiviné. Aunque la razón exacta es un poco difícil de explicar ahora mismo —respondió guiñándome un ojo con total naturalidad—. Verás, has muerto por mi culpa, directa o indirectamente. Después de todo esto, tengo que revivirte... pero antes quiero que escuches algo muy importante. La chica suspiró levemente, cruzándose de brazos y mirándome fijamente con sus enigmáticos ojos morados. —Estoy buscando a alguien que sea capaz de dominar mi poder. Tú sí tienes un poder, Carlos, solo que ha estado completamente dormido. —¿Eh? ¡Espera! ¿Cómo sabes eso? ¡Si ni siquiera las esferas de la academia pudieron encenderse conmigo! —exclamé, sintiendo una mezcla de incredulidad y frustración. —Lo sé porque puedo sentir tu maná, y déjame decirte que esa magia es increíblemente destructiva... Tan oscura y densa que de seguro debe haberse sellado por algo fuerte en tu pasado, ¿no es así? —Pero yo no... Yo no tengo nada... —No digas tonterías ni creas lo que los demás te dicen —me interrumpió ella con voz firme, perdiendo por un segundo su tono juguetón para mirarme con profunda seriedad—. Debes creer en ti mismo, entender que tú puedes llegar a ser mucho más fuerte que todos esos idiotas juntos. Bajé la mirada, sintiendo un nudo en la garganta. —Es muy fácil decirlo... Es difícil saber qué hacer cuando todo el mundo te menosprecia y te trata como un cero a la izquierda... Oye... dime, ¿cómo te llamas? La chica sonrió de lado, con una mezcla de orgullo y picardía, antes de responder: —Mi nombre es \*\*Génesis\*\*. Y desde hoy, soy tu guardiana. Así que trátame con respeto, \*monosapien\*. —¡Oye, oye, espera! ¿¡Cómo que \*monosapien\*!? ¿Qué te crees que eres para...? Me quedé helado en el sitio, tragando saliva ruidosamente, cuando en un pestañeo Génesis desenvainó una espada de filo deslumbrante y colocó la punta fría y afilada a milímetros de mi garganta. El aire entre los dos se volvió tenso de golpe. —Ten mucho cuidado, tonto... —dijo ella, clavando sus ojos morados en mí con una mirada intimidante—. Tal vez sea una cariñosa, pero jamás me quedaría de brazos cruzados dejando que alguien como tú me hable en ese tono... Génesis se detuvo en seco. Abrió los ojos de par en par al darse cuenta de la palabra que acababa de salir de su propia boca. —¿Eh? Espera... ¿¡Acaso dije cariñosa!? —Un sonrojo violento le cubrió el rostro de golpe, llegando hasta las puntas de sus orejas. Retiró la espada a toda prisa, torpemente—. ¡N-No quise decir eso! ¡Olvídalo! —¡Jajajaja! ¡Jajajaja! —No pude evitar soltar una carcajada, sintiendo cómo el miedo de tener una espada en el cuello se disipaba por completo—. Parece que la que se terminó insultando sola fuiste tú, ¡idiota! —¡Cállate! ¡No te rías! —reclamó ella, haciendo un puchero avergonzado mientras guardaba su arma. —Ahhh... En fin, como sea —dijo Carlos, recuperando poco a poco la compostura y mirando sus propias manos transparentes en este espacio extraño—. Me has dicho antes que yo... —Así es —interrumpió Génesis, tratando de recuperar su postura seria y cruzándose de brazos, aunque sus mejillas seguían algo rojas—. Tu poder está completamente dormido. Y para despertarlo de verdad, vas a tener que entrenar muy duro. Tienes que fortalecer ese cuerpo desde cero. A partir de ahora, tu rango baja formalmente a modo principiante. —¿Espera... modo principiante? —fruncí el ceño, confundido—. ¿Acaso tengo que subir de niveles o algo así como en un juego? —Exactamente. Para ti funciona así; para el resto del mundo, no. Solo las personas elegidas como tú pueden usar este método especial. De esta forma podrás hacerte infinitamente más fuerte y rápido, pero... no pienses que será fácil. El tiempo dentro del entrenamiento es lento, muy largo... \*larguísimo\*. Pasarás por un infierno antes de volver al mundo real. Génesis dio un paso hacia mí y extendió su mano envuelta en una tenue aura de color violeta. —Así que dime, Carlos... ¿Estás listo para dejar de ser el perdedor del que todos se burlan y reclamar el poder destructivo que te pertenece? —Pero antes de eso... ¡quiero que me revivas! Hay una persona allá afuera a la que debo salvar —le exigí a Génesis con desesperación, recordando el rostro aterrorizado de María en el parque. —Está bien, está bien, no te preocupes —respondió Génesis, esbozando una sonrisa confiada mientras juntaba las manos—. De todos modos, ya es hora de que muestres tus garras, mi tigre... —Oye... eso sonó