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Leer EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Vivir como un estudiante normal no es que sea precisamente divertido, pero estar en una escuela de magia tampoco es la gran cosa; para ser sincero, se me hace bastante aburrido y plástico estar aquí. Mi nombre es Carlos Sánchez, un chico de 13 años que sueña con grandes cosas, como llevar una vida normal y tranquila. Sueños hay muchos, pero mi mayor anhelo es encontrar a alguien que me pueda entender a la perfección. Siento que ya se está volviendo casi una obsesión, aunque tampoco quiero... bueno, ser alguien serio y solitario es algo deprimente, ¿verdad? —Oye... jijijiji, ¿en qué estás pensando, Karl? —¡Eh! ¡Ahhhhh! Oye, no me asustes así, tonta estúpida... —Le di un sape en la nuca. Bueno, ella es Angélica, mi amiga de la infancia. Llevamos muchísimo tiempo conociéndonos, desde que éramos unos niños. Y no es por nada, pero digamos que ella es bastante torpe en todo. —¡Ay, ay! Oye, deberías tratarme con más respeto, Karl. —Oye, ¿en qué momento te diste el derecho de llamarme Karl? —¿Qué tiene de malo? ¿O acaso no te gusta que te llame así? —Se acercó mucho a mí con una sonrisa juguetona y traviesa. —Vamos, vamos, no seas tan atrevida, Angélica. Ven ya, que la clase de matemáticas va a empezar —suspiré, mirándola. Permanecí callado. Me siento raro... ¿Únicamente ella siempre fue así cuando éramos niños? No me quejo, pero desde que entramos a la escuela de magia se ha vuelto muy popular, tal vez por su belleza. Me lo preguntaba mientras caminaba junto a ella antes de tomar asiento. Ella permaneció en silencio. —¿Te ocurre algo, Angélica? —Ahhhh, no es nada. Solo que, ya sabes, no me gusta mucho la clase de matemáticas. Sé que soy demasiado lista para esto, solo que me aburre un poco... ¿Qué? ¿Acaso me está tomando el pelo? ¿Cómo que no le van a gustar las matemáticas? Antes a ella le encantaban, pero... —Oye, ¿por qué me miras tan raro, tonto? —No es por nada, simplemente quería saber una cosa... ¿has estado bien? —Bueno, ya sabes que no puedo decir nada. Me cuesta mucho hablar de todo sobre mí. Tú conoces mis problemas, Karl... solo tengo un poco de miedo a todo. Bueno, es apenas la segunda semana que estamos en esta escuela. Es verdad, lo había olvidado, pensé. La escuela se llamaba Los Cielos de Clandestino de Artes de la Magia. Era una escuela en la que mis padres y los de ella estuvieron de acuerdo en inscribirnos. Mis padres son nobles, pero ni siquiera saben cómo me va en la vida. En cambio, los de Angélica son muy buenos padres; a veces me da envidia y quisiera saber qué se siente tener una familia así. Bueno, no estoy diciendo que esto me afecte demasiado, solo que me causa cierta impresión... A veces perderme en mis pensamientos se siente tan bien; despejarme de todo sería lo único bueno. —Tomen asiento por favor, alumnos. Quería decirles algo: bienvenidos a mi clase de matemáticas. El día de hoy aprenderemos cómo conjurar magia a nivel matemático; esto les quedará grabado durante estos cinco años de su vida como estudiantes. Bien, empecemos... Me quedé mirando al pizarrón. Ver todo lo que estaba escrito ahí me daba flojera, pero sabía que debería anotarlo todo. Tal vez me sirva de algo. No soy tan inteligente ni tan bueno en la magia, pero podría aprender... si tan solo existiera alguien que pudiera entenderme. —Oiga, profesor Matías... ¿podría explicarme cómo funciona este pergamino matemático? —¡Oh, claro! Lo había olvidado, jajaja. Sí, dame un momento. Este... ¿cómo te llamas, alumno? —Mi nombre es Alan García, profesor. Alan... Un chico tan popular y atlético. Se dice que fue subcampeón en las artes de la espada y la esgrima. —Oh, ya veo. Un gusto conocerte, Alan. En fin, este pergamino funciona de esta manera... Déjame enseñarles, les haré una demostración. Me quedé mirándolo detenidamente por un segundo. —Magia de rango 1 —anunció el profesor. Su rostro se volvió serio. Tan serio que su maná se incrementó exponencialmente en cuestión de instantes. —Pergamino sagrado, daré mi corazón y la vida de los seres vivos reclamaré. Mi único sentido... ¡podría destruirte, pero no quebrarte por completo! ¡Magia de fuego místico! Una esfera se desplegó en el salón, pero no era una cualquiera: rebosaba de varios colores y nos rodeaba por completo a cada uno de nosotros. Aquí tienes la continuación mejorada y formateada con el mismo estilo de novela, manteniendo tus ideas, el ritmo, los diálogos y la personalidad de cada personaje: —Muchos se preguntarán por qué estas esferas los están rodeando —dijo el profesor Matías—. Bueno, se los diré ahora: más adelante elegirán qué tipo de magia desearían aprender, aunque en cada clase también podrán ir eligiendo. Solo hay cuatro tipos de magia de color misterio. El profesor hizo una pausa y su voz se volvió más grave. —El color plateado es un concepto único que les explicaré ahora mismo. Este concepto se debe a los cambios en los hábitos de las personas; no cualquiera puede tenerlo, es algo desconocido. Muchas personas han muerto por esto, pero si se le manifiesta a uno de ustedes, traten de controlarlo. ¿Por qué les digo esto? Hace tiempo hubo un estudiante con un talento enorme, pero por desgracia abandonó la academia. Su egoísmo y su arrogancia lo cegaron, y ahora nadie sabe dónde está ese chico. Por eso... El profesor continuó listando las demás: —Número dos: la magia de la luz. Número tres: la magia de la oscuridad cósmica. Y por último... la magia del sol. —¡Ahhhhhh! Una chica gritó. Giré la cabeza rápidamente: era Angélica. La esfera que le había tocado a ella era justo la que acababa de mencionar Matías... la magia de nivel plateado. —¿Q-qué es esto, profesor? ¿Por qué tengo esta lanza? —Esa lanza... es la Lanza de Zeus —murmuró el profesor, para luego exclamar sorprendido—: ¡Espera un momento! No... ¡es imposible que una chica como tú pueda tener esa clase de magia! Puedo sentirlo: tu maná es de color rojo, pero también plateado... ¡WOW, carajo, esto es cine! ¡Aplausos, alumnos! —Así que la esfera te eligió... Es increíble... —murmuré. Todos comenzaron a aplaudir con entusiasmo. Yo solo me quedé mirando en silencio las esferas de los demás. —Era tan obvio, ¿no? —comentó una chica entre los murmullos—. Claro, Angélica es increíble; por algo es tan popular. —Además, es hermosa y muy atractiva. ¿Quién más tendría un talento así si no fuera ella? —agregaron otros compañeros, admirados. Pero para mi mala suerte, a mí no me tocó nada. Parecía que yo... simplemente no podía tener una esfera, ¿verdad? —Oye, ¿por qué tu esfera no brilla? —preguntó alguien cerca de mí. —¡Jajajaja! No me digas que a ese de ahí no le tocó nada. ¡Jajajaja! —Las risas estallaron en el salón. Todos se burlaban de mí. Bajé la mirada, sintiendo el peso de sus burlas. —Oye, tranquilo, no te sientas mal, Karl —intervino Angélica acercándose, preocupada—. Yo sé qué se siente tener mala suerte, pero no dejes que esto te deprima. El profesor Matías se acercó a mi sitio, acariciándose la barbilla mientras observaba la esfera apagada frente a mí. —De seguro aún no has cumplido con los requisitos, eso es lo más probable... Pero qué extraño. ¿Por qué a mi estudiante no le tocó una esfera poderosa? —musitó el profesor en voz baja, entrecerrando los ojos—. No... algo me dice que está pasando algo raro aquí. El silencio volvió a apoderarse de mi rincón mientras la esfera sin luz permanecía flotando frente a mis manos. No emitía brillo, no mostraba ningún color, pero tampoco desaparecía como las demás. Simplemente se quedaba ahí, pesada, oscura y misteriosa. Pasaron horas desde que quedé en ridículo. Cuando la clase al fin terminó, decidí no salir de inmediato y me quedé esperando a que el aula se vaciara por completo. Al parecer, los rumores sobre mi fracaso se expandieron como fuego por toda la escuela. Tenía que armarme de valor y salir para irme a casa, pero me sentía fatal. Los estudiantes hablaban a mis espaldas, me señalaban desde los pasillos