bastante raro —murmuré con una gota de sudor en la frente. —¡En fin, vamos! —exclamó ella, haciendo un ademán con los brazos. Una ráfaga de maná violeta envolvió mi cuerpo abstracto. En el mundo real, el polvo apenas comenzaba a asentarse alrededor de la escena del impacto. El líder de los matones caminó lentamente hacia María, quien seguía de rodillas sobre el césped, temblando e hiperventilando mientras miraba la masa de escombros de cristal donde yo se suponía que yacía sin vida. —Vaya, vaya... Parece que el chico murió de una forma horrible —se burló el sujeto, tomando a María por el cabello con violencia y obligándola a levantar la mirada—. En fin, niña, es hora de que duermas para siempre... —¡No! ¡Suéltame! —gritó María con lágrimas en los ojos, tratando inútilmente de zafarse del agarre mientras sentía el tirón en el cuero cabelludo—. ¡Suéltame! ¡No quiero morir! De pronto, la tierra bajo sus pies empezó a temblar con violencia. Un pulso sísmico recorrió todo el parque, haciendo que las luces del alumbrado público parpadearan frenéticamente. El gigantesco meteorito de cristal que me había aplastado comenzó a fracturarse, liberando destellos incandescentes. En cuestión de segundos, la enorme masa sólida no se rompió, sino que fue completamente absorbida por mi cuerpo. El maná cristalino fluyó en espiral hacia mi pecho, fusionándose directamente con mi órgano vital hasta dar forma a un radiante y denso \*\*Cristal de Corazón\*\*. Una luz cegadora nos envolvió a todos en el área. No era una magia ordinaria: era un aura de color morado oscuro, pesada y sofocante, que ahogó la \*Magia Explosiva\* del atacante en un instante. María se quedó atónita desde el suelo, apretando las manos contra su pecho. —¿C-Carlos...? —murmuró con un hilo de voz, sin poder creer lo que sus ojos veían—. Yo... yo creía que estaba muerto... ¿E-Incluso los milagros existen? El matón soltó a María de golpe y dio varios pasos hacia atrás, abriendo los ojos de par en par presa de un pánico irracional. —¡¡¿CÓMO MIERDAS...??!! —gritó fuera de sí, sudando frío—. ¡¡Por qué demonios está vivo?! ¡No lo entiendo, si todos vimos cómo fue destruido por completo!! Me puse de pie lentamente. El aire a mi alrededor se sentía helado, casi irreal. Las heridas de mi cuerpo se habían cerrado por completo, sustituidas por venas que brillaban ligeramente en un tono purpúreo. Podía sentir el pulso de Génesis dentro de mí, dictando el flujo de una energía que jamás había experimentado en mi vida. Levanté las manos hacia el frente. La gravedad en el lugar pareció alterarse cuando los destellos oscuros brotaron de las palmas de mis manos, distorsionando el espacio. —\*Magia de Oscuridad: Templo de Sombras\* —pronuncié con una voz firme y profunda que resonó como un eco de ultratumba por todo el parque. La luz morada se expandió en un domo perfecto, devorando toda la luz natural y sumergiendo a los agresores en un abismo privado donde la sombra misma cobraba vida a mis órdenes. Rodeé a mis enemigos dentro de las paredes opacas de mi \*Templo de Sombras\*. Las sombras danzaban como espectros a nuestro alrededor, aislándonos por completo del resto del mundo. Ignorando a los matones por un segundo, me acerqué a María, quien seguía en el suelo mirando la escena sin terminar de procesar lo que sus ojos veían. Me agaché frente a ella y le dediqué una mirada tranquila, la primera en todo este caos. —Perdón por la demora, María —dije con voz suave pero firme—. Lamento mucho que hayas tenido que vivir esta pesadilla... pero no te preocupes, ya todo está bien, ¿sí? Deja que yo me encargue de esto. Ella solo pudo asentir lentamente, con los labios entreabiertos y las mejillas aún húmedas por las lágrimas. Giré sobre mis talones. Al extender mi mano derecha, una enorme espada roja se materializó en mi agarre; las runas grabadas a lo largo de su hoja emitían un resplandor sangriento que iluminaba la penumbra del templo. Brillaban con una intensidad hipnotizante. Aunque la rabia me carcomía por dentro, mantenía la mente fría con un único objetivo en mente: asegurar la protección de María y erradicar cualquier amenaza. Caminé con pasos lentos y pesados hacia los tipos. —¡No importa qué tipo de trucos o métodos raros hayas usado, niño presumido! —gritó el líder, tratando de ocultar el terror en su voz mientras alzaba sus manos para canalizar su energía—. ¡Sigues siendo un simple novato! —Tal vez tengas