y se reían en voz baja sin disimular en lo absoluto. Cada murmullo se sentía como un golpe directo al pecho. —¡Karl! —gritó una voz a lo lejos. Era Angélica. Corría emocitada hacia mí, agitando la mano para que nos fuéramos juntos a casa, tal como hacíamos siempre. Los demás chicos del pasillo al verla acercarse a mí se me quedaron viendo con evidente molestia y resentimiento. No podían soportar que la chica más popular y talentosa caminara al lado del chico sin esferas. "No quiero tener problemas...", dije para mis adentros mientras me detenía a esperarla. Pero mis plegarias no sirvieron de nada. Varios estudiantes no se contuvieron y se cruzaron deliberadamente en nuestro camino, cortándonos el paso. —Oh, vaya... Pero si es la genial Angélica. ¿Cómo estás? —dijo Luck, dando un paso al frente con una sonrisa condescendiente. Luck era un chico de primer año, un nuevo estudiante al igual que nosotros. Nunca me agradó del todo y jamás entendí cuáles eran sus verdaderas intenciones con Angélica. Desde que entró a la academia todo iba bien, pero hoy, en este maldito día que fue un total fracaso para mí, decidió mostrar sus garras. —Este... oye, quería preguntarte algo —continuó Luck, cruzándose de brazos y clavando una mirada despectiva en mí—: ¿por qué estás caminando con él? —¿Eh? Jajaja, ¿por qué me haces esa pregunta? —respondió Angélica, riendo con evidente nerviosismo mientras se acomodaba el mechón de cabello detrás de la oreja. —No es por incomodarte, al contrario —dijo Luck, elevando la voz para que los demás en el pasillo escucharan—. Solo me pregunto cómo es posible que una chica con tanto talento y belleza como tú pierda su tiempo con este perdedor. ¡Si ni siquiera fue capaz de encender la esfera de magia! ¡Jajajaja! Las risas de sus amigos resonaron por las paredes de piedra del pasillo. Sentí cómo la sangre se me subía a la cara, pero apreté las manos dentro de los bolsillos, conteniendo la rabia y la vergüenza. —Oye, ¡no le hables así a Karl! —exclamó Angélica, poniéndose frente a mí con una mirada seria que raras veces le había visto—. Solo... solo no fue su día, ¡entiéndanlo por favor! Además, ¿por qué tienen que reírse de él de esa manera? —¿Bueno, acaso no lo sabes? —escupió Luck con desprecio, dando un paso amenazante hacia nosotros—. Ese chico no tiene ni un ápice de talento para la magia. Ni siquiera la esfera más básica quiso elegirlo. ¿Sabes por qué pasa eso, Angélica? Porque siempre ha sido un fracasado y un bueno para nada. No pertenece a esta escuela, y mucho menos a tu lado. El pasillo entero se sumió en un silencio tenso mientras las palabras de Luck flotaban en el aire. Miré a Angélica por la espalda; podía notar cómo temblaba ligeramente de impotencia, apretando la empuñadura de la Lanza de Zeus que llevaba colgada. Sabía que ella quería defenderme, pero las burlas de todo el colegio empezaban a pesar como una cadena sobre ambos. Y lo peor de todo... era que dentro de mí, una pequeña voz comenzaba a dudar si Luck no tenía toda la razón. —Karl... no dejes que lo que ellos digan te afecte —susurró Angélica, mirándome con angustia y tratando de tomar mi brazo. —Oh, vamos, Angélica —interrumpió Luck con una sonrisa maliciosa, dando un paso al frente para interponerse entre los dos—. Sé muy bien que tú también lo detestas. ¿O acaso no quieres que le digamos la verdad? ¿Que estás completamente harta de él? —¿¿Qué?? —exclamó ella, abriendo los ojos de par en par, totalmente sorprendida. ¡¡¡...!!! Sentí un vuelco violento en el estómago. La sangre se me congeló en las venas mientras miraba la cara de Angélica buscando una negación inmediata. —¿De dónde sacas todo eso? —dijo Angélica, alzando la voz con enfado hacia Luck—. ¡Eso es mentira! —¿Acaso no quieres que él lo sepa de una vez por todas? —insistió Luck, disfrutando cada segundo del veneno que estaba soltando en el ambiente. —¿Saber qué? —pregunté yo, rompiendo mi silencio. Mi voz sonó rota, casi apagada, ahogada por la duda que empezaba a carcomerme por dentro. —Ay, idiota, tenías que ser tú... —Luck soltó una carcajada burlona mientras sus amigos se sumaban al coro de risas—. Ella se estuvo riendo de ti todo este tiempo mientras tú te quedabas tirado en el aula sintiéndote miserable. Estaba afuera contando a todos cómo el gran "Karl" ni siquiera pudo encender una miserable esfera. —¡Karl, no le creas lo que él te está diciendo! —gritó Angélica desesperada, volteando a verme con los ojos cristalinos—. ¡Solo quiere hacerte sentir mal, te lo juro! —Jajaja, ¿hacerte sentir mal? Oye, Angélica, solo di la verdad. ¿Acaso no eres honesta con él? Diles a todos lo que estabas diciendo en la entrada —presionó Luck, cruzándose de brazos con suficiencia. Angélica se quedó helada. Abrió la boca para hablar, pero la duda, la presión de todos los alumnos mirando y los nervios la traicionaron por completo en ese segundo fatal. —Bueno... yo... —balbuceó ella, bajando la mirada por un instante. Esas dos palabras y ese vacile fueron más que suficientes para romperme por dentro. El dolor se transformó en un nudo sofocante en mi garganta. Ya no podía escuchar más. Las risas de Luck, las miradas de lástima de los demás, el murmullo del pasillo... todo comenzó a distorsionarse y a resonar como un eco ensordecedor en mi cabeza. Me quedé en absoluto silencio. No le di a nadie la oportunidad de decir una sola palabra más. Me di la vuelta drásticamente y empujé a los alumnos que estorbaban el paso. Pasé al lado de Luck sin siquiera mirarlo a la cara, ignorando los gritos angustiados de Angélica que pronunciaban mi nombre una y otra vez por los pasillos. —¡Karl! ¡Espera, Karl! ¡No es lo que piensas! —escuchaba a mis espaldas, pero sus pasos no pudieron alcanzarme. Apreté los puños con toda la fuerza que me quedaba, sintiendo la rabia y la humillación ardiendo en mi pecho. Crucé las enormes puertas de la academia \*Los Cielos de Clandestino de Artes de la Magia\*, dejando atrás el aula, las burlas y a la única persona en la que creía poder confiar. Salí corriendo de la escuela a toda velocidad, sin importar a dónde me llevaban las piernas, mientras la lluvia o el viento me golpeaban el rostro y mis propios pensamientos me devoraban por dentro. ¿Realmente estaba solo en esto? ¿Realmente no tenía ningún valor en un mundo dominado por la magia? Dejé de correr. El dolor en el pecho y la falta de aire me obligaron a detener el paso, cambiando el ritmo frenético por una caminata lenta y pesada en medio de la ciudad. Las calles estaban abarrotadas de gente que iba y venía, ajena por completo a mi miseria. Me detuve en una esquina y me quedé contemplando el cielo por unos instantes. \*"¿La vida realmente tendría algún tipo de sentimiento hacia mí? ¿O acaso disfruta verme caer una y otra vez?"\*, me pregunté en silencio con la amargura amontonada en la garganta. De todos modos, ya lo había confirmado todo: no tenía absolutamente nada de valor. Ningún talento mágico, ninguna esfera brillante, ni siquiera la lealtad de mi única amiga de la infancia. A partir de mañana, todo en la academia se volvería una pesadilla insoportable; la noticia de mi fracaso se extendería como una plaga y todos me harían la vida imposible día tras día. Caminé sin un rumbo fijo durante varios minutos, arrastrando los pies sobre el pavimento gastado, intentando acallar las burlas de Luck que aún resonaban en mis oídos. De pronto, el brillo de un letrero luminoso llamó mi atención al final de la calle. Me encontré de frente con una pequeña tienda de conveniencia. Decidí entrar. Al menos compraría algo para no sentirme tan mal, tal vez algo de azúcar o una botana para intentar calmar un poco este dolor amargo que me quemaba por dentro. Agarré un refresco bien frío del refrigerador del fondo y una bolsa de frituras de los estantes, y caminé despacio hacia la caja registradora para pagar. —¿Cuánto es, señorita, por todo? —pregunté sin alzar mucho la vista, poniendo las cosas sobre el mostrador. La chica detrás de la caja se acomodó el cabello y echó un vistazo