razón... —respondí sin detenerme, inclinando ligeramente el cuerpo hacia adelante—. Pero aun así, tú eres el más lento de aquí. En una fracción de segundo, desaparecí de su vista. Reaparecí justo en su punto ciego y ataqué con mi espada, lanzando una serie de estocadas potentes y precisas que cortaron el aire con un silbido agudo. El sujeto, presa del pánico, logró reaccionar instintivamente invocando una barrera translúcida. El choque del metal contra la barrera resonó como un trueno dentro del domo, deteniendo mis golpes consecutivos. —¡Jajaja! ¡Es inútil! ¡Mi magia de defensa es impenetrable para alguien de tu nivel! —exclamó sudando a mares. —Ciertamente eres bueno en esa magia... —admití, retrocediendo de un salto sin perder el equilibrio—. Pero aun así, tengo algo mucho mejor. Alcé mi mano libre hacia el techo del \*Templo de Sombras\*. Las runas de mi espada roja destellaron en sintonía con mi pulso y el Cristal de Corazón en mi pecho. —\*Espadas de Sangre... ¡vengan a mí! Las proclamo las armas del Ojo de Gobernante.\* El espacio superior se rasgó. Una maraña de círculos mágicos de tono carmesí se abrió sobre las cabezas de los agresores. De cada uno de los sellos emergieron docenas de espadas espectrales, forjadas en pura energía de sangre y sombra, apuntando directamente hacia abajo con un brillo mortífero. El aire dentro del templo se volvió extremadamente denso, volviendo difícil hasta el simple acto de respirar. —¡¡E-Estamos jodidos...!! —gritó uno de los acompañantes, cayendo de espaldas al suelo al ver la lluvia de armas suspendida sobre ellos. —¡¡Es imposible!! —chilló el líder, con los ojos fuera de sus órbitas mientras su barrera defensiva comenzaba a agrietarse solo por la presión del aura—. ¡¡¿Cómo demonios un simple niño puede tener semejante cantidad de maná?!! ¡¡Esto no tiene ningún sentido!! —Solo cállate, maldita escoria... Ustedes cometieron un error que jamás debieron haber hecho —respondí con una fría furia contenida en la mirada. Alcé la mano y di la orden con un simple movimiento de dedos. —¡Fuego! Las docenas de espadas de sangre se dispararon hacia abajo como un torrente implacable. El impacto fue devastador; una enorme cortina de humo, polvo y estelas carmesí lo cubrió todo por completo. La supuesta defensa impenetrable de aquel sujeto fue destruida en milisegundos, como si fuera de papel. Segundos después, el humo comenzó a disiparse, revelando la cruda realidad del suelo destrozado y los cuerpos de los atacantes completamente derrotados y deshechos en pedazos. Sin perder un instante, decidí aprovechar las mecánicas que Génesis me había otorgado a través del sistema. —\*Activar absorción de recursos\* —pensé. De inmediato, mi espada roja absorbió hasta la última gota de sangre y los restos físicos de los enemigos, purificándolos y convirtiéndolos en energía pura para fortalecer mi núcleo y restaurar mi maná. —Ahh... —jadeé pesadamente. De pronto, el cuerpo me pesó el triple; me sentía completamente agotado. Mi aura oscura desapareció de golpe, y las espadas se desvanecieron en el aire. Dí unos pasos tambaleantes, saliendo de los escombros, y caminé directamente hacia María, quien seguía estupefacta en el suelo. Me arrodillé a su lado. —Oye... ya pasó todo. Tranquila —le dije con una sonrisa cansada. Apenas escuchó mis palabras, María rompió en llanto otra vez, pero esta vez se lanzó hacia mí con desesperación, rodeándome el cuello con sus brazos y apretándome con fuerza contra su pecho. —¡Lo siento! ¡Lo siento tanto! Yo... yo creí que tú estabas... —balbuceaba entre sollozos, temblando de pies a cabeza. —María, tranquila... La verdad, ni yo mismo sé muy bien qué fue lo que pasó aquí —admití, acariciándole suavemente la espalda para calmarla—. Pero ahora mismo debemos irnos antes de que alguien más nos vea o aparezcan las autoridades de la academia. La ayudé a ponerse de pie, pero al ver que sus piernas le temblaban y apenas podía sostenerse, me agaché ligeramente y la tomé por sorpresa, cargándola en mis brazos estilo princesa. —¡E-Eh! Espera, ¿qué haces? Oye, no, no... —protestó ella, con el rostro completamente encendido de la vergüenza. —Tranquila, no pesas nada. Iremos a mi casa, así que estarás a salvo ahí, ¿sí? —le corté con una sonrisa cálida, comenzando a caminar fuera del parque destruido. —Está bien... —cedió ella en un susurro apenas audible, escondiendo el rostro en mi hombro por la pena, aunque de inmediato soltó una ocurrencia nerviosa—: Pero no me harás nada malo, ¿verdad? No querrás abusar de este hermoso cuerpecito hecho por los mismos dioses, ¿o sí, Carlos? —Oye, ten un poco de decencia y respeto, ¿sabes? —repliqué jadeando por el cansancio físico, aunque no pude evitar soltar una risa corta a pesar de tenerla tan cerca. En ese preciso instante, mientras el aroma de su perfume y su cabello blanco se mezclaban con el viento de la tarde... me detuve en seco. \*Espera un segundo... cabello blanco.