a los productos antes de marcar el código en la pantalla. —Serían en total 56 pesos, joven —respondió con una sonrisa amable. Parpadeé un par de veces, sorprendido al sacar las monedas de mi bolsillo. —¿Oh, vaya? ¿Por qué tan barato? —murmuré extrañado, ya que en la zona cerca de la academia todo costaba el doble. —¡Ahh, bueno! Es por las promociones especiales que ponemos siempre a cada fin de mes, jejejeje —explicó ella guiñándome un ojo simpático. Sin embargo, en lugar de darme el cambio inmediatamente, se apoyó sobre el mostrador y me miró con curiosidad—. Pero ya que estamos aquí... ¿podrías regalarme tu nombre, niño? —Mi nombre es Carlos... —respondí en voz baja, algo confundido por su repentino interés. —¡Wow, qué bonito nombre! Un gusto, Carlos. Mi nombre es María, encantada de conocerte —dijo, estirando la mano para saludarme con entusiasmo. Luego, soltó una pequeña risa y bajó ligeramente la voz—: La verdad... es la primera vez que me animo a hablar así con un cliente. ¿Crees que podrías pasarme tu número de teléfono? Me quedé helado un segundo. La petición me tomó por sorpresa; después de haber sido humillado y tachado de perdedor por toda la escuela apenas una hora atrás, no esperaba que una chica en una tienda me pidiera mi contacto. —Lo siento... pero mi mamá dijo que no le pase mi número a desconocidos —respondí con total seriedad, recordando la advertencia que me repetían siempre en casa. María se quedó congelada por una fracción de segundo, abriendo los ojos de par en par antes de soltar una risita avergonzada. —Ehhh... Tu mamá es alguien muy graciosa, ¿verdad? Jajaja —dijo, rascándose la mejilla con timidez, mientras un ligero sonrojo le cubría el rostro. Parecía que la respuesta la había tomado completamente desprevenida—. Jeje... Se puso visiblemente nerviosa, pero tras acomodar los billetes en la caja registradora, insistió inclinándose un poco más hacia mí, mirándome con ojos suplicantes: —Pero... sí me pasarás tu número de todos modos, ¿verdad? Suspiré profundamente. Miré el refresco en el mostrador, luego a María y finalmente hacia la calle oscura que me esperaba afuera. Por primera vez en todo el día, algo fuera del mundo de la magia y de la academia me hacía sentir un chico normal. —Esta bien... está bien —dije rindiéndome con un leve gesto, mientras sacaba el teléfono para dictárselo. —Tengo curiosidad... ¿por qué estabas insistiendo tanto en que te pasara mi número? —Bueno, la verdad soy una persona de pocos amigos, no tengo a nadie con quien hablar... Y fue en ese instante cuando llegaste tú; me diste mucha confianza en querer hablarte... —Ya veo. Pero dime, ¿cuántos años tienes? —le pregunté. —Yo tengo 15 años —dijo ella—. Soy dos años mayor que tú, ¿verdad? Jejeje. En fin, en verdad gracias por pasarme tu número. Más tarde podríamos hablar o jugar... Dime, ¿te gustan los videojuegos? —Oh, por supuesto —le respondí—. Me gusta mucho jugar; a veces siento que pasar mi día en los videojuegos es lo único que me mantiene vivo para no sentirme tan solo jugando... —Ohhh, ya. A mí también me pasa lo mismo. Pero bueno, supongo que tienes que irte, ¿verdad? —dijo ella, manteniendo su rostro en rojo. Estaba muy sonrojada al verme. Giré y caminé hacia la puerta. —Hasta más tarde —dije, yéndome de la tienda. —Ojalá te pudieras quedar un poco más, Carlos... —dijo María, bajando la mirada toda tímida y nerviosa, pero a la vez avergonzada.
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Estás leyendo el capítulo 1 de EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela), un novela. Cuánto estás dispuesto a sacrificar para ser el más fuerte? Entrar a la academia era solo el primer paso para cumplir un sueño que muchos consideran imposible. Pero convertirse en el más poderoso de la humanidad exige… Este capítulo tiene publicado el 22 de julio de 2026, Traducido por el grupo Español. EL CABALLERO MÁGICO MÁS FUERTE QUE EXISTE EN LA HUMANIDAD (Novela) tiene 6 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.