\* Una chispa de memoria cruzó por mi mente como un rayo. \*El profesor Matías había dicho algo sobre esto en clase antes...\* No quería sacar conclusiones precipitadas ni atar cabos a la fuerza, pero al recordar las descripciones de los experimentos prohibidos de la academia, un escalofrío recorrió mi columna vertebral. \*Por los dioses... Solo espero que ella no sea esa estudiante de la que tanto se rumorea...\* Debo dejar de pensar en eso por ahora. Viéndolo bien, la ropa de María quedó muy desgastada; de seguro fue por el impacto de la explosión. En fin, así es la vida en Latinoamérica, siempre ocurre de todo: si no te cuidas te roban, y si te cuidas... ¡también te roban! La verdad no tiene ningún sentido, pero en fin. Ya casi llegamos. Saltar por los techos de los edificios definitivamente no es mi estilo, y por ahora lo más prudente es mantener mi magia oculta y no levantar sospechas sobre el desastre que acaba de ocurrir en el parque. —María, dime algo... ¿por qué estás trabajando en la tienda? —le pregunté mientras avanzaba a paso firme por los pasillos oscuros del vecindario. —Bueno... la verdad trabajo porque tengo que cuidar a mi mamá, está muy enferma —respondió ella en voz baja, apoyando su cabeza en mi hombro—. Necesita una medicina curativa, pero es extremadamente costosa. Por eso tuve que dejar mis estudios, para poder ayudarla. Mi padre no se encuentra aquí, se fue a Estados Unidos por asuntos de negocios, pero allá está teniendo serios problemas financieros por la falta de cazadores de rango SSSSS. Está buscando desesperadamente a los mejores talentos para poder costear el tratamiento de mi madre... Ah, por cierto, yo soy de rango AS. —¿¡Rango AS!? —casi me tropiezo del impacto al escuchar semejante categoría. \*«Génesis... ¿tú sabes algo de esto?»\*, le hablé a mi guardiana directamente en mi mente mientras mantenía el paso. \*«Así es»\*, resonó la voz de Génesis en mi cabeza, sonando bastante más seria de lo habitual. \*«Tal vez no lo sepas, pero al parecer ella también posee un sistema, justo al igual que tú. Y sobre el asunto de su padre... me huele a que algo muy malo va a ocurrir pronto. Debemos ser conscientes y actuar rápido para detectar el problema real. Tal vez su padre se haya metido con una asociación de cazadores mucho más fuerte y peligrosa que la suya.»\* \*«Debí imaginarlo...»\*, me dije a mí mismo, apretando ligeramente el agarre sobre María. \*«Carlos, debes tener mucho cuidado ante todo»\*, continuó advirtiéndome Génesis desde mi interior. \*«Tienes que sacarle toda la verdad a María. De seguro hay personas traidoras a su alrededor que los están usando a su favor.»\* \*«¿A qué te refieres con traidores? Dime, Génesis, ¿quiénes son?»\* \*«No te lo puedo decir, Carlos. Lo siento, pero no pienso discutir esto ahora. Aún no puedo confiar plenamente en ti, tengo que conocerte mejor primero.»\* Me quedé en silencio mientras el viento helado de la noche nos envolvía. Miré a María en mis brazos, quien parecía exhausta y ajena a la tormenta política y de cazadores que se estaba gestando a su alrededor. Con traidores sueltos, la enfermedad de su madre y el poder de mi nuevo sistema, esto apenas estaba comenzando.
EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela)

Continúa leyendo

EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela)

Capítulo 3

Siguiente Capítulo ›

EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) Capítulo 2

Estás leyendo el capítulo 2 de EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela), un novela. Cuánto estás dispuesto a sacrificar para ser el más fuerte? Entrar a la academia era solo el primer paso para cumplir un sueño que muchos consideran imposible. Pero convertirse en el más poderoso de la humanidad exige… Este capítulo tiene publicado el 22 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) tiene 6 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.